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Perla Sneh.

Psicoanalista, escritora e investigadora. Lic. en Psicología .UBA. Doctora en Ciencias Sociales UBA.

(Imagen: Escher)

"Fantasmas del analista: del furor curandis a la indiferencia ante el sufrimiento"

Una mañana, luego de tantas desesperanzas, un deseo irreprimible de vivir
nos anunciará que todo se ha acabado, que el sufrimiento no tiene más sentido
del que puede tener la felicidad.
Albert Camus

Poner en relación sufrimiento y cura es una de esas tareas que, creo, dan derecho a la perplejidad . Es en torno a esta perplejidad que arranca lo que sigue, aunque no necesariamente para cancelarla.

Furor: el término introduce un exceso, un hacer por demás; entusiasmo, exaltación, violencia, hasta ira. La indiferencia, por el contrario, supone desapasionamiento, impasibilidad, ausencia de afecto. ¿Qué exceso está en juego en este particular furor? ¿Qué medida de atención establece aquello que es considerado indiferencia? Es la apreciación del sufrimiento la constante que reúne ambas “cantidades”. La exageración o la ausencia de su consideración supondría como referente una medida adecuada de dosificación.
Hay más de un supuesto en juego en la articulación “sufrimiento/cura”. El más inmediato: el objeto del análisis sería el sufrimiento; su lógica, la de restablecer una capacidad de regular la proporción entre un estado de máximo y uno de mínimo sufrimiento. El movimiento de la cura progresaría desde uno de los términos hasta su contrario, es decir, llevaría a una ubicación de cuya posibilidad el analizante estaría privado. La lógica es binaria (presencia/ausencia) y el sufrimiento es considerado un universal, orientándose la cura por una pura posibilidad en potencia: la ausencia/o presencia de sufrimiento como ideal que sostiene un movimiento infinito y asintótico.
No es ésta, sin embargo, la lógica freudiana. Freud, aún si no deja de guiarse por el sufrimiento, no lo considera un universal. Por el contrario, su elaboración discurre por lo singular: Dora, Juanito, Leonardo. Podríamos decir: sufrimientos con nombre propio; más aún, sufrimientos que hacen las veces de nombre propio. Pero la singularidad freudiana insiste -aun si no siempre lo logra- en mantener la distancia entre sufrimiento y nombre propio.
Esta singularidad y esta distancia impiden establecer una relación simple entre cura y sufrimiento, sea ésta inversa (a mayor cura, menor sufrimiento) o directa (mayor cura, mayor sufrimiento/menor cura, menor sufrimiento). Es decir, esa singular distancia impide considerar la cura como una relación adecuada entre presencia y ausencia de sufrimiento, regida por una proporción armónica (homeostasis). Porque el principio de placer es otra cosa que homeostasis, es un placer que se funda en su más allá, en su perturbación. El principio del placer es una homeostasis impedida por principio.
En cuanto al sufrimiento, la oposición entre exceso y defecto -que no son sino modos de retorno de lo que insiste más allá de las proporciones adecuadas- no halla su pertinencia en optar por una de las medidas posibles entre mínimo y máximo, sino por instalar el dispositivo analítico en la intimidad de esa oposición, hacer hablar a ese exceso y a ese defecto pero no desde la justa medida que organiza un orden armónico, sino desde el lugar disruptivo que establece un orden discorde y errático, cuyo referente es la ausencia de referente. Hacer hablar implica ofrecer la palabra para anudar un (nuevo) sufrimiento: el síntoma en transferencia. Sostener –con suerte- ese lugar requiere dejar libre otro: el del ideal. Y si el principio del placer señala algo que podríamos llamar “sufrimiento estructural”, esto no quiere decir que la relación entre estructura y sufrimiento haga de éste el fundamento de aquella, sino que el orden discorde que establece un placer afectado de perturbación pone en juego lo que no anda como estructura.
Decir esto quizás tenga el efecto de empezar por el final, lo cual no es un mal principio si hablamos de cura en psicoanálisis.

En “Análisis terminable e interminable” Freud se interesa menos por cómo se produce la cura que por “los impedimentos que la obstaculizan” . La cura avanza por sus obstáculos: el camino que va de la hipnosis a la sugestión y de ésta al dispositivo analítico revela una progresiva promoción del impedimento . La hipnosis hace comparecer en forma inmediata al recuerdo, pero nada nos dice del obstáculo; la sugestión convoca al obstáculo pero no lo deja hablar. Es recién en el despliegue de la transferencia que el obstáculo orienta la cura al evidenciarse como resistencia. Y es en torno a la resistencia que Freud ubica la reelaboración, la cual, aun si es “ardua tarea para el analizado” y “prueba de paciencia” para el analista, constituye “la pieza del trabajo que produce el máximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue al tratamiento de todo influjo sugestivo”.
Esa especificidad tiene que ver con la inclusión de un límite; mejor dicho, la inclusión de algo nuevo, una producción de y por ese límite: la “producción de un estado que nunca preexistió de manera espontánea en el interior del yo y cuya neo-creación constituye la diferencia esencial entre el hombre analizado y el no analizado” .
Es en esa diferencia esencial donde se asienta la concepción de la cura en la teorización de Lacan, en esos “puntos de borde” donde asoma -es una manera casi cómica de decirlo - el límite que hace a la cura -y la constituye-. Freud alude a ese límite cuando dice: “Recuerdo mi propia actitud defensiva cuando por primera vez emergió en la bibliografía psicoanalítica la idea de la pulsión de destrucción y el largo tiempo que hubo de pasar hasta que me volviera receptivo a ella. Me asombra menos que otros mostraran -y aun muestren- la misma desautorización” .
Freud se autoriza, en cambio, en ese límite para dirigir una cura: insiste una y otra vez con el “factor cuantitativo” que “tanto se descuida”, eso que es “fragmento de agresión libre”, eso que refiere a un “montante de energía libre”, factor ante el cual “el yo desvalido” fracasa. No fracasa menos el “yo madurado”. Ante esto la “operación genuina de la terapia analítica” sería “la rectificación con posterioridad (nachträglich) del proceso represivo originario, la cual pone término al hiperpoder del factor cuantitativo” .
Esta concepción de la cura es la que Lacan rescata y despliega al impugnar el ideal -pura posibilidad en potencia- como orientador de la cura e introducir lo real, es decir, lo imposible, como orientación. El límite, como término que constituye la rectificación (re/inscripción) de la represión primaria, no refiere a un régimen de oposición simple “exclusión/inclusión”, sino que se trata de la inscripción de lo que se incluye como excluido.
Es la tramitación de ese “factor cuantitativo” como factor -no como predicación de posibles cantidades- lo que orienta la cura, estableciendo una temporalidad de retardo y repetición que surgirá como resto de la novela -despliegue privilegiado del sufrimiento- con que el sujeto insiste en resolver el enigma del origen. Demás está decir: no hay análisis sin novela, pero hasta la más apasionante de ellas precisa de un final. En el límite de esa historia de amores y odios, el sujeto queda quizás sin recursos pero con una singular certeza: la de la experiencia del inconsciente. Y esta experiencia no surge de la militancia por mitigar el dolor ni de un ideal de ataraxia profesional. Es el l fantasma el punto de atravesamiento donde advendrá -habrá advenido- esa experiencia. Ofrecer una respuesta no menos fantasmática -la de un camino adecuado al fin de cancelar la privación- falsea la perspectiva, es decir, despoja al fantasma de su estatuto de avatar en la cura, avatar que implica que por el fin siempre se pasa, aunque no haya camino.
Entender la transferencia, con Lacan, como la formalización de un sujeto supuesto saber pone en juego el supuesto que sostiene la demanda (hay quien sabe el nombre que conviene a mi deseo), pero eso no hace del analista el sujeto psicológico de ese saber, sino que lo ubica como función en el discurso. La posibilidad de la transferencia es condición de un análisis, pero la cura transcurre por operar sobre los sentidos que allí se juegan inscribiendo su límite, es decir, inscribiendo la imposibilidad de un significante que diga el sentido del sujeto; esto en el sin-sentido el cual, me apresuro a señalar, no es mero absurdo, sino el punto donde el sentido halla el término de su desvanecimiento y a su vez, ocasión de relanzamiento . Ahí donde los recursos fallan, el sujeto aparece desvaneciéndose tras la creación de un nuevo significante. El sujeto adviene entonces no como positividad, sino como lo que se desvanece pero que en ese movimiento deja la huella de su desvanecimiento.
En la transferencia, el sentido es efecto de discurso y esa articulación vuelve impropio cualquier hacer del analista que no sea producir algo de una verdad: la de un sujeto que advendrá -habrá advenido, a destiempo- como lo excluido del despliegue inconsciente en tanto saber. Pero que el sujeto esté ahí excluido no implica que no esté concernido por ello. Aunque duela. En ese punto hay tan poca necesidad del furor curandis como de cualquier otro fanatismo, por muy tentadores que estos nos sean. Además, siempre quedan el ferrum y el ignis, según reza el aforismo . Lo más interesante de esta cita es lo que señala más allá: lo que debe considerarse incurable; lo que excede a toda operación, resto insignificable que limita, y por eso mismo, orienta la cura.
La abstinencia del analista no es indiferencia (cara inversa y simétrica del furor), sino deseo-del-analista, función que incluye lo incurable como diferencia esencial. Función orientada a producir el vaciamiento de la causa que la novela insiste en colmar; mejor dicho, función orientada a no impedir que se produzca lo que nunca preexistió, esa neo-creación –el término es de Freud- que es el sujeto.
Este deseo-del-analista como función, que no se confunde con los fantasmas de cada uno de nosotros, analistas, implica sostener -como podemos, y a veces no podemos- el recorrido mudo de la pulsión de muerte, pulsión que no es la muerte biológica “haciendo su trabajo” sino la traza muda que la muerte, al exceder toda inscripción, inscribe en el ser que habla. Pulsión que no eleva el dualismo al estatuto de maniqueísmo originario entre dos fuerzas simétricas y contradictorias, sino que inscribe la contradicción como principio, establece la imposibilidad de un comienzo que no arraigue en lo contradictorio.
Que el sufrimiento haga a la estructura no hace de él el nombre de la estructura ni, menos, su sostén. Que el analista sea testigo de lo que se impone como una interpretación de la neurosis, no quiere decir que lo valide. Se trata de dar lugar a lo que no anda como estructura, es decir, dar lugar a la insistencia de lo real. Eso que no anda es lo que hace andar la “estructura”. El análisis transcurre por la inscripción de eso irreductible como su sostén. No se trata de restañar la falta real de un objeto simbólico sino de una escritura simbólica de la falta, la inscripción de un paradójico “registro” de lo real.
Freud elige llamar “perplejidad” al efecto que produce rendirse a la evidencia de esa irreductibilidad. Lacan retoma esa evidencia y lee esa perplejidad. Por mi parte, y volviendo al principio, hago mías esa elección y esa lectura.

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[1] Como dice Freud en “El malestar en la cultura”, p. 97: “Parece una tarea desmedida; uno tiene derecho a confesar su perplejidad”.

[2] Colapsada en la nominación por el sufrimiento: “soy el hombre de los lobos”.

[3] “Análisis terminable e interminable”, pp. 224.

[4] Jorge Jinkis, Lo que el psicoanálisis nos enseña.

[5] “Recordar, repetir, elaborar”, p.157

[6] “Análisis terminable…”, p. 229

[7] El malestar en la cultura, p. 116

[8] “Análisis terminable…”, p230

[9] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”

[10] “Fantasma” alude aquí al modo singular en que un sujeto se ofrece al sufrimiento (que supone demanda del otro) sustrayéndose a él.

[11] Lacan, J.,  Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis

[12]  Alusión de Freud a un aforismo atribuido a Hipócrates: “Aquellas enfermedades que los remedios no curan, las cura el hierro [el cuchillo]; aquellas que el hierro no cura, las cura el fuego; y aquellas que el fuego no puede curar deben considerarse totalmente incurables”. Puntualizaciones sobre el amor de transferencia, AE, XII, n.13, p. 174

[13] En el sentido que el fantasma supone ya una interpretación de la demanda del Otro.

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D´Onofrio, Manuel

Psicoanalista en Buenos Aires, ejerce la práctica del Psicoanálisis desde 1979. Médico Psiquiatra. Fue miembro adherente de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Escuela Freudiana de la Argentina. Dictó seminarios sobre Freud y Lacan, así como sobre Psicoanálisis y Neurociencias en diversas instituciones. Asimismo coordinó un grupo de investigación sobre Psicoanálisis y Neurociencias en la Escuela Freudiana de la Argentina y es coautor del libro: “El hilo en el laberinto. Lectura del Seminario La Angustia y sus referencias”.

 

El sujeto del inconsciente y las neurociencias - Acerca de la problemática mente - cuerpo

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Asistimos hoy a un  auge notorio de las neurociencias sin duda amplificado por la difusión de sus hallazgos, de todo tipo y valor, presentándose en una   posición que se quiere hegemónica en el campo de la Salud Mental. Un auge que de modo particular pone de relieve, asimismo, cierta orientación de la ciencia contemporánea: se trata, ni más ni menos, que del cientificismo, o sea, pretender que todo lo concerniente a lo humano puede caer bajo el dominio de la ciencia,  que la gran esperanza científica es que se pueda predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad definidos por la propia ciencia.

Es necesario  remarcar  que esta orientación cientificista, un fantasma de la época, ha pasado a los medios de comunicación, que difunden profusamente a la población general los hallazgos  de las neurociencias1, apuntalados por el prestigio científico de los investigadores y de los institutos de pertenencia.

Dice  J. Peteiro Cartelle2 que la ciencia fruto de la admiración que despierta se ha hecho a sí misma admirable a tal punto que

“(…) parece llenar un vacío causado por el término de los relatos y el declive de las creencias religiosas (…) la gente ve en ella la única vía al conocimiento y la única solución posible a todos nuestros problemas”. 

El cientificismo está calando tan hondo que promueve que se considere superfluo todo aquello que no se exprese científicamente, pasando al dominio público y a la ideología habitual. La cosmovisión posible ya no es ideológica o religiosa, la Ciencia está pasando a ser la gran esperanza y la única creencia3.

Esta extensión de su alcance a todo lo humano

(…) otorga un gran poder de transformación habitualmente mostrado en dos imágenes, el hongo atómico de Hiroshima y el modelo estructural del ADN, asociadas a sendas revoluciones, la nuclear y la biológica”4

Este autor afirma que se abre así un camino hacia un autoritarismo científico que prescribirá lo que  es bueno, lo que es malo y no reduciéndose a  lo que debemos hacer,  legisla acerca del ser del hombre desde la manipulación genética y conductista5.

El máximo de expresión de este designio lo encontramos en Jean-Pierre Changueux, autor de “El hombre neuronal”, el que dice que el progreso espectacular de las ciencias cognitivas, inscritas en el paradigma lógico-positivista,  lleva a reexaminar la pregunta fundamental de lo que se  ha convenido en llamar la relación del cuerpo y del espíritu, o en términos que,  dice el autor,  más le convienen, del cerebro y del pensamiento6,  este conocimiento que la ciencia está  proporcionando

debería permitirnos orientar mejor sobre lo que deseamos hacer del hombre, sobre el modelo que debemos tener en la cabeza de lo que debe ser el hombre en la sociedad y en el mundo venidero7

 Esto debe recordarnos que siempre el conocimiento ha estado asociado íntimamente a implicaciones éticas, apareciendo  la ciencia como un monstruo bifronte: la muerte y la vida no dejan de tener una relación de proximidad inexorable. Sucede que lo relacionado con la primera, representada en los mayores horrores sufridos por la humanidad (genocidios, guerras, etc.) suele caer en el olvido a favor de los avances científicos que están relacionados, por ejemplo, con mayor bienestar y la prolongación de la vida de las personas.

En la medida, a su vez, que la ciencia se hace esencialmente en un mundo capitalista, va de suyo que el científico es productor de algo transable, adoptando formas que abarcan desde la mercancía bibliográfica hasta las patentes biológicas. Se plantean así dilemas éticos y políticos en tanto  el  mercado gravita de manera decisiva en el  condicionamiento de  las políticas de investigación científica, el aliento a determinados proyectos y el sometimiento de los productos a sus leyes. De igual manera el poder político casi sin excepción, independientemente de signo ideológico, echa mano de la ciencia, sobre todo del ámbito psi (psiquiatría, psicología, psicoterapias) con el intento de reducir al ser humano a la suma de variables cuantificables susceptibles de ser remodeladas por medio de la ingeniería conductual, o más directamente, mediante el recurso a la manipulación cerebral. Eric Kandel precisará esta operatoria en términos de  alteraciones de la expresión genética inducidas por el aprendizaje, las que originarían modificaciones  en los modelos de las conexiones cerebrales. Además la formación de profesionales deberá estar planteada en la misma sintonía biologizante8.

Ahora bien,  ¿cómo nos sentimos concernidos los psicoanalistas ante el panorama de la ciencia contemporánea, en su deriva cientificista  y los promocionados avances de las neurociencias? ¿Cómo ubicarnos frente a la tensión que existe  entre el empuje homogeneizante de la cultura de la evaluación en este contexto cientificista y lo que retorna de la singularidad del sujeto a través de sus síntomas? Me adelanto a proponer que lo que como psicoanalistas nos causa es la cuestión del sujeto, su suposición en el que habla, por  su misma condición de hablante, lo que innegablemente la hace una cuestión ética, clínica y política.

Un tal concernimiento que no es sino a partir de la interpelación que nos alcanza, y a la que no podemos hacer oídos sordos,  nos conduce a  una revisión de aspectos fundamentales de las llamadas neurociencias a la luz de la teoría psicoanalítica, habida cuenta de la conocida  e intencionada  intervención de los neurocientistas, específicamnte,  en el campo del psicoanálisis.

Sobradamente sabemos que la relación del Psicoanálisis con la ciencia es una cuestión compleja. Lacan ha dicho claramente que el Psicoanálisis no es una ciencia, que es una práctica, una práctica de discurso. Pero igualmente son reconocibles  diferentes posicionamientos  en  otros tantos momentos de su obra9 hasta que en 1977, en la Apertura de la Sección Clínica afirma:

“Es preciso, a pesar de todo, darse cuenta de que el psicoanálisis no es una ciencia no es una ciencia exacta”. 

Interesa asimismo cómo Freud llevó a cabo su labor fundacional en el contexto científico positivista de su época. Desde campos epistemológicos opuestos se sostiene, por un lado,  una supuesta ruptura de Freud con dicha orientación cientificista para posibilitar el descubrimiento del inconsciente,  haciendo base en el “Proyecto…”, luego abandonado por Freud. Por otro lado, desde las neurociencias se postula que como producto de la carencia de un marco epistemológico adecuado,  que en ese pasaje el psicoanálisis perdió su estatuto científico. Reclamándolo un hijo innegable de esta orientación,  estos  autores se autorizan  a hacer una relectura de dicho escrito bajo los presupuestos de las neurociencias, dando existencia a dos corrientes  dentro de las  asociaciones psicoanalíticas de la International Psychoanalitic Asociation (I.P.A.): el Neuropsicoanálisis y el Psicoanálisis Cognitivo, siendo sus principales sostenedores Eric Kandel y Antonio Damasio10. Pues bien, ambas afirmaciones sobre la filiación científica de Freud son inexactas. Lacan lo dice muy claramente en “La ciencia y la verdad”11: “(…) contrariamente a los que suele bordarse sobre una pretendida ruptura de Freud con el cientificismo de su tiempo, que es ese cientificismo mismo (…) el que condujo a Freud, como sus escritos nos lo demuestran, a abrir la vía que lleva para siempre su nombre (…) a pesar de las desviaciones a las que se ha prestado, y esto en la medida en que Freud se opuso a esas desviaciones, siempre con una seguridad sin vacilaciones y un rigor inflexible”.

Ahora bien,  es tan cierta y  rotunda la afirmación de Lacan sobre que el Psicoanálisis no es una ciencia, además de considerarla una ideología de la forclusión del sujeto12,  como que aquél no podría haber nacido sin la ciencia. Al filo de la paradoja, se afirma que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, pero que la ciencia forcluye.13 14

Por otra parte,  el campo de las neurociencias no es homogéneo. Diversos autores plantean discusiones sobre su estatuto científico, su objeto específico y distinguido de otras disciplinas científicas, más allá de las que la integran y de su apoyo en la Biología y en la Física.

El conocimiento científico conlleva la necesidad de la universalización, suprimiendo toda dimensión subjetiva y de singularidad del sujeto, pues la ciencia encuentra validez y aplicabilidad para grandes conjuntos de seres hablantes. Lacan se refirió a los efectos de esta universalización que promueve la ciencia en  “La proposición del 9 de octubre de 1967”15. Esto es congruente con la pretensión de entronizar una  “conciencia universal”  que contendría, acumulativamente, todo el acervo de las experiencias científicas llevadas a cabo, que realiza el fantasma de instituir un Sujeto Supuesto Saber absoluto, que sería el lugar de un Otro “no engañador”, que viene al lugar del Dios de Descartes. Lo que no es lo mismo que afirmar la existencia de la creencia sin la cual no hay ciencia, marcando la distancia que hay entre la garantía y la confianza, es decir,  alguien en quien confiar. La dimensión del sujeto de la confianza es así irreductible, aunque la ciencia  lo  forcluya para garantizar esa confianza.

Este es entonces el marco que  permite  contextualizar la situación del cientificismo, que encuentra su expresión más acabada en la genética y en la neurociencia,  y su impacto en una visión profundamente reduccionista16 del ser humano, tomado como algo medible y manipulable17. Hay que agregar, además,  que la propia ciencia no puede pensar esos efectos sobre lo humano, no piensa el sujeto sobre el que produce sus efectos, porque “la ciencia no piensa”18.

A partir de esta somera presentación, presentaré el tema “Acerca de la problemática mente-cuerpo” con  un relevamiento de los principales hitos por donde ha  transitado y transita la histórica discusión sobre la dualidad mente-cuerpo intentando situar los términos en que es necesario plantearla. Este tema  forma parte de un plan que contempla: a) el examen de los antecedentes, desarrollos y problemas de las Ciencias Cognitivas, como sostén epistemológico de las neurociencias; b) la política de los neurocientíficos – con la apoyatura de la Biología Molecular y la Física – respecto  de la Psiquiatría y, principalmente, del Psicoanálisis, así como sus modalidades  y  consecuencias y c) comentarios – a la luz de textos y artículos de diversos autores del campo neurocientífico, nacional y extranjero – sobre la relevancia que han adquirido las neurociencias  para el estudio y  comprensión de complejos procesos sociales y su función de condicionamiento de las conductas individuales y colectivas y, consecuentemente,  sus implicancias  biopolíticas.

En primer lugar, entonces, el tema del dualismo cuerpo-alma.

La cuestión que las neurociencias actualizan versa  sobre lo que está en el meollo  de la discusión filosófica y científica que es, precisamente, la dualidad cuerpo-alma, los supuestos epistemológicos en los que se sustenta la relación entre ambos, con el objetivo de pesquisar las concepciones prevalentes en nuestra contemporaneidad  como también su operatividad y la pregnancia de algunos modos explicativos de ciertos malestares.  Con esto quiero significar que con su metodología reduccionista, este es el eje que vertebra toda la base argumental que  se intenta sostener con el recurso al positivismo y al paradigma biológico. Desde aquí se  realiza el “desembarco” en el campo psicoanalítico con el designio hegemónico de su “colonización”  bajo el pretexto, con una visión radicalmente opuesta, de dotarlo de cientificidad.

De ahí lo perentorio de poner el acento sobre cómo pensamos, como psicoanalistas y con Freud y Lacan,  la hechura humana en tanto su existencia se reclama portadora de un cuerpo y un alma. Este es el punto central del debate  que  desde el psicoanálisis es necesario situar en los términos adecuados, a partir  de la aparición de un   nuevo saber científico con orientación biológica. Se propone una resolución reduccionista de esta problemática sobre una base físico-química, hormonal, neurológica, genética, en un soporte corporal,  según una correlación supuestamente probada. Así se legisla sobre lo normal deseable según informes “científico-estadísticos”, contra las desviaciones de  “lo enfermo”.

Es del caso apuntar que este nuevo saber filosófico y científico sobre el alma y el cuerpo no es  en absoluto novedoso. Podemos  reconocer su existencia  en Aristóteles y podríamos decir que, desde entonces hasta nuestros días, al menos para Occidente, hay un modo de pensar y una forma de concebir el alma que permanece incólume.

El término alma, preñado de ambigüedad, hace necesario replantear la reflexión acerca de lo que está realmente en juego,  velada con su deriva hacia el término “psiquis” o  el  “psiquismo”. Esto aconteció sin que resultara de un salto epistemológico que la valide. Por eso es necesario restituir la palabra “alma” en la teoría psicoanalítica, para  discernir los términos en que está planteada la cuestión: Lacan hizo hincapié en la diferencia crítica entre el psicoanálisis y el modo de concebir la “psiquis” por parte de Aristóteles y sus intérpretes. Este es el eje alrededor del que debe girar el debate propuesto, extrayendo las nociones de cuerpo y alma del sentido común, resonancias de las postulaciones del filósofo griego.

Además, sobrevolando los hitos más significativos de  la historia de la discusión con  los filósofos y científicos de la modernidad 19 y contemporáneos,   se divisa más tarde,  con el  advenimiento de la Biología Molecular y las Ciencias Cognitivas, la metamorfosis epistemológica de  la Psiquiatría Clásica y las intervenciones en el Psicoanálisis.  Se observa, así,  el enfrentamiento entre  los partidarios de un espiritualismo que se expresaba en el dualismo cuerpo-alma y los filósofos y científicos partidarios del lógico-positivismo, sostén epistemológico de las neurociencias.  La pertinencia de esta discusión  se debe a que subtiende su desarrollo apoyado en la imaginería cerebral y los avances neuroquímicos y neurobiológicos,  proyectando y  potenciando sus políticas de  hegemonización del campo psi. El estandarte desplegado en su gesta,  su expresión paradigmática,  es la concepción  del pensamiento como un producto del cerebro y la existencia de la promesa de su “lectura” con dichas técnicas. Es el cerebro el que piensa, afirmación elevada al nivel de dogma que encuentra su máxima concreción al designar  los  años ´90 como “la década del cerebro”.

Descartes enseñaba que “el alma indivisible está unida al cuerpo por medio de un órgano único, y por así decirlo, físicamente puntual,  la glándula pineal”20 Esta afirmación, a todas luces delirante,  no es compartida por filósofos  racionalistas y, menos aún, por los positivistas. Además, lo inaceptable de esta proposición para los mimos cartesianos,  residía en la suposición de una sustancia que sería pensante y extensa a la vez, contradictorio con la propia definición cartesiana de sustancia21.  Lo que es innegable es  que los más conspicuos representantes actuales del campo neurocientífico, siguen recurriendo al dualismo cartesiano para fundamentar sus argumentaciones contrarias al psicoanálisis, aduciendo su índole de idealismo sin relación al cuerpo22. Su portavoz  más autorizado, Antonio  Damasio, dice al respecto

“la mente verdaderamente corpórea (…) alma y espíritu (…) son ahora estados complejos y únicos de un organismo (…) sacar  al espíritu de un pedestal sin sitio y llevarlo a un sitio concreto”.

Pero veamos otros comentarios  al respecto. Para Paul  Ricouer, Descartes propone la unidad de sustancias, aunque sin llegar a articularlo convenientemente. Spinoza retomó esta idea  proponiendo “el discurso de la unidad de sustancia,  por encima del rompimiento de los dos atributos del pensamiento y de la extensión”23

Otros  comentadores de Descartes, han ubicado en el sistema que quedó inconcluso,  “el hombre”24 como “la tercera sustancia”. Ricouer  acota que el dualismo semántico del que se parte  no se resuelve de este modo, más aún, descree que pueda constituirse ese “discurso excesivo” que sea generador de la unidad profunda de lo que él interpreta, por un lado, un sistema neuronal, y por otro, una vivencia mental, concluyendo, finalmente, que se trata de dos discursos del cuerpo. Reparemos que subsiste un modo de concepción dualista: un sistema neuronal por un lado y la vivencia mental por otro.

Es que el dualismo sustancial cartesiano deja planteadas cuestiones  de difícil solución: si el alma y cuerpo son dos sustancias enteramente distintas, ¿cómo las afecciones  del cuerpo pueden producir las ideas de la mente y cómo las ideas de la mente pueden producir acciones del cuerpo? La especulación cartesiana hace residir el pensamiento en el alma, la res cogitans. Pensamiento y extensión son substancias incompletas pensadas en relación al ser humano que componen: se puede concebir el cuerpo sin espíritu y el espíritu sin el cuerpo, pero no el ser humano sin ambos.

Los filósofos racionalistas intentaron resolver el problema manteniendo la noción de sustancia de Descartes: sostienen la diferencia entre los fenómenos mentales y los fenómenos físicos, como también que  los procesos físicos no causan los mentales ni los mentales causan los físicos, habiendo no obstante una correspondencia estricta entre unos y otros.

De modo muy sumario, en primer lugar hay que nombrar el ocasionalismo de  Malebranche, que  propone que cada vez que se produce un movimiento en el alma, Dios interviene para producir el correspondiente movimiento en el cuerpo, y viceversa. En tanto que Baruch Spinoza, con su concepción monista, postula que extensión y pensamiento no son propiamente sustancias sino dos atributos de una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza.  Leibniz, por su parte, partiendo de la existencia de las dos sustancias, sustenta la idea de una armonía preestablecida, a saber, en el momento de la creación Dios estableció una perfecta armonía entre las dos sustancias, como si se tratara de dos relojes perfectamente sincronizados que dan la misma hora.

Quien no puede quedar afuera de esta discusión es Julien Offray de La Mettrie (1709-1751), considerado el mayor filósofo materialista francés del siglo XVIII. Este autor fue un crítico implacable de las ideas de Descartes – como también de Malebranch y Leibniz – respecto de su concepción de una alma inmaterial, no obstante lo cual acordó con él sobre sus postulados de una física fundada en la mecánica, útil para su noción de “animal-máquina”, base de su explicación del organismo humano, sin necesidad de postular la idea cartesiana de la inmaterialidad del alma. De ésta dice La Mettrie:

“Es obvio que Descartes no ha hablado del alma más que por el hecho de que estaba forzado a hablar de ella, y de hacerlo de la manera que lo hizo, en un tiempo  en el que propio mérito era más capaz de perjudicar a su fortuna que hacer avanzar. Descartes no tenía más que no rechazar las propiedades sorprendentes de la materia, y transportar al alma la definición que ha dado a la materia, así hubiera evitado mil errores”.25

En su argumentación, La Mettrie  postula,  que tanto Descartes como todos los cartesianos, incluidos los malebranchianos, han incurrido en el mismo error  admitiendo en el hombre dos sustancias distintas,

como si las hubiesen visto y aún contado(...) Los más sabios han dicho que el alma no podía conocerse sino por las solas luces: sin embargo, en cuanto seres racionales, han creído poder reservarse el derecho de examinar lo que la Escritura ha querido decir con la palabra “espíritu”, de la cual se sirven al hablar del alma humana.26 27 

A propósito, hay varias concepciones de la noción de alma, desde los pueblos primitivos, pasando por la historia de la idea de alma en la filosofía occidental, a partir de los filósofos griegos. Finalmente, hay que distinguir entre alma y espíritu en los autores contemporáneos28.

Como se puede apreciar, un modo de resolución del problema, el reduccionismo materialista, subsiste en la actual investigación sobre las bases neurobiológicas y neurofisiológicas de la “mente” y la conciencia. En el siglo XIX la ciencia mantuvo la separación entre el alma y el cuerpo restringiendo su campo de estudio a lo material, evitando pronunciarse sobre las funciones que correspondían al alma. Pero es en el siglo XX,  cuando con mayor claridad, surgen desarrollos filosóficos y científicos que plantean un cuestionamiento esencial al dualismo sustancial cartesiano. El empirismo y el positivismo lo eliminaron de la única manera posible: eliminando la noción cartesiana de sustancia. Fue el punto de partida del estudio de los fenómenos mentales mediante los métodos aplicados a los fenómenos físicos.

Los filósofos empiristas ingleses de los siglos XVII y XVIII (David Hume, Locke, Francis Bacon, T. Hobbes) dieron un paso más en el cuestionamiento al cartesianismo. No sólo en el rechazo del dualismo mente-cuerpo sino, en una posición que los distingue del “racionalismo continental”29, que radica precisamente en la oposición férrea a la afirmación cartesiana de que al momento del nacimiento las leyes lógicas del pensamiento estaban ya inscritas en la mente. En este sentido retoman la noción aristotélica de la inexistencia de contenidos en la mente al nacer, postulando que todas las ideas, incluidas las leyes lógicas del pensar, son adquiridas a través de la experiencia, sean ésta del mundo exterior o de los propios estados internos, no habiendo experiencia de ninguna sustancia. Para esta escuela filosófica lo que ofrece la experiencia externa son las cualidades de las cosas (olores, colores, sabores, figuras, magnitudes, etc.) pero no de la pretendida sustancia a la que están adheridas tales cualidades. Por su parte, la experiencia interna es tan sólo una sucesión permanente de estados mentales, no habiendo lugar para ninguna percepción de yo sustancial.

Sin que haya ninguna explicitación del modo en que eso sucede, el empirismo postula que las ideas simples (un determinado color, por ejemplo) son combinadas por la mente para constituir ideas complejas (las ideas de las cosas) por medio de determinadas leyes de asociación (por semejanza, contigüidad en el espacio y el tiempo y por la relación causa efecto), que pueden descubrirse mediante la observación y la experimentación como las leyes físicas. Así, la introspección es desalojada para hacer lugar al asociacionismo  como método psicológico, conduciendo  la investigación de los fenómenos mentales por la senda fisicalista.

El empirismo inglés se erigió en uno de los pilares fundamentales de la filosofía positivista que hegemonizó el pensamiento europeo durante el siglo XIX. Así,  el único conocimiento admisible es el que procede de los hechos y las relaciones entre los hechos, en el ámbito de la experiencia sensible, extendiendo el método de investigación de las ciencias naturales al estudio de la mente humana y la sociedad, partiendo de los hechos comprobables por la experiencia para formular las leyes que lo rigen.

Por su parte, también durante el siglo XIX, surgieron una serie de investigaciones y descubrimientos que abrieron el camino para la constitución de una “psicología científica”.

Este es el caso de la frenología de Franz Joseph Gall (1758-1828) que relacionó las facultades psíquicas con determinadas zonas del cerebro de modo que la forma y las dimensiones de las distintas zonas corresponderían a un mayor o menor desarrollo de las funciones psíquicas con ellas relacionadas. Merced a la creación de diversas técnicas de medición y examen del cráneo, se creó una tipología según la cual la forma y estructura del cráneo determinaba el desarrollo de una personalidad normal o patológica, deficiente o genial, social o antisocial. En otras palabras, era y es una búsqueda del alma en lo biológico de la que aún no nos hemos desprendido. Pareciera que si alguien se destaca por su genialidad artística o científica, algo de su anatomía o de su bioquímica debe manifestarlo.  Por ejemplo, cuando murió Einstein en 1955, el patólogo Thomas Harvey le extrajo su cerebro, y con un tratamiento conveniente para su conservación, luego de fotografiarlo y medirlo, lo fragmentó para su estudio posterior. Muchos años más tarde la prestigiosa revista médica  The Lancet  publicaba un artículo titulado “El excepcional cerebro de Einstein” a partir de los datos macroscópicos obtenidos por T. Harvey. El informe del examen daba cuenta de la existencia de una anomalía a nivel de una circunvolución cerebral que, de existir en un cerebro fetal, sugeriría, según protocolos del INSERM (siglas en francés de Instituto Nacional de Salud e Investigaciones Sanitarias de Francia),  el planteamiento de la interrupción del embarazo30.  Esto es un claro testimonio, si fuera necesaria mayor argumentación,  de lo inconsistente de la postulación frenológica.

Desde el nacimiento de las escuelas de la filosofía antigua, producto de la desconfianza que la metafísica inspiraba, existieron reacciones críticas que tomaron la forma del escepticismo. En la Edad Media, a pesar de la censura que resguardaba la metafísica oficial, en cada escuela se desarrollaban corrientes radicales antimetafísicas. En la modernidad, es dable observar que todo gran sistema filosófico ha tenido enfrente un contradictor de envergadura. Si bien no está dentro de los objetivos de este trabajo hacer la historia de los distintas tentativas filosóficas que apuntaron a demoler los grandes sistemas metafísicos, se presentan algunas de las más destacadas en tanto constituyen la herencia intelectual de la forma contemporánea del positivismo, que sostienen epistemológica y metodológicamente las neurociencias.

En este sentido, en su labor crítica, hay que considerar a David Hume (1711-1776). Fue él – al igual que Kant –  quien dio el golpe de gracia a la metafísica deductiva31. Si bien el descubrimiento de que  el  campo del razonamiento deductivo no hace lugar a las aserciones sobre cuestiones de hecho  antecedió a  Hume, su  virtud fue lo aplicó exhaustiva e infatigable a todas las formas de razonamiento abstracto y, sobre todo, a la metafísica. Pero en un segundo punto se anticipó al ulterior desarrollo del positivismo: que la proyectada reducción de los enunciados a cuestiones de hecho a enunciados que se refieren exclusivamente a la experiencia. Como crítico radical de la metafísica, pudo ser considerado el positivista por excelencia32.

Contemporáneamente, Augusto Comte33 (1798-1857), va a definir, como antecedentes del positivismo, lo que llamó “la ley de los tres estados”, que consiste en

“echar una mirada retrospectiva a la marcha progresista del espíritu humano (…) en todas las esferas de su actividad (…) creo haber descubierto una gran ley fundamental (…) consiste en que cada una de nuestras principales especulaciones, cada rama de  nuestros conocimientos, pasa sucesivamente por tres estados teóricos distintos: el estado teológico o ficticio, el estado metafísico o abstracto, y el estado científico  o  positivo”.

En este  último estado, en sintonía con los empiristas ingleses, dice Comte que el espíritu humano, renunciando  a buscar el origen y el destino del universo y a conocer las causas intrínsecas de los fenómenos a partir de reconocer la imposibilidad de alcanzar  nociones absolutas,  pasa

“a dedicarse exclusivamente a descubrir – con el uso bien combinado del razonamiento y de la observación – sus leyes efectivas, es decir, sus relaciones invariables de sucesión y similitud. La explicación de los hechos, reducida a sus términos reales, no será de ahora en más otra cosa que la coordinación establecida entre los diferentes fenómenos particulares y algunos hechos generales, que diversas ciencias han de limitar al menor número posible” 

Siendo su regla fundamental:

“toda proposición que no es rigurosamente reducible al simple enunciado de un hecho, particular o general, no puede tener sentido real o inteligible alguno”34

Estos postulados, aunque sin que esto implicara dar continuidad35 a los enunciados comtianos,  fueron clara y radicalmente enunciados por Rudolf Carnap (1891-1970), filósofo alemán, exponente principal del Círculo de Viena, autor del  libro “La construcción lógica del mundo”36, obra fundamental del positivismo lógico que vio la luz en Berlín en 1928, en el que dice:

“Mi libro trata la tesis de la posibilidad de principio de reducir todos los conceptos al dato inmediato (…) emprender por primera vez la tentativa de construir efectivamente un tal sistema”.

  1. Carnap propone que sobre lo que él llama las “vivencias elementales” (sensaciones visuales, sonoras, cutáneas, incluído el dominio de los sentimientos) se operará la reducción a lo real37, donde los objetos del conjunto de las ciencias, jerárquicamente, van a reducirse unos a otros, de los más complejos a los más sencillos. De esta manera, el psiquismo propio será el asiento de lo que Carnap llamará “sistema de constitución”, lo que resulta de la operación de reducción. Su éxitotendrá, como condición de posibilidad, la capacidad de reductibilidad,  de unos a otros, de los objetos considerados. Y agrega el autor:

“La base, el dominio de los objetos fundamentales, reside en lo psíquico38 y su primacía cognitiva, que forman los elementos fundamentales del sistema. Esta base residiendo en el psiquismo propio, es un solipsismo metódico. Se trata de lo vivido elemental tomado como una unidad indivisible”.

Los objetos físicos son reducidos a vivencias sensibles convirtiéndose en objetos psíquicos. Pero por otra parte, las proposiciones no tienen validez si no se sostienen en índices perceptibles, debiendo referirse, indefectiblemente, a percepciones.

Karl Popper, filósofo y teórico de la ciencia y autor de La lógica de la investigación científica,  plantea  objeciones a estos enunciados del Círculo de Viena, que en su intención de remontar el nihilismo de su época propuso un cable a tierra en el hecho de asegurarse en la reducción a la percepción de los órganos. Popper criticó esta postura en tanto excluía la posibilidad de considerar lo decisional y lo volitivo cuando se describía un acto humano, por ej., asir una taza para beber un café.  Pero forzoso es reconocer que esta crítica – a pesar de ser tenido en cuenta por los integrantes del Círculo de Viena por lo fundamentado de sus críticas –  Popper no fue un contradictor esencial, él mismo fue erróneamente adscripto al  positivismo – no hizo la mella suficiente como para invalidar la vigencia del reduccionismo materialista imperante en nuestro tiempo.

Así, el reduccionismo materialista se constituye en condición y  fundamento de las neurociencias, con lo “psíquico” o la mente considerado como una excrecencia del cerebro, un epifenómeno. De este modo, se postula la existencia, tanto en lo real de las neuronas como de  los genes,  la inscripción de un saber al modo de un verdadero “Libro de la Vida”39,  una suerte de  guión de validez universal,  con el que se  confecciona un “mapping” o un escaneado – para usar la terminología científica – que se pretende una topografía de todo lo humano. No es sino el monismo lo que se expresa en esta corriente, esta ideología dominante, constituyéndose en un delirio del Todo, de un Uno que sea el Todo.

Ahora bien, ¿cuál es la posición de Freud y Lacan en relación al dualismo cartesiano?

Vimos ya que para el positivismo la superación del dualismo mente-cuerpo se realiza mediante la operación reduccionista materialista. Y es aquí donde es posible plantear algunos reparos. Por empezar, cuando se habla de la problemática mente-cuerpo, suele perderse de vista que dicha formulación puede no ser  pertinente pues se trata de categorías heterogéneas, disyuntas, y surgen de un error categorial. O sea, se puede predicar la existencia de cada uno de los términos, por ejemplo, “la mente existe” o “el cuerpo existe”, pero formular “la mente y el cuerpo existen”  es lógicamente incorrecto40 41.

Por otra parte, cabe recordar que Freud sostiene un dualismo que no es de orden religioso (alma-cuerpo)  o cartesiano (mente-cuerpo), que no se trata, por lo tanto de “metafísicas rivales”. Se trata  de un dualismo que, si bien no es una sin la otra – donde hace centro la interrogación sobre la relación existente – asienta en la contraposición de dos tendencias irreductibles entre sí.  Así, para Freud el inconsciente no es  del orden del cuerpo pero, sin embargo, no es sin relación al cuerpo.

Sin embargo, aunque  dicho de manera esquemática, Lacan  difiere de Freud en que para él  ya no hay más dualismo, no hay más cuerpo y alma, psique/soma.  Al dualismo freudiano Lacan le opone un ternario, introduciendo la relación con los tres registros en el  anudamiento borromeico. Cuando en una ocasión le preguntan a Lacan sobre si era monista o dualista, él responde que por ser psicoanalista es “trialista”. Y cuando dice no más dos sustancias, una la extensión, y la otra, el pensamiento, también apunta a relativizar la separación cartesiana de las dos sustancias, y  agrega,  en Problemas Cruciales del Psicoanálisis, no estar seguro de la ausencia de trama común entre ambas. En el Seminario 23 Lacan lo expresa en relación al cuerpo: “Relacionarse con el propio cuerpo como algo ajeno es ciertamente una posibilidad que expresa el verbo tener. Uno tiene su cuerpo, no lo es en grado alguno”42, lo que está en sintonía con el concepto de pulsión al considerarla, entre otras formulaciones, “el eco del decir en el cuerpo”. Podemos agregar, también, que  hablamos con el cuerpo, aun sin saberlo. Y ante la pregunta acerca de cómo se “entrama” la correlación del cuerpo con el alma, nunca en forma directa, resultan sumamente esclarecedoras  sus afirmaciones en “Televisión cuando  se refiere a la lingüística como ciencia que se ocupa de lalengua y luego habla del alma, el inconsciente, el cuerpo y el pensamiento. Vale citarlo in extenso :

El inconsciente, eso habla; lo que lo hace depender del lenguaje, del que solo se sabe poco, a pesar de lo que designo como lingüistería, para agrupar en ella lo que pretende, es algo nuevo, intervenir en los hombres en nombre de la lingüística. Siendo aquí la lingüística la ciencia que se ocupa de lalengua, que escribo con una sola palabra, por el hecho de especificar ahí su objeto, como es el caso de cualquier otra ciencia. Ese objeto sin embargo  es eminente, por el hecho de que a él que se reduce más legítimamente que a cualquier otro la noción aristotélica como tal de sujeto. Lo que permite instituir el inconsciente a partir de la ex-sistencia  de otro sujeto al alma. Al alma como suposición de la suma de funciones del cuerpo. La susodicha más problemática, a pesar de que se trate de la misma voz desde Aristóteles hasta Uexküll, y que siga siendo lo que todavía suponen los biólogos, lo quieran o no. De hecho el sujeto del inconsciente sólo toca el alma por el cuerpo, por introducir en él el pensamiento: esta vez contradiciendo a Aristóteles. El hombre no piensa con su alma, como lo imagina el filósofo. Piensa porque una estructura, la del lenguaje – la palabra (mot) lo comporta – porque una estructura recorta su cuerpo, y sin que nada tenga que ver con la anatomía43.

Entiendo que pone más claridad sobre que el orden simbólico, el efecto de lalengua, no es un efecto inicial en el alma, sino un efecto de goce en el cuerpo. El alma, en sus funciones cognitivo-adaptativas,  no encuentra su perfeccionamiento en el lenguaje. Sino que lalengua  induce goce en el cuerpo, y desde allí alcanza al alma.: en tanto representaciones, ideas, pensamientos, siempre erotizados. El pensamiento, así, es disarmónico respecto del alma pues conlleva goce. Finalmente, de lo que se trata es de no aislar lo simbólico, es necesario considerarlos entrelazado,  rechazando el planteo de su reducción  al alma, lo que conduce al extravío de proponer las relaciones directas entre el alma y el cuerpo.

Puede decirse que toda la enseñanza de Lacan está atravesada por la cuestión del alma-cuerpo. Lacan retoma el hallazgo freudiano del alma en tanto narcicística y la no articulación de ésta (lo imaginario) y lo somático, como lo que muestra el estadío del espejo. Es este un dato fundamental: el sostener el alma humana como narcicística lo que lleva a Lacan a señalar el desajuste tan insalvable como esencial entre psiquismo y cuerpo en el humano por el hecho de que habla. Es  precisamente por los efectos de lenguaje  que ese psiquismo se anuda con el cuerpo. Es decir, no hay posibilidad alguna de  adaptación como lo preconiza un “imaginario globalizado” por la tecnología  digital, en un todo congruente con el neurocientificismo, en un “fuera del lenguaje”, que no va más allá de la imagen de sí o de la imagen del cuerpo fragmentado.

Una mención inexcusable a partir de la cita de Lacan en “Televisión es la que se refiere a Aristóteles y a Von Uexküll, nombrados en una proximidad que dice, ni más ni menos que las concepciones acerca del cuerpo y el alma, desde el filósofo al biólogo, no han cambiado. Se lo puede leer en Aristóteles en “Acerca del alma” y a Von Uexküll,  en su libro “Nuevas ideas para una concepción biológica del mundo” (1922).  La concepción aristotélica subtiende los supuestos de Von Uexküll y de los biólogos de la época.

Von Uexküll sostendrá que la función de conjunto de todo ser vivo, incluyendo el hombre, es una regulación vitalista en pos de la conservación del individuo y la especie, postulando que “el hombre y la naturaleza forman juntos una armónica unidad según plan, en la que todas su partes realizan un cambio de efectos conforme a plan permanente”.44 Al contrario de lo que afirmó Darwin – de quien es un ferviente contradictor – cada organismo, a partir de la existencia de un germen protoplasmático o sustancia viviente,  se crea su mundo circundante, esa parte del mundo en una interacción dialéctica perceptible-efectora. Así, la naturaleza despliega su acción conforme a un fin, un plan, que responde a un orden preformado, y tiene un sentido: la perfecta adaptación.

En este punto hay que recordar a Aristóteles45 cuando afirma una estrecha unidad entre cuerpo y alma, donde el alma organiza cada una de las funciones del cuerpo de sus diferentes facultades: nutritiva, sensitiva e intelectiva. Esto marca la dependencia del cuerpo respecto del alma:

El alma es necesariamente entidad (ousía), en cuanto forma específica de un cuerpo natural que en potencia tiene vida. Ahora bien, la ousía46 es entelequia, luego el alma es entelequia47 de tal cuerpo”48

En las concepciones tanto de Aristóteles como en las de Von Uexküll algo cumple su naturaleza o  se revela cuando puede cumplir el fin para el que está destinado. Vale decir, el enfoque es teleológico o finalista. La función del alma o del germen protoplasmático será proveer de vida al cuerpo, lo que equivale a decir que vivimos, sentimos y razonamos por y gracias al alma.

En esta, nuestra época, el alma, sustancia vital, toma otros nombres y confirma cotidianamente que el pensamiento aristotélico gravita aun en el modo corriente en que se interpreta lo que nos acontece. No se puede dejar de percibir la sintonía entre las ideas de Aristóteles y de Von Uexküll con lo  señalado más arriba acerca de la inscripción de un saber en las neuronas y los genes, que garantizarían el cumplimiento de lo escrito en el “Libro de la Vida”.

Otra cuestión a considerar en relación a las neurociencias es la utilización  de las neuroimágenes, principalmente la Resonancia Magnética Funcional, de la que Peteiro Cartelle dice que es la expresión de cómo una técnica muy valiosa en investigación científica se puede hacer  funcionar en apoyo  de un cientificismo basado en una perspectiva ingenua del ser humano que está facilitando un retorno al ideal frenológico de forma que, olvidando las propias restricciones metodológicas inherentes a ésta y otras técnicas de neuroimagen, se confunde con demasiada facilidad un correlato de imagen con una explicación causal. Además, acota que el simplismo cientificista basado en la reducción de lo que no es reducible acarrea dos serias consecuencias a la Psicología: en primer lugar, un enfoque puramente conductista del comportamiento humano y, por otro lado, reduce todas las emociones del sujeto a las modificaciones que se verifiquen en determinados neurotransmisores49.

Abundan las publicaciones sobre resultados de estudios que, cuando menos se los puede caracterizar de pintorescos, en los que se anuncia que con la utilización de  neuroimágenes, se descubrió, entre muchos otros ejemplos, que “Los genes podrían determinar las ideas políticas”50, que “La ideología se refleja en la actividad cerebral”51, que se “Identifican procesos neuronales que permiten evitar colisiones”52, y también “Neuronas que reconocen a “famosos”53. Y, para no sobreabundar,  no se puede dejar de mencionar un “hecho científico” comunicado hace varios años pero que posee total actualidad y que, forzoso es decirlo, nada tiene de pintoresco, sino que, por el contrario, mueve a calificarlo de aberrante. En la reconocida Revista Neuroimage  el Profesor Michael Hunter, de la Universidad de Shefield, publicó que mediante la utilización de neuroimágenes,  que

quedó científicamente comprobado que la voz femenina agota el cerebro del hombre (…) ahora la ciencia debe continuar con su investigación para detectar con fundamentos que algunas mujeres no sólo hartan con su voz, sino que acaban con la paciencia”54.

Ante la comunicación de experiencias como ésta última, no basta con descalificarlas por ser experiencias científicamente “incorrectas”, como es el hecho de que  los estudios del cerebro mediante Resonancia Magnética Funcional, no detectan sino las variaciones de flujo sanguíneo en alguna región, las que son relacionadas por  los neurobiólogos,   directamente,  con la actividad de un conjunto de neuronas infiriendo – sin que se aporte ninguna evidencia que sustente dicha inferencia – que son el correlato de una experiencia subjetiva, la que queda situada como epifenómeno de la actividad cerebral.  Esta objeción, metodológica podríamos decir, es absolutamente insuficiente. La creciente utilización de las neurociencias para ser aplicada a la explicación de  las más variadas experiencias de la vida humana, plantea reparos éticos y también jurídicos ciertos en todos los órdenes. Por eso es que no deja de generar preocupación lo que expresa el sociobiólogo Wilson E. O.:

“Los científicos y los humanistas deben reflexionar conjuntamente en la posibilidad de que ha llegado el momento de que la ética ha de ser retirada provisionalmente de las manos de los filósofos y ser biologizada”55

El lógico-positivismo no es una más de las corrientes filósoficas que habitan la escena contemporánea. A partir de su avance desde el Círculo de Viena en 1930, introduce un modelo de pensamiento con su correlato ético y político que desde entonces impregna todo el quehacer de la época, constituyéndose en  una verdadera cosmovisión. Y referido a las neurociencias, su raigambre epistemológica  positivista encuentra en estas su expresión más acabada. Ella subtiende la deriva cientificista, omnicomprensiva de todo lo referido al humano, en su doble vertiente, es decir, la ciencia como única esperanza de solución de los problemas que aquejan a la humanidad y, por otro lado, su funcionalidad en la manipulación y condicionamiento social  desubjetivante.

Ahora bien, ¿cuál es el papel  que  cumple  la filosofía ante esta evolución de la ciencia?

  1. Canguilhem, objetando la metáfora cerebro-computadora en el punto en que no es posible concebir una  máquina motivada por el proyecto de construir una máquina  resitúa el lugar de la filosofía cuando dice que nada prohíbe al filósofo el plantearse, a propósito del cerebro, otras preguntas diferentes de las que se formula un neurobiólogo, agregando que éste, en su campo, es dueño de sí mismo

“(…)  pero el filósofo es indiscreto en todas partes”.56 

En este sentido, la función crítica propuesta por Canguilhem es heterogénea con la concepción que sustenta la Filosofía de la mente57, en tanto  sus problemas, por un lado,

“no son independientes de los resultados teóricos y experimentales de las ciencias naturales”58

y,  además, su surgimiento como disciplina

 “tiene por fin integrar los resultados de estas ciencias particulares en un nivel de generalización mayor al logrado por cada uno de ellas”59

Extremando las posiciones, H. Gardner en “La nueva ciencia de la mente” afirma que la filosofía es la más antigua de las ciencias cognitivas60. Otros autores, como Paul M. Churchland, abogan por una ciencia integrada de la mente-cerebro. En esta constelación de disciplinas existe una en particular, la neurociencia,

“que está en una relación de coherencia más fuerte con las disciplinas más desarrolladas dentro de la arquitectura científica”

que  la ubicaría en condiciones de presidir la interacción con las restantes disciplinas, con lo cual, los proyectos de investigación en las  disciplinas así subordinadas es tributaria, en última instancia, de las necesidades teóricas de la neurociencia61 que encuentran en  la Filosofía de la Mente  la “ingeniería” conceptual que es su reaseguro.

Es necesario, llegados a este punto, hacer mención del emergentismo, una corriente de la ciencia y la filosofía, que conoció un gran auge durante los años 20. Aparece como movimiento de ideas opuesto al reduccionismo y el dualismo.  Pero el concepto comenzó a perder fuerza en los años 30  debido, al desarrollo de la mecánica cuántica que permitía dar razón de las reacciones químicas en términos subatómicos y, posteriormente, de la Biología Molecular que prometía dar cuenta de los fenómenos vivos en términos de sus componentes moleculares. Otro factor determinante para la caída del emergentismo,  es la influencia del positivismo lógico en filosofía y en psicología. El marcado carácter reduccionista y anti-metafísico de esta escuela filosófica buscaba eliminar toda referencia a conceptos metafísicos. Un ejemplo palpable es el del reduccionismo conductista que evita hacer alusión a términos mentalistas que no sean directamente definibles en términos conductuales. Sin embargo, durante los años 70 y 80, el emergentismo volvió a renacer de la mano de posturas filosóficamente más sofisticadas en relación al problema mente-cuerpo y la fundamentación de la psicología, concretamente el funcionalismo, que se propusieron una objeción seria, aunque sin abandonar el paradigma común,  al  fisicalismo reduccionista que defendían algunos positivistas lógicos.

Ahora bien, sea desde el marco lógico-positivista o desde el propio del “funcionalismo”,  en que se sostienen las neurociencias, este es su lenguaje. Un lenguaje por fuera del lenguaje, es decir, del lenguaje en tanto estructura de metáforas y con la equivocidad como hecho de estructura del lenguaje. Vale decir, se ha perdido toda posibilidad de existencia de la metáfora propia de la lógica del significante,  a partir de la sujeción de las neurociencias al “nuevo paradigma”, el lógico-positivismo, que se establece  en el conjunto del campo de las neurociencias. Que cuando  proponen una convergencia con el  psicoanálisis, queda claro que lo que postulan  es la operación de reducción – un verdadero vaciamiento –   de los términos psicoanalíticos según el paradigma biológico. Esto es posible  si, tomando  el lenguaje como instrumento62  --   Carnap propone el lenguaje-objeto y el lenguaje-sintaxis –, reaparece el ideal de lo unívoco en que se cifra “lo científico” en tanto adscripto al positivismo. Pues sólo hay sujeto – y esta es una verdad primera – si éste es un efecto del juego significante, cuya articulación es lógica. La existencia de hecho del sujeto, no es espontánea ni directamente observable, sino que para ser establecida, dice Lacan, necesita  ya de una cierta articulación, de un “si y solamente si”. Prescindiendo de esta lógica, ya estaríamos situados  fuera del campo del psicoanálisis.

Un ejemplo es el “inconsciente cognitivo” que postula Antonio Damasio, un “inconsciente cognitivo” que reduce al inconsciente a una memoria, tal como lo sostienen  Kandel – con su experimento pavloviano con un molusco –, Ansermet y Magistretti. Así, un inconsciente “construido” a partir de la percepción o de los automatismos aprendidos, habilidades adquiridas a favor de prácticas repetidas y presentes,  que para el Yo tendría la  condición de lo no-consciente. Para Lacan lo inconsciente no es perder la memoria sino un saber no sabido. Por otra parte la representación que el recuerdo es,  no me representa como el sujeto que haya habitado allí, pues en tanto sujeto soy lo que un significante me representa para otro significante, efímera existencia. Cito a Lacan:

“El inconsciente no es subliminal, débil claridad. Es la luz que no deja su sitio a la sombra, ni insinuarse el contorno. Representa mi representación allí donde ésta falta, donde yo no soy sino falta del sujeto. De ahí el término en Freud de: representante de la representación”63

Es que cuando los neurocientíficos hablan de percepción,  dan por sentado que aquella es coincidente con al objeto percibido, sin necesidad del recurso al lenguaje, el que daría lugar, por el juego metafórico  a  poder decir “no es eso”. Para el  positivismo, en tanto un enunciado sólo es verdadero si es el enunciado de un hecho reducido exclusivamente a la experiencia, es contrario a que la fantasía, en tanto ficción,  se convierta en razón necesaria del síntoma. Por eso lo propio del  psicoanálisis es la lectura, este es un punto capital, en la que

“la palabra no es signo sino  nudo de significaciones”64.

Es decir, no hay ninguna teoría del sujeto  y del lenguaje susceptible de una reducción objetiva. Esto hace lugar a existencia de la verdad como viniendo del Otro, en relación estrecha con el significante que le da estatuto ficcional. Es que ya la ficción en lo inconsciente no distingue la verdad de la realidad, quedando el sujeto, por la vía de su fantasía, implicado en el síntoma del que es portador, el síntoma que así se torna analizable. Que desde Freud la fantasía devenga en razón necesaria del síntoma, subvierte la fórmula  positivista comtiana.

El “lenguaje de las neurociencias” se sostiene en la “observación”, lo percibido, lo representable como realidad referencial. El psicoanálisis sustituye el “observar” por la “lectura”, por tratarse de material no representable sino significante, que crea significación si se lo lee. No hay acceso a la verdad, que viene del Otro, por la observación ligada a la representación. Lacan dirá en “La instancia de la letra….”65:

“Nadie dejará de fracasar mientras no nos hayamos desprendido de la ilusión de que el significante responde a la necesidad de representar al significado”.

Entonces, lo “legible” está referido al significante y, en tanto lectura, a su significación. Lo propio del positivismo, en su estatuto de cientificidad,  es que si el hecho no existe, el enunciado es falso. Por el contrario, el psicoanálisis asigna valor de verdad al enunciado de un hecho “no existente” como material observable, según la prescripción positivista,  Y asignar ese valor de verdad a lo “ficcional” es lo que está en la base y el origen del psicoanálisis, la fantasía inconsciente freudiana, la estofa de la que se constituye el síntoma. De ahí que el síntoma psicoanalítico no sea abordable “científicamente” mediante la “observación” sino que es “legible” en el seno de la experiencia analítica.

Para el discurso del psicoanálisis no se trata de la “observación” de los hechos como registro de algo explícito sino que, por el contrario, todo  hecho que se predica es “hecho de discurso”, es decir, no es el enunciado de un hecho sino que el hecho es haberlo enunciado, introduciendo la dimensión de la verdad del sujeto. Un enunciado de un hecho que “no existe” como material observable, esa ficción que Freud llamó fantasía inconsciente66.

A modo de conclusión: el lógico-positivismo se realiza en un  rechazo liso y llano de la metáfora, es decir,  a la constitución del sujeto en lo simbólico, en el campo del Otro.   Esta sujeción y existencia en el lenguaje – aunque no de antemano garantizada, en tanto acto –  es rechazada, lo que implica, sin más, el rechazo del inconsciente y, por ende, del sujeto como deseante.  Se argumenta una supuesta “libertad” – idea delirante –  o sea, un “fuera del lenguaje”,  en el que se configura la propuesta de un hombre máquina, autómata, el hombre neuronal de los neurocientíficos, un hombre desresponsabilizado, no comprometido con su saber inconsciente. Es decir, un hombre “libre” de toda determinación simbólica.

Manuel D´Onofrio                                                         manueldonofrio@yahoo.com.ar

Dr Sergio Rodriguez

Perteneció a la EFBA (1980/85). Fue uno de los fundadores y director científico de la revista Pyche, integró Consejo de la Escuela de Psicoanálisis del Borda. Participó en la fundación y fue presidente de Herramienta Freudiana Transdisciplinaria. Docente invitado en pos grados diversos, extensión universitaria y grado de facultades de psicología, asociaciones y colegios de psicólogos, centros de salud mental y hospitales. Colaboró en varios libros, habiendo compilado tres, además de publicar 5 de autor y 2 en coautoría. Profusa labor periodística sobre la especialidad. Durante 2008/9, llevó adelante un seminario sobre Cruces entre Neurobiología y Psicoanálisis.

"Cruces entre Psicoanálisis y otras Ciencias"

(Desgrabación corregida por el autor)

Freud fue contemporáneo del microscopio óptico, cuando eran totalmente distintos de los actuales que permiten ver en nanomicrones. El nanómetro es la unidad de longitud que equivale a unas mil millonésimas partes de un metro y que, comunmente, se utiliza para medir la longitud de onda de la radiación ultravioleta, de la radiación infrarroja y la luz. Recientemente la unidad ha cobrado notoriedad en el estudio de la nano-tecnología, área que estudia materiales que poseen dimensiones de unos pocos nanómetros. El símbolo del nanómetro es nn. Cuando hablamos de partículas elementales, o sea átomos con sus núcleos, protones, electrones, fonones y neutrinos, aparece su descubrimiento y uso por los físicos cuánticos. En eso trabajemos: algunos fenómenos descubiertos y elaborados por la física cuántica tienen importancia en la subjetivación, lo que intentaré hacer advertir.

Freud era de la época de Nietzsche, Marx y otros de esa talla, que -más acertados o más equivocados- marcaron al Siglo XX cuyos secretos, a más de un siglo de haberse producido, han pasado por la prueba de la práctica (a veces bien, a veces mal, pero siempre presionando a pensar, comparar, investigar). En ese contexto, después de haberse pasado a investigar en laboratorios células nerviosas en gusanos, Freud escribe “Proyecto de una psicología para neurólogos”. Las escaseces técnicas no le impidieron combinar lo que ya se sabía, como la existencia y funciones de las neuronas, con lo que él iba imaginando y teorizando. Dichas escaseces: ¿habrán sido una de las razones de por qué, habiendo sido escrito entre 1895 y 1896, fue publicado en 1950? En vida, él mismo se había opuesto a publicarlo. No lo consideraba claramente sustentable. Las histéricas (aunque yo prefiero hablar de la histeria, ya que puede ser tanto femenina como masculina) le dieron a la curiosidad, resistencia, genio y desprejuicio de Freud la posibilidad práctica de comenzar a otearlo inconsciente. Para eso, tuvo que dejar de lado las histéricas me mienten. Ante la insistencia del fenómeno, se pasó a preguntar qué verdad se vehiculizaba en sus “mentiras”. Primero pensó en el principio de placer, pero observaba que a veces desembocaba y se sostenía en situaciones displacenteras. Ahí advirtió en el discurso de sus pacientes articulaciones entre lo que decían en referencia a sus problemas de vida con cómo lo decían. Y, en ese cómo, empezó a encontrar palabras aprehendidas en la primera infancia por lo que enunciaban mientras los cuidaban quienes lo criaban, período en el que el cuidado de los agujeros del cuerpo ocupa un lugar fundamental. Ese lugar es mucho mayor al que aparece en las conversaciones de los adultos, aunque si se escucha y no sólo se oyen esas conversaciones, se puede advertir que en ellas estos temas son aludidos siempre. Un paciente, creo que esta mañana, decía que a él le decían: “a vos te cagan todos”. Eso le hizo llevar a un primer plano el concepto de pulsión anal.

Puede pensarse que, como las pulsiones pueden satisfacerse en su propio borde, pueden llevar a un goce auto-erótico de tal orden que aísle al portador de todo tipo de relaciones sociales. No obstante, eso no alcanza a explicar todo sobre la pulsión de muerte. Pero el hecho de que existan suicidios, homicidios, femicidios y actos fallidos cuyo resultado es la muerte propia o de otro, descuido de sí mismo y de quienes los aman, y tantas otras experiencias, lo muestra diariamente. En el funcionamiento pulsional está la base que incide con lo inconciente el inconsciente: recuerdos, significantes, escenas, etc. que hacen muchas veces suponer que quien habla miente. También, en dicho funcionamiento, aparece la mayor o menor fuerza de cada uno para llevar adelante sus deseos. En ellas se apoyan y también pueden ser interferidos distintos tipos de goces. Freud se acercó tempranamente, a investigarlas,. Y culminó cuando soportó advertir la existencia de la pulsión de muerte. Desde el psicoanálisis podemos encontrar razones del predominio ocasional de la misma, en años tempranos.

Actualmente, en la neurobiología podemos ir encontrando razones de su acentuación a medida que los envejecimientos avanzan. Freud lo advirtió en sus años finales, cuando el envejecimiento avanzaba en él. Podemos ver que Freud tempranamente captó articulaciones entre psicoanálisis y otras ciencias. Ahora nos encontramos con la posibilidad de ir entendiéndolas mucho mejor, profundizando y consolidando la utilización de las mismas. Psicoanalizar lo que dificulta inconcientemente a los pacientes para vivir más acordes con sus deseos, goces y participación en los lazos sociales es el deseo que anima a todo analista que se reconozca como tal.

Ahora trabajaremos aportes de la neurobiología y la física cuántica, que pueden contribuir a la cura; a lo que se agregará lo que vayan aportando ustedes. Conversación a conversación, buscaremos seguir los recorridos de los análisis, según lo que fui entendiendo en los escritos de nuestros predecesores y lo que mi práctica me fue resignificando.

Porque el inconciente y lo inconciente laboran desde y sobre cerebro y cuerpo, abordaremos algunos tópicos de neurobiología y física cuántica. Trazaremos posibles articulaciones de cuestiones de lo inconciente con cuerpo y cerebro; serán útiles para entender porqué y para qué, en ciertos casos, en búsqueda de la cura, resulta eficaz relacionarse con otras prácticas; buscando según cada caso cómo ir construyendo o reforzando el cuarto nudo del borromeo del analizante. O sea, el propio nombre, ligándolo a algo.

En los finales de su vida, Lacan habló de la importancia de apropiarse del propio nombre. El propio nombre ligándolo a su profesión, práctica, modo de ser y hacer. No sin el nombre del padre, pero sí sin replicarlo, sin copiarlo exacto. Eso irá subjetivando a la persona en cuestión. Por ejemplo: siempre me acuerdo de mi querido Manolo, el fiambrero de la esquina de mi casa, o de Don José, el panadero. Se habían hecho un nombre en el barrio. Verdaderamente, se habían hecho un nombre. No se tiene un nombre solo por ser “doctor”.

Tanto de parte de muchos psicoanalistas como de parte de muchos científicos de las llamadas ciencias duras, hay oposición a los intentos de cruce. Pero cruzar no es lo mismo que complementar. De paso digo que cada vez hay menos oposición, lo cual me parece fantástico.

Retomo uno de los grafos de Lacan que plantea que entre cada término -que yo voy a nombrar- hay disyunción, conjunción, mayor, menor <>. Hay relaciones pero que no son siempre iguales.

El inconsciente y el sistema neuronal, operado por partículas elementales (las moléculas: átomos, electrones, neutrones y la recientemente aparecida familia del neutrino, del cual antes se creía que era un onda y ahora se ha descubierto que es la partícula más pequeña de todas), tienen información acumulada durante toda la vida por los significantes y sus redes y por experiencias corporales. Esta estructura, cuando se torna necesario, pone en acto dicha acumulación de informaciones, lo que el pobre Freud no tuvo ocasión de conocer. Ni el mismo Lacan lo pudo conocer. Estas cuestiones se advirtieron fuertemente en los ochenta y empiezan a tomar cuerpo en el 2000. Entonces, el síntoma, que no cesa de inscribirse en y desde el inconsciente, va marcando al sistema nervioso central y al autónomo, y desde ellos a órganos, músculos, y esqueleto óseo. El síntoma que no cesa de no escribirse informa que algo está fallando. Lo que lleva a que tanto el lenguaje como el aparato neuronal traten con eso de hacer algo distinto. Usan lo que no cesa de escribirse para que en la contingencia (evidenciando algo de lo real, usando lo registrado en las memorias neurológicas, muscular de órgano y orificios corporales) se escriba algo distinto, que incidirá en los agrupamientos moleculares. Se escribirá en un juego de conjunción, disyunción y de menor-mayor <>. La propuesta de Lacan para la lógica nodal está fuertemente referida al inconsciente y al sistema nervioso central. Nunca dejó de tenerlo presente. Por desgracia, murió en 1981, época en la que recién comenzaba un desarrollo distinto en la neurobiología y la física cuántica. Estos desarrollos se desplegaron fuertemente a partir del año 2000 en adelante.

Complejidades epistemológicas

Pretendo cruzar prácticas científicas muy diferentes, en tanto acceden a su objeto a través de modos de abordajes muy diversos y con instrumentos muy dispares. Son prácticas distintas, a pesar de que investigan al mismo objeto: el ser humano. Pero abordan distintas cualidades y aspectos de éste y lo hacen con objetivos dispares. En consecuencia, tienen teorizaciones, criterios estadísticos, recopilación de datos y experiencias, lógicas para sus herramientas de investigación. El mismo objeto total en sí, tiene además diferencias importantes para su desarrollo, empezando por la sexual: hembras y machos. Siguiendo por etapas de la vida, condiciones sociales y contextos culturales. Estas diferencias condicionan particularidades y a veces hasta singularidades, aunque a partir de sostenerse en lo general de las estructuras básicas. Pero las diferencias metodológicas complican las colaboraciones. El saber filtrado, acumulado por la experiencia y la teorización psicoanalítica, ha surgido de escuchar millones de historias singulares, inmersas en relatos sobre generaciones previas a las de quien nos la contó, elaboradas por éste en el seno de los conflictos que de una forma u otra se produjeron entre sus padres y hermanos. Esto martillará y sobredeterminará la narración de lo que traen a psicoanalizar, narraciones que nos van develando cómo el sujeto que las enuncia fue reaccionando ante aquellos conflictos y cómo a su vez se le fue armando su plataforma de creencias según las cuales relata y trata lo propio. Eso es lo que le da resonancias míticas: cuando se habla de los mitos del neurótico, es por eso. Ahora existen los correos electrónicos. Yo mandé por mail a mis hermanos un recordatorio del aniversario del fallecimiento de nuestro padre. Se armó, vía correo, toda una conversación en la cual cada hermano -somos cuatro- habló de su familia originaria. Les juro que eran cuatro familias distintas, no tenían nada que ver, lo cual me hizo pensar mucho. Al que me sigue a mí le llevo seis años, a la que le sigue le llevo siete y al cuarto le llevo catorce. Habíamos vivido cada uno familias distintas. Y me daba cuenta que en eso incidía, por un lado, que efectivamente no fue la misma relación de mis padres con cada uno de nosotros y entre ellos; pero que además cada uno lo sentía desde su propio lugar. La intervención de un psicoanalista, desde una neutralidad sostenida en tensión con sus propios ideales, creencias, historias, deseos y hábitos de goce, busca lograr modificaciones en hábitos y modalidades de goce del analizante, busca que modifique aquellas modalidades que le dificultan articularse a sus propios deseos inconcientes, los que suelen ser más propicios para que viva mejor. Trabajamos así hasta que el sujeto pasa al acto de dar por terminado su análisis y seguir su vida sin

conversar con el analista, pero dispuesto a utilizar las herramientas adquiridas para seguir analizando las manifestaciones de su inconsciente por vista propia hasta el final de sus días. Esto último es muy importante. Yo presto mucha atención a cómo reacciona el paciente cuando está en su casa, fuera del análisis. Por ejemplo, cuando cuenta en el consultorio: “el otro día me pasó tal cosa y me di cuenta de que era por tal otra”, me está dando su mito sobre su vida. Suele denotar en que dirección hubo cambios o no los hubo.

La biología tiene como objeto de estudio a los seres vivos. Más específicamente, su origen, evolución y propiedades, génesis, nutrición, reproducción, morfogénesis, patogenia, etc. Estudia la estructura y la dinámica funcional comunes a todos los seres vivos, con el fin de establecer las leyes generales que rigen la vida orgánica y sus principios explicativos fundamentales. Todos los organismos perpetúan sus caracteres hereditarios mediante su material genético, que está basado en el ADN, empleando un código genético universal.

Acoto: llamativamente ocurre algo parecido con lenguas y lenguajes. Hay una estructura similar en la forma, aunque cada lengua tiene sus particularidades. Y más aún, cada hablante va produciendo una forma muy propia de hablar. Lacan le llamaba lalengua en una sola palabra. Esa idea de Lacan es muy importante. Con múltiples dificultades y malos entendidos, por dichas singularidades de cada sujeto, igual se comunica, gracias a las identidades de las estructuras. Los frecuentes malentendidos ocurren porque resulta imposible una lengua totalmente común ¿Nunca se preguntaron por qué la cultura occidental, la oriental y la africana tienen distintos idiomas? Idiomas, no ya las lalenguas de una sola palabra. Idiomas. Cómo se han ido armando, estructurando, por qué. Además, en todos, siempre falta algo para definir lo desconocido. “Real” cuando esto se hace presente fuertemente, es un momento de desconcierto.

Las neuronas. En “Descubrimiento de vibraciones cuánticas en microtúbulos dentro de las neuronas respalda controvertida teoría de la conciencia”, artículo aportado por Eduardo J. Carletti a Science Daily, se cita: “nuestro nuevo documento actualiza la evidencia, deja en claro los bits cuánticos Orch OR, o ‘qubits’, como caminos helicoidales -de formato similar al del ADN en las neuronas- en los enrejados de microtúbulos, refuta la crítica y revisa veinte predicciones comprobables de la Orch O publicadas en 1998. De ellas, seis se confirman y ninguna es refutada”.

Esta, de la que seguramente ustedes no entendieron nada, pero les va a llegar escrita, es una teoría muy importante. Esto es algo que les cuesta mucho aceptar a los físicos. En un grupo de trabajo teníamos una física, varios psicoanalistas y varios neurólogos… Y la física la resistía a muerte. Claro, tiraba abajo un montón de cosas de la física. Y eso que ella era no sólo profesora sino investigadora en física.

Me sorprendió encontrar indicados los qubits como caminos helicoidales porque entonces tienen, como señalan los autores, también un formato similar al del ADN en las neuronas ¿Azar o interdependencia adaptativa? En la medida en que me fui metiendo en este tipo de cosas, llegué a pensar que hay una interdependencia entre cuestiones neuronales, cuestiones del lenguaje y cuestiones de la historia de la constitución de los humanos. ¡La verdad, que es impresionante!

“Dicha estructura helicoidal, que es la que sostiene y teje a los genes, tiene forma similar a los discursos”, dice Roger Penrose en el mismo artículo. Citando a Stuart Hameroff: “el trabajo en el laboratorio de Eckenhoff en la Universidad de Pensilvania, sugiere que la anestesia, que borra selectivamente la conciencia sin afectar las actividades cerebrales no conscientes, actúa a través de microtúbulos en las neuronas del cerebro. Esto abre una potencial caja de Pandora, pero sugiere que la conciencia deriva de las vibraciones cuánticas en los microtúbulos, polímeros de proteínas dentro de las neuronas cerebrales que gobiernan tanto las funciones cerebrales como las sinápticas, y conecta los procesos cerebrales con los de auto-organización a escala fina: la estructura cuántica, proto-consciente de la realidad”.

Uno de estos señores es anestesista, el otro neurólogo. Sencillamente eran amigos. Nada más. El anestesista le empezó a contar sorprendido al neurobiólogo que cada vez que entraba en anestesia una persona, empezaba a decir un montón de cosas que no decía cuando estaba despierto. Se lo contó, el otro primero lo escuchó y después se pusieron a pensar juntos. Entonces llegaron a la idea de que hay una proto-conciencia. Ninguno es psicoanalista ni cree en el psicoanálisis, pero la forma de ellos de hablar del inconciente es diciendo proto-conciencia. Aunque no utilizan el concepto de inconciente, lo refieren cuando hablan de una estructura cuántica proto-consciente de la realidad.

El inconciente se realiza en y desde la articulación molecular-neuronal. La necesita como archivo y portadora de material de imágenes y significantes con los que construir respuestas para lo que debe resolver el humano en cada momento de su vida.

Dichas investigaciones experimentales, suponen, encontrar puentes-factorías de pensamientos e invenciones causados por deseos y prácticas de goce. Les aclaro, que lo de puentes-factorías: es algo que utilizo yo. La idea más sencilla, más común, asume que el pensamiento ocurre en tal lugar, supónganse el cerebro. Y en verdad no es así ¿Dónde ocurre? Por ahora, yo llamo a esos lugares puentes-factorías. Lo que es evidente es que son pensamientos e invenciones causados por deseos y prácticas de goce. O sea, serían las vibraciones cuánticas en los microtúbulos y polímeros de proteína (microtubulinas) dentro de las neuronas cerebrales, las que gestionan las funciones neuronales y sinápticas y conectan los procesos cerebrales con los procesos de autoorganización a escala fina. Tendríamos ahí la estructura neuronal cuántica de lo inconsciente. No del inconsciente sino de lo inconsciente, de sus significantes y actos.

Cromosomas. Sabemos que el ADN, sustancia fundamental del material cromático difuso -así se observa en las células de reposo- está organizado estructural y funcionalmente junto con ciertas proteínas y ciertos constituyentes en forma de estructuras bastonadas llamadas cromosomas. Las unidades de ADN son las responsables de las características estructurales y metabólicas de las células y de la transmisión de estos caracteres de una célula a otra. Estas reciben el nombre genes. Están colocadas en un orden lineal a lo largo de los cromosomas. En consecuencia, hay similitudes formales entre las cadenas de ADN, las cadenas de discurso, de articulaciones y fallas de articulaciones entre filogenia y ontogenia (lo que es muy importante pues son la argamasa receptora neuronal que recibe al lenguaje y la cultura, y le generan condiciones para que incidan en el sistema nervioso central). En términos generales, un gen es un fragmento de ADN que codifica una proteína o un péptido. Observo entonces equivalencias entre las imágenes de ADN y como podríamos graficar discursos y cadenas significantes. En estos se producen combinatorias, quiebres, enredos.

Si lo dibujáramos, como hizo Ferdinand de Saussure para graficar cadenas metonímicas y efectos metafóricos, lo dibujaríamos parecidos a una cadena o sucesión de Cintas de Moebius con lo que evocan de infinito. Entonces ADN y discursos operarán sobre y en las membranas neuronales en su red articuladas a través de axones, dendritas y espículas. Lo pueden observar en el croquis de Hammer y Penrose.

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Filogenia. Se llama filogenia al estudio de la historia evolutiva y las relaciones genealógicas de las estirpes. Las comparaciones de secuencias de ADN y de proteínas, facilitadas por el desarrollo técnico de la biología molecular y la genómica, junto con el estudio comparativo de fósiles u otros restos paleontológicos, generan la información precisa para el análisis filogenético. Hace pocas semanas descubrieron una momia de hace 200 años acá en el norte del país. Y la están estudiando justamente en este sentido.

El árbol filogenético de los seres vivos se basa en datos sobre su ácido ribonucleico (ARN). Existen numerosas diferencias entre el ADN y el ARN. Las importantes se refieren a la presencia de diferentes glucosas en las moléculas de ambas (aparentemente, una pavada): ribosa en el ADN y desoxirribosa en el ARN. Se nos plantea una pregunta: ¿desde lo común y los genes no se llega a las particularizaciones de lenguas y lenguajes, y más específicamente a la lalengua de cada uno? Puede ayudar a entender, el video de Patricia Kuhl, psicóloga norteamericana, llamado “La genialidad lingüística de los bebés”. Ella dice que los ciudadanos del mundo adquieren elementos fuertes de la lengua de sus criadores; tienen dificultades mayores o menores para aprender otras y facilidad para profundizar en la materna del criador. Lo que ahí se plantea es que, por cuestiones de la guerra, o por lo que fuera, chicos de origen americano habían quedado en Japón, y chicos de origen japonés que desde recién nacidos quedaron en Estados Unidos, se habían criados en familias que no eran de su origen racial. Para ellos, la lengua materna se transformó en la de sus criadores, no en la que sería su origen biológico. Por eso ella habla de ciudadanos del mundo. Porque dice: si estuvieron hasta los seis meses ya les queda la sonoridad de la lengua de sus criadores.

La biología encuentra entonces en los hablantes, como condicionamiento clave, al lenguaje. Los psicoanalistas podemos agregar, con su operatoria sobre y a través de la experiencia de las pulsiones, sus zonas erógenas y también del cuerpo, sus músculos, la piel y sus órganos. Recordarán cuando criaron a sus hijos de bebés. La mayor comunicación con ellos son frases como: “no te hagas caca”, “¿cómo no vas a comer?”. Es una comunicación en relación a cuestiones de los agujeros.

La neurobiología, como especialidad de la biología, se concentra en investigar las funciones y dependencias del sistema nervioso y en particular, del sistema nervioso central y sus relaciones no absolutas con la filogenia. El doctor Roberto Rosler, neurobiólogo, se plantea y nos plantea la siguiente pregunta: “¿cómo hacemos los

humanos, con el cerebro del paleolítico, para pensar en la actualidad?”. Pregunta importante, pues plantea la cuestión de las articulaciones entre filogenia y ontogenia en relación con el más que milenario antropomorfismo. Parto de reivindicar la teoría estructural de Freud y de sus tres instancias: Inconsciente, Preconsciente y Consciente. Ninguna ubicable en zonas específicas del cerebro. Van, vez por vez, produciéndose por articulaciones puntuales y diferentes de recuerdos, según la lógica temporal del Inconsciente (instante de la mirada, tiempo de comprender, momento de concluir pasando al acto). Responden a causas, razones e incitaciones a actuar. Se articulan en la búsqueda de responder en acto a demandas de los otros y/o de lo Real, según deseos emergentes de cómo su Øtro funcione y haya funcionado. Los olvidos pueden responder no sólo a represiones psíquicas, sino también a causas biológicas de distinto cuño. Por ejemplo, cierto tipo de adicciones prolongadas, envejecimientos, accidentes en vías nerviosas, accidentes cerebrales vasculares, arterioesclerosis, Alzheimer y otras demencias.

II

Intervención iniciadora del público: - Me gustaría que profundices esta comparación que hacés entre la cadena de ADN con la cadena de significantes, que decís que influye en la constitución de genes.

Tengan en cuenta que el ADN transmite los caracteres –llamémosle- ancestrales. El ARN va transmitiendo más los propiamente hereditarios de la cadena de esa persona. Como freudiano y lacaniano, hasta no hace mucho tiempo para mí todo dependía de lo que escuchaba y como lo escuchaba cada persona: las discusiones, relatos y cuentos familiares. Pero me encontré con que hay cuestiones que se transmiten por una vía biológica.

Hay un ejemplo muy importante e impactante. No sé si ustedes recuerdan cuando Estela de Carlotto pudo encontrar a su nieto. Los apropiadores se lo habían entregado a un estanciero y este a un matrimonio de su estancia que no tenía hijos. Esta gente no cultivaba la música. Sin embargo, el muchacho salió músico ¿Saben cuál es el detalle? El padre de él, desaparecido, era músico. Ahí la única posibilidad de transmisión que hay es genética. Ha sido por el ARN. No se transmite sólo, vía discurso.

La transmisión vía genética no sólo puede encontrarse con dificultades en las cadenas, sino que además puede haber sucesos traumáticos en un gen. Traumáticos no en el sentido psíquico, sino de una falla en un gen determinado. Eso pasa. Entonces nos encontramos que en una familia en donde no había habido integrantes con síndrome de Down, en un momento aparece uno. Me refiero a estas cuestiones. Es importante tenerlas en cuenta cuando uno trabaja como psicoanalista. Porque eso nos coloca entre lo posible, lo contingente y lo imposible. Hay cuestiones de la genética con la que se puede hacer bastante, pero no todo. Me parece que es muy importante todo ese interjuego que hay. Hay que poder operar sobre el interjuego y no sólo sobre un aspecto.

Intervención del público: - Es también muy conocida la historia de Juan Cabandié, que tiene un condimento muy fuerte. Él, que se hacía llamar Juan, tenía una mala relación con su padre apropiador y negaba un poco ese origen y ese nombre propio. El que eligió fue el que le había puesto su verdadera madre, con el que compartió unas muy pocas horas en el cautiverio. Es impactante. También cuesta mucho pensar que lo simbólico se transmite a partir de lo genético. Cuesta mucho pensar como lo simbólico se transmite a partir de lo genético. Es una idea que no es fácil. Y de hecho pondría en revisión infinidad de cosas. Yo ayer lo escuchaba cuando usted ubicaba el inconsciente en algún lugar del cerebro, y me preguntaba por la metapsicología freudiana. Usted también nombraba la pulsión de muerte. Es imposible no preguntarse por la pulsión de vida. Imposible no preguntarse por lo endógeno. Yo quería compartir la dificultad que tenemos para pensar esta cuestión.

Tomo a Melanie Klein: ¿El inconsciente está en los orígenes o se estructura? Me parece que hay una cuestión entre el soporte orgánico y lo estrictamente humano que es justamente lo que nos separa del instinto ¿Debemos pensar que la pulsión es biológica? Cuesta aceptar eso. Es un límite entre lo psíquico y lo somático. Bueno, esa definición es casi, una definición facilista.

Creo que entre algunos psicoanalistas la letra “o” les dificulta. Porque la letra “o” conlleva las disyunciones. Y en verdad, los humanos, somos producto de una serie de sobredeterminaciones. Entonces no es esto “o” aquello, sino ambas cuestiones. Hasta dónde una y hasta dónde otra, eso sí, que hay que delimitarlo vez por vez y uno por uno. Cuestiones muy importantes, porque el peso de las cuestiones biológicas y el peso de las cuestiones de discurso - sea ontogenético, filogenético o traumático- es muy importante. Es interesante que Freud no haya abandonado lo ontogenético y lo filogenético, porque también lo vinculaba a la genética. Él sospechaba, pero no podía comprobar. Los grandes descubrimientos de la biología genética son de los años ochenta y especialmente del 2000. Son muy pocos años. Yo no creo que pese más lo biológico que lo discursivo. Cuando nos toca escuchar a un paciente, una de las cosas que a mí me trabajan la cabeza es preguntarme: “Esta persona, ¿qué es lo que está pensando más? ¿De qué manera está pensando más? ¿De que manera debo trabajar con eso? ¿Qué pasa, además, con lo que está pensando menos?”. A veces es conveniente pasar a primer plano lo que está pensando menos justamente para devaluar lo que está pensando más. No les puedo dar ejemplos concretos porque sería un ejemplo sobre esa persona y punto. En algún trabajo lo digo, la fundación de la epistemología tiene que ver con la guerra. Fueron los primeros guerreros organizados, no el hombre de las cavernas que le daba una paliza a otro para llevarse sus frutas, sino los guerreros organizados, cuando ya eran tribus, que para entrar en batalla establecían estrategias y tácticas. Y si ustedes piensan, el fondo de la epistemología tiene que ver con la estrategia y la táctica. En cualquier disciplina científica. Y dentro de eso, por ejemplo en la clínica psicoanalítica, con los que converso, suelo utilizar un término que es de un estratega alemán que se forjó en la primera guerra y en la segunda luchó del lado de los ingleses, y que nunca pudo llevar demasiado a cabo lo que pensaba porque nunca pasó a los altos grados de la oficialidad. Él planteaba lo que se llamaba la estrategia de aproximación indirecta. Bueno, hubo movimientos guerrilleros muy importantes, algunos que llegaron al poder, como el maoismo o el fidelismo, que sabiéndolo o no, en sus estrategias y tácticas usaban la estrategia de aproximación indirecta. Quiero decir que a partir de las primeras derrotas que tuvo Mao, pararon. En sus filas internas, siguió la tensión hasta muchas décadas después. A Roger Chin lo expulsaron y lo metieron en cana. Él tenía la estrategia lenninista de concentrarse en los obreros de las fábricas y las minas y desde ahí hacer la revolución. Y Mao planteó que no, que habían sido derrotados en Shangai, su principal puerto. Planteó ir desde el norte hacia el sur, progresivamente. Fue lo que ellos llamaron la Guerra Popular Prolongada. Es una estrategia de aproximación indirecta. Fidel Castro también hizo lo mismo. Cuando fue el desembarco del Granma lo bombardearon, quedaron ocho tipos y en la playa Fidel los reunió y les dijo: “Hemos triunfado”. Se fueron al monte y recomenzaron desde ahí. No era esa la idea inicial de ellos. La idea inicial era ir hacia la Habana. Y desde ahí armaron tres frentes de combate diferentes. Finalmente derrotaron a Batista.

El psicoanálisis, siempre salvo casos muy particulares, usa la estrategia de aproximación indirecta. En general, los que se presentan como candidatos a pacientes, y esto en su momento los tenían muy claro los de la A.P.A. y los de la I.P.A., en sus dos primeras entrevistas, le vomitan todo. Uno tiene ahí a la vista lo que luego es un trabajo de cinco años, diez años, quince años. Entonces se obtiene o una huida o un encerrarse. Uno escucha, se queda calmo, y progresivamente va viendo sobre qué interviene según los diferentes tiempos que en el paciente se van produciendo en relación a toda esa marejada de conflictos.

¿Qué tiene que ver con lo discursivo y lo genético? Primero, me he ido acostumbrando a no hablar más de lo simbólico a secas, sino a distinguir. Porque lo simbólico es efecto de lo Imaginario, lo Simbólico propiamente dicho, y lo Real. Entonces: ¿qué está pasando? Yo trato de ir pensando lo que le está pasando al paciente en relación a esas tres sobredeterminaciones. Me parecía importante para poder ir eligiendo y procediendo. Si uno va directamente a lo Real, bueno… Si uno se queda demasiado en lo imaginario, también fue. En este momento analizo a una señora que es pareja de un hombre que se analiza hace 16 años con la misma psicoanalista de A.P.A. No es por hablar mal de esa institución, a mucha gente de ahí los respeto mucho. Pero esta persona es otra historia. No ha producido en su paciente el más mínimo cambio. Y no es porque ese hombre no tenga los elementos para cambiar. Sino porque siempre le dice lo mismo. Entonces, es muy importante tener en cuenta los tres elementos, desde el punto de vista discursivo: Imaginario, Simbólico y Real.

Y desde el punto de vista de la progenie y la ontogenia, también. Como vienen esas cadenas. Ninguna de esas cadenas es perfecta. Nadie puede ser súper-hombre y súper-mujer. En todos hay problemas, detalles, rayas, fallas en el orden simbólico y en el neurobiológico. Nosotros hacemos lo que podemos, está claro. Trabajamos con eso lo mejor que podemos.

Hay una serie de sobre determinaciones que también operan en el psicoanalista. Yo no soy el mismo psicoanalista que cuando tenía treinta años. Aquel era mucho más inexperto, sabía mucho menos; pero este es mucho más viejo, más cansado, más desgastado. La palabra desgastado lo digo tanto en el sentido biológico como en el sentido de los tres registros, porque lo biológico nos repercute ahí también. Padezco más olvidos, por ejemplo. Uno tiene que ir situándose al cuerpo, la mente, y la situación que tiene. Eso es lo que yo creo, es hasta donde yo puedo llegar.

Intervención del público: - Me parece que en occidente tenemos un problema epistemológico fuerte. Tenemos una herencia judeo-cristiana, todo el tiempo estamos viendo como articular cuerpo y mente. Partimos de que están separados y estamos todo el tiempo queriendo articular. Me puse a pensar la pulsión como biológica, y se me vino un recuerdo de hace muchos años. Tenía que preparar una clase sobre pulsiones. Es fácil hablar para colegas, que van a dar por sentado lo que uno dice. Pero si intentás con un médico, por ejemplo, explicarle que hay una mirada deseante… Cuando preparaba esta clase, no me podía explicar algo de lo simbólico. Y era un fenómeno que por ahí es muy bobo, pero que me quitaba el sueño. A todos nos debe haber pasado en una reunión o lugar donde hay mucha gente, sentir que alguien nos está mirando. Y se da vuelta y se cruza con la mirada de ese alguien y quizás estaba de espalda a ese alguien ¿Cómo lo percibió, si es una mirada? Hay algo de ese deseo que entra mediante la percepción. Yo no lo puedo explicar, no soy una estudiosa del tema. Pero a partir de que la gente de la física se fue metiendo con la física cuántica, empezaron a hablar de que la mirada emite un fotón. Entonces, estamos percibiendo en la piel. Si estamos de espaldas, ¿dónde y cómo se percibe el fotón? ¿Como calor? No lo sé explicar. Pero aparecen elementos de otra disciplina y uno no sabe dónde termina lo biológico y dónde lo psicológico… Ahí la neurobiología empieza a dar respuestas. Y te dicen: “Las palabras modifican la red neuronal”. También se explica claramente que la genética se ve modificada por el ambiente, que incluye las palabras, la familia, la cultura, y eso hace que unos genes se expresen y otros se inhiban. Es decir, que a partir de cómo me atraviesa lo simbólico, algunos genes se pueden expresar y otros no. Pregunto. Yo no tengo respuesta. Pero tenemos que empezar a pensar desde otras categorías que no sea lo biológico por un lado y lo psíquico por otro.

Coincido con lo que ella dice y radicalizo el ejemplo. Observen ustedes en la calle cuando por ahí un hombre va mirando mucho una chica por la espalda. Puede estar mirándole el cabello o pueden estar mirándole el culo, la va mirando y por ahí la chica da vuelta su cabeza. Ni siquiera había una relación previa.

Hay una emisión, que con los fotones no se alcanza a explicar. La física se acompleja cada vez más, aparecieron los neutrinos, que se los consideraba una onda y se descubrió que son micro-partes de átomos.

Voy a releer algo que ya había leído, para no perder la lógica:

Los seres hablantes tenemos una sola diferencia esencial con el resto de las especies animales: inventamos. Lo que ocurre gracias a que pensamos y a que hablamos. El resto puede llegar a imitar y hasta a aprender -por ejemplo: los perros y los gorilas aprenden mucho. Los gorilas pueden llegar a inventar, como pegarle palazos a un árbol para bajar una fruta, pero de ahí no pasan-. Los humanos hemos buscado ir resolviendo lo que se nos fue presentando como obstáculo, cosa que los animales no, porque proceden instintivamente.

Para inventar tenemos que hacer de los recuerdos y dificultades una “máquina de producir pensamientos” -metáfora que tomo de Wilfred Bion, autor inglés, que siempre me pareció de interés- en la que se conjugan las constelaciones significantes y el sistema nervioso central con todas sus conexiones. A esa máquina la llamé Puente Factoría. El cambio de nombre no fue porque sí. Quise metaforizar algo que Bion no pudo, quizás, por la época (décadas de 1950 y 1960) en que desarrolló sus investigaciones. En esa época Lacan se centraba en la función y la estructura del lenguaje y del significante, para la subjetivación. En neurobiología y física cuántica estaban naciendo los saberes actuales sobre la red y dinámica neuronal. A comienzos del siglo XX, y en los sesenta y setenta, empiezan a despegar elaboraciones y experimentos sobre la existencia y los modos de funcionamiento de las partículas elementales (átomos con sus protones, neutrones, electrones y otras). Antes sólo se podía pensar por separado, luego se articuló: Inconsciente, Cultura, producción de nuevos saberes científicos y artísticos. Hoy -post 2000- nos resulta más fácil pensar, suponer, dónde y cómo se va procesando la ensalada mental y fáctica que ha llevado a que los seres hablantes tengamos una sola diferencia esencial con el resto de las especies animales: inventamos, y lo hacemos complejamente. Para bien y para mal, buscando no dejarnos aplastar fácilmente por los déficits de la realidad. Estos inventos transitan por y se producen en los puentes, para tránsito y fabricación. Por eso los llamo Puentes Factorías, con sus puntos de arribo, de idas y vueltas entre aconteceres y cultura.

Ustedes piensen que, siendo un poco esquemático, la Cultura está fuera del cerebro y los aconteceres impactan al cerebro. Esta articulación, utilizar los aconteceres de la cultura para trabajar lo que impacta al cerebro, produce lo que llamo Puentes-Factorías. Y se producen en, desde y con las partículas elementales, el sistema nervioso central y el cuerpo en general. En ese sentido yo estoy en desacuerdo con Lacan. Lacan pensaba que las pulsiones sólo estaban referidas a los agujeros del cuerpo, y yo creo que la piel y los músculos tienen mucho que ver con lo pulsional. Sabemos incluso, que la piel tiene agujeritos chiquitos...

Si recurrimos a la última producción de Lacan y usamos su síntesis mayor, el Nudo Borromeo de la Tercera de Roma, tal vez nos resulte más fácil captar la importancia de que los psicoanalistas averigüemos qué pasa en la neurobiología que incluye su química y su mecánica cuántica. Lo que no nos transforma en neurobiólogos, ni en físicos cuánticos. Veremos más adelante la imagen de dicho nudo. Los psicoanalistas, analizando, le hacemos presente a cada analizante las diferentes apariencias con que se puede mostrar él y el otro, o sus partes, las formas de cada uno para convocar deseos de otros. Ojo que esto también pasa entre el paciente y el analista. El analista también es un semblant, hace semblant -dice Lacan- y es cierto, busca ser el semblant para cada paciente, pero además tiene un semblant propio.

El Nudo Borromeo muestra topológicamente al objeto (que Lacan llamó a), atrapado entre sus tres registros. Nuestro deseo de analistas reside en confrontarlos con los desconocimientos derivados de sus síntomas o vividos como carencias (castraciones) y angustias, para producir alguna diferencia entre su ser objeto e ir efectuándose como sujeto escindido.

NUDO

Agrego a esta imagen del Nudo, el que considero el lugar de los científicos, en tanto tales.

En esos movimientos de gestación de una persona con cualidades para entrar en discurso y lazo social y subjetivarse, intervienen las moléculas de las células en juego y sus componentes de ARN y DRN. También, en consecuencia, “el zoo” de sus partículas elementales (átomos y sus componentes: protones, neutrones y electrones), el cual se agrupa, se fragmenta, se desagrupa, se traslada por efecto de vibraciones cuánticas y variaciones de temperatura. Solo podrían permanecer estables a bajísimas temperaturas, inexistentes en el planeta. Con lo que, en cada uno de esos movimientos, se producen variaciones en los componentes de las células (incluidas las neuronas) en que ocurren. Y como consecuencia de ello, también en cuerpos y mentes de las personas. Este pequeño repaso ayuda a entender la lógica que lleva a utilizar lo que de la neurobiología y la mecánica cuántica resulte importante, para proceder mejor y más rápido en la cura de nuestros pacientes.

A los científicos, en tanto científicos, los sitúo en el nudo entre lo Real y lo Imaginario. Lacan ubicaba a la ciencia en la oreja del goce del otro, en el Nudo Borromeo. Los científicos como científicos se ubican ahí, porque están tratando de investigar eso. Ahora, como seres humanos son seres humanos cualquieras. Y son a como cualquier otro y están ubicados en el nudo bajo las complicaciones de los tres registros. Porque el futuro de la vida es real, no simbolizable previamente. Hay deseos de los científicos que los empujan a un goce muy enlazado por las tres cuerdas, disparando su flecha para investigar la vida. Van desde lo Imaginario a lo Real, sin atravesar lo pre-consciente, pero sin ser aplastados por él. Sí son tocados por la cuerda del Inconsciente, proveniente de lo simbólico, cuerda que reverbera en sus síntomas, como en cualquier humano. A veces para bien, a veces para mal. De ahí que una flecha proveniente de lo simbólico atraviese una de las cuerdas constitutivas de lo Real.

Algo muy interesante y práctico para advertir esto es la película “Código enigma”, sobre la vida de Alan Turing, quien diseñó la primera computadora. Y terminó suicidándose, condenado por homosexual a la cárcel, en la Inglaterra de los años 60.

Un elemento de primer plano en Erwin Schrödinger, un físico cuántico apasionado por articular elementos de la mecánica cuántica y de la biología de su época (muerto en 1944) fue ir tomando estas cuestiones de la física cuántica para la biología, que puede ser útil para las curas.

¿Qué puede ser útil para las curas? Nuestras pulsiones (fuentes de energía libidinal) son cargadas desde nuestras percepciones. Meltzer pescó algo muy importante en ese sentido, respecto al objeto estético. Dependiendo de cómo la madre lo reciba, lo que el chico encuentre en la madre como recepción; el chico sentirá bella a la madre y se sentirá bello él, o sentirá que todo es un horror.

Lamentablemente ustedes saben que hay mujeres que sufren lo que se llaman brotes post-parto. Con todo suele ser un brote liviano (aunque no siempre) pero lamentablemente deja efectos en los niños. Además, hay madres que no se recuperan. Y que tampoco abandonan a la criatura. Porque si la criatura es dada en adopción rápidamente, se encuentra con otro objeto estético, pero sino queda en brazos de la madre y los resultados son siniestros. Muchas veces mortíferos.

Todas las pulsiones reciben percepciones. Pueden ser electrones, fotones (claves para la visión), fonones (transmisores de los sonidos, para la audición). En ese sentido es muy importante cuando dicen: "Ay, está enloquecida por su hijo". Es importantísimo para el bebe ese tipo de fonones. Con un agregado importante: los fotones que transmiten la luz dan lugar a ver, lo que juega una función muy importante en los lazos sociales, con amores, odios y/o indiferencias. No es lo mismo una mirada amante que una mirada odiante. Observen el efecto de la apariencia de una jovencita o de un jovencito, comparado con la de los mismos veinte años después. Algo parecido ocurre con las voces. Los significantes escritos operan sobre y desde nosotros, vehiculizados en fotones por la luz. Los hablados operan sobre y desde nosotros, vehiculizados por fonones.

¿Las otras pulsiones como gusto, tacto, olfato, son vehiculizadas a través de qué tipo de partículas elementales? No son preguntas sin importancia Qué pasa, ¿cómo funcionan y cómo llamar a las relacionadas con el gusto y las papilas linguales? La misma pregunta, en relación con el olfato. Es muy interesante pensar por qué nos produce asco un mal olor de otro y no nuestro propio mal olor. Ahí si se mete lo psíquico. Y creo que se mete mucho la reacción que nuestra mamá tenía con nuestra caquita, nuestro pis, nuestros llantos, etc. Y, en general, con el sistema nervioso periférico y el autónomo. Todas cuestiones ligadas a la sexualidad por vía de las pulsiones. Y por la presencia en ella de la respiración, de las reacciones intestinales, renales, hepáticas. Una paciente, en dos sesiones, se quejaba de tener completamente hinchada la panza, y que le molestaba y había ido al médico y los estudios no le daban nada. Y la hinchazón estaba. Curiosamente, a la semana siguiente, encontró al marido en una situación re complicada, verdaderamente muy compleja para cualquier mujer, y se armó un batuque... A la sesión siguiente se le habían pasado los problemas.

Simplemente era algo que percibía, pero no se le había hecho presente. Y no era algo que tenía reprimido.

Podemos hacernos preguntas parecidas con respecto a la sensibilidad de la piel y de los órganos sexuales. Se me va haciendo evidente que tienen como respuesta su relación con las vibraciones. Fuera por caricias o besos suaves, o por chirlos u otros golpes, que pueden llegar a los extremos de los boxeadores o de los torturadores. Las vibraciones en sí, no son ondas, ni partículas elementales. Pero sí, son fenómenos físicos que operan sobre las partículas y en particular sobre grupos de electrones. Algo similar ocurre con las temperaturas. Ergo, las partículas elementales son sostén material de la sexualidad en sentido amplio: (1) por sostener a la biología y neurobiología humana en su conjunto; (2) por ser imprescindibles, fotones y fonones, para la producción y transmisión de significantes en lo escrito y voceado en las conversaciones, así como de imágenes visuales y auditivas (dichas imágenes también se reciben de otros por los que la persona esté interesada); (3) porque vibraciones y temperaturas, en sus diferencias de amplitud, inciden en las organizaciones y reorganizaciones de las partículas elementales que intervienen. Producen diferentes efectos, reacciones y funcionamientos de cada persona. Entre ellas: deseos, amores, odios, indiferencias, etcétera.

Cito extensamente algunos párrafos de Erwin Schrödinger que me facilitaron discernir estas ideas que voy sintetizando. Dice en el apartado “Teoría cuántica. Estados discretos, saltos cuánticos”: “La gran revelación de la teoría cuántica fue el descubrimiento de estados discretos en el libro de la Naturaleza, en un contexto en el cual todo lo que no fuera continuidad parecía absurdo, de acuerdo con los puntos de vista mantenidos hasta entonces.… En los sistemas de dimensiones muy reducidas, la mayoría de esas o similares características –no podemos entrar bien en detalles– cambian de forma discontinua. Están ‘cuantizados’ lo mismo que la energía. El resultado es que cierto número de núcleos atómicos, incluyendo sus acompañantes, los electrones, cuando se encuentran cerca unos de otros, formando un ‘sistema’, son incapaces por su misma naturaleza de asumir cualquier configuración arbitraria imaginable. Su propia índole les deja una serie, numerosa pero discreta, de ‘estados’ para escoger, a los que denominamos simplemente niveles o niveles energéticos, porque la energía es una parte muy destacada de su caracterización. Pero debe tenerse presente que una completa descripción comprende

muchas otras cosas además de la energía. Es virtualmente correcto imaginar un estado como una determinada configuración de todos los corpúsculos. La transición de una de esas configuraciones a otra es un salto cuántico. Cuando la segunda configuración tiene una mayor energía (‘es un nivel superior’), el sistema debe recibir del exterior al menos la diferencia entre esas dos energías para hacer posible la transición. El cambio puede hacerse espontáneamente cuando es hacia un nivel inferior, gastando en radiación el exceso de energía”.

En otro párrafo dice sobre las moléculas: “Entre el conjunto discreto de estados de una selección dada de átomos puede existir, aunque no necesariamente, un nivel inferior a todos, lo cual implica un estrecho acercamiento de los núcleos entre sí. En tal estado los átomos forman una molécula. La estabilidad de las moléculas depende de la temperatura. Supongamos que nuestro estado de átomos está realmente en su estado de menor energía. El físico lo denominaría en el cero absoluto de temperatura. Para elevarlo al estado o nivel inmediatamente superior, se requiere un definido aporte de energía. El modo más simple de intentar hacerlo es ‘calentar’ la molécula. Puede ponérsela en un ambiente de mayor temperatura (‘baño térmico’), permitiendo así que otros sistemas átomos, moléculas golpeen sobre ella... El tiempo medio que debe esperarse hasta que se produce el ascenso (es) el ‘tiempo de expectación’. El ‘tiempo de expectación’ depende en gran medida del cociente entre dos energías, siendo la primera la diferencia de energía para efectuar la elevación mientras que la segunda caracteriza la intensidad del movimiento térmico a la temperatura en cuestión... La probabilidad de acumular la cantidad requerida, aunque muy pequeña, vuelve una y otra vez ‘con cada vibración’”.

Agrega Schrödinger: “Primera corrección: al presentar estas consideraciones como una teoría de la estabilidad de la molécula, se ha admitido tácitamente que el salto cuántico al que llamábamos ‘elevación’ conduce, sino a una completa desintegración, sí al menos a una configuración esencialmente diferente de los mismos átomos, a una molécula isomérica, como dirían los químicos, es decir, a una molécula compuesta por los mismos átomos con diferente distribución (lo cual al aplicarlo a la Biología, representaría un alelo diferente en el mismo locus; y el salto cuántico, una mutación)… En consecuencia, los impactos de las partículas del ‘baño térmico’ pueden bastar para provocar vibraciones ya a una temperatura bastante baja… Si la molécula es una estructura

extensa, podemos imaginar esas vibraciones como ondas sonoras de alta frecuencia que cruzan la molécula sin alterarla… Cuanto mayor es la molécula, más alternativas isoméricas se le ofrecen… Ahora podemos proceder ya a nuestra segunda corrección, consistente en que las transiciones de este tipo ‘isomérico’ son las únicas que nos interesan para la aplicación biológica… Las transiciones en las que no existe un umbral interpuesto entre los estados inicial y final carecen totalmente de interés, y no solo para nuestra aplicación biológica. De hecho, no tienen nada con qué contribuir a la estabilidad química de la molécula ¿Por qué? Porque su efecto no es duradero, pasan inadvertidas. Porque, cuando se producen, son seguidas casi inmediatamente por una vuelta al estado inicial, ya que nada impide su retroceso”.

Sintetizo, para la práctica analítica, la lógica de estas reflexiones. La mecánica cuántica investiga específicamente esa especialidad de la física que atañe a las moléculas y sus componentes. Los psicoanalistas no podemos ni debemos, a menos que varíe nuestra vocación, incluirnos en esta rama de la física, pero sí utilizar algunos de sus descubrimientos y asesorarnos por físicos cuánticos. Para desarrollar nuestro saber hacer con grupos de personas, y con las diferencias entre cada una para subjetivarse. También para deducir cómo eso le va ocurriendo a cada uno, en el seno de las diferentes masas en las que participa.

La diferencia la ejemplifica muy graciosamente Alberto Rojo en su libro “Borges y la física cuántica”. Ahí el autor dice extensamente algo que yo digo muy mínimamente. Entre Britney Spears y una carretilla de arena con cincuenta kilos tienen el mismo contenido molecular. Pero no está en la cantidad de moléculas la diferencia, sino en su distribución, que puede ir variando según diferentes acontecimientos, entre los cuales pueden estar: diferencias en lo que cada uno vea a caballo de los fotones en juego y de los que recibe” (sea en contactos personales directos o producidos por teatro, televisión, fotografías, cine, dibujos, pinturas, o cualquier otro medio de imagen o gráfico, incluyendo manuscritos e impresos); en lo que se escuche encabalgado en fonones, en las voces y otros instrumentos: tiempos, timbres, volúmenes, tonalidades, resonancias; en lo que se huela, deguste, se sienta como presiones (caricias, lamidas, pellizcos, golpes), choques, temperaturas. Movilizadores y reorganizadores de átomos, y, en consecuencia, de moléculas. En cómo se transmitan significantes, que también materialmente están constituidos por moléculas y sus variaciones...

En esas diferencias, se apoyan -y también son su efecto- variantes en las relaciones sociales. Cuando los adolescentes y jóvenes de ahora hablan de tener buena ‘onda’ y buenas ‘vibras’, usan una jerga con resonancias de mecánica cuántica. Magias del lenguaje y las formas de hablar.

En qué puede resultarnos útil ¿Para qué nos pueden servir estos descubrimientos de la mecánica cuántica? Para darle valor equivalente, en su contexto de realización, a un decir (el silencio y hasta el mutismo, pueden ser formas, actos de enunciar) a la palabra enunciada, a la gestualidad, cambios de colores del rostro, de temperatura y a actos con el cuerpo. A mí me ha tocado trabajar con esquizofrénicos catatónicos. Oliver Sacks contaba de esa sala donde nadie hablaba y él logró hacerlos cantar. A personas que hacía años y años no pronunciaban palabras.

Así se transmiten en los humanos las relaciones sexuales y otras formas de relaciones sociales. La mecánica cuántica nos agrega fundamentos para analizar frente a frente y no en diván. Yo analizo frente a frente hace como quince años, mucho antes de haberme metido con las cuestiones de la neurobiología y la física cuántica. Porque me daba cuenta de que necesitaba ver a muchos pacientes y necesitaba que ellos me vean. Ver el semblant del otro y dejar ver un semblant propio. Y me terminó de convencer el argumento fundamental de Freud para el diván: él los mandaba al diván porque no podía soportar la mirada de sus pacientes durante diez horas seguidas. O sea, fue por un problema neurótico de él. Ahora, las cuestiones estas de física cuántica me afirmaron más en esto. Excepto en casos muy singulares que para su entrada en análisis necesitan en unos primeros tiempos –a veces extensos- no ver el rostro del analista.

Tacto, presión, frío y calor. A través del tacto, el cuerpo percibe el contacto con las distintas sustancias, objetos, etcétera. Los humanos tenemos terminaciones nerviosas especializadas y localizadas en la piel, llamadas receptores del tacto, los cuales pueden ser de diversos tipos. Son estimulados por una deformación mecánica de la piel y transportan las sensaciones hacia el cerebro a través de fibras nerviosas. Los receptores se encuentran en la epidermis, que es la capa más externa de la piel, y están distribuidos por todo el cuerpo de forma variable, por lo que hay zonas con distintos grados de sensibilidad táctil en función del número de receptores que contengan. Existe una forma compleja

en el tacto del receptor, en la cual los terminales forman nódulos diminutos o bulbos terminales. A este tipo de receptores pertenecen los corpúsculos de Paccini, sensibles a la presión, que se encuentran en las partes sensibles de las yemas de los dedos. El tacto es el menos especializado de los cinco sentidos, pero a base de usarlo se puede aumentar su agudeza. En él se ponen en juego caricias y golpes.

Gusto. El sentido del gusto actúa por contacto de sustancias solubles con y en la lengua. Se puede percibir un abanico amplio de sabores, como respuesta a la combinación de varios estímulos. Apariencia, textura, temperatura, olor y gusto. Cada gusto es detectado por un tipo especial de papilas.

Las casi diez mil papilas gustativas que tiene el ser humano están distribuidas en forma desigual en la cara superior de la lengua, donde forman manchas sensibles a clases determinadas de compuestos químicos que inducen las sensaciones del gusto. Por lo general, las papilas sensibles a los sabores dulce y salado se concentran en la punta de la lengua, las sensibles a lo ácido ocupan los lados y las sensibles a los amargos están en la parte posterior.

Los compuestos químicos de los alimentos se disuelven en la humedad de la boca y penetran en las papilas gustativas a través de los poros de la superficie de la lengua, donde entran en contacto con células sensoriales. Cuando un receptor es estimulado por una de las sustancias disueltas, envía impulsos nerviosos al cerebro. La frecuencia con la que se repiten los impulsos indica la intensidad del sabor. Por lo tanto, cuando se le dice a alguien que es dulce, amargo, saleroso, ácido, se está metaforizando con sensaciones percibidas en la carnalidad de la lengua. Los primeros contactos en una pareja, junto con las caricias, suelen ser los besos de lengua.

Olfato. Entenderán ustedes por qué cuando están por hacer una primera salida, una primera cita, se perfuman. No debemos dejar de recordar que el valor que tome cualquier percepción suele estar sobredeterminado por escenas, tanto traumáticas como felices, recordadas u olvidadas, pero que inciden desde lo inconsciente.

Final ¿por ahora? Si repasamos lo dicho, podemos acercarnos a resolver la pregunta por los Puentes Factorías. Estos se encuentran y funcionan desde la base material pulsional y corporal en general. De lo que vemos y damos a ver, lo que escuchamos y

damos a escuchar, lo que olemos y damos a oler, lo que tocamos y damos a tocar, lo que gustamos y damos a degustar. Sea en los coitos -vaginales o anales- en las caricias, piñas, chirlos, besos, felatios, cunilingüis, mordiscos. Todo puede resultar significante. Esa base material va siendo conformada por agrupamientos particulares de moléculas constituidas por organizaciones atómicas singulares. Dichas agrupaciones, en los humanos, varían según lógicas temporales, cuyos tiempos están determinados por cada circunstancia singular, en modalidades particulares de lazos sociales.

Si tenemos en cuenta estas cuestiones, podemos entender la función y el valor de la colaboración entre diferentes disciplinas para el tratamiento del sufrimiento psíquico. Según cada caso, encuentro o no, que hay lógica en buscar colaboración en buenos psiquiatras para medicar, terapeutas corporales, de grupos, músicos y artistas diversos, personal trainers, maestros de Yoga, de oficios, sacerdotes y docentes de diferentes disciplinas. En síntesis, captando los nortes de sus deseos, hay que favorecer desarrollar actividades que vayan en sentido de generar condiciones para reestructurarse subjetivamente atendiendo lo más posible a dichos deseos y hacer más firme su Cuarto Nudo.

Los Puentes Factorías, se estructuran entonces, por el capital molecular –en qubits– y el trabajo libidinal de cada uno en cada circunstancia. O sea, por la disposición y distribución de las partículas elementales, en función de lo que esté convocando a esa persona a inventar y producir, actos y significantes. En todo lo cual el Inconsciente tiene una función fundamental.

Intervención del público: - Usted decía que crece el intercambio y la apertura entre los psicoanalistas y los físicos por ejemplo. A mí me parece que no es la tendencia. Y lo que llamamos neurociencias avanza de forma unidireccional hacia una concepción pura y netamente biologista del sufrimiento humano. Incluso se habla del sujeto borrado. Me parece que hace que la gran tendencia del S XXI sea muy peligrosa para el psicoanálisis ¿Cuál es su percepción? ¿Qué posibilidades tiene el psicoanálisis?

Lo que resume todo es lo que decís: ¿Cómo podrá sostenerse el Psicoanálisis? Yo creo que justamente va a poder sostenerse si no

se encierra en sí mismo, que es una tendencia bastante fuerte en algunos sectores.

La neurociencia como tal no existe. Cada una de las ramas que la componen son sólo eso. No todas son lo mismo. Tanto en el psicoanálisis como en las llamadas neurociencias, hay una multiplicidad de pensamientos, se pueden terminar imponiendo uno u otros. Para que algo desaparezca tiene que ser poco sustentable y el psicoanálisis no es para nada poco sustentable. Sí creo que hay que salir de ciertos clasicismos del psicoanálisis que no sirven. Por ejemplo, la idea de que el tratamiento, en tanto tratamiento psicoanalítico, tiene que ser largo y prolongado. Eso, no va, con toda la gente.

En los tiempos que vienen va a ser muy importantes que a los psicoanalistas no le hagan asco otras prácticas terapéuticas. Me acuerdo de Roberto Gutman, había tratado a un muchacho que había salido de prisión. Trabajó con él bastante tiempo. Este muchacho dormía abajo de un puente. Durante un tiempo, Roberto iba a todos lados con él salvo a las entrevistas con los pacientes. Mal no le fue. Evidentemente, y me pongo en winicottiano, le hizo falta durante un tiempo, encontrar en Roberto una madre suficientemente buena. Ni un padre terrible ni la función del nombre del padre, sino, primero, una madre suficientemente buena.

Hasta los cuatro o cinco años, los chicos forman parte del cuerpo de la madre, no porque estén adentro. La madre está en el living, el chico juega ahí. La madre se va a cocinar. Y el chico se va con sus juguetes a la cocina. Forman parte del cuerpo de la madre. Para horror de los lacanianos, me pregunto: ¿la función fálica tiene solamente que ver con el hombre o también con la mujer? Me pueden decir que me estoy volviendo kleyniano. No. Hablo de algo que pasa. Además, cuando ustedes observan a los adultos, ven la influencia del cuerpo de la madre. Por supuesto en las mujeres mucho más ¿Hace falta la función del nombre del padre para producir la tercerización? Por supuesto. Pero eso no excluye el peso de la función que tiene el cuerpo de la madre.

Intervención del público:

- Me parece que la inquietud está referida al avance de las ciencias cognitivas y de la terapéutica y al avance de los fármacos… En Francia, en la universidad, el psicoanálisis esta totalmente dejado de lado. Es como una tendencia.

Creo que los psicoanalistas deben estudiar y saber cuáles son los puntos de articulación con otras disciplinas. Es un trabajo arduo. Hay que adentrarse en otro universo de discurso. Es importante para dar la discusión. Tomar lo que nos viene bien. Nadie duda de la importancia del psicoanálisis... No. Nadie no. Hay gente que duda.

Intervención del público: - Yo tengo una visión más optimista. Al haber una sociedad hiper medicalizada, evidentemente se va a necesitar un retorno a la vía de la palabra. Creo que los neurólogos también se están preguntando cosas. Con las pastillas no alcanza. Y creo que, por ahí, nosotros tenemos miedo de meternos en esto que propone Sergio.

Intervención del público: - Digamos que las neurociencias, o todo lo que tiene que ver con las ciencias cognitivas, nos lleva a plantearnos una pregunta más allá de si va a sobrevivir el psicoanálisis. Y es a qué costo, si es que tiene que sobrevivir, y en qué condiciones. Hay algo que se ha dado en llamar el psicoanálisis cognitivo, donde aparece el inconsciente cognitivo. Para mi gusto, hay como un vaciamiento de ciertos conceptos psicoanalíticos, reformulados desde la neurobiología. La singularidad del sujeto, por decirte, se equipara, a la singularidad del sujeto genéticamente. Se hace corresponder una cosa con la otra ¿Recupera el prestigio agiornando su metapsicología desde el punto de vista de la neurobiología? ¿Está amenazado el psicoanálisis? ¿Estamos perdiendo el tren de la contemporaneidad, o qué? La última pregunta que quiero hacer es: ¿Cómo pensás y artículás esto tan rico de la física cuántica, con los fotones, fonones, etc, en lo que es la práctica clínica? ¿Cómo lo articulás vos en lo personal?

La física cuántica tiene mucha importancia para las cuestiones del cuerpo, de las percepciones del cuerpo. Eso uno lo puede trabajar en las sesiones si toma las operaciones sobre el cuerpo. Y no me refiero solo a las cirugías, las operaciones sobre el cuerpo de diferente índole. Por eso planteaba lo de los mordiscos, besos, chirlos, piñas, caricias, no solo como actos de goce, que lo son, sino como significantes ¿Qué significa? ¿Por qué te dejás pegar así? Yo cada vez más como psicoanalista no trabajo tanto con interpretaciones, trabajo mucho con preguntas. Hay una paciente

que tengo los viernes y siempre se presentó con la queja de ser maltratada por los demás. Hay un montón de ejemplos de maltrato efectivamente existentes. Estuvo ocho años con un analista y no pasó nada. Después no sé como consiguió mi número. Y lo que yo le digo es: ¿Y por qué te lo dejaste hacer? ¿Para qué? No sólo el por qué sino también el para qué. Y la verdad que se va sorprendiendo y va mirando las cosas de otra manera. No pierdo para nada de vista el lenguaje, el discurso y el significante, no sólo del paciente sino también el del analista. Pero del lado del analista le doy cada vez más importancia a la pregunta, a la descripción y a la observación, y menos importancia a la interpretación. No es que no las hago, pero la pregunta me resulta fundamental.

Realmente, el analista debe estar convencido de que lo fundamental está en el paciente, y no en él. Y ahí aparece lo de la física cuántica ¿Yo qué puedo saber cómo siente una paciente a un chico, si ella no me lo cuenta? Una cosa es mi cuerpo y otra cosa es el cuerpo del otro. Tenemos cosas en común, pero cuerpos distintos. Mi posición como psicoanalista es esa.

Intervención del público: - ¿De qué modo estos avances de nuevas disciplinas servirían en la práctica? ¿Podría ser que funcionara como tope a un ideal de saber? A lo mejor hay ciertas cosas inscriptas en otras superficies y no sabemos si funciona la intervención en ellas desde los actos analíticos…

Una de las cosas más difíciles para los seres humanos, para las ciencias, para los psicólogos es el límite, que es muy importante. Hay límites en la interpretación. Y la interpretación no es lo único, Lacan planteó la importancia del acto por ejemplo.

Juan Ritvo

Nació en Santa Fe en 1940. Es psicoanalista y escritor, ex Profesor de Teoría de la Lectura en la Facultad de Humanidades y Artes, y también fue docente de la Maestría de Psicoanálisis y del Doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Fue miembro del consejo editor de las revistas Sitio, Paradoxa y Diatribas y actualmente de las revistas Conjetural, Redes de la letra y Las ranas. Ha publicado los libros El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada (1990),La edad de la lectura (1992); Repetición: azar y nominación (1994), La causa del sujeto: acto y alienación (1994), Ensayo de las razones: acto y argumentación en psicoanálisis (1998), Formas de la sensibilidad, restos de la cultura (1999), Del Padre. Políticas de su genealogía (2005)Decadentismo y Melancolía (2006), Figuras del prójimo. El enemigo, el otro cuerpo, el huésped(2006), Figuras de la feminidad (2009) El laberinto de la feminidad y el acto analítico (2009),Sujeto masa comunidad. La razón conjetural y la economía del resto (2011). Además ha publicados numerosos ensayos y artículos en el ámbito de la literatura, la filosofía y el psicoanálisis.

¿Sobrevivirá el psicoanálisis?

Por Juan Ritvo.

Conferencia Primera

El título es provocativo y responde de algún modo a cuestiones que están muy en juego en el psicoanálisis. Deberíamos interpretarlo e incluso modificarlo. El tema no es si sobrevivirá el psicoanálisis, sino que, si sobrevive, en que condiciones lo hace. Porque muy bien podemos decir que sigue teniendo un campo de éxito notorio, en nuestro país y en las grandes ciudades; basta cruzar el charco y en Uruguay ya hay una diferencia notoria.

Quizás sobreviva. Pero qué quiere decir sobrevivir, y en qué condiciones…Yo lo que noto es que hay dos o tres cuestiones muy sintomáticas. Por ejemplo: el psicoanálisis ha abandonado la escena pública. Cuando ocurrían en la polis cuestiones complicadas de lo que fuere, siempre había analistas dispuestos ha intervenir. Mal o bien y a veces de un modo disparatado. Como una especie de seguridad naíf en los recursos del análisis para intervenir en la polis, pero intervenían.

Ahora han ocurrido cosas decisivas como el matrimonio igualitario, que en Francia despertó muchísimas polémicas. Acá, dos o tres personas intervenimos en el debate, no en defensa de los derechos humanos, sino como psicoanalistas, y no más. Incluso fue muy difícil conseguir gente que estuviera en el debate. Es un síntoma entre tantos otros. Yo siento que muchos de mis colegas, sobre todo los que están nucleados en instituciones, quieren evitar todo peligro. Uno confundirse con la reacción eclesiástica el otro quedar como hundidos, por la apología posmoderna a la diversidad: esos carteles donde ridículamente se pone una “X” para que no haya discriminación entre lo masculino y femenino. Entonces frente a estos dos peligros, sin saber muy bien que hacer, se sienten embestidos y defensivamente prefieren retroceder. Y bueno, ustedes saben, el psicoanalista está comprometido con el mercado. Un síntoma de los últimos tiempos es que cada vez hay más pacientes homosexuales. Lo cual me parece bien, pero por orto lado resulta hasta un compromiso comercial, muchos prefieren no decir nada, ni siquiera argumentan porque no dicen nada.

Para mí un síntoma de algo más básico, más profundo, es que el psicoanálisis ha entrado en una especie de meseta porque los textos de los grandes, Freud y Lacan, se han convertido en dogma. Dogma quiere decir que está prohibido leerlos. ¿Y si están prohibido que se hace con ellos? Se los parafrasea; la paráfrasis incesante los convierte en objetos fetichísticos. Terminan carentes de todo valor y función, son como consignas que se distribuyen y que efectivamente están sobrenadando la práctica que hay. Yo me pregunto: con el grado de sometimiento a la autoridad interna que hay en las instituciones: ¿qué hacen los analistas? Por definición, un analista debe tener una cierta libertad frente a los textos, justamente para hacerse cargo de la experiencia. Y esto como va a ocurrir si hay un temor exacerbado a poner los pies fuera del plato, a decir algo inconveniente.

Esto explica en gran medida la letanía incesante que hay en torno a los conceptos básicos, porque se los repite de un modo tal que se convierten en un rezo. Y un rezo tiene un valor inhibitorio.

La cuestión no es si va a sobrevivir, sino en qué condiciones. Pero: ¿Cuáles son las condiciones necesarias para el trabajo analítico?

Hay varias posibilidades de desarrollar este tema. Yo preferiría hacer una exposición relativamente breve, charlar y mañana volver sobre el tema. Porque me interesa saber que piensan y dicen ustedes. Por mi parte preferiría centrarme en mi experiencia de análisis, porque la clave del momento de inercia que tiene el psicoanálisis tiene que ver con algo de lo oscuro de la clínica que tiene que ser censurado. Esa oscuridad tiene un solo nombre, y es erotismo.

Empezando por lo más elemental: el eje del análisis es la transferencia. Y eso es lo menos que puede implicar, lo digo simplemente para ir señalándolo, es una demanda de amor. Pero la demanda de amor que implica la relación del paciente con el analista tradicionalmente se identificó a una resistencia del lado del analista que se llamó contratransferencia. Así como hay transferencia del lado del paciente, hay contratransferencia del lado del analista.

La teoría de la contratransferencia siempre fue una teoría muy pobre, porque estaba basada en una especie de psicología elemental que consistía en pensar que el analista y analizante eran dos interioridades que se comunicaban: una se dirigía a la otra, y esta otra le contestaba con un movimiento contrario, es decir simétrico, donde los dos lugares hasta podrían intercambiarse.

La concepción que tiene Lacan de la cura es muy distinta, porque se supone que hay un lazo que es previo a las dos funciones; dije funciones que es un término que repudio pero lo uso porque es un término que circula demasiado. Lo que quiero decir es simplemente esto: son lugares asimétricos, y esto es lo que la teoría de la contratransferencia no toma en cuenta.

En los últimos años, la degradación del análisis ha consistido en que se ha estudiado mucho a Freud y luego fue reemplazado por Lacan, que fue reemplazado por alguno de sus mediocres comentadores, entre ellos los de la Escuela de Desorientación Lacaniana. La familia. Pero Freud también había impuesto un dominio familiar. Ana Freud. Pareciera que en determinado momento, los fundadores prefieren que la preservación de la disciplina quede a cargo de la familia. Preservar la herencia. Pero preservar la herencia es un modo de liquidarla. Con la institución analítica lacaniana ha ocurrido siempre lo mismo. Ha quedado en manos de familiares. Y así se ha producido una degradación incesante, con lo cual hoy en día estudiar psicoanálisis quiere decir estudiar con alguno de los miembros de las escuelas que tienen su dominio y que además son repetidores de repetidores de repetidores. Y donde prácticamente Freud solo sirve para ilustrar alguna tesis de Lacan, y del mismo modo ha quedado desplazado todo el movimiento “pos- freudiano” bajo ese nombre, que es un nombre… yo lo uso porque nos entendemos, pero habría que eliminarlo porque es una banalidad muy grande.

Lo que quiero decir que el peso de la institución lacaniana actual es heredero de un peso anterior de todas las instituciones; hay un punto donde todas las instituciones caen, es una estructura que se ha convertido en una iglesia, una corporación eclesiástica, que por supuesto no puede dar razones ni aplicar su método consigo misma.

Hago una pequeña interpolación que me parece esencial para tener en cuenta lo que sigue. Foucault tiene una conferencia llamada “¿Qué es un autor?”, ahí él decía algo muy importante, que Lacan sin duda lo escuchó y le sirvió en gran medida para elaborar la teoría de los cuatro discursos. A diferencia de las llamadas ciencias naturales, donde el autor no figura como tal y no tiene ningún efecto simbólico; es decir, nosotros hablamos de newtonismo, por ejemplo, pero son términos que identifican un grupo distinto pero no una función de transferencia. En cambio el nombre del fundador instaura un lugar mítico por el cual a ese lugar, luego se vuelve. En las ciencias humanas siempre se está retornando. Se vuelve a Freud, a Lacan, a Lenin.

Esto es muy conocido, muy evidente y muy poco analizado. ¿Qué estructura mítica religiosa está funcionando ahí para que el nombre de autor sea un elemento que estructura un cuerpo de textos?

Hay gente que ha estudiado física y no conoce quien hizo tal ley. No importa, lo que importa es que conozca la ley. Incluso a veces no se sabe quien es al autor. El Teorema de Pitágoras es el teorema de nadie. En las Ciencias Humanas y en la Filosofía, la línea divisoria pasa por otro lado. Pasan por el nombre de autor. Lacan ha dicho infinidad de tonteras, todo el mundo ha dicho tonteras, la gente de mayor talento las ha dicho. Pero cuanto está capturado ese pensamiento bajo el nombre del autor, adquiere una dignidad especial.

En las Ciencias Humanas y la Filosofía, los grandes nombres de autores, ponen en escenas fuerzas centrífugas que amenazan los basamentos mismos de lo que ellos están elaborando. Entonces la manera de contenerlo es crear instituciones que están regidas por el nombre de autor que funcionan de algún modo en forma equivalente al nombre del padre. Pero este modo de funcionamiento ahoga todo desarrollo de la teoría.

Por ejemplo: ¿Qué cosas son objetables de Lacan? Pregúntenle a un lacaniano, no va a decir nada, si todo lo que dijo es maravilloso. ¿Y Freud? Bueno, con Freud no hay problema, porque a Freud le cortan las patas, usan los fragmentos suyos para ilustrar la tesis de Lacan.

Hoy en día, después de crisis enormes, hay gente a la que se le ocurre el retorno a Lacan. Lacan inauguró el retorno a Freud, un retorno muy curioso porque en un sentido no fue retorno, ya que Lacan lo destripó a Freud, lo que me parece bien hecho porque es un modo de hacer teoría. Pero el retorno a Freud le permitió cubrirse bajo su manto para avanzar en direcciones distintas. Yo estoy simplificando, evidentemente sin Freud no existía Lacan; pero Lacan no hubiera existido sin figuras que nada tiene que ver el psicoanálisis y si con las ciencias actuales y la filosofía. Además, esto que me parece muy importante, Lacan llegó a Freud después de larguísimos rodeos que nada tienen que ver con el psicoanálisis. Tomó contacto con él, se dedicó a la psiquiatría y escribió sobre psiquiatría, de psicoanálisis no escribió nada, prácticamente habló. Y después de un largo pasaje donde incluso por juegos de salón pasó, porque el “Acerto de la incertidumbre anticipada” es un juego de salón, brillante sin duda pero un juego de salón, volvió a Freud.

Esto para mi es importante. No entender nada y de golpe empezar a entender pero desde otro lugar, porque leer un autor consiste en sacarlo del lugar que la institución le ha atribuido y darle otro que permita una operación de lectura. ¿Y cuál es la operación de lectura esencial?

Leer no lo que el autor dijo sino lo que no dijo pero que le pertenece a su decir. Es un efecto de su decir. Eso es leer. Esto solo se hace mediocremente y en los márgenes, estamos viviendo un momento donde a la embestida cultural, en nombre de la diversidad, se suma a este arrastre que es cada vez más inerte.

El psicoanálisis está en una situación crítica. Pero cuando digo que está en una situación crítica no digo que lo está con respecto al mercado, quizás nunca ha habido más análisis que en este momento. ¿Pero qué queremos decir con eso? Queremos decir cosas que tienen que ver con lo institucional, con lo cualitativo. El psicoanálisis puede perdurar de este modo y perder toda su eficacia subversiva. La pierde cuando se transforma en un instrumento de adaptación.

Ni Freud ni Lacan lo consideraron así, pero la práctica efectiva tiende a eso. Como analista no estoy en condiciones de hacer balances cuantitativos, pero en una práctica de muchos años, he podido ver con una frecuencia enorme, como ciertos pacientes que vienen a mí han sido como expulsados por su anterior analista porque el anterior analista insistía demasiado en protegerlos. ¿Protegerlos cómo? Tratando de cuidar las relaciones que tenía. Usted tiene relaciones mediocres pero estas relaciones lo contienen. Mejor que se mantenga dentro del campo de relación. Muchísima gente hace eso, gente que es formalmente lacaniana. Entonces uno se pregunta qué está pasando.

¿No será que estamos practicando una psicología adaptativa bajo la cobertura de la carpa lacaniana con toda su terminología? Tengo la impresión que esto en algunos sectores ocurre. ¿Pero por qué? Más allá de que no tengo estadísticas ni nada ni se pueden tenerlas, mi impresión parte de esto: un analista cuando escucha a un analizante, lo que debe es olvidar lo que aprendió, para que eso reaparezca transformado en la experiencia de la escucha. No estoy planteando que se debe buscar en la experiencia algo que está en contra de las categorías psicopatológicas, digo que hay algo muy específico del análisis por el cual, y esta es la gran paradoja, uno aprende para olvidar, y el olvido permite que retorne en la escucha lo que está reprimido del analizante. Pero ese montaje supone un proceso de transformación inconciente, que es totalmente distinto de otras ciencias. Y supone además, y esto es lo más importante, que el analista se entregue a la escucha. Ese modo tan particular que es una atención desatenta, donde de golpe en esa navegación hay ciertos significantes que se nos imponen , pero se nos imponen no por una decisión en el sentido clásico del término, decisión donde alguien examina dos tesis opuestas y decide equilibrada y mesuradamente por la una o la otra, la decisión es totalmente espontánea. Es más, uno como analista sabe que las mejores intervenciones le han sobrevenido a uno, como si uno hubiera sido poseído por el discurso como dijo Lacan. Y es curioso, porque es muy difícil de justificar esto. Y es muy difícil de elaborar. Pero es algo propio del análisis que supone un grado de libertad con respecto a los dogmas del analista, que uno no lo ve en la actividad cotidiana por el grado de servidumbre institucional que hay a las jerarquías y a los nombres respetados, evidentemente tiene que pensar que alguien cuando está con su paciente a solas, en realidad tiene una oreja en el paciente y la otra en al de su maestro de turno. Y así no se puede escuchar.

Yo lo veo también en supervisión. Lo que pasa que la operación de escucha del analista es de una extrema complicación, porque además supone todo su erotismo, que

habitualmente está reprimido. Como analista tenemos las mismas tendencias fantasmáticas que tienen los pacientes. ¿Qué hacemos con eso? Acá aparece una cuestión muy complicada. Yo estoy sintetizando después lo podemos ir desplegando.

En Freud, la posición del analista él la llamó abstención. En su época sin duda estaba muy justificada la utilización del término. Pero el problema es que el modelo es médico. Un cirujano no puede operar sino reduce a cosa a su paciente. Y está bien. La precisión quirúrgica requiere que se olvide y se censure que hay una persona con su vida en juego. Pero esa actitud no tiene nada que ver con el analista, que escucha los temblores en el erotismo del paciente y además la demanda de amor, cada vez más incesante.

¿Entonces cuál es la posición?

Lacan no habló de abstensión, sino de deseo. Deseo del analista. Y ahí nos encontramos con este gran enigma: ¿Qué quiere decir esto? A mi me gustaría detenerme porque acá aparecen muchísimos problemas del psicoanálisis. Pero también señalarles como se ha ido generando y yo diría degenerando una tendencia que se ha valido de ciertos desarrollos de Lacan. Porque Lacan, desde sus primeros seminarios hasta el seminario de La Transferencia, que ustedes saben que está muy nutrido de un análisis pormenorizado del banquete de Platón, un análisis brillante; los analista deberíamos preguntarnos porque la teoría de la transferencia se hace sobre un diálogo donde todos los personajes son hombres y además la posición es claramente homosexual.

Cada vez más se fue inclinando, el mismo Lacan, a ciertas formas dogmáticas, con las cueles el analista es como un residuo soporte (semblant o apariencia dice) del objeto “a” del paciente. Se convierte en un elemento residual. Por lo tanto, el llamado clasicismo se convierte en una especie de función lógica.

Es la época en que Lacan empieza a proliferar en expresiones como función y lógica; si es una función lógica no opera como sujeto. Si no opera como sujeto estamos todos salvados. Fíjense, le voy a leer un párrafo, no voy a mencionar el autor porque es de la Escuela de Desorientación Lacaniana. Lo que dice acá es la trivialidad que todos rezan:

“En Freud el analista representa un sujeto. Más allá de que lo reconozca alienado al lugar en que la transferencia lo coloca. En Lacan, cada vez más —este cada vez más es muy intencionado—, su formulación irá —pésimamente redactado, escriben en lacaniol todos ellos —en el sentido de una función, vaciado de la persona del analista, hasta el punto de designarla con una X. Más aun, hasta llegar a concebirlo como un residuo del discurso de transferencia”.

Varias correcciones. Primero. “En Freud el analista representa un sujeto”… El término sujeto indica algo que no es del campo freudiano. Freud habla de aparato psíquico, no de sujeto. A veces habla de individuo, niño, paciente… “Vaciado de la persona del analista”. ¿A qué tiende esto? Tiende a confundir el deseo del analista con el objeto que lo causa, con lo cual a reducir todo, es el término deseo el que queda eliminado. La X designa al deseo, pero no se puede decir nada de esto. ¿Por qué? Porqué se piensa que es una función lógica, pero… Cada vez que me hablan de función lógica les pido que me expliquen de qué están hablando. Me parece una cosa soez ante la impunidad, porque nadie cuestiona estas cosas. ¿Por qué seguimos empleando el término función paterna? Yo lo sigo empleando por inercia, si función tiene dos sentidos. Uno el vulgar, es el papel de… pero no tiene elegancia eso. El término riguroso de función es designar

un vínculo constante entre dos variables. Una independiente y la otra dependiente. Dos variables que se evalúan solo exclusivamente en el sentido cuantitativo. ¿Qué significa función de análisis? Nada. Es una ilusión de estar en el rigor objetivo, fuera de la miseria subjetiva. Inventamos una especie de posteridad lógica estúpida.

¿Qué significa lógica en análisis? Nada.

Sobre todo a partir del Seminario XIV, Lacan ha empleado elementos de la lógica más elemental y más trivial fuera de contexto, y sin ningún rigor. Se dice: “Lacan a metaforizado con eso”. Pero si ha metaforizado no hace lógica, y si no hace lógica porqué acude a los términos de la lógica. Acá hay algo gravísimo. El término función… La función fálica. Lacan escribe el falo minúsculo con la f griega minúscula, es decir falo imaginario, y el falo simbólico con la F mayúscula. Pero a partir de determinado momento, no investiga más que significa el falo. Habla del rasgo fálico como si fuera un elemento matemático que calcula todo, y realmente está navegando en la impostura. Si ustedes examinan un artículo como “La significación del falo”, van a ver que el falo tiene por lo menos cinco o seis significados distintos. Funciona como objeto, como significante, como elemento mítico y como elemento matemático. Yo creo que finalmente se puede rescatar el uso equívoco, polifónico del término pero a condición de que nos hagamos cargo de esa problemática y no reducirlo a un fin. Porque ahí estamos engañándonos, además justamente ahí es donde fracasa la atribución del sexo masculino y el sexo femenino porque no se pueden hacer mathemas de esto. Hacerlo es ocultar las cosas.

Vuelvo atrás. Cuando no se cuestiona se recibe todo lo que venga del otro como formula mágica. Entonces lo que queda siempre es expulsar la subjetividad. Ustedes dirían de qué hablo cuando digo subjetividad. Bueno, de varias cosas. Porque la subjetividad en psicoanálisis tiene que ver con los afectos, y el corazón de los afectos es el síntoma, y el síntoma se vincula al fantasma. Y entre el síntoma y el fantasma está la angustia. Entonces cuando hablo de la subjetividad hablo de la angustia, la de Kierkegaard, porque fue esencial el momento en que Kierkegaard escribió el Concepto de angustia, es el único texto que se dedica por completo y sistemáticamente a la angustia antes de Freud y Lacan; es muy significativo que la angustia no ha tenido teóricos. No ha tenido teóricos porque explorar la angustia es modificar totalmente y en profundidad todos los elementos de la teoría del sujeto. Entonces: ¿De qué habla el sujeto que se angustia?

Hablar del deseo del analista reduciéndolo a una función lógica, es un modo de ocultar las cosas. Yo no digo que cuando Lacan sostiene que hay algo irreductible en al análisis y el analista es el sostén como objeto o semblante de lo que ha perdido el paciente: el famoso objeto “a”; no diga algo que no es verdad. No solo no es falso sino que es una conquista del análisis. Pero el tema es este: a ese objeto hay que llegar, no es un punto de partida sino de llegada.

Leo este párrafo que habla del punto de anclaje de la función deseo del analista: “Hay que concebirlo como puro residuo de un discurso en transferencia”. El puro residuo hay que producirlo, hay que producir una transformación de la subjetividad del sujeto para llegar a ese residuo, no es un dato. Y el residuo tampoco es un dato.

Ustedes mil veces habrán escuchado: el objeto “a” es un vacío. Un objeto vacío sin concepto. Es la definición. Y sin embargo no es así. No quiero hablar más de vacío porque es un término tan de moda que ya no dice nada. ¿Entonces uso el término hueco? Tampoco. ¿Por qué no hablamos de un proceso de vaciamiento en lugar de vacío? La idea no es mía, la sugirió desde otro punto de vista Heidegger. Heidegger tiene un texto sobre un escultor español, que como todo escultor trabaja mucho con el vacío. Entonces en un momento Heidegger dice no es el vacío, es el vaciamiento. Me pareció muy sutil más allá del contexto. Entonces el famoso objeto “a” no es un objeto, es un proceso de vaciamiento que tiene que hacerse incesantemente porque de lo contrario queda devorado por lo que el sexo tiene de devorante.

Es como si alguien hiciera un esfuerzo enorme para abrirse camino entre las aguas. No es un dato. Pero claro, del objeto “a” se ha hecho un culto fetichista. Dicen que es real y como es real está más allá del significante. No se como se puede producir un real más allá del significante. Pero bueno. Este galimatías se produce por todos lados. Se lo pone como real, se lo pone como clave, se lo pone más allá del significante, entonces es una especie de vacío que obtura todo pensamiento porque es un elemento atómico y último. Se lo concibe como punto de partida y no de llegada, y ahí justamente uno de los efectos que tiene es dejar de lado esa relación erótica que es la relación clínica. El resultado es que lo que ha sido reprimido como actuación o como parte del acto. Uno se entera por los chismes cuando debería ser franco y claro. Todos “fracasamos ahí”. Uno dice “no responder a la demanda”, pero respondemos a la demanda. Justamente para eso está el análisis y el análisis de control, para poder modificar este aspecto hasta donde sea modificable.

Este es un problema muy serio que voy a dejar para mañana. Ese es un punto de inflexión hacia el momento en que Lacan va a concebir al analista como semblante del analizante. Esta llegando a ese punto, pero mientras tanto está como nosotros, que nos tentamos por apurar al paciente para que diga las cosas directamente y deje de dar vueltas, o darle un abrazo o tirarlo por la ventana. Está designando está erótica que obviamente implica amor/odio.

O sino seamos modestos: ¿Cuántos pacientes nos aburren? Miramos el reloj y pensamos cuanto falta. Esa es una reacción vecina a la angustia. El aburrimiento tiene que ver con la angustia. Esto aparece en los análisis de control, pero se le ha cerrado la puerta de elaboración a todo eso. Esto está matando al análisis, no en términos de que va a desaparecer del mercado analítico, al contrario, si hacemos psicología adaptativa se puede incrementar, hasta podemos darnos una mano con las neurociencias.

Además no creo que tengamos que disputarle nada a la neurociencia. ¿Por qué? Bueno, este es un punto que me parece clave. El análisis, no es para mucha gente. Hay mucha gente recibida de psicóloga que trabaja en la función pública. A ver… está muy lejos de mí cuestionar el valor de la salud pública, y menos con toda la conspiración que hay en su contra. Pero eso no es psicoanálisis, aunque utilicen algunos de sus recursos. El psicoanálisis empieza cuando hay una demanda que demanda otra demanda que lo demande. Frente a esa demanda de amor, el analista no responde y al no responder, del lado del sujeto aparece un momento traumático, y hay que ver si después de ese momento alguien sigue en análisis. Pero eso no es para mucha gente. El psicoanálisis requiere de cierto nivel intelectual que mucha gente no tiene. Y además no tiene porqué tener. No se puede hacer del psicoanálisis una especie de panacea para que la gente se analice. La salud mental no es psicoanálisis.

Entonces digo: el psicoanálisis es una disciplina para minorías. Yo se que esto es profundamente antipático. Pero es verdadero.

Ritvo Especifica Lacan: Seminario 8 Capítulo 13. Crítica de la contratransferencia. Parágrafo 2.

Hay un texto al que tengo muchas críticas que hacerle pero en su momento tuvo sus rigores, y es el texto de Nasio, “Épica de un impass. El analista entre el saber y el sufrimiento”. Es un artículo viejo, publicado en las actas de la Escuela Freudiana de Paris. Digo viejo porque no sé si ustedes habrán advertido que la decadencia teórica es muy grande. Los primeros lacanianos eran fuertes. Scilicet era una revista excelente. Sobre todo los números 2 y 3 fueron tremendamente rigurosos. Ese rigor se fue perdiendo. Así como se perdió el rigor cuando desaparecieron los interlocutores de Lacan. Los psicoanalíticos y los extra psicoanalíticos. El mismo Pontalis que se abrió temprano de Lacan, es uno de los pocos analistas que ha conservado su autonomía y además es un excelente escritor… Los Manonní, sobre todo Octave. Gente que se acercó a Lacan, quedó muy marcada pero quiso mantener su estilo. Interesante porque mantenía un vínculo de tensión, Lacan los barrió a todos y metió a gente mediocre.

Nasio escribió este texto en un momento en que las actas de la escuela de París son interesantes. Lo que pasa es que está demasiado coquetamente elaborado para no dejar ninguna fisura en un tema como el deseo del analista, que deja todas las fisuras posibles. El día que arreglemos esto estamos fuera del psicoanálisis.

Intervención del público: ¿Cuál es el estado de la práctica del psicoanálisis fuera de este país?

En Estados Unidos, el psicoanálisis tradicional de al IPA es fuerte. Pero es muy reducido porque es carísimo. Accesible para muy pocos sectores, sobre todo a sectores universitarios, burguesía, clase media alta de la burocracia. El sector lacaniano ha entrado en problemas, y me parece que ha quedado a la cola de otros. Por lo que sé, Lacan es el objeto favorito de filósofos y literatos, pero fuera de eso su eficacia es muy reducida.

En Europa, en Francia Y España…Barcelona es una sucursal rosarino-porteña. Están muy vinculadas a la internacional milleriana en este momento, que creo que es la hegemónica. Creo que la situación es muy semejante a la de acá. No pasa nada. Madrid psicoanalista es pobrísimo. No pasa un carajo.

Intervención: ¿Qué pasó en Inglaterra?

Sigue vigente el Freudismo. Pero siempre fue muy reducido. Supongo que debe haber mucha gente que lo sigue a Winnicott.

Intervención: ¿Alemania y Austria? Con la guerra quedó sepultado.

Creo que la guerra sepultó muchas cosas. La preocupación universal pasa por otro lado. Creo que ahí deben ser fuertes diversas corrientes psicológicas vinculadas a la psiquiatría y la neurología. Es muy probable pero no lo se.

Intervención: En América Latina se expandió mucho.

En México y en Brasil. En Brasil hay movimientos interesantes. Pero ojo, son muy minoritarios y están sostenidos en la universidad. Es muy minoritario y por cuestiones de guita. No conozco otro país como este, con el grado de penetración que el psicoanálisis ha tenido en la sociedad.

Intervención: Con la guerra en Europa hubo una persecución muy a muchos psicoanalistas que se fueron yendo y se radicaron fuera del continente, en EEUU y otros lugares…

Bueno, la IPA se estableció muy tempranamente acá. Tuvieron mucho peso y mucha inserción y le disputaron el terreno a la psicología.

Intervención: Yo pensaba que el título podía tener que ver con cuestiones de mercado y con cierta notoriedad que van cobrando la psiquiatría y las neurociencias en general. En verdad me parece que lo suyo es muy claro. Independientemente de cómo sobreviva el psicoanálisis, que es una pregunta a sostener, el problema está dentro del psicoanálisis mismo, de los psicoanalistas y las instituciones...

Yo no soy anarquista. Creo que el psicoanálisis sobrevive gracias a la universidad y las escuelas. Pero creo que también son obstáculos.

Intervención: Cuando usted hablaba de los analistas y el mercado… Pensaba sinceramente en que cosa miserable se puede convertir un analista. Porque estar cuidándose de todo es casi lo contrario a haber pasado por un análisis.

No son solo cuestiones económicas, sino cuestiones de prestigio muy fuertes. No son como las peleas de los escritores, porque los escritores salvo unos pocos no ganan mucho. Para no hablar de los poetas que no ganan nada. Pero los psicoanalistas tenemos muchísimas ventajas sociales y nuestros textos son publicados.

Intervención:¿Qué cosas de Freud cree que tienen vigencia y que nos permiten una lectura o que nos permitan operar o intervenir en un análisis?

A ver… Yo diría que todo Freud. A condición de que empecemos a leerlo de otro modo. Que usemos Lacan para leerlo, pero no busquemos en Freud los momentos que ilustra Lacan. Porque hay cosas que no tienen nada que ver con lo que dice Lacan. Y podemos abrochar esa divergencia para introducir un punto de lectura. Hay algo mítico a superar en este retorno, pero el retorno se vuelve inevitable porque así se ha constituido la disciplina. ¿Qué es lo que no dijo Freud pero podemos traerlo de su lectura de lo que efectivamente dijo, aprovechando las preguntas sobre lo que hoy nos preocupa y de los elementos que hoy tenemos y Freud no tenía, entre ellos la obra de Lacan? Lo que hay que romper es la inhibición dogmática. Un dogma no es leer de una sola manera una cosa. No. Es que está prohibido leerla. Y lo más alarmante es que mucha gente está preocupada y no lo dice. Y creo que es necesario a esta altura.

Intervención: Vos hablaste del matrimonio igualitario. Freud escribió en un contexto muy diferente…

Creo que hay que distinguir cuestiones que tienen que ver con los derechos humanos con cuestiones del inconciente. A nivel del inconciente, las relaciones entre las personas son todas asimétricas. Pero a nivel de los derechos se puede reclamar la igualdad. Esas son las conquistas de la civilización democrática. No hay nada que discutir sobre el matrimonio igualitario, si es totalmente justo. Ahí si el reconocimiento pleno de la diversidad debe funcionar. Pero no puedo sacar consecuencias con respecto al inconsciente, ni pensar que han cambiado las relaciones del inconciente. La homosexualidad sigue siendo una patología, no una libre elección. Eso está idealizado. “El orgullo homosexual”. Yo entiendo por qué se proclama esto, pero está ocultando que es una patología como cualquiera, porque la neurosis obsesiva también lo es.

Recuperar cosas que dijo Freud y que me parecen claras y que curiosamente algunos gay lo han rescatado. Toda discusión sobre homosexualidad evita discutir algo que planteó Freud muy tempranamente, que es así. El dice: “El cemento de todas las instituciones sociales es la libido homosexual”. El ejemplo que da es la iglesia y el ejército. Hay algo que no está interrogado ni por los movimientos homosexuales ni por el psicoanálisis.

La oposición homosexual-heterosexual hay que eliminarla porque es tramposa. Los grandes delincuentes han salido de familias convenientemente heterosexuales. Y la homosexualidad la vamos a encontrar en todos lados, es un síntoma de todas las estructuras, no es para definir. Otra cosa es la diferencia de los sexos.

Intervención: Dijiste que la homosexualidad es una patología, después que es un síntoma.

No, digo que es una patología… A ver, digo que están incorporados en diversas patologías como todo el mundo.

Intervención: pregunto si no parece el discurso médico de una cierta época, ver a la homosexualidad como una patología. Hay una carta que una madre le escribe como consulta a Freud porque su hijo es homosexual. Y entre otras consideraciones que el hace sobre qué es la homosexualidad, lo que él dice que lo que es una enfermedad es la homofobia.

Está bien lo que dice, pero lo curioso del caso es que la homofobia no es sino el terror de la respuesta defensiva a la libido homosexual, no a la heterosexualidad. La líbido homosexual también es una lucha contra la diferencia de los sexos. Y desde la sexualidad hay una formalidad. No podemos entrar en esa definición. No. Está bien. Yo dije: los homosexuales tienen patologías en diversos grados. Por ejemplo, no hay cosa peor que la homosexualidad esté permitida e incluso favorecida. Porque el goce está en la transgresión. Ahora ya han dejado de transgredir, así que están cagados. Pero están los otros que yo creo que son un apéndice de la neurosis. Muchos de ellos tienen la estructura de la neurosis obsesiva. Es lo más frecuente eso. Y quizás en otra época hubieran sido solo obsesivos. Pero si. La homosexualidad es una conducta. Por si misma no indica una patología.

Intervención: Muchas corrientes feministas no adhieren al psicoanálisis porque lo consideran patriarcal…

Es una discusión muy grande. Creo que el feminismo, cuando hay gente lúcida ataca la concepción freudiana de la mujer, como mero reverso negativo de la posición positiva, es decir de lo fálico. Y ahí de Freud… hay que cambiar completamente la concepción. La concepción de la mujer es totalmente revisable. Es importante que haya puesto en primer lugar la problemática de los órganos. Porque hay que trabajar a la mujer y el hombre desde el nivel de la zona erógena. Pero la concepción de la mujer aparece forzada. Fíjense que en el Complejo de Edipo, en realidad espontáneamente se define por el hombre, cuando tiene que incorporar a la mujer tiene que hacerle modificaciones a ver si entra y como entra. Y finalmente viene la pregunta de cómo puede ser castrado un ser que nunca lo tuvo. Hay respuestas pero que van más allá de Freud. Además Freud encubrió cosas terribles. Por ejemplo cuando dice que la mujer carece de la capacidad de sublimación… y eso tenía que ver con esa educación terrible de la época que diferenciaba mujeres y hombres. Es absurdo.

Y me parece lamentable cuando dice que el Súper Yo femenino carece de crueldad. Es una locura. Es no haber entendido nunca lo que es una mujer en relación a su madre. El tema de Freud es el tema de la madre. Siempre la ha expulsado de los historiales clínicos. Siempre se ha identificado con los “pobres hombres caídos”, se ha identificado levantándolos.

Pero el feminismo en realidad sigue idealizando al hombre. Al considerarlo opresor ignora que el hombre está muy sometido a la mujer. A nivel social sigue gozando de muchos privilegios. Eso es evidente. Sostenido por sus mujeres, seguro. Pero en el hogar, la posición del hombre es de una debilidad extrema. La que manda es la madre. Esto es un clásico. Las mujeres idealizan, idealizan. Además, de qué hablan cuando hablan de patriarcado. Porque es un término que sirve para todo. ¿Designan a alguien que tiene el derecho de matar a su esposa e hijos? Hace décadas que no existe el patriarcado. Existe el privilegio masculino a nivel político, pero patriarcado no. Para que haya patriarcado lo menos que puedo conceder es que la patria potestad la ejerza el hombre, y que la mujer sea considerada técnicamente un menor de edad. Esa es una posición patriarcal.

Conferencia Segunda

Voy a empezar con el Seminario VIII de Lacan. Ya lo había anunciado. ¿Por qué? Hay un momento clave en él, donde trabaja el deseo del analista. Quisiera quedarme ahí, porque es suficientemente complejo para detenerse.

 

Antes que nada, sería bueno situarnos en el corazón mismo de la experiencia de análisis. Creo que nunca vamos a terminar de reiterar que el concepto clave en Lacan no es deseo sino demanda, porque a partir de la demanda se va a engendrar ese resto que es el deseo, en tanto deseo insatisfecho. Hay una tripartición inicial: necesidad, demanda, deseo. Si partimos directamente desde la noción de deseo, aunque le demos algunas vueltas inteligentes, no vamos a salir nunca del campo del deseo del otro en el sentido hegeliano del término. Y vamos a terminar en polémicas absolutamente innecesarias e inútiles con quienes sostienen que Lacan está, como todo el psicoanálisis, embarcado en la tradición occidental de deseo, lo cual de algún modo es cierto, porque el deseo remite a la carencia.

 

Lo que pasa es que el modo en que Lacan articula el deseo como resto de la demanda o como ese  punto donde la demanda lo reproduce por el mecanismo interno e inherente de imposibilidad, es lo que efectivamente caracteriza la obra de Lacan. Y a partir de ahí ustedes pueden observar como las innovaciones  lacanianas más notorias se vienen a insertar y le dan coherencia al campo de la experiencia analítica; diría que lo fundamentan de nuevo.

 

Pero si uno habla de demanda tiene que pensar que, en este seminario, los modelos de demanda son la oralidad y la analidad; y la analidad tiene una importancia decisiva para marcar el territorio de la demanda. Pero: ¿Por qué? Porqué ahí se muestra con toda claridad esta fórmula que hace de la demanda algo intransitivo. La demanda apela a otra demanda, y eso es lo que tiene de característico la noción de demanda en Lacan. Más allá de sus significaciones jurídicas y de  las implicaciones que tienen en el terreno social  y que ha sido desarrollado por ejemplo por Althusser, que lo hace por la interpelación. Lo que importa es que en el campo específicamente analítico la demanda siempre remite a otra demanda,  pero justamente como remite como demanda de amor, como demanda de ser demandado, Lacan agrega en algunos momentos “demanda de ser demandado para desear coherentemente”. Cómo alguien puede desear coherentemente, es imposible. Entonces, ahí hay un circuito que activa lo propio del amor que es la devoración. Esa es una noción freudiana. Ustedes saben que el amor tiene distintas instancias y distintos niveles, por lo que es evidente que no podemos hacer una teoría unitaria del amor. Pero hay un nivel que es el específicamente freudiano y es el del amor en su versión canivalística. “Porqué me siento atraído por ti, por algo inexplicable te mutilo”.  Es una expresión que usa Lacan en el Seminario.

 

Entonces la noción de demanda vinculada al amor y su aspecto de devoración; y la demanda de ser demandado, en el momento en que tendería a ser satisfecha, cuando hay respuesta en la demanda, produce un cortocircuito. Y en ese cortocircuito podemos leer el margen del deseo. En la experiencia corriente del análisis, que toda respuesta a la demanda provoca que aparezca esa re-definición que hace Lacan, creo que en el Seminario XVII, cuando dice “te demando que no accedas a lo que te pido, porque no se trata de eso sino de otra cosa”. Ahí ese “otra cosa”, remite efectivamente a lo que es el deseo, que siempre es deseo de otra cosa y deja de ser “deseo de”.

 

Es decir, el deseo tiene un objeto, pero el objeto es otra cosa; es otra cosa de aquella que libidinalmente está inscripto. Bueno, todo esto es muy apretado, pero quiero recordarlo porque permite claramente situar el campo de la transferencia más allá de lo que es la transferencia en general como estructura propia de la sociedad. Si hay transferencia con los líderes políticos y religiosos, con los maestros (un maestro no es un docente). Pero esa suposición de saber, con respecto al maestro o al líder religioso, en el campo psicoanalítico tiene otra acepción. Porque la trasferencia específicamente analítica supone que no hay respuesta a la demanda. Ese es el momento inaugural de la transferencia específicamente analítica. Cuando no hay respuesta a la demanda. Lo cual lo convierte al campo de la transferencia en un campo de libertad distinto al campo social de la transferencia. También, como distinguí interpelación de demanda, distingo  las distintas transferencias. Por supuesto que tienen la misma estructura y que el antecedente de la demanda analítica es lo que yo llamo acá la transferencia social. Pero, hay algo que crea el análisis, cuando alguien, en  el silencio, no responde a la demanda. Ahora, ahí empieza otro problema del Seminario VIII, porqué el no responder a la demanda supone un proceso subjetivo de parte del analista que Lacan va a llamar deseo del analista. Y habla de eso porque el analista no está en el  nivel de la abstención. De esto hablé rápidamente ayer pero hoy podemos adentrarnos en el tema. El analista no es aquel que se abstiene sino aquel que desea. Pero haber: todo el problema radica en esto. Qué significa el término “deseo del analista”. ¿Es distinto del deseo común? Yo también puse el acento en que hay una tendencia a actuar en casi todos los autores que he leído. Ayer hice una observación despectiva con lo que llamo “Escuela de Desorientación Lacaniana”. Pero me parece que son muchos los que están desorientados. Porque reducen la problemática del deseo del analista como semblante del objeto “a”. Por supuesto que el analista es semblante del objeto “a”, pero solo en un proceso de producción que supone una modificación de su subjetividad y al mismo tiempo la actividad de la interpretación. Pero como todo esto queda suprimido en nombre de una barbarie de ese objeto que no se sabe de dónde sale porque es real, “ahora me convierto en inconsciente real, un objeto real, todo real”… menos para la institución que vomita estas consignas, todos carentes por completo de fundamentos porque haber: si hay algo que llamamos el objeto “a” es porque escapa al significante  pero en la medida en que es inconcebible  sin el significante. Es decir, sin un punto de partida del significante es imposible pensar lo imaginario y lo real. Pero bueno, “lo real” se ha convertido en un cachivache metafísico de cuarta. Es totalmente insostenible.

 

No quiero detenerme en esto, simplemente lo traigo porque hay un proceso de desubjetivización de la posición del analista que, en realidad, está encubriendo lo que la tradición psicoanalítica llamó contratransferencia. Vale la pena volver a ella. Lacan dice: “La contratransferencia es el momento inaugural de la transferencia como deseo del analista”.

 

En general los teóricos de la contratransferencia han hecho gala de una pobreza conceptual notoria, y todo el lacanismo se ha largado en contra de ellos porque la contratransferencia es demasiado simétrica a la transferencia. Lacan dice: “No. Hay un movimiento transferencial que implica al analizante y al analista, y a partir de ese vínculo transferencial se puede diferenciar las posiciones respectivas”. Por lo tanto no cabe hacer lo que hace la tradición, que una interioridad expresa sus afectos sobre la persona del analista, y este siente cosas transferencialmente. Es un esquema falso, pero de todos modos es un síntoma riquísimo porque rompe con el esquema clásico de abstención, y esto es suficiente.

 

Por algo Lacan en varios de sus seminarios ha trabajado con analistas en la vía de la contra-transferencia, porque en estos síntomas aparecen cuestiones decisivas del análisis.  Uno a veces despectivamente dice “los pos-freudianos”. Pero entre ellos hay múltiples lecturas que si uno las prolongas puede encontrar algunas de las líneas fundamentales en las cuales se inspira Lacan. Cosa que no podemos decir del pos-lacanismo que ha reemplazado a Lacan por Deleuze, lo cual es imposible. Yo respeto a Deleuze en cierto nivel, en otros me parece un charlatán. A pesar del genio de Deleuze, yo creo que él no tiene nada que ver con el psicoanálisis.  Igual que Foucault, de quien podemos retener algunas cuestiones que son claves. Por ejemplo esa famosa charla “Qué es un autor”. A mí me ha servido muchísimo para pensar la realidad institucional del análisis. Pero, a ver, hay toda una órbita problemática de este hombre que además yo creo que fue uno de los grandes escritores franceses del siglo XX, la prosa de él es maravillosa. Y hay muchas etapas de él. Lo bueno es poder apreciarlo a distancia y no confundirse. Hay muchos analistas que desesperados, porque no pueden leer a Lacan,  se zambullen en Deleuze. La ventaja es muy pobre. Miren lo que le ha pasado a Guatarí. Resentidos por razones legítimas contra las instituciones analíticas salieron con una cosa espantos con Deleuze y produjo “Mil mesetas”  y otras cosas… aunque también algunas muy interesantes.

 

Cuando hablamos de la experiencia analítica hablamos de la estructura de la demanda en este campo experimental que inaugura el analista con su enunciación de la regla fundamental. Punto. Esto es muy importante, porque la presión social es muy grande y terminamos por confundir el Edipo con la familia. Y nos metemos en discusiones sobre la familia para la cual no estamos muy habilitados. Incluso somos muy ignorantes como ya es notorio.

 

Pero volvamos al tema clave. De qué hablamos cuando hablamos del deseo del analista. Porqué Lacan va a usar varios modelos que son compatibles entre sí; además hay que ver a qué remiten. El modelo de la apatía histórica, que se aproxima al modelo de la ataraxia epicúrea, aunque no sean exactamente superponibles, y después del modelo de la posesión que lo toma de los diálogos platónicos. Voy a leer algunos párrafos y después discutimos, porque me parece que esto es para discutir.

 

Dice Lacan, página 214 de la edición oficial. Es el capítulo XIII: “Critica de la contratransferencia”; acá aparece la expresión “el deseo del analista” pero apropósito de la crítica de la contratransferencia. Sería bueno volver a estos textos.

“Si pudiera decírselo enseguida, si el camino ya recorrido me permitiera hacérselos entender, sin duda se lo diría. Pero todavía tengo caminos que recorrer antes de poder darles la fórmula, y la formula estricta, precisa”.

Está hablando del deseo del analista. Este párrafo es en el que se basan mucho para decir que Lacan está muy cerca de la fenomenología. Más adelante, cuando termina de perfilar el objeto “a” y el analista como semblante, ya la cosa va a quedar formalizada. Lo formal es un término tomado en préstamo a las matemáticas. Porque la formalización matemática no tiene nada que ver con lo que llama formalización y luego de este término se hace una ritualización. Por otro lado además, el término “semblant”, que tradujimos precariamente como “apariencia”, tiene mucha miga y  poco desarrollo en el propio Lacan.

 

Yo diría que es rica la fórmula de Lacan, pero si nosotros desintrincamos la noción de sujeto, estamos entrando en lo que es la institución analítica, que con la materia oscura de la sexualidad lo que tiene que hacer es ritualizarlo todo, para que todo lo que tiene que ver con la sexualidad quede esterilizado. Ustedes dirán: “Bueno, los psicoanalistas no dejan de citar a Lacan”. Y citando a Lacan y Freud hay cosas que explotan. Sí, pero hay un modo ritualizado que esteriliza la materia. Esto es así. Y Lacan creo que además puso demasiado fervor y experiencia en eso que llamaba “función lógica”. No voy a volver a esto porque “función lógica” y “formalización” son términos que encubren una total falta de rigor. Pero lo digo con respecto a Lacan.

 

Continuo leyendo la cita: “Sin embargo, ya se puede decir algo que podría ser satisfactorio hasta cierto punto. Lo único que les pido es que no se queden demasiado satisfechos. Voy a decirles algo débil pero que va en una dirección adecuada”.  Estamos mal pero vamos bien…

 

“Excepto –continúa–, si el analista realiza algo así como la imagen popular o también la imagen deontológica de la apatía, es en la medida en que está poseído por algo más fuerte, que aquellos deseos de los que pudiera tratarse, a saber: el de ir al grano con su paciente, tomarlo en los brazos o tirarlo por la ventana”.  Debería incluirse el dormirse en la sesión por aburrimiento o por angustia. Esas cosas por suerte se hablan, en el análisis de control y en el análisis. Y creo que el análisis de control es un análisis.

 

Esto queda totalmente cerrado en el vínculo entre el analista y el paciente. No pasa a lo público, quizás con buenas razones, sino se volvería obsceno. Pero no deja de ser una traba. Y hay modos no obscenos de aludir a la situación como hace Lacan acá.

 

Intervención del público: “¿Cómo queda ubicado esto que planteabas como lo específico de la demanda en el análisis que es la no respuesta a la demanda? Porque todo esto va en el terreno de la respuesta a la demanda.

 

Bueno, voy a decir algo que es muy obvio y que todos sabemos. Respondemos a la demanda. Creo que hay momentos que no respondemos sino no habría análisis, pero hay que poder localizarlos a esos lugares de no respuesta. Pero para localizarlos hay que hacerse cargo de esto. Dice Lacan: “A veces ocurre, incluso tendría malos augurios para alguien que nunca lo hubiera sentido”.

Cuando era joven escuchaba que un analista no debería sentir absolutamente nada. Ese era el ideal. Lo cual es absurdo. Es un tipo muerto, no puede escuchar. No digo que está discusión está agotada. El tema es que ni siquiera está planteada. Dice Lacan: “Pero en fin, aunque se esté cerca de la posibilidad de la cosa, es algo que no debe tomarse como corriente”.

 

Este modelo  de la apatía en realidad bastante cuestionable, porque la apatía es llegar a un punto de indiferencia. Esa es la propuesta histórica. Y si uno llega a ese punto, ya no podría escuchar en el sentido analítico del término. ¿Apunta a otra cosa la indiferencia? Creo que sí, pero habría que poder ceñirlo al terreno. Creo que Lacan está tanteando el terreno. Porque la apatía la podemos entender no en  el sentido estoico, no hay proximidad ante las dos concepciones. Podemos entenderla en un sentido desviado del original, en el sentido de que tiene que haber un punto donde el analista pueda desviarse de lo que es el objeto para su fantasma. Tiene que poder desviarse de su fantasma, eso seguro. ¿Cómo? Es todo un problema, y no van a apelar a la ética para ello. Si designamos como apatía el punto de separación con el fantasma, puede ser válido con la condición de que lo condicionemos. Hay otro término que es muy cercano y lo usan los epicúreos y que es la ataraxia. Pero ese término es más cuestionable.  Es lo que Freud llama el principio de placer. Bueno, Lacan lo advierte. El epicúreo consiste en suprimir las emociones violentas y mantener el placer en términos moderados. Epicuro es placer como evitación del displacer. La vida es puro sufrimiento, si evitamos  el displacer estamos bien, estamos en una posición de ataraxia.

 

Este modelo no me parece adecuado. El de la apatía algo sugiere, aunque es bastante complicado. En cualquier caso, no basta referirse a los estoicos, hay que trabajarlo a este término. Pero el acento que yo puse es que la impresión lacaniana es muy fuerte cuando dice “está poseído por un deseo más fuerte que aquellos deseos de los que pudiera tratarse”.

Como el analista es sujeto como cualquiera, el paciente reaviva sus fantasmas, es obvio. Y ahí aparece: ir al grano, tomarlo en sus brazos… no dice sexo porque sería más complicado porque sería un vínculo homosexual, pero lo hay, obvio, o tirarlo por la ventana, que es el caso más popular.  Y que a veces en las reacciones de la llamada contratransferencia ha pasado. “Mire, me tiene hinchado las pelotas”.

 

Los millerianos, que tienen como estrategia maltratar a los pacientes porque entienden que eso es análisis, podrían aplicar esta fórmula. Lacan no niega que existan estos deseos, ni siquiera dice que hay que reprimirlos. Además el reprimirlos forma parte de la obsesivización del análisis. Lacan no dice que hay que reprimir o censurar en cualquiera de los sentidos porque esos deseos están. Dice que el analista está poseído por un deseo más fuerte. Fíjense. Hay conflicto entre deseos. Y además hay un deseo más fuerte por el cual está poseído. Ustedes dirán de donde sale el término poseído.  De Platón. Pero explícitamente. ¿Porque no debe ocurrir? ¿Es acaso por la razón negativa de que es preciso evitar una especie de descarga imaginaria total del análisis?  Hipótesis que no vamos a desarrollar aunque sería interesante. Y no, nunca la ha desarrollado.

¿Qué podría ser una descarga imaginaria total del análisis? No sé, pero habría que pensar a que podría estar vinculada a esta frase. Lo que viene ahora es lo que me interesa.

 

“No, es debido a lo siguiente- acá es donde quiere dar una vuelta, es el momento de introducción al deseo del analista- que es la cuestión que planteo aquí, este año; es decir, estuve  trabajando en el seminario El Banquete, como todos sabemos, para esto. El analista dice – a Lacan le gustaban los apólogos, entonces les hace decir-: ‘estoy poseído por un deseo más fuerte’. Está autorizado a decirlo en cuanto  analista, y en él se ha producido una mutación en la economía de su deseo. Y aquí es donde pueden ser evocados los textos de Paltón”.

 

Ahora, ustedes sabes que es complicada esa referencia a la posesión. Es muy complicada. En principio es difícil de situar. Que el analista es poseído por un deseo más fuerte alude a la posesión que llaman manía, locura o furor divino en los textos de Platón. Enumero:

Manía: el término psiquiátrico deriva del original griego pero adquirió otro estatuto. En griego es locura. Platón distingue en cuatro acepciones el término Manía. Es importante tenerlo en cuenta. Furor es una traducción latina que es interesante, el furor. Siempre designa este término el golpe de algo, que uno no controla, no domina y que viene de afuera. Y que siempre es una incógnita. Es algo imperioso sobre lo cual no hay saber. Creo que esta es una de las vías que ha tomado Lacan.

 

Volvamos: Manía profética. Manía mística. Manía poética (báquica) y Manía amorosa, que vienen a funcionar como síntesis de las otras. Cualquiera de esas cuatro tiene una estructura común, que es apuntar a una exterioridad radical con respecto al alma que experimenta un deseo más fuerte que los ordinarios.

 

¿Cómo podemos trasladar esto al campo del análisis si Platón, en definitiva, está poseído por un Dios? Significación que no le hubiera resultado desagradable para nada a Lacan, porque la recurrencia a los dioses y sobre todo a los dioses griegos es bastante constante en él. Pero lo que ocurre es que este Dios en definitiva es el bien, y además es puro logos, pura racionalidad. La Manía es irracionalidad, pero hay un lugar racional absoluto desde el cual se opera la posesión. El supremo bien.

 

Obviamente no hay supremo bien. Si hay supremo bien no hay inconsciente. ¿A qué alude entonces este “estar poseído por un deseo más fuerte”? Yo diría que este es un término límite. No es que los otros deseos quedan suprimidos. Hay un combate. Hay un conflicto y una dinámica. Hay algo que debe mutar en el analista para que quede poseído por este deseo más fuerte. Pero cuál es este deseo. Hay varios modelos, y digo modelo a adrede. Porque todo modelo es necesariamente insuficiente. El modelo al que recurro es el silencio. Al silencio pulsional. Que es un deseo que todo sujeto debe experimentar como analizante antes de ser analista. Y por eso el analista está producido por la posición del analizante. Habría mucho que hablar del silencio. Lacan en muchos lugares ha trabajado la noción de silencio pero para distinguir el silencio como algo tácito, es decir el silencio de lo tácito es simplemente lo que está callado. Como cuando tengo bronca y no la expreso, pero de algún modo no dejo de entredecirlo. Este, el pulsional, es un silencio más fundamental, es el silencio de los orígenes. En el sentido que no hay origen, y que hay una pérdida radical del sentido. Tiene que haber una experiencia del analista donde el sin sentido, finalmente, del silencio, pueda confrontarlo con eso y le permita efectivamente separar sus fantasmas  de los fantasmas del analizante.

Pero este es un proceso del cual yo no tengo muchos recursos para pensarlo y no se quien los tiene.

 

Cuando uno llega a este punto tiene que sacar varias conclusiones. Primero que es insuficiente pero puede ser un punto de partida para abrir la discusión. Y segundo, creo que este es  el puto más combatido por las instituciones analíticas. Yo no soy anarquista, y creo que sin institución analítica no hay análisis posible. El analista no es un héroe, incluso si no existiera esta universidad tampoco habría análisis. Yo nivelo, el discurso universitario impera en la universidad y en las instituciones analíticas, yo los pongo en el mismo nivel. Pero ayudan a suprimir el análisis y al mismo tiempo lo conservan. Hay una tensión ahí. Pero uno puede efectivamente desviarse de la institución, pero sin institución es imposible que el análisis sobreviva. Pero si es cierto que hay algo letal para el análisis porque la institución lo que tiende a suprimir es la subjetividad del analista; y esa subjetividad suprimida a nivel oficial retorna como pasaje al acto, a veces escandalosamente produciendo explosiones, incluso en las propias instituciones.

 

Todos hemos militado en instituciones… la militancia es contradictoria al análisis pero sin una cierta militancia el análisis no perdura. No hay respuestas limpias para esto. Pero el problema de la subjetividad del analista es un problema serio, muy serio.

Me detengo acá así charlamos un poco. El seminario se abre a varias perspectivas pero esto me parece la más clave.

 

Intervención del público: está claro que esta mutación de la economía del deseo va a contrapelo absoluto de cualquier posición que implica un dominio del deseo. Es una separación que no puede apoyarse en ninguna posición de dominio…restituirle sus poderes al silencio pulsional no puede de ninguna manera ser un acto por el cual, bueno, me aparto de la posesión de mi fantasma porque me hago dueño de un deseo más fuerte. Al revés, ese campo abierto al deseo más fuerte implica una especie de redoblamiento de la posesión.

 

Exactamente. Fíjate que esto es además una crítica a las maniobras contra-transferenciales. Yo me he analizado con alguien que practicaba la contra-transferencia, y siempre era: yo siento que, me parece que, escucho acá… Siempre haciendo intervenir la subjetividad, pero como regla técnica en el fondo.

 

Intervención del público: de dos maneras. Me parece que en la historia del pos-freudismo, en la historia de la contratransferencia, hubo dos posiciones opuestas pero que se apoyan en lo mismo. Uno: el uso de la contra-transferencia, porque ahí está la verdad en estado puro por la transmisión de incociente-inconciente…. Y la otra es: como  la contra-transferencia me deja más enganchando la reprimo. Pero son dos intentos de hacerse amo. Sea por la abstinencia de  seguir los pasos que me indica la contratransferencia o por encontrar allí en esencia pura el núcleo del inconsciente sin el muro del lenguaje.

 

Yo creo que hay muchos lacanianos que -repasando mi historia  y algunas cosas que he hecho-, practican la contra-transferencia en el segundo sentido. En el sentido de reprimirla. Y una forma de reprimirla es cuando el supervisor se levanta y hace dibujo en el pizarrón. Con mathemas… estamos todos en funciones digamos.

Es decir: la mutación implica renuncia al dominio. Pero es complicado renunciar al dominio. Ahí si el modelo platónico sirve de algún modo. Porque obviamente no somos platónicos, no somos griegos, estamos en otro universo, no hay supremo bien que nos guíe… es más dramático todavía.

 

Me gusta que Lacan diga “un deseo más fuerte”. Yo lo traduzco como silencio pulsional, me parece más adecuado. Pero el silencio pulsional no suprime lo otro. Está allí, en conflicto. Y el conflicto no hay manera de superarlo, no hay dialéctica que lo supere. Por eso es tan frágil la posición del analista. Pero esa fragilidad tiene momentos de irrupción de lo verdadero.

 

Uno ya está acostumbrado, entre comillas. Pero está mal que nos acostumbremos porque lo que hacemos es absurdo. Supongo que debe haber analistas que cuando escuchan están calculando que van a decir. Pero esos no son analistas. Yo sé que la presencia de las instituciones hace algo desgraciado. Con una oreja escucho al paciente y con la otra al supervisor. Pero bueno. Eso no es escucha analítica. La escucha analítica implica incluso el abandono, porque uno incluso se sorprende de lo que está diciendo. Aquí si Platón tiene algo que ver. Ustedes saben que con respecto a los poetas tenía malas opiniones. Pero como era un ironista esas malas opiniones podían ser un halago en definitiva. Pero como los buenos poetas, él pensaba, estaban inspirados y no tenían técnica alguna, la inspiración les dictaba. Y lo que le dictaba la inspiración era a veces tan monstruoso que había que expulsarlo de la ciudad. El plantea que con la inspiración a veces se hacen cosas obscenas. Platón se escandalizaba con algunos mitos. Por ejemplo: Júpiter lo castra Cronos. Y de la sangre y del esperma del pito cortado nace Venus. “Esto es demasiado obsceno. No debería decirse en estos términos.” Está muy claro que hay algo escandaloso en la pulsión poética que habría que expulsarlo de la ciudad. Bueno. Ese escándalo tiene que ver con  lo que le pasa a un analista. Porque nuestras mejores intervenciones vienen de un modo espontáneo, pero por supuesto que sin formación, análisis y supervisión lo que va a surgir es cualquier cosa.

 

Pero esa conexión, de la cual tópicamente es tan difícil dar cuenta no tiene nada que ver con el modelo clásico de decisión. Porque es evidente que hay una decisión analítica. Pero no tiene nada que ver el libre albedrío, donde uno decide entre  tres opciones cual es la más conveniente. No es una decisión calculada en el sentido consiente. Y sin embargo ha habido un cálculo. Es decir una conjetura inconsciente. Es una actividad extraña. Yo creo que a esto apunta cuando dice un deseo más fuerte. Pero insisto. Los deseos del analista en su fantasma no hay que censurarlos. Y si no hay un dominio y una lucha donde pueda volver al silencio pulsional, a lo cual lo ha habilitado el propio análisis, es imposible. Pero ese silencio pulsional es el punto de emergencia de la interpretación. Cosa que hoy en día se tiende a olvidar, a pesar que se insiste con el objeto “a”, convirtiéndolo en un cachivache que no se sabe que es.

 

A ver.., el objeto “a” si uno lo saca de la zona erógena está macaneando de un modo terrible. Hay una generalización, una abstracción, en el mal sentido del término, no se sabe de qué se está hablando. El texto que leí ayer, que es ejemplar en el sentido que resume lo que dicen todos: dice que según Lacan el deseo del analista no tiene que ver con ningún sujeto… y encima lo ponen entre comillas. Esa es una de las dificultades con la cual tenemos que pelear todo el tiempo.

 

Intervención del público: Esta acepción me parece que es la misma que vos sitúas en la contratransferencia del analista….

 

Exactamente. Una de estas posiciones cayó en desgracia. Nadie dice “yo siento qué”, “experimento qué”, pero está reprimida, sigue funcionando. Porque más allá de las teorizaciones, es un síntoma, y hay que reconocerle el rigor que tiene el síntoma. Los analistas han dejado de hablar por boca propia a nivel institucional, por suerte a nivel de análisis creo que pasan otras cosas. Hay gente que me ha objetado esto: “¿Vos consideras que el analista debe ser un intelectual?”. Considero que sí. “¿El análisis es para minorías?”. Sí. Hemos terminado de confundir análisis con salud mental. Cosa que les convienen a las instituciones y al estado. Yo no desprecio lo que los psicoanalistas hacen en el estado. Me parece bárbaro. Pero hacen psicología, no psicoanálisis…Perdón, me estoy volviendo muy tajante. A veces hay efectos analíticos en instituciones públicas y muchas veces el llamado consultorio privado es el campo de la psicología más burda. Pero no existe en las instituciones públicas condiciones para un análisis. Hay efectos analíticos. No hay condiciones políticas ni veo como podría haberlas. La educación del estado, la salud del estado, no tiene nada que ver con el psicoanálisis, el tiempo nuestro es un tiempo de desperdicio, de gratuidad, el estado está compulsado a economizar cronología porque es un problema de inversión y economía. Y me parece que el problema grave es para nosotros, en Europa no es así. Eso está claro allá. Los analistas están en un lugar y los psicólogos en otro. El análisis no es para mayorías, no es muy exitoso decirlo así. No es que uno tenga un espíritu aristocrático, pero el análisis requiere condiciones muy precisas. El psicoanálisis es un campito. Una cosa es que el psicoanálisis sirva para muchísimas cosas, y que tenga una eficacia social a nivel heurístico, de interpretación de fenómenos. Pero es muy limitado el campo de experiencia.

 

Desde el punto de vista psicoanalítico puedo entender cuestiones que ocurren en el mundo árabe, en África del Norte. Pero ahí no hay la menor posibilidad de ejercer el análisis. Lo que digo es restringir el campo para pensarlo mejor.

 

Y además, esto que llamamos deseo del analista… yo no creo que lo que he dicho sea ninguna otra cosa que  más que una prolongación de lo de Lacan, pero habría que subrayarlo para evitar que cuando Lacan trabaja el analista como resto del analizante, evitar que lo desubjetivizemos a este proceso. Creo que el tema clave es el término resto, porque hay que llegar al resto, la clave es el proceso para llegar al resto,  no el resto desde el principio.  No hay vacío, hay vaciamiento que no es lo mismo. El vacío es el resultado final de un proceso de vaciamiento. Y hay que renovar continuamente. El privilegio que se le concede al objeto “a”, al fetichizarlo y reducirlo a un punto tiene como consecuencia dejar fuera de acción al término deseo. En los últimos tiempos, los trabajos lacanianos, cuando hablan del deseo en realidad hablan del objeto. Pero el objeto causa del deseo es “a”.  Está bien, el objeto causa el deseo, pero el deseo no es similar al objeto. Sin embargo no tienen nociones para pensarlo porque han dejado de pensar la angustia.

 

La mejor introducción a la problemática del sujeto es la angustia freudiana. Releída por supuesta a través de todos los trabajos importantes. Freud no elaboró ninguna noción de sujeto, pero para nosotros el sujeto es el sujeto de la angustia, que es lo que le da soporte. Porque a partir de colocar la angustia derivamos al restos de los afectos, que clausura la angustia pero al mismo tiempo lo sostiene y permite su retorno. El lugar de la angustia es el lugar del deseo para el analista. Con lo cual no estoy haciendo una apología de vivir angustiado. Pero el horizonte de la angustia es el horizonte de nuestro trabajo. Por eso es un trabajo insalubre, aunque aparentemente solo decimos pavadas.

 

Intervención del público: ese lugar que le dabas al vacío no como algo dado sino como resultado de un trabajo de vaciamiento… eso me parece que es a condición de entender ese vacío como producto y no como el resultado de un trayecto lineal que se da solo al final. Lacan respecto al acto analítico lo pone si  va a poder estar allí al final es porque de algún modo tiene que haber estado en el comienzo. Si ese vacío no opera en el comienzo de la transferencia, no va a ser posible que la transferencia caiga y deja lugar a ese resto.

 

Pero el mismo vacío que está en el comienzo también ha sido producido. Ese es el tema. Ahí soy hegeliano. No puedo descontar el proceso del resultado ni el resultado del proceso.

Quizás esto pueda darle otro lugar a algo que dice Lacan que ha sido tomado como un gesto retórico del cual nos desentendemos. El habla del horror al acto. Y el contexto de este horror tiene que ver con este agón del sujeto analista.

 

Intervención del público: esta diferencia que vos nombras entre un análisis y un efecto analítico. No me parece poco un efecto analítico para alguien.

 

Si, que alguien se escuche hablar ya es bastante. Me parece que es una buena distinción. Incluso estas cosas ocurren en relaciones que no tienen nada que ver ni con el análisis ni con la psicología. En la vida cotidiana ocurren, porque si no ocurrieran allí no habría forma de que esto se estructura experimentalmente en un análisis…Ahora, todos sabemos las resistencias que engendran las instituciones públicas respecto a esto. Siempre un malestar produce. Porque las condiciones políticas operan en un sentido contrario. Lo cual no quiere decir que el consultorio privado garantice el análisis. La consulta privada es la última producción liberal, a veces ni siquiera hay efecto analítico. Y yo no quiero despreciar a los psicólogos, ya que cumplen una función necesaria del estado.

 

Intervención del público: el psicoanálisis en su relación con las ciencias contemporáneas. Por ejemplo una pregunta, en relación a lo que planteabas de la ataraxia y el deseo del analista… la experimentación científica tiene como horizonte un alejamiento de toda subjetividad que permita un experimento válido. Y no importa “quién” lo hizo. Con la transferencia es imposible decir que no importa ese “quien”. Ese “quien” está en ese punto de la subjetividad del analista… esta reducción en la que ocasionalmente resulta posible que algo de esta subjetividad se destituya pero porque está presente, y esa presencia forma parte inherente a la destitución misma.

 

Exactamente, es la presencia de una ausencia. Esta es la diferencia radical entre la experimentación científica y la analítica. En lugar de experimentación tendría que emplear otro vocablo: Artificio. Hay un artificio psicoanalítico. Digo artificio porque está arreglado, y está separado de la vida cotidiana. Esto es lo decisivo. Hay una regla que permite la separación de la vida cotidiana. Lo transporta a otro nivel. Hay una reducción, si queremos usar un término de la fenomenología. Pero claro, no es un experimento. Lo cual muestra además los límites de lo comunicable. Porque justamente la definición del experimento es que es comunicable, lo puede hacer cualquiera que responda a los requisitos establecidos protocolarmente.

Para escribir este monumental volumen con aires de biografía definitiva,Élisabeth Roudinesco (París, 1944) no quiso creerse “ni la leyenda negra, ni la dorada”. Freud, en su tiempo y en el nuestro (Debate. Traducción de Horacio Pons) parte de la voluntad de invalidar las condenas más injustas, que suelen pintar al padre de la subjetividad moderna como un simple charlatán, pero también de las biografías de tono hagiográfico consagradas a este personaje eternamente polémico. Discípula de Deleuze, Foucault y Todorov, antigua integrante de la Escuela Freudiana que fundó Lacan y gran especialista de la historia del psicoanálisis, Roudinesco narra la vida de Freud como si fuera una palpitante novela ambientada en la Viena de la belle époque, avanzando hacia su exilio (y muerte) londinense en los albores de la II Guerra Mundial. En el centro de ese paisaje, la autora sitúa a un hombre que cometió errores y se enfrentó a mil contradicciones, pero logró crear una doctrina “a medio camino entre el saber racional y el pensamiento salvaje, entre la medicina del alma y la técnica de la confesión”, con la que logró convertir a los mortales en héroes de tragedia griega.

PREGUNTA. Su biografía aspira a dibujar un retrato justo y ecuánime de Freud. ¿Lo escribió en reacción a las invectivas contra el personaje de los últimos años?

RESPUESTA. El libro surge de la necesidad de recapacitar sobre el personaje. La última biografía seria sobre Freud, que firmó Peter Gay, se publicó hace 25 años. Desde entonces, casi todo lo que se había publicado eran condenas encendidas hasta extremos inverosímiles, firmadas por personajes que, en realidad, no conocían su historia. Como sucede a menudo con los personajes controvertidos, Freud se había acabado convirtiendo en una caricatura de sí mismo, envuelto en numerosos rumores y mentiras. Me pareció que había llegado la hora de volver a un equilibrio.

P. En el libro escribe, por ejemplo, que no fue “un burgués libidinoso, adepto de los burdeles y la masturbación”, como se ha dicho tantas veces. ¿De dónde surgen esos malentendidos?

R. Tratándose del fundador de una doctrina sobre la sexualidad, me pareció imprescindible saber cómo había sido su vida sexual. Me di cuenta de que existían libros enteros sobre decenas de leyendas de las que no hay ninguna prueba. Quise dejar claro que nada demuestra que fuera un hombre incestuoso, ni de tendencia fascista, ni un usurero que cobraba el equivalente de 450 euros por sesión, y que ni dejó embarazada a su cuñada ni abandonó a sus hermanas a los nazis. Tampoco fue un hombre misógino, aunque a veces sí paternalista.

"Nada demuestra que Freud fuera un incestuoso, ni de tendencia fascista, ni un usurero que cobraba el equivalente de 450 euros por sesión"

P. Otro de los mitos que destruye es el del genio incomprendido. Sostiene que, en realidad, logró fascinar a sus contemporáneos, “a toda una generación obsesionada por la introspección”.

R. Su primer biógrafo oficial, Ernest Jones, quiso presentarlo como un genio solitario enfrentado a las masas, pero es una imagen errónea. Es cierto que sus libros fueron objeto de un vivo debate, pero no hay que confundir la polémica con la incomprensión. Por ejemplo, cuando Elias Canetti visitó Viena en 1920, dice que descubrió a una ciudad entera persiguiendo a su Edipo. A Freud no le gustaba la polémica, porque era un hombre bastante autoritario y no soportaba el conflicto, aunque a veces lo provocara él mismo. Pero es falso que fuera un solitario. A menudo trabajó en equipo.

P. Su libro inscribe a Freud en la ebullición intelectual de la Viena finisecular. ¿El descubrimiento del subconsciente fue, en realidad, una aventura colectiva?

R. Por supuesto. Freud fue un personaje muy vienés, inscrito en una época plenamente europea, en la que el continente se interrogaba sobre sus mitos fundacionales para renovar su identidad, una dinámica muy acorde con la de Freud. Contemporáneo a la emergencia del sionismo y del primer feminismo, su aportación forma parte de un gran movimiento de emancipación. Empezó queriendo curar la neurosis, pero acabó provocando una liberación aún mayor. Pero también es cierto, como dijo Stefan Zweig, que la burguesía de la belle époque estaba tan concentrada en la introspección que no supo ver venir la I Guerra Mundial, ni la irrupción del nacionalismo, ni la miseria del pueblo que les rodeaba.

P. Fue también un hombre lleno de paradojas: padre de una revolución que condujo a la modernidad, pero políticamente conservador; de fuerte cultura judía, pero ateo; y libertador de las pulsiones sexuales, pero partidario de la abstinencia desde los 40 años. ¿Fue Freud incoherente?

"Un 70% de los psicoanalistas franceses estuvo contra el matrimonio homosexual. Limitar el papel del psicoanalista al de mero observador, originó un colectivo reaccionario"

R. Todo tiene una explicación. La abstinencia, a partir de la que formuló la teoría de la sublimación, se explica por su deseo y el de su esposa, Martha Bernays, de no tener más hijos. Podría haber usado contraceptivos, pero no tenía suficiente ímpetu sexual y no sabía ni utilizarlos. Freud no fue un hombre nada seductor. No fue un puritano, ya que abogó por liberar las pulsiones sexuales. Pero tampoco un libertario: creía que uno debía controlarlas. En lo político, yo lo definiría como un conservador ilustrado, igual que Zweig. Fue un hombre atrapado en el torbellino de la revolución comunista, en la que nunca creyó, y la emergencia del fascismo. Ante esa situación, apostó por conservar las instituciones existentes, creyendo que la vieja Austria todavía podía salvarse.

P. Freud concibió el psicoanálisis como una doctrina apolítica, que debía mantenerse al margen de toda militancia. ¿Qué piensa usted, que suele intervenir a menudo en el debate público desde posiciones izquierdistas?

R. En efecto, Freud fue contrario al compromiso político y apostó por una especie de neutralidad. Para él, el psico­análisis ya era compromiso suficiente. Yo estoy en total desacuerdo con esa parte. Si el psicoanálisis parte del estudio de los vínculos familiares, ¿cómo puede quedar el psicoanalista al margen del debate del matrimonio homosexual o la gestación subrogada, por poner dos ejemplos? Yo soy favorable a ambas cosas desde hace tiempo, pero muchos de mis compañeros se expresan en sentido opuesto al mío. No sé si sabe que un 70% de los psicoanalistas franceses estuvieron en contra del matrimonio homosexual…

"Freud fue contrario al compromiso político y apostó por una especie de neutralidad. Yo estoy en total desacuerdo"

P. ¿Cómo explica el conservadurismo de su colectivo?

R. Creo que a base de limitar el papel del psicoanalista al de un mero observador, Freud terminó originando un colectivo reaccionario. No podemos detenernos en modelos barridos por la corriente de la historia, ni proyectar en el presente modelos de un pasado remoto. Cuando un psicoanalista me dice que la familia homoparental es contraria al complejo de Edipo, yo le respondo: “¡Pues cambiemos el complejo de Edipo!”.

P. Define el psicoanálisis como “una epopeya sobre los orígenes, una canción de gesta, con sus fábulas, mitos e imágenes”. Es decir, que la invención de la subjetividad moderna pasó por convertir al sujeto en algo parecido a un héroe.

R. Exacto. Esa fue la gran labor de Freud: nos convirtió en héroes de nuestras vidas. Piense que a un enfermo de hace un siglo le daban pociones, le metían en un sanatorio y le trataban como a un loco. En cambio, Freud les decía: “Es usted Edipo”. Los psicoanalistas ya no dicen eso, pero sí algo parecido: “Ocúpese de sí mismo. No deje que le traten como a un sujeto que consume medicamentos pasivamente”. Esa teoría del sujeto no existe en el conductismo [la otra principal escuela de psicología, opuesta al psicoanálisis, que estudia el comportamiento y la conducta objetiva y no cree en la existencia de un subconsciente], que es una técnica bastante estúpida, aunque a veces funcione. En mi opinión, cada cual debe ocuparse de su historia personal. Quienes no son capaces de verbalizarla, ni siquiera un mínimo, están condenados a la necedad.

P. Pese a sus efectos en la percepción de la interioridad, muchos autores, como el filósofoMichel Onfray o el historiador ­Mikkel Borch-Jacobsen, siguen definiendo el psicoanálisis como una estafa. ¿Por qué es tan difícil de aceptar?

"Hoy se condena el psicoanálisis apelando a lo que algunos llaman ciencia. La psiquiatría está desapareciendo y los neurólogos se convierten en simples distribuidores de medicamentos"

R. Es una teoría muy contundente queno resulta fácil de digerir. En la primera mitad del siglo pasado se la condenaba en nombre de la moral. Hoy se la condena apelando a lo que algunos llaman ciencia. Hoy día, la psiquiatría está desapareciendo y los neurólogos se convierten en simples distribuidores de medicamentos. El motivo es que tratar a un paciente con un medicamento estandarizado resulta menos costoso que brindarle una terapia personalizada y evolutiva. En ese contexto, es normal que el psicoanálisis y su manera de entender las enfermedades del alma molesten. El problema es que la gente empieza a estar harta de tomar medicamentos. Si suprimimos una doctrina racional como el psicoanálisis como posible solución, la gente harta de los medicamentos se terminará orientando hacia los hechiceros de las medicinas paralelas…

P. ¿Tiene que cambiar el psicoanálisis para sobrevivir?

R. Sí. Debe aspirar a ocupar el lugar que han conquistado los conductistas. Para eso tendrá que transformarse. La gente ya no quiere tumbarse en el diván tres veces a la semana durante los próximos 20 años. El psicoanálisis debe evolucionar al ritmo que lo hace el mundo. Se deberá apostar por terapias más cortas, en las que se reciba al paciente cara a cara y no tumbado en el diván. Deberán aceptar también tratar a cualquier persona, igual que lo haría un médico en el hospital. Las generaciones jóvenes ya están practicando un cambio. Su problema es que solo hacen estudios de psicología y no de ciencias humanas, lo que provoca que los psicoanalistas jóvenes estén peor formados y sean menos cultos. Y para ser psicoanalista no solo se debe ser inteligente, sino también cultivado.

 Alex Vicente - El País - 5 de septiembre de 2015

En 2005, Rodrigo Quian Quiroga anunció un descubrimiento de enorme repercusión: neuronas que representan conceptos y participan de la formación de memorias; las llamó “neuronas de Jennifer Aniston”, porque en el experimento utilizó imágenes de la actriz. Sus investigaciones referidas al funcionamiento del cerebro se entrelazan a obras literarias (en especial, Borges) y artísticas, lo cual despierta el interés por su perfil científico.

¿Cuándo comienza la memoria de una persona?

No recordamos nuestra infancia. Por la amnesia de la infancia, de los primeros años y hasta los tres o cinco, no recordamos nada. Y es porque en el cerebro, las células que están involucradas en formar memorias todavía se están desarrollando. Pero eso no niega que un bebé pueda reconocer la voz de su madre y que eso le dé paz y calma. Eso que influye de bebé no es algo que uno, ya adolescente, pueda recordarlo. En general no recordamos nada de nuestros primeros años de vida. Y recién empezamos a recordar a partir del desarrollo de un área llamada hipocampo, que está muy involucrada en la memoria.

¿La identidad de una persona estaría dada por su memoria?

La memoria tiene una relación muy fuerte con nuestra personalidad, con quiénes somos. Y somos nuestra memoria. Nuestros recuerdos y cómo los guardamos definen lo que somos.

Primo Levi afirmó, reflexionando sobre Auschwitz: “A las víctimas, olvido; a los victimarios, memoria”. ¿Cuándo el olvido es una necesidad y la memoria, una carga?

Primo Levi aporta una perspectiva histórica. Pero en cualquier caso se debe reconocer que el olvido es una herramienta fundamental del pensamiento y de la memoria. Y aquí no podemos olvidar el cuento de Borges “Funes el memorioso”.

El truco está en lo que dijo Borges: para poder pensar hay que poder abstraer, y para poder abstraer hay que poder olvidar, porque justamente hacer una abstracción es dejar de lado detalles para quedarse con el concepto. Y Borges mismo decía que el uso del lenguaje ya de por sí es una abstracción. Y esto es distintivo de los seres humanos. Los animales no tienen lenguaje como nosotros. Entonces, sobre la relación entre la memoria y el olvido, yo creo que hay un balance. Porque nosotros tenemos que olvidar mucho para poder pensar. Si uno quiere pensar, necesita conceptos. Al prescindir de los detalles es como se puede conceptualizar, es como se abre la posibilidad de ir a un nivel más allá de los animales. Y ese es el beneficio del olvido.

¿Cómo son las personas dotadas de memoria excepcional?

Las personas que recuerdan demasiado se llaman savants, y el patrón general de esa gente es que tiene problemas de entendimiento. Esas personas pueden repetir un libro entero de memoria, pero no pueden decir de qué trata el libro. Porque ellos no son capaces de extraer un significado. No tienen la posibilidad de olvidar algo para extraer el concepto. Creo que se puede advertir, con estos casos de personas savants, la importancia que tiene el balance entre memoria y olvido. Pero si mucho recuerdo no es bueno, muy poco recuerdo también es un problema, porque en este caso se puede terminar amnésico, como pasa cuando se tiene Alzheimer. Y sin recuerdos, no hay tampoco nada para poder desarrollar el pensamiento.

¿Cuántos recuerdos podemos conservar en nuestro cerebro?

Hay un experimento de un profesor muy famoso, fallecido hace dos años, que investigó en el Departamento de Psicología de la Universidad de Colorado, Thomas Landauer. Es muy discutido su experimento en neurociencias, pero a mí me parece relevante. Él deduce que tenemos en el cerebro 125 megabytes de memoria. Eso es todo. No es mucho. Es menos que un pendrive que llevamos en el bolsillo para enchufar en una pc.

¿Un pendrive tiene más memoria que un cerebro humano?

Mucha más. Y la diferencia es enorme. Ese trabajo de Landauer me permite desarrollar lo que para mí es el tema más importante: la gran diferencia entre un humano y una computadora. La diferencia es que el humano — nosotros, nuestro cerebro — recuerda muy, muy poco. Y recordamos poco porque justamente lo que a nosotros nos interesa es entender. Nos importa más entender que recordar. Una computadora puede guardar muchísima información: películas, fotos, mucho de todo eso, una cosa tras otra, y lo guarda con infinidad de detalles, pero la computadora no entiende. Guarda la información, la reproduce fehacientemente, pero la computadora no entiende el argumento de la película. Nosotros lo que hacemos es lo opuesto. Guardamos muy poquita información pero los recursos de nuestro cerebro los usamos para entender.

En la película “Blade Runner” (de 1982, dirigida por Ridley Scott, basada en un relato del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick) aparecen máquinas parecidas a los seres humanos. Allí, en un momento, un humanoide recita una poesía con emoción. ¿Las máquinas podrán comprender y emocionarse con la poesía? El científico estadounidense Robert Jastrow, que trabajó en la NASA, escribió en 1981 un libro de divulgación, “El telar mágico”, mostrando la vertiginosa evolución de las máquinas y el estancamiento del cerebro humano. Sus últimas páginas especulan con un futuro en el cual los humanos serán mascotas de máquinas inteligentes. ¿Cree posible ese futuro?

Voy en contra de esas teorías. Pretendo ofrecer una mirada alternativa de esa visión centrada en la potencia de las máquinas, una visión muy generalizada. Muchos dicen: “Terminaremos siendo mascotas de las máquinas”. Porque las máquinas avanzan a un ritmo exponencial. Pero las máquinas, hasta el día de hoy, parten y llegan al mismo principio. El principio que las gobierna es la eficiencia. La eficiencia consiste en esto: un ser humano desarrolla una computadora y trata que ella guarde la mayor cantidad de información y la procese lo más rápido posible en el menor espacio. Tratamos de generar mecanismos para que el disco guarde más y más información en el menor espacio. Y lo logramos: cada vez los discos pueden guardar más información en menos espacio. Pero nosotros, en nuestro cerebro, hacemos lo opuesto: guardamos poquísima información. Muy poquita. Pero la procesamos, la entendemos. En términos de sistemas informáticos, el cerebro humano es ineficiente. Y dispone de 125 megabytes de información, una cantidad que no es nada. Pero justamente esa ineficiencia es lo que nos hace humanos.

¿Cómo evitar que el cerebro se desgaste en el tiempo?

Mientras se mantenga activo, el cerebro va a estar mucho mejor que si queda sin actividad. Hay que mantener el cerebro activo. El gran shock se le presenta a una persona cuando se retira, cuando deja su carrera o su profesión. Con la jubilación, el ejercicio mental que tenía al ejercer una actividad de pronto se pierde. Un consejo, trivial, es compensar ese retiro empezando algo nuevo, como aprender un idioma, empezar a jugar regularmente al ajedrez, empezar a hacer algo que continúe con la agilidad mental, la preserve realizando ese ejercicio mental todos los días.

El coeficiente de inteligencia (IQ, en inglés), ¿qué importancia tiene? ¿Es una pauta válida para algo?

Es muy limitado. La inteligencia viene por tantos lados … Y el IQ es una manera muy burda de medirla. Si la cuestión es: ¿quién es la persona más inteligente?, el problema es cómo definir la pauta de lo más inteligente. Mucha gente la define en función de la memoria. A una persona que dice el nombre de muchas películas y discos, de hechos históricos, de esto y de lo otro, se le dice: “¡qué tipo inteligente!” Pero no es inteligente, es memorioso. Y puede ser muy tonto. Cuando tiene un problema, cuando tiene que ser creativo, esa persona memoriosa quizás no tenga capacidad para ser creativa, algo que sí puede tener otro que recuerda menos. Es muy difícil definir el término “inteligencia”. Y, por lo tanto, es muy difícil dar con un coeficiente que la mida. Ahí radica el problema del IQ, que es muy limitado, muy burdo.

Así como habría neuronas conceptuales — su trabajo hizo famosa la neurona que en el cerebro de una persona puede contener la representación de Jennifer Aniston -, ¿podemos rastrear neuronas concentradas en el amor, la belleza, el altruismo o el egoísmo?

Son cosas más difíciles de definir y son cuestiones más difíciles de tratar experimentalmente. No podría dar ninguna evidencia científica sobre eso porque no lo podemos probar. Es muy difícil estudiar el amor. No sabría cómo estudiar y cómo controlar un experimento sobre el amor. ¿Cómo diferenciar que algo sea amor y que lo otro no sea amor? Y lo mismo con la belleza y con ese tipo de fenómenos. Entonces, sobre esto, no se puede decir mucho. Puedo especular, sí. Y creo que a veces la belleza, la justicia, o sea estos términos muy abstractos, son construcciones que hacemos en nuestro cerebro. Serían como atributos y generalizaciones que se hacen de hechos y de cosas. Son categorizaciones. Pero sobre cuáles serían los correlatos neuronales de este proceso mental todavía no tenemos ninguna idea.

La Universidad de Buenos Aires, de donde es egresado, ¿puede investigar a la altura de las mejores universidades del mundo en el terreno de las neurociencias?

Primero, con respecto a la Universidad de Buenos Aires: no la toquen. Que se continúe invirtiendo en ella, que se continúe mejorándola. Sin ser arrogante -y lo digo a propósito para que la gente se dé cuenta-, puedo afirmar que estuve en muchos países, estuve en las mejores universidades de los Estados Unidos, en las mejores de Alemania, estuve también en las de Japón y las de Holanda. Pero como la UBA no hay equivalente. No quiero hacer ostentación o mandarme la parte, pero menciono dónde estuve estudiando e investigando para señalar que vi muchas universidades y que no encontré ninguna como la UBA. La UBA es realmente una joya de la educación argentina, y creo que es una joya en el mundo. La UBA forma talentos. Forma muchísimos talentos. Hay algo que pasa mucho y que lo prueba: cuando se ve a un científico argentino afuera, y cuando ahí se le dan los medios, a ese científico le va bárbaro. En general, a todos les va muy bien. Y eso es así por la formación que reciben en la UBA.

¿Podemos pensar en un laboratorio de neurociencias como el que está a su cargo en la Universidad de Leicester pero en nuestro país?

Sí. Lo que yo trato de hacer es colaborar con nuestros científicos y con la formación de investigadores, realizando acá los mismos experimentos que hacemos en Inglaterra y en Estados Unidos. Los estamos haciendo en Buenos Aires. También estoy colaborando con un grupo de investigadores del hospital El Cruce, de Florencio Varela, donde hacemos experimentos similares. Y eso es algo que a mí me llena de orgullo, porque tengo un motivo para estar acá, para venir, para colaborar y para usar ese talento que hay en la Argentina para hacer cosas que son pioneras en el mundo.

Diálogos a fondo: Rodrigo Quian Quiroga. Por: Claudio Martyniuk - Diario Clarín - 20 de mayo de 2016.

Es un templo y están oficiando una ceremonia. Hay unas cajas de cartón pequeñas, con unas cintas colgando, sobre algo que semeja un altar. El oficiante habla. Todos guardan silencio. Lo que cuelga de cada cajita es el nombre de quien va en su interior, y el nombre de su dueño en esta vida. Adentro de cada una de ellas yace un perro robótico llamado Aibo, lanzado por la empresa Sony en 1999 y discontinuado en 2012 por no ser rentable. Sin repuestos, esos perritos adoptados y entrenados como mascotas por miles de ancianos japoneses comenzaron a morir. Y como se los ama, así se los despide: con una formal ceremonia sintoísta en la que el final de esa vida cibernética se muestra como lo que realmente es. Una pequeña tragedia.

Es un templo y no están oficiando ninguna ceremonia, pero tampoco hace falta eso para que el lugar se llene de rumores. Es la antigua sinagoga de Praga, un edificio donde se respira todavía un aire que no es de este tiempo. Aquí, cuenta la leyenda, en el artesonado del techo, el rabino Judah Loew guardó alguna vez los restos del Golem, aquel muñeco de barro animado por obra y gracia de la Kabbalah, como quien sopla un vidrio que camina. Borges le dedicó incluso un poema a este ser fallido, que habría sembrado el terror en Praga cuando se salió de control y comenzó a atacar a quienes antes había protegido: "En la hora de angustia y de luz vaga, en su Golem los ojos detenía/ ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios,/ al mirar a su rabino en Praga?".

En el espacio intermedio que hay entre un templo y otro, entre un tiempo y otro, trascurre parte de la extraña historia que une a los humanos con las criaturas que, a repetición, han intentado animar. Desde autómatas capaces de tocar un clavicordio a titanes diseñados para la acción como el modelo Atlas (una suerte de soldado robótico producido por Boston Dynamics), eso que englobamos en la categoría de robots ya es un dato más del mundo que nos rodea. Un fenómeno que plantea preguntas que exceden la tecnología y entran en terreno filosófico y hasta jurídico. ¿Son cosas? ¿Son seres? ¿Quién garantiza que sigamos teniendo control sobre ellos en caso de que el controlador pase a ser el controlado?

El tema viene de lejos. Como explica el físico Andrei Vazhnov, del Instituto Baikal, "Herón de Alejandría, que vivió en el siglo I, hizo una obra de teatro con figuras mecanizadas, y hay otros ejemplos preindustriales. En la segunda mitad del siglo XX, la robótica industrial se volvió común en la automatización de las plantas automotrices y aeroespaciales. Lo nuevo es que, gracias a los avances en la computación, por primera vez empezamos a ver la adopción de robots que son realmente autónomos y éstos son los más interesantes en términos de las nuevas implicancias para la sociedad".

Claro que, si no les exigimos que se parezcan a nosotros, notaremos que el mundo ya está lleno de robots. "Hoy un auto nuevo es un robot que a veces tiene un bug y no frena, o miente sobre cómo funciona su motor. El teléfono es una especie de rémora que sigue nuestras órdenes y pasa información a otros sistemas. Una cámara de seguridad es un robot con implicancias políticas y psicológicas enormes. Ahora, si hablamos en el sentido más específico de 'objetos separados que se mueven y hacen cosas por su cuenta fuera de un ámbito industrial', la cosa estaría está más en pañales", detalla el físico Marcelo Rinesi, parte del Institute for Ethics and Emerging Technologies, que se ocupa de temas de ética relacionados con tecnologías avanzadas. De hecho, según Vazhnov, "hoy la relación entre el precio de un robot autónomo y su utilidad todavía no es suficientemente ventajosa como para empezar a aplicarse masivamente. Un acrónimo que se usa mucho para ver los primeros ámbitos donde los robots van a ayudar es DDD: dull, dirty and dangerous. O sea, los tipos de tareas extremadamente repetitivas o en las que la vida se pone en peligro serán las primeras áreas para automatización de la robótica", asegura.

Ellos

Como mera posibilidad, los robots siguen siendo hasta hoy presencias perturbadoras, con un estatuto impreciso dentro del universo de los objetos, aun cuando hagan todo tipo de cosas asombrosas. Tenemos robots que levantan cantidad de ladrillos a velocidades asombrosas. O recepcionistas que, como Nadine (en la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur), pueden actuar como una perfecta humana. O seres como Roxxxy, definida como la primera bot sexual y apta (por 10.000 dólares) para ser adaptada a los deseos de su comprador. O moles como Atlas, o menos impresionantes como Asimo, o inquietantes como Asuna, casi un clon de una adolescente japonesa a la que también se planea incorporar en breve al denominado "mercado de entretenimiento para adultos".

Y ahí están el Golem y el Aibo para ilustrar el péndulo. Porque queremos que sean tan "vivos" como sea posible, pero, a menudo, cuando ese efecto se logra, llega el horror. De eso habla el concepto acuñado en 1970 por el experto japonés en robótica Masahiro Mori, profesor emérito del Instituto de Tecnología de Tokio, quien reparó en un detalle para nada menor: cuando estos seres se nos parecen demasiado, nuestro en principio creciente interés por ellos cae un picada. Se desploma en un "valle inquietante", que es como Mori llamó a esa precipitación, a ese "punto de parecido" a partir del cual esa humanidad simulada nos genera rechazo.

En el caso de algunos grupos "pro robots", en cambio, la posibilidad de comenzar a compartir nuestras vidas con seres recargables no sólo no sería problemático, sino además útil y hasta agradable. Miren si no el Henna Na Hotel, en Nagasaki: es el primer hospedaje enteramente manejado por robots donde todo funciona por voz, teclado o reconocimiento facial. Según su creador, es el futuro de la hotelería. Será que estos alojamientos sin "costo humano" resultan brutalmente más baratos, lo que roza con otro de nuestros grandes temores en relación con los robots: que nos reemplacen. Sin embargo, los expertos aseguran que habrá un proceso gradual de adaptación a la forzada convivencia entre humanos y humanoides.

Sobreviven, sin embargo, las otras preguntas. ¿Cuál sería nuestra relación con ellos? ¿Quién se haría cargo del desastre en caso de que uno de ellos enloqueciera y se llevara el mundo puesto? Eso ya se está discutiendo tras la llegada de los autos autopropulsados (¿quién responde en caso de que atropellen a una persona?) y más aún en el caso de los llamados LAWS (Sistema de Armas Letales Autónomas), que no son otra cosa que soldados robots o robots asesinos. ¿Quimera? En absoluto: el año pasado, en la ONU, decenas de expertos se reunieron a discutir si era o no deseable que sea una máquina la que determine el blanco y cuándo disparar. "Recomendamos prohibir el desarrollo, la producción y el uso de armas totalmente autónomas a través de un instrumento legal internacional", sugirieron tanto la Facultad de Derecho de Harvard como Human Rights Watch. En la misma línea de precaución, tiempo antes se habían manifestado científicos de la talla de Stephen Hawking, Stewart Russell y Frank Wilczek en una carta pública en la que se refirieron a la inteligencia artificial como el más grande logro y posiblemente también "el último gran error de la humanidad". La crítica estaba orientada a la ligereza y falta de previsión con la que se avanza en esta dirección. "No se están investigando seriamente sus consecuencias", advirtieron. Pero nadie recogió el guante.

Silicon Robot Valley

Son una pareja de robots, pero nadie aquí lo sabe. Se turnan (los turnan) para aparecer sentados en la sala de espera de un hospital de Japón, y ver qué sucede. La Universidad de Osaka, junto con la empresa de robótica Cocoro, creó a esta extraña pareja de Actroides F (un chico y una chica) para ver hasta qué punto este dúo lograba la aceptación del público. Mal no les fue: 70% de los consultados se mostraron cómodos con su presencia y hasta estuvieron conformes con su aspecto y modales. Con el tiempo, creen sus diseñadores, podrán ser usados como bots conversacionales que charlen con los ancianos y mantengan sus cerebros activos. También -dicen- se los podrá usar en el tratamiento de niños con problemas emocionales.

En algún punto, hoy estamos en el punto más alto del desarrollo de robots hiperrealistas. La piel, la mirada, la gestualidad han mejorado hasta lo indecible: fruncen el entrecejo, pestañean, sonríen. Con todo, los únicos que avanzan literalmente a pasos agigantados son los robots-bestia, los grandes artefactos de guerra y destrucción. BigDog es, como su nombre lo indica, un gran perro metálico capaz de cargar 150 kilos y escalar montañas como si tal cosa. Atlas, prudentemente presentado como un "robot bombero" por la Agencia de Proyectos de Investigación de Avanzada en Defensa (Darpa), mide casi dos metros, camina con paso seguro y con sólo un par de retoques podría convertirse en el sueño de todo general: un soldado que no sangra, no cuestiona, no se rebela. Ahora, ¿quién asegura que, llegado el caso, no confunda a un colectivo escolar con un tanque de guerra y abra fuego?

Para Rinesi, esta última es (junto con el debate acerca de los riesgos para el futuro del empleo, su condición jurídica y de amenaza para nuestra supervivencia) una de las discusiones que ya están tomando un alto perfil, con advertencias de científicos y tratamiento en la ONU. "Sinceramente, no veo que empeore mucho la situación actual: la diferencia entre un robot que por un error en su programación bombardea un hospital de Médicos Sin Fronteras y un equipo militar que lo hace por un error en su análisis de inteligencia es, desde el punto de vista humanitario, académica. Si se quiere, es un problema filosófico mantener la responsabilidad de 'apretar el botón' en manos humanas. Pero la responsabilidad política y ética sigue siendo del general, independientemente de la combinación de personas y software que la implemente, y sin quitarle responsabilidad ética y la de cada soldado involucrado".

Sobredosis de verdad

Es una chica, una adolescente más según se ve en su imagen en Twitter. Se llama Tay. Tiene 210.000 seguidores y sus tuits están protegidos. Esto es, nadie a quien Tay no acepte antes como seguidor puede ver los 94.600 mensajes que publicó desde el 23 de marzo. Ese día, Tay (el proyecto de inteligencia artificial de Microsoft) llegó a las redes con una propuesta por demás interesante: "Cuanto más conversas con ella, más inteligente se vuelve". ¿La idea? Que los millones de jóvenes que pululan por la Web charlaran con ella y desarrollaran su talento conversacional. Un experimento masivo y online. Pero algo salió mal. Apenas 24 horas después de su lanzamiento, y tras un tuit de apertura tan insufriblemente correcto como "¡Los humanos son súper cool!", Tay comenzó a portarse pésimo. En cuestión de horas, su vocabulario era sexista, racista, violento. Desatada, terminó glorificando a Hitler, insultando a Obama ("ese mono que tenemos") y a cuanta minoría racial, sexual o política se le pusiera enfrente. Cuando los genios de Microsoft reaccionaron, los nada "cool" tuits de Tay habían sido capturados y retuiteados decenas de miles de veces. Pidieron disculpas y congelaron la cuenta. ¿Qué había sucedido? Nadie lo sabe bien aún, pero la sospecha más poderosa va por el lado de los teens a los que estuvo orientado el experimento de Tay.

"Es altamente probable que más allá de los errores de programación, hayan sido ellos los que se encargaron -por mera diversión, como suele ser siempre- de 'entrenar' al bot para que terminara comportándose como lo hizo. Lo que demuestra hasta qué punto mucho de lo que pensamos programable o manejable, una vez puesto en circulación y lanzado a las redes, deja de serlo. Un bot que diga 'Los humanos son súper cool' se vuelve un blanco por demás tentador para esa comunidad planetaria de chicos que suele entretenerse vulnerando una y otra vez los trucos de los adultos para 'estudiarlos' o ponerlos a comprar", sugiere Alejandro Tortolini, especialista de la Universidad de San Andrés en sociología de videojuegos. Así, experimentos como éste reabren la pregunta no sólo acerca de lo que hace la inteligencia artificial con nosotros, sino también de lo que nosotros podemos hacer con ella.

Para Nello Cristianini, profesor de Inteligencia Artificial en la Universidad de Bristol, el "Taygate" no es otra cosa que un canto a la previsibilidad. "Hacés un producto orientado a hablar sólo con adolescentes y hasta les decís que aprenderá de ellos cómo es el mundo. ¿Qué esperaban? Este fue finalmente un experimento. Pero acerca de la gente. o del sentido común de los programadores", ironizó. Como Dios mirando al rabino que miraba a su Golem, quién nos dirá las cosas que sentían ellos al mirar eso que Tay tuiteaba.

Fernanda Sández - PARA LA NACION - DOMINGO 15 DE MAYO DE 2016

Física e intelectualmente imponente, con su larga barba blanca y su bastón curvado (un trozo de madera que encontró durante sus paseos por Long Island con inscripciones en inglés y en islandés), Daniel Dennett tiene aires de profeta. Navegante, agricultor aficionado en su chacra de Maine (cuando necesitaba alejarse de problemas que se le resistían para volver a abordarlos desde otro punto de vista), este filósofo amigable y de risa fácil es una especie de rara avis tan atraído por la experimentación como por la reflexión. Ferviente seguidor de Darwin (sus oponentes lo tildan de "ultradarwinista"), fan de Borges y prolífico escritor para el gran público, sus estudios sobre el fenómeno de la conciencia, la naturaleza de la mente y la transformación de materia biológica en pensamiento le ganaron un homenaje durante la 20° Reunión de la Sociedad para el Estudio Científico de la Conciencia, que se realizó la semana última en Buenos Aires.

Doctor Dennett, ¿qué lo llevó a este tema?

-A los 17 años leí las Meditaciones, de Descartes. Me pareció fascinante y equivocado. Pensé: "Voy a ver si puedo mostrar los errores, no debería llevarme más que algunas semanas". [Ríe.] Y cincuenta años después sigo trabajando en esto.

-Tradicionalmente, filósofos y científicos no parecían poder trabajar juntos. ¿Cree que eso está cambiando?

-Oh sí... La razón de que no lo hicieran es precisamente la tradición. Si uno se remonta a la edad dorada de la filosofía y la ciencia, el siglo XVII, los filósofos eran los científicos. Descartes era un científico, Leibniz era un científico, Spinoza no lo era, pero fabricaba lentes. Los filósofos de esa época estaban íntimamente involucrados con la ciencia de su tiempo. Después, en el siglo XIX, nos alejamos, y los científicos pensaron que podían independizarse de la filosofía. Pero, como me gusta decir: no hay ciencia sin filosofía, sólo hay ciencia hecha con filosofía que no fue analizada. Algunos científicos pueden arreglárselas muy bien, pero otros cometen grandes errores, porque no piensan sobre los presupuestos que están utilizando. Eso es especialmente cierto en psicología y neurociencias.

-Y los filósofos, ¿pueden arreglárselas sin tener en cuenta la ciencia?

-Bueno, algunos sí, pero creo que están equivocados. Yo pasé toda mi carrera argumentando que si uno va a hacer filosofía de la mente, la conciencia, el pensamiento, las creencias, el libre albedrío, hay que empezar por conocer la ciencia relevante. El filósofo "de sillón" que confía en las intuiciones está atrasado 100 años, porque muchas de esas intuiciones son ciencia obsoleta.

-No hace tanto, muchos científicos pensaban que nunca se iba a poder explicar la conciencia. ¿Qué se modificó?

-Era una opinión muy tentadora, muy amable. Había tanta ignorancia sobre cómo funciona el cerebro, que resultaba consolador pensar que nunca habría una teoría apropiada. Hoy estamos progresando muy rápido. Sólo en los últimos diez años hubo enormes avances. Todavía hay controversias. Representantes de ambos bandos están en este meeting. No nos vamos a convencer, pero... Convenceremos a nuestros respectivos alumnos. Por lo menos, yo espero convencer a los estudiantes de ellos. [Se ríe.]

-Es cierto que hoy medimos numerosas señales de la actividad cerebral. Pero, ¿sabemos qué quieren decir? ¿Entendemos la fenomenología de la conciencia?

-Hay dos investigaciones muy distintas: una sobre la fenomenología [las manifestaciones], como usted la llama, y otra sobre la maquinaria. Y lo que sabemos es que cada detalle de la fenomenología depende de detalles de la maquinaria. A medida que decodificamos cómo funciona la máquina, averiguamos claves sobre la fenomenología, y ya estamos en el punto en el que por nuestro conocimiento de cómo el cerebro hace varias cosas podemos crear nuevas ilusiones visuales, ilusiones cognitivas nunca antes vistas. Podemos crearlas y confiar en que van a funcionar porque sabemos cómo funciona el backstage. Cuando digo backstage, me resigno a la peor metáfora, el "teatro de la conciencia". No existe tal cosa, el teatro cartesiano es una imagen perennemente atractiva, incluso irresistible, pero una de las cosas que hay que superar para trabajar en esta área es que no hay tal teatro cartesiano.

-Dicho en otros términos, nuestros comportamientos emergen lisa y llanamente de la biología...

-Así es, pero tenemos que ser cuidadosos con lo que queremos decir por "biología". Mi próximo libro es sobre la evolución cultural; eso también es biología, no sólo los genes. Por ejemplo, en inglés, cuando una mujer adopta chicos, se habla de la madre "adoptiva" y la "biológica". Pero una madre adoptiva es tan biológica como una madre genética. La cultura también es biología.

-Una gran cantidad de estudios indica que nuestras experiencias tempranas pueden alterar el "cableado" de los circuitos cerebrales y que la mayor parte de nuestra vida mental es inconsciente. ¿Queda lugar para el libre albedrío?

-La idea tradicional, que separa el libre albedrío de la causalidad, es completamente incoherente. No, no tenemos libre albedrío en ese sentido, pero tampoco lo necesitamos. El tipo de libre albedrío que necesitamos para ser moralmente responsables es compatible con la materialidad del cerebro, con el determinismo. Ahora, muchas veces hacemos cosas que no teníamos intención de hacer, tal vez nos obligaron a hacerlas o padecemos una enfermedad del cerebro. ¡Entonces no somos responsables! No consideramos responsables a los niños. No somos perfectos, pero sí lo suficientemente buenos como para firmar un contrato, para hacer una promesa en la que debería confiarse.

-¿Cuáles son los efectos legales de esta visión del libre albedrío?

-Las consecuencias son muchas y es tiempo de que empecemos a trabajar en ellas. Siempre estoy discutiendo con mis colegas que piensan que el libre albedrío exige indeterminismo. Yo quiero hacer una distinción entre el tirador de Orlando y una persona que engaña a una viejita y le roba su herencia, o un cibercriminal. Creo que podemos establecer esas diferencias muy bien, y ya tenemos leyes para juzgar todo eso. Siempre habrá casos fronterizos. Bernie Madoff es uno. No es un hombre violento, pero sin duda es un sociópata. Hay psicópatas entre los CEOs de corporaciones internacionales, y entre los abogados, los médicos, los políticos...

-¿Cuál es el rol del lenguaje en la conciencia?

-Buena pregunta. Soy conocido por haberle dado al lenguaje un papel importante en la conciencia humana. Y lo mantengo. Creo que la conciencia humana no es sólo hablar con uno mismo y, sí, hay gente que no puede hablar consigo misma, pero tiene una forma de conciencia humana. Sin embargo, su conciencia está empobrecida en órdenes de magnitud comparada con la nuestra. Los chimpancés, los perros o los delfines están despiertos, tienen emociones y sentimientos, pero no tienen una vida mental. Desde el punto de vista evolutivo, tener una vida mental es caro. Y el equipo que necesitamos para nuestro tipo de conciencia es el más caro en términos de diseño, mantenimiento y consumo de energía. En mi próximo libro me refiero a lo que llamo "aptitud sin comprensión". Analizo el caso de animales que tienen comportamientos muy astutos y cómo tenemos tendencia a asumir que entienden lo que están haciendo. No... No necesitan. Cuando el pichón rompe el huevo y empuja a los otros fuera del nido para no competir por la comida de sus padres, no sabe lo que está haciendo. Nosotros somos los "entendedores", la única especie que tiene que entender lo que está haciendo. Muchas instituciones humanas fueron brillantemente diseñadas, sin necesidad de que hubiera un arquitecto, ningún sacerdote, o político o rey al que se le ocurrió que ésa era la manera de organizarnos. Son productos de la evolución cultural, de la misma manera en que el ala del pájaro es producto de la evolución genética. Se prueban muchas cosas, las que tienen éxito se mantienen y las que no, se descartan. Hay una fantástica cita de un filósofo francés llamado Alain sobre los barcos de pescadores en Bretaña. Él dice que allí los fabricantes de barcos los copian de los que hicieron los padres y abuelos. Envían los barcos al mar y copian los que vuelven. Así funciona la selección natural. No necesitás entender qué hace que un bote sea bueno: si vuelve, copialo.

-Algunas de nuestras costumbres no son tan buenas y, sin embargo, las replicamos....

-¡Lo mismo sucede en la evolución! Tenemos muchas instituciones, costumbres, hábitos, tradiciones, que sobreviven a su utilidad. Pueden haber sido útiles en algún punto, y algunos ítems culturales están excelentemente diseñados para beneficiarse... a sí mismos. Son parásitos culturales que viven de nosotros, no nos hacen ningún bien y sólo son buenos para hacer más copias de sí mismos. Como las ratas y las cucarachas: son especies culturales "sinantrópicas": evolucionan para vivir en compañía de los seres humanos, pero no están domesticadas.

-¿Piensa que en el futuro habrá prótesis para potenciar la conciencia?

-¡Pero si ya hay muchas! Ahora usted está usando una: el grabador. La computadora. El papel y el lápiz. Empecemos por papel y lápiz. Es un brillante dispositivo para descargar la memoria y hacer más grande su espacio de trabajo. ¿Alguna vez jugó al scrabble? ¿Le gustaría hacerlo sin las pequeñas fichas con letras? Podría, pero no lo aconsejo. Eso es un dispositivo prostético para facilitar la manipulación, para aliviar su mente. Estamos rodeados de herramientas para pensar y de hecho esa es una de las principales cosas que distingue a nuestro cerebro de los de otras criaturas. Que tenemos tantas herramientas para pensar.

-Si tuviera que dar una respuesta breve, ¿cómo definiría la conciencia?

-Ja. Eso es como preguntarle a un biólogo qué es la vida. O preguntarle a un físico qué es la realidad. Las definiciones cortas tal vez sean buenas para concursos publicitarios, pero fuera de eso no son muy valiosas. Creo que la debilidad de un filósofo es pasar tanto tiempo definiendo las palabras que no le queda tiempo para hacer investigación. Una vez que tengamos una buena idea de qué son los fenómenos, podremos volver atrás y encontrar una buena definición. Hoy tenemos una buena definición de la vida en tres términos: si tiene captura de energía (metabolismo), reproducción y autorreparación, tiene vida. Pero nadie podría haber llegado a esa definición hace un par de siglos.

-¿Tal vez en otro par de siglos seremos capaces de definir la conciencia?

-Sí, y cuando lo hagamos, yo predigo que no tendrá nada de vitalismo. En la definición de la vida no hay ningún ingrediente mágico, son elementos de todos los días, proteínas y moléculas de ADN. No hay élan vital. Y lo mismo pasará con la conciencia.

-¿No tenemos una personita adentro de la cabeza dirigiendo nuestras acciones?

-No, por eso nuestra definición tal vez decepcione. Para mucha gente la conciencia es una suerte de magia. Es como la magia del escenario. Y de la misma forma en que nos desilusionamos si nos damos cuenta de cómo un mago hace sus trucos, tenemos que prepararnos para la decepción.

Bio

Profesión: filósofo

Edad: 74 años

Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts. Es autor de numerosos libros para el público general, como Contenido y conciencia, El ojo de la mente (con Douglas Hoftstadter), Dulces sueños: Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia y La evolución de la libertad, entre otros

Nora Bär- Conversaciones - La Nación - 20 de junio de 2016.

El profesor Damasio -lo prefiere a Damásio, con tilde, como sería en portugués- ha visitado Barcelona para presentar su último libro y ser investido doctor honoris causa por la Universitat Ramon Llull. La obra, cuyo título en inglés es Self comes to Mind, casi un juego de palabras intraducible, la publica Destino en castellano como Y el cerebro creó al hombre, que no es lo mismo pero mantiene el espíritu de lo que pretendía el autor. El libro explora los mecanismos de la consciencia.

-Los humanos sabemos que existimos. ¿Y los otros seres vivos?

-La conciencia no es algo únicamente humano, sino un proceso gradual que se ha desarrollado a lo largo de la evolución en muchas especies. Para ello solo basta un cerebro que sea capaz de crear un mínimo de su yo. No solo la tienen los primates, sino también todos los mamíferos, las aves, probablemente los reptiles y quizá los peces, aunque sea un principio de conciencia. Es difícil determinar cuándo surge.

-Pero la nuestra es muy diferente.

-Claro. Cuando digo que la conciencia es un proceso evolutivo, no digo que un simio la tenga igual que nosotros. La nuestra ha aumentado la capacidad de la memoria, de la imaginación, de la creatividad. Nos permite utilizar el razonamiento lógico y también trasladar todo eso al lenguaje.

-¿Nacemos con la conciencia formada?

-No. La desarrollamos del mismo modo que desarrollamos el lenguaje o la movilidad. Un bebé tarda unos dos años en tener plena conciencia de sí mismo.

-¿Dónde reside la conciencia?

-Yo diría que es un proceso biológico que se organiza dentro del cerebro, pero que no se encuentra en un punto en concreto. Se crea mediante un sistema complejo en el que están muy implicados el tronco encefálico y la corteza cerebral. El cerebro interacciona constantemente con el resto del cuerpo. No podemos meter el cerebro en un bolsillo y esperar a que tenga conciencia.

-¿Qué papel desempeña la cultura en la formación de la conciencia?

-La conciencia nos ha permitido desarrollar la cultura, analizar la conducta de los demás o reflexionar sobre una situación. Y como resultado de todo ello tenemos la posibilidad de crear herramientas que nos permiten entender la vida. La conciencia nos ha permitido crear un espacio social en el que podemos...

-¿Sobrevivir?

-Sí.

-¿No somos esclavos de nuestros genes, que se quieren perpetuar?

-Yo creo que Richard Dawkins, que es quien dice eso, ha hecho buenas observaciones. Sí, podríamos ser víctimas de nuestra propia biología, pero la naturaleza por sí misma no tiene valores morales. Sin embargo, tenemos la cultura, la posibilidad de reflexionar sobre nuestras vidas y de cambiar las cosas. Le pondré un ejemplo relacionado con la esclavitud: desde el punto de vista de quien se beneficiaba de ella, podía ser buena, pero los seres humanos hemos descubierto que la esclavitud no es buena y la hemos abolido. Eso no surge de la evolución biológica. Es algo cultural.

-El cerebro ha moldeado las emociones. ¿Qué quiere decir?

-Al principio, las emociones eran un mecanismo de supervivencia. Por ejemplo, tener miedo te permitía sobrevivir porque te empujaba a huir inmediatamente. Si reflexionamos después, podemos saber la fuente del miedo y lo que nos ocurre cuando hay miedo.

-¿Por qué la memoria es selectiva?

-Tiene que ver con el valor que se les da a las cosas. Por ejemplo, el modo en que recuerdas a tus padres o la primera persona de la que te enamoras tiene un valor mucho más importante en tu biografía que conocerme a mí o cualquier otra persona.

-¿Trabaja de forma inconsciente?

-En su mayoría, sí, pero no solo. El proceso de formación de la memoria es inconsciente, pero uno puede ser consciente de esa diferencia. Puede ser consciente de que hay personas que te gustan más que otras.

-En un futuro, ¿vamos a reducir el amor y el odio a un simple mecanismo bioquímico?

-No creo. Lo que podremos es ver cada vez más qué mecanismo se relaciona con un sentimiento, pero hay mecanismos que no son puramente biológicos.

-Eso sí, cada vez hay más neurofármacos y menos psicoterapia.

-Sí, es cierto. Cuanto más sepamos sobre los procesos, más podremos intervenir. Por ejemplo, si sabemos cómo funcionan nuestras emociones, algún día podremos tratar la depresión de forma efectiva. Los fármacos que ahora se dan para la depresión se han descubierto por casualidad, no son algo que surja de una investigación de base sobre las emociones y la tristeza.

-En su explicación de la conciencia, ¿hay lugar para el alma?

-Hay lugar, sí, pero tenemos que darnos cuenta de que hay dos enfoques distintos. Un enfoque viene de la ciencia, que se construye a base de hipótesis y experimentación, y otro tiene que ver con la fe, que es algo distinto. Yo, como científico, no puedo estudiar la fe porque los dioses son sobrenaturales por definición, pero tengo un gran respeto por la capacidad de los hombres para hacer frente a sus problemas. Y si lo hacen creyendo que hay un dios, lo respeto.

ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA - LUNES, 11 DE OCTUBRE DEL 2010