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Mónica Medovoy

Psicoanalista, ex docente de la facultad de Psicología, miembro de la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud, miembro de La Convergencia Psicoanalítica.

Mujeres de pelo largo

Este trabajo tiene un hilo conductor, una pregunta que años atrás se plasmó en un encuentro con otros analistas; en aquel entonces hicimos una jornada de trabajo que titulamos “¿Los hombres son todos mortales?”.Entonces, la pregunta era por el no-todo en el hombre, aquel que se dice tal, y de qué manera el no-todo fálico se escribe en el encuentro con una mujer. En aquel momento no contaba con los modos lógicos que me permitieran leer las fórmulas de la sexuación, lectura que sigo haciendo. Lo titulé ahora “Mujeres de pelo largo” y me refiero a lo que Lacan nos dice en “Los no incautos yerran.” Tal vez se trate de una ironía, tal vez de un desafío cuando plantea: “la trenza tiene relación con el tres, quien quiera se haya ocupado del cabello de una mujer puede saberlo. Pero, naturalmente ustedes no lo saben, porque ahora las mujeres tienen cabello corto. Una trenza hace el tres (nudo borromeo), de lo que se trata de ver es dónde se hacen los cortes.”

La castración no tiene que ver con la amenaza ni la censura; la estructura es lógica, y es lo que se produce por la necesidad de discurso, es decir, de cómo se reparten los goces.La lógica que nos propone es de la imposibilidad de lograr que ésta capte íntegramente el discurso. El hiato irreductible es lo real. Por lo tanto, las formas lógicas admiten una estructura no estática y paradojal. Se trata de cómo cada cual hace su trenzado, o sea, su escritura. No hay otra manera de abordar lo real del sexo si no es a través de una escritura. El hiato entre la lógica y el discurso deja a su vez en suspenso los valores de verdadero o falso. El valor del llamado hombre o mujer es inabordable por el lenguaje, ya que éste funciona como suplencia del goce sexual. A su vez recordemos que es el falo el que le da su significación. Digamos por ahora, que un argumento hace tope , límite al otro; un hombre no puede gozar de todas las mujeres (esta existencia es mítica en Freud y lógica en Lacan). Es imposible que goce de todas las mujeres porque no hay un conjunto de todas las mujeres. A su vez, existe al menos

uno para el cual la denotación no se sostiene en la función fálica. Para una mujer es necesario al menos uno, en tanto la castración le es posible.

“De lo que implica la castración ella se encarga.”

Vamos ahora a “Mujeres de pelo largo”. Me he valido de un mito, de una leyenda del folklore judío, que no figura en la biblia. Según esta leyenda, Eva no habría sido la primera mujer de Adán.

El mitólogo Robert Graves, relata la historia de Lilith; según esta versión, Dios la habría creado como lo hizo con Adán, sólo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro.La presencia de Lilith en la biblia se limita en una versión en Isaías (34-14), pero es una referencia por la cual es imposible saber si se refiere a la célebre criatura de la leyenda judía o simplemente se trata de una bestia salvaje.Según la versión que nos provee el mito Lilith y Adán nunca encontraron la paz juntos, pues, cuando él quería acostarse con ella, Lilith consideraba que la postura que él exigía le era ofensiva. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti, también estoy hecha de polvo y por consiguiente soy tu igual?”Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el paraíso, antes de someterse y renunciar a sí misma. Invocó el nombre de Dios, innombrable para toda la tradición judía por considerar que el nombre de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, por lo tanto, es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre él. ¡Acto éste de mayor soberbia y osadía suprema! .Se aleja volando del paraíso y acepta a los demonios del mundo como amantes. No hace otra cosa que parir una y otra vez robándoles semen a los varones. Fue llamada madre de los demonios. En tanto Adán insatisfecho de aparearse sólo con bestias, Dios crea a Eva.

Mark Twain escribe “El diario de Adán y Eva” poco antes de morir. Estudioso bíblico, tema que lo obsesionó toda su vida, relata una historia de amor, no divino, entre un hombre y una mujer.En su relato, no sólo descubre criaturas y paisajes sino también sentimientos que no estaban en el parque (así llama Twain al paraíso).Tal vez, la artificie de este encuentro es la Eva que nos ofrece el autor.

Según cuenta la biblia, Adán, ayudado por Elohim nombra a las cosas con el nombre conveniente, nombre que, al desprenderse la voz del cuerpo de Adán hace agujeros, traza, que modifica dando a las cosas estatuto de tales. El efecto de nominación, conecta lo real con la ley del nombre del padre, produciendo un primer anudamiento. Así una primera marca ingresa.

Eva nombra las cosas con su lengua suelta y charlatana; ese goce de la palabra que a Adán intimida. “Es la primera en hablar a la serpiente, y al nombrar a este animal temible hace de él objeto del miedo” (frunce culos, nos dice Lacan en el Synthome), y prosigue de este modo la creación divina se redobla en el Parletre. Es necesario que no deje de escribirse la función que dice no al goce.

Puede o no suceder, es posible (contingente) que cese de escribirse la función que dice que no al goce.

Vayamos al relato de Mark Twain “nublado hoy, ventoso en el este, creo que se nos viene la lluvia… nos…nunca antes había escuchado la voz humana, y todo ese sonido nuevo y extraño que penetra en la solemne quietud ofende mi oído y me parece una nota falsa. Nos… esa es su palabra y la mía también.”

Ese sonido extraño de la voz de Eva en el mundo de Adán podrá tornarse objeto persecutorio y hostil si la cara sin ley del objeto (la cosa) no ha sido vaciada de goce. Si la identificación al padre, del lado masculino de la sexuación ha dejado un resto, este objeto inasimilable, habrá de ser la reserva para hacer de una mujer, causa de deseo.

En los “No incautos yerran” Lacan nos dirá: “el saber masculino, en el ser hablante, es un redondel de hilo, gira en redondo, en él hay un comienzo como rasgo que se repite, además sin contarse, y de girar en redondo, se clausura sin saber que de esos redondeles hay tres. ¿Cómo llega a conocer una punta de esta relación elemental? Felizmente, hay una mujer.”

Si para una mujer, del lado femenino de la sexuación, no existe la función que diga que no a la castración, sino hay significante que represente el agujero de su sexo, lo azaroso es que sea posible que cese de no escribirse la función de al menos uno que no. Esta contingencia se escribe como necesaria (parece una escritura, nos aclara Lacan).

El decir de un hombre, en la medida que la faliciliza, hace escritura. Sólo hay necesidad de un decir, y es lo que hace posible la existencia del hombre como valor sexual.

No sabemos qué carta de amor habrá escrito Adán.

Ella escribe su castración alrededor de ese uno que le faliciliza; en el lugar del padre.

Una mujer no puede ser tomada toda dado que ella se reserva un goce no fálico que la hace no toda.Si el cuerpo está hecho para que nos podamos levantar cada mañana, ¿qué hace que alrededor de ese órgano, el masculino, nazca un goce privilegiado?

El hombre, tal como lo imagina una mujer, es en realidad una imaginación que recubre un vacio; esto es lo que nuestra Lilith desconoce profundamente. Ella cree que el falo es el FALO, y que el nombre y las cosas copulan.

Si no hay relación sexual, si todas las identificaciones están del mismo lado, si una mujer puede ser tan fálica como el hombre, ¿por qué una mujer puede hacer la escritura?

El hombre esta torcido por su sexo, afligido por el falo. Una mujer puede hacer una identificación sexuada, es preciso que pase por el goce fálico que le falta. Ella se reserva un goce más ligado al decir, esa satisfacción del bla-bla-bla… (la lengua charlatana de Eva). El estar marcada no toda por el falo le da un poquito de más “ventilación” en sus goces. Un hombre, en relación a una mujer sacrifica su falo; queriendo abordar a la mujer, con lo que se encuentra es con a, causa de deseo, lo real.

 

Rodolfo Eduardo Ayué

Psicólogo (UNR).
Ex docente Fac. Psic., cátedra “Problemática del sujeto”, cargo: J.T.P. (1984-1987).
Ex Coord. Académico del dictado Carrera de Psicología (UNR) en el C. U. R. Junín (1997-2003).
Miembro convocante y fundador de “Praxis Psicoanalítica: Lacan-Freud” -Junín, Pcia. de Buenos Aires (1989-1995).
Clínica psicoanalítica: Rosario (1983/1987); Junín, Pcia. de Bs. As. (1987 a la fecha).

Dos entrevistas claves

Hay un cierto consenso en que, a lo largo de este siglo convulsionado y complejo de presencia del psicoanálisis en la cultura, quien más marcó su historia, luego de Sigmund Freud, fue Jaques Lacan.

En 1926, Freud, que acababa de cumplir 70 años, recibía en su casa de descanso de Semmering, una montaña de los Alpes austriacos, a George Sylvester Viereck, periodista del "Journal of Psichology". [CLIC AQUÍ PARA EL LINK A LA ENTREVISTA]

En 1974, en un momento histórico muy particular, cuando comenzaba a cerrarse el ciclo del "renacimiento" intelectual de la pos-guerra, Lacan, de 73 años, era entrevistado por Emilia Granzotto, periodista y escritora italiana. [CLIC AQUÍ PARA EL LINK A LA ENTREVISTA]

Dos entrevistas memorables, importantes para el psicoanálisis, y ademas, se me ocurre, conmovedoras para el psicoanalista.

Había leído los artículos en forma alternada, en momentos muy distintos, y en estas vacaciones de invierno, ordenando las carpetas de textos electrónicos, los reencontré y me surgió un renovado interés por ellos, por releerlos, estas vez juntos. Nos separa de la última entrevista tanto tiempo como el que transcurrió entre ellas; reparar en esto relanzó aún más mi lectura, transformándola en una especie de "contrapunto". Iba y venía de una obra a la otra, y con cada vuelta me resultaba más curiosa la convergencia de temas, y más me sorprendía el “juego de semejanzas y diferencias” que parecían promover las respuestas de Freud y Lacan. Finalmente, una pregunta motivó las notas que siguen: ¿qué podríamos hoy decir, sobre la vigencia (o no) de los temas fundamentales que se agitan en el horizonte de ambas?...

Lo que siguió fue la continuación de ese juego, y el texto resultante terminó asemejándose a una especie de collage, del estilo de esas obras que incluyen algunas frases recortadas de diarios o revistas. I

. Ciencia, filosofía: ¿pesimismo?... ¿optimismo?

Sobrevuela en la entrevista a Freud el tema de la muerte, y al menos por la transcripción que llegó hasta nosotros, todo hace suponer que es en gran parte introducido por él mismo... En esos años Freud estaba muy preocupado por esta cuestión desde dos "frentes": por un lado estaban los avatares de su salud, en particular su lucha con el carcinoma en el paladar derecho, que derivó en el maxilar mecánico que tanto lo incomodaba; y por el otro, el fenómeno de la guerra, que no sólo lo perturbaba en términos generales (la “marea de la guerra”, como la denominó en uno de los prólogos a “Tres ensayos...”), sino también por su situación y la de su familia en Viena, que comenzaba a complicarse.

Es ante los comentarios de Freud acerca de sus problemas de salud, que en un momento G. S. Viereck, quizás un poco turbado por el hecho de que al “padre del psicoanálisis” no le preocupe la fama póstuma, que para él no signifique nada el hecho de que su nombre vaya a perdurar o no, le formula una cortante interrogación: "¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?"... Freud le responde: "No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida"... Más adelante Freud agrega una especie de “interpretación salvaje”, que confirma que advirtió la turbación de Viereck: "El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre."...

Unos segundos antes (nos comenta el entrevistador) habían estado paseando por el jardín de la casa, y Freud se detuvo a acariciar "tiernamente" un arbusto que florecía... Esa imagen, junto con la aseveración que hace más abajo: "Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana. (...) Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida...", muestran de manera elocuente la radicalidad de lo que empezaremos a llamar: el "complejo simplismo" de Freud...

En cuanto a la entrevista a Lacan, no podemos decir que el tema de la muerte no aparezca, pero Lacan lo introduce de un modo totalmente distinto, indirecto, y no es por ahí que deriva la cuestión del pesimismo... Éste aparece cuando, ya bastante avanzado el encuentro, Lacan trata de una manera absolutamente sarcástica a la ciencia (y al científico) de su época.II

Sin duda perturbada luego de que Lacan agregara a las tres posiciones imposibles de Freud (gobernar, educar, psicoanalizar) una cuarta (la ciencia), Granzotto le pregunta: "¿(la suya) es una visión de apariencia un tanto catastrófica de lo que comúnmente se define como el progreso?"... A lo cual Lacan responde: "En absoluto, yo no soy pesimista. No pasará nada. Por la simple razón que el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse"...

No puedo dejar de imaginar acá lo que Lacan le hubiera respondido a George Sylvester Viereck, cuando en la otra entrevista que nos ocupa, relacionó una respuesta de Freud con las teorías de Hartamm, y en particular con su propuesta del suicidio colectivo... De un modo tanguero, seguramente le hubiera dicho: "¡ni el tiro del final les va a salir!"…

En fin, contrastando todo esto con el clima de aquel paseo de Freud por su jardín, que describe Viereck, y puesto en el lugar de Granzotto yo hubiera comentado: "Espero hayan disfrutado de la visita guiada que nos brindó el Dr. Lacan al tren fantasma que la ciencia ha levantado en el jardín de la historia..."

Entonces, en la entrevista a Freud es él quien se defiende del “pesimismo” que le endilga el periodista; Lacan en cambio se anticipa a una acusación tal; pero, en ambos casos, responden con una tajante negativa. Freud, tomando distancia, de una manera "blanda" podríamos decir, de la filosofía; Lacan, haciéndolo de manera un tanto más "dura", de la ciencia -al menos de esa especie de clisé de toda una época, en que la ciencia aparece como "abanderada del progreso".

Esto no quiere decir que Lacan no se sintiera lejos, al menos en esos momentos, de la filosofía... Y tan es así, que en el mismo reportaje deja una frase absolutamente lacaniana, y por demás de clara al respecto: "(el psicoanálisis) no es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante."

Tampoco debemos pensar que Freud no tome a su vez distancia de "la ciencia"... Sólo que su modo es diverso: lo hace separándose de la "ciencia oficial". Al respecto, casi al

final de la entrevista nos regala una frase inequívocamente freudiana: "Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla"...

Teniendo en cuenta esto, volvamos a nuestra interrogación: ¿en qué fundaría hoy el psicoanalista su rechazo al pesimismo?...

Resuenan más actuales, sin duda, las respuestas de Lacan, sobre todo porque la historia, lejos de desmentir sus asertos, los ha patentizado claramente.

Veamos un ejemplo: "Es verdad, hay alrededor nuestro, cosas horripilantes y devoradoras como la televisión, por las cuales la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitada. Pero es solamente porque las personas se dejan fagocitar, ellos llegan a inventarse un interés por lo que ven. Después, hay otros artilugios monstruosos también devoradores, los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc.,… todas cosas que devoran, pero no hay por qué hacer un drama. (…)

Otro ejemplo: "Para mi la única ciencia verdadera (...) es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, quien tiene sus altares en los laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra. Parece que ha llegado también para los científicos el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, revestidos de sus batas almidonadas, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos cada vez más complicados, e inventando fórmulas cada vez más recónditas, comienzan a preguntarse lo que podrá sobrevenir mañana y lo que terminarán por aportar sus investigaciones siempre nuevas. (...) Se los llama biólogos, físicos, químicos,... para mí son locos."...III

Y finaliza con la frase antes citada, de que... "el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse". A lo que agrega, por si no queda clara su afirmación: "Una calamidad total promovida por el hombre, personalmente yo encontraría eso maravilloso"...

Es verdaderamente asombrosa esta "operación" de Lacan, de elevar al pesimismo a una segunda potencia, en la que lo sarcástico resalta su carácter aporético.

Ya volveremos sobre esto.

Freud, en cambio, responde más "seriamente": "Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?"... Y profundiza: "La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: 'Más allá del principio del placer'"

George Sylvester Viereck le retruca, con una ironía muy poco lograda: "Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio." A lo cual Freud replica: "La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia." Nos recuerda a su expresión, mucho más contundente, en “Más allá...”: “He aquí lo que resta: el organismo sólo quiere morir a su manera, también estos guardianes de la vida fueron originariamente alabarderos de la muerte”.

Freud, en la entrevista, mantiene su reflexión en el marco de ese texto fundamental, del que en el siguiente párrafo hace una especie de somera síntesis: "En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros."

Esta expresión de apariencia sencilla, acerca de que la muerte sería un "aliado dentro de nosotros", es fundamental, y es la que en realidad funda la posición de Freud en relación al pesimismo.

Además, está claro en ella que Freud habla de "la vida" en un sentido amplio, y no toma a la humanidad sino en el marco de una reflexión “mayor”, en el contesto de "lo que vive"; y

que a partir de ello se resiste a hacer del hombre una "excepción". Freud, a pesar de lo que se diga, no es un “humanista”… No es la tensión entre vida y muerte lo que especifica al hombre, sino los resortes singulares en que esta tensión se plasma en él, se “traba”, podríamos decir.

Como se ve, aún cuando ambos rechazan el pesimismo, divergen profundamente en sus motivos y sus modos... El rechazo de Freud forma parte de su "simplismo complejo", estratégico, que aparece en principio como una especie de optimismo, más que módico (como arrancado del "pesimismo"), y que se nutre del corazón del pesimismo mismo. Pero esta especie de "operación", de movimiento, se hace fuerte y se especifica cuando "enreda" en una especie de trabazón constitutiva a las dos fuerzas aparentemente opuestas: vida y muerte. Y lo hace en una "lucha" que por momentos se parece más a una tensa "discusión"...

En cambio, el rechazo de Lacan participa de su gesto habitual, que llamaría "sarcasmo táctico", y que en esta ocasión, primero vacía al pesimismo, para luego tomar la fuerza de su vacío, y completar la maniobra produciendo una especie de afirmación, afirmación que a su vez descansa en una doble impugnación. Se trata, finalmente, de "un pesimismo", acerca de "el pesimismo"; como decía más arriba: un pesimismo elevado a una segunda potencia.

Encuentro las dos posiciones coherentes con el fundamento analítico.

El psicoanálisis no puede abrevar en un pesimismo craso, no hay nada en su práctica que lo autorice; así como tampoco puede estar tironeado desde el optimismo, no hay razones para ello. Pero a su vez, el psicoanálisis se encausa en los modos de su rechazo al pesimismo; mientras, al mismo tiempo prospera en sus formas de interrogar al optimismo. Es de ese modo que va bosquejando su historia, todo de la mano de los analizantes, que en él y por él escriben la suya...

Ni pesimismo, ni optimismo. Su oferta misma los trasciende, desde que invoca a la libertad como regla de su búsqueda, a la palabra como experiencia de esa libertad, y al deseo a la vez como enigma y piedra angular de la cura. Pero "libertad", "palabra", "deseo", aquí no son ni la frecuente y rampante simplificación psicologista de los divulgadores y comentaristas, ni esa especie de "mantra" propiciatorio del trance psi en que el nombre de los conceptos devienen por su sola mención en algunas reuniones de las instituciones analíticas... Respecto de esto último, a veces da la sensación de que, como Freud también plantea acá: "creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot"...

"Libertad", "palabra", "deseo" son "ya" esta tensión profunda, problemática, y en ellas se aloja la división que sacude al hombre al mismo tiempo que lo constituye. El hombre sufre de una "personalidad dividida", repitiendo las palabras de Freud de esta misma entrevista. Pero esta "división" no se puede tomar como si se tratara meramente de una operación de lógica, toda vez que lo sacude, como un junco atormentado, entre el odio y el amor, la vida y la muerte, la angustia y la euforia, en fin, entre el optimismo y el pesimismo...

. ¿Qué del Psicoanálisis, entonces?.

Entonces, ¿el análisis es un más allá de todas estas tensiones?... Quizás; pero al modo freudiano, tal que, no obstante estar "más allá", no las suprime ni las supera, sino que advierte, encamina, modifica, y a veces deviene un cierto "saber hacer" con ellas, menos automático que el del síntoma...

En relación a lo que en las entrevistas Freud y Lacan, cada uno de ellos revelan acerca de cómo conciben la práctica del Psicoanálisis, por comodidad, tomaré tres "contrapuntos", que me parecen reveladores respecto de los tres tiempos en que podemos pensar a un análisis: apertura, medio juego y final.

Hago una muy pequeña digresión. La apreciación de Freud en "Sobre la iniciación del tratamiento", acerca de que en ajedrez sólo la apertura y el final se pueden sistematizar teóricamente, es sólo en parte ajustada. Lo es, en la medida en que, en posiciones determinadas, tanto de las aperturas como de los finales se pueden establecer secuencias de movidas que garantizan, en el primer caso, una posición superior, y en el segundo, el forzamiento del mate. Esto es lo que no admite el medio juego...

Pero lo que podríamos llamar "teoría del medio juego", es muy rica y por demás valiosa, puesto que trata de las fuerzas relativas, de las tensiones, del distinto valor de las piezas según el carácter y la situación de la partida, del manejo del espacio y de los "tiempos", de la íntima relación entre las decisiones tácticas y el plan estratégico, etc..

Volvamos a nuestro tema, aclarando que, desde ya, ni el el ajedrez ni en el análisis (pero mucho menos en éste último) apertura, medio juego y final son tiempos sucesivos, sino que se solapan de diversa manera, dependiendo de lo singular de cada partida, o cada cura. Y aunque es obvio, también aclaro que estos párrafos no pretenden abarcar estos "tiempos" en su extensión compleja, sino exponer un par de pequeños relámpagos que con respecto a ellos me produjo la lectura de estas entrevistas.

Antes de pasar a la "apertura", un último comentario. El contrapunto de las entrevistas me deparó también dos sorpresas. La primera (la otra la plantearé más adelante) fue refrendar lo que para mí es una especie de "clave de lectura", sobre todo en relación a la clínica psicoanalítica: siempre pensé que mientras Lacan "encamina" a Freud, es Freud quien "explica" a Lacan.

Veamos.

Apertura.

Lacan en un momento de la entrevista sostiene: "Para hacer un buen análisis, es necesario un acuerdo, una afinidad entre el analizando y el analista. (Es un...) intercambio. En el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Mismo en silencio. El analista no hace preguntas, y no tiene idea. Da solamente las respuestas que quiere dar a las cuestiones que suscitan su oportuna voluntad. Pero, a fin de cuentas, el analizando va siempre donde el analista lo lleva. (...) Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice. En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre."...

Es claro Lacan: éste es para él un tiempo complejo, decisivo. Es difícil encontrar en tan pocas observaciones un despliegue tan claro de las cuestiones en juego en la "apertura" de un análisis. Se trata de la construcción de una relación que escapa a las cotidianas, donde es fundamental favorecer el ejercicio de la palabra por parte del analizante. Pero sin embargo, es un tiempo centrado en el analista, jugado en su intervención, y por qué no en su interpretación... Ahora bien, el analista más que "dar sentido" a lo que el paciente dice, se dedica a vaciarlo... Pero no se trata de cualquier vaciamiento, claro: se trata de disolver los espejismos acerca de las "causas" del sufrir, y con ello, de "hacer lugar"... Así es, para que advenga un análisis en la apertura se trata de "hacer lugar"... al analista. Pero en todo caso, lo que está en juego es una topología tal, que por ese "hacer lugar" al analista, y por el esfuerzo de éste de que permanezca tan vacío como se pueda, allí es donde el sujeto, es decir, aquello que está implicado en el síntoma, advendrá... Y advendrá él mismo, pero al mismo tiempo, otro (que el del síntoma que lo trajo): al estar ahí, no en él sino en ese otro lugar, podríamos decir, para él.IV

Me apresuro a decir que la vaga e imprecisa referencia a la dialéctica es deliberada, pero solo como una aproximación a la complejidad de estos movimientos.

Lacan encamina la cuestión, planteando que, en definitiva, tarde o temprano el analizante tiene que cambiar la perspectiva con la que arriba, acerca de qué es lo que está en juego en su sufrimiento...

Mientras, Freud, aclara este tema, introduciendo en la entrevista una cuestión fundamental para orientar la escucha en todos estos tiempos, y que incumbe al tacto con que el analista debe manejar tan delicadas cuestiones. Y lo hace de una manera que podríamos denominar "económica": "nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza"…

Medio juego.V

En un momento, Emilia Granzotto recupera en forma de pregunta uno de los prejuicios frecuentes sobre la práctica del psicoanálisis, que se refiere más precisamente al "medio juego": el de tomarlo "como un sucedáneo laico de la confesión". Lacan le responde con claridad y contundencia: "Pero qué confesión. Al psicoanalista uno no confiesa nada. Uno va a decirle simplemente todo lo que le pasa por la cabeza (...) Es el analista a quien le corresponde poner en serie las palabras que escucha y de darle un sentido, una significación."

Lacan elije no aprovechar el equívoco en el que descansa esta “falsedad”, "no releva" lo que la comparación con la confesión plantea, y de ese modo no se refiriere a aquello que está implicado en la pregunta, en tanto implica todo un complejo de culpa, búsqueda de absolución/autorización, necesidad de castigo, subordinación a un (Súper)orden moral, etc. Por otro lado, si bien la suya es una respuesta orientada, sin embargo hay en su horizonte una cierta imprecisión, que podría llevar a pensar que en este momento de la cura se trata de apostar a una cierta “toma de conciencia” por parte del sujeto, que sí se tratara de dar sentido, significación... Lo que a su vez abre a otro prejuicio común (que incluye incluso a algunos analistas): que el objetivo del análisis es llevar al analizante a la "comprensión" del sufrimiento implicado en el síntoma, de lo cual derivaría una especie de “auto-absolución” justificatoria, que a su vez sin más fuera una especie de resolución, de "superación"… Aspecto que recoge con ironía el acerbo popular con ese otro chiste frecuente, acerca de las consecuencias del análisis en el "analizado": "Sufro, pero ya no me importa"...

No se trata de dar sentido, significación, como paso previo a homologar "comprender" con "justificar"... Otra vez, Freud explica a Lacan (y a su vez plantea algo así como "las directrices de la "clínica freudiana"): "Por el contrario, comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento."

Tampoco se trata de dejar de lado toda "comprensión", y avanzar en una especie de esoterismo analítico, pensando que cuanto menos se "comprenda", mejor... Alojar la pregunta, la vacilación, y fomentarla, no quiere decir caer en juegos más propios del dadaismo que de un psicoanálisis.

El análisis no es un irracionalismo. En todo caso, de lo que se trata es de una "comprensión" de segundo grado, que incluya en cada síntesis un "ombligo" que, como en el sueño, linde con lo no comprendido (no comprensible, quizás sería el modo correcto).

La "obscuridad", aún cuando se ponga a cuenta de una supuesta necesidad de enigmatizar el análisis, no es un aliado del psicoanalista. Se corre el riesgo de dar al analista un aire de superioridad, y no ayuda a poner en su lugar, como facilitadora, a la inteligencia del paciente.

Freud, otra vez, de un modo indirecto, aclara la cuestión: "La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo." Lo pondría de otro modo: el analista debe hacer todo lo posible por que la inteligencia del paciente tome el lugar de facilitadora del trabajo, y no un impedimento. Los juegos de palabras y la banalización de la posición de "el muerto" hacen lo contrario: o anonada, o pone a la inteligencia del paciente al servicio de una especie de gimnasia pseudo intelectual, que pretendiendo al espacio del análisis habitado por un vacío prodigioso, en realidad transforma en forma progresiva a las sesiones en "la nada misma"...

Final.vi

En cuanto a su propósito u objetivo, Lacan encamina el tema: "A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real”. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple."

Freud otra vez explica a Lacan, en lo que quizás es una pintura del final de análisis: "(por supuesto que no es algo simple, pero, a su vez) el psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente."... Esta fue la segunda sorpresa, encontrarme con estas dos versiones de lo que Freud llama “metáfora”, sin duda inspiradas en el Mito del Minotauro y su laberinto...

Me explico: elijo, en los comienzos de un análisis, cuando me es requerido o cuando lo juzgo prudente, para ejemplificar el tipo de recorrido que el análisis comporta, una imagen simple, sacada de mi gusto ocasional por la pesca. Quien haya alguna vez intentado la experiencia del pescador, sabe que un avatar frecuente, por demás molesto, es el enredo de la tanza. A este enredo, en mi infancia, lo llamábamos "galleta".

Cualquier pescador sabe que lo único que no hay que hacer ante una "galleta", es tironear... De ella se sale, si el enredo no está demasiado apretado, empleando la herramienta quizás más difícil de manejar en todos los órdenes de la experiencia humana: la paciencia... Al contrario que el tironeo, hay que "aflojar" todo lo que se pueda los puntos de enredo, tratando de aplicar la menor tensión posible... Luego está en la habilidad de cada uno ir encontrando las vías para ir despejando, hasta liberar, los nudos; en este "segundo momento”, a veces sí se puede maniobrar con un poco más de brío.

En fin... No hay dos "galletas" iguales, y fuera de lo que hace a la lección de paciencia, pocas cosas generales una enseña acerca de la otra...

Me siento cómodo con esa especie de "imagen creativa" (en el sentido que le da al término R. Callois). A ella ahora la enriquecen las otras dos de la cita de más arriba, llamadas "metáforas" por Freud...

Debo mencionar que no había advertido, hasta releer le entrevista a Freud, que en mi “imagen creativa”, que a veces uso para la maniobra de "apertura", ya estaba implicado un "final"… Sólo me resta aclarar que, en mi opinión, así como no hay sucesividad, sino entramado, de los tiempos de un análisis, algo semejante ocurre con estas dos vías

freudianas: no son indistintas ni alternativas, sino que marcan dos tiempos entrelazados de la realización analítica, donde ambos son diversos y al mismo tiempo uno...

. Freud el psicoanalista, el hombre.

En cuanto al psicoanalista ya no frente a su paciente, sino frente a si mismo, dice Freud: "Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer? (...) Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad"...

No dice: "aceptar la muerte", sino "aceptar la vida"... Freud, el psicoanalista, nos habla como hombre, y nos dice que el verdadero trabajo es aceptar la vida; "la muerte" no es ningún misterio -o en todo caso, si lo es, es porque la vida lo es...

Más allá del lugar importante que tiene la muerte en el juego pulsional, al que un poco repasamos más arriba, toda operación que le de centralidad exagerada en realidad funciona como una "coartada" cuyo destino es oscurecer la verdadera fuente de angustia, que es la vida misma y sus exigencias. Es aleccionador cómo Freud en la entrevista sale contra cada una de estas "coartadas".

Primero, contra la coartada de la "trascendencia": "la fama llega cuando morimos y, francamente, lo que venga después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia."

Luego, saliendo al cruce de otra de las típicas "coartadas", la "quimera de inmortalidad", en sus dos formas: la "continua" y la "discontinua"... Mientras por un lado, manifiesta: "Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo"; por el otro: "(...) no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro."

En este sentido, sumémonos a la súplica del poeta, y con él a Freud, que es quien lo cita en la entrevista:

"Cualesquiera dioses que existan

Que la vida ninguna viva para siempre

Que los muertos jamás se levanten

Y también el río más cansado

Desagüe tranquilo en el mar"

Caviahue, julio de 2018

Si algo hay de inspirado en estos párrafos, fue propiciado por la compañía que tuve estos días, Ana, Eva, Leandro y Cielo, y en especial, por una pequeña presencia, Coral, que en su ir y venir alborotó aquellas horas, introduciendo el matiz fecundo de la “pura y verdadera alegría”… A ellos les dedico el texto con agradecimiento...

Notas

i La entrevista a Freud se puede encontrar en: https://www.clinicamente.com.ar/articulos/ev-freud.htm; y la realizada a Lacan en:http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/
practicas_profesionales/162_hospital_dia/material/docentes/freud_por_siempre.pdf]

II Reproduciré el párrafo más adelante 

IIIA esta expresión me refería en el párrafo de la nota anterior, relacionada a lo del "tren fantasma"

IV A los fines de la mejor lectura del trabajo quité la secuenciación que había hecho a este párrafo, que en el borrador era: “Se trata de (1) la construcción de una relación que escapa a las cotidianas, donde es fundamental favorecer (2) el ejercicio de la palabra por parte del analizante. Pero sin embargo, (3) es un tiempo centrado en el analista, jugado en su intervención, y por qué no en su interpretación... Ahora bien, el analista más que "dar sentido" a lo que el paciente dice, se dedica a (4) vaciarlo... Pero no se trata de cualquier vaciamiento, claro: se trata de (5) disolver los espejismos acerca de las "causas" del sufrir, y con ello, de "hacer lugar"... Así es, para que advenga un análisis en la apertura se trata de (6) "hacer lugar"... al analista. Pero en todo caso, lo que está en juego es una topología tal, que por ese "hacer lugar" al analista, y por (7) el esfuerzo de éste de que permanezca tan vacío como se pueda, allí es donde el sujeto, es decir, aquello que está implicado en el síntoma, advendrá... Y advendrá él mismo, pero al mismo tiempo, (8) otro (que el del síntoma) que lo trajo: al estar ahí, no en él sino en ese otro lugar, es decir, para él. “

V El medio juego está implicado lógicamente en dos de los puntos de párrafo de la cita anterior, y es referencia inicial de lo que sigue. Se trata de los puntos (4) y (7). vi Por último, el "final" de la partida también tiene que ver con dos de los puntos que mencionaba en el ítem “Apertura” (Nota iv., que es también referencia inicial de lo siguiente). Se trata de los puntos (2) y (8).

 

 

Ps. María Eva Pierantoni evapierantoni@hotmail.com.ar Ps.

Ma. Sol Barrionuevo sol.barrionuevo@hotmail.com Ps.

Paula Fierro ps.paulafierro@gmail.com

Una aproximación a los modos posibles de elaboración del genocidio

En Argentina, desde hace más de cuarenta años, convivimos con los efectos del genocidio, entendiendo por este, la destrucción parcial o total de la identidad de un pueblo. La identidad nos atañe directamente a quienes trabajamos en el campo de la salud mental, así como también aquellos significantes mínimos, imprescindibles para la constitución de un sujeto, que conforman los derechos humanos.

La condición de “desaparecido” genera una problematización analítica respecto a los mecanismos del duelo y su posible elaboración. La pregunta por el desaparecido, desencadena un sinfín de respuestas posibles.

Consideramos la instancia de los juicios por delitos de lesa humanidad como aporte insoslayable para la elaboración del trauma en el ámbito público. A su vez, en un sentido más íntimo y singular, el encuentro con la escritura de relatos de hijxs de desaparecidxs y el ejercicio del psicoanálisis, nos invitan a pensar si no son éstos modos posibles de hacer con los efectos del terror genocida.

“Hay preguntas que están esperando ser preguntadas. ¿Qué produjo este maltrecho medio siglos sobre la subjetividad de todos nosotros? ¿Qué le hizo la

dictadura, los interminables años de dictadura, a la cabeza de la gente? ¿Qué le sigue haciendo? ¿Qué seguirá haciendo? ¿Qué le hizo a la gente común, más allá de las decenas de miles de víctimas directas? ¿Cómo persiste en la vida cotidiana de la gente común? Son éstas, preguntas que hacen a la cultura, al psicoanálisis y al fin de este largo siglo que aún no termina”

Müller

Quienes practicamos el psicoanálisis estamos advertidos de la existencia, en toda constitución subjetiva, de una inoculación que viene de afuera y que conocemos como lenguaje. Partimos entonces de entender al sujeto como efecto de discurso, razón por la cual, sin atribución significante originada en el lugar del Otro, un sujeto quedaría condenado a ser nada. A su vez, el lenguaje se presenta como elemento mediador esencial para pensar la constitución del mundo a partir de la palabra.

En esta senda abierta por el lenguaje nos hemos topado con la escritura, constituyendo ésta un ejercicio que desafía los tiempos y las dimensiones. La escritura es inscripción, y la inscripción de la palabra en tanto registro, habilita. La palabra como símbolo concerniente al tesoro del lenguaje, es puente a través del cual el individuo se une con el mundo, y en este gesto lo nombra.

Ahora bien, el modo de nombrar las cosas, el mundo y los otros casi nunca es ingenuo, por el contrario hay en el acto de nombrar una toma de posición. Caemos en lo engañoso si pensamos que el mundo está allí y el lenguaje sólo viene a nombrarlo; éste último no es transparente, es decir, no refleja el mundo tal cual es.

Con todo esto y para reforzar una convicción, afirmar que Argentina ha sufrido en el año 1976 un Genocidio, es tener una posición ante los acontecimientos. Cuando hablamos de Genocidio no estamos suponiendo un acto espontáneo ni aberrante, no estamos contemplando en ello una manifestación "loca". Nombrar el genocidio lleva implícita la idea de una tecnología de poder, y en este punto, la transformación masiva de las estructuras identitarias y del lazo social, un intento de destrucción de un sector de la población y por tanto de la identidad de un grupo (Feierstein, 2007).

La Identidad atañe directamente a la subjetividad a la hora de la escucha, pero también a la identidad de un pueblo en el conjunto de una sociedad. En este punto pensamos una constitución identitaria ahí en lo más íntimo de un sujeto, al tiempo que no podemos desoír la construcción de una identidad en términos globales, sociales, culturales y políticos. Los entrecruzamientos entre lo privado y lo público son imprescindibles.

Hemos nombrado al sujeto en su constitución, siendo otra de las premisas que el psicoanálisis nos ha sabido transmitir. Y al decir subjetividad, identidad y constitución (con y a partir de Otro), introducimos los Derechos Humanos como eslabón ineludible en esta operatoria.

Aludimos a Laura Capella cuando evocando a Lacan, conceptualiza a los Derechos Humanos en tanto red de significantes mínimos para que el sujeto pueda constituirse como tal: “Esa pequeña red de significantes que permite al sujeto constituirse como sí, como en su lugar en un parentesco, como existente, como representante de un sexo y hasta como muerto".

Son los Derechos Humanos red de significantes, vasija que aloja sentidos y que en esta vía, construye identidad. Señalamos que la destrucción que el genocidio expuso en su más perversa modalidad del terror, ha violado hasta el hartazgo el núcleo de la constitución subjetiva y con ello sus ideales y sus libertades, su naturaleza de ser en la cultura.

Asimismo, conseguimos pensar el derecho a la muerte humana, el derecho humano a la muerte como marca insoslayable, fundante y cultural. Reverbera un eco en lo siniestro: Ni vivo ni muerto, desaparecido1 y con esto una sensación difícil, a dónde inscribir una desaparición. La condición de “desaparecido” genera una problematización analítica respecto a los mecanismos de duelo y su posible elaboración. La pregunta por el desaparecido, desencadena un sinfín de respuestas posibles. Reproduce un imaginario inagotable e inabordable. Desaparecido, implica una presencia permanente. Es la permanencia eterna de la presencia. Capaz de desencadenar una búsqueda incesante, interminable e inagotable.

Negar una tumba es negar una vida. Esto es, sin la dignificación del cuerpo muerto y sin las lágrimas dedicadas en el homenaje fúnebre, el cuerpo humano ha perdido su nombre, su honor y su dignidad. Matar y que no haya muerte. Hacer desaparecer, borrar, negar hasta la muerte misma. Anular las categorías del ser humano en las dos vertientes de su existencia: la de la vida y la de la muerte, indisolubles.

El duelo es ante todo un trabajo, que se inicia como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal,etc." (Freud,1915) Esta serie es retomada en Psicología de las masas y análisis del yo, y es lo que le permite decir a Grüner que Freud no reduce el problema del duelo a un dilema "psicológico" de la mera culpa, sino que lo presenta entramado entre dos dimensiones: una íntima y otra, política. La función del duelo es transformadora del mundo propio, trabajo de reorientación de las energías libidinales de un sujeto. Los muertos tienen la función de recuperar esa “presencia” para que la comunidad, cada vez que la muerte abre en ella un “vacío de sentido” pueda ser re-fundada y recomience su misma existencia. (Grüner, 2008) El lugar otorgado, vendrá desde la palabra, a cada muerto su nombre. El nombrar desde lo simbólico un lugar posible para que el muerto allí quede alojado. Quien está de duelo debe trabajar “con las palabras precisas que a él correspondan, para darle a cada muerto su nombre secreto, y ponerlos uno-por-uno a salvo”

El autor da una respuesta a la pregunta por la identidad cuando dice que “a los muertos se les debe el testimonio de la verdad sobre su existencia previa, para que no sean desaparecidos también de la lengua”. La lengua poética (o literaria) es la recuperación de una presencia en crisis, cuando desfallecen las “lenguas” rituales.

Aludiendo a Stolkiner, el “terror es no saber, de donde viene el miedo”. El no saber genera una asimetría, la de: oprimido, opresor. Quien ejerce el poder, en

representación del Estado (en éste caso) instala una lógica perversa, en el sentido de que: quien debe garantizar los derechos del ciudadano, es el primero en violarlos y vulnerarlos. ¿Hay aquí un sitio posible para ubicar la subjetividad?

Por otro lado, quienes realizamos este escrito nos hemos encontrado con diversas lecturas, actividad a la que el deseo nos empuja permanentemente. En esta humilde y cotidiana hazaña, descubrimos los escritos realizados por hijxs de desaparecidxs. Se preguntan quiénes son, quiénes fueron, dónde estuvieron secuestrados sus padres y sus madres, dónde están sus cuerpos, el encuentro con los restos. Escriben, crean ficciones, arman historias, dan vuelco a lo posible.

Ubicamos a la desaparición forzada, la capucha, la tortura, el tabique, el hambre, la sed, el frío, la humillación, la oscuridad, la violación, el silencio, como acontecimientos de lo siniestro; verdad que emerge como un real insimbolizable. En este sentido es que nos preguntamos cuáles son las vías posibles que tenemos lxs humanxs de elaborar el horror.

Al momento de evaluar cuáles son las vías de elaboración que cada unx ha encontrado, aparecen estrategias que se reiteran. En una primera instancia, la organización colectiva de visibilizar las búsquedas, marca una fuerza sin precedentes en el mundo. La histórica construcción de los organismos que defienden los Derechos Humanos inventó una lucha que sacó de la soledad del duelo para abrazarse al lazo compartido, generando así una fuerte resistencia a todo accionar que fuese contra la integridad de la vida. Sus efectos tienen vigencia hoy y continuarán en el tiempo.

Desde luego, existió una decisión política del Estado hace más de diez años de bajar los cuadros de las fuerzas armadas, de asignar dentro del presupuesto anual nacional dinero para los organismos que trabajan diariamente en la construcción de estos tejidos de la memoria, y se asignó la defensa de los derechos humanos como parte de la agenda política.

Finalmente este paso llegó a la justicia, iniciándose en nuestro país las causas por delitos de lesa humanidad. En algunos casos consiguiendo imponer el agravante

jurídico “en el marco de un genocidio” y en otros instalarlos como mega causas y plan sistemático.

Las experiencias de los juicios ponen en juego la subjetividad, haciendo volver al sujeto a recordar aquella experiencia traumática. En muchos casos han pasado cuarenta años sin decir. Consideramos esta instancia un aporte insoslayable para la elaboración del trauma en el ámbito público y en este sentido una condición necesaria. No obstante, nos permitimos pensar que puede no ser suficiente.

Gladis Loys, Lic. en Filosofía y ex presa política, dice que el genocidio es perder la voz y da un lugar crucial al testimonio en los juicios.

“Por el testimonio del testigo llega la academia a saber, los medios de comunicación a informar y la justicia a la sentencia. Transmutaciones e intercambios operan entre textos, contextos y sujetos, se enriquece el proceso de des-silenciamiento” (Loys, 2016)

Por su parte, la escritura en hijxs de desaparecidxs, como testimonios literarios, nos llama la atención. Tomando lo que Duras puede declarar en Escribir, la escritura es una manera de salvarse. En este sentido, puede permitir simbólicamente tocar algo de este real de la desaparición, como función de elaboración.

“Frente a mí hay una foto de mi mamá conmigo. Estamos tendidas sobre la arena, apenas se ve la espuma del mar en un ángulo. Ella tiene la cara tapada por el pelo, a mí solo se me ve la nuca y su mano enredada en mis rulos. No sé cuántos años puedo tener en la foto, puedo decir que su codo se apoya justo en el nacimiento de mi espalda y sus dedos se pierden en mi pelo. ¿Què edad hay que tener para que el antebrazo de tu madre tenga la exacta medida de tu torso?”

Marta Dillon

“Cosas que tardé mucho tiempo en descubrir

Y que tardaré aun más para poder comprender.

Cimientos. Simientes. Clicks. Tics. Cracks.

En estas palabras encarno mi recuperación

Y duelo por la enorme pérdida

Tarde, pero segura”

Àngela Urondo Raboy

Por si hay que huir: En esta casa en la que vivo con Jota, la vìa de escape es por el patio trasero, la terraza, las terrazas vecinas, su ruta hacia la calle. Habìa un nombre para esto que no era vìa de escape, el Nene lo decía, pero no me acuerdo.

Mariana Eva Perez

Escribir es un acto que implica a otro. Otro con mayúscula (Lacan). Ese Otro al que va dirigido un mensaje, donde se comparte un código, Otro que aloja y descifra. Y también otro con minúscula, el semejante con el cual se hace lazo, un interlocutor.

Sabemos que la condición para que un sujeto pueda advenir, es que sea captado por la estructura del lenguaje. A partir de ello insistimos en la escritura de hijxs de una generación que no está ni viva ni muerta. La escritura en tanto herramienta de invención posible, para armarse condiciones de existencia allí, donde lo que precede está desaparecido. Escribir es un modo de elaboración pero también de construcción de un relato que responda al agujero. Se construye cada vez que se recuerda, y se recuerda cada vez diferente. Escribir como recordar, son instancias subjetivantes.

Finalmente, en la tarea que a diario nos atañe, el psicoanálisis es una maquinaria de subjetivación que puede proponerse acompañar, escribir y reescribir, las marcas de lo traumático en los cuerpos atravesados por el terror.

Terror que debemos aclarar, no es sucedido necesariamente por la tortura física, sino más bien por el aniquilamiento identitario y subjetivo, que sucede a partir de la misma.

Ubicamos aquí todo lo visto y lo oído que traumatizó a quienes estuvieron en los campos. También los efectos significantes que esa experiencia perpetuó en la generación hija de aquellas víctimas. Y finalmente, las consecuencias de aquellos años siniestros, que no cesan de retornar actualmente en el conjunto de la población. Por estas tres vías es que podemos decir que el genocidio es aquello que nos sucedió a todos. Se niegue o se sepa, sus efectos simbólicos drenan en nuestra sociedad, haciendo diferentes ecos y tomando variados matices.

Las políticas implementadas por el actual gobierno, producen e insisten en instalar una lógica negacionista. Al decir el Presidente “guerra sucia”, remite directamente a construcciones que dan cuenta de un interés por enunciar cierta duda respecto a cuestiones que estructuralmente se habían establecido en la consciencia ciudadana, hasta el punto tal de poner en duda el número de víctimas. La reacción de repudio y convocatoria adquirida tras el fallo “2x1” de la suprema corte de justicia, visibilizan el acompañamiento y contención de un sector grande de la población, manifestando un posicionamiento irrevocable ante ciertos fantasmas. Tal como sucede en estos días con la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Esas tecnologías del control vuelven otra vez, marcando que su término no había llegado con el retorno a la democracia. Son marcas significantes que en palabras y acciones del otro, vuelven a incidir en el pueblo. El terror y la humillación son herramientas desubjetivantes, utilizadas por el poder para su dominación. Si la palabra es registro simbólico por excelencia, y lo simbólico es lo que permite a un cacho de carne, devenir humano; el campo es el lugar que construye el camino inverso. Una deshumanización permanente y sistemática.

La intención es clara: destruir al sujeto y retraerlo a una existencia casi exclusivamente animal como si realmente se pudiera “animalizar” al ser humano. (Calveiro, 2014)

¿A qué nos referimos con elaboración? Al modo en que los humanos encontramos, para hacer con eso.

Freud nombra la elaboración como trabajo a través, “Si nos atenemos al signo distintivo de esta técnica respecto del tipo anterior – (refiere a la neurosis obsesiva)-podemos decir que el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace.” (Freud, 1914)

El análisis construye una maquinaria aliviadora del malestar en sí mismo, pero también la escritura (en otros casos el cine) aparece como un otro modo de acompañar dicha construcción de elaboración del trauma. Nos servimos del lenguaje, de las palabras que bañan nuestro ingreso a la cultura, para dar una explicación o sentido al mundo en el que vivimos.

“Pero para Freud es el lenguaje el que permite llevar a cabo esa sobreinvestidura. Se podría agregar que lo que logra el lenguaje es dotar de un sentido a la experiencia, sentido que no preexiste en ella, sino que es aportado por el sujeto” (Feierstein, 2012)

Dicho sentido está en concordancia con el tiempo que vive un sujeto y los significantes que lx habitan. Nos precede lo traumático, lo umheimlich de lo familiar, pero también nuestras raíces y nuestra época. La identidad es construcción de lo que somos, y somos construcción de lo que nos precede. En este sentido entendemos que con frecuencia nuestros espacios de formación lo olvidan. El terror inmanente del genocidio dejó marcas en el conjunto de la población.

Recuperar la palabra de quienes están ausentes e incorporarlxs en la estructura discursiva es un modo de hacer con el dolor. La palabra, es nacimiento del sujeto en la cultura, herramienta para bordear el vacío real. Pero también es arma del lenguaje que nos habita, nos precede y nos corrobora que no todo puede ser dicho.

Para concluir, queremos referir a la enorme preocupación que nos ocupa a diario. Si decimos que el genocidio es la destrucción parcial o total de la identidad de un pueblo, y si entendemos que estas prácticas reales continúan generando efectos en nuestra realidad simbólica en la actualidad, ¿cómo es posible que en la formación de la carrera de psicología y en las vías de construcción de quienes se posicionan como analistas, esto no sea una prioridad?

BIBLIOGRAFIA

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* Feierstein, Daniel. (2012) Memorias y representaciones. Sobre la elaboración del genocidio. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica.

* Feierstein, Daniel. (2011) El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica

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* Freud, Sigmund. (1917 –[1915]) Duelo y melancolía. Obras Completas. Tomo XIV. Buenos Aires. Amorrortu.

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* Hacher, Sebastián. (2012) Cómo enterrar a un padre desaparecido. Buenos Aires. Marea Editorial.

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* Lacan, Jaques. (1960) Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. Escritos 2. (2003). Buenos Aires. Siglo veintiuno.

* Lacan, Jaques. (1962-1963) Seminario 10. La angustia. Buenos Aires. Paidòs.

* Pérez, Mariana Eva. (2012) Diario de una princesa montonera. 110% de verdad. Buenos Aires. Capital Intelectual.

* Semprun, Jorge. (1995).La escritura o la vida. Buenos Aires. Fàbula Tusquets.

* Urondo Raboy, Ángela. (2012) ¿Quién te crees que sos? Buenos Aires. Capital Intelectual.

Nadia Soledad Peralta, Dra. en Psicología, Investigadora CONICET, docente Facultad de Psicología-UNR

Mariano Castellaro, Dr. en Psicología, Investigador CONICET, docente Facultad de Psicología- UNR

Juan Manuel Curcio, Auxiliar de Segunda Facultad de Psicología UNR, Pasante IRICE-CONICET

Agustina Tuzinkievicz, Auxiliar de Segunda de la Facultad de Psicología UNR

Argumentar con otros: Contribuciones conceptuales y metodológicas en el ámbito de las educación Universitaria. 

Este trabajo tiene como objetivo presentar las distintas líneas de investigación centradas en una temática en particular: la argumentación.

El programa de investigación tiene como objetivo explorar y analizar diferentes formas de argumentación escrita y oral, individual y grupal, y en diversos tipos de tareas, con el fin de mejorar y enseñar esta habilidad fundamental para los estudiantes universitarios que les permite andamiar y mejorar sus aprendizajes.

¿Qué entendemos por argumentación?

Argumentar es una práctica social y de comunicación que se produce cuando dos o más personas tienen puntos de vista diversos sobre un tema y el objetivo principal es persuadir, negociar o profundizar diferentes temas. Es una actividad ligada al contexto (González-Lamas, Cuevas, y Mateos, 2016).

Argumentar exige justificar el propio punto de vista mediante el uso de razones y es un proceso dialéctico en el que se pone en juego la confrontación y la necesidad de persuadir al interlocutor (Leitao, 2009). Es una actividad cognitiva y social que transforma el sistema de creencias y representaciones mentales gracias al contraste, integración o reconstrucción de diferentes perspectivas y deviene una herramienta fundamental para defender y evaluar las ideas de una manera reflexiva y crítica en sociedades democráticas (Cano y Castelló, 2016). En el contexto de la enseñanza universitaria, la argumentación es considerada una habilidad de importancia y esperable en los estudiantes. La misma tiene una naturaleza conflictiva dado que es, en esencia, producto de la confrontación de puntos de vistas en un proceso de interacción sociocognitiva. Esta perspectiva interaccionista comprende a la argumentación como un actividad psicosocial que beneficia a los sujetos en términos cognitivos permitiéndole avanzar en sus aprendizajes (Felton y Kuhn, 2001).

Desde este contexto se parte del principio socioconstructivo que sostiene que el diálogo argumentativo es el marco ideal para la construcción del conocimiento (Perez-Echeverría, Postigo y Garcia-Milá, 2016) y se busca poner en evidencia el valor de las situaciones interactivas por sobre las individuales y el valor de la argumentación por sobre lo no argumentativo (Peralta y Roselli, 2017 y Peralta y Roselli, 2018).

Con todo, según Leitao (2000), la argumentación puede ser entendida como un modo racional de enfrentar un conflicto que requiere, por un lado, de la producción de un discurso para definir y justificar una posición y, por el otro, supone que quienes argumentan examinen sus enfoques a la luz de las posiciones de los otros, lo cual los compromete en un proceso social, con una finalidad y contexto determinados.

En la actualidad existen numerosas investigaciones sobre la argumentación: la mayoría de ellas concluyen en la importancia de la misma como actividad cognitiva que envuelve las habilidades de lógica y razonamiento. La misma es considerada como un recurso con gran potencial para negociar con las contradicciones, dudas y decisiones complejas, lo que la convierte en un objeto de fuerte interés para los investigadores que acuerdan con la importancia de los procesos sociales y cognitivos del aprendizaje.

¿Cuáles son los diferentes estudios realizados hasta el momento?

1- Análisis de la modalidad argumentativa en función del tipo de tarea y tamaño del grupo

En este estudio analizamos el efecto del tamaño del grupo (díadas y tríadas) y el tipo de tarea (lectura de tablas de frecuencia, determinación causal de un fenómeno físico, toma de decisión en una situación dilemática y determinación causal de un fenómeno social) sobre las modalidades argumentativas producidas por los sujetos (individualista, dialógica y no argumentativa). Los

resultados mostraron que en las díadas predomina la argumentación individual, en el sentido de que si bien los sujetos expresan sus propios argumentos, no hay una auténtica interacción argumentativa, ya que hay escasas evaluaciones y contra-argumentaciones recíprocas. En cambio en las tríadas, prevalecen las argumentaciones dialógicas, lo que implica que hay una retroalimentación constante entre los puntos de vista de los sujetos involucrados.

Respecto al tipo de tarea, pudimos observar que genera tipos específicos de interacciones argumentativas: las tareas lógicas (Tabla) y de conocimiento objetivo (Causa Física) favorecen las resoluciones dialógicas argumentativas de consenso, en tanto que las tareas opinión (Toma de Decisión y Causa Social) propician performances más individualistas centradas en la expresión y reiteración de los propios argumentos, sin generar un intercambio recíproco basado en la mutua evaluación y contra-argumentación (Peralta y Roselli, 2017).

2- El proceso de argumentación dialógica y sus efectos cognitivos individuales en diferentes tipos de tareas

El objetivo de este estudio fue analizar el estilo, la competencia y la dialogicidad argumentativa en diferentes dimensiones de interacción; díadas con y sin asistencia (diálogo andamiado) por parte del investigador e individuos, en tareas que presentan situaciones dilemáticas. Los resultados obtenidos nos permitieron conocer avances en las díadas asistidas en cuanto a las tres dimensiones evaluadas: estilo argumentativo, competencia argumentativa y dialogicidad. Pudimos concluir, entre otros resultados importantes, que la asistencia de la argumentación y sus cualidades interactivas, tiene efectos beneficiosos para los sujetos en cuanto al mejoramiento de las tres dimensiones antes indicadas (Peralta y Roselli, 2018). 3- Estudio sobre complejidad argumentativa en estudiantes universitarios.

En esta investigación comparamos la complejidad argumentativa individual escrita en tareas sociocientíficas de estudiantes universitarios de Psicología, en función del momento de cursado (ingresante/avanzado) y de la presencia de un sistema de representación externa adicional (gráfico). Participaron 72 estudiantes universitarios que emitieron opinión escrita sobre una situación sociocientífica con argumentos a favor y en contra, y un grupo dispuso de un sistema de información adicional gráfico. Las producciones de los participantes fueron codificadas según se trataba de un texto argumentativo; cantidad de argumentos, diferencia de opinión principal, estructura argumentativa, sesgo confirmatorio y, finalmente, uso de información. Aunque, en general, se reconfirmaron niveles bajos de complejidad argumentativa escrita en estudiantes, esto se dio de manera más marcada al ingreso de la universidad, en comparación con los momentos más avanzados de cursado. Así, la planificación curricular en las asignaturas de nivel básico debería considerar este déficit argumental de base que el alumno trae desde su formación secundaria. De concretarse exitosamente las acciones previas en los estudiantes ingresantes, sería esperable contar con mejores niveles de argumentación en los momentos más avanzados de la carrera (Tuzinkievicz, Peralta, Castellaro y Santibáñez, 2018).

4- Lectura de Tablas de Frecuencia en estudiantes universitarios.

En este trabajo evaluamos la relación entre el tamaño del grupo (díada-tríada) y la distribución argumental (simétrica-asimétrica, es decir, participación similar o diferente de los sujetos) en lectura de tablas de doble entrada y su relación con el tipo de respuesta utilizada. Empleamos un diseño cuasi-experimental de solo post-test en una muestra de 89 estudiantes universitarios. Los resultados mostraron distribuciones argumentales simétricas en las díadas, mientras que las tríadas obtuvieron mayores valores de asimetría. Con este estudio pudimos observar que el tamaño del grupo afecta la posibilidad de las personas de aportar argumentos durante la interacción, así como el tipo de tarea condicionaría el tipo de argumentos empleados.

5- El análisis de datos textuales como herramienta para el estudio argumentación.

En una vertiente metodológica y de análisis de datos, hemos realizado trabajos que apuntan a discutir e identificar formas alternativas de análisis de la argumentación basadas en el análisis estadístico léxico de las producciones argumentativas. En uno de ellos, estudiamos las dos dimensiones clave de la competencia argumentativa: la contra-argumentación (enfrentar el propio punto de vista con otro diferente y ajeno) y la revisión epistémica (revisar la propia perspectiva). Lo hemos realizado utilizando la producción lingüística de estudiantes universitarios chilenos que respondieron una entrevista semi- estructurada, la que buscaba examinar la forma en que esta comunidad ecológica se comporta argumentativamente (Peralta, Castellaro y Santibáñez, 2018).

En el otro trabajo, el objetivo fue efectuar un análisis textual o de discurso de producciones escritas argumentativas de estudiantes universitarios, desde la perspectiva francesa del análisis de datos textuales con el fin de detectar recursos lingüísticos característico de las argumentaciones de estudiantes universitarios ingresantes y avanzados (Peralta, Castellaro y Tuzinkievicz, 2018).

En ambos trabajos enfatizamos el Análisis de Datos textuales como una alternativa metodológica que aporta tres ventajas claves (entre otras) en el análisis de la argumentación escrita: permite detectar un vocabulario específico para cada producción escrita; posibilita el análisis en contexto de términos seleccionados y, finalmente, facilita un regreso a la realidad de los datos, dado que la complejidad del análisis responde a la complejidad inherente a las unidades de estudio, integrando distintos tipos de datos cuantitativos con datos textuales.

6- Estudio sobre escritura argumentativa en la Universidad

Esta es la línea más actual de trabajo, donde analizamos la argumentación escrita de estudiantes ingresantes cuando realizan tareas académicas y de opinión y a su vez se exploramos la posible vinculación entre dicha habilidad con el estilo de enseñanza. Consideramos que la investigación de esta temática es de gran importancia dado que la habilidad argumentativa escrita se encuentra en el fundamento de todas las asignaturas de las carreras universitarias; cualquier presentación de trabajo, examen, exposición oral, diseño de investigación, entre otros, tiene como base la argumentación. Y sabemos por los antecedentes que es una habilidad que puede enseñarse y fortalecerse en el marco de la universidad.

¿Por qué estudiamos la argumentación?

En primer lugar, es importante destacar que estos tipos de estudios contribuyen con datos empíricos al avance y posible aplicación de estos resultados en el ámbito educativo, fundamentalmente en el ámbito universitario donde la argumentación es una competencia exigida a los estudiantes, aunque poco fomentada.

En segundo lugar, consideramos que el incentivo de la argumentación es una herramienta central para su desarrollo. Enseñando habilidades argumentativas, los estudiantes universitarios estarán en condiciones de hacer frente a la participación en diversos escenarios sociales donde puedan gestionar las diferentes posiciones a través de la argumentación (Correa, Ceballos y Rodrigo, 2003).

Finalmente, consideramos importante destacar el valor de la argumentación dialógica en el seno de los ámbitos educativos, ya que hay un reconocimiento unánime de que la función argumentativa permite una reflexión sobre los propios puntos de vista, pero además, en el caso de producirse en contextos interactivos, beneficiarse del intercambio con los puntos de vista de los compañeros.

Referencias

Cano, M. y Castelló, M. (2016). Evolución del discurso argumentativo en función de la demanda de aprendizaje. Infancia y Aprendizaje, (39)1, 84- 118.

Correa, N., Ceballos, E. y Rodrigo, M. J. (2003). El perspectivismo conceptual y la argumentación en los estudiantes universitarios. En C. Monereo y J. I. Pozo (Comp.). La universidad ante la nueva cultura educativa: enseñar y aprender para la autonomía. Barcelona: Síntesis.

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González-Lamas, J., Cuevas, I. y Mateos, M. (2016). Argumentar partir de fuentes: diseño y evaluación de un programa para mejorar la argumentación escrita y su impacto en función de las creencias acerca de la escritura académica que mantienen los estudiantes. Infancia y Aprendizaje, (39)1,49-83.

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Peralta, N., Castellaro, M., & Santibáñez, C. (2018). El análisis de datos textuales como herramienta para el estudio de la contra-argumentación y la revisión epistémica (Manuscrito enviado para evaluación).

Peralta, N., Castellaro, M. y Tuzinkievicz, M. A. (2018). Análisis textual de argumentaciones escritas de estudiantes universitarios. (Manuscrito enviado para evaluación).

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Peralta, N. y Roselli, N. (2018). Estudo quase-experimental sobre argumentação em situações de dilema em diferentes condições de interação. Revista Eletrônica de Estudos Integrados em Discurso e Argumentação, 15, 196-208.

Pérez-Echeverría, M. del P., Postigo, Y. y García-Milá, M. (2016). Argumentación y educación: apuntes para un debate. Infancia y Aprendizaje, 39(1), 1-24.

Tuzinkievicz, M. A., Peralta, N., Castellaro, M. y Santibáñez, C. (2018). Complejidad argumentativa individual escrita en estudiantes universitarios ingresantes y avanzados. Liberabit, (en prensa)

Esp. Maria Laura Luciani

Psicóloga, Directora de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Especialista en Psicodiagnóstico, Docente de Grado y Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNR y UCSE DAR

Esp. Mariela Castro

Psicóloga, Co-directora de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Especialista en Psicodiagnóstico, Docente de Grado y Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNR.

Prof. María Inés Altavista

Psicóloga, Ex Docente de grado de la Facultad de Psicología de la UNR, Docente de Posgrado, Miembro Fundador de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Jurado Evaluador de CONEAU.

Historizando el estudio del Piscodiagnóstico en el ámbito de l Universidad Nacional de Rosario. Consideraciones sobre la práctica profesional.

Antecedentes históricos. Un futuro promisorio

La tecnicatura de Auxiliar de Psicotecnia creada en 1953 constituye el primer antecedente académico del Psicodiagnóstico de nuestra actual casa de estudios, una carrera técnica menor con un plan de estudios de dos años y ocho materias desarrollada en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de Rosario, por ese entonces dependiente de la Universidad Nacional del Litoral. Lo llamativo de esta propuesta académica es que dicho plan de estudios no incluía ninguna materia orientada al trabajo con técnicas psicométricas y proyectivas. Tal vez por ese motivo al año siguiente se crea el Instituto de Psicología, incorporando un curso de Técnicas Psicológicas, dirigido por Erminda Benítez de Lambruschini (Ascolani, 1988). En 1956 se funda la primera carrera nacional de Psicología en la misma facultad. El Prof. Jaime Bernstein es nombrado director de la misma y queda a cargo de la asignatura “Psicometría y Estadística”, que luego pasaría a llamarse “Psicometría y Exploración de la personalidad”. Es una época donde las competencias profesionales aún no están legisladas y eso genera una atmósfera cargada de expectativas e ilusiones frente al futuro. El psicólogo es concebido como “agente de cambio”, una especie de enunciado identificatorio con una impronta que reivindica la concepción del ser humano en tanto sujeto en movimiento e indisolublemente vinculado a lo social. Nélida Álvarez (2005) recuerda que en este momento histórico la Universidad estimula la participación de estudiantes que se sienten “parte creativa de un proyecto con sentido humano y humanizante”.

El título universitario es sólo académico y la formación no está suficientemente articulada con la futura práctica; la inserción profesional no es fácil. La vinculación con los instrumentos de exploración psicológica constituyen

entonces un puente de conexión con la práctica. La psicometría resalta el valor de las pruebas construidas según el método experimental, cuya aplicación le permiten al psicólogo acceder a datos válidos y confiables, llamados objetivos. En cambio, las técnicas proyectivas, por su relación con el psicoanálisis, ponen énfasis en la capacidad interpretativa del psicólogo a la hora de analizar los datos obtenidos, con la meta de comprender la personalidad en sus aspectos organizativos y dinámicos. No hay que olvidar que la Psicología Proyectiva en auge en las décadas del ‘50 y ‘60 se opone a la Psicología atomista, imperante en los años anteriores, que describe leyes generales de la conducta humana, no integrando la dimensión histórica y singular del sujeto. La apropiación de las técnicas psicodiagnósticas posibilita entonces la proyección de una práctica profesional específica de la labor del psicólogo (Álvarez, 2005).

A partir de 1960 el Psicodiagnóstico es comprendido como un proceso conformado por etapas: la entrevista inicial, las entrevistas de administración de técnicas, la entrevista de devolución y la redacción del informe psicodiagnóstico. Su objetivo: el estudio profundo de la personalidad, su descripción y la comprensión de sus rasgos y mecanismos defensivos. Implica un continuum constante, una puesta en marcha que pretende reconocer la subjetividad y responder a las preguntas implícitas en la demanda. Además, integra métodos de exploración psicológica, tales como entrevistas y técnicas resguardadas en el Método Científico Experimental y el modelo explicativo del Psicoanálisis. En otras palabras, el llamado Proceso Psicodiagnóstico permite acceder al estudio de las características estructurales y dinámicas de la personalidad de un sujeto, en sus vicisitudes vitales, con conflictos, defensas, una modalidad vincular, con un cuerpo y su propia representación. Dimensionando al sujeto genuinamente enmarcado en un contexto sociocultural específico, con una historia personal sesgada por una circunstancia histórica determinada (Lunazzi, 2017).

Una época convulsionada

Mientras el Psicodiagnóstico crece prósperamente en la Universidad, el golpe de Estado de Onganía en 1966 genera una etapa de caos y agitación. La descarnada persecución obliga a muchos profesores y estudiantes a discontinuar sus actividades académicas. Fue el caso de María Luisa Siquier de Ocampo, una de las psicólogas altamente valoradas y reconocidas en el área del Psicodiagnóstico, con numerosas publicaciones que enseñan técnicas proyectivas, que en ese entonces viajaba desde Buenos Aires para desarrollar el práctico de Clínica I. También merece ser mencionada María Ester García Arzeno, quien junto con la anterior marcan un hito en la profundización teórica, investigación y divulgación del Psicodiagnóstico, constituyéndose en referentes teóricos de lectura obligatoria en todos los planes de estudio de la formación universitaria que incluyen esta área de estudio. En esta época García Arzeno es estudiante de la carrera de Psicología en Rosario.

De acuerdo al trabajo realizado por Álvarez (2005) sobre la historia del Psicodiagnóstico, no sólo la formación de los futuros psicólogos se ve afectada; también la práctica, a partir del decreto que reglamenta el ejercicio profesional y que equipara a los psicólogos con el cargo de asistente psiquiátrico (cargo existente en una carrera corta, previa a la creación de la carrera de Psicología). El psicólogo queda habilitado para la administración de tests, pero no para el planteo de diagnósticos, que son realizados por el médico psiquiatra,

responsable de firmar los informes psicodiagnósticos para su validez. Tampoco puede ejercer ningún tipo de psicoterapia. De modo que esta ley, inhabilitante de toda aquella acción profesional que pudiese generar un cambio, pone en crisis la identidad profesional construida y afianzada durante los diez años precedentes.

Sin embargo, los psicólogos establecen un plan de lucha y resistencia, transgrediendo esta ley ante cada oportunidad surgida a partir de la demanda social de sus servicios. Las técnicas psicodiagnósticas son implementadas en hospitales y escuelas, afianzándose la concepción del psicodiagnóstico como proceso sostenido en el vínculo entre el psicólogo y el sujeto a diagnosticar. Las ideas de David Rapaport relucen en este panorama y ofician de guía en el quehacer profesional. El psicodiagnóstico en niños se instala con mayor rapidez que en los adultos en la década del ‘70, de la mano de los pedidos realizados por padres, pediatras y docentes. El escepticismo de los médicos destinados a la atención de adultos limita y hace más lento el proceso de interconsultas y/o derivaciones (Álvarez, 2005).

Después de años difíciles y de mucha desorganización, y ya creada la Universidad Nacional de Rosario en 1968, se continúa el dictado de la materia “Psicometría y Exploración de la Personalidad”, desdoblada en “Psicometría”, a cargo de Noemí Deutscher, se suma “Técnicas proyectivas” y “Psicodiagnóstico de Rorschach” a cargo del Lic. Mirotti en primera instancia, y luego, de Ana María Perrotta. Unos años después, en 1972, con el gobierno de Perón, cambian las autoridades de la carrera, se comienza a realizar concursos docentes y posteriormente en el contexto siniestro de 1975 nuevamente cambian las autoridades ya en los albores del Golpe del 76 y se suma el abandono forzado de las aulas, por parte de estudiantes y docentes.

Todo este avance y retroceso se da en un contexto en el que el Psicoanálisis tiene un valor preponderante en el trabajo clínico. La Psicología desarrolla en todo este tiempo, un perfil psicoanalítico muy arraigado en los postulados de Sigmund Freud y Melanie Klein.

Transformaciones del Psicodiagnóstico con la recuperación de la democracia

Ante el retorno de la democracia y la recuperación del Estado de Derecho de la mano de Alfonsín en 1983 se reestructura la carrera adquiriendo un perfil psicoanalítico, predominantemente lacaniano, desconsiderándose en el plan de estudios el espacio arduamente ganado por las técnicas psicodiagnósticas. Se eliminan del plan y comienzan entonces a perder prestigio entre los psicólogos – psicoanalistas. El test de Rorschach es uno de los pocos instrumentos que parece resistir a las críticas acerca de su utilidad; sin embargo, es poco tenido en cuenta por aquellos profesionales y se dicta exclusivamente fuera de la universidad en lo que posteriormente sería la Asociación de Rorschach de Rosario

Esta situación significa para el Psicodiágnóstico un reto en la recuperación de su legitimación dentro de la Universidad.

En 1984 se dicta la Ley Provincial del Ejercicio Profesional de los Psicólogos N° 9538 que establece tres especialidades: Psicología Clínica, Educacional y Social, realizadas en distintos ámbitos de aplicación (jurídico, laboral y social) según el artículo 4. Respecto a la Psicología Clínica, el artículo 3 establece que “comprende la exploración diagnóstica de la estructura, dinámica y desarrollo de la personalidad, la orientación psicológica para la prevención de patología y el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de los conflictos psicológicos en curso así como otras actividades requieren el uso de instrumentos y técnicas psicológicas”. El artículo 6 dictamina que “será el profesional específicamente capacitado para la administración e interpretación de técnicas psicométricas, proyectivas y la psicoterapia individual o grupal”. Al año siguiente el Ministerio de Educación de la provincia determina las incumbencias profesionales del psicólogo, entre las que corresponde mencionar en este trabajo: la realización de diagnósticos, pronósticos y seguimiento psicológico u orientación vocacional; la construcción y desarrollo de métodos, técnicas e instrumentos psicológicos y la elaboración de perfiles psicológicos en distintos ámbitos laborales. De lo anterior se desprende una de las primeras transformaciones en la práctica del Psicodiagnóstico, a partir de la legitimación del uso de las técnicas psicométricas y proyectivas y la ampliación del alcance de su aplicación. Varios años más tarde, en 1999, es elaborado el Código de Ética del Psicodiagnósticador, aprobado por la Asamblea General Ordinaria de la Asociación de Estudios e Investigación en Psicodiagnóstico (ADEIP). Esta institución, fundada en 1988, junto con la Asociación de Rorschach de Rosario (creada en 1967 como Escuela, luego del desmantelamiento de la facultad de Psicología en 1966), concentra en esta época la formación y la investigación en Psicodiagnóstico fuera del claustro universitario para dar respuesta a los problemas teóricos, técnicos y éticos de la práctica. Conocer la subjetividad implica no sólo la descripción e interpretación de los estilos de la personalidad, sino también la oportunidad de polemizar acerca de los sustentos teóricos y técnicos que orientan la práctica profesional. La construcción del conocimiento científico debe velar por mantener la validez y confiabilidad de los medios de producción del saber y de garantizar los resguardos metodológicos, de verificación y de socialización de ese saber (Kacero, 2009 y Lunazzi, 2017)

Es así como las técnicas deben ajustarse a los nuevos contextos y desafíos. El concepto de evaluación psicológica se instala como una categoría más amplia al plantearse como el estudio descriptivo y explicativo de los sujetos y grupos humanos en relación a sus contextos socioculturales donde desarrollan su cotidianeidad y a sus historias de vida (Vecchia, 1998).

El estudio de las técnicas de exploración de la subjetividad se retoma paulatinamente en el ámbito universitario. En principio, en espacios opcionales; luego, en el interior de algunas asignaturas. Desde 1987 y durante algunos años, María Inés Altavista toma a su cargo los Seminarios Electivos sobre Psicodiagnóstico. El aumento de la demanda por parte del estudiantado promueve entre los años 1991 y 1992 la creación de cátedras paralelas. En la Psicología Clínica I “B” (en la cátedra actualmente llamada Evaluación y Psicodiagnóstico), se da la incorporación del proceso psicodiagnóstico, con Jorge Hernández como profesor titular, acompañado por Vicente Ferris, Juan Carlos Bauman y Altavista (Altavista, 2011). En Psicología Clínica II “B” con Osvaldo Segalowics se dictaba Psicodiagnóstico de Rorschach. En 1991 se crea el Departamento de Psicodiagnóstico, bajo la dirección del Ps. Fernando Silberstein (Perrotta y Frigola, 1991). A finales de los ´90, trascendiendo al nivel de grado, Altavista junto a Elizabeth Sorribas incorporan cursos de posgrado, pedestal de la hoy afianzada Carrera de Posgrado de Especialización en Psicodiagnóstico, la primera del país a nivel público, acreditada como Categoría B por CONEAU, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria. La formación de especialistas se realiza desde el 2005, bajo la dirección de Sorribas hasta su deceso, sucedida por Altavista. Su plan de estudio responde a las realidades actuales del psicólogo, aspirando a formar un profesional capaz de desempeñarse en el área del Psicodiagnóstico con responsabilidad y eficacia, sostenido en un saber riguroso sobre las técnicas. Clínica, Forense, Laboral y Educacional se incluyen como áreas dentro de la especialización del Psicodiagnóstico. (Sorribas, 2008)

En estos momentos, el staff de la comisión académica se está renovando, sin embargo, los objetivos primordiales son los mismos de siempre:

-Especializar al alumno en el área de conocimiento del Proceso Psicodiagnóstico.

-Generar espacios para reflexionar acerca del complejo proceso de la integración de técnicas psicodiagnósticas.

-Favorecer la implementación del Proceso Psicodiagnóstico sustentado sobre el carácter científico de una epistemología apropiada.

-Afianzar el desarrollo del Proceso Psicodiagnóstico en distintos ámbitos de las incumbencias del psicólogo.

En suma, se propone realizar una tarea conjunta entre docentes y alumnos, donde se incluyan los saberes teóricos y el quehacer del psicólogo, que opta por desempeñar un rol profesional específico, el de psicodiagnosticador.

En este sentido, entre las transformaciones del Psicodiagnóstico en las últimas décadas, se encuentra la invitación a pensarlo “como un acontecimiento que emerge durante su transcurso” (Kacero, 2003). Se trata de un pensamiento complejo que le asigna a esta práctica un valor instituyente en el encuentro singular entre el psicodiagnosticador y el sujeto a conocer. Desde esta perspectiva, el psicodiagnóstico es concebido no como una tarea que realiza el psicólogo, en la que administra técnicas específicas y realiza formulaciones interpretativas hipotéticas para arribar a un diagnóstico, sino como una co-producción en un marco vincular construido con otro y acotada en el tiempo. El Psicodiagnóstico, en tanto acontecimiento inaugural, propicia la construcción de nuevos sentidos, cuyo entramado complejo implica la multidireccionalidad y multidimensionalidad del proceso de producción de enunciados, facilitando nuevos procesos de semantización y procurando el acceso a novedosas formas de realidad. Es un acontecimiento dialógico que puede generar nuevos vectores de significación y experiencia. Es una práctica con potenciales efectos transformadores desde el inicio, tanto en el psicólogo como en el sujeto que se desea conocer y comprender. En ese encuentro algo nuevo se crea y emerge (Kacero, 2000, 2003). En este sentido, se reivindica la idea de un psicólogo activo, promotor de nuevos significados, de cambios, eco de aquella fuerte marca identificatoria de los años ’60 y ’70, pero ahora junto con el sujeto con el que trabaja. Sostener esta labor apasionante de indagación en el otro y junto con el otro incluye el desafío para el psicólogo de conocerse a sí mismo en esta experiencia compartida.

Por todo lo expuesto hasta el momento se comprende que historizar acerca del estudio del Psicodiagnóstico en el ámbito de nuestra Universidad, atravesada por los vaivenes políticos e ideológicos, contribuye a consolidar su pertenencia, pertinencia y legitimación. Esta tarea merece considerar al Psicodiagnóstico como una práctica que se sustenta sobre parámetros epistemológicos, metodológicos y éticos. El conocimiento de la historia permite consolidar y reconocer la identidad profesional, comprender el sentido de sus cambios, sostener un trabajo basado en el encuentro humano, con el afán de desplegar la potencialidad humanizante que contiene su práctica. (Alvarez, 2005)

Referencias bibliográficas

Altavista, M.I.; Kacero, E.; Lunazzi, H. y Muñóz, A. (2011) Demandas actuales y psicodiagnóstico: retos y perspectivas. XV Congreso Nacional de Psicodiagnostico, XXII Jornadas Nacionales de ADEIP, San Miguel de Tucumán.

Álvarez, N. (2005). La transformación en Psicodiagnóstico como clave de su historia. En Boletín Informativo ADEIP,52 (17), 15-18.

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Kacero, E. (2009). El Diagnóstico del psicodiagnóstico. Actas del IV Congreso Nacional de Psicodiganóstico, IX Jornadas Nacionales de ADEIP, Salta.

Kacero, E. (2003). El psicodiagnóstico como acontecimiento. En Actas del XII Congreso Latinoamericano de Rorschach y otras Técnicas Proyectivas (ALAR), Montevideo.

Ley Provincial Nro. 9.538 del Ejercicio profesional de los Psicólogos y creación del Colegio. Santa Fe, 30 de Noviembre de 1984

Lunazzi, H. (2017). Relectura del psicodiagnóstico. Juicio clínico, problemáticas epistemológicas, metodológicas y éticas. Buenos Aires: Ed. Lugar

Perrota, A. M. & Frigola, G. (1991). El psicodiagnóstico en la ciudad de Rosario. En Boletín Informativo ADEIP, 3(11), 12-13.

Sorribas, E. (2008). Tiempo de memoria y balance. Rosario-12. Recuperado de: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-9856-2007-08-16.html

Vecchia, T. A. (1998). El método psicodiagnóstico y el ejercicio profesional de

 

 Juan Bautista Ritvo

Psicoanalista y escritor, ex Profesor de Teoría de la Lectura en la Facultad de Humanidades y Artes, y también fue docente de la Maestría de Psicoanálisis y del Doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Fue miembro del consejo editor de las revistas Sitio, Paradoxa y Diatribas y actualmente de las revistas Conjetural, Redes de la letra y Las ranas. Ha publicado los libros El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada (1990),La edad de la lectura (1992); Repetición: azar y nominación (1994), La causa del sujeto: acto y alienación (1994), Ensayo de las razones: acto y argumentación en psicoanálisis (1998), Formas de la sensibilidad, restos de la cultura (1999), Del Padre. Políticas de su genealogía (2005)Decadentismo y Melancolía (2006), Figuras del prójimo. El enemigo, el otro cuerpo, el huésped(2006), Figuras de la feminidad (2009) El laberinto de la feminidad y el acto analítico (2009),Sujeto masa comunidad. La razón conjetural y la economía del resto (2011). Además ha publicados numerosos ensayos y artículos en el ámbito de la literatura, la filosofía y el psicoanálisis.

Presentación de los tres libros sobre Sexualidad Femenina: El muro del sexo.

Estos tres libros – “Figuras de la feminidad”, “El laberinto de la feminidad” y “El silencio femenino” – tienen una premisa común: la irreductible diferencia entre los sexos.

No hay hombre ni mujer como entidades separadas ( el famoso y tan confuso “género”) sino un límite entre ambos que los define por igual en su profunda desigualdad; algo que provisoriamente podemos definir mediante ciertas metáforas que son, desde luego, imprescindibles: la sexualidad concéntrica del hombre, la centrífuga de la mujer.

Por supuesto, ambas dimensiones son dimensiones límites, ideales, en el sentido matemático del vocablo, un límite que siempre encontramos en la clínica profundamente reprimido; es decir, conservado como reprimido para que reaparezca en el síntoma.

Frente a la avalancha actual encabezada por el feminismo de masas y los movimientos queer con su insistente apelación a un anarquismo sexual que presenta los mismos límites que el anarquismo político, es preciso sostenerse en una verdad elemental que, incluso entre analistas, ha comenzado a ser dejada de lado de modo casi vergonzante pero efectivo.

El sostener, a la vez, que hay dos polos de la división sexual y que esta polaridad no simétrica es irreductible, que la diferencia hombre/mujer carece de un tercer término que instaure la identidad, tiene su ámbito de verificación y de construcción en la clínica psicoanálitica. Es como horizonte teórico de la clínica, horizonte que sostiene a esta del mismo modo en que esta sostiene a aquel, que planteamos la oposición no complementaria y sí suplementaria entre hombre y mujer.

¿Desde dónde hablo? Desde el dispositivo analítico y no desde la historia o la sociología, aunque sea necesario apelar a estas disciplinas y también y decisivamente al discurso filosófico.

(Es curioso y revelador que en un mundo, el capitalista, cada vez más injusto y limitador de las posibilidades humanas hayan surgido discursos, minoritarios y casi exclusivamente reducidos a la intelligentzia universitaria, que preconizan que no hay límites sexuales para las combinatorias más diversas. Por cierto, estas combinatorias, apenas se las examina desde cerca y sin vociferaciones y reclamos airados, aparecen como bordes, confusos y para nada creadores, del malestar en la cultura, es decir, de la neurosis. El reclamo del rizoma deleuziano, que cualquier cosa se combine con cualquier otra cosa, conduce a la esterilidad y a la impotencia.)

A modo de presentación, transcribiré un fragmento del último de los libros citados, “El silencio femenino”.

La mujer, constreñida a no reconocer de sí más que lo que el hombre reconozca, ha guardado silencio durante siglos. Y ahora que habla, ahora que toma la palabra, muchas

veces con virulencia, algo del viejo silencio persiste bajo la forma de la ironía, incluso en la supuesta aceptación de la no diferencia: “somos iguales”… Y no, no somos iguales: pero esa desigualdad yace en la intimidad del erotismo femenino, no en las declaraciones públicas, que pertenecen a otro orden. Proclamar la igualdad entrediciendo la no igualdad cuestionada, he aquí una forma de la ironía que, no obstante, vive de las posibilidades que actualmente le ofrece el mundo contemporáneo que no se identifica con el patriarcalismo islámico.

Entonces la mujer – a pesar de sus frecuentes e inevitables identificaciones con el hombre – le concede a este que la defina, que le defina su lugar en el mundo, mientras se reserva, cuidadosamente guarda para sí, algo oscuro, tan oscuro como poroso y permeable, tanto, que bien podría decirse que es nada, y sin embargo adquiere realidad porque el hombre o lo denosta o lo idealiza – en el fondo es lo mismo…

Ahora estoy llevando a cabo el gesto clásico: yo, un hombre, hablo de ella, la convierto en mi objeto de análisis; y si alguna verdad hay en lo que digo es porque he empezado a reconocer esa ironía escondida.

Pero, ¿qué hay allí?

Hesíodo creía saberlo: la caja de Pandora, es decir los males que la neurosis suele confundir con el Mal, junto con el único bien pulsional: el ritmo, la intensidad de la vida, que es indiscernible del dolor de existir.

Por supuesto: la actual idealización del goce femenino – diverso al del hombre, pero igualmente limitado, como todo lo finito – goza ( aquí el término es pertinente) de la creciente complicidad de las corporaciones psicoanalíticas, prestas a satisfacer las demandas que definen a nuestra época, las que proclaman la consagración de la ilimitación en el preciso momento en que el horizonte se estrecha hasta asfixiarnos.

En este punto sin duda es preciso volver a Freud, y hacerlo desde Lacan, pero sin entregarse a lecturas piadosas y obsesivas. En ellos también sus enunciados reprimen la sexualidad femenina, la que retorna en sus intervalos como una enunciación que jamás adquiere derecho de ciudadanía.

II

Es preciso no aislar las esferas concretas: el amor, la vida cotidiana, la patología clínica.

Y menos que menos la lección de la poesía erótica.

“No puedes cada día darme tu corazón;

si me lo pudiste dar, es que nunca lo diste.

Enigmas son de amor que, aunque el corazón parta,

queda en su sitio, y que perdiéndolo lo salvas.”

(John Donne, “Infinitud de los amantes”.)

El equívoco: se da reteniendo y se recibe rechazando, bajo la promesa siempre incumplida

de un dar y un recibir puros que jamás advienen como tal.

Así la donación se sustrae a la donación y en ese instante se cumple, del mismo modo en que la recepción se pierde y allí se efectiviza.

El amor compromete la irribitabilidad y la movilidad del cuerpo, ambas insuperables como es insuperable el destino, pero lo hace en un terreno habitado por las tormentas de todas las pasiones contradictorias: quisiera durar para siempre, pero lo sempiterno encarna la

amenaza del hastío; permite que la razón y la fantasía pervivan disimulándose la una en la otra, pero en definitiva traiciona a ambas, a la fantasía, porque incurre en humillaciones y en subterfugios, a la razón, porque termina por no comprender lo que comprende de sobra; anhela la verdad a condición de que no aparezca y la irreverencia, buscada con ahinco, anuncia ese placer furtivo que alcanza su máxima intensidad degradando al objeto.

El hombre quiere que su gavilla no sea avara; no obstante, teme que entregándose se pierda, mientras la dama se esfuerza por competir por el dominio fálico ( es la guerra florida); entretanto, protesta porque en tal competencia ella queda del lado de la previsibilidad absoluta y así enteramente entregada al aburrimiento letal; el hombre, más patéticamente, queda del lado de la imbecilidad.

Cada uno trata de ejercer el poder que una vez conquistado decepciona; sin embargo persiste en tal ejercicio torturante, para evitar enfrentar el simulacro de lo que nunca está exactamente donde sin embargo no deja de estar. El juego del furet ( hurón, anillo) es altamente simbólico para definir el falo: circula incesantemente sin que se sepa dónde está ni quién lo tiene. Si alguien adivina que uno cualquiera lo tiene, el poseedor deberá pagar una prenda junto con la entrega del anillo, que es el comienzo de la abdicación.

Nunca está del todo donde está y nunca está totalmente ausente donde no está, pero su giro incesante en paso de comedia, sus artilugios y simulacros ( cualquier objeto puede representarlo), revelan que el falo es una nada que ordena el juego, le presta ese carácter trágicómico que lo caracteriza y disimula de esta forma la extrema precariedad de la vida, que Lacan manifiesta de manera ejemplar cuando dice, repitiendo a Freud, que la vivida, en el fondo, es una asimilación devoradora.

 Manuel D´Onofrio

Psicoanalista y Médico Psiquiatra - Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina

Las Neurociencias, la Ciencia y el Psicoanálisis

Introducción

“Si la máquina aritmética es el efecto de un cerebro del que ella misma es una aproximación, al menos debe admitirse que los cincuenta modelos de esta máquina, presumiblemente construidos antes del definitivo, son el índice de una voluntad de construir conscientemente motivada. Pascal piensa que no hay semejanza mecánica de este tipo de motivación. Si no es posible concebir una máquina motivada por el proyecto de construir una máquina, si no hay un ordenador en el origen absoluto del ordenador ¿quién prohibirá al filósofo el plantearse, a propósito del cerebro, otras preguntas diferentes de las de los fisiólogos?. Esto no lleva, en modo alguno, a responder al saber del fisiólogo en su terreno. La estructura y las relaciones entre las neuronas del cerebro son la condición de su ejercicio. Los progresos y la rectificación del saber de los fisiólogos son asunto de los fisiólogos. El fisiólogo es dueño de sí mismo, pero el filósofo es indiscreto en todas partes”.

Georges Canguilhem 1

“Este conocimiento que la ciencia está proporcionando debería permitirnos orientar mejor sobre lo que deseamos hacer del hombre, sobre el modelo que debemos tener en la cabeza de lo que debe ser el hombre en la sociedad y en el mundo venidero”.2

Jean-Pierre Changeaux

Las referencias a Georges Canguilhem y a Jean-Pierre Changueaux, contrastantes entre sí, ponen en evidencia dos cuestiones centrales respecto de la historia y actualidad de las neurociencias. Por un lado, es una afirmación corriente en el campo neurocientifico, que a partir de la secuenciación del genoma humano y contando con una computadora de potencia suficiente, estaría a nuestro alcance el calcular por entero al organismo. Por otro lado, desde este campo es aceptado que la Filosofía de la Mente – considerada por Howard Gardner en “La nueva ciencia de la mente” como la ciencia cognitiva más antigua – tiene por fin integrar los resultados de estas ciencias particulares en un nivel de generalización mayor al logrado por cada uno de ellas, en tanto sus problemas, además, no son independientes de los resultados teóricos y experimentales de las ciencias naturales.

Esto pone de manifiesto lo que, de modo autoritario y con una ilusoria totalización, la ciencia prescribe dejando de lado cualquier otro tipo de determinaciones (químicas, culturales, fisiológicas) e ignorando por completo toda contingencia, lo que está en línea con la afirmación de algunos genetistas sobre que en el genoma humano, el Libro de la Vida, ya está todo escrito, sin lugar para el azar que introduzca la novedad ni del acontecimiento que exceda todo cálculo. Por otro lado, se niega la existencia de lo psíquico desde la perspectiva del monismo materialista. En este punto, donde se produce el cruce del discurso de la ciencia con la filosofía, es que Canguilhem propone a ésta separada de la ciencia neurocognitiva, de modo de ejercer sobre ella su “indiscreto” trabajo epistemológico e histórico-científico.

Es innegable que esta orientación de la ciencia contemporánea, que podemos llamar también discurso de la ciencia o cientificismo, le da un marco apropiado a las neurociencias para su auge – más aún, se ha convertido en la ciencia estrella – irradiado al conjunto de la vida social, con la pretensión de que todo lo concerniente a lo humano puede caer bajo su dominio. Y que, que la gran esperanza científica es que se pueda predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad calculados por la propia ciencia. Se configura así el marco de prerrogativas que la ubican en un lugar de referencia para la vida individual y colectiva.

Esta orientación cientificista, un fantasma de la época, ha pasado a los medios de comunicación, que difunden profusamente a la población general los hallazgos de las neurociencias 3, apuntalados por el prestigio científico de los investigadores y de los institutos de pertenencia, se ha hecho a sí misma admirable, generando una fascinación tal que, como dice J. Peteiro Cartelle

“(…) parece llenar un vacío causado por el término de los relatos y el declive de las creencias religiosas (…) la gente ve en ella la única vía al conocimiento y la única solución posible a todos nuestros problemas”.

El cientificismo está calando tan hondo que promueve que se considere superfluo todo aquello que no se exprese “científicamente”, pasando al dominio público y a la ideología habitual. La cosmovisión posible ya no es ideológica o religiosa, la Ciencia está pasando a ser la gran esperanza y la única creencia 4.

Las neurociencias y su política hegemónica en Salud Mental.-

Es en este marco que asistimos hoy a la pretensión hegemónica de las ciencias neurocognitivas tanto en el campo de la Salud Mental como también cuando interviene en el campo del psicoanálisis.

En relación al campo de la Salud Mental a partir de las prescripciones del paradigma naturalizante 5 del discurso de las neurociencias consagrando su dogma “la mente es el cerebro” y sosteniendo sus razones sobre lo indetenible del progreso científico – lo que lo torna en un argumento fuertemente ideológico – intentan forzar una homogeneización en la orientación objetivante de la teoría y las prácticas, incluyendo al psicoanálisis. Pareciera que, incurriendo en un equívoco fundamental, para nada inocente, la condición “psi” que supuestamente compartirían las enlaza al punto de pretender borrar toda diferencia entre ambos campos discursivos radicalmente heterogéneos.

Sobre esta base biologizante se tiende a señalar, por ejemplo, lo genético y lo orgánico en la raíz del padecimiento subjetivo y su consecuente patologización. Operan mediante un reduccionismo extremo al servicio de invisibilizar las determinaciones subjetivas y sociales. Por esta vía la atención se centra en la prescripción psicofarmacológica y la implementación, en un todo complementarias, de terapias cognitivo-conductuales. En otras palabras, lo que se verifica es la medicalización de la salud mental, un verdadero arrasamiento de lo subjetivo. En el otro polo, desde la teoría y las prácticas cotidianas se configura una situación insostenible a partir del antagonismo que genera este abordaje unidimensional, que condiciona el desenvolvimiento del proceso de salud-padecimiento-atención de los usuarios y sus comunidades.

La fuerza en lo político-institucional del primer polo del antagonismo reside claramente en actores poderosos que definen e implementan estrategias biomedicalizantes que implican a la industria farmacológica, la presencia del capital financiero en el sector salud y sus disputas con el complejo médico-industrial, incluyendo a las corporaciones profesionales. El segundo polo queda mayormente ligado a la aún inorgánica resistencia del ámbito social del que participan profesionales de la Salud Mental y usuarios, desde donde se han proyectado y logrado modificaciones significativas en el marco legal 6 y que se apoya también en algunas propuestas de reforma de los sistemas enunciadas por organismos internacionales, como es el caso de la Organización Mundial de la Salud.

Las neurociencias y su política respecto del psicoanálisis.-

Por otra parte, interesa poner de manifiesto la política de intervención que las neurociencias llevan a cabo en el campo del psicoanálisis. El autor con más renombre científico entre quienes tienen una participación más activa es Eric Kandel, que sustenta la propuesta de la “biologización” del psicoanálisis como modo de dotarlo de cientificidad. Desde esta propuesta, sin alternativas, se propone que el psicoanálisis podría rescatarse de su mentada declinación por su falta de rigor científico tal como lo expone Kandel 7 en su libro “En busca de la memoria”:

“Aunque seguía admirando la rica y matizada concepción de la mente que el psicoanálisis había difundido, durante mi formación clínica me decepcionó lo poco que esa teoría había hecho por adquirir fundamento empírico, por verificar sus ideas. También me decepcionaron muchos de los profesores de Harvard, médicos que habían elegido la orientación psicoanalítica dentro de la psiquiatría por motivos humanistas, como los míos, pero que tenían muy poco interés por la ciencia. Sentía que el psicoanálisis era un retroceso hacia etapas que no eran científicas y que arrastraba por ese camino a toda la psiquiatría”.8

Kandel y otros neurocientistas, ponen el acento en una supuesta orientación de Freud hacia la construcción del psicoanálisis como una ciencia empírica que se verificaría en la elaboración del Proyecto de una Psicología Científica, una vía luego abandonada:

“En 1894, cuando Freud estudió por primera vez el papel de los procesos mentales inconscientes, también se empeñó en desarrollar una psicología empírica. Intentó elaborar un modelo neural del comportamiento pero, debido a la inmadurez de la ciencia del cerebro en ese entonces, abandonó el modelo biológico sustituyéndolo por otro que descansaba en el relato verbal de experiencias subjetivas”.9

Por este motivo interesa recordar cómo Freud llevó a cabo su labor fundacional en el contexto científico positivista de su época. Algunos analistas sostienen

que, por un lado, existió una ruptura de Freud con dicha orientación cientificista para posibilitar el descubrimiento del inconsciente. Por otro lado, desde las neurociencias se postula que como producto de la carencia de un marco epistemológico adecuado, en ese pasaje el psicoanálisis perdió su estatuto científico. Reclamándolo un hijo innegable de la ciencia, estos autores se autorizan a hacer una relectura del “Proyecto…” bajo los presupuestos teóricos y metodológicos de las neurociencias, dando existencia, junto con psicoanalistas de asociaciones psicoanalíticas adherentes de la International Psychoanalitic Asociation (I.P.A.), a dos corrientes: el Neuropsicoanálisis y el Psicoanálisis Cognitivo, siendo sus principales sostenedores Eric Kandel y Antonio Damasio 10. Por su parte Lacan argumenta en “La ciencia y la verdad” sobre la inexactitud de dichas afirmaciones:

“(…) decimos que esa vía no se desprendió nunca de los ideales de ese cientificismo, ya que así lo llaman, y que la marca de él que la señala no es contingente sino que sigue siéndole esencial”

Y agrega Lacan:

“(…) contrariamente a los que suele bordarse sobre una pretendida ruptura de Freud con el cientificismo de su tiempo, que es ese cientificismo mismo (…) el que condujo a Freud, como sus escritos nos lo demuestran, a abrir la vía que lleva para siempre su nombre (…) a pesar de las desviaciones a las que se ha prestado, y esto en la medida en que Freud se opuso a esas desviaciones, siempre con una seguridad sin vacilaciones y un rigor inflexible”.

No obstante Freud, insistió tenazmente en mantenerse en el territorio de la ciencia de su época movido por su preocupación en mantener al psicoanálisis al margen de la ilusión religiosa y de la magia. En este sentido, Lacan, a diferencia de Freud, no pensó que el psicoanálisis debiera tener un sustento científico, y mantuvo una actitud clara ante la ciencia, no dejando de interrogarla a partir de su implicación fundacional con el psicoanálisis y, en este sentido, respecto de echar luz sobre las relaciones entre ambos. Sobre estas cuestiones anotaré algunas intervenciones de Lacan y otros autores que se han ocupado del tema, además de algunas reflexiones e interrogantes que a mi juicio se nos plantean como psicoanalistas.

Nuestro concernimiento como psicoanalistas frente a las pretensiones hegemónicas de las neurociencias.

Se abre un abanico de interrogantes que transitan por cuestiones tales como: ¿existe alguna relación entre las neurociencias y el psicoanálisis? ¿Es que como proponen algunos autores del campo psicoanalítico, el psicoanálisis puede enseñar o aportar algo a las neurociencias o, según otros, el psicoanálisis encontraría en éstas su propia demostración? Pero principalmente, ¿en qué reside el estatuto de “lo científico” de las neurociencias desde el cual se pretende dotar de fundamento empírico al psicoanálisis para evitar su extinción? Y tal vez una de las preguntas centrales ¿desde qué lugar se puede pensar, según los neurocientistas, que estamos asistiendo al ocaso del psicoanálisis? ¿De qué depende su supervivencia? ¿Es que los psicoanalistas deberíamos recoger el guante, y discutir con los neurocientíficos defendiendo los conceptos fundamentales del psicoanálisis? Me adelanto a expresar que no es este el camino. Esta es una discusión a plantear al interior del campo psicoanalítico entre quienes nos autorizamos desde nuestra transferencia al discurso analítico.

No obstante, podemos anotar algunas reflexiones al respecto. En esta política de las ciencias neurocognitivas hacia el psicoanálisis, se habla de su ocaso y desprestigio, una valoración que es hecha desde el marco epistemológico de las neurociencias, y tomando, además, como referencia los ideales de éxito y eficacia propuestas para el quehacer humano individual en la sociedad capitalista neoliberal, un ámbito, por lo demás, en el que éstas gozan de una aceptación rayana en la creencia religiosa. Todo esto sin desmedro de los importantes aportes que las ciencias neurocognitivas han realizado y realizan en el estudio del funcionamiento neuronal, contribuyendo a un mejor conocimiento de las entidades mórbidas neurológicas, con el recurso de las sofisticadas técnicas de neuroimágenes. El punto central en el cuestionamiento a las ciencias neurocognitivas es su designio de tomar la condición (neuronal) como causa de las funciones psíquicas, proponiendo una explicación reduccionista fisicalista de éstas, resumida en “la mente es el cerebro”. Como se puede apreciar, una discusión en la que se invierte la dirección del cuestionamiento, recayendo éste sobre la base epistemológica y la política de las ciencias neurocognitivas en el intento de imponer el paradigma positivista, desubjetivante, al campo de la Salud Mental en general y del psicoanálisis en particular.

No se trata en absoluto, como quedó dicho, de argumentar ante las neurociencias en defensa del Psicoanálisis. Además, respecto de la pretendida defensa, Lacan ha dicho que “un derecho, una lógica, no están hechos para convencer. Es suficiente con ponerlos en práctica”. Pero sí vale la pena situar la discusión sobre la supuesta declinación del psicoanálisis. En tanto síntoma revelador del malestar de la civilización en que vivimos, de ocuparse de lo que no anda, la “peste” que el propio Freud anunciara a los estadounidenses, mal puede esperarse que el psicoanálisis tengan una imagen exitosa. O sea, a mi juicio no hay defensa que hacer del psicoanálisis como discurso, ya que éste nació como síntoma del malestar de la cultura, como decíamos más arriba con Freud y Lacan. Pero hay algo más esencial a la hora de hablar sobre el porvenir del psicoanálisis y vale traer a colación los dichos de Lacan en La tercera, donde, en una aparente paradoja, el triunfo del psicoanálisis es su fracaso, y que el éxito podría significar su extinción:

“El sentido del síntoma depende del porvenir de lo real, por tanto, (…) del éxito del psicoanálisis. A este se le pide que nos libre de lo real y del síntoma, a la par. Si eso ocurre, si tiene éxito con esta demanda, puede esperarse (…) cualquier cosa, a saber, un regreso de la religión verdadera, por ejemplo, que como saben no tiene trazas de estar extinguiéndose. (…) Pero entonces, si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado. (…) La verdad se olvida. Luego, todo depende de que lo real insista. Para ello, el psicoanálisis tiene que fracasar. Tenemos que reconocer que va por buen camino y que, por ende, tiene buenas probabilidades de seguir siendo un síntoma, de crecer y multiplicarse”.

Entre las varias oportunidades en que Lacan se refirió al porvenir del psicoanálisis, quiero recuperar lo dicho en una entrevista que le hizo la revista Panorama en 1974, en la que define al psicoanálisis:

“como un síntoma, revelador del malestar de la civilización en la cual vivimos. No es ciertamente una filosofía (…) No es tampoco una fe y tampoco me va llamarla ciencia. Digamos que es una práctica que se ocupa de aquello que no anda, terriblemente difícil ya que pretende introducir en la vida cotidiana al imposible y al imaginario. Hasta ahora, ha obtenido ciertos resultados, pero no dispone aún de reglas y se presta a toda suerte de equívocos.”

Por otra parte, hace a su vigencia como discurso no dar la espalda a las vicisitudes y realidades de época y las improntas resultantes en la subjetividad. Es mucho lo que tenemos que decir y sentir – si no nos encerramos en una posición de neutralidad o asepsia, de prevención, ante el riesgo del psicoanálisis aplicado – sobre el consumismo con el que se trata de obturar la falta que propone el objeto a, los cambios que los avances técnico-científicos conllevan, las resonancias sociales y subjetivas de los nuevos modos de asunción sexual, las neoparentalidades, entre otros impactos en la subjetividad epocal, acentúan la importancia del discurso que aporta el psicoanálisis ya que puede actuar contraponiendo a lo universal que propone la ciencia, lo particular y lo singular del sujeto ante estas cuestiones. Propone la superación de la lógica colectiva que haciendo masa en la colectivización de los cuerpos, al mismo tiempo los somete a las más duras condiciones de segregación de otros colectivos, tal como lo enunciaba Lacan en La proposición del 9 de octubre de 1967. En esa masificación universalizante, el paciente queda reducido a un deshecho de la ciencia: “es” un anoréxico, “es” un TOC, etc.

La ciencia y el psicoanálisis: el sujeto de la ciencia y el sujeto del psicoanálisis.

Lo que como analistas nos causa es la cuestión del sujeto, que lo hay a partir del lenguaje, es decir, su suposición en el que habla, por su misma condición de hablante, y su relación al síntoma que es su verdad, una verdad que no es antinómica con el saber, como sucede con la ciencia. Lacan anuda el régimen del saber con el de la verdad, lo que innegablemente la hace una cuestión ética, clínica y política.

Ahora bien, avanzar sobre las relaciones de la ciencia y el psicoanálisis hace necesario realizar una distinción fundamental entre lo propio del psicoanálisis en relación a la ciencia, la ciencia moderna como antecedente natural en el descubrimiento del inconsciente por Freud, y los ya mencionados intentos de las neurociencias de intervenir en el campo del psicoanálisis con su ideología biologizante. En el primer caso, se trata de la emergencia del sujeto en el cogito cartesiano, momento fundacional, como veremos más abajo, de la ciencia moderna y condición de nacimiento del psicoanálisis – de lo que me ocuparé a continuación – y en el segundo caso se trata de la posición hegemónica del paradigma positivista, mecanicista, de las ciencias neurocognitivas, constituido, como lo proponía Augusto Comte, en ideal científico, cuyo objetivo era “normalizar” el conjunto de las disciplinas, incluidas las así llamadas ciencias humanas, .

Sobradamente sabemos que la relación del Psicoanálisis con la ciencia es una cuestión compleja. Freud nunca abandonó, como vimos más arriba, su apego a los ideales de la ciencia de su tiempo. Lacan, por su parte, ha intervenido en innumerables ocasiones en relación al psicoanálisis y la ciencia y la condición de antecedente, de manera excluyente, de ésta para el descubrimiento del inconsciente. En “El sujeto por fin cuestionado” dice:

“Lo que hemos de subrayar aquí es que pretendemos allanar la posición científica, al analizar bajo qué modo está ya implicada en lo más íntimo del descubrimiento psicoanalítico. Esta reforma del sujeto, que es aquí inaugurante, debe ser referida a lo que se produce en el principio de la ciencia, ya que esta última supone cierto aplazamiento respecto de las cuestiones ambiguas que podemos llamar las cuestiones de la verdad”.

Veamos entonces la operación cartesiana. Hay dos aspectos en los que a mi juicio reside el interés básico del cogito cartesiano. El punto central está en relación con el sujeto del psicoanálisis y el sujeto de la ciencia. Sabemos que al pronunciar Descartes el cogito se produce, en el siglo XVII el nacimiento de la ciencia moderna y, como lo expresa Lacan, la primera emergencia del sujeto en la historia. El cogito ergo sum, causa para Descartes el advenimiento del ser, que reubica en el hablante, quedando Dios como garante de la verdad de lo que produce como saber la máquina pensante.

En segundo lugar, la operación cartesiana funda la ciencia moderna, como saber nuevo, situando la disyunción de un real, por demostrar, y de la realidad. Esta operación tiene su sustento en un doble movimiento: primero, el arrasamiento de los saberes primeros, y luego en poniendo en juego la duda, o sea, de crítica y cuestionamiento racional de las certidumbres, excluyendo los datos de los sentidos, las formas y las imágenes. Así construye un universo que ya no tiene al hombre como principio ordenador del mismo, sino que echa base en la física matemática.

Este saber nuevo que aporta la ciencia moderna se erige en discurso, en tanto campo definido por un saber establecido, en respuesta a una crisis de la civilización. Un saber que coloca en posición dominante una categoría lógica, la del universal, vale decir, lo que la ciencia demuestra, vale para todos. Pero, claro, no en el campo de la verdad sino en el de la exactitud. Este no querer saber nada de la verdad hace que la ciencia prescinda de la implicación de un sujeto, independientemente de aquello que constituye para él su relación con la verdad: se trata de la forclusión del sujeto por la ciencia, una forclusión que es una exclusión.

La ciencia moderna viene a alterar, desde el corte epistemológico que impuso con su emergencia, la disyunción real-realidad, de la que precisamente proviene. La ciencia primitiva había sabido arreglárselas para construir y apuntalar esta realidad mediante saberes que permitieron al hombre orientarse y, valiéndose de ella, organizar un orden y una estructura para su mundo. Pero ese orden sufrió un trastocamiento esencial en la relación de lo real y la realidad, es decir, con la ciencia lo real entró en la realidad. Y aunque no será desarrollado en esta oportunidad, es necesario apuntar entre los efectos de este cambio, el viraje al discurso capitalista y sus efectos en el lazo social. El amo clásico perdió su vigencia y fue suplantado por el amo moderno, personificado en la alianza del sujeto liberal del capitalismo y del científico. Liberado del dominio del amo, cuyo discurso es puesto en falta por el neoliberalismo capitalista, permite al sujeto recuperar ese plus-de- gozar.11

Respecto de la cogitación cartesiana, hay que decir que prácticamente año tras año Lacan redefinirá el sujeto del inconsciente a través de lecturas sucesivas de la misma. Pero lo que esencialmente produce es una subversión del cogito cartesiano. La operación cartesiana dispone la ubicación del "ser" del sujeto del lado de la "res cogitans", en contraposición a la "res extensa", de lo que resulta, digámoslo así, la forclusión del cuerpo. En tanto que Lacan, en lo que hace al "ser" del sujeto, plantea el pasaje de la res cogitans a la res extensa, aunque la topología de ese lugar, obviamente, no pueda reducirse a su estatuto cartesiano. En este pasaje, en la cuestión del "ser" del sujeto, se trata de su localización como marca residual sobre el cuerpo. Es que el sujeto del cogito se imagina dueño de su ser, cogito ergo sum, ubi cogito, ibi sum – pienso, luego soy y donde pienso allí existo – independiente del lenguaje. Lacan hace algunas importantes precisiones sobre este aspecto en Televisión, cuando, refiriéndose a las relaciones del ser, el pensamiento y el lenguaje, pone el énfasis en éste, más propiamente en lalengua, en la teorización del sujeto del inconsciente y las condiciones de posibilidad del pensar, básicamente, que no hay pensamiento previo al lenguaje:

Lo que permite instituir el inconsciente a partir de la ex-sistencia de otro sujeto al alma. Al alma como suposición de la suma de funciones del cuerpo.(…) De hecho el sujeto del inconsciente sólo toca el alma por el cuerpo, por introducir en él el pensamiento: esta vez contradiciendo a Aristóteles. El hombre no piensa con su alma, como lo imagina el filósofo. Piensa porque una estructura, la del lenguaje – la palabra (mot) lo comporta – porque una estructura recorta su cuerpo, y sin que nada tenga que ver con la anatomía”12.

Entiendo que pone más claridad sobre que el orden simbólico, el efecto de lalengua, no es un efecto inicial en el alma, sino un efecto de goce en el cuerpo. El alma, en sus funciones cognitivo-adaptativas, no encuentra su perfeccionamiento en el lenguaje. Sino que lalengua induce goce en el cuerpo, y desde allí alcanza al alma: en tanto representaciones, ideas, pensamientos, siempre erotizados. El pensamiento, así, es disarmónico respecto del alma pues conlleva goce, rotundamente rechazado por la ciencia, para la que aquel se presenta como un “error en el cálculo” que la misma ciencia moderna instrumenta. Finalmente, de lo que se trata es de no aislar lo simbólico – el lenguaje – es necesario considerarlos entrelazados, rechazando el planteo de su reducción al alma, lo que conduce al extravío de proponer las relaciones directas entre el alma y el cuerpo y que, entre otros factores, abre el camino al dualismo mente-cuerpo, cuyo rechazo por parte de las neurociencias conduce al monismo fisicalista.

Finalmente, el psicoanálisis no sólo subvierte el cogito sino que se funda en él. Esto lleva a Lacan a decir que el único sujeto sobre el que actuamos en psicoanálisis es el sujeto definido por el cogito, que equivale para él al sujeto de la ciencia, siendo el sujeto lo que un significante representa para otro significante, es decir, en la cadena de significantes que lo representa. Un sujeto, como efecto de lenguaje, de existencia efímera, que cae dividido, entre ambos representantes, por el objeto a. Y se concreta con esta representación el “error de cálculo” que éste impone, desbaratando, como vimos, la pretensión de exactitud del ideal cartesiano en el que se propone que todo puede ser pensado sin resto, haciendo lugar a la contingencia como condición previa de lo imposible y de lo necesario. Así, bien lejos nos hallamos de que todo esté escrito en el genoma.

Lacan afirma que “decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja” mientras que, por su parte Jean-Claude Milner, trabajando sobre esta afirmación se ocupa de lo que denomina “la ecuación de los sujetos”:

1) Que el psicoanálisis opera sobre un sujeto (no sobre un yo (moi))

2) Que hay un sujeto de la ciencia.

3) Que estos dos sujetos, el de psicoanálisis y el de la ciencia, hacen uno.

Pero igualmente Lacan se refirió de otra manera al tema en otros momentos de su obra hasta que en 1977, en la Apertura de la Sección Clínica afirma:

“Es preciso, a pesar de todo, darse cuenta de que el psicoanálisis no es una ciencia, no es una ciencia exacta”.

Ahora bien, es tan cierta y rotunda la afirmación de Lacan sobre que el Psicoanálisis no es una ciencia, además de considerar a ésta una ideología de la forclusión del sujeto 13, como que aquél no podría haber nacido sin la ciencia. Al filo de la paradoja, se afirma que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, pero que la ciencia forcluye. 14 En el Seminario La Ética del Psicoanálisis Lacan anota, por otra parte, que la función forclusiva, la Verwerfung en sentido estricto, es privativa del discurso de la ciencia,

“(…) es hablando estrictamente de Verwerfung de lo que se trata en el discurso de la ciencia. El discurso de la ciencia rechaza la presencia de la Cosa, en la medida en que, desde su perspectiva, se perfila el ideal del saber absoluto, es decir de algo que, aunque plantea la Cosa, al mismo tiempo no lo reconoce. Todos saben que esta perspectiva se revela a fin de cuentas en la historia como representando un fracaso”15

Una pregunta que surge es acerca de si en verdad existe el discurso de la ciencia o es un recurso retórico de Lacan.16 Si de un discurso se trata, según O. Arribas, a quien estoy citando, es del discurso del científico, emparentado con la histeria en tanto interroga un significante amo para producir un saber. Es que la ciencia no tiene cabida en los cuatro discursos definidos por Lacan a partir de que el sujeto no tiene allí lugar. Por esto mismo, la ciencia, en tanto no se articula como discurso, no hace lazo social. El discurso del analista, a su vez, procura en su estructura y función que el sujeto exista en relación con el deseo y el inconsciente. Un sujeto, que como efecto del significante, es evanescente. El sujeto de la ciencia, al estar forcluido, hace imposible que haya un discurso que se realice en un lazo social, lo que trae aparejado, considerando lo que proviene de la ciencia – sea como ideología o como fórmula – que puede ser causa de alteración en el lazo social.

Si nos atenemos a esta lógica, no existe el discurso de la ciencia, por más que Lacan se refiera a él en diversos lugares de su obra. Por otro lado hay que hacer algunas precisiones acerca del estatuto de la forclusión utilizada respecto de la ciencia. Cuando decimos que el sujeto del psicoanálisis es el que forcluye la ciencia, estamos aludiendo a algo distinto a la operación de la forclusión del Nombre del Padre en la psicosis. En este caso, la referencia es al sujeto que no existe, no existió y no existirá. En cambio, en el caso de la ciencia, la forclusión del sujeto no es su muerte como en la psicosis, sino su exclusión: así como estuvo, ya no está. El autor citado refiere el ejemplo de Johannes Kepler, cuyas leyes forcluyen al sujeto portador del delirio religioso del mismo Kepler, que cuando formula la ley, su delirio queda excluido. Desde el psicoanálisis se destaca que dichas leyes no hubieran existido sin el delirio de Kepler, hecho que la ciencia necesariamente ignora. Es una forclusión del sujeto que opera como exclusión. El sujeto que habla y que, forcluido por la ciencia, calla una vez formulada la ley. Para la ciencia sólo existe lo que se puede escribir, lo que no se escribe, se forcluye. No obstante, la ciencia y la tecnología, como vimos, afectan el lazo social, pero su entrada en discurso depende del retorno del sujeto forcluido,

“resurgiendo en su falla o haciendo resurgir la falla; ahí donde la “ley”, la “fórmula”, el saber establecido, de repente tambalea, ahí aparecen las refutaciones, el derrumbe de una teoría y el encumbramiento de otra. El “triunfo” del sujeto sobre la ciencia que, en este sentido, el también el “triunfo” del psicoanálisis sobre la ciencia”17

Es así como con Lacan puede afirmar que el psicoanálisis es la respuesta a la ciencia pero tomando como fundamento a la ciencia misma, a partir, precisamente, de la constatación de que, si la ciencia apunta a forcluir al sujeto, sin embargo no hay ciencia sin el sujeto, fracasando todo intento en eliminarlo. Por eso, el psicoanálisis no puede prescindir de la ciencia. En La ciencia y la verdad Lacan dirá que un rasgo definido de la ciencia está representado por el “no éxito” del esfuerzo por suturarlo.

Otro interrogante es si puede haber un discurso que fuera puro matema y que prescinda de la palabra, o es que el matema se inscribe necesariamente en un discurso, ya que si esto no se verificara, estaríamos fuera de lazo social. Por lo tanto, si hay sujeto de la ciencia, es en un discurso, pero el discurso (del) científico. Y es en un científico y no en la ciencia, que lo forcluye como sujeto, que podemos situar la potencia indestructible del deseo. Al igual que sucede en el psicoanálisis, en el que es en relación con el deseo inconsciente que alguien existe como sujeto.

En “El triunfo de la religión” Lacan habla precisamente de la posición del científico y dice que es una posición imposible, sólo que la ciencia de esto nada sabe. Y recién ahora los científicos empiezan a experimentar crisis de angustia. Y esta angustia aparece cuando comienzan a temer el uso posible de los resultados de la investigación biológica, donde queda a la vista que la ciencia no tiene la menor idea de lo que hace – que como dice Heidegger, “la ciencia no piensa” – salvo cuando surge ese ligero acceso de angustia:

“Supónganse que un día, después que las hayamos convertido en un instrumento sublime de destrucción de la vida, viene un tipo y saca del laboratorio todas estas bacterias con las que hacemos cosas tan maravillosas”

De todos modos, también cabe acotar que si tomamos el concepto de discurso en términos de lo que es enunciado y sostenido, como premisas fundantes de un campo, se podría, entonces, darle el estatuto de discurso al discurso de la ciencia. Este discurso Lacan lo vincula directamente con el discurso del capitalismo, que cuando es escrito, es en realidad el discurso del capitalista.

Bajo el mismo título del presente artículo, serán abordados en próximas publicaciones los siguientes temas: 1.- Discusión epistemológica y desde la perspectiva de la historia de las ciencias, de la biología como sustento básico de este proyecto, y 2.- Discusión sobre las construcciones teóricas que los neurocientíficos, particularmente Eric Kandel y Antonio Damasio, con el acompañamiento de miembros de la Internacional de Psicoanálisis, han realizado con la pretensión de hacer del psicoanálisis una ciencia: el Psicoanálisis Cognitivo y el Neuropsicoanálisis.

Notas.-

1.- Canguilhem, G.: Canguilhem Georges. El cerebro y el pensamiento. Conferencia en La Sorbonne para el M.U.R.S. (diciembre de 1980). Web:

http://www.oficinavirtual1.com.ar/biblioteca/ cerebroypensamiento.htm

2.- Changueaux, J-P y Ricoeur P.: La naturaleza y la norma. Lo que nos hace pensar, pág. 17. Fondo de la Cultura Económica. México, 2001.-

3.- El término “neuro” se ha convertido en una suerte de significante amo, un significante que tendría la capacidad de explicar casi todo: neuromarketing, neuroética, Neuropsicoanálisis, neurocultura, etc.

4 .- Peteiro Cartelle J. : El autoritarismo científico, pág. 17. Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 2010.-

5.- El término “naturalizante” está referido al naturalismo – emparentada con el fisicalismo – como corriente teórica que, sostiene que en el campo de lo mental no existe nada que no sea material, físico, de abordaje empírico. Quien ideó esta tesis fue John Searle al proponer el naturalismo biológico, el que es presentado como superador del dualismo y del monismo. Existe, así, una mente y un cuerpo que tienen interacción entre sí pero en términos materiales, es decir, la mente pasa a existir mediante procesos neurobiológicos en el cerebro que pasarían a ser nuestros pensamientos

6.- Tal el caso de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, sobre la que pende en la actualidad un intento de modificación, en sentido absolutamente regresivo y mediante decreto, a instancias del complejo médico-industrial-financiero a través de sus representantes en los estamentos gubernamentales.

7.- Tómese en cuenta la lectura que Kandel hace del psicoanálisis.

8- Kandel, E. : “En busca de la memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente”, pág. 420. Ed. Katz. Buenos Aires, 2007

9.- Íbidem, pág. 422.-

10.- Tanto el Neuropsicoanálisis como el Psicoanálisis Cognitivo son dos corrientes teóricas creadas por neurocientíficos con la participación de psicoanalistas miembros de sociedades pertenecientes a la International Psychoanalitic Asociation (IPA) que resultan, con una diferencia de matices, de una lectura de Freud a la luz de los avances de las Ciencias Cognitivas (Neurofisiología, Psicología Cognitiva, Inteligencia Artificial, Neurobiología, etc.) siendo sus principales sostenedores Eric Kandel y Antonio Damasio.

11.- En el marco del capitalismo la ciencia es puesta a hacer jugar su saber sin regulación alguna, apuntando a remodelar la realidad del mundo. Pero la ciencia integrada al discurso capitalista nos proporciona un plus-de-gozar desrregulado. Esto sucede a partir de las modificaciones que sufre en la estructura del discurso del amo clásico, S2, el saber, que ya no está regulado por S1, con lo que una propiedad esencial al discurso ya no se cumple. Se desarticula el lugar de la ley y el S2, el saber, un saber hipertrófico, ya no tiene límites. Pero no se trata aquí del saber inconsciente sino del saber de la ciencia y la tecnología que avanza sin límite. En “El saber del psicoanalista” Lacan dirá que el discurso analítico con el que hizo su entrada la castración, surgió dos siglos después de la acción gravitante del calvinismo que es el momento en que el discurso del amo clásico vira hacia el discurso capitalista.

12.- Lacan, J. : Televisión, en Otros Escritos, pág. 536. Paidós. Buenos Aires 2012

13.- Íbidem, Radiofonía, en Otros Escritos, pág. 460. Paidós. Buenos Aires, 2012

14.-Íbidem, “La ciencia y la verdad”, pág. 342.- En Escritos 1. Siglo XXI Editores. México. 1979.-

15.- Íbidem, Seminario “La Ética del Psicoanálisis”. Pág.162. Paidós. Buenos Aires. 1988.-

16.- Arribas, O. : ¿Qué es la realidad? El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política. II, págs. 21. Ed. Kliné. Fundación del Campo Lacaniano. Buenos Aires. 2015

17.- Íbidem, págs. 22-23.-

Conrado Zuliani

Psicólogo recibido en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Realizó estudios de Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica y de Doctorado en Clínica Psicoanalítica en el Centro Eleia. México.

UN RECORRIDO EN TORNO A LO PSICOSOMÁTICO 1

En momentos en que el sistema psíquico fracasa, el organismo empieza a pensar.2

No son pocas las ocasiones en que un analista recibe en consulta a pacientes que acuden a causa de algún tipo de padecimiento somático. Muchos de ellos son enviados por el médico clínico, quien les dice “usted no tiene nada, vaya a ver a un psicólogo”. Cuerpo doliente del sujeto que produce un agujero en el saber del médico. "Nada" que insiste, golpeando el cuerpo del sujeto. Rápidamente decimos que en lo psicosomático no está en juego aquella "anatomía subjetiva" de la histeria que Freud describiera bellamente en los fragmentos clínicos de Psicoterapia de la histeria. No se trata aquí del cuerpo fantasmático en el que se inscriben las historias del Edipo amordazadas por el trabajo de la represión.

Ocurre también que algunos pacientes se enferman durante el proceso de análisis; no es raro que aparezcan complicaciones físicas durante el curso del tratamiento, como hipertensión, problemas de piel, incluso cáncer. Quizás sobra decir que no son pocas las veces en que las palabras no dichas del paciente percuten el cuerpo del analista. Se trata de transferencias violentas, turbulentas, no tanto "descriptivamente" sino por un real que insiste.

Hay situaciones que suelen precipitar derrumbes corporales: ciertos duelos, migraciones, colapsos narcisistas, pérdidas de ciertas referencias identificatorias, situaciones donde lo traumático irrumpe desbordando y rebasando las posibilidades y las capacidades elaborativas del yo. A estas alturas consideramos que no es ceder en la abstinencia estar al pendiente de los vaivenes de la salud de los pacientes.

Ciertamente, se ha observado que muchas de las personas que generan enfermedades psicosomáticas, poseen un reconocimiento muy bajo –si no es que carecen de él– del nivel de tensión psíquica a la que están sometidos, tanto externa como internamente. Son sujetos que parecen funcionar mediante disociaciones, por un lado, de la ansiedad en su vida diaria y por otro, de algunas señales que su cuerpo les envía: a veces, son deliberadamente negligentes con lo corporal3.

Joyce McDougall compara a ciertos sujetos que padecen enfermedades psicosomáticas con un robot –su funcionamiento responde a lo que se ha denominado alexitimia. Aplanamiento afectivo, escisión que opera mediante una especie de desconexión del afecto que produce como efecto un modo discursivo en donde pareciera que nos encontramos frente a un sujeto que no siente nada, ni dolor, ni placer y simplemente "funciona". Dimensión maquinica que puede llegar a tener ciertas resonancias psicóticas. Verdaderas "normopatías", sujetos "enfermos" de excesiva "normalidad".

David Liberman4 señalaba que estos pacientes desarrollan un tipo de "sobre adaptación", que siempre se acompaña de cierta desconexión, por eso, son altamente recurrentes en ellos los procesos de disociación, de escisión, de separación del mundo afectivo, lo cual se traduce en un discurso que parece muy aplanado, con "poco contacto", tanto consigo mismos como con sus interlocutores.

Existe un debate actual en el psicoanálisis contemporáneo acerca de si estos pacientes carecen verdaderamente de capacidad de simbolización, esto es, de digerir las emociones, de poder pensar, de poder soñar, de poder encontrar algún tipo de representación para las excitaciones somáticas. Esta postura se construyó partiendo de la teoría de Pierre Marty sobre el pensamiento operatorio, por medio de la cual apuntaba a cierta clase de sujetos que parecieran estar a años luz de lo afectivo. El pensamiento operatorio duplica la acción, se trata de un modo de funcionamiento psíquico "vuelto hacia el exterior", en el cual se narran acontecimientos de la realidad material sin el entramado fantasmático desde el cual el neurótico lee la realidad. Por otra parte, debemos a Marty y sus colaboradores la descripción de la depresión esencial: no se trata aquí de una depresión clínica sino, más bien, de una caída del tono afectivo, vacío que "barre" las connotaciones afectivas que usualmente acompañan las experiencias.

Tal noción constituyó un gran avance en su momento, pues las ideas y teorías más innovadoras permiten ir abriendo camino para entender parcelas de conocimiento que permanecían oscuras hasta entonces. Aunque el desarrollo ideal de la ciencia habrá de encargarse de que, poco a poco, a medida que avance su estudio e investigación, las teorías muestren sus límites. En este sentido, Pierre Marty inaugura un campo: se trata, más que de formaciones del inconsciente, de cantidades pulsionales no tramitadas, excesos no significables, verdaderos fracasos en la producción del fantasma. Clínica más del déficit que del conflicto psíquico. Inevitablemente esto tendrá consecuencias en la modalidad de intervención del analista: Constituye un error clínico de consideración y de consecuencias graves para nuestra práctica confundir el modo de funcionamiento propio de la neurosis, donde la operación analítica apunta al develamiento del deseo jugado en la escena del fantasma, entramado de zonas erógenas que participan en los libretos del síntoma, con aquellos otros modos de funcionamiento en donde lo que se juega es un fuera de sentido, cuerpo -mejor dicho soma- arrojado más allá del sentido.

De esta forma, surge desde hace unos años en el psicoanálisis la preocupación por evitar un tipo de comprensión mono-causal para explicar el fenómeno de las enfermedades psicosomáticas, concluyendo que el pensamiento operatorio no puede constituir la causa única de aquellas. Los problemas que aquejan al ser humano no son exclusivamente de carácter psíquico u orgánico. Se trata de evitar ciertas explicaciones totalizantes que acostumbramos a escuchar, del estilo de: "los pacientes psicosomáticos tienen poca capacidad de simbolización, pensamiento operatorio, alexitimia, etc". Porque la clínica siempre se revela más compleja que las teorías que intentan formalizarla.

Por si fuera poco, tampoco conviene olvidar que la clínica psicoanalítica se desarrolla caso por caso, sin que existan dos sujetos iguales ni ningún paciente en los libros. El analista se enfrenta a una historia singular, única, condición que enriquecerá su trabajo, al tiempo que lo hace consciente de su enorme complejidad.

Sami Alí5 señala que, en lo psicosomático, más que la represión de un contenido (fantasía o deseo), se trata de la represión de la función de lo imaginario, que es la encargada de las producciones de los sueños y las fantasías. Represión "exitosa", sin falla, que determina la creación pobre en imágenes, que se orienta hacia una oscilación entre la neutralidad y la literalidad, en detrimento de la figurabilidad.

Para los analistas, las imágenes, representaciones psíquicas del paciente operan como orientación importante para situar determinadas coordenadas diagnósticas fundamentales para considerar nuestras modalidades de intervención; porque si en el discurso hay imágenes, lo que llamamos “sustantivos", quedan abiertas las combinatorias de orden significante propias del trabajo de la represión, es decir, de la neurosis. En este sentido, por ejemplo, el discurso histérico presenta abundancia de sustantivos (basta con evocar el cofrecito, las gotas, el bosque, la Madonna, etc. presentes en el material de los sueños de Dora), lo cual propicia el trabajo asociativo: en la histeria se aprecia un discurso cargado de afectos y altamente imaginativo. Por ejemplo, solía atender en un consultorio donde, desde la perspectiva del paciente, lo único que se podía ver por la ventana era un árbol, entonces, una de mis pacientes veía a la ventana, miraba las hojas y prácticamente de inmediato veía formas en ellas, una rana tal vez, y entonces recordaba que de pequeña le daban miedo las ranas, que una vez vio a un vecino con un sapo en la mano y que su madre le contó alguna vez el mito de que si orina un sapo en los ojos de alguien, esa persona quedaba ciega, la connotación edípica es más que evidente.

Por su parte, la enfermedad psicosomática se encontraría en el extremo opuesto: un déficit en la simbolización, omisión de la capacidad imaginativa y de la producción de

sueños, etc. Dentro de los antecedentes de esta teoría para explicar la naturaleza del fenómeno psicosomático, podemos contar las aportaciones de Ruesch, quien habló de un tipo de pacientes con déficit en la capacidad simbólica y su relación con síntomas psicosomáticos. También podemos mencionar a Edward Glover, analista de la Sociedad Británica, quien mencionaba, ya muy tempranamente (en 1939) que lo psicosomático carecía de contenido representacional. Esta idea, con la que algunos están de acuerdo y otros no, encuentra su antecedente directo en la noción de neurosis actual elaborada por Freud hacia los años 1894- 18956.

La neurosis actual debe ser ubicada en su dimensión histórica: a medida que Freud avanzaba en sus estudios sobre las psiconeurosis observó además que existe otro grupo de patologías que afectan el territorio de lo corporal pero prescindiendo de contenido ideativo y representacional alguno. La neurosis es actual, no porque el paciente la padezca en el presente de su edad adulta, sino porque "la causa" es actual. Es decir, mientras la psiconeurosis tiene que ver con causas que pertenecen a la infancia, referidas a la sexualidad infantil y las fantasías relacionadas con ella, en la neurosis actual, dice Freud, la causa pertenece al presente y tiene que ver con un “mal” uso de la sexualidad, que puede tener relación con ciertas prácticas, como el coito interrumpido, ampliamente utilizado como método anticonceptivo en la época – y aún en la actualidad, hecho que da cuenta de la pertinencia de la afirmación freudiana que sitúa a la educación como una de las prácticas imposibles-, la abstinencia sexual, el exceso de masturbación.

Retomamos entonces: Neurosis actual situada no del lado de la represión y el retorno de lo reprimido, sino del lado de cantidades de libido que no encuentran posibilidad de descarga por la vía de la motricidad ni de la práctica sexual, ni -más importante aún- por el camino de los representantes. Se trata aquí, dirá Freud, de libido no absorbida psíquicamente. Tal acumulación de libido (estasis libidinal), al no encontrar cauce o descarga, se traslada al cuerpo sin contenido simbólico alguno, lo que resulta de importancia fundamental para el tema que nos atañe aquí, pues nos ofrece un primer modelo o antecedente de cómo lo no "mentalizado" (para echar mano a la expresión de Pierre Marty), pensado, soñado o elaborado por los carriles de la representación tiene la facultad para producir cierto efecto en el cuerpo.

El cuadro sintomático de las neurosis actuales agrupa aquellos propios de las neurosis de angustia, la hipocondría y la neurastenia (algunos de ellos similares a los del ataque de pánico que hoy en día describen los psiquiatras: palpitaciones, mareos, sensación de punciones en la cabeza, los cuales son considerados también como equivalentes somáticos de la angustia). Ante esta acumulación de libido que genera algo así como una especie de indigestión o intoxicación psíquica, el analista -pensaba Freud- no tiene nada que hacer. La ausencia de fantasías, de conglomerados de condensaciones y desplazamientos hacía inviable al método que, no está de más recordarlo, encuentra su lógica en el desandar el camino mediante el cual el síntoma -neurótico- se constituye. De esta forma, la neurosis actual queda situada más allá, o más acá, del síntoma. Una nota importante de este interesante problema es que Freud deja abierta la posibilidad de que toda psiconeurosis se estructure a partir de un núcleo de neurosis actual. No es una cuestión menor, en tanto abre una vía para pensar la coexistencia de modos de funcionamientos neuróticos y no neuróticos en un mismo sujeto; idea de heterogeneidad del psiquismo que será desarrollada posteriormente por analistas como Winnicott, Bion, Bleger, Joyce McDougall, Green entre otros.

Significativamente, la cuestión de la neurosis actual desaparece del mapa teórico freudiano aproximadamente por treinta años (retomará el tema al reconsiderar su teoría sobre la angustia en 1926, en Inhibición, síntoma y angustia). Más, hubo analistas que no abandonaron el interés en este tipo de funcionamiento y se sujetaron, en parte, al modelo de comprensión que lo entiende como un más allá de la simbolización, que deviene en algo que produce una especie de intoxicación psíquica (es decir, el efecto “intoxicante” desbordante de aquello que no alcanza a ser significado) ante la cual el sujeto debe expulsar, evacuar determinados contenidos. Aquello entonces que no encuentra oportunidad de tramitación psíquica alguna debe ser descargado en tanto deviene cantidad abrumadora, invasiva, desetructurante. El sujeto, posicionado como esclavo de la cantidad7 busca vías desesperadas para deshacerse de aquello que inunda al aparato. A estas alturas cabe preguntarnos si acaso el fenómeno psicosomático no constituye un pasaje al acto corporal o se emplaza en lugar de un sueño que no pudo ser soñado.

Durante varios años las teorías que explican el fenómeno psicosomático como consecuencia de un déficit ("son sujetos que no simbolizan") encontraron aceptación generalizada. Al mismo tiempo, lo psicosomático mueve al campo analítico a reconsiderar las vías y variables en la constitución del psiquismo, los traumatismos tempranos, el lugar del otro, las vicisitudes del trabajo pulsional.

Sin embargo, la clínica, como siempre ocurre, pone en cuestión, en tensión los postulados teóricos. No se podría afirmar hoy en día con total soltura que el paciente con padecimientos psicosomáticos no simboliza. Por ejemplo, tenemos pacientes estructurados al modo obsesivo que presentan hipertensión o pacientes sostenidas en el discurso histérico que presentan urticaria, alergias. Lo que sí podemos considerar es que el fenómeno psicosomático en sí responde a algo más allá de la representación, restos pulsionales más allá de toda ligadura posible, traumatismos, escisiones, etc. En este sentido, en tanto fenómeno arrojado fuera de sentido confronta a analistas y pacientes con los avatares de la clínica del trauma, es decir, a aquello de la pulsión que, al decir de Isidoro Gurman8, no adviene historia personal. Más allá de la historia que presenta, una vez más, la pregunta acerca de si la transferencia es pura y exclusivamente re- edición o puede operar también como espacio de edición, es decir, no sólo de retranscripción sino de inscripción primera y, en este sentido, originaria.

Hasta aquí permanece la pregunta, ¿por qué un sujeto con recursos psíquicos presenta a la vez una cuestión relacionada con fenómenos de no-simbolización? Más adelante regresaremos a este punto.

En tanto, se nos revela que existen pacientes de orden primordialmente psicosomático con un pensamiento de tipo operatorio, tendencia a la desconexión y/o a las disociaciones, alexitimia, etc. y aquellos otros que participan de algo así como de una mixtura psíquica, con modos de funcionamiento distintos, tanto neuróticos como otros mucho más primitivos. Al respecto señala Norberto Marucco: "...las estructuras psicopatológicas, nos muestran, en su complejidad clínica, las manifestaciones de diferentes 'zonas' o áreas que coexisten y se superponen simultáneamente en el aparato psíquico"9. Entonces, si las bases teóricas del psicoanálisis se orientan al trabajo con pacientes neuróticos y atienden a la represión, al retorno de lo reprimido como síntoma, lapsus, sueños, actos fallidos, etc., cabe preguntarse de qué manera los analistas se aproximarán a cuestiones no-neuróticas, por mucho que las hallen en sus propios pacientes neuróticos.

Desde luego, si se está ante dos modos de funcionamiento distintos, aun así sea con un mismo paciente, por ende, tiene que variar la forma de operar entre uno y otro. Acordamos en este punto con Silvia Bleichmar: "Sería un severo error y de consecuencias graves para nuestra práctica confundir el modo de funcionamiento de una corriente de la ida psíquica con la totalidad del aparato, error frecuente cuando se deslizan afirmaciones generales sobre el funcionamiento psíquico de un ser humano a partir de un solo aspecto del mismo. La operancia de diversas corrientes de la vida psíquica en el psiquismo de cada ser humano, la heterogeneidad de los sistemas representacionales, el hecho de que en el borde mismo de todo funcionamiento nos podamos confrontar al fracaso mayor o menor de la simbolización, impone la necesidad de trabajar, muy cuidadosamente y de manera específica, con cada una de estas derivaciones"10.

Dicho de otra forma, abordar lo psicosomático bajo las coordenadas de la histeria constituye un error clínico de gravedad, en tanto la intervención opera re- traumatizando paciente, en tanto le presenta un contenido que excede, en algunas oportunidades en mucho, la capacidad elaborativa del sujeto en ese momento. El efecto suele ser iatrogénico. Los límites de este modo de abordar lo psicosomático, es decir, bajo las premisas del síntoma neurótico se vuelven patentes cuando leemos, por ejemplo, los trabajos de Ángel Garma11 y otros autores pioneros en este campo intentando aplicar los principios interpretativos con los que operaban en casos de histeria a manifestaciones psicosomáticas, evidenciando un error metodológico, con el cual, en el menor de los casos, no se conseguía efecto alguno para el análisis. Desde esta perspectiva surgen ciertas preguntas en torno a cómo operar: construcción más que interpretación, el analista se presta y presta su capacidad imaginativa, piensa lo que el paciente no puede pensar12, produce ligaduras; en definitiva, hay un proceso elaborativo que va del analista al paciente, apuntando a la construcción de un sentido ausente más que al develamiento del mismo, aunque siempre con el recaudo de que la intervención deje un resto, un espacio con el fin de evitar una violencia secundaria (Aulagnier), es decir, la intrusión violenta en el psiquismo del otro.

De acuerdo a lo anterior, se trataría, más que nada, de propiciar en el espacio analítico la construcción del tejido fantasmático como modo elaborativo de la pulsión, de los huecos en la historia producidos por la escisión, de la traducción elaborativa de ciertas huellas ingobernables pero siempre reactivables, al decir de Marucco. La cuestión a considerar es que lo psicosomático no es efecto del retorno disfrazado de fantasías, sino el testimonio hecho carne del fracaso en crear una. Si en la psicosis lo rechazado en lo simbólico retorna desde lo real, en la psicosomática, podríamos pensar que lo escindido retorna también desde lo real...del cuerpo.

Si el trabajo princeps de la infancia pasa por producir ligaduras de la pulsión por la vía de las teorías sexuales infantiles, nos preguntamos acerca de si existe posibilidad de tramitación sin resto y cuál es, en todo caso, el destino de los restos pulsionales no tramitados. Aquello que no puede ser simbolizado en el psiquismo precoz o arcaico tiene, entre sus formas de retorno, la afectación del cuerpo. Restos no asimilados de los primeros encuentros con el Otro que no advienen historia personal.

Recordemos brevemente que la cría humana nace en un estado de inermidad, de indefensión absoluta, mucho mayor al de otras especies animales: el infans nace totalmente desvalido para hacer frente a lo que Freud llamaba “apremio de la vida”, no puede satisfacer sus necesidades biológicas solo, escapar del peligro o trasladarse de un lugar a otro. Tal condición hace proclive al pequeño a padecer con intensidad todo aquello que interactúe con él en el terreno físico, pero sobre todo, psíquico, volviéndose completamente dependiente de la asistencia ajena que cubre sus necesidades (alimentarlo, bañarlo, darle calor, sostenerlo en brazos, permitirle el sueño) Desde el punto de vista simbólico, el humano nace también carente de recursos o con muy pocos para tramitar las experiencias emocionales, corporales, afectivas, también allí necesita de otro que aporte sentido, palabras, investimentos libidinales que acompañen los cuidados concretos. En contraste, un niño de dos o tres años tiene bastantes más medios para hacer frente a las tensiones psíquicas, pues ya es capaz de jugar, dibujar, hablar, etc. Un bebé, en cambio, no tiene acceso a ninguna de estas cosas, por lo tanto, ¿cómo habrá de arreglárselas para digerir los impactos psíquicos a los que se encuentra sometido?

Forzosamente otro, algún adulto, debe cumplir esa función para él; esta persona es, en la mayor parte de los casos, su madre. Al decir de Bion, es inicialmente la madre quien opera como aparato para pensar para el niño, intención simbolizante del Otro que opera a la manera de barrera antiestimulo. Intención simbolizante del otro que es al mismo tiempo deseante y libidinizante

En general, una madre provee de los cuidados concretos corporales y los acompaña con una aportación de sentido de las vivencias que pueda tener el pequeño; carga en brazos al infante, pero también lo carga libidinalmente; lo baña, pero lo hace también junto con un baño de palabras, palabras que transportan el deseo materno y realizan una doble función: por un lado, transmiten el deseo de que ese diminuto ser esté vivo y, por otro, conducen la intención de ofrecer sentido a esos deseos propios y a los del bebé, a sus vivencias. La clínica de los trastornos psicosomáticos muestra no pocas veces que narciso ha sido dejado caer o ha sido tragado por el agua que lo refleja. Déficit, en el primer caso y exceso en el segundo que termina operando igualmente como déficit.

La cuestión es que una experiencia sin significar, deviene en una experiencia terrorífica; ahí donde algo excede la posibilidad de comprender se torna cantidad abrumadora para el psiquismo del sujeto. Entonces, si pensamos cuál puede ser la capacidad para comprender de un bebé, podemos concluir que para él todo tiene potencialidad traumática, si entendemos por trauma toda aquella experiencia, externa e interna, que excede la capacidad psíquica para significarla. Así comprendió Freud lo traumático a partir del 20 (aquello no ligado, no inscripto que insistirá por la vía de la repetición), Bion por su parte habla de elementos beta, Lacan de real. Todos ellos apuntan a aquello que no puede llegar a ligarse a la red del lenguaje. Al referirnos a las vivencias y experiencias pulsionales más primarias del infante, precisamos que éstas necesitan ser simbolizadas, significadas, para lo cual será absolutamente indispensable que alguien más aporte sentido: la madre habrá de prestar su imaginación al niño, sus palabras, su fuerza. Exigencia de trabajo impuesta por la pulsión al psiquismo, perentoriedad de la pulsión por encontrar ligaduras posibles, no sin Otro.

A partir de aquí, comienza a perfilarse una línea de trabajo posible con los pacientes psicosomáticos: allí donde hay imposibilidad para producir un sueño, el analista presta su capacidad de soñar, donde existe imposibilidad para presentar una historia simbolizada de cualquier evento, el terapeuta quizá tenga que prestar su capacidad para construir historias, para imaginar.

Ahora bien, la situación se torna mucho más compleja desde el punto de vista clínico, porque el analista debe distinguir cuándo el paciente se desenvuelve en un nivel donde lo que produce sufrimiento es del orden de lo reprimido (neurosis) y cuándo “cambia de frecuencia” hacia lo más arcaico o primario, del orden de lo no constituido (psicosomático) –a veces, inclusive, en la misma sesión– porque indefectiblemente tienen que modificarse, como decíamos anteriormente, las formas de intervención. Por lo tanto, el trabajo de cada sesión se realizará con el material que el paciente presenta, ya sea un sueño o la dificultad para producirlo. Desde este punto de vista, la transferencia se presenta como un espacio donde los colapsos de una historia pueden encontrar la oportunidad de ser nombrados por primera vez, espacio entonces que se construye como inaugural, fundante, originario; transferencia como espacio de edición de lo no constituido. El analista, apunta con su intervención a una historización simbolizante, nombrando, poniendo palabras a aquello que inunda a la manera de angustia desbordante (en tanto que las representaciones operan como borde- marco- límite a la angustia); poner nombre al espanto y al terror, a aquello que por no elaborado retorna por otras vías, acotar montos de angustia que se sitúan más del lado del desamparo, la separación, la intrusión que de la castración.

Más ahora, la cuestión será qué hacemos los seres humanos con los restos psíquicos, las remanencias de aquello que en el pasado permaneció sin simbolizar. Siguiendo a Joyce McDougall, podemos pensar que cada sujeto se las arregla lo mejor que puede, de acuerdo con los recursos con los que cuenta, con el dolor de existir; las neurosis, las psicosis, las perversiones y las enfermedades psicosomáticas son intentos de solucionar -más o menos fallidos, más o menos eficaces-, de procesar el dolor y lo no elaborado. Si bien ante los conflictos edípicos tenemos ciertas herramientas, ante el dolor primario o arcaico, disponemos de otras distintas. Sin embargo, la respuesta psicosomática como intento de solución a un conflicto, como bien apunta McDougall, es paradójica, porque es una salida que, sin embargo, atenta contra las premisas de la vida; podrá pretender una solución a las angustias de muerte, pero al mismo tiempo pone en riesgo la vida, estableciendo algo así como un círculo vicioso, sin salida muchas veces mortífero, como señala Sami-Ali. Exceso de dolor cuyo origen remite a la ausencia o separación que provocó una angustia insoportable, allí donde la representación no opera como soporte posible.

Notas

1 El presente artículo es un resumen del Seminario intensivo sobre lo psicosomático ofrecido en la Facultad de Psicología de la UNR en Julio de 2017, dentro de programa de actividades organizadas por el Programa Problemáticas contemporáneas “Psicoanálisis, Ciencia y Ciencia Cognitiva”.

Ferenczi, S., Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932, Amorrortu, Buenos Aires, p.45.

3 McDougall, Joyce, Alegato por una cierta anormalidad, Paidós, Buenos Aires, 1993, p.387.

4 Liberman, D., Lingüística, interacción y proceso psicoanalítico. Tomo III, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976

5 Sami-Ali, Pensar lo somático, Paidós, Buenos Aires, 1994, p.28.

6 Algunos de los textos freudianos donde se aborda el problema de la angustia y su relación con la neurosis actual son el Manuscrito B (1893), La neurastenia y la neurosis de angustia (1894), el Manuscrito E (1894)

7 M´uzan de, M., La boca del inconciente. Ensayos sobre la interpretación, Amorrortu, Buenos Aires, 1995, pp. 163-169.

8 Gurman, Isidoro, Trauma y repetición. Algunos aportes al psicoanálisis con niños, Letra Viva, Buenos Aires, 2012, pp. 28; 84; 86

9 Marucco, Norberto, Cuerpo, duelo y representación en el campo analítico. Algunas reflexiones acerca de “la psicosomática hoy”, en Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 250. 10 Bleichmar, Silvia, Vigencia del concepto de psicosomática. Aportes para un debate acerca de la articulación entre lo somático y lo representacional, en Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 66

11 Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia, Las perspectivas del psicoanálisis, Paidós, México, 2001, p.p 260-261. 12 Maladesky, Alfredo, V., Acerca del cambio psíquico y la intervención del psicoanalista en la actualidad, en Psicosomática. Aportes teórico- clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 223.

Bibliografía

* Bleichmar, Norberto y Leiberman, Celia, Las perspectivas del psicoanálisis, Paidós, México, 2001, pp. 260-261.

- Bleichmar, Silvia, Vigencia del concepto de psicosomática. Aportes para un debate acerca de la articulación entre lo somático y lo representacional, en Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 66

- Ferenczi, S., Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932, Amorrortu, Buenos Aires, p.45.

- Gurman, Isidoro, Trauma y repetición. Algunos aportes al psicoanálisis con niños, Letra Viva, Buenos Aires,2012, pp. 28; 84; 86

- Liberman, D., Lingüística, interacción y proceso psicoanalítico. Tomo III, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976.

- Maladesky, Alfredo, V., Acerca del cambio psíquico y la intervención del psicoanalista en la actualidad, en Psicosomática. Aportes teórico- clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 223

- Marucco, Norberto, Cuerpo, duelo y representación en el campo analítico. Algunas reflexiones acerca de “la psicosomática hoy”, en Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el Siglo XXI, Lugar Editorial, Buenos Aires, p. 250.

* McDougall, Joyce, Alegato por una cierta anormalidad, Paidós, Buenos Aires, 1993, p.387.

- M´uzan de, M., La boca del inconciente. Ensayos sobre la interpretación, Amorrortu, Buenos Aires, 1995.

- Sami-Ali, Pensar lo somático, Paidós, Buenos Aires, 1994, p.28

El libro fue presentado por Roberto Vinciarelli, Mirta Spedale y Constanza Boffelli en el mes de noviembre en el Salón de los Espejos de Sede de Gobierno de la U.N.R.

Jorge Esteban Faccendini. Clínica y neurosis: fantasma. Rosario. Laborde Libros Editor. 2017. 148 pp. ISBN 978-987-677-176-4

Este libro se nos presenta como un material que se presta a su lectura. Es una obra que, partiendo de lo simple, se deja llevar por los significantes de la teoría psicoanalítica lacaniana sin perder en ello la rigurosidad de su indagación y elaboración, manteniendo en todo momento su justificación clínica.

En este sentido, sitúa al significante como un operador que nos permite pensar una dirección clínica posible, apoyándose en una de las más conocidas definiciones de sujeto de Jacques Lacan, que por ser ya tan difundida fue perdiendo su carácter novedoso y subversivo respecto a diferenciar y separar, por ejemplo, al sujeto de la persona. Esta cuestión, entre otras, vuelve a ser situada por el autor desde un abordaje sumamente original, articulándolo a la fórmula del fantasma.

Encontramos en el recorrido que se realiza el intento de sostener una serie de preguntas simples y sencillas ¿por qué surgió este significante?, ¿para qué esta definición o esta elaboración?, ¿cuál es la significación y el alcance clínico de esta fórmula o axioma lacaniano? Asimismo, de manera articulada, no hay capítulo que no sea sostenido a partir de una pregunta clínica propia. Este modo de transmisión invita al lector a compartir los pasos del camino realizado por el autor, como si fuéramos invitados a transitar juntos la travesía. Por eso, este libro opera como una herramienta fundamental, donde se encuentran conceptos y articulaciones para que cada uno pueda ir armando también su propio modo de responder algunos interrogantes clínicos.

Por otra parte y siendo que este material surge en un ámbito y en un contexto de formación académica, se pretende retomar y sostener la vía de una formalización que evite

caer en el reduccionismo de una mera esquematización didáctica, como así también evitar caer en una clínica de conceptos, donde prima una pura articulación teórica sin una utilidad práctica posible. Teniendo como corolario y horizonte poder dar a la noción caso por caso su verdadero alcance y su justa delimitación a partir de la ubicación de determinados invariantes estructurales. Sin invariantes clínicos ¿de qué nos serviría juntarnos a compartir experiencias?, si la experiencia de uno será siempre distinta a la de otro ¿para qué el estudio en común?, ¿para qué la elaboración de un nuevo significante o teoría?

Estas son algunas de las articulaciones y preguntas que se intentan abordar en estas páginas para recuperar el carácter novedoso y actual de significantes caídos en el olvido de lo cotidiano.

Jorge Faccendini. Psicoanalista. Psicólogo egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario donde se desempeña como docente de grado en la cátedra Psicoanálisis II.

Es dictante colaborador de los seminarios “Ello e inconciente. Una articulación clínica” y “Una clínica Lacaniana”.

Es integrante de Intervalos Colectivo de Salud Mental. Ha dictado diferentes seminarios y cursos en la ciudad de Rosario, como así también coordinado distintos espacios de lectura y de transmisión de la experiencia psicoanalítica.

Otros títulos del autor: Una clínica del grafo del deseo (2016, Letra Viva).

Podemos afirmar que un libro siempre es una construcción en tanto requiere de un importante proceso y trabajo de elaboración, por ello y tomando como punto de partida esta referencia, debemos situar que esta obra es una construcción sin precedente en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario.

Ya desde su nombre Caleidoscopio. Prácticas y clínicas Psi en la Universidad se evidencia una invitación a transitar una propuesta original, en tanto que, articulado con escritos de diferentes abordajes teórico-clínicos, este caleidoscopio nos conduce a las distintas formas y colores, pero también nos abre a la confluencia y a la interpelación de la práctica del Psicólogo desde múltiples voces.

La puesta en tensión, que se pone en juego entre las diversas posiciones, es promovida de una manera muy particular, porque es un trabajo que se delega a cada lector. Entre los autores se aprecia desde el inicio del proyecto el mutuo respeto y la aceptación de la diversidad en cuanto a las diferentes formas de abordaje del sufrimiento y padecimiento subjetivo. Más aún, la adhesión de los participantes se realizó festejando un posible intercambio, habilitado a partir de la aceptación de esas diferencias.

Cabe destacar que esta propuesta está enmarcada dentro del Programa “Problemáticas contemporáneas en Psicoanálisis, Ciencia, Ciencia Cognitiva” y surge justamente, como una convocatoria al diálogo de diferentes posiciones teórico-clínicas. La idea que subyace es fomentar el intercambio, detenernos en las diferencias como en las similitudes que pueda existir entre los docentes de mencionada Facultad a partir del recorte que cada uno realice de su experiencia. Asimismo, se enriquece con la participación de docentes invitados que pertenecen a otras casas de estudio.

Respecto de la experiencia, la misma deviene un concepto fundamental en el campo de lo psi, puesto que, a diferencia de otras disciplinas y/o ciencias, en Psicología se trabaja, e incluso se hace teoría con ella. Poder dar cuenta de la experiencia, es una de las formas posibles de aprender esta disciplina y hacerla avanzar, por supuesto que a la par de la correspondiente formación teórica. Por ello, quienes recorran estas páginas podrán dar cuenta que cada presentación es una obra artesanal realizada cuidadosamente, la que permite compartir al mismo tiempo que propiciar la transmisión de un saber teórico-práctico.

Asimismo, y retomando lo planteado anteriormente, cada escrito en su articulación con los demás nos brinda como lectores una posibilidad de enriquecimiento inédita, en tanto en el devenir de sus páginas, el recorrido nos lleva a lugares en donde poder compartir diferencias como así también posibles puntos de encuentro entre posiciones teóricas, entre diferentes miradas.

En cada trabajo puede apreciarse cómo es concebida la clínica en tanto poder dar cuenta de la práctica, un teorizar sobre la práctica y sus efectos. En este punto, leemos que se hace una pequeña extensión de la definición recién planteada para dar lugar a otras formas de trabajo, y que por lo tanto no quede reducida la labor a la atención de pacientes en un consultorio o en una institución de salud. Así, la multiplicidad de enfoques teóricos se potencia con la diversidad de prácticas que competen al amplio campo psi, tales como investigación, intervenciones preventivas, atención primaria en salud, dispositivos de supervisión entre otras.

No queremos dejar de mencionar que, en esta obra de próxima aparición, se destaca el trabajo realizado por los compiladores y se agradece el aporte, la predisposición y el esfuerzo evidenciado de cada autor.

A continuación, hacemos una mención de cada uno de los docentes y profesionales, distinguiendo el posicionamiento y/o el campo específico desde el cual escribieron:

Belgich, Horacio Esquizoanálisis

Brandolin, Diego Psicoterapeuta Gestáltico.

Borgobelo, Ana Investigación - IRICE

Brunno, Silvina Psicología Educacional.

Caligaris, Ruben Acompañamiento Terapéutico

Castellaro, Mariano Psicología educativa- socioconstructivismo

Castro, Mariela Psicoanálisis

Ceballos, Jorge Psicoanálisis

Ciliberti, Augusto H. Abordaje cognitivo en ansiedad y clínica sexológica

Contino, A. Martín Esquizoanálisis

Di Nardo, M. Olivia Psicoanálisis

Faccendini, Jorge Psicoanálisis

Fernández, Fernanda Campo Jurídico

Lopez Ocariz Cecilia Acompañamiento Terapéutico

Maccari, Verónica D. Sistémica

Martino, Pablo Neuropsicología

Matkovich, Andrés Psicoanálisis

Morelli, Verónica Psicoanálisis

Pampiglioni, Francisco Psicoanálisis-Fonoaudiología

Peralta, Nadia Psicología educativa- socioconstructivismo

Ronchese, Cristina Psicoanálisis

Satriano, Rosana Enfoque Gestáltico

Savoini, Silvana Terapia Cognitivo Conductual -Sexología Clínica

Taverna, Andrea Investigación Psicología del desarrollo infantil

Terrádez, Marina Psicoanálisis

Para finalizar, damos la bienvenida a esta propuesta y a este puntapié inicial que nos permite pensar otras formas posibles de relación e intercambio académico. Sin más para agregar, dejamos hecha la invitación a su lectura, sirviendo el presente escrito como una puerta de entrada al libro.