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Imagen: El verdadero jardín nunca es verde, 2016. ph Santiago Ortí. Nicola Costantino. Tetis y Aquiles, 2016.

Autor: Jorge Ceballos. Psicólogo. Doctorando en Psicología. Facultad de Psicología. UNR.

Psicoanálisis y arte: suspensión de la significación fálica, satisfacción de la pulsión (1)

This dance, is like a weapon
of self defense, against de present
the present tense. Radiohead

¿Qué relaciones se pueden establecer entre el psicoanálisis y el arte?, ¿y cuáles no? Es conocido que la crítica de arte abrevó del psicoanálisis para explicar la obra de arte por medio de la vida del artista, lo que llevó a la escritura de lo que se conoció como psicobiografías, las explicaciones de la psicología del autor. Por nuestro lado, sabemos que el psicoanálisis mismo en muchas ocasiones erró de camino en relación al arte, al pretender analizar la obra de arte como si se tratara de un analizante. De esta manera se recayó en la práctica conocida como psicoanálisis aplicado, que consiste en partir de la teoría analítica hacia la obra de arte para encontrar en ella la ilustración de sus conceptos, (y encontrar en la misma lo que ya sabía que iba a encontrar). Esta práctica fue llevada a cabo desde los comienzos mismos del psicoanálisis, desde Freud y sus discípulos, y también la hemos visto en algunas obras de Lacan y los lacanianos.

Para abordar este tema voy a comenzar trabajando algunos de los desarrollos que propone Carlos Kuri en su libro Estética de lo pulsional, Lazo y exclusión entre psicoanálisis y arte (2007). Nos encontramos con sus tesis principales desde el principio del texto: frente a lo que caracteriza como una "abusiva superposición entre el deseo y la obra de arte" (2007,p. 17), comienza por la disolución de este lazo, lo que llama exclusión, exclusión de lo que podemos resumir abusivamente en la figura del psicoanálisis aplicado, para poder llegar, en un segundo momento, proponer otro lazo posible.

Para esto, propone un trabajo de interpelación de conceptos centrales del psicoanálisis, pero esta vez no se trata de los de fantasía, represión, memoria o sentido, que suelen campear en este campo, sino otros, los de pulsión, percepción, descarga, afecto y cuerpo. Estos conceptos, que se encuentran en un límite del psicoanálisis, se ponen en relación con otros del campo de la crítica del arte, a saber los de sensibilidad estética, receptor, estilo, artificio, etc.

La exclusión que propone está sostenida en que el arte no puede y no debe ser abordado desde la interpretación psicoanalítica, porque no es una formación del inconsciente, no es producto de la represión; y sólo a partir de esta supresión podremos llegar a tratar los problemas específicos relacionados con el arte, que son los de la sublimación.

Con la pregunta ¿qué puede aportar el psicoanálisis a la crítica del arte?, Kuri propone que la dimensión de lo que en psicoanálisis es el registro de la pulsión parcial y la percepción renueve la lectura de la estética de la recepción en el arte, y brinde nuevas fundamentaciones para que desde la crítica no se decline hacia el subjetivismo y el gusto personal.

Freud, el arte y el psicoanálisis aplicado

Freud cuando trabaja los destinos de las pulsiones, coloca en relación al arte el destino de la sublimación. Pero este destino de pulsión nunca queda muy claro en la obra de Freud, no sólo por la conocida situación de que el texto sobre la misma que iba a incluirse en los escritos metapsicológicos nunca fue publicado, sino además porque pertenece a una zona de borde del campo del psicoanálisis. Freud analizó obras de arte, tales como las de Miguel Ángel y Da Vinci, y literarias, como la de Jensen, pero en ellas su objetivo era fundamentar los conceptos de la teoría psicoanalítica que estaba construyendo. Su interés era mostrar como corroboraban las obras de arte su teoría, (al modo como también lo hizo con la biografía de Schreber para comprobar su teoría de la libido).

A pesar de la conocida declaración psicoanalítica de que el artista ocupa un lugar anterior al del analista, y puede guiarlo, vemos que tanto Freud como Lacan después terminan invirtiendo este orden. Sus análisis terminan en mayor o menor medida recayendo generalmente en una lectura analítica de las obras, sin que haya un sujeto en posición de analizante del otro lado.

Freud en El creador literario y el fantaseo (1992b) propone la tesis de que los sueños inventados por los escritores, sus ficciones, pueden interpretarse de la misma manera que los sueños reales. Compara al poeta ficcionando con el autor de fantaseos diurnos, y donde "su majestad el Yo" se convierte en el héroe, ya no de sueños diurnos, sino en el de las novelas o relatos, proponiendo una homología estructural entre arte, fantasía y narcisismo.

Señala Freud que aunque el fantaseador comunicara sus fantaseos a otro "no podría depararnos placer alguno mediante esa revelación", el ars poética entonces estaría más allá del fantaseo. Pero luego relaciona al placer previo a una prima de incentivación, y opina "que todo placer estético que el poeta nos procura conlleva el carácter de ese placer previo, y que el goce genuino de la obra poética proviene de la liberación de tensiones en el interior de nuestra alma” (p. 13, el destacado es propio). Creemos ver en esta cita de Freud la tensión entre la no satisfacción por la explicación proveniente de la línea fantasía-placer sexual para explicar la obra de arte, y la imposibilidad de evitar este circuito.

Además, Freud incitado por Jung, intenta en su análisis de la novela La Gradiva de W. Jensen (1907), junto al grupo que lo seguía en ese momento, constituir una "metodología del psicoanálisis de escritores". Buscaban relacionar los motivos develados en el texto de la Gradiva con la personalidad del autor, para lo cual buscó información sobre la infancia del escritor, y elaboró hipótesis biográficas, al punto de proponer en un momento la conjetura de que el autor habría tenido una hermana menor, una jovencita con un pie deforme, por la que Jensen habría experimentado un deseo muy fuerte. Jensen le desmiente a Freud haber tenido una hermana, aunque le confió haber tenido sentimientos amorosos por una amiga desaparecida prematuramente (Roudinesco y Plon, 2008, p. 235).

A pesar de que Freud sostuvo también que, estando el arte ligado a la sublimación, "la esencia de la función artística nos resulta también psicológicamente inaccesible", no pudo evitar el ensayar estas interpretaciones.

La crítica de Sartre al determinismo inconsciente hace avanzar al psicoanálisis

¿Puede analizarse una vida, puede explicarse?, veamos lo que se preguntaba Sartre, alguien que terminó proponiendo un psicoanálisis diferente al freudiano, al que llamó un psicoanálisis existencial.

Como señala Regnault, Sartre "… contribuye, sin habérselo propuesto, al avance del psicoanálisis" (Vasallo, S., 2006, p.12) así como los artistas han contribuido al avance del mismo. Existen varias investigaciones que afirman que la crítica que hace Sartre en El ser y la nada del psicoanálisis freudiano formó parte de la renovación del psicoanálisis lacaniano (Lutereau, L., 2012; Dagfal, A., 2012). Sus críticas a las explicaciones psicológicas de la obras de arte, tal como se encuentran plasmadas en las biografías, son un excelente antídoto contra los intentos de dar sentido que provienen del psicoanálisis aplicado.

Como señalamos anteriormente (Ceballos, 2014) Sartre sostiene que en el contexto de la filosofía se utilizan los conceptos de motivo y móvil para analizar las acciones (Sartre, 1975, p. 551-553). Los motivos son entendidos como las razones objetivas de un acto, y son utilizados frecuentemente en las explicaciones propias de la ciencia histórica. Los móviles, por el contrario, son considerados hechos subjetivos, basados en deseos, pasiones e impulsos y son utilizados en las explicaciones propias de la psicología, y no son necesarias, sino contingentes.

Para Sartre hay un eslabón perdido entre los motivos, los móviles y el acto. Este eslabón perdido es lo que él va a llamar la nada, (nada hace que sea necesaria mi acción, nada determina mi elección). A ésta falta de determinismo es a lo que Sartre va a llamar la libertad, que no debe ser entendida como una potencia, sino como una carencia, (la nada) y que está basada en lo que Sartre conceptualiza como la contingencia.

Sartre en su apartado sobre El psicoanálisis existencial (El ser y la nada, 1975) critica tanto al determinismo propio de los análisis biográficos, (razón biográfica, o psicología del autor) como a la lectura que realiza el psicoanálisis freudiano de los síntomas, también determinista en ese momento, al cual llama críticamente psicoanálisis empírico, en tanto para él puede terminar reduciendo la existencia del hombre a una serie de deseos. Para explicar su psicoanálisis existencial sostiene: "Nuestra diferencia con el psicoanálisis freudiano es que no nos interesan cada uno de los deseos, sino el deseo. No hay que demorarse en esta inclinación o en esta otra, sino deducir, de las distintas inclinaciones de cada sujeto, lo que es su deseo" (Sartre, 1975, p. 222. citado por Alemán, 2000, p. 23 ) A esto le llamará en otros textos la determinación de su elección original, resultado de ese psicoanálisis existencial, que será injustificable, porque está sostenida desde la falta de ser, concepto éste que importará Lacan al campo del psicoanálisis, como falta en ser (Alemán, 2000, p. 23).

Sartre, a pesar de sostener fuertemente la imposibilidad de explicar la obra de arte por medio de la vida de una persona, también hizo sus propios intentos de explicación biográfica, los que llevó a cabo con su Baudelaire (1968), como en sus obras sobre Gustave Flaubert (El idiota de la familia,1975) o Genet (Saint Genet, comediante y mártir, 2003).

Posteriormente Sartre en su discusión con el marxismo sobre la interpretación de la obra de arte, dirá que el marxismo sostiene que: "Valery es un intelectual pequeño burgués, no cabe la menor duda. Pero todo intelectual pequeño-burgués no es Valéry. Al calificar a Valéry de pequeño-burgués y a su obra de idealista, en uno y otra sólo encontrará lo que ha puesto". Podríamos decir que le está achacando a sus interlocutores el hacer marxismo aplicado, pues sostiene que su déficit está en que "para poder captar el proceso que produce a la persona y su producto en el interior de una sociedad dada en un momento histórico dado, al marxismo le falta una jerarquía de mediaciones" (Sartre, 1963, p. 57) y luego "no sabemos ni porqué Flaubert prefirió la literatura a cualquiera otra cosa, ni por qué vivió como un anacoreta, ni porqué escribió esos libros y no los de Duranty o los de Goncourt. El marxismo sitúa pero ya no hace descubrir nada". Aquí vemos que Sartre se pregunta por la cuestión de lo particular, lo que en psicoanálisis ubicamos como lo singular (p. 58, el destacado es nuestro)

Sartre propone el psicoanálisis existencial (que luego se transformará en el método progresivo-regresivo). Este último lo elabora en Cuestiones de método en su discusión con el marxismo, así como con los métodos clásicos de las ciencias humanas y de la sociología americana y lo que propone es realizar un método que le permita identificar la elección fundamental (le choix fondamental) que comanda las múltiples decisiones de una existencia, desde las más anodinas a las más importantes, desde dejarse la barba, o preferir las carnes con salsa, a casarse, creer en dios, matar, amar, etc. (Cabestan y Tomes, 2001, p. 49) Ya ha sido señalado esta coincidencia entre el decisionismo en Sartre y en Lacan (Alemán, 2000), lo que también nos remite a las cuestión de la relación entre el verbo ser sartreano y el fantasma lacaniano, como subrayó Vassallo en su texto sobre el tema (2006).

Lacan, el arte y el psicoanálisis aplicado

Charles abría de vez en cuando los ojos; luego, como su mente se cansaba y le asaltaba el sueño, no tardaba en entrar en una especie de sopor en el que sus sensaciones recientes se confundían con los recuerdos, se veía a sí mismo desdoblado, estudiante y casado a la vez, acostado en su cama como hacía un rato y atravesando una sala de operados como antaño. El cálido olor de los emplastos se mezclaba en su cabeza con el olor verde del rocío; oía correr sobre su barra las anillas de hierro de las camas y dormir a su mujer…

Flaubert, Madame Bovary

Jean Delay (1907-1987) psiquiatra contemporáneo de Lacan, y que colaboró con él para poder llevar adelante su enseñanza, escribió en 1956 lo que Roudinesco llamó una "psicobiografía" sobre la Juventud de André Gide. Lacan le dedica un texto muy elogioso en los Escritos, Juventud de Gide o la Letra y el Deseo (Lacan, 1987), donde sostiene que no se trata para nada de un psicoanálisis aplicado, sino que es "todo lo contrario", que logra una dimensión de análisis psicológico que la convierte en una pieza de psicoanálisis teórico y dirá que "El psicoanálisis sólo se aplica, en sentido propio, como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que habla y que oye" (Lacan, citado por Regnault, 1995, p. 18).

Lacan sostenía que no aplicaba el psicoanálisis al arte ni al artista, sino que aplicaba el arte al psicoanálisis. En tanto el artista precede al psicoanálisis, su arte permite hacer avanzar la teoría psicoanalítica (p. 19) Pero eso no hace que se prive Lacan de hacer un diagnóstico clínico sobre el autor, especialmente sobre la posición del sujeto respecto de su deseo, la letra y el deseo, como dice el subtítulo. Lacan consideraba que se mantenía en una neutralidad objetiva en cuanto a saber si la vida del autor explica o no su obra, y desplazaba el eje de la cuestión de la crítica de arte a la condición literaria. (2)

Señalaba Regnault que el psicoanálisis aplicado al arte, en Freud, intenta hacer surgir, ya sea de la obra o del artista, un retorno de lo reprimido. Aquello que constituye un rasgo singular del artista puede en el trabajo freudiano transformarse en el desarrollo teórico de un concepto, y permite convertir los resultados de un psicoanálisis aplicado en elementos del psicoanálisis teórico (Regnault, 1995, p. 20). El arte permitiría organizar el psicoanálisis, no es sólo una ilustración del mismo; la aplicación del arte al psicoanálisis permitiría, por ejemplo, aplicar la narración de Poe a la teoría del significante, el Hamlet y el teatro dentro del teatro al tema de la verdad como ficción, y con Antígona y Edipo trabajar el límite entre Eros y la locura. Para Lacan aplicar el arte al psicoanálisis implica que éste avance teóricamente, ya que “la creación artística puede enseñar al psicoanálisis sobre la naturaleza de su objeto.” (Regnault, 1995, p. 22).

Pero aquí podemos preguntarnos si Lacan, a pesar de estas argumentaciones sobre la aplicación del arte al psicoanálisis, y de haber logrado por momentos sostener una cierta distancia, entre el autor y los personajes (como con Hamlet en relación a la neurosis obsesiva); si a pesar de todo cuando Lacan aborda el “caso Joyce” no termina haciendo un psicoanálisis aplicado en el sentido más tradicional del término. Así lo sostiene Ritvo (1993, p. 135), al afirmar que todo lo anterior no le impidió a Lacan llevar a cabo un psicoanálisis aplicado a las obras de Joyce, y fusionando masivamente los planos de la obra de arte y de la vida del autor. En este caso, pierde la distancia que había podido sostener en otros análisis, y hace una lectura que aglutina al Joyce persona, hijo de John y marido de Nora, escritor; con los personajes de su obra, el joven del Retrato, del Stephen Hero y aún del Ulises.

El psicoanálisis aplicado es una rémora psicoanalítica; no sólo desnaturaliza la obra literaria al reducir los complejos niveles de la estructura de la obra a un simple entorno o medio del personaje -lo que suele llamarse, justamente, psicologismo-; no sólo suprime salvajemente la distancia a menudo irónica entre el narrador y el personaje, sino que , y es esto lo que a mí más me importa, termina por volver sobre sí mismo y

convierte al psicoanálisis entero en un modelo de psicoanálisis aplicado. […] se comienza haciendo psicoanálisis aplicado a la literatura y se termina haciéndolo en la propia clínica […] ahí se pierden tanto la literatura como el psicoanálisis. (Ritvo, 1993, p. 135, el destacado es propio)

Estética, cuerpo, arte. ¿Cuál es la relación del arte con el cuerpo?,

Su mejor receta eran unos bombones a la naranja rellenos de licor, con una aguja perforó uno de los que le traía Mario para mostrarle cómo se los manipulaba; Mario veía sus dedos demasiado blancos contra el bombón, mirándola explicar le parecía un cirujano pausando un delicado tiempo quirúrgico. El bombón como una menuda laucha entre los dedos de Delia, una cosa diminuta pero viva que la aguja laceraba. Mario sintió un raro malestar, una dulzura de abominable repugnancia.

Cortázar, J. Cuentos completos. /1. Circe.

Kuri sostiene que lo estético funciona en una dirección contraria a la subjetividad, contraria al sujeto de la síntesis perceptual y se sitúa más allá del goce narcisista (2007, p. 4). No es del dominio del cuerpo narcisista "estructurado con relación al acto sexual, al fantasma y al deseo", no se dirige a la subjetividad, sino al cuerpo pulsional, como por ejemplo, al ojo de la mirada.

Como decía Borges, la prueba del arte, (del poema en el caso que tomaba), es física, no intelectual. Así le hace decir a uno de sus personajes en El inmortal: "Que nadie quiera rebajarnos a ascetas. No hay placer más complejo que el pensamiento y a él nos entregábamos". (También, no sin cierto humor, podríamos citar un cuento de Roberto Fontanarrosa, con su propuesta de una estética a lo Monzón, que busca tomar al lector del cuello y arrastrarlo a la lectura del texto a las trompadas).

Al definir la obra de arte Deleuze y Guatarí lo hacen independientemente de su creador: "¿Y el creador entonces? La cosa es independiente del creador por la auto-posición de lo creado que se conserva en sí. Lo que se conserva, la cosa o la obra de arte, es un bloque de sensaciones, es decir un compuesto de perceptos y de afectos“ (1983, p. 164). Es así es como sostienen que la obra de arte es un "ser de sensación que se conserva en sí mismo" (p 165) La obra de arte es un bloque de sensaciones, es decir un compuesto de perceptos y de afectos, que hacen las veces de un lenguaje, pero no lo son.

Y es así como sostienen que "el artista es presentador de afectos, inventor de afectos, en relación con los perceptos o las visiones que nos da. No sólo los crea en su obra, nos los da y nos hace devenir con ellos, nos toma en el compuesto." (p. 177) Bloques de sensaciones que nos recuerdan la especulación que Borges sobre los objetos poéticos de un idioma supuesto:

En la literatura de este hemisferio […] abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso, mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. Hay poemas famosos compuestos de una sola enorme palabra. Esta palabra integra un objeto poético creado por el autor. (Borges, 1976, p. 25)

No se trata del gusto, el mismo es subjetivo, se trata del ojo, del placer del texto, del grano de la voz (Barthes). Es por eso que el receptor (concepto de la crítica de arte, de la estética) no es la subjetividad que se enfrenta a la obra de arte, el receptor está más allá del sujeto, como la pulsión. La pregunta ¿Eso qué significa?, que tiene su lugar en la clínica analítica, no es una buena pregunta para el campo del arte. No importa el sentido, el sentido está en suspenso, no es el placer sexual. Algo de lo sexual debe ponerse en suspenso. Eso es la sublimación, que satisface la pulsión, el ojo, el oído, la voz más allá de mí. Como señala Deleuze, el artista no sólo es creador de afectos, en su obra, sino que nos los da y "nos hace devenir con ellos, nos toma en el compuesto". La distancia del arte con el lenguaje se establece aún en el mismo lenguaje de los textos, por ejemplo, que está en una función no representativa. "El arte es el lenguaje de la sensación tanto cuando pasa por las palabras como cuando pasa por los colores, sonidos o las piedras. El arte no tiene opinión" (Deleuze y Guattari,1983, p. 178)

El arte modifica el cuerpo pulsional, la sensibilidad del receptor

La tesis de Kuri es que el arte produce un cambio en la estructura de la percepción, por medio de un artificio técnico, y ni la fantasía del creador ni su biografía puede dar cuenta de este artificio, pues no se trata de una economía de la sustitución donde se satisface la pulsión como reprimida.

Entre la pulsión y la obra de arte Freud propone el mecanismo de la sublimación, pero analiza las fantasías que están detrás de la obra de arte. Propone Kuri que en la obra de arte se entrelazan los hilos de dos dominios, uno es el de la represión, que participará en la elección temática de la obra, en los materiales de la misma, pero además está el dominio de la sublimación, que será el que puede dar cuenta de la capacidad artística. La misma está en la posibilidad de realizar un objeto que crea un cuerpo pulsional propio, cuerpo pulsional que no se reduce a un repertorio de necesidades básicas. El dominio de lo pulsional humano, a diferencia del dominio del instinto animal, es capaz de procurar formas de satisfacción que rompen con el mundo de "la sensación cotidiana".

Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (2003) intentó por medio del concepto de autenticidad u originalidad, abordar el problema del goce estético, hipótesis que debió abandonar por insuficiente. Luego sostendrá que, pese a todas las transformaciones impuestas desde la “industria de lo bello”, o la “industria cultural” al arte, hay una cuestión que no cambia, la de que: "en todas las artes hay una parte física" (2003, p. 36). Es así como propondrá otro concepto, el de aura. En su definición dice "qué es propiamente el aura? Un entretejido muy especial de espacio y tiempo: aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar" (p. 47, las cursivas son nuestras)

Benjamin muestra cómo la técnica es capaz de producir un punto de vista nuevo; la cámara aérea es capaz de producir un ojo nuevo, no humano, que es capaz de modificar la recepción estética. Sostiene Kuri que el arte es capaz de

producir, por medio del artificio artístico, un cambio en la estructura de la percepción, se inventa un ojo nuevo, una sensibilidad, e incluso un cuerpo con sus zonas de voluptuosidad, como ocurre en la danza.

Que la obra de arte esté abierta, no quiere decir que dependa de la subjetividad del receptor, primeramente porque el receptor no es la persona, no son los gustos ni la subjetividad. Dependerá en todo caso de la aptitud de su cuerpo pulsional para ingresar en el artificio que le propone la obra de arte, más allá de su yo. Es así como Kuri trae la afirmación de Deleuze sobre el artificio de Bacon, el ojo producido por Bacon: "la figura influye sobre el sistema nervioso” (2007, p.95).

La biografía no explica la obra

Los estudios biográficos cuentan con una tradición "venerable", desde las biografías de reyes y santos, las novelas históricas, a los libros de biografías que aúnan la vida y la obra de alguien, en general creadores, artistas, o científicos y constituyen todo un género en sí mismo. Entre ellas alcanzaron un nivel de conocimiento muy importante las biografías que publicó Irving Stone (1903–1989) sobre las vidas de Miguel Ángel (La agonía y el éxtasis); como sobre Van Gogh, Darwin y, como no podía faltar, sobre Freud (Pasiones del espíritu).

Al desarrollarse el psicoanálisis, el género se vio renovado con las herramientas de esta nueva disciplina, que se pensaba que iba a ser capaz de explicar la clave de la vida de las personas. Freud no fue ajeno a este movimiento, colaborando con estudios biográficos de diferentes personajes, desde Moisés y Miguel Ángel, hasta un presidente norteamericano Thomas Wilson.

Luego de él, el psicoanalista Kurt Eislser logró cierta repercusion con sus estudios psicoanalíticos sobre Leonardo (Léonard de Vinci. Étude psychanalytique), y especialmente sobre Goethe (Goethe A psychoanalytic Interpretation of a decade in His Life. 1776-1786), éxito en Alemania, y verdadero exponente del género psicoanálisis aplicado. En él analiza un período de diez años de la juventud del escritor y se apoya en materiales originales, a partir de los cuales describe las relaciones de Goethe con su hermana Cornelia y muestra cómo llega a superar su inhibición sexual gracias a una especie de “protoanálisis” que realiza con ella. (Roudinesco, E, Plon, M.. 2008). Más cerca a nosotros, nos encontramos con los tres volúmenes de La vida y obra de Sigmund Freud, de Ernest Jones; el Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento, de Roudinesco; y hasta la biografía doble de François Dosse: Gilles Deleuze y Felix Guattari. Biografía cruzada, por citar algunas biografías conocidas.

¿Qué nos puede aportar una biografía?, ¿nos puede explicar el porqué de una obra de arte, o incluso de una teoría filosófica o psicoanalítica? Por ejemplo, Roudinesco apela a la razón biográfica para la justificación del concepto Nombre-del-Padre, de Lacan. En su biografía reseña cómo Lacan, al momento de tener a su hija Judith en 1941 con Sylvia Maklès (aún apellidada Bataille), aún estaba casado legalmente con Marie-Louise Blondin, con quien tenía tres hijos (la última de un año en ese momento), e incluso mantenía las apariencias sociales de continuar en esa familia. Por otro lado, Sylvia estaba separada socialmente de Bataille, pero aún conservaba legalmente su apellido. En esta situación, y en el marco de la guerra que se desarrollaba en Europa, es que Judith, hija biológica de Lacan, va a recibir al nacer el apellido Bataille. Sobre esta cuestión Roudinesco sostiene: "Había allí distorsión entre el orden legal, que obligaba a una hija a llevar el nombre de un hombre que no era su padre, y la realidad de las cosas de la vida que hacía que esa niña fuera hija de un padre cuyo nombre no podía llevar." En ese momento hace el salto a la teoría lacanianos: "No hay duda que la teoría del nombre-del-padre, que formará el pivote de la doctrina lacaniana, encontró uno de sus fundamentos en el drama de esa experiencia vivida en medio de los escombros de la guerra" (Roudinesco, 1994, p. 244). Sobre este punto podríamos hacer varias consideraciones, no sólo las biográficas, sino muchas teóricas, y también señalar todas las resonancias religiosas del Nombre del Padre, religión que siempre estuvo cerca de Lacan (sobre esta dimensión religiosa del concepto, véase Ritvo, 2004).

¿La razón biográfica es capaz de "explicar" una teoría, la construcción de un concepto?. Tenemos para el caso de Freud el ejemplo de la Pulsión de muerte. Peter Gay en su Freud, Vida y legado de un precursor (2010) sostiene que "Resulta tentador interpretar el último sistema psicoanalítico de Freud, con su énfasis en la agresión y la muerte, como una respuesta a su aflicción de esos años", y reseña cómo el primer biógrafo de Freud, Wittels, sostenía que Freud estaba bajo la impresión de la muerte de una hija joven, Sophie, mientras también estaba preocupado por la vida de varios parientes próximos, que estaban en la guerra. Freud se entera de esta primera interpretación, y se ocupa de aclarar (y testimoniar por medio de otros también) que su libro "Más allá del principio del placer", donde expone el concepto de pulsión de muerte, ya estaba escrito en 1919, cuando su hija Sophie estaba "sana y floreciente"

Sophie falleció súbitamente en 1920, a causa de una epidemia de gripe que asolaba el norte de Alemania, momento en el que Freud acababa de enterarse de la muerte de Anton von Freund. Sostiene luego Peter Gay que "si bien el espantoso despliegue diario de bestialidad humana agudizó las reformulaciones de Freud, su reclasificación de las pulsiones se debió mucho más a problemas internos de la teoría psicoanalítica" (2010, p.445)

¿Podemos autonomizar un discurso de la historia del mismo? ¿separar la teoría de Freud de la vida de él? ¿justamente cuando en su Más allá Freud propone a la especulación y a la fantasía como un modo de intentar teorizar, y hacer avanzar la teoría analítica; un Freud que tomó sus pensamientos, sus sueños, fantasías y su historia personal como un material para constituir un discurso, el del psicoanálisis? ¿Pero podemos hacer todo lo contrario, atribuir directamente a la razón biográfica la propiedad de un concepto? Todo apunta a que no es posible.

Ritvo nos trae un concepto que es de interés en este tema, que es el de lectura sintomática, y que podemos hacer tal lectura de los conceptos psicoanalíticos, de la teoría. Por ejemplo, Ritvo (2009), atribuye a un uso sintomático e inhibitorio la utilización abusiva de terminología de las disciplinas formalizadas, tales como las de la lógica y la matemática, para trabajar la feminidad. Si pensamos que la teoría analítica incluye al inconsciente, también debe estar sometida a sus síntomas y a la represión. Los límites de la teoría analítica tienen un grado de relación con los límites de los propios analistas. Que un concepto sea sintomático implica que puede estar en lugar de otros que no aparecen, y de problemas que no se plantean, por distintas razones.

Comparto en este punto la afirmación de Piera Aulagnier (1992, p. 13) sobre la teorización en psicoanálisis

…las cuestiones que privilegiamos a veces en nuestro itinerario clínico, si de buena fe creemos que nos vienen determinadas por la importancia que ha cobrado cierto fenómeno clínico, cierta lectura nueva, en realidad con ellas no hacemos más que retomar, de otras formas, lo que yo llamaría las "cuestiones fundamentales" propias de cada analista. Puede que ellas designen el punto conjugado de resistencia y de fascinación que singulariza la relación de ese analista con la teoría analítica. (Aulagnier, 1992, p. 13)

Ella señala cómo insisten en determinadas problemáticas los diferentes autores, incluso remarca la insistencia notable que tuvo en Freud la cuestión del padre y la problemática de la angustia de castración. (Ritvo remarca complementariamente cómo toda la cuestión materna es generalmente elidida en los historiales clínicos freudianos; por ejemplo, el hecho de que el hombre de las ratas no podía disponer de su dinero, sino que lo hacía su madre, que fue ella la que autorizó el tratamiento, etc, son cuestiones que Freud no menciona en el historial como importantes, aunque las tenía en el material de sesiones).

Frente a esto Aulagnier propone la exigencia de estudiar solícitamente la obra de los demás analistas a fin de poder evitar los intereses selectivos en determinados temas y no en otros, buscando no menoscabar el capital teórico de que cada cual dispone, ni la pertinencia de sus itinerarios clínicos. Las instancias grupales e institucionales de formación y control, con sus redes transferenciales, son el marco y el instrumento de estas cuestiones.

El arte recorta lo pulsional no fálico

¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la comprensión de la obra de arte, o en otras palabras, a la estética?: el trabajo de lo pulsional. Sostiene Kuri que la obra de arte produce lo que desde el psicoanálisis podemos llamar un cuerpo pulsional (y que desde el arte se entiende como percepción). Así aleja el estilo del artista de una subjetividad, no es el sujeto como objeto de la fantasía lo que opera en su obra, es un rastro de lo pulsional. En este sentido propone el ejemplo de cómo la asfixia materna no alcanza para dar cuenta de la prosa de Proust, o la novela familiar de Flaubert para explicar su dominio del arte.

Si se goza como en la relación sexual, no hay arte. La conocida frase de Lacan en el Desmontaje de la pulsión del Seminario 11, relacionando el hablar y el copular para problematizar el concepto de satisfacción, no debe hacernos pensar que se trata del mismo plano.

La sublimación no deja de ser la satisfacción de la pulsión, y ello sin represión. En otras palabras -por el momento, yo no jodo, les hablo, ¡pues bien! puedo tener exactamente la misma satisfacción que si jodiese. Esto es lo que eso quiere decir. Es lo que planteo, por otra parte, la cuestión de saber si efectivamente jodo. Entre estos dos términos se establece una extrema antinomia que nos recuerda que el uso de la función de la pulsión no tiene para nosotros otro alcance que examinar lo que es la satisfacción. (Lacan,1997, p. 53)

Lo biográfico no nos da cuenta de la obra de arte, el chancho-bola de Nicola Costantino no se explica por su infancia de niña jugando en el quirófano del padre; o la madre modista y su pasión por la cocina. Cuando vemos una obra de ella, aún cuando el material parezca remitirse al mundo sensorial supuestamente más primitivo, de la comida, la carne, el animal, el cuerpo humano; el arte está en la sensación de extrañeza que es capaz de producir, el alejamiento súbito que nos muestra una realidad diferente a la conocida y que produce el placer estético, placer alejado del que se ordena en la línea acto sexual/fantasía inconsciente, propio de la significación fálica.

No hay ingeniería inversa de la obra de arte entonces, se encontrarán los hilos de la represión y los de la sublimación en la misma obra, pero la represión no interesa para explicar su valor artístico. Refiriéndose al análisis de Leonardo, sostiene Kuri: "podríamos imaginar el mismo engranaje de sustitución , una similar novela familiar y sin embargo desembocar en un cuadro despojado de toda conmoción estética." Y señala Kuri que aunque Freud, en su análisis de los cuadros de Da Vinci sea capaz de identificar algunos sustitutos de lo reprimido, o algunas fantasías, eso no quiere decir que toda la obra de arte responda al mecanismo de la represión, sino que la represión está en la obra por la elección temática, pero lo que determina el talento de la obra es "la forma en la que el ojo queda capturado" La neurosis del artista no da cuenta de su obra, y por lo tanto la interpretación no es lo apropiado para el arte, mientras que sí lo es para las formaciones del inconsciente trabajadas por el determinismo y la economía de la sustitución.

Kuri señala como la impostación de algunos conceptos lacanianos, su poli instrumentalidad, termina produciendo un nivel de abstracción y una falta de especificidad que obstaculiza la utilización de los mismos como herramientas precisas, como ocurre con el concepto de creación ex-nihilo, que Lacan utiliza tanto para trabajar la noción de la cosa, como la de vacío, como la de metáfora y aún para el concepto de arte. Sostiene que la sublimación, tal como la podemos ver operando en la obra de arte, consiste en una operación que no es contra-represiva, sino que se trata de una operación extra represiva, que no es sin la represión, "Si el artista puede sublimar eso indica que hay en él alguna línea oblicua, extra-represiva, pero no contra-represiva, que por supuesto no anula la represión ni disuelve los síntomas. El neurótico no se salva por ser artista". . (1995, p. 21)

Lo estético interviniendo en psicoanálisis permite un paréntesis en la economía del deseo, acto sexual, angustia y fantasma. La estética se dirige al cuerpo sin pasar por la conciencia, pero tampoco por el sujeto. La estética se ubica en el punto de discrepancia entre la vida, la biografía, y la obra del autor, presupuesto de toda psicobiografía, aún la psicoanalítica (Kuri, 2007, p. 15). A la llamada razón biográfica Kuri la caracteriza como el quiasmo arte (obra) / biografía (deseo).

El sentido sexual sigue una línea, como el arco reflejo, como lo que ocurre en la pornografía, cuya finalidad es la excitación. La satisfacción de la sublimación es diferente a la del acto sexual, es pulsional, sale del contexto agobiante del determinismo inconsciente. En el arte hay una suspensión de la significación fálica, se separa el registro del cuerpo del narcisismo, unificado y articulado desde el deseo y la represión, del registro de la pulsión parcial, que nunca se totaliza. Este cuerpo pulsional, parcial y múltiple, es articulable, pasible de ser tomado por la trama (la trampa) de la obra de arte, que le propone al receptor un otro cuerpo pulsional, artificial, proveedor de un posible goce estético (2007, p.16).

Notas

  1. Trabajo final presentado en la asignatura Estética y psicoanálisis. Estética de lo pulsional. Lazo y exclusión entre psicoanálisis y arte, dictada por el Dr. Carlos Kuri, Maestría en Psicoanálisis de la Facultad de Psicología. UNR. Año 2017.
  2. En esta ocasión, como en otras, vemos funcionando lo que Baños Orellana ha caracterizado como el estilo de Lacan, que opera por medio de inversiones, cambios de puntos de vista, e incluso complicaciones. La afirmación de Lacan de que su estilo es una puesta en acto del estilo del inconsciente, muchas veces no encuentra asidero, en tanto parece avanzar en dirección a la complicación, pero sin producir una ganancia en cuanto a la profundización del entendimiento de un tema. "Una de las matrices del pensamiento de Lacan fue la de percatarse de que los dilemas y las complicaciones no son únicamente fuente de problemas sino también de soluciones. Casi invariablemente encaraba los enigmas psicoanalíticos señalando cómo los planteos convencionales de sus rivales habían fallado por huirle a la complicación; practicaba, entonces, una reformulación de la pregunta y de sus términos que la convertía, de alguna manera, en otro tema… Cuando un lector ajeno a su obra se acerca a alguno de los seminarios orientado por la lista de sus títulos, pronto se encuentra en aprietos al buscar alinear su respuesta con las del resto de la bibliografía sobre el particular. Es como si se hablara de otra cosa, la pregunta no es la misma y el campo de las soluciones tampoco: es la galaxia Lacan" (Baños Orellana, 1995, p. 118-119)

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Industria millonaria. En sintonía con Ready player one, la película de Spielberg de estreno reciente, esta tecnología inmersiva gana protagonismo y es vista como una suerte de cumbre científica; sin embargo, pocos hablan de los efectos psicológicos y sociales que podría desatar.

Hace más de 2400 años, un filósofo barbudo y de espaldas anchas ya se hacía una pregunta de lo más actual: "¿Qué es lo real?". Desde aquel planteo de Platón al comienzo del libro VII de La República, volvemos una y otra vez a la caverna para elaborar una respuesta colectiva y personal: al ir a una sala de cine, al sentarnos alrededor de un televisor o al darle play a una película o serie en una computadora o un celular. ¿Por qué nos reímos, por qué lloramos ante una producción cuando sabemos que se trata de una simulación de la realidad? ¿Por qué algunos se impresionan ante la exposición de sangre en una ficción?

Cada vez más personas en el mundo se calzan las gafas y se sumergen en las aguas de realidad virtual. Y en ese acto de arrojo en el que sucumben ante el vértigo de la novedad, amplifican este interrogante, exploran la porosa frontera que separa lo aparente de lo real. El tiempo parece ser ahora: desde que esta tecnología emergió por primera vez a finales de los años sesenta, asociada con la cultura de las drogas, promete en un movimiento de oscilación eterna convertirse en el medio psicológicamente más poderoso jamás inventado. Una y otra vez: todos sus promotores, como el gurú hoy arrepentido Jaron Lanier, prometían por entonces que la realidad virtual sería omnipresente en los ochenta. Y luego en los noventa. Y luego en los 2000. Pero nada. Así como afloró, el frenesí virtual se desvaneció en cada intento.

Hasta 2012, con la aparición de compañías como Oculus VR -adquirida luego en 2014 por Facebook- que se despachó con cascos más accesibles y, junto a celulares más potentes, un mayor poder de cómputo y una retórica revanchista, echaron a correr un nuevo big bang virtual.

No lo dicen solo las consultoras que estiman que la industria de la realidad virtual generará para 2020 unos 120.000 millones de dólares, casi cuatro veces lo que recauda al año la industria cinematográfica a nivel mundial (para, de paso, sacudir en su camino la educación, la medicina, la productividad, el entretenimiento, la pornografía, el periodismo, el arte, el turismo y la psicoterapia). Lo revela, más bien, un cambio de signo, un golpe de timón en su presentación en sociedad: mientras que hace unas décadas a la virtualidad se la asociaba a la figura de la cárcel -en películas como El hombre del jardín (1992), basada en un relato de Stephen King, y en especial en The Matrix (1999)-, ahora escritores y productores retoman las olvidadas consignas del ciberutopismo libertario de los primeros días de la Web y se la exhibe como un territorio colmado de esperanzas, un nuevo Jardín de Edén, hecho no de átomos sino de bits, para reinventar y redimir a la sociedad en código informático.

Esto es lo que se ve en el episodio San Junipero de la serie Black Mirror o, en especial, en Ready Player One, novela de Ernest Cline llevada ahora al cine por el mago Steven Spielberg: un nuevo himno para una nueva era.

Toda tecnología tiene sus raíces históricas, una genealogía. Entre los olvidados ancestros de la inmersión profunda y la ilusión de presencia ofrecidas por la realidad virtual se encuentran las pinturas panorámicas y el estereógrafo de mediados del siglo XIX ("mil ojos hambrientos inclinados sobre las mirillas del estereoscopio, como si fueran ventanas del ático del infinito", se lamentó Baudelaire); el entrañable View-Master de 1939; los simuladores de vuelo y experimentos fallidos como Sensorama, un gabinete patentado por Morton Heilig en 1962 similar a un arcade que estimulaba todos los sentidos.

En rigor, el primero en hablar de realidad virtual, sin embargo, fue el dramaturgo francés Antonin Artaud -un hombre atormentado e iluminado por el dolor, las drogas y la locura- quien en su libro E l teatro y su doble, de 1938, se refirió al teatro como " la réalite virtuelle", una realidad que es a la vez ilusoria y puramente ficticia.

Hoy vivimos convencidos de que la tecnología es la salvación de la humanidad y cada novedad es celebrada a modo de hito de un camino evolutivo. El Segway, el iPad y los Google Glass iban a cambiar el mundo. El discurso casi religioso que rodea e impulsa la realidad virtual no es muy distinto. Al entenderlo como culminación de la forma en que la tecnología envuelve nuestras vidas, se silencian los profundos efectos psicológicos y sociales que su desembarco podría llegar a desatar.

Las consecuencias psíquicas imprevistas e impensadas de la electricidad fueron primero la ansiedad y luego el aburrimiento. "Los efectos de la tecnología no se producen al nivel de las opiniones o de los conceptos, sino que modifican los índices sensoriales, o pautas de percepción, regularmente y sin encontrar resistencia -señaló en 1964 el gran profeta de los medios Marshall McLuhan-. Cualquier invento o tecnología es una extensión o autoamputación del cuerpo físico y, como tal, requiere además nuevas relaciones o equilibrios entre los demás órganos y extensiones corporales".

En los años 90, los primeros cascos y gafas de esta tecnología inmersiva y vendida como inevitable decepcionaban al causar migrañas. Hoy, pese a los avances, gran cantidad de usuarios reporta náuseas, mareos y fatiga ocular. A tal punto que aquellos que comienzan a describir los síntomas de la llamada VR sickness -enfermedad de la realidad virtual- recomiendan no exponerse a ambientes virtuales inmersivos más de 20 minutos por vez. Investigadores como Martin S. Banks, director del laboratorio de percepción visual de la Universidad de California, no saben aún si la inmersión a largo plazo representa una amenaza para la salud mental, ni si los efectos secundarios serán temporales o dejarán un daño permanente en el organismo. "La realidad virtual es una de las fronteras científicas, filosóficas y tecnológicas de nuestra era -dice el pionero virtual Jaron Lanier en su nuevo libro, Dawn of the New Everything-. Y también es la plataforma de mayor alcance en la actualidad para investigar lo que es un ser humano en términos de cognición y percepción. La realidad virtual nos pondrá a prueba. Amplificará nuestro carácter más de lo que lo han hecho otros medios".

Psicólogos como Mel Slater, director del Event Lab, un centro de investigación especializado en realidad virtual de la Universidad de Barcelona, advierten que el cerebro -un órgano altamente flexible, plástico- no nota ninguna diferencia entre la dimensión virtual y la real. "La realidad virtual engaña al cerebro -explica-. Por ejemplo, cambia la percepción que tenemos de nuestro cuerpo".

Teniendo en cuenta nuestra irrefrenable adicción a las tecnologías, ¿alterarán los largos períodos de inmersión nuestra relación con el mundo que nos rodea? ¿Cambiará nuestra comprensión de nociones profundamente arraigadas como experiencia consciente o personalidad? ¿Qué sucederá cuando los entornos virtuales sean casi indistinguibles de la realidad? ¿Con cuál nos quedaremos? La ausencia de estudios a largo plazo multiplican las preguntas, así como las inquietudes filosóficas y éticas.

Entre el cielo y la catástrofe

La primera gran desmaterialización que atravesó la humanidad ocurrió en 1876, cuando apareció el teléfono e independizó la voz del cuerpo humano. Un año después nació el fonógrafo. La expansión del ciberespacio -"una alucinación consensuada", según el escritor William Gibson en su thriller cyberpunk Neuromante (1984)- profundizó esta grieta en un por entonces naciente mundo paralelo cargado de misticismo, donde no regían las leyes y fuerzas que gobiernan la materia. Un refugio, un escape, como describe Wade, el protagonista de Ready Player One, al universo virtual masivo al que las personas de la historia se retiran para huir de su realidad devastada: "Habíamos nacido en un mundo desagradable y Oasis constituía nuestro único reducto de felicidad".

En uno de los papers más profundos hasta ahora publicados sobre los efectos de esta tecnología empática - Realidad Virtual: Un código de conducta ética-, los filósofos de la mente Michael Madary y Thomas Metzinger, de la Universidad Johannes Gutenberg, en Alemania, advierten: "Sospechamos que el uso intensivo de realidad virtual podría desencadenar síntomas asociados con el desorden de despersonalización. Esta tecnología manipula los mecanismos psicológicos involucrados en la generación de experiencias de realidad. La inmersión a largo plazo podría causar daños a los mecanismos neuronales que crean la sensación de estar en contacto inmediato con el mundo y con el propio cuerpo". Nadie sabe si esto sucederá en el año 2045, época en la que se sitúa Ready Player One, o si la realidad virtual siquiera despegará para volverse un medio de narración estable, con una gramática propia.

En septiembre de 1949, un estudiante del Instituto Politécnico Federal de Zurich le preguntó a Carl Jung sobre qué efecto creía que la tecnología tenía en la psique humana. El psiquiatra suizo le respondió: "El peligro no radica en la tecnología. El ser humano siempre corre el riesgo de descubrir algo capaz de destruirlo si es usado maliciosamente. Hemos estado muy cerca de esto con la bomba atómica. Frente a estos acontecimientos amenazantes, uno debe preguntarse si estamos suficientemente preparados para resistir la tentación de usarlos con fines destructivos o si por nuestra constitución seremos arrastrados a la catástrofe. Esta es una pregunta que solo la experiencia puede responder".

DIARIO LA NACIÓN
8 de abril de 2018

Las nuevas tecnologías: entre la democratización y el control

Autor: Raspo, Cristian Andrés
Co-autor: García, Diego 

Cristian Raspo es Psicólogo, egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Investiga y estudia la problemática de las nuevas tecnologías en la actualidad, la influencia de las mismas en la subjetividad y las consecuencias de ellas tanto a nivel individual como social. Aparte de ser expositor en varios congresos y jornadas de investigación, cuenta con un recorrido en el trabajo con personas con discapacidad, la Psicología Educativa y la Clínica.

Posiblemente, una de las características principales de las sociedades actuales sea el uso de las nuevas tecnologías. Un alto porcentaje de la población utiliza de manera cotidiana un smartphone, una computadora, las redes sociales o Internet. Hoy en día es muy dificultoso pensar alguna práctica social donde estas tecnologías no estén presentes. En efecto, se podría indicar, de alguna manera, que la sociedad actual está caracterizada por las mismas; en este sentido, las tecnologías de la información y la comunicación -TIC-  representan un distintivo propio de estos tiempos. 

¿En cuántos trabajos se realizan intercambios de e-mails? ¿Qué niño no entra a Internet para hacer su tarea? ¿No va siendo cada vez más común que los abuelos busquen a sus ex compañeros del secundario en Facebook? ¿Cuántas parejas han discutido por malinterpretar algo dicho en WhatsApp? ¿El tiempo de ocio personal muchas veces no está asociado a conectarnos de alguna forma a la red? ¿Cuándo uno tiene una duda no recurre a Google? 

El presente escrito se propondrá hacer un análisis del fenómeno social de la revolución digital; para ello es necesario poder pensar y reflexionar sobre diferentes aspectos de las nuevas tecnologías desde una mirada crítica, es decir ni peyorativa ni idealizada. Con este objetivo, se adoptará como estrategia metodológica, la realización de una cartografía.Al seguirse desarrollando los territorios digitales, ya que no están terminados ni definidos en su totalidad, es pertinentepoder tener una forma de ir anotando sus movimientos mientras se los sigue explorando; es decir cartografiar el mundo online. 

 Para los geógrafos, la cartografía -a diferencia del mapa, que es una representación de un todo estático- es un diseño que acompaña y se hace al mismo tiempo que los movimientos de transformación del paisaje. Los paisajes psicosociales son también cartografiables. La cartografía, en este caso, acompaña y se hace mientras se desintegran ciertos mundos -su pérdida de sentido- y la formación de otros: mundos, que se crean para expresar afectos contemporáneos, en relación a los cuales los universos vigentes se tornan obsoletos (Rolnick, 1989:s/d). 

En miras de comenzar a cartografiar este nuevo mundo digital, se podría decir que es llamativa la rapidez con que los nuevos dispositivos tecnológicos, junto con las redes sociales, se hicieron de uso masivo. En poco menos de 30 años, se convirtieron en algo sumamente cotidiano para unagran cantidad de lugares alrededor del mundo.  

De alguna manera, esta revolución digital fue posibilitada por la existencia de Internet y de la plataforma WWW. Dicha Red Informática Mundial, en inglés World Wide Web, fue creada por un científico llamado Tim Berners-Lee en 1989. En la primera década de vida de la red fue impresionante el crecimiento exponencial que presentó tanto en usuarios como en servidores web. Como consecuencia, en el naciente siglo XXI, las computadoras comenzaron a estar interconectadas mediante redes digitales a nivel global; cambiando para siempre el panorama a nivel mundial.  

A lo largo del tiempo, numerosos fueron los hitos históricos que marcaron el recorrido de las nuevas tecnologías hasta llegar a lo que es hoy en el año 2018. Blogs, casillas de e-mails, fotologs, Google, Youtube, Facebook, Instagram,etc. La lista podría seguir y seguir, pero de nada serviría hacer un listado cuasi infinito de palabras de origen extranjero y difícil pronunciación para los hispanohablantes; ya que ésta historia está plagada de cambios, los cuales a su vez son extremadamente veloces (1). 

Es imposible poder abordar el fenómeno de la revolución digital en su completud. Razón por la cual el presente ensayo se va a limitar a mostrar algunos de los cambios provocados desde la aparición de estas tecnologías. La primera parte está dedicada a explicar las características distintivas de estos dispositivos y su relación con la subjetividad;planteándose así como la base para poder pensar los desarrollos de los próximos apartados. La segunda parte responde a poder definir a las tecnologías digitales como tecnologías democratizadoras.  Y por último, la tercer parte persigue el objetivo de poder exponer por qué éstas mismas tecnologías serían tecnologías de control. 

Teniendo en cuenta elnivel tan alto de aceleración de la era digital, puede surgir la pregunta ¿de qué serviría escribir sobre algo que al momento en que se escribió al respecto, posiblemente ya haya cambiado? Tal vez, la respuesta a esa pregunta pueda ser que leer y escribir posibilitan la reflexión,es decir sacar el pie del acelerador para ver hacia donde se está yendo. En consecuencia, en esta historia hiper acelerada de las nuevas tecnologías, con más razón ¿no sería necesario frenar un instante para reflexionar? 

 PRIMERA PARTE: TECNOLOGÍAS Y SUBJETIVIDAD 

Características de las nuevas tecnologías 

Antes de comenzar con el desarrollo de este texto son necesarias dos aclaraciones. Por un lado, es dificultoso poder encontrar un término pertinente para poder denominar a las famosas nuevas tecnologías. Muchos autores las llaman tecnologías de la información y la comunicación -TIC-. Sin embargo, una persona no solo se informa o se comunica a partir de ellas, haciendo que ese concepto quede un poco superficial. A su vez, también se puede criticar la denominación nuevas tecnologías, porque el eje se está poniendo en la novedad, con lo cual es un criterio temporal. Por ende, hablar de nuevas tecnologías sigue siendo un tanto ambiguo y poco específico. La luz eléctrica, el automóvil y hasta incluso la rueda en su momento fueron novedosas, en efecto susceptibles de haber sido llamadas nuevas tecnologías. Además, ya en este año 2018 ¿cuán nuevas son las nuevas tecnologías? ¿La sociedad no las fue recibiendo como parte de su cotidianeidad natural?  

Estas son las razones por la cual ninguno de esos dos modos de llamarlas -TIC y nuevas tecnologías- poseen el rigor conceptual necesario para abordarlas en su especificidad. Una vez hecha explicita la disconformidad de estos términos, con fines académicos se optapor ir denominándolas de diferentes maneras según el aspecto en particular que se quiera hacer énfasis en ese momento. A raíz de esto, en el presente ensayo se las encontrará nombradas bajo las siguientes denominaciones: nuevas tecnologías, TIC, tecnologías digitales, tecnologías democratizadoras, tecnologías de control, entre otros. 

La segunda aclaración es que bajo todos esos términos mencionados, en este texto, se pretende hacer referencia a Internet, los dispositivos smart-teléfonos inteligentes, computadoras, etc- y algunas plataformas online-como son las nombradas redes sociales-. Estos tres elementos son pilares de la llamada revolución digital, y si bien no son lo mismo, hoy en día están tan relacionados que cuesta pensarlos por separado. Por ejemplo, una persona que entra a Facebook desde su celular, efectivamente está utilizando su smartphone, las redes sociales e Internet.Es decir que el usuario al acceder al mundo online no discrimina, realiza todas esas acciones de forma conjunta y a la par. 

Para poder avanzar con la cartografía de este nuevo mundo, es necesario poder realizar una descripción, un tanto somera, de cómo son estos nuevos dispositivos; entendiendo que el sólo hecho de describirlos de alguna manera está describiendo a la sociedad que les dio a luz. De hecho, un gran pensador del siglo pasado dijo que las máquinas y las tecnologías de una época reflejan las formaciones sociales que les han dado origen y que las utilizan (Deleuze, 1999). A saber, en cierta medida muestran a la sociedad que las inventó y que las legitima a diario a partir de su uso. Entonces… ¿qué rasgos de la sociedad actual se ven a partir de las características de las TIC? ¿Qué está señalando la increíblemente amplia utilización de las redes sociales? ¿Qué dice de la humanidad la invención de Internet?  

Internet es ubicuo, es decir omnipresente. Hace poco más de 15 años, si alguien quería acceder a la red, debía sentarse frente a una computadora y conectarse por un tiempo acotado y no de manera inalámbrica. En la actualidad, no sería erróneo suponer que un alto porcentaje de las personas que están viajando sentadas en un colectivo de línea, están haciendo uso de Internet; lo cual muestra no sólo su capacidad de estar presente en todo momento sino la movilidad de dichos gadgets tecnológicos. Es decir que fueron pensados para ser trasportados, como por ejemplo un tablet, una notebook o el famoso smartphone (Albarello, 2013). 

Esta omnipresencia de la red, sumado a la movilidad de los dispositivos, genera un fenómeno muy particular que tiene que ver con la posibilidad de estar online sin importar el lugar o el momento. De alguna manera, las nuevas tecnologías provocan cierta pérdida del contexto. Por ejemplo: una persona que está en el medio de un boliche puede estar respondiendo mensajes sobre su trabajo, se puede mandar un mail mientras uno se encuentra en el medio de una clase, pasear por Facebook estando en una sala velatoria, etc. En cierto sentido se corre el riesgo de ser desubicado al comunicarse con alguien que no solo no está en el lugar indicado, sino también que no está en el estado más oportuno para hacerlo. ¿Cuántas veces pasa que alguien recibe un mensaje en un chat grupal cuando uno está muy triste o preocupado por alguna cuestión? ¿O que lo llamen cuando estaba durmiendo una siesta o bañándose? ¡A mi qué me importa si a Fulanito le gustó la foto que yo subí ahora que estoy por rendir un final! 

Para seguir con la descripción de algunas de las características de las TIC, se puede decir que buscan e incentivan la participación de las personas, ya que, tanto Internet como las redes sociales, existen gracias a que tienen usuarios; si la sociedad no utilizara estas plataformas, no estarían presentes. “Es importante destacar que es la gente misma la que le da forma a las redes sociales, tanto en los contenidos que comparte como en la relevancia que le da estos contenidos” (Albarello, 2013: 54). 

Teniendo en cuenta que las redes sociales poseen una interfaz de fácil manejo, sumado a algunas de las características antes mencionadas, se puede pensar un fenómeno que cada vez va siendo más común: ‘amateurización masiva’;que consiste en que un usuario no profesional pueda generar un contenido y compartirlo.Por ejemplo: una persona saca una foto, y sin ser un diseñador gráfico, la edita antes de compartirla (Albarello, 2013). 

 Tenemos que empezar a pensar a la tecnología de una manera totalmente distinta de la convencional. Nosotros pensamos que la tecnología son aparatos, dispositivos, máquinas. Y eso no así; es marginalmente así. Es la parte que nosotros usamos de la tecnología. Pero en realidad, la tecnología son conversaciones. Son conversaciones donde inventamos nuevas prácticas, para mejorar la vida humana. La tecnología más que nada es una oportunidad simpatiquísima de convertirse en un Roschard, un test proyectivo. Nosotros ponemos en la tecnología lo mejor y lo peor (Piscitelli, 2015). 

 Pensar la subjetividad hoy 

Una vez caracterizadas brevemente a las TIC, es necesario ahondar en la definición de subjetividad que estará de base en este ensayo. En cierto sentido, a lo largo del camino se estará hablando -quizás de manera implícita- de condicionantes sociales, económicos, políticos que hacen a los procesos de subjetivación de este nuevo mundo digital.  

Sería conveniente definir de otro modo la noción de subjetividad, renunciando totalmente a la idea de que la sociedad, los fenómenos de expresión social son la resultante de un simple aglomerado, de una simple sumatoria de subjetividades individuales. Pienso, por el contrario, que es la subjetividad individual la que resulta de un entrecruzamiento de determinaciones colectivas de varias especies, no sólo sociales, sino económicas, tecnológicas, de medios de comunicación de masas, entre otras (Guattari y Rolnik, 2005: 49). 

 Es decir que -al contrario a lo que muchas veces se presupone- la subjetividad es colectiva; no es la sumatoria de subjetividades individuales. Que sea vivida por individuos en sus existencias particulares, no implica que esté centrada en la individualidad. Ya que esmodelada -fabricada- conjuntamente, es válido sostener que la subjetividad es esencialmente social (Guattari y Rolnik, 2005). 

La subjetividad, como la forma de ser y estar en el mundo, no es una entidad fija y  a-histórica. Las fuerzas históricas marcan la conformación de cuerpos y subjetividades ejerciendo tanta presión que estimulan ciertas formas de ser e inhiben otras. En cada época de la humanidad los vectores socioculturales, económicos y políticos forjan las diferentes tipos de subjetividad permitidas en ese tiempo y, a su vez, evitan la manifestación de otras, prohibidas para ese momento. La cotidianeidad oficia como un taller de alfarería, moldeando esos modos de ser compatibles con las características propias de determinados contextos (Sibilia, 2008). 

 ¿Cómo podemos hablar hoy de producción de subjetividad? Una primera constatación nos conduce a reconocer que los contenidos de la subjetividad dependen cada vez más de una multitud de sistemas maquínicos. Ya ningún dominio de opinión, de pensamiento, de imagen, de afectos, de narratividad, puede pretender escapar a la influencia invasora de la ‘asistencia por computadora’ de los bancos de datos, de la telemática, etc (Guattari, 2000: 15). 

Debido a la enorme presencia que tienen las tecnologías digitales en la sociedad actual, es imposible no pensar que ellas tendrán un lugar particular en la construcción de las subjetividades actuales. Como los procesos de subjetivación dependen de las características de la época, hoy en día, sería incoherente argumentar que ellosse llevan a cabo de manera independiente a los desarrollos tecnológicos. Como conclusión, se podría expresar que reflexionar sobre la subjetivación en la actualidad implica poder detenerse para observar la revolución digital. 

Si alguien quisiera extirpar, cual cirujano, a las nuevas tecnologías en la sociedad, se daría cuenta que ellas no son un cuerpo extraño maligno sino que, en esta metáfora, son un órgano más del cuerpo social (2). La cotidianeidad de la vida se va desenvolviendo en el marco de estos dispositivos de la información y comunicación.  

Entonces, lejos de conceptualizar a las tecnologías digitales como elementos externos que vienen a cambiar a la humanidad, se podría argumentar que los dispositivos modernos reflejan los rasgos de sus creadores. Las nuevas tecnologías son formas hiperdesarrolladas e hiperconcentradas de ciertos aspectos de la subjetividad (Guattari, 2000). De alguna manera ellas están oficiando como cierto espejo, en donde se reflejan características notables de la época actual, la era digital. En este sentido, en la próximasección se va a desarrollar el fundamento por el cual se podría denominar a las nuevas tecnologías como tecnologías democratizadoras.  

 SEGUNDA PARTE: TECNOLOGÍAS DEMOCRATIZADORAS 

El ágora¿punto de partida de la democratización? 

Cuando se habla de la Antigua Grecia se dice, entre otras cosas, que en ella es factible de ser reconocida cierta forma particular de vida social que permitió el nacimiento de la democracia. 

[…] en lugar de que el Rey ejerza su omnipotencia sin control ni límites en el secreto de su palacio, la vida política griega quiere ser objeto de un debate público, a plena luz del día, en el ágora, por parte de unos ciudadanos a quiénes se define como iguales (Vernant, 1992: 24). 

 Pensar la posibilidad de que no sea una única persona-el soberano-quien tomara las decisiones sino que éstas fueran producto del debate, parte de la base de la configuración de un nuevo espacio social caracterizado por la isonomía. 

¿Y qué era la isonomía de los griegos? Era el emplazamiento de un espacio homogéneo cuyas partes eran todas, de cierta manera, simétricas respecto de un centro. […] ¿Y cuál es ese centro? El ágora, la famosa ágora de la ciudad griega. Es decir, el foco común. La idea del foco común sustituye a la cúspide de la pirámide (Deleuze, 2015: 88). 

 El ágora puede ser definida como la plaza pública donde se llevaban a cabo las reuniones y/o discusiones (Real Academia Española, 2017). Era un espacio abierto, que conformaba la vida administrativa, religiosa, comercial  y política de las ciudades-estado. La palabra circulaba, permitiendo que las decisiones concernientes a la polis griega, fueran fruto de la participación de los ciudadanos. 

De esta manera, los griegos comenzaron a entender la política, las vinculaciones con los otros y la realidad de manera diferente. Surge un nuevo pensamiento (que) trata de fundar el orden del mundo sobre las relaciones de simetría, de equilibrio, de igualdad entre los distintos elementos que integran el cosmos” (Vernant, 1992: 24). 

El escenario político griego, al no estructurarse de manera piramidal, posibilitó el nacimiento de la democracia. Sin embargo, el objetivo del presente escrito no es ahondar en ella, sino más bien en la democratización; entendiéndola no como el proceso de conversión a la democracia-como doctrina o sistema de gobierno-,sino que la definición de democratizar que es tomada para este texto, es la de hacer algo accesible a un gran número de personas (Real Academia Española, 2005). 

A modo de cierre de este apartado, se puede decir que arriesgarse a denominar a las tecnologías digitales como un ágora virtual, está en relación con la forma en que fue explicadala democratización; ya no como la conversión al sistema democrático sino como el proceso de hacer algo extensivo a muchos seres humanos. Es desde esa concepción que se  hace hincapié en la extensión del acceso, quefundamenta el sentido mediante el cual las nuevas tecnologías son tecnologías democratizadoras. 

 Ahora los mudos pueden hablar 

Si uno se detiene para reflexionar,rápidamente podrá notar,que dentro de las características beneficiosas de las tecnologías digitales, se encuentra la posibilidad que brindan para expresarse. Miles de personas, sin ser famosas o conocidas, disponen de la capacidad para plasmar su punto de vista. En los tiempos pre digitales, no existía esta posibilidad de expresión -era un mundo de mudos donde muy pocos dominaban el habla pública-. 

Esta situación plantea un antes y después muy notorio, ya que quienes hasta ese momento no eran escuchados hoy pueden serlo. Las redes sociales, junto con Internet, permiten que mucha gente se pueda expresar ­que antes estaban silenciados- y a su vez sea escuchada -por otros sordomudos que como ellos, ahora escuchan y hablan-.  

Antes del mundo virtual solamente los grandes medios masivos de comunicación tenían la posibilidad de hablar. En un país de mudos, los medios tradicionales de comunicación eran como altavoces que al ser los únicos que hablaban, indicaban que sus dichos eran la única verdad. Los dueños de las grandes empresas mediáticas eran los que determinaban qué se decía, cómo se lo decía y cuándo se lo decía; con el objetivo de tratar de controlar lo que la población opinaba (3). Y si bien esta es una realidad que todavía está vigente, se fue modificando como consecuencia de la revolución digital.  

De hecho, el común de la gente fue comenzando a entender que lo dicho en los medios masivos de comunicación, no es neutral. Hay una manipulación de la información -que se presenta como objetiva- haciendo que el ‘informativo’ no informe, sino más bien aspire a darle forma al pensamiento. “Los ciudadanos desconfían de una prensa perteneciente un puñado de oligarcas que controlan además en buena medida el poder económico y que actúan, a menudo, en connivencia con los poderes políticos” (Ramonet, 2011: 37). 

Inesperadamente las TIC pasaron a ser medios de comunicación que, a diferencia de la radio o la televisión, no coinciden con el esquema clásico de comunicación que parte de un emisor y que llega a muchos receptores, llamado ‘broadcasting’ (Sibilia, 2008). Para entender a estos nuevos medios de comunicación es forzoso comenzar a pensar otros modelos comunicativos, otra forma de entender la comunicación; una comunicación de muchos con muchos, ya no más un solo emisor para muchos receptores. 

Tal vez por primera vez en la historia estén dadas las condiciones para que muchas personas se comuniquen entre sí; de esta manera, este nuevo modelo que propone una comunicación de muchos con muchos, conlleva a desdibujar la dicotomía tradicional de los medios de comunicación clásicos emisor– receptor/es (Castells, 2001). Hoy en día, cualquier persona puede ser el emisor, y tener miles de receptores.  

El contenido generado por un usuario común, puede circular y ser visto tanto por sus contactos conocidos como por personas que no lo son. En cierto sentido, las redes sociales rompen un poco con el anonimato con el que se vivía en el mil novecientos; el hecho de poder expresarse y ser escuchado implica que hay un alguien que está hablando.  

Esta capacidad de tomar la palabra, de expresarse y opinar que hoy tienen los mudos, no se refiere sólo al hecho de escribir una publicación o un estado. Tomar la palabra también implica compartir sonidos, imágenes y videos, ya que en todos hay un mensaje que se está trasmitiendo, hay algo que se está diciendo por más que no se use la palabra explícitamente, pero se lo hace a partir de la toma de posición discursiva. Ergo, el contenido multimedia que es compartido posee de base una posición política (4) 

La ‘revolución digital’ ha derribado las fronteras que separaban las tres formas tradicionales de comunicación: el sonido, la palabra escrita y la imagen, y ha favorecido el auge de Internet que supone un cuarto modo de comunicar, una nueva forma de expresarse, de informarse, de crear, de consumir, de distraerse, de establecer relaciones [...] (Ramonet, 2011: 48). 

 Nadie puede negar la enorme importancia que tiene para el futuro de la humanidad esta masificación de la capacidad de expresión -totalmente coherente con el derecho constitucional de la libertad de expresión-. En otras palabras, entender a las redes sociales como una herramienta para que los ex mudos puedan hablar -mediante un comentario, imagen, video, etc- es sostener la idea que las tecnologías de la comunicación permiten una democratización de la palabra.  

Y a su vez, ya no se habla de un único emisor sino de una fluctuación. La propuesta de estos nuevos medioses la de la interacción, dificultado la posibilidad de pensar un emisor que no es receptor y viceversa. Incentivan una participación activa de los usuarios, imposibilitando pensar la comunicación como en el siglo XX porque la población ya no es entendida como meros consumidores, sino como productores. Gracias a que los ex mudos suelen llevar un dispositivo digital en su bolsillo pueden subir un contenido a las redes antes de que aparezca en el televisor o la radio. Esta ‘amateurización’ reduce los intermediarios, haciendo que el suceso este menos mediado.  

Este nuevo panorama comunicativo a nivel mundial, requiere que se comience a pensar de manera diferente a la comunicación. De hecho, los medios de comunicación masiva -como la televisión, la radio- tuvieron que de alguna manera adaptarse a este nuevo ambiente. Su soporte técnico está pensado para que siga habiendo solo un emisor, pero buscan generar un ida y vuelta con el público, haciendo mucho hincapié en que los oyentes o televidentes les manden mensajes en sus redes sociales. De alguna manera intentan darle lugar al público para seguir subsistiendo en un ambiente donde la interacción entre los participantes de una comunicación, gracias a las redes sociales, plantea una interacción y participación constante.   

Democratizando el conocimiento 

Esta enorme revolución que la humanidad fue transitando no solo plantea, como ya se dijo, un nuevo paradigma comunicativo sino también un gran cambio en facilidad para acceder a la información.  

Internet hace extensivo el acceso al conocimiento ya que, con solo tener un dispositivo electrónico y una conexión a la web, una persona puede consultar la información que allí se encuentra. Esta facilidad con que millones de habitantes de este planeta pueden aprender algo gracias a la red, es bastante novedosa si se lo observa desde la mirada histórica del pasado siglo. Antes de la creación de la imprenta existían solamente los libros manuscritos, que en general eran solo para un grupo muy selecto y reducido ­el clero y la nobleza­; con la invención de la imprenta moderna se amplió la cantidad de gente susceptible a acceder a la literatura, pero seguía siendo de un sector determinado debido a condicionamientos económicos, geográficos, políticos, entre otros. Aun a mediados del siglo XVIII, la escasa cantidad de privilegiados que podían leer un libro, eran en numerosas oportunidades los mismos que los escribían; constituyendo así no solamente una elite, sino a su vez cierta endogamia literaria (Piscitelli, 2009).  

Por ende, se podría decir que durante siglos el conocimiento estuvo asociado principalmente a los libros, pero actualmente esto puede estar cambiando gracias a la intromisión de Internet. De repente pareciera que las bibliotecas -rebosantes de enciclopedias características de la modernidad- hubiesen volcado su contenido en la web. De hecho, ya no es netamente necesario recurrir a un libro impreso en papel para informarse de algo. La actualidad posiblemente, sea el momento histórico donde un mayor número de personas puede alcanzar a diferentes tipos de saberes gracias a Internet; oficiando así, de alguna manera, como mediador entre las personas y el conocimiento. 

De esta manera Internet se convierte en “una innovación tecnológica que rompe con los privilegios de una casta” (Baricco, 2008: 95),planteando un acceso a la información mucho más plural y democratizado, eliminando de esta manera a muchos intermediarios y permitiendo que el conocimiento sea transmitido y construido por fuera de la academia.Por ejemplo, cada vez son más, las personas que sostienen haber aprendido a hacer algo mediante Youtube o haberse formado en una temática gracias a Google. 

No obstante, sería erróneo sostener que la totalidad de la sociedad tiene acceso al mundo virtual. La existencia de esta red, que de algún modo promueve una leve disminución de las diferencias sociales, no implica para nada la erradicación de la exclusión. Siendo esta exclusión mucho más profunda y compleja que el hecho de garantizarle a la población la posesión de bienes tecnológicos y Wifi. Sin embargo a pesar de que, desgraciadamente, no todos posean las condiciones -materiales y simbólicas- para ingresar a la web, no se puede negar que esta plataforma fue borrando, de alguna manera, el carácter elitista moderno del acceso a la información. 

Esta extensión del alcance al conocimiento, provocado por las tecnologías democratizadoras permite, a su vez que cualquier persona pueda publicar algo en la web. En consecuencia, cabe aclarar que no todo lo que aparezca allí sea necesariamente un conocimiento válido y confiable. Asimismo, en la época donde al saber solo se llegaba por los libros, no había ninguna garantía de que lo que decía era veraz; el libro pasaba -y pasa- por muchas manos -editoriales, imprentas, agentes-; haciendo del acceso al conocimiento no solamente algo más elitista sino también más manipulado.  

Retomando lo dicho anteriormente, no sería descabellado pensar que se ha producido una re-valoración social del conocimiento.Antes de la existencia de la web sólo se podía acceder mediante libros, enciclopedias, bibliotecas, etc. Internet posibilita que la información esté al alcance de la mano para una gran cantidad de gente -y no como ya se dijo de la totalidad de la población-.   

Como consecuencia de esta pluralidad de fuentes de información, numerosos teóricos argumentan que ha habido una modificación en la manera en que las personas consumen, producen y distribuyen la información. Posiblemente se pueda decir que durante siglos el sentido de cualquier información o dato estuvo en su permanencia y solidez. Sin embargo, hoy en día, muchas veces se ubica el valor de una idea en el movimiento, en su capacidad de relacionarse con otras ideas. Por lo que, probablemente, ya no sean tan apreciables sus características intrínsecas sino más bien su trayectoria, su historia y sus vínculos (Baricco, 2008). En otras palabras, la revolución digital cambió la concepción social del conocimiento, ya que ahora abunda la información (5); es cuestión de hacer un par de clicks como para poder encontrar una respuesta. 

Las tecnologías democratizadoras tienen de fondo una lógica de pensamiento diferente a como se venía pensando en los siglos pasados; a saber, la web está atravesada por una impronta colectiva. Los dispositivos, las plataformas, las interfaces que fueron surgiendo desde 1989 en adelante son el ambiente propicio para que las personas desconocidas hasta el momento, amateurs, compartan todo el saber que poseían. Parece ser que los mudos eran más sabios que lo que se pensaba. 

Pero esta sabiduría de los que estuvieron callados por años -y su fortaleza- no está en la soledad sino en la posibilidad actual de ponerse en contacto con otros (6). Es a partir de la posibilidad de contactarse mediante la red que se puede pensar juntos para hacer construcciones colectivas; de esta manera, los usuarios se van convirtiendo en productores y no ya meros consumidores de la información que se les daba. En cierto sentido, se cambia la figura del sabio único y aislado por la de constructores colectivos. Gracias a las tecnologías democratizadoras el conocimiento ya no es entendido como una iluminación personal sino una construcción con otros. 

Internet, como democratizador, habilita la existencia de estos dispositivos y plataformas digitales como medios para conocer personas, comunicarse, informarse, vincularse y construir algo juntos. Sin embargo, este cooperativismo propuesto por la web, no es totalmente novedoso; ya que, de alguna forma, puede compararse al ágora ateniense. 

[…] es en Grecia que el espacio cósmico y social se organiza de tal manera que nace la filosofía, que se produce un nuevo tipo de pensamiento y de discurso que se llamará filosófico. Los amigos, la sociedad de los amigos […] son aquellos que están alrededor del centro. Ya no son sabios que remiten a la imagen piramidal, son los amigos de la sabiduría que remiten a la imagen circular (Deleuze, 2015: 91). 

Como cierre del presente apartado, se podría enunciar que una de las similitudes entre el ágora virtual y el ágora griego es que ambos dejan por fuera a la imagen del sabio para darle lugar y protagonismo a lo colectivo, a lo grupal, al encuentro con otros. Asimismo, los que se reúnen en las dos ágoras son pares, poseen rasgos isomórficos; anulando de esta manera la estructura piramidal y jerárquica a la hora de vincularse. 

A partir de la pluralidad de voces y la pluralidad de fuentes de información, desarrolladas a lo largo de esta sección, se pueden fundamentar los argumentos que permitirían hablar de las nuevas tecnologías bajo el término tecnologías democratizantes. Sin embargo para poder seguir cartografiando el nuevo mundo virtual, se hace necesario ahondar en otro aspecto: las tecnologías digitales como tecnologías de control.  

 TERCERA PARTE: TECNOLOGÍAS DE CONTROL 

Usted está aquí: en una sociedad de control 

A partir del siglo XVIII se comienza a observar un proyecto político, sociocultural y económico diferente al anterior, que fue denominado por Michel Foucault como sociedad disciplinaria (Foucault, 1979).Este autor sostiene que en ése período histórico se ha sostenido que la sujeción del cuerpo debía ser pesada, maciza, meticulosa.Fueron cientos de años donde se realizó un trabajo insistente y minucioso sobre el cuerpo de los niños, de los soldados, de los trabajadores, sobre el cuerpo sano. De esta manera, el poder se ha introducido en el cuerpo, y se encuentra expuesto en el cuerpo mismo tanto a nivel individual como social.  

De ahí que las sociedades disciplinarias se caractericen por el biopoder, que como la palabra lo indica está enfocado en la vida, ya sea ligado a las técnicas de individualización ­disciplinas- o centrado en los fenómenos poblacionales ­biopolítica-. Ambos polos del biopoder tienen el cuerpo -individual o social- como destinatario, como blanco del poder. Es decir que el mismo no fue interiorizado con anticipación en la conciencia de la población en su conjunto, sino que penetra materialmente en los cuerpos(Foucault, 1979). 

Entramos así en una edad que yo llamaría de ortopedia social. Se trata de una forma de poder, un tipo de sociedad que yo llamo sociedad disciplinaria por oposición a las sociedades estrictamente penales que conocíamos anteriormente. Es la edad del control social (Foucault, 1996: 89). 

La creación de los grandes centros de encierro -como la cárcel, el manicomio, la escuela, la fábrica, etc- fueron uno de los sellos indiscutibles de la sociedad disciplinaria. Sus procedimientos de vigilancia, examen, castigo y sanciones normalizadorasde alguna manera garantizaban la sujeción y el disciplinamiento de los cuerpos(Foucault, 1979). 

La sociedad disciplinaria constituye aquella formación histórica anclada en el capitalismo industrial propio del período situado entre los siglos XVIII y XX. A partir del siglo pasado, se puede suponer que se comenzó a realizar un pasaje a un nuevo régimen de sujeción. Algunos autores afirman que el capitalismo, que nació industrial, va mutando hacia un capitalismo postindustrial, permitiendo así que se piense en otro tipo de sociedad (Sibilia, 2008). En palabras de este gran pensador francés “a partir de los años sesenta, se da uno cuenta de que este poder tan pesado no era tan indispensable como parecía, que las sociedades industriales podían contentarse con un poder sobre el cuerpo mucho más relajado” (Foucault, 1979: 106). 

Otro gran filósofo francés, Gilles Deleuze, agrega a los desarrollos de su compatriota algunas lecturas de la historia que son más que interesantes. Él conceptualizó las sociedades de control como el futuro hacia el cual va caminando el mundo, siendo ésta la instalación progresiva de un nuevo régimen de sujeción.Deleuze argumenta que los grandes centros de encierro, en la actualidad, van atravesando una crisis generalizada; es más, dice que en un plazo de tiempo estas instituciones podrían estar acabadas. No sólo ellas se van modificando, sino también el mismo ser humano, que ya no es encerrado sino que ahora está endeudado; reflejando así, entre otras cosas, la mutación del capitalismo antes mencionada. En la disciplina la vigilancia poseía una larga duración; en cambio, en este nuevo régimen de poder se busca que el control sea a corto plazo pero a su vez total y continuo. Son formas menos evidentes pero más eficaces, que instalan nuevos mecanismos de control (Deleuze, 1999). 

Sin importar, el uso personal que cada uno hace de las redes, es innegable que hoy hay mayor información de la vida privada que en tiempos donde estas tecnologías no estaban. De esta manera, las tecnologías digitales cumplen cierto rol de control social; posibilitan que se sepa más de la vida de cada individuo. Incluso si una persona decidiera no tener un smartphone de ella también hay mucha información en el sistema virtual.  

Si bien, ya décadas antes, Deleuze había anticipado el lugar importante que tendrían las tecnologías digitales en los nuevos mecanismos de control, es relevante hacer una salvedad: las sociedades de control van más allá de la presencia de estos nuevos dispositivos digitales. Las máquinas son significativas para este autor porque, según sus palabras, no solo reflejarían una evolución tecnológica sino también una mutación del capitalismo; pero no son determinantes (Deleuze, 1999).  

Es decir, que el paso hacia este nuevo régimen de poder no es solamente gracias a las nuevas tecnologías; de hecho como bien se dijo, Deleuze las conceptualiza antes de que estos nuevos dispositivos existieran para el uso cotidiano. El concepto de sociedades de control es mucho más amplio y profundo que la presencia de nuevos gadgets tecnológicos.  

Aseverar que hoy en día se vive bajo el régimen de sujeción propio de las sociedades de control, no es una locura. Sin embargo, eso no implica la anulación total de la disciplina. Sería pertinente, en algún momento futuro, investigar sobre los rasgos del biopoder presentes en las sociedades de controlcontemporáneas. El panorama actual es el resultado de la intensificación de ciertas características del proyecto histórico precedente y, a su vez, las erradicaciones de otras;en las sociedades de control no es todo nuevo, sino que se pueden seguir ubicando ciertos rasgos disciplinarios.  

Cuando la vigilancia es líquida 

El ser humano en la sociedades de control, a diferencia que en las disciplinarias, es entendido de manera ondulatoria, permaneciendo suspendido sobre una onda continúa (Deleuze, 1999). Por consiguiente, ¿no se podría pensar cierto rasgo de liquidez en cómo es descripta la persona bajo los actuales mecanismos de control? 

Como ya se hizo alusión anteriormente, las formas actuales de control son menos evidentes que las de la sociedad disciplinaria; pero por ser menos explícitas no las hace menos efectivas, de hecho es todo lo contrario. En efecto, se podría hablar de una vigilancia líquida, teniendo en cuenta que las técnicas de control que antes tendían a ser más sólidas y fijas, hoy son mucho más flexibles y móviles. De esta manera la vigilancia va penetrando y empapando muchísimos ámbitos de la vida cotidiana. (Bauman y Lyon, 2013) ¡Y muchas veces esto no se ve! La vigilancia líquida en reiterados momentos se presenta como invisible puesto que, como todo buen líquido, es difícil poder detenerla o agarrarla para observarla. 

La movilidad de los líquidos se la podría asociar a la ‘levedad’; sin embargo es necesario no entender de manera errónea a dicha característica como si fuera una vigilancia liviana o light. Lo leve se refiere a su capacidad de escurrirse, derramarse, filtrarse, desplazarse, es decir, fluir. En consecuencia, la vigilancia líquida no es fácil de sortear, sino que a la inversa, uno puede estar ahogándose en sus transparentes aguas y no estar dándose cuenta.  

Con estos mecanismos de control social, muy diferentes a sus predecesores, el control no necesariamente va a estar asociado a la idea de estar encerrado, sino que éstos se caracterizan por poseer muchos rasgos de flexibilidad, libertad, e incluso entretenimiento, -propios del consumismo capitalista-. Es distintivo de la modernidad líquida que el poder fluya, sea libre de fronteras o barreras, aún si los usuarios no se dan cuenta de esto (Bauman y Lyon, 2013).  

Una vez realizada la aclaración -en el apartado anterior- de que se puede hablar de las sociedades de control no solamente por el uso de las nuevas tecnologías, ya que ellas no son lo determinante, sería pertinente ahondar en su importancia dentro de este nuevo régimen de poder. Ya a fines del siglo pasado, Deleuze ubicaba a las máquinas informáticas y los ordenadores como el modo de tecnología original de esta época. Ahondando un poco más en el rol que tienen las diferentes tecnologías y plataformas en estas sociedades de control, se podría decir que las redes sociales son un espacio común, entre miles de usuarios, que está vigilado. La vida cotidiana de millones de personas comunes y corrientes, es observada, examinada y controlada.  

Sin embargo,los organismos que vigilan no tendrían tanta visibilidad como los que navegan en las redes, es decir la vigilancia no se presentaen el sentido contrario. Las actividades, los datos y los secretos de las grandes empresas que dominan la red, no son de tan fácil acceso como la información sobre los usuarios de la web.   

 A medida que los detalles de nuestra vida cotidiana se hacen más transparentes para los organismos que nos vigilan, más difícil resulta discernir cuáles son sus propias actividades. A medida que el poder se mueve con la velocidad de las señales electrónicas en la fluidez de la modernidad líquida, el grado de transparencia crece para unos y disminuye para otros (Bauman y Lyon, 2013: 21). 

 A partir de todo lo anteriormente dicho, quizás sea inevitable pensar la vigencia actual del concepto del panóptico, creado por el filósofo inglés Jeremy Bentham.El panóptico (7) era un modelo arquitectónico con forma de anillo, que poseía una torre en el medio que podía vigilar a las celdas sin ser vista; y como cada una daba tanto al exterior como al interior, la mirada las atravesaba por completo. Fue utilizado para pensar no solamente cárceles, sino también escuelas y hospitales, entre otras instituciones(García Algarra, 2002). De esta manera se logra que la persona encerrada no pueda saber si en ese momento está siendo observada, generando un estado de permanente visibilidad. Se ejerce así una vigilancia continua, un control de castigo y recompensa, y también una corrección según ciertas normas y reglas (Foucault, 1996). 

Si bien tal vez hoyen día, en el 2018,no se lo pueda ubicar al panóptico con tanta facilidad en las instituciones de encierro -como pasaba en las sociedades disciplinarias- posiblemente en la actualidad se lo logre pesquisar -con ciertas variaciones- pero con la misma esencia. Aunquelos dispositivos que actualmente se usan para vigilar no son los mismos que los del siglo XVIII, el panóptico se presenta en la cotidianeidad de la vida con la misma importancia y pregnancia que tenía antaño.  

En rigor, muchos estudiosos de la sociedad sostienen que hoy, en pleno siglo XXI, el modelo panóptico está vivo y goza de buena salud. Es más, metafóricamente se podría expresar que está dotado de una musculatura mejorada electrónicamente, como la de un ciborg (Bauman y Lyon, 2013). Las tecnologías de control colaboran en gran medida con el panóptico del presente. ¿Sería posible ubicar algunos rasgos del panoptismo no entre paredes materiales sino más bien entre los muros de Facebook?  

Teniendo en cuenta el modo en que laspersonas habitan el mundo digital, ingresan a las redes sociales y navegan por la web, se le podrá dar un significado nuevo al siguiente párrafo -que fue escrito por Foucault hace casi cuarenta años atrás-. 

 […] la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda; en ella no había ningún punto de sombra y, por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba a través de persianas, postigos semicerrados, de tal modo que podía ver todo sin que nadie, a su vez, pudiera verlo (Foucault, 1996: 90). 

 Los nuevos dispositivos y las plataformas digitales, permiten que no haya casi nada que sea secreto, que no haya ningún punto a la sombra. La vida está expuesta a la mirada, no solo de los contactos en las redes sociales, sino ante cualquier vigilante que observa sin que se lo pueda detectar.  

En conclusión, si bien hoy los cuerpos posiblemente sigan siendo retenidos, contenidos y encerrados, ya no es el único modo de controlarlos -ni el más significativo-. Aunque parezca paradójico, se le va permitiendo a la población moverse, andar, ser libre en un mundo donde cada movimientoonline de la persona queda registrado. Se podrá decir entonces que somos vigilados en movimiento, sin saber si en ese momento se nos está observando o no, pero entendiendo quetodo puede quedar registrado.  

 La imposibilidad de no quedar registrado

Nuevamente Deleuze volvió a ser muy visionario cuando pudo dar cuenta de la enorme relevancia que iba a tener el lenguaje numérico dentro de la organización de las sociedades de control; haciendo del individuo un ‘dividual’ en cifras y a la masa en un banco de datos (Deleuze, 1999). Es como si, de alguna manera, los datos, los números, los códigos, pasaran a ocupar el lugar de la identidad del humano; es decir, que el ser es etiquetado y suplantado por un valor binario.

La información que representa una persona se construye con ‘datos personales’ sólo en el sentido de que surge del cuerpo de una persona y afecta a su vida y a sus decisiones. Los datos duplicados fragmentados tienden a tener más credibilidad que la propia persona, que prefiere contar su propia versión de los mismos (Bauman y Lyon, 2013: 16).

Querido lector, es necesario advertirte que las grandes empresas que lucran con el mundo virtual, como por ejemplo Google, saben tu nombre completo, tu dirección, tu edad, tu correo electrónico, tu modelo de teléfono, tu proveedor de telefonía celular, los nombres de tus contactos, tus e-mails, las fotos que sacaste -aunque las hayas eliminado-, tu tarjeta de crédito o débito, tu banco, tus consumos mensuales,los lugares que fuiste con tu smartphone en el bolsillo -no importa si la opción GPS está encendida o no-, los sitios de internet que sueles entrar, en qué idioma navegas por la red, los videos que te gustan, la música que escuchas, las palabras que usas con frecuencia, cuándo dónde y con quién te fuiste las últimas vacaciones -e incluso la ruta que tomaste- y miles de datos personales más (8).

[…] gran parte de esa información personal que conseguían con tanto esfuerzo esas organizaciones ahora se la proporciona la gente, al usar su móvil, al comprar en los centros comerciales, al viajar por vacaciones, en los lugares de ocio o al navegar por internet. Pasamos nuestras tarjetas, repetimos nuestros códigos y mostramos nuestro documento de identidad de manera rutinaria, automáticamente, por voluntad propia (Bauman y Lyon, 2013: 21).

Toda esa lista espeluznantemente larga, sería mucho más horrorosa si se cruzaran distintos registros de información que se encuentra en las diferentes bases de datos (9). ¡Cuánto asusta saber la enorme cantidad de información propia que queda registrada sin el consentimiento!

Algunos técnicos en informática afirman que quien es responsable de esta situación es el usuario (10). Se les podría preguntar a esos supuestos expertos si un mortal común y corriente puede elegirlibremente no figurar en ningún sistema, no estar registrado. De hecho el mismísimo día que uno nace -e incluso desde su gestación- ya es inscripto, ya hay registro, ya tiene un número -un código- que lo identifica.

De tal manera, se podría poner en cuestión la posibilidad y la libertad que poseería alguien del presente, para mantenerse afuera del mundo online. ¿Cómo tendría que hacer supuestamente una persona para trabajar sin usar en algún momento una computadora? ¿Cómo comunicarse a distancia sin el uso de algún dispositivo digital? ¿Se podría vivir hoy en día sin Internet?

Uno vive en una sociedad digital; lo cual implica que las bases de datos están por doquier, los nuevos dispositivos ya no son tan nuevos, Internet es algo cotidiano y las redes sociales forman parte de la vida de cientos de millones de personas. Entonces, muy difícilmente un ser humano pueda estar por fuera de estos recorridos virtuales. En otras palabras, vivir en sociedad en la actualidad-por lo menos en esta sociedad occidental en pleno siglo XXI- es figurar en miles de registros digitales.

Por esa razón, hacer hincapié en que el hombre comúnes el responsable de la cantidad de datos que tienen las grandes empresas sobre él, suena bastante ilógico. Uno puede elegir qué publicar en las redes sociales, pero no se puede optar si querés que se sepa tu cuenta de e-mail, por ejemplo.Esas clases de opiniones que culpabilizan a los simples usuarios, son un tanto llamativas, ya que la persona en ningún momento decidió explícitamente regalar todos esos datos propios.

Lo que sí eligió conscientemente fue usar una computadora o un dispositivo inteligente. Pero haber hecho click en los términos y condiciones de privacidad no es aprobar semejante donación de información personal. Tal vez ya sea tiempo de que, una vez abiertos los ojos de la sociedad, se comience a cuestionar la legalidad con la que éstas organizaciones multinacionales están habilitadas a registrar cada movimiento de los usuarios hecho en la web. ¿Se le va a seguir permitiendo a estas grandes empresas que recolecten toda esa información de cada uno de nosotros?

Posiblemente sea imperioso, no solamente estar al tanto de todas estas cuestiones -para ponerlas en tensión-, sino que, a su vez, es necesario poder preguntarse cómo poder hacer para revertir esta situación; es decir cómo poder criticar y visibilizar de manera colectiva estos mecanismos de control. ¿Será viable seguir disfrutando de las ventajas de Internet sin que se succionen los datos del usuario? Entendiendo que es imposible una masiva huida de los espacios digitales, es pertinente pensar cómo luchar contra esta gran serpiente.

REFLEXIONES FINALES

No es posible hablar de subjetividad sin las características propias de la época; en la actualidad,dentro de ellas, claramente se encontrarían las tecnologías de la información y la comunicación. En consecuencia, para poder pensar la subjetividad hoy en día es necesario preguntarse, entre otros factores, por la influencia de los avances tecnológicos en ella.

Decidirse por investigar la relación entre las tecnologías digitales y la subjetividad, implica poder observar mínimamente las dos caras de la tecnologización de la vida,a saber la democratización y el control. Quedarse centrado solo en uno de estos aspectos sería un reduccionismo, porque la revolución digital no puede ser acotadaexclusivamentea uno.Estos dispositivos tienen esas dos facetas, ya que por un lado generan liberación al permitir acceso a beneficios que la mayoría de la población en el siglo pasado no disponía, pero, a su vez, generan sujeción coartando muchas libertades que se disponían previamente.

Por este motivo, las TIC deben ser definidas tanto por su veta democratizante como por su veta controladora. Las tecnologías digitales son como el dios Jano de la mitología romana, que poseía dos caras que miraban hacia ambos lados de su perfil. En otros términos, las nuevas tecnologías poseen esas dos facetas, el control y la democratización. Son los mismos dispositivos, plataformas y maquinaria los que son usados para la democratización de la palabra y del conocimiento, o para vigilar y controlar los movimientos de la población desde el modelo panóptico.

La subjetividad sigue estando hoy masivamente controlada por dispositivos de poder y saber que ponen las innovaciones técnicas, científicas y artísticas al servicio de las figuras más retrógradas de la socialidad. Y, sin embargo, otras modalidades de producción subjetiva -procesuales y singularizantes esta vez- pueden concebirse. Estas formas alternativas de reapropiación existencial y de autovalorización pueden convertirse mañana en la razón de vida de las colectividades humanas y los individuos que rehusan abandonarse a la entropía

mortífera característica del período que atravesamos (Guattari, 2000: 29).

Tal vez, como sociedad se esté empezando a poseer unanuevaforma de vinculación con las tecnologías digitales. En un primer momento histórico -cuando apenas comenzaban a surgir- a finales del milenio pasado y principios de este, la población las fue empezando a usar con cautela y sorpresa. Ahora, en 2018, se está en un nuevo tiempo en la relación entre el ser humano y los avances tecnológicos, ya que justamente las nuevas tecnologías ya no son nuevas, miles de personas se fueron digitalizando y la cotidianeidad de la sociedad se fue acomodando a los dispositivos digitales.

Probablemente estén dadas las condiciones para que se sigan usando las TIC pero desde una posición crítica. Lo cual conlleva, sin ser paranoicos ni apocalípticos, poder pensar socialmente cómo hacerfrente al uso de los dispositivos digitales como mecanismos de control social. Este nuevo tiempo colectivo, es propicio para aprovechar sus incontables ventajas democratizadoras y poner en tela de juicio la sujeción masiva de la población.

Asimismo, esta idea también se encuentra en las palabras de Deleuze, que hizo hincapié en que se comience a pensar cómo poder luchar y hacer frente a los rasgos propios de las sociedades de control. Al final del texto donde las conceptualiza, este autor invita a los jóvenes a pensar cuál es la finalidad de muchos de los dispositivos actuales, y que, a ejemplo de la generación anterior, ellos puedan entender su complejidad. “A ellos (jóvenes) corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas” (Deleuze, 1999: 285).

El interés reflexivo del presenteensayo, posiblemente, se enmarque en esta nueva etapa en la vinculación social con las tecnologías. Tal vezse pueda pensar al tiempo actual como la oportunidad para habitar esta ágora virtual desde un compromiso crítico y reflejando la impronta colectiva de las tecnologías digitales.

Según lo dicho, probablemente se pueda observar que mientras los cuerpos son cada vez más vigilados en esta sociedad de control, surgen procesos singularizantes que buscan apalear la objetivación del sujeto.Estos procesos no se desarrollan en el aislamiento, sino por el contrario se gestan en el tejido social. De hecho, pensar que socialmente se puede comenzar a tener una nueva relación con la tecnología, a partir de cuestionamientos y estrategias colectivas, es lo que en palabras de Guattari fue enunciado como no abandonarse al caos del siglo actual.

Con miras a ir finalizando el presente texto, se puede decir que alo largo del trayecto recorrido, en un intento de cartografiar los movimientos sociales provocados post siglo XX, se fue haciendo una comparación entre el antes y el después de la revolución digital. Mostrando, de esta manera, que el mundo predigital se fue desintegrando para permitir la formación de otro. Paulatinamente, a medida que las líneas y párrafos iban transcurriendo, se fueron explorando y registrando diferentes paisajes del mundo actual; sin embargo, muchos son los terrenos que quedan pendientes para próximas cartografías.

Uno de esos movimientos que permanecerádiferidohastafuturas indagaciones es poder pensar lo expuesto en este ensayo en relación a las diferentes tecnologías enunciadas por Foucault. Según este autor existen cuatro tipos principales de tecnologías, a saber: las de producción, las de sistemas de signos, las de poder y las del yo (Foucault, 2003).

Teniendo en cuenta, que dichasclasificaciones de las tecnologías difícilmente funcionan por separado, sería pertinente preguntarse si la doble faceta de las tecnologías digitales no se podría pensar como manifestaciones de dos clases distintas de tecnologías. Las tecnologías de poder son las que “determinan la conducta de los individuos, los someten a cierto tipo de fines o de dominación, y consisten en una objetivación del sujeto” (Foucault, 2003: 35). Probablemente no sea descabellado hacer algunas lecturas de la sección sobre las tecnologías de control, que suenen similar a esa definición.

Ahora bien, con respecto a la vertiente democratizadora de las nuevas tecnologías permanecerá abierta la interrogación sobre una posible articulación con el concepto foucaultiano de tecnologías del yo.Foucault las define como las tecnologías que:

[…] permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad (Foucault, 2003: 35).

A partir del modo en que son conceptualizadas por este autor, se pueden despertar varias preguntas con el objetivo de saber si estas tecnologías digitales serían tecnologías del yo. ¿Qué tipo de operaciones sobre el cuerpo y el alma generan las nuevas tecnologías? ¿Después de usar los dispositivos actuales se produce algún tipo de transformación de las personas? ¿Los usuarios al utilizarlas estarán buscando -a veces inconscientemente- cierto estado de felicidad o inmortalidad? Estas y muchas interrogaciones más permanecerán abiertas hasta que sean abordadas en próximos recorridos cartográficos.

A modo de cierre, se puede decir que posiblemente ya sea hora de sacar el freno de mano para volver a vincularse con las nuevas tecnologías -tanto a nivel personal como social- pero desde otra óptica. Habiendo desarrollado muchos de los movimientos provocados por la revolución digital ¿cómo no tomar postura en esta historia hiper-acelerada de las nuevas tecnologías? Será cuestión de volver a poner primera, pero ahora sabiendo hacia donde nos queremos dirigir.

Notas

  1. Cuando se lee bibliografía sobre las nuevas tecnologías, se puede notar que en textos de apenas unos años se nombran programas o aplicaciones que hoy en día ya no se usan más porque fueron destronadas por otras. Por ejemplo si el presente escrito se hubiese hecho en 2005 posiblemente habría muchas referencias al MSN Messenger. Hoy en día esa plataforma no se usa más, ni tampoco se utiliza quien la reemplazó y ni siquiera quien sustituyó a ese reemplazo.
  2. Posiblemente el órgano más nuevo, fruto de la última (re)evolución.
  3. Un dato para nada menor: los grandes grupos mediáticos cotizan en Bolsa. Por ende, una persona con mucha plata puede comprar sus acciones para que lo que se diga le convenga a sus empresas. Entonces… ¿se podrá seguir sosteniendo la idea de que se transmite información independiente?
  4. Cabe aclarar que por política no se hace referencia solamente a una posición partidaria.
  5. Históricamente hubo un viraje donde se pasó de que la información sea escasa a que sea demasiada. Fallecer de desnutrición es horrible, pero también lo es hacerlo por sobrepeso. En consecuencia, sigue habiendo actualmente un riesgo que consiste en que cada usuario no pueda ir regulando su dieta de estímulos y datos digitales.
  6. Más allá de que Wikipedia y Yahoo Respuestas puedan ser muy cuestionadas, son claros ejemplos de la construcción colectiva que se lleva a cabo por los usuarios amateurs.
  7. Término que deriva del griego(pan: todo; opsis: vista).
  8. Toda esa información está en el mundo virtual sin que se la haya puesto explícitamente. ¿Cuánto más larga sería esa lista si se le sumara todo lo que uno decide poner en las redes sociales?
  9. De la escuela, la universidad, el trabajo, la obra social, el banco, la clínica médica, el club, el gimnasio, y por qué no del Gobierno.
  10. Por ejemplo el especialista en seguridad digital, Lee Munson, dijo “Así que Google sabe mucho de ti, ¿cierto? ¿Y de quién es la culpa? Tuya, por supuesto”(BBC Mundo, 2016).

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TEORIA DE LA MENTE Y CIENCIAS COGNITIVAS
Emilio García García
Dpto. Psicología Básica II. Procesos Cognitivos
Universidad Complutense. Madrid.

Caracterización de las ciencias cognitivas

Neurociencias: de las neuronas espejo al módulo interprete
Psicología evolucionista: filogénesis de la mente
Psicología evolutiva: desarrollo de la teoría de la mente
Primatología: mente maquiavélica y solidaria
Psicopatología: autismo y déficit de teoría de la mente
Modularidad de la mente

Caracterización de las ciencias cognitivas.

Las ciencias cognitivas estudian la cognición, los sistemas cognitivos, la inteligencia. Comprenden un amplio conjunto de ciencias y disciplinas como las neurociencias, psicología, psicolingüística, inteligencia artificial, etología, antropología y filosofía, entre las principales. La cognición entendida en sentido amplio hace referencia a procesos de adquisición, elaboración, recuperación, y utilización de información para resolver problemas.
El procesamiento de información, también en sentido amplio, es propio de la mente humana, la mente animal y la inteligencia artificial. Hombres, animales y máquinas en este sentido son sistemas informávoros y objeto de estudio de las ciencias cognitivas.
En la historia reciente de las ciencias cognitivas podemos diferencias dos etapas: una desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1970, y otra que se desarrolla en la década de 1980 y especialmente en los años 90 y hasta nuestros días. Recogemos como momentos importantes en la primera etapa el Simposio de Hixson, celebrado en 1948 en Pasadena, California, patrocinado por la Fundación Hixson. Un grupo de científicos procedentes de diferentes campos del saber, se reunieron en el instituto de tecnología de California. El matemático John Von Newmann planteó la analogía entre el ordenador y el cerebro. El neurofisiólogo y matemático Warren McCulloch abordó el procesamiento de información en el cerebro. El psicólogo K. Lashley cuestionó los supuestos básicos del conductismo, que era la tradición dominante en psicología, esbozando un programa de investigación cognitivista. En el Simposio de Hixson se pueden identificar las características nucleares de lo que se vino a llamar Revolución Cognitiva: la interdisciplinaridad de las investigaciones, la analogía entre cerebro y ordenador, la cognición entendida como procesamiento de información, los supuestos mentalistas para explicar la actividad humana y la crítica del conductismo. Otra fecha clave fue en 1956, cuando se celebró en el Instituto de Tecnología de Massachussets, el Simposio sobre Teoría de la Información. El acontecimiento congregó a los investigadores más notables. Los informáticos Allen Newell y Herbert Simon presentaron la “Máquina de la Teoría Lógica”, que era un avance de lo que pronto se configuraría como inteligencia artificial. El lingüista Noam Chomsky presentó “Tres modelos de lenguaje”, en el que criticaba el enfoque de la Teoría de la Información de Shannon así como la teoría conductista, como inadecuadas para dar cuenta de la actividad lingüística y adelantaba el enfoque transformacional de la gramática como competencia innata y universal. El psicólogo George Miller presentó su clásico trabajo “El clásico número siete, mas o menos dos” en el que señalaba los límites de la memoria humana para procesar información.
En la década de 1960 se potenciaron los programas de investigación en los diferentes campos de las ciencias cognitivas y vieron la luz publicaciones muy significativas. En 1960 se crea en Centro para Estudios Cognitivos, de Harvard, fundado por J. Bruner y G. Miller. El centro representó a lo largo de toda la década espacio obligado de encuentro para profesores y graduados. M. Posner llegó a considerar el Centro de Harvard como el lugar de nacimiento de las ciencias cognitivas. En los años 1970, las ciencias cognitivas alcanzan la mayoría de edad con amplia difusión en universidades, instituciones y centros de investigación. En 1977 apareció el primer número de la revista Cognitive Science. En 1979 se fundó la Cognitive Science Society, que celebró su primera reunión anual en agosto de ese año, en La Jolla, California.
En 1980, H. Simon caracterizaba la ciencia cognitiva como un nuevo paradigma para estudiar el amplio campo de los “informávoros”, esto es, todos los sistemas de procesamiento de información formados, bien por material biológico como neuronas en los animales y el hombre, bien por microchips de ordenadores, bien por cualquier otro material que se pueda conseguir. La ciencia cognitiva pretende elaborar una teoría general de los sistemas inteligentes, sean estos naturales o artificiales. Pero a pesar de los logros alcanzados, en la ciencia cognitiva no se daban las condiciones como para calificarla de ciencia normal, en término de Kuhn. Muy al contrario las tensiones y conflictos eran fuertes y frecuentes, y abarcaban desde cuestiones más teóricas y epistemológicas hasta organizativas y políticas. En la ciencia cognitiva no se compartía un paradigma de investigación, con teorías, modelos y metodologías comunes. Cada disciplina presentaba programas de investigación propios y diferenciados. Parecía más apropiado hablar de ciencias cognitivas y no de ciencia cognitiva. Desde la década de 1980, la concepción, o mejor el ideal epistemológico de ciencia unitaria pierde hegemonía, para aceptar unos supuestos decididamente más pluralistas.
Un exponente de este cambio de perspectiva fue el “Informe sobre el Cuadro de Situación de la Disciplina”, que la Fundación Sloan encargó en 1978 a una veintena de destacados investigadores representativos. A juicio de los autores, el objetivo común de la investigación en ciencia cognitiva era estudiar las capacidades de los sistemas inteligentes para la representación y computación, así como la implementación de la mente humana en el cerebro. El Informe enmarcaba el nuevo campo de estudio en el clásico hexágono cognitivo
configurado por las interrelaciones entre Neurociencia, Inteligencia artificial, Psicología, Lingüística, Antropología y Filosofía.
En opinión de Gardner (1988), el Informe supuso una revisión rigurosa de las principales líneas de investigación y los trabajos desarrollados hasta el momento. Pero la comunidad científica en general adoptó una posición muy crítica frente al Informe. La oposición fue tal que el documento no se llegó a publicar. Cada investigador consideraba el Informe desde su propia disciplina y lo estimaba inadecuado. La bien intencionada pretensión de elaborar un informe equilibrado e integrador en realidad provocó un rechazo de la mayoría, que sentía minusvalorada su propia línea de investigación.
Hemos mencionado los supuestos epistemológicos de carácter unitario y tradición neopositivista que están más presentes en la primera etapa de la ciencia cognitiva, hasta finales de los años 1970. Otra característica que estimamos relevante en esta etapa, es la explicación o actitud funcionalista, que presenta general aceptación en Inteligencia artificial, Psicología cognitiva, Lingüística, y Filosofía de la mente, disciplinas consideradas como el núcleo duro de la ciencia cognitiva. El estudio de la estructura y funcionamiento de un sistema, explicar o predecir lo que algo o alguien hace, se puede llevar a cabo a diferentes niveles y con metodologías distintas. Se diferencian tres tipos de explicación: la estrategia o actitud física, la actitud funcional o de diseño, y la actitud intencional. La actitud física centra el análisis en el nivel de la naturaleza y de la estructura física del sistema. La actitud de diseño o funcional no presta atención a los componentes físicos de un sistema y se limita a considerar su funcionalidad, su comportamiento, conforme el diseño que lo caracteriza. La actitud intencional se da cuando tratamos al objeto animado o persona como un agente racional e inferimos sus creencias, sentimientos y deseos, prediciendo su conducta (Dennet,
1991, 2000; Searle, 1996).
La estrategia funcionalista concibe los procesos mentales como estados internos que median entre el input o entradas sensoriales y el output o salidas conductuales, que son determinantes o causantes de la conducta. Tales procesos mentales pueden ser estudiados prescindiendo de su soporte físico, su implementación o componente material, pues lo importante es el estudio de la organización funcional de los procesos y no la materialidad que los realiza. Una formulación prototípica de este planteamiento afirmaría que un espíritu
incorpóreo, un cerebro o una máquina podría presentar un determinado programa, la organización funcional de los tres podría ser exactamente la misma aún cuando su materia
fuese completamente diferente (Putnam, 1990).
La segunda fase en las ciencias cognitivas, desde los años 1980, vendría caracterizado por una aceptación más explícita de andamiajes teóricos y explicaciones pluralistas, que se visualizaría en el empleo, en plural, de ciencias cognitivas. Frente a la hegemonía de la explicación funcional, más propia de la etapa anterior, ahora será la explicación física o naturalista la que aparece como dominante. Es la estrategia explicativa de las Neurociencias, también en plural, Neuropsicología, Neurolingüística, Psicología evolucionista, Etología, que pasan a conformar la corriente principal de las ciencias cognitivas, priorizando el nivel de explicación físico-químico y biológico. Neurociencias: de las neuronas espejo al módulo interprete. La neurociencia estudia la estructura y la organización funcional del sistema nervioso, particularmente el cerebro. En ella confluyen distintas disciplinas que se han desarrollado a lo largo del s. XX. La Society of Neuroscience se fundó en 1970, pero las investigaciones del sistema nervioso tienen larga historia en física, química, medicina, biología, fisiología, entre otras. Precisamente la revolución de la neurociencia acontece cuando los científicos, con especializaciones diferentes, se plantean enfoques y programas de investigación interdisciplinarios. El estudio se realiza a distintos niveles: molecular, neuronal, redes neuronales, conductual y cognitivo. Cada nivel de análisis requiere de teorías, modelos y metodologías de investigación diferenciados, dando lugar a ciencias distintas y en el marco general de las neurociencias. Aquí nos vamos a limitar a comentar recientes descubrimientos en el nivel neuronal, como son las “neuronas espejo”, y una referencia muy breve al nivel de neurociencia cognitiva, con mención a la teoría modular de la mente de M. Gazzaniga.
En 1996, un equipo de neurobiólogos italianos, dirigidos por G. Rizzolatti, de la universidad de Parma, se encontró unos datos inesperados en el transcurso de la investigación. Habían entrenado a unos simios a agarrar objetos concretos, por ejemplo un palo. Con un microelectrodo implantado en el cerebro en la corteza premotora, registraban la actividad eléctrica de ciertas neuronas. En el córtex promotor es sabido que se planean e inician los movimientos.
En determinada ocasión sucedió algo desconcertante, al activarse de pronto el aparato de registro sin que el mono realizase ninguna actividad. El efecto se pudo repetir a voluntad comprobándose en numerosas neuronas vecinas el mismo comportamiento inesperado: se activaban sin que el mono moviera un solo dedo. Bastaba con que viera que otro realizaba tal acción. Los científicos italianos habían identificado un tipo de neuronas desconocidas hasta ese momento, las denominaron neuronas especulares. Estas neuronas no reaccionan ni al asir sin objetivo, ni a sólo el objeto que se ha de agarrar. Sólo cuando se ven juntas ambas cosas, la acción y su objetivo, se activan. Sucedía como si las células representaran el propósito ligado al movimiento.
Las neuronas espejo son un tipo particular de neuronas que se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando él observa una acción similar realizada por otro individuo (Rizzolatti, 2005). Las neuronas espejo forman parte de un sistema de redes neuronales que posibilita la percepción-ejecución-intención. La simple observación de movimientos de la mano, pie o boca activa las mismas regiones específicas de la corteza motora, como si el observador estuviera realizando esos mismos movimientos. Pero el proceso va más allá de que el movimiento, al ser observado, genere un movimiento similar latente en el observador. El sistema integra en sus circuitos neuronales la atribución/percepción de las intenciones de los otros, la teoría de la mente (Blakemore y Decety, 2001; Gallese, Keysers y Rizzolatti, 2004)
Cuando una persona realiza acciones en contextos significativos, tales acciones van acompañadas de la captación de las propias intenciones que motivan a hacerlas. Se conforman sistemas neuronales que articulan la propia acción asociada a la intención o propósito que la activa. La intención queda asociada a acciones específicas que le dan expresión, y cada acción evoca las intenciones asociadas. Formadas estas asambleas neuronales de acción-ejecución-intención en un sujeto, cuando ve a otro realizar una acción, se provoca en el cerebro del observador la acción equivalente, evocando a su vez la intención
con ella asociada. El sujeto, así, puede atribuir a otro la intención que tendría tal acción si la realizase él mismo. Se entiende que la lectura que alguien hace de las intenciones del otro es, en gran medida, atribución desde las propias intenciones. Cuando veo a alguien realizando una acción automáticamente simulo la acción en mi cerebro. Si yo entiendo la acción de otra persona es porque tengo en mi cerebro una copia para esa acción, basada en mis propias experiencias de tales movimientos. A la inversa, tu sabes cómo yo me siento porque literalmente tu sientes lo que estoy sintiendo. La publicación de estos resultados desató en 1996 un entusiasmo desbordante no exento de polémica entre los especialistas. V. Ramachandran llegó a profetizar que tal descubrimiento de neuronas especulares estaba llamado a desempeñar en psicología un papel semejante al que había tenido en biología la descodificación de la estructura del ADN. Por primera vez se había encontrado una conexión directa entre percepción y acción, que permitía explicar muchos fenómenos en polémica, particularmente la empatía, la intersubjetividad, etc.
Las neuronas especulares posibilitan al hombre comprender las intenciones de otras personas. Le permite ponerse en lugar de otros, leer sus pensamientos, sentimientos y deseos, lo que resulta fundamental en la interacción social. La comprensión interpersonal se basa en que captamos las intenciones y motivos de los comportamientos de los demás. Para lograrlo los circuitos neuronales simulan subliminalmente las acciones que observamos, lo que nos permite identificarnos con los otros, de modo que actor y observador se haya en estados neuronales muy semejantes. Somos criaturas sociales y nuestra supervivencia depende de entender las intenciones y emociones que traducen las conductas manifiestas de los demás.
Las neuronas espejo permiten entender la mente de nuestros semejantes, y no a través de
razonamiento conceptual, sino directamente, sintiendo y no pensando (Rizzolatti, Fogassi y
Gallese, 2001).
Las neuronas espejo se han localizado en la región F5 del córtex premotor de los primates, área que corresponde al área de Broca en el cerebro humano. Tal descubrimiento plantea hipótesis muy interesantes sobre el origen del lenguaje que no podemos comentar aquí. Pero vamos a mencionar un dato de experiencia que todos hemos constatado. Los niños, pocas horas después del nacimiento, imitan la mímica de los adultos. Si la madre lesaca la lengua el recién nacido lo imita con notable éxito. De acuerdo con la teoría de la copia compartida, gracias a la imitación motora, los niños ejercitan no solo sus propias posibilidades de expresión, sino que empiezan a captarse como sujetos agentes. Podríamos decir que el lactante infiere la coincidencia de lo percibido con su conducta propia, comenzando a apuntar la autoconciencia que se enraizaría profundamente en las reacciones motoras reflejas de imitación.
Los sistemas de neuronas espejo posibilitan el aprendizaje de gestos por imitación, sonreir, caminar, hablar, bailar, jugar al fútbol, etc., pero también el contagio de bostezos, sentir que nos caemos cuando vemos por el suelo a otra persona, la pena que sentimos cuando alguien llora, la empatía con los demás. El intercambio complejo de ideas y prácticas que llamamos cultura; los trastornos psicopatológicos como síndromes de ecopraxias y ecolalias, déficit de lenguaje, autismo, pueden encontrar en las neuronas espejo claves de explicación.
Los sistemas de neuronas espejo, más sofisticados en humanos, están presentes en simios, y probablemente en otras especies como elefantes, delfines, perros. En el ser humano se han identificado sistemas de neuronas espejo en el cortex premotor, principalmente el área de Broca, el área parietal postero-inferior, la zona posterior de la primera circunvolución temporal, el lóbulo de la ínsula. Gracias a las tecnologías de neuroimagen los programas de investigación proporcionan sorprendentes aportaciones, que suscitan nuevas preguntas de investigación.
Vamos a mencionar brevemente el módulo interprete, que se sitúa en otro nivel de las neurociencias: la neuropsicología cognitiva. La investigación neuropsicológica parece confirmar las teorías modulares de organización cerebral. La estructura y funcionamiento cerebral viene dado por múltiples subsistemas o módulos relativamente independientes, que procesan información en paralelo y muy frecuentemente inaccesible a la conciencia. El cerebro recibe y procesa gran cantidad de información mediante sistemas distintos, originando comportamientos y estados de ánimo de los que el sistema consciente no tiene noticia, si bien en un momento posterior en subsistema o módulo intérprete tendrá que darle sentido. Los seres humanos nos negamos a aceptar el “sin sentido”, la casualidad de nuestros actos y generamos hipótesis para explicar y reconstruir las causas y razones de nuestra actividad. Nuestro módulo intérprete se encarga de elaborar teorías, hipótesis y creencias para explicar lo que hacemos, sentimos o creemos, aunque desconozcamos las causas y motivos reales de tales acciones.
La dinámica existente entre nuestros múltiples módulos mentales y el módulo intérprete, localizado en el hemisferio izquierdo en el 98% de la población, posibilita nuestra identidad personal, nuestra vivencia del “yo”, nuestra experiencia de voluntad y libertad. La creencia tan arraigada del ser humano de obrar por propia voluntad está fundada en la misma estructura cerebral y constituye un rasgo esencial de nuestra dotación biológica, que nos capacita para distanciarnos de nuestra respuesta refleja ante los estímulos del medio y del comportamiento condicionado por recompensas y castigos. Se superan así las conductas reflejas y los programas de aprendizaje por condicionamiento clásico y operante que domina en el mundo animal. Continuamente interpretamos los comportamientos producidos por módulos cerebrales relativamente independientes, como actividad originada por el yo, consciente y libre, concluyendo en cierta medida ilusoriamente que actuamos consciente y libremente. Pero sin la experiencia de causalidad y libertad el ser humano viviría en un mundo caótico, azaroso e ingobernable (Gazzaniga, 1993, 2006).

Psicología evolucionista: filogénesis de la mente

El diseño estructural y funcional de la mente humana es resultado del proceso evolutivo, que ha llevado a la configuración propia del cerebro de nuestra especie, hasta llegar al homo sapiens sapiens. A lo largo de millones de años, las especies han ido incrementando las capacidades de seleccionar y captar información, almacenarla, elaborarla y utilizarla, a fin de responder adaptativamente a las exigencias del medio. Tal incremento de capacidades se desarrolla en función de la complejidad progresiva del sistema nervioso de las especies y del proceso de corticalización creciente. El sistema nervioso humano, y particularmente el cerebro, ha desarrollado e incorporado progresivamente determinadas estructuras y sistemas neurales que han posibilitado la supervivencia y adaptación al medio.
Así, en nuestra especie coexisten biológicamente diversos niveles estructurales que permiten tipos de conductas y aprendizajes con distinto grado de complejidad y elaboración: desde los reflejos más elementales, pasando por los diferentes tipos de aprendizaje, hasta los procesos cognitivos superiores y particularmente el lenguaje.
Desde una perspectiva filogenética y una epistemología evolucionista, es razonable aceptar que la actividad mental surge y se desarrolla a lo largo de la evolución de las especies, como propiedad funcional de la organización cada vez más compleja del sistema nervioso y de una encefalización y corticalización crecientes. En la historia de la vida van apareciendo organismos dotados de mayor conocimiento, control y autonomía en el medio, hasta culminar en el hombre, que gracias a su sistema nervioso y propiedades mentales, se relaciona con el medio de una forma peculiar. Su vida, siendo biológica, se convierte también
en biográfica, esto es, autoapropiada y poseída, consciente y responsable.
La mente humana no responde a un diseño a priori, es resultado de un proceso evolutivo de millones de años. Diferentes y sucesivas estructuras se van conformando en esa filogénesis. MacLean (1974) habló de un cerebro trino: un cerebro de reptil, de mamífero y córtex. Cada uno es conquista de una etapa evolutiva hacia mayores grados de autonomía y eficacia adaptativa. La capa más antigua recoge nuestro pasado, cerebro reptileano, en las estructuras de nuestro tronco encefálico, posibilitando los comportamientos básicos para mantener la vida. En una fase más avanzada, los mamíferos desarrollaron estructuras encargadas de las conductas de cuidado y protección de la prole, lucha- escape, búsqueda de placer y evitación de dolor, el sistema límbico. Posteriormente aparece el tercer nivel de estructuras, el neocortex, que proporciona la base de los procesos superiores cognitivos y lingüísticos. Se podría añadir un cuarto cerebro, el cerebro ejecutivo, del que nos habla Goldberg (2002) o el cerebro ético de Gazzaniga (2006).
La mente es un sistema funcional muy complejo, que progresivamente ha acumulado nuevas estructuras, ha aparecido y evolucionado bajo las presiones selectivas que los organismos han tenido que soportar en su proceso de supervivencia y adaptación. La mente estaría compuesta de múltiples módulos, cada uno diseñado por la selección natural para hacer frente a un concreto problema de satisfacción de necesidades y supervivencia. Por tanto, es resultado de un largo proceso de millones de años, que acumulativamente ha integrado "órganos funcionales" adecuados para resolver los problemas del organismo en su medio (Barkow, Cosmides y Tooby, 1992).
La teoría evolucionista del conocimiento (Campbell, 1974; Lorenz, 1974, 1993; Lorenz y Wuketits, 1984; Riedl, 1983; Piaget, 1967,1975; Barkow, Cosmidos, Tooby, 1992; Plotkin, 1994, 1997; Popper, 1994) ha abordado el estudio del desarrollo filogenético de las facultades o sistemas mentales. Lorenz ha planteado las razones para defender una correspondencia de fondo entre los fenómenos subjetivos que el organismo percibe, y los datos objeto de la percepción. Y es que, tanto las cosas percibidas, como el cerebro que las percibe, pertenecen a la misma realidad, son producto de una misma evolución conjunta, y han de guardar por tanto algún tipo de correspondencia que posibilitará el ajuste del organismo a su medio.
Para la teoría evolucionista del conocimiento, la razón humana con todas sus categorías y esquemas es un objeto de la realidad, que ha adquirido su configuración actual, en adaptación a las cosas también reales. No cabe suponer que un órgano como el cerebro, que se ha desarrollado en constante interacción con la naturaleza, pueda quedar tan desconectado de ella, hasta el punto de que los fenómenos que conoce carezcan de conexión intrínseca con las "cosas en sí", como si ambas formas de realidad fuesen totalmente independientes. No es sensato suponer que las leyes que rigen nuestro aparato cognoscitivo y sus operaciones no se correspondan profundamente con las leyes del mundo real del que proceden.
Es razonable pensar que el "a priori" instintivo de cada especie, prefijado para cada individuo por su dotación genética, depende de las diferencias estructurales y funcionales específicas de sus respectivos sistemas nerviosos. Ello supone cuestionar el concepto de un "a priori" absoluto, ya que, algo que ha surgido en el curso de la filogenia, y es por consiguiente "a posteriori", funciona como condición de los procesos cognoscitivos que sustentan la supervivencia y evolución de los organismos. Ciertamente estas prefijaciones biológicas que posibilitan las formas de aparición de lo real son jerarquizables; varían de la ameba al hombre. Es claro que la percepción del espacio de un organismo acuático es sensiblemente inferior a la del hombre, pero cumple de modo efectivo la función de posibilitar su adaptación al medio.
Las leyes del sistema cognitivo que a los humanos se nos dan "a priori" no caen del cielo, ni son capricho de la naturaleza. El sistema nervioso es el verdadero órgano "a priori" que posibilita las formas de aparición de lo real. Del mismo modo que la aleta le es dada al pez como un "a priori" de su adaptación al medio acuático, o el ala al ave para adaptarse a su medio, nos son dadas a los hombres las formas de percepción y categorías de la razón.
Nuestras categorías de pensamiento y formas de percepción, fijadas con anterioridad a toda experiencia individual, están adaptadas al mundo exterior, exactamente por las mismas razones por las que la aleta del pez lo está al medio acuático. No parece razonable suponer en este caso que la forma del órgano prescribe sus propiedades al agua, más bien son éstas las que imponen sus cualidades a aquél. Y la forma en que esta adaptación medio-órgano ha tenido lugar no ha sido otra que el gran proceso natural de la evolución. La experiencia de la filogenia ha producido las prefijaciones de la ontogenia. El "a priori" del individuo es "a posteriori" para la especie, es resultado del aprendizaje de la especie (Lorenz, 1974, 1984, 1993).
El hombre es un ser que debe sus funciones mentales a la evolución, a esa génesis cuya duración se mide por millones de años, y en cuyo curso todos los organismos se avienen con la realidad y se adaptan a ella. Nuestro sistema cognitivo es un elemento de la realidad que ha recibido su forma actual mediante el acuerdo con las cosas reales y su adaptación a ellas. En este supuesto estriba la convicción de que todo cuanto nos comunica nuestro sistema cognitivo sobre la realidad externa, en condiciones normales, responde a algo real.
Las "gafas" de nuestras formas perceptivas y razonadoras tales como el espacio y el tiempo, la causalidad y la substantividad, son funciones de una organización neurocognitiva, cuya finalidad es servir a la conservación del individuo y la especie. Mediante esos anteojos no vemos, como suponen los transcendentalistas, una deformación imprevisible del ser en sí, de
la realidad, sino una imagen genuina de ésta, aunque simplificada utilitariamente (García y Muñoz, 1999).
Pero mejor que hablar de la mente humana sería más preciso referirnos a procesos o funciones mentales diferenciadas, como propiedades de sistemas neuronales que se han conformado progresivamente en la filogénesis hasta dar con nuestro cerebro-mente. Tales procesos mentales han surgido como respuestas adaptativas para resolver los distintos tipos de problemas. Los problemas con los que se han enfrentado los seres humanos en su supervivencia, y también los primates superiores al menos, son de orden muy diverso. Son distintas las exigencias que se requieren en la relación con los otros de la misma especie, lo que se ha denominado la mente social, al comportamiento en el mundo físico natural, la mente natural, por ejemplo.
La vida es una continua resolución de problemas y los problemas sólo surgen con la aparición de la vida, pues antes de la vida no hay ni problemas ni valores. El valor más básico es mantenerse vivo y dejar descendencia. Este afán de superación de la vida lleva a la conquista de la mente, la conciencia, el conocimiento objetivo y la ciencia. (Popper, 1972, 1994; Popper y Eccles, 1980). En este proceso evolutivo emergente distingue Popper tres niveles de adaptación: genético, conductual, científico. El conocimiento científico continúa y culmina la conquista evolutiva. La ciencia consiste en una lucha por la supervivencia entre teorías rivales en beneficio de las más aptas. Un organismo o especie será eliminado si propone una mala solución a un problema, la mutación será letal. Algo similar ocurre a nivel individual si el conocimiento es equivocado en su ajuste al medio. En el conocimiento objetivo, en la ciencia, lo que sucede es que perecen las teorías en lugar de nosotros. Las teorías se convierten así en potentes instrumentos de adaptación.
El conocimiento del conocimiento mismo es la gran conquista evolutiva. La diferencia entre la ameba y Einstein está en que la ameba no tiene acceso al conocimiento reflexivo, su conocimiento está incorporado, pautado, y si no es válido para adaptarse al medio por los cambios que en éste puedan darse, la ameba perece. Einstein tiene una mente que accede a su propio conocimiento, un acceso reflexivo y crítico, por ello puede formular teorías, argumentarlas y criticarlas para que, bien con experimentos mentales teóricos o con contrastaciones empíricas, luchen entre sí las teorías, pereciendo las menos válidas, pero siguiendo vivo Einstein.
Las estructuras y mecanismos que se han conformado filogenéticamente parecen presentar un carácter específico o modular. Las exigencias para enfrentarse al medio físico o natural (mente física), son diferentes de las que se requieren para la cooperación y comunicación en el medio social (mente social). La epistemología evolucionista también parece aportar interesantes datos que apoyan una concepción modular de la mente humana.
Si la estructura y funcionamiento de la mente humana es resultado de un largo proceso evolutivo de millones de años, también se conforma de modo personal e irrepetible en el desarrollo ontogenético, en el ciclo vital de cada persona en interacción con las demás y con los productos culturales. De ahí que los programas de investigación desde la perspectiva filogenética o evolucionista se han de completar con las investigaciones ontogenéticas, propias de la psicología evolutiva, que consideramos a continuación.

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Yuval Noah Harari

De simios sin importancia a amos del mundo. De animales insignificantes, una especie más entre todas las especies que habitaban la Tierra, a la fuerza más poderosa del planeta. Esta es la historia de la humanidad que relata Yuval Noah Harari a puro vértigo en las 500 páginas de un libro que recorre, de modo didáctico y atrapante, 13.500 millones de años.

De animales a dioses. Breve historia de la humanidad (Debate) fue escrito, cuenta Harari, mientras dictaba un curso de introducción a la historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. "Eso me permitió testearlo con los estudiantes y esmerarme para ser claro, accesible y entretenido", dice. El resultado de ese esfuerzo rindió sus frutos: el libro se tradujo a veinte lenguas y se convirtió en un fenómeno editorial con más de un millón de ejemplares vendidos en todo el mundo. Y cuando el libro ya era un éxito planetario de ventas, Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, lo recomendó entre sus millones de seguidores y potenció de esa manera un fenómeno que ya se había puesto en marcha.
El investigador israelí, que en la actualidad viaja por el mundo dictando conferencias, vive y enseña en Jerusalén. La pregunta sobre cómo es ser ateo -como alguna vez declaró ser- y vivir en un lugar donde se muere y se mata por la religión se impone naturalmente.

Harari lo explica de este modo: "Cuando vives en un lugar como Jerusalén, no puedes ser neutral. O crees fuertemente en esas historias o las rechazas, porque ves a tu alrededor gente que se vuelve completamente loca, y se atreve a matar o causar destrucción y sufrimiento porque cree en esa historia sobre Dios y el Cielo y el Infierno. Entonces, uno no puede permanecer neutral. Aunque yo obviamente elegí ser más crítico de estas ficciones, al mismo tiempo esto me permitió darme cuenta de cuán poderosa es la religión para los seres humanos y para su historia. Estas ficciones son las que unen a millones de personas". Según Harari, son las historias y las "ficciones" creadas por el hombre (la religión, la nación, el dinero) las que dieron origen al descomunal poder de los humanos en la Tierra.
Hace 100.000 años la Tierra estaba habitada por varias especies de humanos. Sin embargo, es el Homo sapiens el que sobrevive y desarrolla una "revolución cognitiva". ¿Qué es lo que impulsa esta revolución?

Los humanos aparecieron en la tierra hace 200.000 años, pero durante buena parte de ese período eran animales insignificantes. No tenían realmente un impacto importante en el mundo ni en el sistema ecológico. Si algunos extraterrestres hubieran venido del espacio exterior hace 200.000 años, no habrían tenido motivos para focalizarse en los humanos. La revolución cognitiva que comenzó hace 70.000 años transformó al Homo sapiens de un simio insignificante de África del Este al animal más importante y poderoso de la Tierra, pero por qué sucedió esta revolución en el Homo sapiens y no en los neandertales, eso realmente no lo sabemos. Una mutación en el ADN del Homo sapiens cambió la estructura interna del cerebro y le dio nuevas habilidades cognitivas para imaginar, hablar, comunicar. Esto le permitió conquistar el mundo, pero hoy realmente no sabemos por qué esas mutaciones genéticas se dieron en el Homo sapiens y no en otras especies.

¿Qué es lo que sí se sabe del Homo sapiens?

Sabemos que tenían mejores habilidades sociales y una mayor disposición para cooperar en grandes escalas, en comparación con otras especies humanas como los neandertales, que sólo podían cooperar en pequeños grupos de 30 o 50 de ellos. Ésta fue una de las claves de la conquista del mundo por parte del Homo sapiens.

Usted marca algo interesante en su libro , que es el desarrollo del lenguaje y la función de la conversación: la conversación como una de las formas del chisme y el cotilleo. Es decir, la conversación como una necesidad para hablar con los otros acerca de los otros.

Solemos pensar que el chisme es algo malo y poco importante, pero actualmente muchos científicos creen que el lenguaje humano evolucionó sobre todo para chusmear y cotillear, que la función central del lenguaje humano era hablar de las otras personas. Esto tiene sentido si uno piensa en la supervivencia y en que no basta con saber sobre el tiempo, sobre los leones o los peligros del entorno. Como los humanos son seres sociales, su supervivencia depende de la cooperación con otras personas de su tribu. Salen a cazar con los otros, pelean juntos contra otra tribu, compiten por los recursos. Conocer a los demás miembros de tu grupo es una información importante para no estar en verdadero peligro.

Un uso de la conversación que se mantiene hasta nuestros días.

Así es, los antropólogos y sociólogos realizaron estudios y confirmaron que la inmensa mayoría de los mensajes de la comunicación humana son los chismes, no sólo en la comunicación interpersonal, sino también en Internet, radio, televisión. Entonces, desde esta perspectiva, el chisme no es algo marginal y poco importante, sino la actividad más relevante de los humanos y una de las razones que nos permiten construir redes sociales. Lo que pasó con la revolución cognitiva y el desarrollo de la conversación es que el hombre obtuvo la habilidad de crear ficciones.

¿A qué se refiere específicamente?

A la capacidad de crear y contar historias y comunicarse de una forma determinada que permita construir largas redes de cooperación. Las ficciones son muy importantes para esto, porque todas las formas de cooperación humanas en gran escala están basadas en contar ficciones, sea en la religión, en la economía, en la política. Todas las corporaciones humanas están basadas en historias ficticias: mientras todos crean en la misma ficción -sobre Dios, sobre la nación, sobre el dinero-, todos pueden cooperar. Esto es algo que sólo los humanos pueden hacer. Los humanos son los únicos que tienen religiones, que se reúnen y construyen catedrales y mezquitas. Y lo hacen porque creen en una historia.

¿Es el dinero la más poderosa y universal de las ficciones?

Absolutamente, porque es la historia en la que todos creen. Es más grande que la religión: no todos creen en Dios, incluso si creen en Dios, no todos creen en el mismo dios. Algunos creen en Jesús, otros creen en Alá. Pero el dinero hoy es la única historia en la que todo el mundo cree. Todos creen en el dólar. Osama bin Laden no creía en la política norteamericana, pero sí creía en el dólar norteamericano. Entonces, cuando capturaron las ciudades de Siria e Irak, destruyeron todos los símbolos de los gobiernos previos, destruyeron el arte, los tesoros arqueológicos, pero no destruyeron los dólares. Por el contrario, cuando fueron a los bancos y encontraron esos dólares, los tomaron. Aun Estado Islámico cree en el dólar. El dólar no tiene un valor objetivo. No puedes comerlo, por ejemplo. Pero todos creen que ese pedazo de papel tiene valor. El dinero es sólo una historia, pero mientras grandes cantidades de personas crean en la misma historia, los humanos pueden cooperar y crear redes. Por eso creo que la revolución cognitiva es el surgimiento de la capacidad de inventar ficciones y convencer a todos para que crean en ellas.

¿Adónde cree que nos lleva la revolución científica que comenzó hace 500 años?

La revolución científica, que todavía continúa, fue otro gran salto en el poder humano. La innovación básica, la esencia de esa revolución, fue el descubrimiento de la ignorancia ante los ojos de la ciencia. Todas las culturas humanas estaban convencidas de que tenían las respuestas a las más importantes preguntas de la humanidad y que esas respuestas estaban en la Biblia, en las Sagradas Escrituras, en el Corán. No había grandes incentivos para buscar nuevos conocimientos. En la revolución científica, la gente se dio cuenta de su ignorancia y de que había muchas preguntas para las que no encontraban respuestas. Pero si uno estudia e investiga, si invierte tiempo, dinero y esfuerzo, es posible acceder al conocimiento y por lo tanto, adquirir más poder. Por ejemplo, mediante el estudio del ADN y del genoma humano y la posibilidad de la ingeniería genética y la manipulación genética.

Pero hay miedos e interrogantes que permanecen inalterables, sin respuesta, aun con el paso del tiempo y la revolución científica. Por ejemplo, la angustia y la certeza de la finitud del ser humano.

Sin embargo, ahora los científicos y los empresarios están comenzando a pensar en el envejecimiento y la muerte como un problema técnico que puede ser solucionado como cualquier otro problema técnico. Durante buena parte de la historia, para los cristianos y musulmanes la muerte era un tema metafísico, era algo importante e incluso positivo: desde la perspectiva religiosa, la vida estaba atada a la muerte, y después de la muerte, serías juzgado por tus buenas o malas acciones y en función de eso ibas al cielo o al infierno. La muerte era algo importante e inevitable. Ahora la ciencia dice no, "la gente no muere porque Dios lo desea o lo quiere, la gente muere por un problema técnico. Un paro cardiaco, un cáncer son un problema técnico". Y la ciencia dice que para cada problema técnico hay potencialmente una solución técnica. Si el corazón deja de bombear sangre, le daremos electro shocks, le daremos el corazón de otro o crearemos un corazón nuevo.

¿Usted quiere decir que dentro 50 o 100 años será posible superar el problema técnico de la edad o de la muerte?

Así lo sostienen los investigadores y los científicos. Creen que es posible dar a los humanos -por lo menos a los ricos que puedan pagarlo- la vida eterna. Esto puede sonar a ciencia ficción, pero científicos y empresarios muy serios están trabajando en eso con inversiones de billones de dólares. Los científicos creen que en 100 o 200 años, los humanos podrán superar el problema de la muerte con soluciones técnicas. Hasta el día de hoy no teníamos la tecnología para revolucionar el mundo de la manera en la que se nos ofrece ahora. Durante toda la historia las personas manipularon y cambiaron la economía, la geografía, la cultura, pero no tenían la capacidad de transformarse a ellos mismos. Todavía tenemos los mismos cuerpos, los mismos cerebros, las mismas mentes que teníamos 20.000 años atrás. Ahora estamos adquiriendo la habilidad, la capacidad de comenzar a cambiar no sólo la realidad exterior, sino también nuestros cuerpos y mentes. Ésa sería la más importante revolución de la historia. Desde esta perspectiva, los cuerpos, los cerebros, las mentes serán el principal producto del siglo XXI. Y eso abre nuevas preguntas. Como historiador creo que, si no entendemos lo que se viene y cuál es nuestro lugar en el mundo, no seremos capaces de tomar decisiones sabias sobre qué es lo que debemos hacer con estas habilidades asombrosas. Ésta es la agenda del siglo XXI: la manipulación genética, la bioingeniería, el diseño inteligente, la biotecnología.

Usted considera que los humanos se han convertido de animales en "dioses insatisfechos e irresponsables". ¿Por qué los caracteriza de esta forma?

Los humanos somos muy buenos para adquirir poder, pero realmente no sabemos qué hacer con todo ese poder y en particular no sabemos cómo traducir ese poder en felicidad. Entonces es obvio que somos mucho más poderosos que lo que éramos hace mil años, pero no parece que la gente estuviera hoy más satisfecha que hace mil años, ni con sus vidas ni con sus condiciones de vida. Los humanos siguen estando insatisfechos y por eso pusieron en marcha una revolución. Pero sucede que ahora también están insatisfechos con sus resultados.

Biografía: Nació en 1976 en Haifa, Israel. Doctorado en Oxford, se especializó primero en historia militar y medieval. Hoy es profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén y se dedica a los procesos macrohistóricos.

Por Astrid Pikielny

Diario LA NACION

DOMINGO 17 DE ENERO DE 2016

Cuestiones de prejuicios y estereotipos hacen que se asocie a los ingleses con la flema y el fino sarcasmo, en contraposición a culturas más extrovertidas, incluso la norteamericana, con su afán por la espectacularidad. Como en tantas ocasiones, estos lugares comunes esclarecen menos de lo que oscurecen hechos tales como el éxito del periodismo estridente (o amarillo) al estilo de The Sun, por poner un ejemplo cualquiera, o el hecho de que las islas sean el origen de deportes poco señoriales como el fútbol.

También es el caso de la ciencia británica, supuestamente fría y neutral, que alberga personajes con algún índice de excentricidad, como Richard Dawkins, famoso en principio por su teoría del gen egoísta, que propuso hacia mediados de la década de 1970. Allí, en el libro titulado justamente El gen egoísta, Dawkins lleva el evolucionismo al extremo al sostener que los fenotipos (lo que vemos: animales y plantas) son sólo una excusa para la reproducción de lo único que importa en biología: los genes (no los individuos, no las comunidades). Lo acusaron de propiciar la era de Reagan-Thatcher por su apelación al egoísmo como modo de justificar acciones. Él dijo haber sido malentendido porque su idea era trascender ese mandato que creyó haber encontrado en la naturaleza. "Quizá debería haberlo titulado El gen inmortal y habría tenido menos problemas", dijo tiempo después.

Al final de ese mismo libro, además proponía, o más bien esbozaba, la idea de una unidad mínima de cultura que era posible reproducir y que se podía asimilar a los genes: los llamó memes (resignificados unas décadas después, en la era digital), con los que se refería tanto a la idea de Dios como a los postulados copernicanos. La idea no estaba desarrollada y requirió de trabajos posteriores, como el de Susan Blackmore La máquina de los memes, para que más o menos tuviera sustento.

Tras ese éxito inicial, el zoólogo Dawkins (nacido en Nairobi, Kenia, en 1941, de padres funcionarios imperiales, formado en Oxford) se dedicó a defender el darwinismo de hipótesis neorreligiosas, como la del diseño inteligente, que propone que la complejidad que se ve en el mundo natural no puede ser el resultado del azar. La posición que combatía Dawkins se presenta en la extensión de un tuit: si se encuentra en un desierto un reloj, es natural pensar que hubo un relojero (Dios diseñador) no que las partes se unieron por casualidad. Dawkins la refutó con agudeza en El relojero ciego (1986). Desde entonces se transformó en uno de los principales divulgadores científicos de línea dura del mundo, con títulos como Escalando el monte improbable (Tusquets), Destejiendo el arco iris (Tusquets) y El capellán del diablo (Gedisa), supervendidos y multitraducidos.

Plataforma para la polémica

Dawkins se maneja en el borde de lo académico y la ciencia popular, pero ha tenido y tiene cierta tendencia a buscar que la cámara y las luces lo sigan. Así, mantuvo polémicas en su momento con Stephen Jay Gould, tanto acerca de detalles técnicos de la evolución y la sociobiología como respecto de los alcances de la religión (Gould sostenía que era mejor dejar a la ciencia lo que es de la ciencia y a la religión lo que es de la religión; Dawkins preferiría la abolición de esta última).

Desde que abrió su cuenta de Twitter en 2008 -hoy tiene 1,3 millones de seguidores- la transformó en una plataforma para la polémica. Allí se puede referir tanto a los controles aeroportuarios ("Me incautaron una miel que llevaba. Ganó Bin Laden") como a la actualidad de atentados terroristas, pasando por temas de lógica. Provoca con frases como "La religión es una licencia para ser aceptablemente estúpido" o lanza críticas a la educación: "¿Cómo se atreven a introducir supersticiones idiotas e infundadas en niños inocentes y demasiado jóvenes como para resistirse? ¿Cómo se atreven?". En su foto de perfil posa con una remera que dice "Religión", en grande, y más pequeño: "Juntos podemos hallar la cura". Muy fresco, el lunes pasado se preguntaba en su cuenta si un "idiota ignorante" puede ser parte de la Corte Suprema de Justicia, en referencia a dichos a favor de la religión del juez Antonin Scalia, miembro de ese tribunal en los Estados Unidos.

Declaraciones explosivas, polémicas y ruido: una fórmula que bien conoce otro compatriota científico exitoso y homófono, Stephen Hawking, que sabe explotar esa veta cada vez que pone un producto en el mercado. Pero ese afán por estar en el candelero también llevó a Dawkins a lo que algunos consideran patinadas graves. Como cuando se refirió a que la "pedofilia suave" -que él mismo sufrió- es preferible a una pedofilia violenta o a ser educado en un hogar religioso, por las consecuencias a largo plazo que acarrea. Antes que hablar de silogismos, muchos creyeron que defendía esos delitos. "Que una cosa sea peor que la otra no significa que la defienda. Vayan a estudiar lógica", lanzó. El mismo estilo de argumentación usó cuando le dijeron que criticaba al islamismo sin haberse tomado siquiera el trabajo de leer el Corán. "Es como que me acusen de criticar el nazismo sin haber leído Mi lucha", replicó.

"Un musulmán diabético perdió un dedo después de rechazar el consejo de los médicos por respeto al Ramadán. ¿No es maravillosa la fe?", tuiteó. Y en otro momento: "En serio, ¿si les dijera Dios que tienen que quemar a un hijo en sacrificio, lo harían? ¿Y si les dice que apedreen a una mujer indefensa, lo harían?". Otra: "Todos los musulmanes del mundo tienen menos premios Nobel que el Trinity College de Cambridge. Hicieron grandes cosas en la Edad Media, sin embargo", apenas matizó. También el papa argentino fue blanco de sus invectivas: "El papa Francisco cree que todos tenemos un ángel de la guarda. Y es la cabeza de un Estado que tiene voto en reuniones mundiales", se lamentó el 3 de octubre de 2014.

Contra sí mismo

Ahora, en lo que ya deliberadamente llama su guerra contra la religión -en la que en su momento estuvo al lado de su amigo y brillante periodista Christopher Hitchens (fallecido en 2011)-, se enfocó en el efecto de las religiones en las mentes. En especial, en vista de las consecuencias de los fundamentalismos en Occidente y Oriente, en busca de los orígenes "meméticos" de los ataques terroristas. Su obra El espejismo de Dios vendió más de tres millones de ejemplares y su autor recibe cartas de convertidos al ateísmo (el uso de la palabra "conversión" es significativo).

Por todo eso, incluso un periódico con simpatía por algunas de estas posiciones, como The Guardian, lo reprendió y se preguntó si estaba Dawkins acaso destruyendo su propia reputación (la de Dawkins). Y en New Republic, John Gray añadió que Dawkins habla del ateísmo como si fuera una verdad revelada que hace del darwinismo su evangelio, algo que a un científico honesto le resultaría chocante, porque la base de la ciencia es la duda. También Gray critica que en su primer libro de memorias, Una curiosidad insaciable, se explaye sobre su infancia en el África colonial en términos idílicos, sin cuestionar la existencia de sirvientes y servidos (a la hora de definirse políticamente, Dawkins dice que es "vagamente de izquierda" y cuenta entre sus avales haber marchado contra la guerra de Vietnam mientras era profesor en Berkeley).

Incluso el primatólogo holandés Frans de Waal cuestionó desde el mismo evolucionismo esta posición en El bonobo y los diez mandamientos (2014): habló de la continuidad que tiene el mecanismo de pensamiento moral religioso en los ateos militantes (que en general, como Dawkins hasta sus 13 años, fueron antes religiosos) y calificó de "hediondo" al mecanismo.

Pero, más allá de debates y polémicas, está claro que la biología evolucionista de Dawkins es sólida y que sus libros de divulgación no militante, como los previamente citados, resultan en general exquisitos. Ha desempeñado un buen lugar en la discusión contra quienes hablan del diseño inteligente para contraponerlo a la teoría o los hechos descriptos por Charles Darwin, que tan fuertes e influyentes son en los Estados Unidos. Sin embargo, como sostiene De Waal, su ateísmo exacerbado no interpreta los datos provistos asimismo por el evolucionismo/ darwinismo (datos que explican y justifican la existencia tan extendida de la convicción religiosa, contada en nuestras pampas por Diego Golombek en Las neuronas de Dios) sino que más bien parece jugarle en contra.

Dawkins, al borde de los 75 años, todavía se ve joven para seguir dando una batalla por este iluminismo a ultranza y, sí, un tanto irreflexivo, lo que lo hace famoso a la vez que le genera internas hasta con colegas ateos y darwinistas. Para no hablar de los que le desean cosas horribles.

Por suerte, también se toma esos ataques con humor. El año pasado, realizó un video desopilante, disponible en YouTube, en el que lee "cartas de amor" que le fueron enviadas. En realidad, se trata de insultos de personas ofendidas por sus libros, que le pronostican desde infinitas estadías en el averno hasta actos sexuales pasivos con monos, dada la cercanía sintagmática entre "mono" y "evolución". Todas juntas y leídas por un Dawkins con cara de té a las cinco de la tarde al lado de una pecera reducen el tono ciertamente amenazante al estilo de sketch de Capusotto. Algo que viene bien para bajar un cambio, evolutivamente hablando.

Biografía

Richard Dawkins nació en Kenia, de padres británicos, en 1941, y se formó en Oxford como zoólogo y etólogo. Admirador de Darwin y evolucionista, ateo militante, es un divulgador científico best seller, conferencista y habitual participante en programas de TV y en redes sociales. Es autor de El gen egoísta, El relojero ciego, Escalando el monte improbable, El capellán del diablo y El espejismo de Dios.

Por Martín de Ambrosio
Diario LA NACION
DOMINGO 10 DE ENERO DE 2016

Sebastián L. Grimblat

Psicólogo. Psicoanalista. Especialista en Clínica Institucional y Comunitaria. Fue Vicedecano de la Facultad de Psicología de la UNR. Profesor Titular de la Cátedra de Psicología en Educación. Facultad de Psicología. UNR.

(Imagen: Escher)

"Panorama de Psicología en Educación"

Introducción: dos aspectos de la educación; la antropogénia y lo disciplinar

Este texto tiene como fin presentar con amplitud un panorama de la Psicología en Educación para dar cuenta de la experiencia de lo que fuera Psicología Educativa I y que actualmente es Psicología en Educación.

En la amplia bibliografía sobre educación, en sus diversas concepciones y desarrollos, se la podría concebir en la actualidad bajo dos aspectos diferenciados entre sí que, si bien se articulan, constituyen ejes diversos con categorías específicas de análisis. Primero: el sentido antropogénico del término, por lo que se entiende: el origen  del hombre[1] (Castoriadis, 2001), una práctica del hombre sobre el hombre cuyo fin es la transmisión de la cultura, es decir, lo humano deviene humano en cuanto es atravesado por instituciones de la cultura. Dicho proceso comienza en el sujeto con el inicio de la vida y culmina con su final (Castoriadis, 2001). Segundo: por educación se comprende una práctica social concreta, bajo su aspecto -en términos foucaultianos­­­­- disciplinar (Foucault, 2005), históricamente emplazada tanto como hija  de la Ilustración como de la modernidad. Ambas dimensiones de la educación, en cuanto institución de la cultura y disciplina, si bien son inseparables y solidarias entre sí, no pueden reducirse una a la otra en una simplificación lineal. Los aspectos antropogénico y disciplinar de la educación  constituyen el suelo sobre el que la psicología se encuentra y reencuentra tanto con problemáticas afines al quehacer del psicólogo en lo relativo a las teorías de la subjetividad, como a la demanda que el campo educativo genera en concreto desde su matriz disciplinar en un momento histórico singular.

La doble composición de la matriz del mencionado campo implica dos cuestiones que deben quedar diferenciadas. Por un lado, las  prácticas sociales modernas, históricamente establecida a partir de los cambios sociales y culturales determinados por la Modernidad y la Ilustración. Estas  tienen como objeto fijar a los sujetos al suelo institucional disciplinar. Por otro, en cuanto transmisión de la cultura, la educación contribuye en el proceso hominizante. Por otra parte, consideramos una diferencia entre la Modernidad y la Ilustración. La primera de ellas hace referencia a los cambios en la organización política e institucional impulsada por la revolución francesa que concluye en la formación de los Estados Nación en cuanto “estructura” reorganizadora del lazo social por medio de sus instituciones republicanas. Bajo los ideales de libertad e igualdad, el Estado toma a su cargo la educación, la salud y la justicia con el objetivo de civilizar las grandes poblaciones e instituir al ciudadano como prototipo de sujeto que habite la sociedad. En términos de Michel Foucault, se inicia la gubernamentalidad moderna bajo una nueva organización política, y la acción subjetivante sobre el ser humano es el disciplinamiento. A diferencia de lo que ocurre con la Modernidad, la Ilustración no tiene un origen tan claramente fechable ya que, , se vincula con una serie de cambios culturales que impactan sobre la subjetividad, generando, en sus inicios, una nueva forma de representación del mundo creada por el avance del conocimiento. La Ilustración, a grandes rasgos, se caracteriza por ser un proceso emancipatorio europeo. Es decir, de desprendimiento, de liberación, tanto de las formas políticas precedentes - entendiendo por esto el régimen monárquico – como del hombre en cuanto producto de la divinidad. La ilustración europea, en suma, es un proceso secular en el que el hombre se hace cargo de sí, tanto en lo político como en todas las áreas de la vida social. La forma que adquiere el Estado Nación es la del gobierno del hombre sobre los hombres en tanto que “el soberano” ya no será el rey sino el pueblo.  Allí se constituye una nueva forma de lazo social que si bien se materializa con la sociedad moderna, la ilustración como proceso histórico venía preparando a fuego lento las características generales de una nueva forma de pensamiento, de mentalidad emancipatoria.

Con la transformación política Moderna, una red de instituciones pasa a regular el suelo institucional que se despliega por medio de las prácticas sociales: la salud, la educación, la justicia. Por lo tanto, el sujeto ilustrado será un sujeto de conocimiento, tal conocimiento será el producto de la ciencia y de la racionalidad, en oposición a la superstición, el oscurantismo y la religión como forma de comprender el mundo. Finalmente, el conocimiento, la producción de saber ilustrado, será aquello que empuje, metafóricamente hablando, el trineo de las sociedades hacia el progreso. El suelo institucional moderno encontrará en la institución escolar, en lo que se tiende a llamar educación formal, el dispositivo de distribución del capital cultural (Bourdieu & Loïc, 2005), y se constituirá en la institución que socializa y capacita desde los valores de la ilustración.

La Ilustración Moderna, como afirman  críticos y defensores, es un empuje constante, sin tregua, hacia el progreso. La diferencia entre quienes son críticos y escépticos de quienes se ven esperanzados y defienden los logros del progreso se puede plasmar en tres ejes principales: primero, la consideración de sus consecuencias benéficas sobre la humanidad. Segundo, tal marcha compulsiva hacia adelante no es lineal, sino que comprende una serie de paradojas complejas relativas al avance del conocimiento: lejos de hacer del hombre un sujeto más humano, lo van deshumanizando, haciéndolo menos consciente de las consecuencias del progreso. Finalmente,  tal progreso crea formas de destructividad inéditas y novedosas, ausentes en las fuerzas de la naturaleza. Por lo tanto, desde la perspectiva de la Ilustración,  la cultura y la sociedad son escenarios de cambios, de rupturas, de reorganizaciones, crisis y conflictos. Debido a ello, la doble acepción, antropogénica y disciplinar, se ve permanentemente conmocionada por las variaciones de un suelo simbólico cambiante.

Por otra parte, la educación disciplinar configura un sistema de reglas que constituyen un campo específico, históricamente fundado, primero por los desarrollos de Comenio (1592-1670), quién diseña el dispositivo pedagógico que persiste hasta nuestros tiempos. Y segundo, por Rousseau (1712-1778) cuyos desarrollos filosóficos fundamentan el lugar del niño en la sociedad Moderna. Es a partir de la revolución francesa que el Estado toma a su cargo la educación masiva de los ciudadanos. Allí la pedagogía se consagra como el método, y la práctica social dirigida especialmente al niño. El suelo disciplinar, producto del Estado Nación Moderno despliega un conjunto de prácticas regulatorias del campo social, quedando el niño, en cuanto figura individual, y la infancia como rasgo del conjunto poblacional. Así, la infancia se constituye por la intervención de un conjunto de prácticas sociales articuladas entre sí: la familia, la escuela, la pediatría (Bertaccini, Grimblat, & Santi, 2016). La currícula pasa a ser, no solo el conjunto de conocimientos científicos, racionalmente establecidos y gradualmente suministrados para convertir al niño en ciudadano; sino que se constituye, metafóricamente hablando, en el espejo de un sistema social que va desde la arquitectura edilicia de sus dispositivos, el sistema administrativo que la comprende, hasta un sistema de distribución de roles y funciones característicos del escenario educativo tradicional: el maestro, el niño, los contenidos, entre los principales.

Considerando lo hasta aquí planteado, se hace necesario diferenciar dos cuestiones que complejizan el campo educativo. Primero, que al plano formal de la educación se le suman las dimensiones no formales, y luego, las informales. Se entiende por la primera, lo estrictamente curricular. Por la segunda, un espacio que, si bien respeta las formas curriculares, no está incluido en el sistema educativo, por lo tanto, es un aprendizaje optativo que bien podría ser el aprendizaje de un idioma, ciertas habilidades técnicas, el deporte, entre muchas otras. Por el último de estos, se entienden espacios no regidos por la pedagogía, cuyos métodos de apropiación o aprendizaje  bien pueden tener reglas propias, o partir de necesidades puntuales de una población que requieran el desarrollo de ciertos conocimientos.

En segundo lugar, en la historia de la educación han surgido fuertes cuestionamientos al dispositivo pedagógico tradicional o formal, más allá de todas sus variantes metodológicas o ideológicas. Los más fuertes consisten en el descentramiento de la pedagogía como método excluyente, es decir, la pedagogía no es suficiente para garantizar el aprendizaje como fórmula general. Este método abarca a un conjunto de personas en condiciones aparentemente similares para distribuir gradualmente los contenidos. La crítica consiste en que, en cuanto método, es insuficiente ya que hay situaciones que exceden sus posibilidades. Esto ocurre cuando la pedagogía se encuentra con una cierta unidad psicológica que le hace resistencia. A esta unidad, por lo general se la conoce como el sujeto cognoscente. Es decir, el método de enseñanza, la pedagogía como práctica social, se topa con esta entidad psicológica tanto activa, y protagonista de su aprendizaje como resistente. Esto pone un límite a la ilusión pedagógica (Follari, 1997) de los inicios de la modernidad, que la postulaba como una práctica capaz de civilizar al hombre ante todos los enemigos de la ilustración encarnados bajo la figura de la barbarie. Finalmente, el cuestionamiento a las instituciones educativas pedagógicas se centra en su carácter disciplinar porqueal mismo tiempo que son productoras de subjetividad, son reproductoras de las relaciones de poder de una cultura o una sociedad.

Desde la perspectiva disciplinar, el campo educativo se convierte en una fuente de demanda hacia la psicología bajo dos aspectos: el primero consiste en la necesidad y la exigencia de una lógica científica que encuentre explicación a lo que allí acontece. El segundo en que la psicología pueda aportar soluciones científicas a todo aquello que surge dentro del campo educativo como un problema por resolver. Bajo estos dos aspectos se constituye el nexo histórico entre estas dos disciplinas, la educación y la psicología. La psicología tomará tal demanda desde sus tensiones internas y diversos enfoques sobre su “objeto” de estudio, ya que no constituye un campo unificado. Las demandas del campo educativo hacia la psicología, a rasgos generales, se dirigen a encontrar una explicación científica a todo aquello que en un contexto social y cultural.  Desde una mirada clásica, se le pide al psicólogo que actúa sobre todo aquello que inquieta, perturba u obstaculiza la labor de la educación, especialmente el aprendizaje. Históricamente, la preocupación principal del sistema escolar estaba destinada a la figura que abunda en la bibliografía centrada en “el niño que no aprende”. Actualmente, las inquietudes han variado hacia problemáticas vinculadas a la violencia en sus diversas caras y nominaciones, algunas que responden a modas teóricas u otras que tienen raíces más profundas, a saber: bullying o acoso, violencia de género, abuso sexual, desadaptación social, delincuencia o marginalidad social, entre las más difundidas.

Por su parte, la psicología en educación se abre hacia la demanda del campo educativo en sus tres espacios: formal, no formal e informal. Sus diversos enfoques teóricos y posicionamientos ante el campo harán hincapié, según la afinidad electiva[2], en los diversos aspectos del campo educativo. De este modo, las teorías psicológicas sociales y comunitarias, serán más afines a la educación no formal e informal; las teorías del conocimiento se ubicarán más cercanas al dispositivo pedagógico; y las teorías psicológicas provenientes de la clínica guardarán mayor distancia con la labor concreta de la docencia, para reencontrar su objeto en la patologización, por lo general, del aprendizaje. A las posturas mencionadas con anterioridad, se suma el enfoque institucional en sus diversas concepciones. Este trabaja sobre los modos con los cuales la institución educativa produce subjetividad, es decir, analiza la sujetación de los sujetos al suelo institucional disciplinar. Dicha práctica pone especial distancia tanto de la relación enseñanza aprendizaje, como de los enfoques clínicos del aprender.

Las dimensiones antropogénica y disciplinares de la educación establecen una tensión fundacional de la matriz epistemológica del campo, vale decir, un esfuerzo de trabajo que se complejiza con el devenir histórico, con las características de cada época, con los modos en que cada tiempo afronta, conoce y aborda su relación con el malestar en la cultura (Freud, 1993).

Psicología y educación: breve crónica de una controversia

El vínculo entre psicología y educación ha sido objeto de grandes polémicas a lo largo de la historia de la psicología. Este se ha desplegado por años en una lucha encarnizada por la hegemonía del campo, que se ha expresado, por decirlo de modo preliminar, en un “combate” por el nombre del “área” que suele ser nominada comúnmente como psicología educativa, psicología educacional, lo psico-educativo, o psicología en educación. Dicha “guerra nomenclativa” tuvo y tiene lugar en nuestra facultad a lo largo de su historia, representada por las diversas asignaturas que integraban el área educativa emplazas en el plan de estudios que viniera a desalojar al impuesto por la dictadura militar (1976-1983). Si se pudiera hacer el intento de alejarse de las pasiones en juego, se podría encontrar el eje de la controversia. En primer lugar, cómo cada postulado se posiciona ante la tensión existente entre lo antropogénico y lo disciplinar expuesto más arriba. Segundo e intrínsecamente relacionado con el punto anterior, el eje está puesto en el juego de distancias entre los representantes que materialmente integran el entrecruzamiento entre lo psicológico y lo educativo, vale decir, cómo cada posicionamiento teórico se acerca o distancia de los protagonistas del escenario educativo, como ser el niño, el desarrollo, la currícula, la pedagogía, la escuela, el hacer del docente, la institución, el aprendizaje, la cultura, el discurso disciplinar, por nombrar las más destacadas. Tanto la solidaridad como el rechazo de todos estos términos marcan las diferencias históricas y políticas, teóricas y epistemológicas de los diversos postulados. Por lo tanto, sus consecuencias en la práctica son diversas y claramente diferenciadas entre sí.

Para ejemplificar lo hasta aquí expuesto, solo bajo fines didácticos, se podría decir que una psicología educativa centrada en sus aspectos disciplinares del campo de la educación, entendiendo por esta última educación formal, se concentraría principalmente en la relación enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, dispondría de un marco teórico solidario y acorde a tal problemática. De este último posicionamiento, se desprende otra postura centrada en una concepción antropogénica, cuyo eje podría estar ubicado en la relación entre el sujeto y la cultura, o haría hincapié en los aspectos estructurales del psiquismo que impiden tanto la socialización como el aprender, haciendo de tales problemáticas, una cuestión clínica y no pedagógica. Los ejemplos podrían ser miles, lo importante aquí, es poder puntualizar en qué consiste el rango de amplitud de las diferencias teórico-epistemológicas. Por último, otro posicionamiento diferencia, no menor, surgirá de aquellos desarrollos apoyados en teorías reproductivistas o funcionalistas, diferenciadas de aquellas inscriptas en teorías críticas.

Las diferencias entre ambas exceden la voluntad de los autores, deben ser analizadas por el tipo de praxis que despliegan, ya que no se trata de adherir a priori, ideológicamente por la crítica o el funcionalismo reproductivista. La historia nos enseña lo compleja y paradojal que puede ser la acción humana, visto que en nombre de la crítica se pueden reproducir los aspectos más cruentos del sistema social como la indiferencia, o la indolencia por lo que le ocurre al otro. Y, en ocasiones, desde visiones aparentemente funcionales, surge la solidaridad y el cuestionamiento profundo al sistema. ¿Qué se pretende exponer con esto último? Que ser crítico o funcionalista no consiste en una suscripción ideológica a priori, o hacer un clic en el “me gusta” del facebook por la que más nos complace, sino en tener que componer un pensamiento profundo sobre la propia práctica y el sistema social en el cual ella se inscribe.

Psicología en educación: un debate abierto en nuestra facultad

Con la aparición de los primeros test de aptitudes confiables, creados por Binet – Simon (Muller, 1976) se abre un nuevo campo de investigación para la ciencia, estos insuflan un nuevo aire a la golpeada pretensión de cientificidad de la pedagogía, ya jaqueada en su ideal de constituirse en una exclusiva herramienta de civilizar a los “bárbaros” tras la experiencia fallida de educar a “El Salvaje de Aveyron” u otras experiencias similares. Tales “fracasos”  ya le habían marcado a la pedagogía un límite disciplinar concreto. Estos test, junto a otros estudios, ponen de relieve las aptitudes mentales y, a partir de sus resultados, se establece si hay limitaciones al conocimiento, al aprendizaje, vale decir, la educación se encuentra con un individuo que no siempre reúne las aptitudes necesarias. Asimismo permiten su registro y su visibilidad, pudiendo a partir de la evidencia separar lo sano de lo enfermo.

Los resultados de estos estudios psicológicos se traducen como registros de análisis en las prácticas sociales; como que todo aquello que no logra ser civilizado por los dispositivos modernos, constituyen de algún modo una nueva forma de barbarie, que ya no ataca a la civilización como un enemigo externo, sino desde dentro mismo del Estado Nación. Se comporta del mismo modo que una enfermedad que agrede al cuerpo social, al cual se le teme por sus consecuencias, y para quién se desarrollan métodos de curación. Tal dinámica, que implica tomar el cuerpo colectivo como si se tratara de un organismo individual, es llamada por Foucault biopolítica (Foucault, 1976). Los problemas del aprender surgen como novedosos a partir de la praxis pedagógica debido a que antes que esta se despliegue masivamente, el intelecto humano nunca había sido llevado a una situación de aprendizaje graduado, planificado y progresivo; en suma, medible, evaluable, parametrizado, observable y cuantificable. Por lo tanto, sus déficits se constituían en una fuente de estudio y clasificación acordes a los conocimientos médicos de su época. En otras palabras, el estudio de las debilidades mentales, las oligofrenias, idiotismos, u otras desviaciones de la personalidad, como ser las perversiones morales, sexuales o conductas antisociales se constituían en el objeto de estudio de la naciente psiquiatría y pediatría.

De este modo, salud y educación se hacen solidarias con el discurso disciplinar, y más aún cuando la resultante de tales clasificaciones implica intervención jurídica. Esta concepción fuertemente disciplinar tiene un peso considerable en el campo educativo bajo la modalidad de lo que se conoce como el gabinete psicopedagógico, que, si bien actualmente se lo cuestiona fuertemente desde diversos ángulos, retorna.

Anteriormente a los paradigmas actuales sobre la inclusión y la integración, los niños que no cumplían con los requisitos elementales para su desempeño escolar, eran derivados a los espacios de educación especial. Los gabinetes, por lo general, tenían dos funciones: evaluar, e intentar reencausar el aprendizaje acorde a los parámetros escolares. De lograr esto último, el niño continuaba dentro de la educación formal, si ocurría lo contrario, el niño era ubicado en la educación especial de la cual difícilmente retornaba. Tal sistema ha sido fuertemente cuestionado por su lógica asilar, expulsiva y alienante; también debido a su carácter estigmatizante, de raíz psiquiátrica, y excluyente del niño.

Como consecuencia de la “Normalización” de la Carrera de Psicología, tras la dictadura militar comprendida entre los años 1976-1983, se crea un nuevo Plan de Estudios, cuyo objetivo principal fue quitar tanto los contenidos curriculares impuestos por la dictadura, como relegar de la planta docente, a todos aquellos docentes implicados con el autoproclamado “Proceso de Reorganización Nacional”. Período oscuro de la historia argentina, en el que la justicia comprobó un plan sistemático de aniquilamiento, conocido como Terrorismo de Estado en el cual se cometieron crímenes considerados de lesa humanidad que tuvieron como víctimas de desaparición, tortura y exilio a docentes y estudiantes de esta Facultad.

El nuevo plan, que pretendió en su momento componer una currícula de avanzada, crítica y profunda con los conocimientos, también volvió a dar cobijo a los docentes expulsados de la carrera por la dictadura. Dicho retorno implicó, como ocurre en todo espacio democrático: discusiones, controversias y desacuerdos. Estos se convirtieron, a la vez, en luchas políticas cuya consecuencia incidió en el armado de diversas cátedras que conformaron el área educativa del mencionado Plan de Estudios[3].

Una forma de situar los diversos posicionamientos es a partir de la historia de las discusiones desplegadas a partir de la restitución democrática. Tal discusión tuvo su primera controversia en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario entre los postulados de los profesores Raúl Ageno y Ovide Menin. Ageno fue designado profesor titular de la asignatura “Psicología Educativa I”, que actualmente se titula “Psicología en Educación” con la modificación del Plan de Estudios de 2014. Menin ocupó la titularidad de “Psicología Educativa II”, actualmente, y como consecuencia de la misma modificación, “Intervenciones en Niñez y Adolescencia”, allí se desarrollaban diversos enfoques de la psicología en la educación.  Desde el punto de vista que aquí se plantea, el debate giró en torno a dos grandes cuestiones. En primer lugar,  el lugar que el psicoanálisis, especialmente el de predominio lacaniano, ocupaba en los contenidos curriculares de la Carrera de Psicología. Ageno (1983) postulaba una visión psicoanalítica sobre la psicología vinculada al campo de la educación, solía expresar que el psicoanálisis operaba por extensión. Esto significa, desde su visión, que desde un marco teórico metodológico psicoanalítico, se recorta un objeto, del mismo modo que Freud aplicaba el análisis a la cultura, el arte, la sociedad o las instituciones. Para ello, situaba el malestar como un eje conceptual primordial, entendiendo el mencionado concepto en el contexto de la pluralidad de consecuencias tanto psíquicas, como en la relación individuo-sociedad, ante lo que Freud llamó los tres imposibles: gobernar, educar y curar (Freud, 1993). El malestar, en suma, es el resto de insatisfacción o sufrimiento con el cual el sujeto se encuentra en el inacabado proceso civilizador. La posición de Ageno se encontraba en consonancia teórica con la obra de múltiples psicoanalistas, por lo general franceses y argentinos volcados a las lecturas institucionales desde la perspectiva del psicoanálisis derivado de la enseñanza de Lacan. De ese modo, sus trabajos ubicaban al niño que no aprende desde la visión de la clínica psicoanalítica. Allí el “no aprender” ocupa el lugar de un síntoma o expresión fallida de las funciones del Yo, cuya causalidad es inconciente. Con ello, el autor marcaba una tajante separación de prácticas como la psicopedagogía o la docencia. En el plano de las instituciones, Ageno postulaba el trabajo sobre el malestar docente, su metodología se apoyaba, a grandes rasgos, en la dinámica de grupos y el análisis institucional francés.

Por su parte, Menin, discutía fuertemente las posiciones de Ageno porque cuestionaba la tendencia hacia el psicoanálisis lacaniano que había adoptado la carrera de psicología en general. En lo que respecta a la psicología y la educación, él no veía la necesidad de un distanciamiento tan marcado, consideraba, por el contrario, una convivencia posible, y  necesaria entre ambas. Para ello, profundizaba los conceptos de interdisciplina, multidisciplina y transdisciplina. A diferencia de Ageno, no pensaba que la psicología o el psicoanálisis recortan un objeto, lo que conlleva a mantener cierta distancia epistemológica, sino que cooperan en una tarea conjunta que es el educar. Para tal labor, se hace necesario ampliar la lectura de autores tanto psicoanalíticos, como de otros desarrollos teóricos; a saber, los constructivistas: Piaget y Vigotsky como sus sucesores u otras líneas teóricas afines.

Ageno pensaba que Menin  pedagogizaba la psicología. La respuesta era inmediata: se le imputaba a Ageno que él desconocía las exigencias propias del campo educativo para reducirlo a un objeto del psicoanálisis, insuficiente, desde su visión, para el quehacer del “psicólogo educacional”, como solía hacer mención Menin. En síntesis, Ageno planteaba una distancia epistemológica y metodológica entre la psicología y la educación. Para él, la psicología nada tenía que ver con “El Educar”. Por el contrario, Menin proponía una integración mayor, sin inconvenientes para la participación del psicólogo en la educación, especialmente en el trabajo sobre la prevención (Menin, 1997).

Cabe señalar que ambos sostenían prácticas profesionales diversas, Ageno provenía del campo de la clínica psicoanalítica, a diferencia de Menin, quien había dedicado su vida al trabajo con las instituciones educativas; tanto en nuestro país como en diversas partes del mundo. Ambas posiciones representan, de algún modo, la amplitud del campo de la psicología en educación más allá de las posiciones personales adoptadas. Se trata de un debate que sigue abierto y en continuo movimiento, principalmente por dos razones. La primera se debe a las exigencias constantes de un campo en permanente movimiento que se constituye en un analizador privilegiado de la sociedad. La segunda alega que tal movilidad del campo implica formas variables de inclusión de los psicólogos en el escenario educacional. No es lo mismo, a modo de ejemplo, ser convocado desde la demanda de intervención por un malestar puntual o específico, como si se tratara de una consulta singular, que ser parte de la planta permanente del sistema educativo y desarrollar labores preestablecidas. Además, si esto ocurre bajo las singulares condiciones de trabajo, donde en ocasiones los psicólogos suelen ser incorporados con cargos docentes para desempeñar sus funciones, los bordes de la función docente y las del psicólogo suelen ser confusos.

La pregunta que queda abierta es ¿qué capacidad de transformación, modificación o crítica, es posible en la educación desde la psicología? ¿O es que la psicología debe limitar su funcionamiento al propio campo?.

Teorías funcionalistas y el pensamiento crítico

Tanto el “impulso al cambio” como el “buen funcionamiento del sistema” implican abrir algunas cuestiones. Si bien no es el objetivo de este texto desarrollar categorías epistemológicas en profundidad, ya que ocuparían mucho espacio y nos desviarían del objetivo principal de ofrecer un panorama de la psicología en educación; se hace necesario desarrollar brevemente dos categorías fundamentales mencionadas anteriormente:  las teorías críticas  y funcionalistas. Por funcionalistas se entienden a aquellas que consideran, a priori, que la sociedad propende en su desarrollo al perfeccionamiento; en otras palabras, ve en el progreso un camino lineal hacia el “jardín perfecto” de la modernidad. Por lo tanto, no cuestiona, no ve paradojas, ni contradicciones en el sistema social.  Todo aquello que se presenta como obstáculo o dificultad, la misma lógica del sistema le generará defensas, anticuerpos, estrategiaspara solucionarlo.

El funcionalismo pone en el mismo plano la acción humana y el sistema social que lo produce. Con mismo plano, se pretende significar que no se concibe aquello que en la óptica se expresa como profundidad de campo, o que algo podría estar actuando y ser invisible a la percepción, como ocurre con las teorías críticas. Las teorías funcionalistas, herederas del positivismo más radical, rechazan la concepción trágica de la existencia humana. Hoy en día, en lo relativo a la psicología, han encontrado alojamiento en las tendencias hacia la biologización del sufrimiento humano, cuyas consecuencias suelen ir por dos caminos, o bien el tratamiento neurológico que dice que todo padecimiento mental es una afección de un órgano puntual, en el caso de la salud mental; el cerebro, como plantean las neurociencias contemporáneas. La solución a tales padecimientos encuentra la “cura” en la medicalización psiquiátrica, o en su defecto, por medio de las psicoterapias de reeducación emocional (Grimblat, 2017, págs. 81-87). Esto que pareciera ser una digresión no lo es, en absoluto, ya que en la actualidad el discurso biológico ha ingresado en el lenguaje cotidiano del sistema educativo por medio de la descripción de los trastornos descriptos en los manuales de psiquiatría conocidos como la serie DSM, los trastornos más habituales con los que se diagnostica a la infancia rondan el ADD Y el TGD. El primero remite al famoso síndrome disatencional con, o, sin hiperkinesia, el segundo al trastorno generalizado del desarrollo. Las terapias cognitivo comportamentales actuales han desarrollado todo un sistema de detección y tratamiento de tales trastornos. Incluso dedican recursos a formar a los educadores para la detección precoz de tales afecciones, esto lo hacen mediante la difusión de test basados en cuestionarios de fácil aplicación dirigidos a padres y maestros.

Las teorías críticas, a diferencia de las funcionalistas, tienen como denominador común el “desencantamiento del mundo” (Horkheimer & Adorno, 2006), cuestionar el mencionado camino hacia el “jardín perfecto”. Estas teorías son críticas con la ilustración en cuanto proceso ambiguo que aloja una relación entre lo aparente y “lo oculto”, por tal razón se las suele nominar “pensamiento de la sospecha”. Lo manifiesto, en cuanto lo perceptible de “la realidad”, guarda una distancia con “las causas”, cuyos mecanismos permanecen fuera de la conciencia[4], y, es la teoría crítica quién los hace visibles. Otra cuestión, que aleja las teorías críticas de las funcionalistas, es su carácter antropocéntrico, es decir, todas ellas coinciden en la relación entre el sujeto y sus relaciones sociales, al conflicto inherente a la acción humana sobre “el hombre” bajo un sentido trágico. Vale decir, lo humano no puede eludir la tragedia humana de la existencia, del conflicto, de la contradicción, del surgimiento de mecanismos sobre-determinantes, en otras palabras, tanto la emancipación como la libertad y/o la felicidad del sujeto son siempre labores inconclusas. Finalmente, el pensamiento crítico relativiza la acción individual del ser humano, en cuanto este está inscripto en relaciones culturales y sociales.

Las teorías críticas se las podría dividir en tres grandes grupos, aquellas que provienen de un origen marxista, las neo-marxistas, y las que provisoriamente llamamos no marxistas[5]. Las marxistas encuentran, desde nuestra perspectiva, el fundamento que la ilustración, en el camino ilusorio hacia la emancipación del hombre en su uso de la libertad, conferida por los ideales de la revolución francesa y la revolución industrial en Inglaterra (Hobsbawm, 2007), se combina con la paradojal tragedia de estar trabajando, inconscientemente,[6] para su alienación, sujetado a las formas de producción capitalista. Los autores críticos de esta corriente consideran a priori que tanto la ilustración en su conjunto como todo aquello que producen las instituciones, entre ellas, la educación formal, está al servicio de los intereses de la burguesía, de la alienación, de la dependencia. En términos clásicos expuestos por Althusser “reproducen las formas de reproducción capitalista” (1974). Para los pensadores críticos marxistas, la teoría y la acción política son una misma cosa. Lenin y Trotsky serían una clara referencia del intelectual crítico revolucionario.

Los pensadores críticos neo marxistas no son tan estrictos con respecto a lo político Si bien no desestiman la política como reguladora de la acción humana, consideran que esta es más extensa que la toma del poder y engloba procesos sociales y culturales. Los neo-marxistas no constituyen una línea de pensamiento homogénea, pero se los puede agrupar en campo de experiencia histórica que gira principalmente alrededor de dos grandes cuestiones. La primera consiste en una crítica al pensamiento mecanicista y binario llevado a cabo por la URSS, especialmente bajo el liderazgo de Stalin, quién no solo llevó adelante un régimen de terror y muerte hacia los campesinos soviéticos que resistían a las colectivizaciones, especialmente en Ucrania (los Kulaks).  Sino que, posteriormente, con el término kulaks, el régimen soviético acusaría a todo opositor de conspirar contra el sistema. Las deportaciones masivas, las hombrunas y los campos de trabajo y concentración (Gulag) dieron muerte a millones de personas en los años posteriores al fin de la guerra civil rusa (Arch Getty & Neumov, 2001; Obery, 2006). También, los neo-marxistas cuestionaban cómo las marcas del stalinismo formateaban y pretendían alinear el pensamiento de los partidos comunistas alrededor del mundo, como ocurriera; por ejemplo: durante la guerra civil española (Beebor, 2015). Los neo-marxistas advertían: cómo un pensamiento revolucionario, crítico y emancipatorio en sus inicios, se iba convirtiendo en un nuevo dogma, en una religión laica.

En segundo lugar, los neo-marxistas se vieron influenciados por las consecuencias conocidas de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia totalitaria, cuya imagen más nítida es la construcción humana del campo de concentración, en cuanto fábrica de muerte, constituyó un escepticismo radical, y una crítica consistente hacia los ideales de la modernidad. Su crítica excede al sistema económico capitalista para hacer foco en “el progreso como tragedia”. En esto último los que siguen a Marx, sin embargo, cuestionan con firmeza las experiencias de lo que se denomina “el socialismo real”. Se preguntan, entre otras cosas, cómo las ideas más sublimes, y las sociedades más cultas pudieron producir el campo totalitario en una clara alusión al stalinismo y al nazismo.

Además, los referentes de este pensamiento crítico amplían sus posiciones desde otros referentes de la filosofía, la sociología y el psicoanálisis. Los autores referentes de esta corriente, por lo general provenían de la filosofía, de la sociología y del psicoanálisis. Los referentes más conocidos de esta línea podrían ser Theodor Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamin, Erich From, entre muchos otros. Estos autores, si bien son críticos, no son tan deterministas en su crítica a la ilustración, ya que consideran que la misma contiene un conjunto de paradojas y tensiones internas complejas; pero que solo el pensamiento ilustrado puede producir herramientas que conduzcan hacia formas de “verdad”; aunque estas deban ser cuestionadas, sin necesidad de convertirlas en un nuevo dogma. Es decir, el pensamiento ilustrado permite una revisión continua de sus propios postulados, una ruptura permanente en función de los procesos históricos en juego. Para estos autores, tanto los dogmatismos como el pensamiento que coagula en formas estancas o reduccionistas, que pueden expresarse tanto en la biologización de la cuestión social, como en la retórica que todo lo explica desde axiomas ideológicos, no serían un producto de la ilustración, sino un desvío. Por supuesto que la discusión queda abierta.

Como exponente principal de una corriente crítica no marxista, podemos ubicar la obra de Freud. Más allá de los reiterados esfuerzos por vincular su producción con la de Marx, si nos avenimos a la letra del autor, este rechaza críticamente las experiencias del naciente socialismo real. Cuestiona sus ideales de base con los mismos argumentos con los que hace su lectura de la cultura y de toda producción humana. Freud no ve posible la igualdad entre los hombres, y menos aún que un ideal social pueda lograr anular los conflictos humanos.  Para el creador del psicoanálisis, la subjetividad humana estará siempre atravesada por lo inconciente, entendiendo por ello la tenacidad de lo pulsional por la búsqueda de satisfacción, la persistencia de lo sexual infantil irreductible a la acción de la cultura. Tal tensión irreductible hace de la “sociedad perfecta” un imposible, de la cultura un movimiento constante, del ser humano una máquina de construir un mundo, y de poder, al mismo tiempo. mecanismos que lo pueden conducir a su destrucción.

Por otra parte, los pensadores críticos no marxistas  incluyen una gama de autores variados y diversos que puede abarcar entre los más destacados a Martin Heidegger, Friedrich Nietzche, Hannah Arendt, y como referentes más actuales Tzvetan Todorov, entre otros.

Tres tiempos del pensamiento crítico

En contigüidad con lo anteriormente expuesto, el pensamiento crítico se puede agrupar en una estratificación que contenga su diversidad. En un primer momento, se encuentra aquello que se podría denominar como develamiento; es decir, una teoría que hace un nexo entre lo manifiesto y lo oculto, y dicho develamiento nos permite percibir una “verdad”, que a su vez , como consecuencia, produce una  transformación. Para ejemplificar este mecanismo, se podrían ubicar los descubrimientos de Marx con respecto a la economía política y a Freud en lo relativo al inconsciente. Ilustremos esto último bajo fines esquemáticos: Marx describe como el sistema de producción capitalista parte de una forma de engaño en la que el productor es desprovisto de su producto: en lugar de vender el producto, vende su fuerza de trabajo. Lo que implica la diferencia de intereses de clase entre quienes son dueños del capital y quienes son dueños de la mencionada fuerza de trabajo. Tal verdad sería suficiente en ese momento del pensamiento crítico para que esta situación entre en conflicto, cambie, o se revierta. La teoría althusseriana de los aparatos ideológicos del estado (AIE), que reproducen la ideología dominante por medio de la reproducción de los modos de producción, se sujeta a esta primera etapa de las teorías críticas. El autor separa las condiciones ilusorias de la ideología de las condiciones reales de existencia (Althusser, 1974). Entre lo manifiesto y lo oculto, este tiempo postularía algo así como una acción directa sin mediaciones que, en pocas palabras, permite el desenmascaramiento de una “mentira o engaño aparente” por el surgimiento violento de una “verdad oculta”. En otras palabras, “la mentira de la ideología” es destruida, pulverizada por “la verdad” develada, por las formas de producción capitalista, en términos althusserianos. Esto último no solo convierte la teoría en praxis política, sino que provee al intelectual un lugar privilegiado como traductor de tal “verdad” sobre lo engañoso de las relaciones sociales. Algo similar ocurre en los inicios de la experiencia clínica y teórica de Freud al considerar que “hacer consciente lo inconsciente” conducía a la cura de forma directa bajo las terapias abreactivas; en las que esa cura es posible a partir del recuerdo del trauma sexual olvidado por la histérica y la descarga del afecto que mengua el síntoma.  Luego, las cosas serían más complejas.

La pregunta que queda abierta es si tal “verdad” opera como un universal que permanece escondido hasta ser descubierto, y por lo tanto el método y la teoría quedarán también equiparadas a lo universal de su descubrimiento.  Si se admitiera esto último no habría cuestionamiento posible, ni hacia el método, ni tampoco a su descubrimiento. Si a tal “verdad” no se la pudiera cuestionar, entonces, el pensamiento crítico dejaría de ser crítico para convertirse en dogma. Cuando se pueden cuestionar rigurosamente sus fundamentos, se renueva el potencial de interpelación de la realidad. Finalmente, este primer momento del pensamiento crítico ofrece una lógica binaria, regida por un principio mecánico. Sobre esto último se diferencian los dos tiempos del pensamiento crítico que le suceden.

El segundo momento postula que entre lo manifiesto y lo oculto se ubica algo así como un mediador o código de desciframiento, es decir, la acción no es directa sino que se somete a un código interpretativo más complejo que en el caso anterior. Es el psicoanálisis que mayormente se ve representado en este tiempo. Aquí se podría aludir, por un lado, al psicoanálisis kleiniano, que en un primer momento, introduce el trabajo de simbolización desde su teorización particular, donde todo producto en análisis tiene su correlato con las relaciones de objeto en el inconsciente (Klein, 2005). Por otro lado, los desarrollos del estructuralismo francés, cuyo representante más cabal es el Lacan. Para este último, la estructura del lenguaje mediatizada por el deseo del otro se anticipa al sujeto. Por lo tanto, aquello que se expresa como manifestación de la “verdad del inconciente” está atravesado por el deseo del otro y el código de la lengua (Lacan, 1988).

El tercer y último momento, se constituye a partir  del cuestionamiento hacia los otros dos, tanto en sus enunciados teóricos y epistemológicos como en las críticas hacia sus consecuencias políticas. Por un lado, se sigue sosteniendo la crítica radical al capitalismo pero, por otro lado, se ataca firmemente la matriz dogmática en la cual recayó el pensamiento marxista en su aplicación concreta. Para ser más precisos, este tiempo es una consecuencia de la crítica al stalinismo soviético. En primer lugar, parte de un cuestionamiento a sus políticas concretas, cuya estructura trascendió a la URSS bajo la forma que adoptaron buena parte de los partidos comunistas alrededor del mundo. Segundo, el cuestionamiento se centra en la interpelación al determinismo estructural de ciertas formas mecanicistas en las cuales recayó el pensamiento crítico en general. Difícilmente estos autores podrían cuestionarse las relaciones entre verdad, poder y discurso sin que el mundo haya pasado por la experiencia totalitaria. Este tercer tiempo se caracteriza por la revisión de los propios fundamentos teóricos, por la ruptura de las certezas dogmáticas hacia lo que se podría denominar un principio de incertidumbre. Para ejemplificar, contamos con algunos conceptos como lo: histórico social, la autonomía y la eteronomía de  Castoriadis, o la teoría del poder de Michel Foucault. En el psicoanálisis actual, la revisión de paradigmas psicoanalíticos propuesto por Silvia Bleichmar en Argentina. También el pensamiento complejo de Edgar Morín, o el lacano-marxismo de Slavoj Zizek proyectan nuevamente el pensamiento crítico, sacándolo del empantanamiento dogmático, con la intención de recomponer su fecundidad. A diferencia de lo que ocurriera hace algunos años, el foco de la crítica ya no es la amenaza totalitaria sino las consecuencias del neoliberalismo.

Perspectivas de Psicología en Educación ante los escenarios contemporáneos

Las problemáticas diversas con las cuales la psicología en educación debe enfrentarse en la actualidad debido a la gravedad y la violencia de las situaciones que se presentan van en consonancia con las tendencias de nuestra época, donde el hacer pareciera ser más efectivo que el pensar. Si bien hace algunos años, el foco se ubicaba principalmente en “el niño que no aprende”, que se tiende a denominar el fracaso escolar; la escuela actualmente demanda “auxilio” sobre situaciones desbordantes, impensadas hace pocos años atrás. Al respecto existe una nutrida bibliografía sobre las formas en las que se expresa la violencia escolar: abuso de diversas características, ya sea sexual, física o psicológica; efectos en los niños como consecuencia del desamparo y la pobreza extrema; situaciones reñidas con la legalidad y la socialización; la ruptura de cierto principio de autoridad de las instituciones en el diálogo con las familias, en definitiva, la lista es larga. En lo que respecta a la educación no formal o informal, las problemáticas más demandadas provienen del amplio espectro de la inclusión social. Si bien las problemáticas del aprender siguen siendo una preocupación, ya no ocupan el primer plano de la demanda.

Este nuevo panorama, al mismo tiempo que se agudiza dramáticamente, es acompañado por nuevas tendencias teóricas, metodológicas y científicas para el tratamiento de las mencionadas situaciones.  Nuevamente, los criterios de clasificación, las recetas, la espera de respuestas concretas, la desimplicación de los actores concretos con los procesos inherentes a las problemáticas en cuestión, transmiten la propensión de los profesionales a dar respuestas rápidas a problemas de apariencia puntuales a problemáticas sistémicas. Como dijera Freud en algún lugar: “no se puede apagar el incendio quitando la lámpara”, en la actualidad, toda una corriente cultural predispone a pensar lo contrario a Freud; pero con algunas diferencias. Se trata más que de quitar aquello que inició el siniestro, de eliminar sus manifestaciones. Tal tendencia contemporánea releva la esperanza de bienestar en un rústico pragmatismo de acciones concretas que desestima la necesidad de buscar causas profundas en las problemáticas de la subjetividad humana.

Por otra parte, hay que hacer una rigurosa autocrítica desde las teorías psicológicas apoyadas en el pensamiento crítico. Desde la visión que se propone en este texto, se considera que la noción de pensamiento crítico se ha banalizado a lo largo del tiempo a modo de una simplificación ingenua que termina, de algún modo, personalizando el pensamiento, como si se tratara de una cuestión privada donde cada uno hace su libre interpretación prescindiendo de los conceptos fundamentales de las diversas corrientes filosóficas o teorías psicológicas. Demás está decir que no hay nada criticable en el hecho de que cada uno piense por sí mismo, pero lo que se viene produciendo es una distorsión o desviación que consiste en que dicha libertad se basa en pensar libremente, en hacerlo sin un marco teórico referencial, que conduce ineludiblemente a un cuestionamiento que descree de las teorías con las que se piensa. De hecho, valga el juego de palabras, eso no es precisamente pensar, sino opinar.

Esta banalización del pensamiento crítico, también se expresa como si se partiera de la base que la ya mencionada relación entre lo manifiesto y lo latente versa sobre una especie de equivocación de quién padece un sufrimiento o una problemática. Lo que por momentos recae sobre una especie de prejuzgamiento moral sobre quién se aferra o se posiciona desde el “engaño”. Las intervenciones ejercen sobre el otro la violencia sutil, que más que ayudarlo a pensar, terminan por denunciar como piensa. En suma, estas posiciones suelen ser  culpabilizantes del otro y desconsideradas con la legitimidad del sufrimiento. Han sido por lo general - desde mi visión- las prácticas basadas en el análisis de los discursos, en términos foucaultianos y no lingüísticos, quienes mayormente han incidido en este error, y, también, en el daño al otro. Desde dicha concepción se confunde el hecho que no son los discursos sociales quienes sufren, sino los sujetos, las personas de carne y hueso con aparato psíquico.

Otra confusión habitual consiste en considerar a priori que todo planteo alternativo, nuevo, creativo e innovador, es indiscutiblemente superador de los esquemas y modelos tradicionales. Por ejemplo, que la educación no formal e informal es “mejor” que la cuestionada educación formal. Que todo aquel que se posicione en un modelo alternativo es “superior” al formal o convencional. O que la “verdad latente” es “mejor” que “el engaño” de lo manifiesto, sin previamente tener una noción de cómo está posicionado el otro para integrar lo escindido.  Es decir, es imponer al campo de trabajo un conjunto de valoraciones, de apriorismos que omiten la complejidad de la subjetividad humana. Como dice la popular frase: “el camino al infierno está plagado de buenas intenciones”, en nombre de lo que cada uno cree, se puede hacer más daño del que se desea. Se trataría, desde mi punto de vista, de que las teorías psicológicas basadas en el pensamiento crítico puedan proveer de las herramientas conceptuales para instituir la capacidad de discernir, simbólicamente hablando: “el camino al cielo” del “camino al infierno”. Para tal labor se hace necesario retomar los fundamentos de la práctica del psicólogo, en pocas palabras: la/s teoría/s y el/los método/s, porque una intervención psicológica es siempre la puesta en acto de la teoría y el método.

Podemos entender por intervención desde el silencio que ofrecemos al otro para que organice su espacio de pensamiento y el tiempo para ponerlo en palabras, la interpretación de aquello que proviene del campo del otro, una pregunta que ayude a pensar y a entender, hasta el diseño de cualquier dispositivo, simple o sofisticado para una situación concreta. Todas ellas son puestas en acto de la teoría y el método. Si esto no puede ser pensado, se está actuando desde los pareceres y voluntades personales. En estas consideraciones hay que ser categóricos: se pueden tener las mejores intenciones, incluso ayudar mucho al prójimo, o por el contrario, filosofar arriba de lo que el otro dijo o consideramos que quiso decir desde rebuscadas interpretaciones, pero el ejercicio de la psicología implica la puesta en acto de la teoría y el método. Todo esto es obvio, pero llamativamente, se omite con facilidad.

Volviendo a los postulados del presente apartado, habría que agregar que no se trata solamente de las nuevas problemáticas que se presentan en el campo de la educación, sino de ponernos a pensar cómo estas interpelan nuestras teorías y métodos. Por teorías se entiende un conjunto de hipótesis de partida, con desarrollos, articulaciones internas que tienden a organizar un campo de experiencia sobre un objeto del cual producen conocimientos. Se diferencian de un dogmatismo porque internamente poseen formas de validación y refutación de sus propios postulados. Su propia experiencia le permite ir modificando, revisando o reafirmando sus postulados previos. El método ubica la teoría en un hacer concreto, por ejemplo, en el caso del método psicoanalítico: la atención flotante y la abstinencia o neutralidad, constituyen su base. La primera consiste en escuchar de modo parejo aquello que proviene por parte del paciente, no dar de antemano relevancia a ciertas cuestiones por sobre otras. La abstinencia implica no hacer juicios de valor sobre “el discurso” del otro. El método psicoanalítico, de este modo, se hace solidario con su teoría: permitir la emergencia de lo inconsciente para su interpretación. Otras teorías y/o dispositivos diferentes establecerán sus propias correspondencias entre la teoría y el método.

Los cambios que se presentan en nuestra época, en lo que respecta a la demanda y sus formas de asistencia en la Psicología en Educación, se corresponden con una mutación, que no es más que una profundización extrema de la biopolítica en sus tecnologías de control. Esto se manifiesta en un conflicto sumamente complejo: bajo el árbol de la consigna de la integración, la inclusión y el respeto por los derechos del niño, se despliega la sombra de la biologización, la sedación y la adaptación de todo aquello que perturba el orden, tanto en el aula, como en el campo social. Allí se establece una correspondencia entre todo aquello que se desvía o perturba, con la respuesta simplificada de la medicalización. Donde las teorías de la subjetividad indagaban, historizaban o pretendían profundizar, la medicalización simplifica. Se vuelve a poner mente y cuerpo en un mismo plano (Rose, 2012). Prueba de ello es la predisposición tanto discursiva, como concreta por reducir la conducta que molesta a trastornos dirigidos a justificar toda una serie de nuevas teorías o perspectivas clínicas actuales. La medicalización es su última estación como lo expresan el sistema de clasificaciones de trastornos expuestos en los nomencladores, especialmente los DSM desde su tercera versión en adelante.

Es digno de destacar, como el vocabulario de la medicalización ha tenido una amable acogida en el campo educativo, como ciertos docentes tienen a diagnosticar de forma prematura o a adoptar sin cuestionamiento los diagnósticos neurológicos de niños, cuyas características son similares a otros niños no patologizados en otros tiempos. Hace unos años, un niño podría haber sido inquieto, distraído o carente de atención por encontrarse sujeto a sus fantasías o juego infantil, hasta se podría haber dicho que tales características eran parte de la niñez. Actualmente, dichos rasgos se someten a la clasificación minuciosa que describe un cuadro neuro-psiquiátrico como el ADD. La profundización de la biopolítica contemporánea, a diferencia de lo que ocurriera con el higienismo dirigido a prevenir las pestes que enfermaban poblaciones, se caracteriza por la individuación y la optimización (Rose, 2012). Si la vacuna o el antibiótico fueron el emblema de la medicina higienista, el analgésico y los cuidados paliativos constituyen el emblema de la biopolítica contemporánea. Por lo tanto, si hay marginalidad social o fuertes signos de un malestar desbordante que repercute como “conductas desadaptativas”, bajo el ideal noble y humanitario de integración, se esconde un sentido ambiguo que no se puede desoír, con ello hacemos referencia a  la necesidad de una época de mantener a la gente tranquila, calma, acrítica. Por lo tanto, la medicalización se corresponde como método, claramente con las exigencias de su tiempo.

Por medicalizar no solo se entiende la prescripción de medicamentos, como lo señala claramente Mariza Rodulfo en Bocetos Psicopatológicos: el psicoanálisis y los debates actuales en psicopatología (2016), sino la puesta en acto de una praxis compleja que incluye todo un conjunto de intervenciones, por así decir, ideológicamente coordinadas. Son un conjunto de prácticas que se ponen en correlación con el fin de disolver los aspectos desadaptativos del síntoma, bajo una hipótesis simplista de las causas, que atribuyen a toda expresión del sufrimiento humano una base biológica. Tal conjunto de prácticas no constituye un enfoque interdisciplinario en los términos anteriormente expuestos de Ovide Menin, sino que son una sumatoria, no necesariamente coordinada entre sí, de una clara correlación ideológica entre ellas. Es común encontrar niños que medicados por algún trastorno, a saber: Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD), o el famoso Trastorno de Desatención con o sin Hiperkinesia (ADD),  concurren, al mismo tiempo, a una fonoaudióloga debido al déficit de lenguaje, a una Terapia Ocupacional por su dispersión, al Psicólogo por sus desbordes emocionales, a teatro para vincularse con otros niños, a gimnasia deportiva por sus dificultades para moverse, y así la lista se hace interminable. Tal secuencia es la medicalización. Los psicólogos entramos en esta serie por diversas puertas: como acompañantes terapéuticos, auxiliares de integración escolar, como psicoterapeutas o psicoanalistas entre otros. No se trata de la singularidad de cada una de estas especificidades, sino de la lógica. Una lógica que no puede desconocerse, más aún cuando constituye la principal fuente laboral de muchos colegas.

Uno de los riesgos mayores del ejercicio de la profesión del psicólogo en estos tiempos es la medicalización. La medicalización impone un ritmo paulatino de inclusión laboral, y  abstenerse de ciertas prácticas implica el temor real de la pérdida del trabajo. Ese nuevo régimen de alienación, en términos clásicos marxistas, corroe la capacidad crítica de discernir entre prácticas que se inscriben en un enfoque crítico, de otro funcional. Creo que este es el desafío de nuestra época.

[1] Hombre en el sentido de especie, de ser humano, no en cuanto cuestión de género.

[2] El Historiador italiano Enzo Traverso extrae de la química la noción de “Afinidad Electiva”, y  refiere a la tendencia de dos elementos a buscarse e interactuar de forma espontánea (Traverso, 2000).

[3] Los pormenores de las luchas políticas con el retorno de la democracia no serán tratados aquí por una cuestión de espacio y de recorte del objeto.

[4] Conciencia es utilizado aquí en su uso coloquial

[5] Por teorías marxistas entendemos los postulados de Karl Marx y sus seguidores más leales. Por neo-marxistas podemos, entre la gran diversidad, incluir a autores que comprenden la Escuela de Frankfurt, a Cornelius Castoriadis, de algún modo a Michel Foucault, Zygmunt Bauman por nombrar los más destacados. Por autores críticos no marxistas, entre los más destacados dentro de una gran variedad están Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche y Tsvetan Todorov entre muchos otros.

[6] Inconciente en un sentido coloquial del concepto, no en el uso que el psicoanálisis freudiano utiliza

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Mg. María Susana Olcese

Psicóloga. Profesora Adjunta de la Cátedra Psicología en el Ámbito Jurídico Forense. Facultad de Psicología. UNR. Perito de Oficio. Asesora técnica.

(Imagen: Escher)

Puntuaciones sobre la Pericia Psicológica

Introducción

Resulta oportuno, atendiendo las dificultades que conlleva el quehacer pericial, establecer una compilación que recupere algunas consideraciones dispersas en los textos que se ocupan de la temática, haciendo pie en cuestiones que resultan relevantes en el ejercicio profesional y que son de consulta permanente por parte de los profesionales que comienzan a establecer una práctica en este ámbito laboral[1]. Es preciso comenzar señalando que existen conceptos y procedimientos que no disponen de la posibilidad de ser definidos desde el campo psicológico ya que los temas y el carácter de las intervenciones pertenecen al campo jurídico. Esta circunstancia plantea que un profesional psicólogo debe adoptar esas cuestiones, con cierta frecuencia, como un hecho consumado; no obstante, importa decir que la ciencia del derecho establece lo atinente a problemas de forma. Lo que se llama el fondo o contenido sí resulta del exclusivo dominio de la ciencia que converge interdisciplinariamente en calidad de auxiliar[2], a los efectos de evacuar la consulta, debiendo ser expuesto a título personal en el cuerpo del dictamen pericial.

Es importante precisar que, con frecuencia, los operadores judiciales pretenden que el perito se pronuncie en función de conceptos que pertenecen al campo jurídico. Esos conceptos y categorías tienen la particularidad de tener una  pregnancia jurídico-psicológica y esa condición no debe llamar a confusión ya que, con frecuencia, pertenecen exclusivamente a la ciencia del derecho, a su lógica; esta situación requiere de los psicólogos, a nuestro juicio, establecer un límite que se puede denominar de restricción. En la medida que esos términos han sido acuñados en el universo jurídico, su enunciación data de décadas o siglos; su repetición es automática y generalmente se sostiene en la autoridad de un autor por completo ajeno al conocimiento  psicológico académico contemporáneo.

Lo antedicho es relevante en la medida que, a los fines de llevar adelante una práctica profesional correctamente fundada, es menester poder situar no sólo cuál es la escuela psicológica a la que pertenecen las categorías empleadas en la praxis, sino que también es requisito que tengan vigencia académica, estar formulados conforme al estado actual de la cuestión y, sobre todo, deben estar definidos en el universo discursivo de la disciplina en la cual el perito se ha formado.

En lo que respecta a la presente compilación se advierte que,  aunque se ha recurrido a instalar distintos subtítulos, no sólo ningún concepto se cierra sobre sí mismo sino que la articulación de la trama conceptual podría devenir diversa según qué acentos sean los requeridos. Se ha dado el formato de viñeta a algunos temas, sin embargo esa economía no implica que la cuestión quede agotada. Cuando la temática no se presta al cálculo subjetivo, se le ha otorgado el tratamiento que le brindan los manuales.

El ámbito que nos ocupa debe ser abordado como campo problemático;  un perito psicólogo debe atender la circunstancia de que en el ámbito jurídico y forense pueden llevarse adelante prácticas profesionales que atenten contra los instrumentos o normativas relativas a los Derechos Humanos, ser contrarias a la preceptiva vigente, llegando a poder inducir cuestiones iatrogénicas; esta advertencia también reúne la posibilidad que tiene la praxis pericial de contar con el psicoanálisis en extensión, a los efectos de poner límite al poder estragante, desubjetivizante que las prácticas hegemónicas establecen en el consultorio médico legal.

Antes de concluir con esta introducción es menester aclarar que la nominación “psicología en el ámbito jurídico y forense” implica que no se trata de “psicología jurídica y/o forense”. El término ámbito (o campo) remite a la ley 9.538 del Ejercicio profesional de los psicólogos (1.985) que considera la existencia de incumbencias profesionales[3]. Es decir, no se trata de una asignatura o extensión disciplinar de la ciencia del derecho. Por tal motivo se debe situar la existencia de un corte entre los discursos psicológico y jurídico. Dicho de otro modo: a partir de una particular formación académica en una carrera de psicología, el psicólogo es interrogado desde la ciencia jurídica para que exprese conclusiones en virtud de su formación.

 Pericia

Aspectos Generales

En un litigio las partes intervinientes administran un conflicto de intereses; el proceso judicial se define[4] como una serie gradual, progresiva y concatenada de actos judiciales cumplidos por órganos establecidos por el Estado a los efectos de llevar adelante este tipo particular de conflictos.

El Dr. Omar A. Benaventos[5], en relación a la diversidad de los conflictos jurídicos expresa que "la afirmación de la existencia de un conflicto de relevancia jurídica en el plano jurídico-procesal constituye el objeto de conocimiento del derecho procesal”. Examina los tres tipos de conflictos jurídicamente trascendentes que le interesan al Derecho Procesal: la pretensión y la resistencia, el estado de incertidumbre y la violación de la conducta prescrita por la norma. Dice:

"Más allá de la sustancia material que pueden empapar al conflicto (civil, penal, laboral, administrativo, familiar) pueden establecerse “categorías” de las variantes conflictivas de relevancia jurídica que se presentan en el plano de la realidad social y que admiten su “judicialización” (estatal o privada).

Estas variantes conflictivas asumen, a nuestro juicio, las siguientes formas:

Primer conflicto: pretensión-resistencia: este tipo de conflicto (quizás el más típico) se origina en la existencia, en el plano de la realidad social, de una pretensión por parte de un pretendiente -gente o ente- y, frente a ella, la coexistencia de una resistencia de aquél frente a quién se pretende “un bien de la vida de trascendencia jurídica”.

En otros términos, el requerimiento jurídico no es satisfecho (voluntariamente) por aquél contra quién va encaminado. El “pretendido” -lejos de someterse a la voluntad ajena- le opone al “pretendiente” una resistencia de cumplimiento.

Este primer tipo de conflicto acordamos en denominarlo (como lo viene haciendo la doctrina más calificada) como “pretensión-resistencia”.

Pues bien, el conflicto, que se ubica como dijimos en el plano de la realidad social, puede desembocar (en el caso de quedar irresuelto, y decidir el presunto afectado llevar la cuestión al plano jurídico) en una “pretensión procesal” (ejercitada por medio del derecho de acción y documentada en una “demanda”) por la que se perseguirá el dictado de una sentencia “favorable” (previa formación del proceso judicial) que sea “declarativa de condena”, “constitutiva de estado” o “de ejecución”.

Ahora bien, si el contenido jurídico de “lo pretendido” y “resistido” se remiten a intereses “transigibles” podrá ser procesado y sentenciado (indistintamente) por jueces o árbitros (en la medida que no está en juego sino intereses disponibles por los propios contendientes) y, también, (...) “auto-compuesto” por las propias partes.(...)

Segundo conflicto: estado de incertidumbre: el conflicto consiste en un “estado de incertidumbre jurídica”.

En este supuesto la función jurisdiccional pasa (exclusivamente) por hacer cesar ese estado de duda que, en sí, constituye la situación conflictiva (...).

El tercer tipo de conflicto: la conducta que viola una prescripción normativa: el conflicto puede asumir aquí otro cariz: el mismo se produce al verificarse que una conducta humana entra en colisión con el “molde patrón” que el sistema jurídico “previsionó” para ese supuesto (caso de la conducta delictiva que queda comprendida en uno de los tipos penales sancionados por el código penal). (...)

La índole de este conflicto explica el sentido, la razón de ser, y la intervención de los órganos jurisdiccionales estatales que desenvuelven su actuación aplicando, por caso, el derecho penal sustantivo por medio del derecho procesal penal".[6]

Prosiguiendo con otra circunstancia de carácter general, es necesario tener presente que, una vez que la parte actora ha presentado una  demanda, corresponde que la parte demandada proceda a contestarla; en alguno de esos dos acontecimientos -o en ambos- puede plantearse la necesidad de consultar a profesionales de otras disciplinas, que son convocados en calidad de auxiliares de la justicia, para que asesoren a los litigantes y al juez a los efectos de  poder emitir sentencia justa. Al abrirse el período de prueba se da  lugar a la realización de las pericias psicológicas que nos ocupan -entre otras actividades procesales- las que son consideradas un medio de prueba. Finalizada esta etapa del procedimiento siguen los alegatos, la sentencia y las posibles apelaciones.

La prueba pericial es un “medio para demostrar la existencia o no de hechos en cosas, lugares y personas dentro de los procesos litigiosos”[7] y resulta ser una declaración de ciencia que no constituye un simple informe sobre lo ocurrido, sino un juicio valorativo sobre lo que es  objeto directo de  verificación.

Al ser ofrecida la prueba pericial se indicará la especialidad que ha de tener el perito y se propondrán los puntos de pericia. La parte en litigio puede designar en el expediente a su consultor técnico indicando nombre, profesión y domicilio. La otra parte, al contestar el traslado, podrá formular otros puntos de pericia y designar delegado técnico[8]. Los puntos periciales  deben ser claros y concretos.

Empero, ¿qué ocurre cuando las preguntas se prestan a confusión? Por ejemplo, en oportunidades la interrogación en el fuero civil versa sobre la determinación de existencia de daño espiritual. Este traspié ha sido inducido por Hernán Daray quien, fuera de esta dificultad, ha llevado adelante una compilación de manual muy completa. Está claro que sobre el espíritu al perito psicólogo no le corresponde establecer conclusiones. Situando rápidamente la cuestión, se recordará que en 1.879 W. Wundt produjo el gesto fundacional de la psicología como ciencia independiente de la filosofía; a partir de esa circunstancia psyche dejó de referir al alma -espíritu- y pasó a designar lo psíquico y, en otras escuelas, lo mental. Ambos, -psíquico y mental- han sido sistematizados y en la actualidad no refieren, de ningún modo, a espíritu[9]. En circunstancias como estas un perito psicólogo puede solicitar aclaraciones o él mismo informar que se trata de un anacronismo, un traslado automático impreciso, sin renunciar a la tarea en la medida que ha sido designado en autos y tiene el derecho y la obligación de llevar adelante lo encomendado.

También es habitual que al perito psicólogo se le formule alguna pregunta respecto de si el actor padece daño al equilibrio espiritual, circunstancia que puede estar haciendo referencia concreta al daño moral; en todo caso, hay que tener en cuenta que el perito se puede dirigir al juez que entiende en la causa, o al secretario del juzgado a fin de plantear la cuestión suscitada. Otra pregunta, en el fuero penal, que resulta una torpeza es la que refiere a si una persona ha sido víctima de violación. Un psicólogo no puede expedirse acerca del concepto violación en la medida que éste implica un delito y resulta una incumbencia de los operadores judiciales determinar la existencia de un ilícito. Un perito debe formular si existe o no  presencia de indicadores psicopatológicos  compatibles con el padecimiento de agresión sexual, pero no debe avanzar sobre categorías pertenecientes a una disciplina que no es la suya. Incluso, y sin pretender agotar esta difícil cuestión[10], resultaría adecuado expedirse acerca del estado psíquico que presenta una presunta víctima de agresión sexual e informar -luego de evaluar clínicamente posibles antecedentes psicopatológicos (previos o contemporáneos) a ese acontecimiento-, si esos indicadores hallados pueden adjudicarse a una experiencia de agresión sexual.

En todos los casos un perito psicólogo debe expedirse sólo sobre lo que ha podido evaluar clínicamente y en ningún caso podrá dar fe de los hechos denunciados; en virtud de esta circunstancia es que se ha expresado que un dictamen es una declaración de ciencia y no una declaración testimonial. Confundir su intervención con una declaración testimonial viciará el dictamen, circunstancia que resultará entorpecedora del resguardo de la subjetividad que se procura establecer sobre la víctima, llegando a abrir el camino a nuevas revictimizaciones.

Con frecuencia los peritos psicólogos en el fuero civil deben responder acerca del daño psíquico en términos cuali-cuantitativos. Esta circunstancia implica emitir un diagnóstico clínico que, aunque podría quedar próximo a la emisión de un psicodiagnóstico, difiere de éste. Es decir, atendiendo a que un psicodiagnóstico puede ser presentado para la toma de decisiones por fuera de la clínica y dirigido a otros ámbitos (educacional, laboral, forense, etc.), éste habrá de resolverse atendiendo la circunstancia particular de quién lo solicite y la función que deba cumplir. Cada  uno de esos ámbitos de la praxis profesional disponen de una impronta que requiere, en cada caso, acotaciones necesarias. En el último de los ámbitos referidos, en los puntos de pericia no sólo se suele solicitar la emisión de diagnóstico sino que con frecuencia pueden requerirse pronósticos y prescripciones; resulta oportuno señalar que no es legítimo confundir pronóstico con futurología; es posible establecer lo que se denomina daño futuro cierto, en el marco de una formulación cuidadosa de esas conclusiones.

Por otra parte, los puntos de pericia no pueden ser respondidos por si o por no, sino que deben contener de manera fundada la opinión del profesional. Al tratarse de una declaración de ciencia solicitada a los fines de tomar decisiones, resulta por completo inapropiado que el perito plantee que se trata de una conclusión presuntiva.

Siendo que las partes -actora y demandada- pueden asistir por sí o por delegado técnico a la realización de la pericia  para hacer las observaciones que consideren necesarias, es preciso aclarar que en modo alguno los peritos psicólogos pueden plantear que la presencia de los delegados técnicos impiden el establecimiento de la transferencia en la labor pericial y esto por las siguientes razones:

  1. Una pericia no es un tratamiento clínico, por tal motivo no requiere de la instalación de la transferencia. Sí debe establecerse la empatía requerida para que los implicados participen y colaboren en la tarea.
  2. El peritado no es un paciente. Las entrevistas no son sesiones.
  3. No existe demanda[11] de pericia. La tarea se desenvuelve a través de una designación, en la medida que el profesional se ha inscrito en la lista de peritos de oficio.
  4. Los honorarios que cobra el profesional que actúa como perito de oficio no son percibidos al finalizar las entrevistas sino que los regula el juez una vez que ha concluido el litigio y se perciben una vez que hay sentencia firme.
  5. El perito no interpreta al peritado. Tampoco informa sus conclusiones al actor o imputado, sino al juez y a las partes.
  6. Lo que un psicólogo llega a saber por la intervención pericial no dispone del mismo nivel de secreto profesional que lo que le es dado a conocer en la clínica. El psicólogo en función clínica debe guardar el más riguroso secreto profesional. En la labor pericial debe dar a conocer exclusivamente lo que le es solicitado en los puntos de pericia, ateniéndose con rigor a lo que éstos preguntan.
  7. El perito debe hacer saber al peritado en qué consiste la tarea y que las conclusiones serán puestas en conocimiento del juez y las partes a los efectos de producir la resolución del litigio (consentimiento informado).

En el transcurso de la producción del medio de prueba el perito debe llevar adelante tres etapas[12] fundamentales:

  1. Etapa previa o preparatoria: trata de las tareas que abarcan la inscripción en la lista de peritos de oficio, cumplir con los requisitos legales prescritos, la designación -previa notificación judicial-, la aceptación del cargo y toma de posesión del mismo, la fijación de las fechas, hora y lugar de realización de la pericia, el análisis de los puntos periciales, la lectura del expediente.
  2. Etapa de ejecución del peritaje o de comprobación de los hechos: incluye la deliberación personal o en conjunto (si se trata de junta de peritos). Aclaramos que el perito de oficio no delibera con los delegados técnicos. Esta etapa es fundamental en la medida que la compulsa se realiza sobre las cosas o personas para arribar a las conclusiones. F. Zarco Pérez refiere a ella de la siguiente forma:

... es la columna vertebral del dictamen pericial, sin la cual el  peritaje no existe. Si el perito no cumple acabadamente  con este presupuesto básico y sustancial, su informe será impugnado, por parte de los litigantes, pudiendo llegar -en el otro extremo del continuo- al pedido de nulidad del peritaje, con las consecuencias patrimoniales, procesales, penales y profesionales, que le devienen acorde con la gravedad del caso.[13]

  1. Etapa final: consiste en la emisión del dictamen pericial en el que se arriba a las conclusiones. El dictamen de oficio se presenta por escrito, con copias para las partes en litigio. Corresponde que el perito detalle las operaciones técnicas realizadas y los principios científicos en que se funda para llegar a las conclusiones.

La labor pericial, una vez aceptado el cargo, es indelegable. El perito debe realizar él mismo todos los procedimientos en las distintas etapas, aunque puede contar con colaboradores. Respecto de las llamadas operaciones técnicas y principios científicos se debe tener presente que pertenecen a un ámbito del saber académico que es el cúmulo de conocimientos que el profesional psicólogo ha adquirido en el cursado de las asignaturas de grado y postgrado. En virtud de esta circunstancia es posible preguntarse si acaso los dictámenes psicológicos plagados de contenidos propios de la medicina legal desmienten la formación académica propia de la disciplina psicológica. Incluso, cabe preguntar cuáles han sido las vicisitudes académicas y políticas que han posibilitado una praxis pericial psicológica en la que los dictámenes  adquieren un perfil psicológico-legal, sin atender las tensiones conceptuales que se integran en el entrecruzamiento discursivo (interdisciplina) y que son propias de la diversidad presente en los campos y los temas que se abordan.

Por lo general la pericia se realiza mediante entrevistas[14] diagnósticas, de allí que la labor requiere conocimientos pertenecientes al ámbito de la clínica. En ellas cada profesional, según el marco teórico que ha elegido para llevar adelante la prosecución de sus abordajes profesionales, pone en juego el saber teórico y práctico. Por lo tanto, el perito procede en la labor pericial desde la escuela psicológica que ha elegido como marco de referencia, a su cuenta y riesgo; esta última aclaración implica que en el trámite de inscripción en la Corte Suprema de Justicia no se le pide que explicite la orientación en la que establecerá el orden de razones de sus conclusiones. El perito establece las conclusiones en nombre propio, exponiendo su matrícula; o sea, tanto la exhibe como la pone en riesgo  -como cualquier profesional y como en cualquier praxis en la que interviene-. El perito puede llegar a ser interpelado, y de continuo lo es, por las partes en conflicto a fin de que de cuenta de los fundamentos científicos en los que se soportan sus conclusiones.

Aunque gran parte de la labor pericial se explicita de manera simplificada en los manuales, no es exactamente una praxis exclusivamente técnica; si así fuese sería posible encomendarla a una máquina. En lo que respecta al contenido o fondo de la cuestión, éste requiere tomar decisiones que hacen a la puesta en función de una lectura del caso, atenta a los entrecruzamientos de los datos e indicios  obtenidos del expediente, en el transcurso de las  entrevistas y otras fuentes que se establecen según cada caso. Es decir: la realización de una pericia implica el diseño de la intervención atendiendo la singularidad, de la que dependerá, por ejemplo, la cantidad de entrevistas requeridas para producir el dictamen. Las entrevistas deben establecerse en función del problema a resolver/responder y según el requerimiento de resguardo tanto de las personas intervinientes como de las funciones que se ejercen en el trámite. Se deben tener en cuenta los parámetros científicos para abordar el caso y los valores deontológicos circunscritos en el Código de Etica que rige el desempeño de la profesión. Por lo tanto: imprudencia, negligencia e impericia representan acciones iatrogénicas contra el destinatario, actor o imputado.

El dictamen pericial no es vinculante, es decir, el juez habrá de tomar las conclusiones emitidas por los peritos intervinientes si éstas han logrado crear convicción en él. En  este sentido, dos son los destinos del dictamen; si el juez no se atiene a sus conclusiones debe expresar el motivo por el que se aparta de ellas. La otra posibilidad es que funde su sentencia atendiendo los dichos periciales, a los que citará en mayor o menor medida, según considere oportuno.

Entonces, una pericia implica abordar el expediente en términos de caso. Un perito psicólogo no puede responder aplicando consignas congeladas; no debe servirse de parámetros clínicos que no sean los de su disciplina; no puede desconocer los aspectos jurídico- legales de la tarea; no puede pasar alto los aspectos deontológicos estipulados en el ámbito de su colegiación.

Perito

Uno de los requisitos para actuar como perito es disponer de la idoneidad otorgada por el título habilitante en la ciencia a la que pertenecen las cuestiones acerca de las cuales debe expedirse. La norma y la jurisprudencia valoran la labor pericial en los siguientes términos:

“El perito es un auxiliar de la justicia y contribuye a esclarecer aquellos puntos que requieren conocimientos especiales, sirviendo su dictamen como asesoramiento cuyo valor será apreciado según la profesionalidad y aptitudes de la persona a quien se encomendó la tarea”: (CN Seg. Soc., Sala 2, 31/12/98; González, Herminia c. ANSeS”).”[15]

El perito, en sus distintas figuras procesales, cumple funciones que resultan comunes a todas las disciplinas que intervienen a fin de establecer conclusiones requeridas por los operadores judiciales. Es decir: las definiciones que se establecen a continuación valen tanto para un profesional psicólogo como para un médico o un ingeniero ya que la condición de perito no dispone de especificidad disciplinaria desde el punto de vista de la definición presente en los códigos. Esta circunstancia implica que en la práctica cada profesional deberá atender a su particular formación para dar contenido científico a los dictámenes e informes que realice. Esta aclaración pone en juego, precisamente, que la letra del código es general y abstracta también en lo que respecta a definir la función que nos ocupa.

Anotemos las siguientes cuestiones generales[16]:

  1. Un perito es un experto en alguna ciencia, arte u oficio. El problema se establece al pasar por alto la condición de experto que remite tanto a las cuestiones de forma como de fondo; es decir, cómo, cuándo y qué hacer. La condición de experto implica que un perito debe conocer con solvencia el tema sobre el cual emite su opinión y debe conocer los modos en que se lleva adelante la procuración de la tarea pericial.
  2. En virtud de que un dictamen implica una declaración de ciencia (no es una declaración testimonial, ni una declaración de verdad, etc.) el perito deberá proveer al juez y a las partes una opinión fundada académicamente. Es decir, no puede trasladar el saber de los manuales a los informes y dictámenes; por el contrario, se trata de llevar adelante el análisis que cada caso requiere y éste debe ser especificado en su singularidad.
  3. En el dictamen deben expresarse los procedimientos llevados a cabo para su consumación, así como la aclaración del marco conceptual desde el cual son emitidas las conclusiones; las conclusiones son enunciadas en nombre propio.
  4. Cuando se pone énfasis en la circunstancia de que no se trata sólo de informar sino que es requisito crear convicción en el juez, ello implica que el magistrado debe disponer de argumentos que le permitan tomar decisiones a la hora de dictar sentencia. Es decir, el juez tomará en cuenta la pericia en la medida que le haya podido aclarar el asunto que se discute. Atendiendo el principio de seguridad jurídica, que implica que el juez no puede no dictar sentencia, el perito no puede no responder.
  5. La pericia versa sobre determinadas circunstancias del litigio y el profesional es llamado en calidad de auxiliar -esta caracterización suele ser resistida; hay quienes proponen el concepto de asesor-.
  6. Los operadores judiciales no pueden emitir sentencia sin apelar a conocimientos extrajudiciales. El saber de la ciencia del derecho no alcanza a cubrir los distintos ámbitos del conocimiento sobre los cuales la sentencia debe expedirse.
  7. Lo que se puede denominar hiancias del discurso del derecho, pone en juego la interdisciplina; el intercambio de conocimiento entre profesionales que abordan un objeto de estudio desde disciplinas disímiles, heterogéneas, no implica que el resultado del intercambio implique la complementariedad.
  8. La decisión final corre por cuenta del juez de primera instancia, la que a su vez puede ser revisada en la alzada. La sentencia implica una interpretación de la ley, que se hace en nombre propio, es decir, por cuenta y riesgo.

Lo que acabamos de plantear permite avanzar sobre la cuestión del riesgo profesional. Dicho de manera breve, un profesional, cuando emite un informe, un dictamen, una sentencia, etc., puede ser interpelado desde los distintos lugares habilitados para tal fin.

En el ámbito del expediente judicial, la intervención puede no agotarse en el escrito que se presenta. El dictamen puede ser declarado nulo, impugnado o requerir aclaraciones, ampliaciones, etc. El perito también puede ser convocado para expresar y/o aclarar sus conclusiones en la audiencia de vista de causa o en el juicio oral.

Los peritos gozan de la libertad de establecer la metodología de investigación según su propio criterio e idoneidad.

Los peritos deben proceder de acuerdo con el estado actual del arte de la disciplina a partir de la cual emiten sus dictámenes e informes (principio deontológico).

 Perito de Oficio

Un profesional puede ser convocado por la Justicia como perito de oficio. Este nombramiento  está reglamentado en los códigos de procedimiento, leyes especiales y acordadas de las distintas jurisdicciones judiciales que especifican la idoneidad profesional que se acredita mediante el título habilitante.

La Ley 10.160 -Ley Orgánica del Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe-, en su Capítulo II: "De la Competencia de la Corte Suprema de Justicia", art. 19, inc. 6° dispone “Confeccionar antes del 31 de diciembre de cada año, las nóminas necesarias para que los magistrados y los jueces comunales puedan efectuar las correspondientes designaciones durante el año siguiente”.

La Corte Suprema de Justicia dispuso, a los efectos del cumplimiento de la norma, que durante el mes de octubre[17] de cada año se recepcionen las solicitudes de los profesionales; los formularios se encuentran a disposición de los interesados en los tribunales correspondientes o pueden bajarse desde la página web habilitada a esos efectos.

Además de la solicitud, cuya firma deberá ser certificada judicialmente, los profesionales que se inscriben para actuar como peritos de oficio deben presentar:

  1. Fotocopia certificada del título habilitante expedido por establecimientos oficiales.
  2. Constancia de matrícula profesional.
  3. Certificado de buena conducta (carencia de antecedentes penales, inexistencia de inhabilidad especial para ejercer la profesión).

También deben pagarse unos sellos cuyo monto varía según se trate de los Tribunales Provinciales o Federales. En el  trámite debe establecerse fehacientemente domicilio legal; esto implica que el perito será notificado de las designaciones en ese domicilio y cualquier cambio deberá ser puesto en conocimiento de la autoridad jurisdiccional; anotemos que la no presentación a  aceptar/rechazar cargo implicará la posibilidad de ser dado de baja de la lista de peritos y multado.

El atributo de perito de oficio nace cada vez que un profesional se inscribe en las listas de oficio que cada año confecciona la Corte Suprema de Justicia, adquiriendo su condición procesal a raíz del nombramiento judicial en la causa particular y de la subsiguiente aceptación del cargo. La naturaleza jurídica que reviste esta figura es la de auxiliar de la justicia.

Los objetivos fundamentales del perito de oficio son:

1- Generar un dictamen pericial basado en conocimientos científicos, técnicos o artísticos y habiendo actuado objetivamente, conforme a derecho y en forma equidistante respecto de las partes.

2- Establecer un dictamen con la información suficiente para esclarecer al Juez en áreas ajenas al derecho, posibilitando con este medio de prueba pericial -y otras arrimadas al juicio-, que el juzgador pueda sustentar su sentencia.

Para desempeñarse legalmente, el perito debe aceptar formalmente el cargo en sede judicial, previa recepción de la notificación judicial en el domicilio que constituyó al efecto cuando se inscribió para actuar como tal. Lo hará ante el oficial primero del tribunal, mediante acta formal y prestará juramento de desempeñarlo fielmente[18].

Existe una circunstancia que afecta especialmente al perito de oficio. Esta es referida en los textos que se ocupan de la temática pericial; Zarco Pérez la aborda de la siguiente  manera:

  1. Devis Echandía[19] en Compendio de la Prueba Pericial, Ed. Rubinzal-Culzoni, 1984, p. 154, refiere: “Conviene consagrar el deber de colaboración de las partes con los peritos, y contemplar dos hipótesis: 1º) la falta de colaboración que no impide practicar el dictamen; 2º) la obstaculización que hizo imposible practicarlo. De acuerdo con la doctrina esa conducta se traduce en una de dos consecuencias: confesión ficta o indicio. En Colombia se adoptó el segundo camino, de considerar ambas conductas como indicios graves en contra de la parte que niega la colaboración o que impida la práctica del dictamen, sometiéndolas además, en el primer caso, a multas y a pagar los honorarios del perito, y en el segundo a una multa de quinientos a mil pesos. Los peritos deben hacer constar en su dictamen aquellas circunstancias.
  2. Habrá de notarse que en el ámbito de la clínica la expresión falta de colaboración no existe como tal; podría, en todo caso, aparecer como falta de implicación o como resistencia al tratamiento, etc. Atendiendo a esta referencia del texto es oportuno hacer algunas consideraciones:
  3. La labor pericial implica el abordaje del caso en su singularidad.
  4. El peritado debe dar consentimiento informado respecto de qué trata la tarea y sus consecuencias judiciales.
  5. En todos los casos, la falta de colaboración debe ser interpretada contextualmente.
  6. El perito psicólogo pondrá en conocimiento del juez la circunstancia de la falta de colaboración en el marco de otras consideraciones sobre el caso.

En relación al pedido de prórroga para rendir el dictamen, el perito de oficio puede pedirla sólo una vez. Aunque la tarea es indelegable, sin embargo puede tener asesores y colaboradores; esta circunstancia es importante porque permite articular la función de la supervisión de la tarea pericial sin hacer caer la calidad de experto requerida -el supervisor debe guardar secreto profesional-.

La presentación del dictamen al juez y su correspondiente traslado a las partes resulta a los efectos de que quede controvertido; es decir, las partes involucradas en la litis podrán solicitar las ampliaciones o aclaraciones y proponer objeciones. Si  el perito no plantea el traslado, el dictamen carece de mérito probatorio; asimismo, el perito debe contestar en tiempo y forma todos los traslados que le realicen las partes.

El dictamen no puede basarse en apreciaciones generales; los puntos de pericia no pueden responderse por si o por no, requieren respuestas fundadas. Por tal motivo se dice que las conclusiones deben ser claras, exactas y sin vacilaciones, convincentes; deben ser la consecuencia lógica de los fundamentos a los fines de que disponga de eficacia probatoria. El perito sólo dará a conocer exclusivamente aquello que le es preguntado; esta circunstancia implica que es la parte la que decide qué desea saber, qué tener en cuenta y qué no. Cuando alguna de las partes aclara que el perito puede comunicar todo aquello que haya podido aprehender del caso en el transcurso de la labor y lo considere oportuno a los fines de informar al juez y a las partes, sólo en ese caso el profesional podrá agregar contenidos que no se encuentren expresamente referenciados en los puntos de pericia.

Castex, respecto de la valoración del daño psíquico, advierte que:

... es de interés tener en cuenta, en este punto, los derechos del examinado, en cuanto a que el estudio de peritación puede, debido al arte propio de la especialidad, poner en descubierto facetas íntimas de aquél, que nada tienen que ver con el objeto de la peritación.

Los peritados no siempre tienen tal consecuencia presente al presentarse al estudio referido, y confunden, además, con frecuencia, el acto médico con el acto de peritación. Ambas cosas obligan al perito a clarificar tal posibilidad antes de iniciar el examen, en la forma más clara, concisa y comprensible para aquéllos.[21]

La circunstancia acerca de qué informar trae aparejadas algunas cuestiones que deben ser resueltas desde la perspectiva de los principios jurídicos, de las disposiciones deontológicas y las teorías que fundamentan las conclusiones.

Otra circunstancia a tener en cuenta son los tiempos procesales; así, por ejemplo, la aceptación del cargo (ante el secretario del juzgado correspondiente) debe realizarse perentoriamente tras recibida la designación -dentro de las 72 horas en el fuero civil y 48 horas en el fuero laboral-. Las fechas de peritación se fijan en función de plazos que se pueden consultar en la Mesa de Entrada del juzgado en el que se lleva adelante la litis. La emisión del dictamen dispone de un plazo que suele pautarse en treinta días -luego de finalizado el período de las entrevistas-, aunque es prudente no pasar por alto que esto ha sido instaurado por costumbre; el código procesal civil de nuestra provincia no dice nada al respecto. El código procesal laboral de la provincia de Santa Fe plantea 10 días para la presentación del dictamen, a partir de la aceptación del cargo, circunstancia que en realidad nunca se puede cumplir en la práctica. Los honorarios se cobran cuando la sentencia queda firme[22].

Esta categoría de perito dispone de las mismas causales de excusación o recusación que los jueces, en la medida que es de rigor respetar el principio de imparcialidad al realizar la tarea.

El dictamen debe reunir los requerimientos formales exigidos para todos los escritos judiciales (hoja tamaño oficio, doble faz, márgenes predeterminados, tinta negra, sin claros); debe manifestar de forma detallada las metodologías de trabajo y los principios que fundan las conclusiones; deben presentarse tantas copias como partes interesadas haya en el juicio; el original se agregará al expediente y el perito requerirá en mesa de entrada copia sellada como acuse de recibo.

Perito Oficial

Al igual que el perito de oficio, el perito oficial es un experto, auxiliar de la justicia, que colabora con el juez en aspectos científicos, técnicos o artísticos requeridos para dilucidar cuestiones litigiosas que no pertenecen a la competencia académica de un abogado pero que son requeridas en el quehacer del juzgador.

La diferencia, con respecto al perito de oficio,  resulta del hecho de que éste es un profesional independiente, inscrito anualmente en las listas de oficio de la Corte Suprema de Justicia, que percibe honorarios regulados judicialmente. En cambio, el perito oficial está en una relación de dependencia con el Poder Judicial, es un asalariado que procede a requerimiento de los jueces. En tanto funcionario del poder judicial tiene restricciones que a los peritos de oficio no los alcanzan, según  lo que expresa el art. 168 de la Ley Orgánica  Nº 10.160:

  1. No puede ejercer la profesión de manera privada, excepción hecha de la actividad académica.
  2. No puede percibir honorarios.
  3. No puede intervenir como perito a propuesta de parte.
  4. No puede integrar los directorios de los respectivos colegios profesionales.
  5. No puede integrar sociedades de personas o por acciones que tengan por objeto la prestación de servicios.
  6. No puede integrar las listas de oficio en las causas que se sustancien en el territorio de la provincia, salvo casos de juicios en los cuales la parte actúa con beneficio de litigar sin gastos.

El perito oficial no debe aceptar cargo ante el actuario para intervenir en las causas que se sustancian ya que ha prestado juramento al asumir su función.

Esta categoría de perito dispone de las mismas causales de excusación o recusación que los jueces y debe respetar el principio de imparcialidad al realizar la tarea.

Causales de recusación y excusación de los peritos de oficio y oficiales

 Para el tema de la excusación y recusación de los peritos debe tenerse en cuenta lo que establece el artículo 189 y 190 y otros que derivan de lo que prescriben éstos en el Código Procesal  Civil y Comercial de la Provincia de Santa Fe (ver Anexo).

El art. 189 remite al artículo 218 del mismo código: “El testigo puede rehusarse a contestar las preguntas que se le hicieren: 1ro. Si la respuesta debiera comprometer su honor o exponerlo a enjuiciamiento criminal. 2do. Si no pudiera responder sin revelar un secreto científico, artístico o industrial; dejando a salvo lo establecido en el artículo 216”.

El art. 216: “Los abogados, procuradores, médicos, sacerdotes, farmacéuticos y parteras podrán rehusarse a prestar declaración sobre hechos que se les hubiere comunicado confidencialmente en el ejercicio de su profesión o ministerio”.

El art. 190 prescribe: “Los peritos nombrados de común acuerdo pueden ser recusados por causas posteriores a su nombramiento y los que hubieren sido nombrados de oficio, también por causa anterior, todo de acuerdo con lo establecido para las recusaciones”

Esta última referencia del artículo remite a las causales de recusación que el artículo 10  del mismo código establece para los jueces:

Art. 10: “Todos los jueces superiores o inferiores pueden ser recusados con causa por encontrarse con el litigante, su abogado o su procurador en alguna de las situaciones siguientes:

  • Parentesco reconocido en cualquier grado de la línea recta y hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad en la colateral;
  • Tener el juez o sus parientes, dentro de los grados expresados, interés en el pleito o en otro semejante, sociedad o comunidad, salvo que se trate de sociedad anónima o de pleito pendiente iniciado con anterioridad;
  • Ser el juez o su cónyuge acreedor, deudor o fiador, salvo que se tratare de bancos oficiales;
  • Ser o haber sido el juez, denunciante o acusador fuera del juicio o antes de comenzado el mismo denunciado o acusado;
  • Haber intervenido como letrado, apoderado, fiscal o defensor; haber emitido opinión como juez o haber dado recomendaciones acerca del pleito u opinión extrajudicial sobre el mismo con conocimiento de los autos;
  • Haber dictado sentencia o sido recusado como juez inferior;
  • Haber recibido el juez o sus parientes en los grados expresados, beneficio de importancia;
  • Tener amistad que se manifieste por gran familiaridad o frecuencia de trato;
  • Mediar enemistad, odio o resentimiento grave, a menos que provenga de ataques u ofensas inferidas contra el juez después de comenzada su intervención;
  • Ser o haber sido el juez, tutor o curador o haber estado bajo tutela o curatela; salvo que hayan transcurrido más de dos años y estén aprobadas las cuentas respectivas;
  • Tener el juez de segunda instancia parentesco, dentro de los grados expresados anteriormente, con el que dictó la sentencia de primera instancia. Podrán recusarse con causa hasta el llamamiento de autos y aun después si la recusación se fundare en causa nacida con posterioridad.

La recusación del perito debe ser formulada dentro de los tres días, más uno de gracia, de  notificado el decreto de designación e imprimírsele trámite incidental. Planteada ante el juez, debe darse traslado al perito que podrá aceptarla o rechazarla, debiendo en su caso el Tribunal ordenar la producción de la correspondiente prueba y resolver previa vista de causa. La resolución que se dicte es inapelable.

La excusación del perito corresponde cuando éste tiene conocimiento de la causal que le impide desempeñarse como tal. Deberá presentar en sede judicial el escrito correspondiente y, por ende, no podrá aceptar el cargo ni tomar posesión del mismo.

Consultor técnico (perito de parte)

La función del delegado o consultor técnico tiene por objetivo la mejor preservación de los intereses de la parte litigante que lo contrata, asesorando a la parte y controlando las diligencias periciales llevadas a cabo por el perito de oficio y/o perito oficial, según el caso. Se trata de un profesional independiente que es auxiliar de la parte que lo contrata (actora o demandada). La parte no está obligada a exponer las conclusiones que el perito le informa cuando le son desfavorables. Se caracteriza por:

  1. No tiene que aceptar el cargo como el perito de oficio, por no ser auxiliar del órgano judicial, excepto en los procesos penales. Empero, sí debe constar en el expediente sus datos cuando tiene por función controlar el desempeño del perito de oficio u oficial en el transcurso de las entrevistas periciales u otras actividades procesales.
  2. Es una figura extra-procesal, por lo cual no puede ser recusado; sí puede ser reemplazado si la parte que lo contrató así lo decide.
  3. Su naturaleza jurídica es análoga a la del abogado que defiende los intereses de la parte que lo contrató -la mayor parte de la jurisprudencia acepta esta analogía-, sin embargo, atendiendo a que un perito psicólogo no puede llevar adelante intervenciones que puedan resultar iatrogénicas, atender los intereses de la parte no implica producir afirmaciones que impliquen, por ejemplo, enunciar diagnósticos falsos o establecer diagnósticos cuali-cuantitativos que vulneren la subjetividad del actor o imputado, etc.
  4. Sus honorarios no están previstos expresamente en nuestro código para que integre la condena en costas; el profesional debe fijarlos libremente en el momento de la locación de servicios.
  5. Al no ser auxiliar del órgano judicial, no está legitimado para presentar dictamen alguno. Solamente establece informes para quien lo contrató.
  6. Su actuación es limitada. No puede adoptar actitudes que entorpezcan la labor del perito de oficio o del perito oficial. No puede participar en la emisión del dictamen pericial, porque es una función que le compete solamente al perito de oficio u oficial.

Es decir,  el informe técnico confeccionado por un consultor no es una pericia ya que éste no presta juramento; las partes no tienen la posibilidad de recusarlo.

CUADRO COMPARATIVO DE LAS TRES FIGURAS DE PERITOS:

PERITO DE OFICIO, PERITO OFICIAL Y DELEGADO O CONSULTOR TÉCNICO

CONCEPTO

 

PERITO DE

 OFICIO

 

PERITO

OFICIAL

 

CONSULTOR

TÉCNICO

 

1.      Designación

 

- De oficio por el Juez (listas).

- Por acuerdo de partes (Art. 186 C.P.C. C Sta. Fe).

 

Funcionario del Poder Judicial. Por las partes en juicio -actor o demandado-.

 

2.      Naturaleza

      Jurídica

 

Auxiliar de la Justicia.           

 

Auxiliar de la Justicia.

 

Auxiliar de quien

 lo contrató.

3.      Aceptación

      del Cargo

 

Acta ante actuario que contiene aceptación de cargo y fija domicilio.

 

No acepta el cargo; prestó juramento al asumir la función.

 

No acepta cargo.

Sí debe constar en el expediente su nombre, título y domicilio.

4.      Actuación en

      la labor             pericial

 

Realización de la pericia al efecto de la    comprobación de los hechos. Realización de la pericia al efecto de la comprobación de los hechos.  

 

Control de las

actuaciones del perito oficial o del perito de oficio.

 

5.      Excusación

 

Con causa legal que lo justifique.

 

Con causa legal que lo justifique.

 

No.

Figura extraprocesal.

Contrato privado.

6.      Recusación

 

Puede ser recusado por las mismas causas que los jueces.

 

Puede ser recusado por las mismas causas que los jueces.

 

No.

Figura extraprocesal

Contrato privado.

7.      Emisión del

dictamen pericial

 

Emite dictamen pericial que será agregado al expediente.

 

Emite dictamen pericial que será agregado al expediente.

 

El informe, escrito u oral, se dirige a la parte que   lo contrata.

 

8.      Forma de actuación

 

Objetiva y equidistante de las partes._____

Profesional independiente

Objetiva y equidistante de las partes.___________

Profesional dependiente del Poder Judicial.

Defiende intereses

de la parte que lo contrata.________

Profesional

Independiente.

9.      Honorarios

 

Regulados por el Juez. Recibe salario. Por acuerdo con la parte.
10.  Fuero Todos los dispuestos por el tribunal. Fuero penal y de menores. Cualquier fuero.

Breve reseña histórica sobre la labor pericial en nuestro medio

La actividad pericial es una práctica profesional cuyo quehacer permaneció prácticamente elidido de la formación de grado en el ámbito de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario hasta el año 2015 en que se consolidó como asignatura. Hasta ese momento la transmisión académica se limitaba a la existencia de Seminarios Optativos de Pregrado con modalidad cuatrimestral. Apenas refrendada académicamente, aunque sí reconocida en la Ley de Ejercicio profesional 9.538 (1985), la inserción del psicólogo en este área estuvo hasta hace algunas décadas ubicada en los márgenes tanto del discurso del derecho como de la psicología. En la actualidad, la designación de oficio de peritos psicólogos y la convocatoria a delegados técnicos ha revertido esa situación dando lugar al reconocimiento de un espacio teórico-práctico muy complejo en el que ambas disciplinas  abordan problemáticas que requieren de la interrogación y la tarea conjunta. La función del psicólogo en este ámbito conlleva atender, y por lo tanto resguardar, la subjetividad de aquellos que se encuentran implicados en específicas causas judiciales, entendiendo por resguardo que las conclusiones periciales no deben producir consecuencias iatrogénicas. Dicho de otra manera: la intervención pericial para no ser iatrogénica deberá no deshumanizar ni desubjetivizar al actor/imputado.

Según nuestro criterio, fueron los textos e intervenciones de Pierre Legendre los que a partir de la década del 70 en Francia y en la del 80, tras el regreso de la democracia a nuestro país, compusieron el llamado diálogo entre el derecho y el psicoanálisis. En esos años sus textos recibieron una fuerte acogida por parte de E. Mari, E. Kozicki, y otros intelectuales y psicoanalistas –N. Braunstein, David Krezses, Marta Gerez Ambertin, entre ellos-, de tal manera que se fue constituyendo un discurso en torno al entrecruzamiento de estos dos campos. Esta circunstancia instaló cierta “novela” –preferimos nombrarla de esta manera- acerca del alcance de la función clínica del derecho, no sin mediación del experto y del juez, la que ha sido fuertemente cuestionada. Sin embargo, es preciso tener presente que P. Legendre impulsó y ayudó a diseñar numerosas intervenciones en el campo “psi”-jurídico. También desde nuestro punto de vista, Franck Chaumon[23] fue quien cuestionó el punto de vista legendreano; sin embargo, el ámbito quedó abierto para las prácticas y las disputas. Hay que decir, asimismo, que el devenir político de las instituciones académicas y las modas que están presentes también en este ámbito, desalojaron autores de la talla de D. Winnicott -por ejemplo- y otorgaron exclusividad a otros.

En segundo término consideramos que el campo de las pericias psi en nuestro país ha contado -en el quehacer profesional y la escritura de numerosos textos- con la participación crítica del Dr. Mariano N. Castex. Más recientemente es posible acceder a una abundante bibliografía; se trata de textos que dan cuanta –no siempre de manera crítica- de las problemáticas concernidas en este ámbito y disponen, mayoritariamente, de la estructura  propia de los manuales.

ANEXO

Código procesal y civil comercial. LEY 5.531

Libro segundo del proceso General

SECCION VII
Dictamen pericial

ARTICULO 186. El dictamen pericial será decretado cuando cualquiera de las partes lo solicitare o el juez lo creyere necesario. La diligencia pericial será practicada por tres peritos si las partes no convinieren que sea uno solo o el juez lo dispusiere así por tratarse de un asunto de poco valor. Los peritos serán nombrados por los litigantes, de común acuerdo, o por el juez en su defecto.

ARTICULO 187. El juez, al decretar el examen pericial, determinará con precisión los puntos a que debe contraerse y convocará a las partes a una audiencia para el nombramiento de peritos. En el mismo auto, el juez fijará el plazo dentro del cual deberá presentarse el dictamen. Dicho plazo se contará desde la última aceptación del cargo, en su caso. Además, las partes pueden pedir en la misma audiencia que el juez amplíe sus preguntas, indicando puntos concretos para que éste las redacte teniendo en cuenta en lo pertinente lo que dispone el artículo 204.

ARTICULO 188. Si los litigantes no comparecieren a la audiencia, lo hiciere uno solo o no se pusieran de acuerdo, se hará el nombramiento de oficio. En tal caso, si existiera lista de los peritos que haya de nombrarse, la designación recaerá en el que corresponda, según el orden de colocación en la nómina; de no haberla, el juez hará una de tres por cada uno de los que deban dictaminar, y nombrará a los que designe la suerte. La lista se formará de personas que tengan título en la ciencia, arte u oficio de que se trate, emanado de instituciones argentinas si la profesión u oficio estuviere reglamentada. Si no lo estuviere o, si está dolo, no hubiere perito en el lugar del juicio, podrá formarse con personas entendidas o prácticas. En este caso, antes de verificarse el sorteo, cada uno de los interesados tendrá derecho a eliminar un perito de la lista por cada tres.

ARTICULO 189. Los peritos están obligados a aceptar el nombramiento si tienen título en la ciencia, arte o industria de que se trate o la ejercen profesionalmente. Podrán rehusar su aceptación por las mismas razones que los testigos pueden rehusar su declaración. Si dentro de los tres días de ser notificados, no aceptaren el cargo o lo rehusaren sin causa debidamente fundada, serán, de oficio, eliminados de la lista de nombramientos respectiva, no incluidos en la correspondiente al año siguiente y pasibles de multa de hasta veinte días multa. El auto que así lo disponga, será apelable en relación. La notificación del nombramiento se realizará por cédula en cuyo pie vayan transcriptos este artículo y el 194.

ARTICULO 190. Los peritos nombrados de común acuerdo pueden ser recusados por causas posteriores a su nombramiento y los que hubieren sido nombrados de oficio, también por causa anterior, todo de acuerdo con lo establecido para las recusaciones.

ARTICULO 191. Los peritos aceptarán el cargo ante el actuario, bajo juramento o afirmación de desempeñarlo legalmente. Si algún perito no compareciere o no aceptare el cargo, se procederá a nuevo nombramiento, sin perjuicio de las demás medidas previstas por el artículo 189.

ARTICULO 192. Si el objeto del reconocimiento pericial fuere de tal naturaleza que los peritos puedan dar su dictamen inmediatamente, serán examinados acto continuo, en audiencia pública y en la forma prevenida para los testigos. Si el reconocimiento pericial exigiere estudio o examen previo, el juez señalará el término que considere suficiente para que se expidan.

ARTICULO 193. Los peritos practicarán unidos la diligencia si no hubiere razón especial para lo contrario. Los litigantes podrán asistir a ella por sí o por delegados técnicos, y hacerles las observaciones que creyeren necesarias, pero deberán retirarse cuando aquéllos pasen a discutir o a deliberar. El dictamen será dado por escrito, con copia para las partes, dentro del término fijado y se presentarán tantos cuantas sean las opiniones diversas. El juez podrá disponer de oficio o a solicitud de parte, que se amplíe el dictamen, observando las reglas prescriptas en el artículo 187.

ARTICULO 194. Vencido el término sin que el o los peritos presenten su dictamen o ampliación, serán reemplazados. Además, excluidos de oficio, de la lista respectiva por el año en curso y el siguiente y pasibles de multa de hasta veinte días multa. El auto que disponga la exclusión y la multa será apelable en relación.

ARTICULO 195. Si alguno de los peritos nombrados de común acuerdo no aceptara o cesara en el cargo, el nombramiento quedará sin efecto respecto de los otros. Si la designación se hubiere hecho de oficio, se procederá al reemplazo del cesante.

ARTICULO 196. Cuando el litigante niegue sin motivo justificado la cooperación ordenada por el juez para la realización de la prueba pericial, podrá estarse a las afirmaciones de la parte contraria sobre el punto en cuestión; salvo cuando se trate de asuntos que afecten el orden público, en cuyo caso podrá ordenarse compulsivamente la realización de la prueba. Esta última medida será recurrible.

ARTICULO 197. El juez podrá, de oficio o a solicitud de parte, pedir informes a las oficinas técnicas cuando lo crea necesario.

ARTICULO 198. Si alguna de las partes manifestara no tener interés en la peritación, ésta se hará a cargo de quien la hubiere solicitado excepto cuando la primera resultare condenada en las costas del juicio y la diligencia hubiere sido necesaria para la solución del pleito; circunstancia, esta última, que el juez consignará en la sentencia.

ARTICULO 199. El juez no estará obligado a seguir el dictamen pericial y deberá apreciar el mérito de la prueba según su criterio.

[1] La Ley 9.538 -del Ejercicio profesional de los psicólogos de la Provincia de Santa Fe (1.985)-, reconoce como incumbencia de los psicólogos la realización de dictámenes e informes periciales y denomina ámbito jurídico lo que en la actualidad hay consenso en llamar psicología en el ámbito (o campo) jurídico y forense.

[2] Los códigos que organizan los procedimientos nominan como “auxiliar de la justicia” a los peritos de las distintas disciplinas consultadas a los efectos de que las partes y los jueces tomen decisiones en el litigio; la cuestión de acordar o no con el concepto de auxiliar merece una discusión que se pospone para otro momento.

[3] Cap. II. De las especialidades y ámbitos de aplicación. Art. 3º: A) Psicología Clínica; Ps. Educacional; C) Ps. Social: a) en el ámbito laboral; b) en el ámbito jurídico; c) en el ámbito social.

[4] Esta definición, como casi todas las que se encuentran en la ficha pueden ser halladas en los manuales de psicología pertenecientes al ámbito o bien en los manuales de derecho penal; entre los textos no hay variaciones fundamentales.

[5]  El Dr. Benaventos se desempeña como profesor asociado a la cátedra de Derecho Procesal Civil de la Facultad de Derecho de la UNR, profesor de Teoría General del Proceso en la Facultad de Derecho de la Universidad de Belgrano, profesor honorario de facultades de Derecho de Colombia, Panamá y Perú, entre otros cargos.

[6]  Omar A.Benaventos, Teoría General del Proceso 1, Bs. As., Juris, 2002, pp. 92-95. Las cursivas pertenecen al original.

[7] Franklin Zarco Pérez,  Prueba Pericial. Criterios procesales. Jurisprudencia. Modelos. Buenos Aires, Editorial Juris, 2003, p. 5 Hemos elegido este  texto en virtud de que, tras haber realizado una minuciosa búsqueda y análisis de la bibliografía existente, consideramos que lleva adelante una atenta presentación de los aspectos procesales que no se encuentran presentes en otros manuales que abordan la problemática pericial. Conviene decir, también, que el texto forma parte de la bibliografía obligatoria que integra la Diplomatura en pericias judiciales que dicta el Departamento de Capacitación de la Suprema Corte de Justicia de la Prov. de Santa Fe.

[8] Cabe aclarar que el delegado técnico forma parte del dispositivo pericial porque la parte tiene derecho a controlar cómo llevan adelante el perito de oficio o el perito oficial el medio de prueba; el delegado técnico controla al perito y no al peritado. Por otra parte, los peritos de oficio y oficial están obligados a permitir el control de la prueba; el delegado técnico tiene que estar designado en el expediente a los efectos de poder ser integrado al trámite.

[9] Por otra parte H. Daray distingue el daño espiritual del daño moral. Planteada la referencia, cabe que la dislocación conceptual pueda ser un índice ideológico que se articularía con el hecho de que la C.N. (1994) expresa en la Primera parte, Cap. Primero, Art. 1º La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución. Art. 2º El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano.

[10] Suele hacerse la pregunta acerca de si existen indicadores psicopatológicos que sean específicos de padecimiento de agresión sexual.

[11] Desde nuestro punto de vista, no resulta legítimo denominar demanda a la circunstancia en la cual interviene un profesional psicólogo en el campo jurídico y forense. Cuando un psicólogo recibe una demanda en el ámbito jurídico debe recurrir a un abogado para ajustarse a derecho y no ser declarado en rebeldía. El concepto de demanda, tal como se denomina en psicoanálisis a la implicación del sujeto en el análisis, no es un término genuino en el área. En todo caso podrá hablarse de juego de la oferta y la demanda en el mercado laboral, y en este sentido es ampliamente reconocido que los peritos psicólogos encuentran abundante demanda laboral en el ámbito que nos ocupa. Cuando Castex emplea el término demanda lo refiere a la trilogía lacaniana “necesidad, demanda, deseo” en el contexto de su pregunta acerca de qué hace un profesional respondiendo al “todo legal”; empero, resulta una extrapolación disonante en el ámbito.

[12] Ibidem, pp. 37 y 38.

[13] Ibidem, p.38

[14] Las entrevistas son un medio de investigación clínica que permite llegar a conclusiones diagnósticas.

[15] Ibidem, p. 18

[16] Las características se encuentran recabadas de la bibliografía general. Los comentarios se establecen a título personal.

[17] El mes dispuesto para tales fines suele sufrir variaciones. A los efectos de la inscripción de peritos los Colegios profesionales pueden informar a sus colegiados, oportunamente, los requisitos y fechas actualizados.

[18] Ibidem, p. 25

[19] Hernando Devis Echandía, jurista y procesalista colombiano (1916-2001). Fue Presidente y Miembro Fundador del Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal y del Instituto Colombiano de Derecho Procesal. También fue miembro del Centro de Estudios Procesales de Rosario (Argentina), del Instituto de Derecho Procesal Argentino, del Instituto Español de Derecho Procesal, del Instituto Mexicano de Derecho Procesal, del Instituto de Derecho Procesal de la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

[20] Ibidem, p.42

[21] Mariano N. Castex, Daño Psíquico y otros temas forenses, Bs. As., Tekné, 1997, p. 21; las negritas pertenecen al autor.

[22] Ver Anexo.

[23] Franck Chaumon, La ley, el sujeto y el goce. Lacan y el campo jurídico.  Bs. As., Nueva Visión, 2004.

 

Bibliografía

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- Zarco Pérez, Franklin, Prueba Pericial. Criterios procesales. Jurisprudencia. Modelos. Buenos Aires, Editorial Juris, 2003.

 

Año Cuatro - N° 5| Septiembre de 2017

Artículos

Miscelaneas

  • "La revolución cognitiva fue la capacidad humana de inventar ficciones".
  • "En la trinchera de la ciencia, contra la religión".

 

Prof. y Ps. María Marcela Castellarin

 

(Imagen: Escher)

La aplicación de cuestionarios para la evaluación de las competencias académicas en la universidad. Su estado actual.

En la actualidad se observa que una gran mayoría de los estudiantes que alcanzan los estudios superiores no se encuentran adecuadamente preparados para lo que se espera de ellos en la universidad debido a que no son capaces de autorregular su propio proceso de aprendizaje (Borgobello y Peralta, 2006; Escorcia, 2010; García Martín, 2012). La preparación insuficiente en diversas áreas del conocimiento, un déficit considerable en estrategias de aprendizaje y una falta de compromiso constante y autónomo en el estudio, son algunos de los aspectos observados por docentes universitarios de manera cada vez más evidente, afectando el rendimiento académico del estudiante e incidiendo directamente en la deserción universitaria (Ibarra Sáiz y Rodríguez Gómez, 2011; Jové y Coria, 2011).

En publicaciones recientes referidas a los cambios en la educación, se plantea la importancia de fomentar en los estudiantes de todos los niveles educativos las competencias o habilidades necesarias para asumir un proceso de aprendizaje autónomo y autorregulado, entre las cuales el manejo de las estrategias cognitivas, metacognitivas y motivacionales ocupa un lugar preferencial (García-Ros y Pérez-González, 2011; Paoloni, Rinaudo y González Fernández, 2011; Vaja y Paoloni, 2011). La intervención del profesor como mediador y orientador en la aplicación de dichas estrategias permite a los estudiantes adquirir herramientas necesarias para el éxito académico (Klimenko y Alvares, 2009; Ofodu y Adedipe, 2011; Pérez, Díaz-Mujica, González-Pienda, y Núñez, 2010).

En la sociedad del conocimiento consideramos que se hace ineludible generar ambientes de aprendizajes particulares que favorezcan ese rol nuevo que se espera del alumno y del docente. Muchas veces estos cambios parecen no ser compatibles con los de las universidades públicas, superpobladas en su mayoría y con un número reducido de profesores en comparación con el de alumnos. Sin embargo, investigaciones recientes señalan la importancia de las actuaciones de los profesores como clave para mejorar la motivación de sus alumnos, especialmente si éstas se orientan a crear un clima áulico estimulante y de respeto durante el proceso enseñanza-aprendizaje (Rinaudo, de la Barrera y Donolo, 2006).

Para tales objetivos se hace evidente la utilización de instrumentos tales como cuestionarios o autoinformes aplicados en el aula, los cuales permiten al docente recabar la información necesaria para conocer las habilidades académicas o carencias intelectuales de los alumnos ingresantes a la universidad. Por ejemplo en Venezuela se indagaron los niveles de autorregulación y su relación con el rendimiento académico y determinadas variables sociodemográficas, mediante la aplicación de la Escala de Aprendizaje Autorregulado PCR (Lezama, 2005). Los resultados obtenidos sugieren niveles moderados de autorregulación en el aprendizaje, así como ligeras diferencias en cuanto al género, tipo de institución y ligera significancia entre reflexión autorregulatoria y rendimiento académico (Elvira-Valdés y Pujol, 2012).

En razón del amplio porcentaje de estudiantes que abandonan los estudios tras el primer año de universidad, el Consejo de Universidades de España ha promovido recientemente la experimentación de sistemas tutoriales para estudiantes de nuevo acceso a la universidad, sugiriendo acciones dirigidas a mejorar la atención, orientación y rendimiento en las titulaciones universitarias. Esta investigación se propuso analizar las habilidades de autorregulación sobre el éxito académico en la universidad a través del seguimiento de 218 estudiantes durante cuatro cursos académicos. Las mismas fueron evaluadas a través de una adaptación española del MSLQ -Motivated Strategies for Learning Questionnaire- (García-Ros y Pérez-González, 2009), que constituye uno de los instrumentos de mayor prestigio internacional para su utilización en contextos universitarios. Los resultados obtenidos de la aplicación del instrumento confirma la importancia de considerar ambos componentes del aprendizaje autorregulado, tanto cognitivos como motivacionales, destacando la necesidad de prestar especial atención a los mismos, tanto en los sistemas de acción tutorial para estudiantes de nuevo acceso a las titulaciones como en las acciones y propuestas de intervención a considerar en cursos más avanzados (García-Ros y Pérez-González, 2011).

Ibarra Sáiz y Rodríguez Gómez (2011) trabajaron con una muestra de 2.556 estudiantes pertenecientes a diez universidades españolas para conocer el nivel de competencia percibida por los estudiantes (en este caso: aprendizaje autónomo y trabajo en equipo) y aplicaron el COMPES- Autoinforme sobre las competencias básicas relacionadas con la evaluación de los estudiantes universitarios (Gómez Ruiz, Rodríguez Gómez e Ibarra Sáiz, en revisión). Los resultados aportados en este estudio, en relación al aprendizaje autónomo indican, que un considerable porcentaje de estudiantes se autoperciben con un nivel medio-bajo en el grado de desarrollo de esta competencia, por lo que será un reto para el profesorado ir facilitando herramientas que favorezcan y potencien este tipo de aprendizaje estratégico, como un medio para ser utilizado a lo largo de la vida.

En otra modalidad de trabajo de manera on-line, Barnard-Brak, Lan y Osland-Paton (2010), en una muestra de 516 estudiantes universitarios estadounidenses, y a través del cuestionario OLSQ (Self-Regulated Learning Questionnaire), indagaron la existencia de diversos perfiles en cuanto a las habilidades y estrategias de autorregulación. Los resultados indican que los individuos se diferencian considerablemente en su logro académico según su perfil y los que se autorregulan en su estudio alcanzan resultados académicos más positivos que los que no exponen dichos comportamientos.

Para establecer relaciones posibles entre estudio autorregulado y éxito académico en un programa de enseñanza a distancia, 319 estudiantes completaron el Motivated Strategies for Learning Questionnaire (Pintrich, Smith, Garcia & McKeachie, 1991). Los resultados muestran la importancia de factores de motivación, como la orientación de objetivo intrínseca, el valor de la tarea y la autoeficacia por un lado, y estrategias de regulación de esfuerzo, por el otro (Radovan, 2011).

En una muestra de 552 alumnos universitarios de primer curso de diferentes titulaciones y con el objetivo de analizar la capacidad predictiva de diferentes variables motivacionales, comportamentales y socio-educativas sobre el uso de estrategias de autorregulación del aprendizaje, Fernández, Bernardo, Suárez, Cerezo, Núñez y Rosário (2013) confirman que, para que los estudiantes pongan en práctica las estrategias de autorregulación del aprendizaje es importante que se sientan eficaces para hacerlo, resultando ser la autoeficacia para el uso de estrategias de autorregulación del aprendizaje la variable con mayor capacidad predictiva en el uso de las mismas. Así, un pobre sentimiento de autoeficacia podría ser el responsable de los problemas académicos de muchos de los alumnos. Dichas estrategias fueron evaluadas a través del Inventario de Procesos de Autorregulación del Aprendizaje (IPAA), escala representativa de las tres fases del modelo de autorregulación del aprendizaje de Zimmerman (2000). Los resultados muestran que el uso de estrategias de autorregulación del aprendizaje depende en gran medida de la capacidad percibida para ello, aunque también de otras variables personales como el interés por aprender (y obtener buenos resultados académicos) y la utilidad percibida del uso de dichas estrategias.

En nuestro país, en la Universidad Nacional de Río Cuarto, de la Barrera (2011) indagó acerca de estrategias de procesamiento, de regulación, orientaciones y modelos mentales de aprendizaje, a través de la aplicación del ILS (Inventory of Learning Styles) de Vermunt (2005, 1998, 1996, 1995); la combinación de dichos aspectos da por resultado cuatro patrones de aprendizaje: no dirigido, dirigido a la reproducción, dirigido al significado y dirigido a la aplicación. La investigación se realizó en una muestra de 516 alumnos haciendo la distinción por género, edad, facultad a la que pertenecen, por año de cursado, por rendimiento académico y autoconcepto académico.

Los hallazgos evidenciaron que quienes muestran tendencias marcadas de patrones no dirigido y aspectos dirigidos a la reproducción son los alumnos con rendimiento académico bajo y los que se autoubican dentro del grupo de rendimiento bajo. Los que se inclinarían por un patrón dirigido a la aplicación son mujeres y se autoubican en ese 25% de los mejores respecto a su curso. Los alumnos más avanzados en sus carreras muestran un patrón dirigido al significado, tienen alto rendimiento y se reconocen de esta manera; son los sujetos con mejor desempeño en la tarea de resolución de problemas, los que muestran mayor grado de desarrollo de sus habilidades de tipo metacognitivo, esto es, una característica de sujetos con mayor grado de experticia.

En la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario, se llevó a cabo una investigación (Jové y Coria, 2011) cuya finalidad era develar el nivel académico y el perfil de los ingresantes a la carrera de Psicología del año 2006; además, determinar la capacidad de redacción y comprensión de textos, explorar los conocimientos y herramientas que cuentan y la incidencia sobre su rendimiento académico. La muestra estaba compuestas por 735 personas, se trabajó desde una estrategia metodológica de triangulación (cuanti-cualitativa) a través de encuestas, grupos focales y cuestionario ad-hoc enviado por correo electrónico. Las conclusiones arribadas señalan que las dificultades en metodología de estudio y comprensión lectora afectan el rendimiento del estudiante e incide directamente en la deserción universitaria. Otro elemento considerable en el rendimiento de los estudiantes es la exposición oral en los exámenes, por causas emocionales- afectivas, que se suman a sus dificultades para avanzar en la carrera.

Se observa que los investigadores recurrieron a instrumentos estandarizados y no estandarizados para el desarrollo de sus intervenciones. Los primeros fueron utilizados generalmente como pretest, para determinar el desempeño base de la comprensión lectora y autorregulación de los estudiantes, y los segundos, como herramientas para el desarrollo de las distintas propuestas.

Para terminar, y analizando las investigaciones precedentes, se evidencia la necesidad de apelar a los diferentes instrumentos de evaluación del desempeño o competencias de los alumnos ingresantes a la educación superior, con el fin de obtener información para diseñar, implementar y evaluar programas de intervención en el seno de las titulaciones universitarias, centradas en la mejora de las habilidades de autorregulación académica, y especialmente en aquellas que muestran mayor relación y capacidad predictiva sobre el rendimiento y la permanencia en los estudios universitarios.

Estamos convencidos que el intento de considerarlo, es el comienzo de un camino prometedor de cambios substanciales y necesarios para la totalidad del sistema, que apunta directamente a las concepciones más profundas del proceso de enseñanza- aprendizaje en quiénes son sus protagonistas.

 

REFERENCIAS

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