Las Neurociencias, la Ciencia y el Psicoanálisis

 Manuel D´Onofrio

Psicoanalista y Médico Psiquiatra - Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina

Las Neurociencias, la Ciencia y el Psicoanálisis

Introducción

“Si la máquina aritmética es el efecto de un cerebro del que ella misma es una aproximación, al menos debe admitirse que los cincuenta modelos de esta máquina, presumiblemente construidos antes del definitivo, son el índice de una voluntad de construir conscientemente motivada. Pascal piensa que no hay semejanza mecánica de este tipo de motivación. Si no es posible concebir una máquina motivada por el proyecto de construir una máquina, si no hay un ordenador en el origen absoluto del ordenador ¿quién prohibirá al filósofo el plantearse, a propósito del cerebro, otras preguntas diferentes de las de los fisiólogos?. Esto no lleva, en modo alguno, a responder al saber del fisiólogo en su terreno. La estructura y las relaciones entre las neuronas del cerebro son la condición de su ejercicio. Los progresos y la rectificación del saber de los fisiólogos son asunto de los fisiólogos. El fisiólogo es dueño de sí mismo, pero el filósofo es indiscreto en todas partes”.

Georges Canguilhem 1

“Este conocimiento que la ciencia está proporcionando debería permitirnos orientar mejor sobre lo que deseamos hacer del hombre, sobre el modelo que debemos tener en la cabeza de lo que debe ser el hombre en la sociedad y en el mundo venidero”.2

Jean-Pierre Changeaux

Las referencias a Georges Canguilhem y a Jean-Pierre Changueaux, contrastantes entre sí, ponen en evidencia dos cuestiones centrales respecto de la historia y actualidad de las neurociencias. Por un lado, es una afirmación corriente en el campo neurocientifico, que a partir de la secuenciación del genoma humano y contando con una computadora de potencia suficiente, estaría a nuestro alcance el calcular por entero al organismo. Por otro lado, desde este campo es aceptado que la Filosofía de la Mente – considerada por Howard Gardner en “La nueva ciencia de la mente” como la ciencia cognitiva más antigua – tiene por fin integrar los resultados de estas ciencias particulares en un nivel de generalización mayor al logrado por cada uno de ellas, en tanto sus problemas, además, no son independientes de los resultados teóricos y experimentales de las ciencias naturales.

Esto pone de manifiesto lo que, de modo autoritario y con una ilusoria totalización, la ciencia prescribe dejando de lado cualquier otro tipo de determinaciones (químicas, culturales, fisiológicas) e ignorando por completo toda contingencia, lo que está en línea con la afirmación de algunos genetistas sobre que en el genoma humano, el Libro de la Vida, ya está todo escrito, sin lugar para el azar que introduzca la novedad ni del acontecimiento que exceda todo cálculo. Por otro lado, se niega la existencia de lo psíquico desde la perspectiva del monismo materialista. En este punto, donde se produce el cruce del discurso de la ciencia con la filosofía, es que Canguilhem propone a ésta separada de la ciencia neurocognitiva, de modo de ejercer sobre ella su “indiscreto” trabajo epistemológico e histórico-científico.

Es innegable que esta orientación de la ciencia contemporánea, que podemos llamar también discurso de la ciencia o cientificismo, le da un marco apropiado a las neurociencias para su auge – más aún, se ha convertido en la ciencia estrella – irradiado al conjunto de la vida social, con la pretensión de que todo lo concerniente a lo humano puede caer bajo su dominio. Y que, que la gran esperanza científica es que se pueda predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad calculados por la propia ciencia. Se configura así el marco de prerrogativas que la ubican en un lugar de referencia para la vida individual y colectiva.

Esta orientación cientificista, un fantasma de la época, ha pasado a los medios de comunicación, que difunden profusamente a la población general los hallazgos de las neurociencias 3, apuntalados por el prestigio científico de los investigadores y de los institutos de pertenencia, se ha hecho a sí misma admirable, generando una fascinación tal que, como dice J. Peteiro Cartelle

“(…) parece llenar un vacío causado por el término de los relatos y el declive de las creencias religiosas (…) la gente ve en ella la única vía al conocimiento y la única solución posible a todos nuestros problemas”.

El cientificismo está calando tan hondo que promueve que se considere superfluo todo aquello que no se exprese “científicamente”, pasando al dominio público y a la ideología habitual. La cosmovisión posible ya no es ideológica o religiosa, la Ciencia está pasando a ser la gran esperanza y la única creencia 4.

Las neurociencias y su política hegemónica en Salud Mental.-

Es en este marco que asistimos hoy a la pretensión hegemónica de las ciencias neurocognitivas tanto en el campo de la Salud Mental como también cuando interviene en el campo del psicoanálisis.

En relación al campo de la Salud Mental a partir de las prescripciones del paradigma naturalizante 5 del discurso de las neurociencias consagrando su dogma “la mente es el cerebro” y sosteniendo sus razones sobre lo indetenible del progreso científico – lo que lo torna en un argumento fuertemente ideológico – intentan forzar una homogeneización en la orientación objetivante de la teoría y las prácticas, incluyendo al psicoanálisis. Pareciera que, incurriendo en un equívoco fundamental, para nada inocente, la condición “psi” que supuestamente compartirían las enlaza al punto de pretender borrar toda diferencia entre ambos campos discursivos radicalmente heterogéneos.

Sobre esta base biologizante se tiende a señalar, por ejemplo, lo genético y lo orgánico en la raíz del padecimiento subjetivo y su consecuente patologización. Operan mediante un reduccionismo extremo al servicio de invisibilizar las determinaciones subjetivas y sociales. Por esta vía la atención se centra en la prescripción psicofarmacológica y la implementación, en un todo complementarias, de terapias cognitivo-conductuales. En otras palabras, lo que se verifica es la medicalización de la salud mental, un verdadero arrasamiento de lo subjetivo. En el otro polo, desde la teoría y las prácticas cotidianas se configura una situación insostenible a partir del antagonismo que genera este abordaje unidimensional, que condiciona el desenvolvimiento del proceso de salud-padecimiento-atención de los usuarios y sus comunidades.

La fuerza en lo político-institucional del primer polo del antagonismo reside claramente en actores poderosos que definen e implementan estrategias biomedicalizantes que implican a la industria farmacológica, la presencia del capital financiero en el sector salud y sus disputas con el complejo médico-industrial, incluyendo a las corporaciones profesionales. El segundo polo queda mayormente ligado a la aún inorgánica resistencia del ámbito social del que participan profesionales de la Salud Mental y usuarios, desde donde se han proyectado y logrado modificaciones significativas en el marco legal 6 y que se apoya también en algunas propuestas de reforma de los sistemas enunciadas por organismos internacionales, como es el caso de la Organización Mundial de la Salud.

Las neurociencias y su política respecto del psicoanálisis.-

Por otra parte, interesa poner de manifiesto la política de intervención que las neurociencias llevan a cabo en el campo del psicoanálisis. El autor con más renombre científico entre quienes tienen una participación más activa es Eric Kandel, que sustenta la propuesta de la “biologización” del psicoanálisis como modo de dotarlo de cientificidad. Desde esta propuesta, sin alternativas, se propone que el psicoanálisis podría rescatarse de su mentada declinación por su falta de rigor científico tal como lo expone Kandel 7 en su libro “En busca de la memoria”:

“Aunque seguía admirando la rica y matizada concepción de la mente que el psicoanálisis había difundido, durante mi formación clínica me decepcionó lo poco que esa teoría había hecho por adquirir fundamento empírico, por verificar sus ideas. También me decepcionaron muchos de los profesores de Harvard, médicos que habían elegido la orientación psicoanalítica dentro de la psiquiatría por motivos humanistas, como los míos, pero que tenían muy poco interés por la ciencia. Sentía que el psicoanálisis era un retroceso hacia etapas que no eran científicas y que arrastraba por ese camino a toda la psiquiatría”.8

Kandel y otros neurocientistas, ponen el acento en una supuesta orientación de Freud hacia la construcción del psicoanálisis como una ciencia empírica que se verificaría en la elaboración del Proyecto de una Psicología Científica, una vía luego abandonada:

“En 1894, cuando Freud estudió por primera vez el papel de los procesos mentales inconscientes, también se empeñó en desarrollar una psicología empírica. Intentó elaborar un modelo neural del comportamiento pero, debido a la inmadurez de la ciencia del cerebro en ese entonces, abandonó el modelo biológico sustituyéndolo por otro que descansaba en el relato verbal de experiencias subjetivas”.9

Por este motivo interesa recordar cómo Freud llevó a cabo su labor fundacional en el contexto científico positivista de su época. Algunos analistas sostienen

que, por un lado, existió una ruptura de Freud con dicha orientación cientificista para posibilitar el descubrimiento del inconsciente. Por otro lado, desde las neurociencias se postula que como producto de la carencia de un marco epistemológico adecuado, en ese pasaje el psicoanálisis perdió su estatuto científico. Reclamándolo un hijo innegable de la ciencia, estos autores se autorizan a hacer una relectura del “Proyecto…” bajo los presupuestos teóricos y metodológicos de las neurociencias, dando existencia, junto con psicoanalistas de asociaciones psicoanalíticas adherentes de la International Psychoanalitic Asociation (I.P.A.), a dos corrientes: el Neuropsicoanálisis y el Psicoanálisis Cognitivo, siendo sus principales sostenedores Eric Kandel y Antonio Damasio 10. Por su parte Lacan argumenta en “La ciencia y la verdad” sobre la inexactitud de dichas afirmaciones:

“(…) decimos que esa vía no se desprendió nunca de los ideales de ese cientificismo, ya que así lo llaman, y que la marca de él que la señala no es contingente sino que sigue siéndole esencial”

Y agrega Lacan:

“(…) contrariamente a los que suele bordarse sobre una pretendida ruptura de Freud con el cientificismo de su tiempo, que es ese cientificismo mismo (…) el que condujo a Freud, como sus escritos nos lo demuestran, a abrir la vía que lleva para siempre su nombre (…) a pesar de las desviaciones a las que se ha prestado, y esto en la medida en que Freud se opuso a esas desviaciones, siempre con una seguridad sin vacilaciones y un rigor inflexible”.

No obstante Freud, insistió tenazmente en mantenerse en el territorio de la ciencia de su época movido por su preocupación en mantener al psicoanálisis al margen de la ilusión religiosa y de la magia. En este sentido, Lacan, a diferencia de Freud, no pensó que el psicoanálisis debiera tener un sustento científico, y mantuvo una actitud clara ante la ciencia, no dejando de interrogarla a partir de su implicación fundacional con el psicoanálisis y, en este sentido, respecto de echar luz sobre las relaciones entre ambos. Sobre estas cuestiones anotaré algunas intervenciones de Lacan y otros autores que se han ocupado del tema, además de algunas reflexiones e interrogantes que a mi juicio se nos plantean como psicoanalistas.

Nuestro concernimiento como psicoanalistas frente a las pretensiones hegemónicas de las neurociencias.

Se abre un abanico de interrogantes que transitan por cuestiones tales como: ¿existe alguna relación entre las neurociencias y el psicoanálisis? ¿Es que como proponen algunos autores del campo psicoanalítico, el psicoanálisis puede enseñar o aportar algo a las neurociencias o, según otros, el psicoanálisis encontraría en éstas su propia demostración? Pero principalmente, ¿en qué reside el estatuto de “lo científico” de las neurociencias desde el cual se pretende dotar de fundamento empírico al psicoanálisis para evitar su extinción? Y tal vez una de las preguntas centrales ¿desde qué lugar se puede pensar, según los neurocientistas, que estamos asistiendo al ocaso del psicoanálisis? ¿De qué depende su supervivencia? ¿Es que los psicoanalistas deberíamos recoger el guante, y discutir con los neurocientíficos defendiendo los conceptos fundamentales del psicoanálisis? Me adelanto a expresar que no es este el camino. Esta es una discusión a plantear al interior del campo psicoanalítico entre quienes nos autorizamos desde nuestra transferencia al discurso analítico.

No obstante, podemos anotar algunas reflexiones al respecto. En esta política de las ciencias neurocognitivas hacia el psicoanálisis, se habla de su ocaso y desprestigio, una valoración que es hecha desde el marco epistemológico de las neurociencias, y tomando, además, como referencia los ideales de éxito y eficacia propuestas para el quehacer humano individual en la sociedad capitalista neoliberal, un ámbito, por lo demás, en el que éstas gozan de una aceptación rayana en la creencia religiosa. Todo esto sin desmedro de los importantes aportes que las ciencias neurocognitivas han realizado y realizan en el estudio del funcionamiento neuronal, contribuyendo a un mejor conocimiento de las entidades mórbidas neurológicas, con el recurso de las sofisticadas técnicas de neuroimágenes. El punto central en el cuestionamiento a las ciencias neurocognitivas es su designio de tomar la condición (neuronal) como causa de las funciones psíquicas, proponiendo una explicación reduccionista fisicalista de éstas, resumida en “la mente es el cerebro”. Como se puede apreciar, una discusión en la que se invierte la dirección del cuestionamiento, recayendo éste sobre la base epistemológica y la política de las ciencias neurocognitivas en el intento de imponer el paradigma positivista, desubjetivante, al campo de la Salud Mental en general y del psicoanálisis en particular.

No se trata en absoluto, como quedó dicho, de argumentar ante las neurociencias en defensa del Psicoanálisis. Además, respecto de la pretendida defensa, Lacan ha dicho que “un derecho, una lógica, no están hechos para convencer. Es suficiente con ponerlos en práctica”. Pero sí vale la pena situar la discusión sobre la supuesta declinación del psicoanálisis. En tanto síntoma revelador del malestar de la civilización en que vivimos, de ocuparse de lo que no anda, la “peste” que el propio Freud anunciara a los estadounidenses, mal puede esperarse que el psicoanálisis tengan una imagen exitosa. O sea, a mi juicio no hay defensa que hacer del psicoanálisis como discurso, ya que éste nació como síntoma del malestar de la cultura, como decíamos más arriba con Freud y Lacan. Pero hay algo más esencial a la hora de hablar sobre el porvenir del psicoanálisis y vale traer a colación los dichos de Lacan en La tercera, donde, en una aparente paradoja, el triunfo del psicoanálisis es su fracaso, y que el éxito podría significar su extinción:

“El sentido del síntoma depende del porvenir de lo real, por tanto, (…) del éxito del psicoanálisis. A este se le pide que nos libre de lo real y del síntoma, a la par. Si eso ocurre, si tiene éxito con esta demanda, puede esperarse (…) cualquier cosa, a saber, un regreso de la religión verdadera, por ejemplo, que como saben no tiene trazas de estar extinguiéndose. (…) Pero entonces, si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado. (…) La verdad se olvida. Luego, todo depende de que lo real insista. Para ello, el psicoanálisis tiene que fracasar. Tenemos que reconocer que va por buen camino y que, por ende, tiene buenas probabilidades de seguir siendo un síntoma, de crecer y multiplicarse”.

Entre las varias oportunidades en que Lacan se refirió al porvenir del psicoanálisis, quiero recuperar lo dicho en una entrevista que le hizo la revista Panorama en 1974, en la que define al psicoanálisis:

“como un síntoma, revelador del malestar de la civilización en la cual vivimos. No es ciertamente una filosofía (…) No es tampoco una fe y tampoco me va llamarla ciencia. Digamos que es una práctica que se ocupa de aquello que no anda, terriblemente difícil ya que pretende introducir en la vida cotidiana al imposible y al imaginario. Hasta ahora, ha obtenido ciertos resultados, pero no dispone aún de reglas y se presta a toda suerte de equívocos.”

Por otra parte, hace a su vigencia como discurso no dar la espalda a las vicisitudes y realidades de época y las improntas resultantes en la subjetividad. Es mucho lo que tenemos que decir y sentir – si no nos encerramos en una posición de neutralidad o asepsia, de prevención, ante el riesgo del psicoanálisis aplicado – sobre el consumismo con el que se trata de obturar la falta que propone el objeto a, los cambios que los avances técnico-científicos conllevan, las resonancias sociales y subjetivas de los nuevos modos de asunción sexual, las neoparentalidades, entre otros impactos en la subjetividad epocal, acentúan la importancia del discurso que aporta el psicoanálisis ya que puede actuar contraponiendo a lo universal que propone la ciencia, lo particular y lo singular del sujeto ante estas cuestiones. Propone la superación de la lógica colectiva que haciendo masa en la colectivización de los cuerpos, al mismo tiempo los somete a las más duras condiciones de segregación de otros colectivos, tal como lo enunciaba Lacan en La proposición del 9 de octubre de 1967. En esa masificación universalizante, el paciente queda reducido a un deshecho de la ciencia: “es” un anoréxico, “es” un TOC, etc.

La ciencia y el psicoanálisis: el sujeto de la ciencia y el sujeto del psicoanálisis.

Lo que como analistas nos causa es la cuestión del sujeto, que lo hay a partir del lenguaje, es decir, su suposición en el que habla, por su misma condición de hablante, y su relación al síntoma que es su verdad, una verdad que no es antinómica con el saber, como sucede con la ciencia. Lacan anuda el régimen del saber con el de la verdad, lo que innegablemente la hace una cuestión ética, clínica y política.

Ahora bien, avanzar sobre las relaciones de la ciencia y el psicoanálisis hace necesario realizar una distinción fundamental entre lo propio del psicoanálisis en relación a la ciencia, la ciencia moderna como antecedente natural en el descubrimiento del inconsciente por Freud, y los ya mencionados intentos de las neurociencias de intervenir en el campo del psicoanálisis con su ideología biologizante. En el primer caso, se trata de la emergencia del sujeto en el cogito cartesiano, momento fundacional, como veremos más abajo, de la ciencia moderna y condición de nacimiento del psicoanálisis – de lo que me ocuparé a continuación – y en el segundo caso se trata de la posición hegemónica del paradigma positivista, mecanicista, de las ciencias neurocognitivas, constituido, como lo proponía Augusto Comte, en ideal científico, cuyo objetivo era “normalizar” el conjunto de las disciplinas, incluidas las así llamadas ciencias humanas, .

Sobradamente sabemos que la relación del Psicoanálisis con la ciencia es una cuestión compleja. Freud nunca abandonó, como vimos más arriba, su apego a los ideales de la ciencia de su tiempo. Lacan, por su parte, ha intervenido en innumerables ocasiones en relación al psicoanálisis y la ciencia y la condición de antecedente, de manera excluyente, de ésta para el descubrimiento del inconsciente. En “El sujeto por fin cuestionado” dice:

“Lo que hemos de subrayar aquí es que pretendemos allanar la posición científica, al analizar bajo qué modo está ya implicada en lo más íntimo del descubrimiento psicoanalítico. Esta reforma del sujeto, que es aquí inaugurante, debe ser referida a lo que se produce en el principio de la ciencia, ya que esta última supone cierto aplazamiento respecto de las cuestiones ambiguas que podemos llamar las cuestiones de la verdad”.

Veamos entonces la operación cartesiana. Hay dos aspectos en los que a mi juicio reside el interés básico del cogito cartesiano. El punto central está en relación con el sujeto del psicoanálisis y el sujeto de la ciencia. Sabemos que al pronunciar Descartes el cogito se produce, en el siglo XVII el nacimiento de la ciencia moderna y, como lo expresa Lacan, la primera emergencia del sujeto en la historia. El cogito ergo sum, causa para Descartes el advenimiento del ser, que reubica en el hablante, quedando Dios como garante de la verdad de lo que produce como saber la máquina pensante.

En segundo lugar, la operación cartesiana funda la ciencia moderna, como saber nuevo, situando la disyunción de un real, por demostrar, y de la realidad. Esta operación tiene su sustento en un doble movimiento: primero, el arrasamiento de los saberes primeros, y luego en poniendo en juego la duda, o sea, de crítica y cuestionamiento racional de las certidumbres, excluyendo los datos de los sentidos, las formas y las imágenes. Así construye un universo que ya no tiene al hombre como principio ordenador del mismo, sino que echa base en la física matemática.

Este saber nuevo que aporta la ciencia moderna se erige en discurso, en tanto campo definido por un saber establecido, en respuesta a una crisis de la civilización. Un saber que coloca en posición dominante una categoría lógica, la del universal, vale decir, lo que la ciencia demuestra, vale para todos. Pero, claro, no en el campo de la verdad sino en el de la exactitud. Este no querer saber nada de la verdad hace que la ciencia prescinda de la implicación de un sujeto, independientemente de aquello que constituye para él su relación con la verdad: se trata de la forclusión del sujeto por la ciencia, una forclusión que es una exclusión.

La ciencia moderna viene a alterar, desde el corte epistemológico que impuso con su emergencia, la disyunción real-realidad, de la que precisamente proviene. La ciencia primitiva había sabido arreglárselas para construir y apuntalar esta realidad mediante saberes que permitieron al hombre orientarse y, valiéndose de ella, organizar un orden y una estructura para su mundo. Pero ese orden sufrió un trastocamiento esencial en la relación de lo real y la realidad, es decir, con la ciencia lo real entró en la realidad. Y aunque no será desarrollado en esta oportunidad, es necesario apuntar entre los efectos de este cambio, el viraje al discurso capitalista y sus efectos en el lazo social. El amo clásico perdió su vigencia y fue suplantado por el amo moderno, personificado en la alianza del sujeto liberal del capitalismo y del científico. Liberado del dominio del amo, cuyo discurso es puesto en falta por el neoliberalismo capitalista, permite al sujeto recuperar ese plus-de- gozar.11

Respecto de la cogitación cartesiana, hay que decir que prácticamente año tras año Lacan redefinirá el sujeto del inconsciente a través de lecturas sucesivas de la misma. Pero lo que esencialmente produce es una subversión del cogito cartesiano. La operación cartesiana dispone la ubicación del "ser" del sujeto del lado de la "res cogitans", en contraposición a la "res extensa", de lo que resulta, digámoslo así, la forclusión del cuerpo. En tanto que Lacan, en lo que hace al "ser" del sujeto, plantea el pasaje de la res cogitans a la res extensa, aunque la topología de ese lugar, obviamente, no pueda reducirse a su estatuto cartesiano. En este pasaje, en la cuestión del "ser" del sujeto, se trata de su localización como marca residual sobre el cuerpo. Es que el sujeto del cogito se imagina dueño de su ser, cogito ergo sum, ubi cogito, ibi sum – pienso, luego soy y donde pienso allí existo – independiente del lenguaje. Lacan hace algunas importantes precisiones sobre este aspecto en Televisión, cuando, refiriéndose a las relaciones del ser, el pensamiento y el lenguaje, pone el énfasis en éste, más propiamente en lalengua, en la teorización del sujeto del inconsciente y las condiciones de posibilidad del pensar, básicamente, que no hay pensamiento previo al lenguaje:

Lo que permite instituir el inconsciente a partir de la ex-sistencia de otro sujeto al alma. Al alma como suposición de la suma de funciones del cuerpo.(…) De hecho el sujeto del inconsciente sólo toca el alma por el cuerpo, por introducir en él el pensamiento: esta vez contradiciendo a Aristóteles. El hombre no piensa con su alma, como lo imagina el filósofo. Piensa porque una estructura, la del lenguaje – la palabra (mot) lo comporta – porque una estructura recorta su cuerpo, y sin que nada tenga que ver con la anatomía”12.

Entiendo que pone más claridad sobre que el orden simbólico, el efecto de lalengua, no es un efecto inicial en el alma, sino un efecto de goce en el cuerpo. El alma, en sus funciones cognitivo-adaptativas, no encuentra su perfeccionamiento en el lenguaje. Sino que lalengua induce goce en el cuerpo, y desde allí alcanza al alma: en tanto representaciones, ideas, pensamientos, siempre erotizados. El pensamiento, así, es disarmónico respecto del alma pues conlleva goce, rotundamente rechazado por la ciencia, para la que aquel se presenta como un “error en el cálculo” que la misma ciencia moderna instrumenta. Finalmente, de lo que se trata es de no aislar lo simbólico – el lenguaje – es necesario considerarlos entrelazados, rechazando el planteo de su reducción al alma, lo que conduce al extravío de proponer las relaciones directas entre el alma y el cuerpo y que, entre otros factores, abre el camino al dualismo mente-cuerpo, cuyo rechazo por parte de las neurociencias conduce al monismo fisicalista.

Finalmente, el psicoanálisis no sólo subvierte el cogito sino que se funda en él. Esto lleva a Lacan a decir que el único sujeto sobre el que actuamos en psicoanálisis es el sujeto definido por el cogito, que equivale para él al sujeto de la ciencia, siendo el sujeto lo que un significante representa para otro significante, es decir, en la cadena de significantes que lo representa. Un sujeto, como efecto de lenguaje, de existencia efímera, que cae dividido, entre ambos representantes, por el objeto a. Y se concreta con esta representación el “error de cálculo” que éste impone, desbaratando, como vimos, la pretensión de exactitud del ideal cartesiano en el que se propone que todo puede ser pensado sin resto, haciendo lugar a la contingencia como condición previa de lo imposible y de lo necesario. Así, bien lejos nos hallamos de que todo esté escrito en el genoma.

Lacan afirma que “decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja” mientras que, por su parte Jean-Claude Milner, trabajando sobre esta afirmación se ocupa de lo que denomina “la ecuación de los sujetos”:

1) Que el psicoanálisis opera sobre un sujeto (no sobre un yo (moi))

2) Que hay un sujeto de la ciencia.

3) Que estos dos sujetos, el de psicoanálisis y el de la ciencia, hacen uno.

Pero igualmente Lacan se refirió de otra manera al tema en otros momentos de su obra hasta que en 1977, en la Apertura de la Sección Clínica afirma:

“Es preciso, a pesar de todo, darse cuenta de que el psicoanálisis no es una ciencia, no es una ciencia exacta”.

Ahora bien, es tan cierta y rotunda la afirmación de Lacan sobre que el Psicoanálisis no es una ciencia, además de considerar a ésta una ideología de la forclusión del sujeto 13, como que aquél no podría haber nacido sin la ciencia. Al filo de la paradoja, se afirma que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, pero que la ciencia forcluye. 14 En el Seminario La Ética del Psicoanálisis Lacan anota, por otra parte, que la función forclusiva, la Verwerfung en sentido estricto, es privativa del discurso de la ciencia,

“(…) es hablando estrictamente de Verwerfung de lo que se trata en el discurso de la ciencia. El discurso de la ciencia rechaza la presencia de la Cosa, en la medida en que, desde su perspectiva, se perfila el ideal del saber absoluto, es decir de algo que, aunque plantea la Cosa, al mismo tiempo no lo reconoce. Todos saben que esta perspectiva se revela a fin de cuentas en la historia como representando un fracaso”15

Una pregunta que surge es acerca de si en verdad existe el discurso de la ciencia o es un recurso retórico de Lacan.16 Si de un discurso se trata, según O. Arribas, a quien estoy citando, es del discurso del científico, emparentado con la histeria en tanto interroga un significante amo para producir un saber. Es que la ciencia no tiene cabida en los cuatro discursos definidos por Lacan a partir de que el sujeto no tiene allí lugar. Por esto mismo, la ciencia, en tanto no se articula como discurso, no hace lazo social. El discurso del analista, a su vez, procura en su estructura y función que el sujeto exista en relación con el deseo y el inconsciente. Un sujeto, que como efecto del significante, es evanescente. El sujeto de la ciencia, al estar forcluido, hace imposible que haya un discurso que se realice en un lazo social, lo que trae aparejado, considerando lo que proviene de la ciencia – sea como ideología o como fórmula – que puede ser causa de alteración en el lazo social.

Si nos atenemos a esta lógica, no existe el discurso de la ciencia, por más que Lacan se refiera a él en diversos lugares de su obra. Por otro lado hay que hacer algunas precisiones acerca del estatuto de la forclusión utilizada respecto de la ciencia. Cuando decimos que el sujeto del psicoanálisis es el que forcluye la ciencia, estamos aludiendo a algo distinto a la operación de la forclusión del Nombre del Padre en la psicosis. En este caso, la referencia es al sujeto que no existe, no existió y no existirá. En cambio, en el caso de la ciencia, la forclusión del sujeto no es su muerte como en la psicosis, sino su exclusión: así como estuvo, ya no está. El autor citado refiere el ejemplo de Johannes Kepler, cuyas leyes forcluyen al sujeto portador del delirio religioso del mismo Kepler, que cuando formula la ley, su delirio queda excluido. Desde el psicoanálisis se destaca que dichas leyes no hubieran existido sin el delirio de Kepler, hecho que la ciencia necesariamente ignora. Es una forclusión del sujeto que opera como exclusión. El sujeto que habla y que, forcluido por la ciencia, calla una vez formulada la ley. Para la ciencia sólo existe lo que se puede escribir, lo que no se escribe, se forcluye. No obstante, la ciencia y la tecnología, como vimos, afectan el lazo social, pero su entrada en discurso depende del retorno del sujeto forcluido,

“resurgiendo en su falla o haciendo resurgir la falla; ahí donde la “ley”, la “fórmula”, el saber establecido, de repente tambalea, ahí aparecen las refutaciones, el derrumbe de una teoría y el encumbramiento de otra. El “triunfo” del sujeto sobre la ciencia que, en este sentido, el también el “triunfo” del psicoanálisis sobre la ciencia”17

Es así como con Lacan puede afirmar que el psicoanálisis es la respuesta a la ciencia pero tomando como fundamento a la ciencia misma, a partir, precisamente, de la constatación de que, si la ciencia apunta a forcluir al sujeto, sin embargo no hay ciencia sin el sujeto, fracasando todo intento en eliminarlo. Por eso, el psicoanálisis no puede prescindir de la ciencia. En La ciencia y la verdad Lacan dirá que un rasgo definido de la ciencia está representado por el “no éxito” del esfuerzo por suturarlo.

Otro interrogante es si puede haber un discurso que fuera puro matema y que prescinda de la palabra, o es que el matema se inscribe necesariamente en un discurso, ya que si esto no se verificara, estaríamos fuera de lazo social. Por lo tanto, si hay sujeto de la ciencia, es en un discurso, pero el discurso (del) científico. Y es en un científico y no en la ciencia, que lo forcluye como sujeto, que podemos situar la potencia indestructible del deseo. Al igual que sucede en el psicoanálisis, en el que es en relación con el deseo inconsciente que alguien existe como sujeto.

En “El triunfo de la religión” Lacan habla precisamente de la posición del científico y dice que es una posición imposible, sólo que la ciencia de esto nada sabe. Y recién ahora los científicos empiezan a experimentar crisis de angustia. Y esta angustia aparece cuando comienzan a temer el uso posible de los resultados de la investigación biológica, donde queda a la vista que la ciencia no tiene la menor idea de lo que hace – que como dice Heidegger, “la ciencia no piensa” – salvo cuando surge ese ligero acceso de angustia:

“Supónganse que un día, después que las hayamos convertido en un instrumento sublime de destrucción de la vida, viene un tipo y saca del laboratorio todas estas bacterias con las que hacemos cosas tan maravillosas”

De todos modos, también cabe acotar que si tomamos el concepto de discurso en términos de lo que es enunciado y sostenido, como premisas fundantes de un campo, se podría, entonces, darle el estatuto de discurso al discurso de la ciencia. Este discurso Lacan lo vincula directamente con el discurso del capitalismo, que cuando es escrito, es en realidad el discurso del capitalista.

Bajo el mismo título del presente artículo, serán abordados en próximas publicaciones los siguientes temas: 1.- Discusión epistemológica y desde la perspectiva de la historia de las ciencias, de la biología como sustento básico de este proyecto, y 2.- Discusión sobre las construcciones teóricas que los neurocientíficos, particularmente Eric Kandel y Antonio Damasio, con el acompañamiento de miembros de la Internacional de Psicoanálisis, han realizado con la pretensión de hacer del psicoanálisis una ciencia: el Psicoanálisis Cognitivo y el Neuropsicoanálisis.

Notas.-

1.- Canguilhem, G.: Canguilhem Georges. El cerebro y el pensamiento. Conferencia en La Sorbonne para el M.U.R.S. (diciembre de 1980). Web:

http://www.oficinavirtual1.com.ar/biblioteca/ cerebroypensamiento.htm

2.- Changueaux, J-P y Ricoeur P.: La naturaleza y la norma. Lo que nos hace pensar, pág. 17. Fondo de la Cultura Económica. México, 2001.-

3.- El término “neuro” se ha convertido en una suerte de significante amo, un significante que tendría la capacidad de explicar casi todo: neuromarketing, neuroética, Neuropsicoanálisis, neurocultura, etc.

4 .- Peteiro Cartelle J. : El autoritarismo científico, pág. 17. Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 2010.-

5.- El término “naturalizante” está referido al naturalismo – emparentada con el fisicalismo – como corriente teórica que, sostiene que en el campo de lo mental no existe nada que no sea material, físico, de abordaje empírico. Quien ideó esta tesis fue John Searle al proponer el naturalismo biológico, el que es presentado como superador del dualismo y del monismo. Existe, así, una mente y un cuerpo que tienen interacción entre sí pero en términos materiales, es decir, la mente pasa a existir mediante procesos neurobiológicos en el cerebro que pasarían a ser nuestros pensamientos

6.- Tal el caso de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, sobre la que pende en la actualidad un intento de modificación, en sentido absolutamente regresivo y mediante decreto, a instancias del complejo médico-industrial-financiero a través de sus representantes en los estamentos gubernamentales.

7.- Tómese en cuenta la lectura que Kandel hace del psicoanálisis.

8- Kandel, E. : “En busca de la memoria. El nacimiento de una nueva ciencia de la mente”, pág. 420. Ed. Katz. Buenos Aires, 2007

9.- Íbidem, pág. 422.-

10.- Tanto el Neuropsicoanálisis como el Psicoanálisis Cognitivo son dos corrientes teóricas creadas por neurocientíficos con la participación de psicoanalistas miembros de sociedades pertenecientes a la International Psychoanalitic Asociation (IPA) que resultan, con una diferencia de matices, de una lectura de Freud a la luz de los avances de las Ciencias Cognitivas (Neurofisiología, Psicología Cognitiva, Inteligencia Artificial, Neurobiología, etc.) siendo sus principales sostenedores Eric Kandel y Antonio Damasio.

11.- En el marco del capitalismo la ciencia es puesta a hacer jugar su saber sin regulación alguna, apuntando a remodelar la realidad del mundo. Pero la ciencia integrada al discurso capitalista nos proporciona un plus-de-gozar desrregulado. Esto sucede a partir de las modificaciones que sufre en la estructura del discurso del amo clásico, S2, el saber, que ya no está regulado por S1, con lo que una propiedad esencial al discurso ya no se cumple. Se desarticula el lugar de la ley y el S2, el saber, un saber hipertrófico, ya no tiene límites. Pero no se trata aquí del saber inconsciente sino del saber de la ciencia y la tecnología que avanza sin límite. En “El saber del psicoanalista” Lacan dirá que el discurso analítico con el que hizo su entrada la castración, surgió dos siglos después de la acción gravitante del calvinismo que es el momento en que el discurso del amo clásico vira hacia el discurso capitalista.

12.- Lacan, J. : Televisión, en Otros Escritos, pág. 536. Paidós. Buenos Aires 2012

13.- Íbidem, Radiofonía, en Otros Escritos, pág. 460. Paidós. Buenos Aires, 2012

14.-Íbidem, “La ciencia y la verdad”, pág. 342.- En Escritos 1. Siglo XXI Editores. México. 1979.-

15.- Íbidem, Seminario “La Ética del Psicoanálisis”. Pág.162. Paidós. Buenos Aires. 1988.-

16.- Arribas, O. : ¿Qué es la realidad? El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política. II, págs. 21. Ed. Kliné. Fundación del Campo Lacaniano. Buenos Aires. 2015

17.- Íbidem, págs. 22-23.-