Historizando el estudio del Piscodiagnóstico en el ámbito de l Universidad Nacional de Rosario. Consideraciones sobre la práctica profesional.

Esp. Maria Laura Luciani

Psicóloga, Directora de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Especialista en Psicodiagnóstico, Docente de Grado y Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNR y UCSE DAR

Esp. Mariela Castro

Psicóloga, Co-directora de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Especialista en Psicodiagnóstico, Docente de Grado y Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNR.

Prof. María Inés Altavista

Psicóloga, Ex Docente de grado de la Facultad de Psicología de la UNR, Docente de Posgrado, Miembro Fundador de la Carrera de Especialización en Psicodiagnóstico UNR, Jurado Evaluador de CONEAU.

Historizando el estudio del Piscodiagnóstico en el ámbito de l Universidad Nacional de Rosario. Consideraciones sobre la práctica profesional.

Antecedentes históricos. Un futuro promisorio

La tecnicatura de Auxiliar de Psicotecnia creada en 1953 constituye el primer antecedente académico del Psicodiagnóstico de nuestra actual casa de estudios, una carrera técnica menor con un plan de estudios de dos años y ocho materias desarrollada en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de Rosario, por ese entonces dependiente de la Universidad Nacional del Litoral. Lo llamativo de esta propuesta académica es que dicho plan de estudios no incluía ninguna materia orientada al trabajo con técnicas psicométricas y proyectivas. Tal vez por ese motivo al año siguiente se crea el Instituto de Psicología, incorporando un curso de Técnicas Psicológicas, dirigido por Erminda Benítez de Lambruschini (Ascolani, 1988). En 1956 se funda la primera carrera nacional de Psicología en la misma facultad. El Prof. Jaime Bernstein es nombrado director de la misma y queda a cargo de la asignatura “Psicometría y Estadística”, que luego pasaría a llamarse “Psicometría y Exploración de la personalidad”. Es una época donde las competencias profesionales aún no están legisladas y eso genera una atmósfera cargada de expectativas e ilusiones frente al futuro. El psicólogo es concebido como “agente de cambio”, una especie de enunciado identificatorio con una impronta que reivindica la concepción del ser humano en tanto sujeto en movimiento e indisolublemente vinculado a lo social. Nélida Álvarez (2005) recuerda que en este momento histórico la Universidad estimula la participación de estudiantes que se sienten “parte creativa de un proyecto con sentido humano y humanizante”.

El título universitario es sólo académico y la formación no está suficientemente articulada con la futura práctica; la inserción profesional no es fácil. La vinculación con los instrumentos de exploración psicológica constituyen

entonces un puente de conexión con la práctica. La psicometría resalta el valor de las pruebas construidas según el método experimental, cuya aplicación le permiten al psicólogo acceder a datos válidos y confiables, llamados objetivos. En cambio, las técnicas proyectivas, por su relación con el psicoanálisis, ponen énfasis en la capacidad interpretativa del psicólogo a la hora de analizar los datos obtenidos, con la meta de comprender la personalidad en sus aspectos organizativos y dinámicos. No hay que olvidar que la Psicología Proyectiva en auge en las décadas del ‘50 y ‘60 se opone a la Psicología atomista, imperante en los años anteriores, que describe leyes generales de la conducta humana, no integrando la dimensión histórica y singular del sujeto. La apropiación de las técnicas psicodiagnósticas posibilita entonces la proyección de una práctica profesional específica de la labor del psicólogo (Álvarez, 2005).

A partir de 1960 el Psicodiagnóstico es comprendido como un proceso conformado por etapas: la entrevista inicial, las entrevistas de administración de técnicas, la entrevista de devolución y la redacción del informe psicodiagnóstico. Su objetivo: el estudio profundo de la personalidad, su descripción y la comprensión de sus rasgos y mecanismos defensivos. Implica un continuum constante, una puesta en marcha que pretende reconocer la subjetividad y responder a las preguntas implícitas en la demanda. Además, integra métodos de exploración psicológica, tales como entrevistas y técnicas resguardadas en el Método Científico Experimental y el modelo explicativo del Psicoanálisis. En otras palabras, el llamado Proceso Psicodiagnóstico permite acceder al estudio de las características estructurales y dinámicas de la personalidad de un sujeto, en sus vicisitudes vitales, con conflictos, defensas, una modalidad vincular, con un cuerpo y su propia representación. Dimensionando al sujeto genuinamente enmarcado en un contexto sociocultural específico, con una historia personal sesgada por una circunstancia histórica determinada (Lunazzi, 2017).

Una época convulsionada

Mientras el Psicodiagnóstico crece prósperamente en la Universidad, el golpe de Estado de Onganía en 1966 genera una etapa de caos y agitación. La descarnada persecución obliga a muchos profesores y estudiantes a discontinuar sus actividades académicas. Fue el caso de María Luisa Siquier de Ocampo, una de las psicólogas altamente valoradas y reconocidas en el área del Psicodiagnóstico, con numerosas publicaciones que enseñan técnicas proyectivas, que en ese entonces viajaba desde Buenos Aires para desarrollar el práctico de Clínica I. También merece ser mencionada María Ester García Arzeno, quien junto con la anterior marcan un hito en la profundización teórica, investigación y divulgación del Psicodiagnóstico, constituyéndose en referentes teóricos de lectura obligatoria en todos los planes de estudio de la formación universitaria que incluyen esta área de estudio. En esta época García Arzeno es estudiante de la carrera de Psicología en Rosario.

De acuerdo al trabajo realizado por Álvarez (2005) sobre la historia del Psicodiagnóstico, no sólo la formación de los futuros psicólogos se ve afectada; también la práctica, a partir del decreto que reglamenta el ejercicio profesional y que equipara a los psicólogos con el cargo de asistente psiquiátrico (cargo existente en una carrera corta, previa a la creación de la carrera de Psicología). El psicólogo queda habilitado para la administración de tests, pero no para el planteo de diagnósticos, que son realizados por el médico psiquiatra,

responsable de firmar los informes psicodiagnósticos para su validez. Tampoco puede ejercer ningún tipo de psicoterapia. De modo que esta ley, inhabilitante de toda aquella acción profesional que pudiese generar un cambio, pone en crisis la identidad profesional construida y afianzada durante los diez años precedentes.

Sin embargo, los psicólogos establecen un plan de lucha y resistencia, transgrediendo esta ley ante cada oportunidad surgida a partir de la demanda social de sus servicios. Las técnicas psicodiagnósticas son implementadas en hospitales y escuelas, afianzándose la concepción del psicodiagnóstico como proceso sostenido en el vínculo entre el psicólogo y el sujeto a diagnosticar. Las ideas de David Rapaport relucen en este panorama y ofician de guía en el quehacer profesional. El psicodiagnóstico en niños se instala con mayor rapidez que en los adultos en la década del ‘70, de la mano de los pedidos realizados por padres, pediatras y docentes. El escepticismo de los médicos destinados a la atención de adultos limita y hace más lento el proceso de interconsultas y/o derivaciones (Álvarez, 2005).

Después de años difíciles y de mucha desorganización, y ya creada la Universidad Nacional de Rosario en 1968, se continúa el dictado de la materia “Psicometría y Exploración de la Personalidad”, desdoblada en “Psicometría”, a cargo de Noemí Deutscher, se suma “Técnicas proyectivas” y “Psicodiagnóstico de Rorschach” a cargo del Lic. Mirotti en primera instancia, y luego, de Ana María Perrotta. Unos años después, en 1972, con el gobierno de Perón, cambian las autoridades de la carrera, se comienza a realizar concursos docentes y posteriormente en el contexto siniestro de 1975 nuevamente cambian las autoridades ya en los albores del Golpe del 76 y se suma el abandono forzado de las aulas, por parte de estudiantes y docentes.

Todo este avance y retroceso se da en un contexto en el que el Psicoanálisis tiene un valor preponderante en el trabajo clínico. La Psicología desarrolla en todo este tiempo, un perfil psicoanalítico muy arraigado en los postulados de Sigmund Freud y Melanie Klein.

Transformaciones del Psicodiagnóstico con la recuperación de la democracia

Ante el retorno de la democracia y la recuperación del Estado de Derecho de la mano de Alfonsín en 1983 se reestructura la carrera adquiriendo un perfil psicoanalítico, predominantemente lacaniano, desconsiderándose en el plan de estudios el espacio arduamente ganado por las técnicas psicodiagnósticas. Se eliminan del plan y comienzan entonces a perder prestigio entre los psicólogos – psicoanalistas. El test de Rorschach es uno de los pocos instrumentos que parece resistir a las críticas acerca de su utilidad; sin embargo, es poco tenido en cuenta por aquellos profesionales y se dicta exclusivamente fuera de la universidad en lo que posteriormente sería la Asociación de Rorschach de Rosario

Esta situación significa para el Psicodiágnóstico un reto en la recuperación de su legitimación dentro de la Universidad.

En 1984 se dicta la Ley Provincial del Ejercicio Profesional de los Psicólogos N° 9538 que establece tres especialidades: Psicología Clínica, Educacional y Social, realizadas en distintos ámbitos de aplicación (jurídico, laboral y social) según el artículo 4. Respecto a la Psicología Clínica, el artículo 3 establece que “comprende la exploración diagnóstica de la estructura, dinámica y desarrollo de la personalidad, la orientación psicológica para la prevención de patología y el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de los conflictos psicológicos en curso así como otras actividades requieren el uso de instrumentos y técnicas psicológicas”. El artículo 6 dictamina que “será el profesional específicamente capacitado para la administración e interpretación de técnicas psicométricas, proyectivas y la psicoterapia individual o grupal”. Al año siguiente el Ministerio de Educación de la provincia determina las incumbencias profesionales del psicólogo, entre las que corresponde mencionar en este trabajo: la realización de diagnósticos, pronósticos y seguimiento psicológico u orientación vocacional; la construcción y desarrollo de métodos, técnicas e instrumentos psicológicos y la elaboración de perfiles psicológicos en distintos ámbitos laborales. De lo anterior se desprende una de las primeras transformaciones en la práctica del Psicodiagnóstico, a partir de la legitimación del uso de las técnicas psicométricas y proyectivas y la ampliación del alcance de su aplicación. Varios años más tarde, en 1999, es elaborado el Código de Ética del Psicodiagnósticador, aprobado por la Asamblea General Ordinaria de la Asociación de Estudios e Investigación en Psicodiagnóstico (ADEIP). Esta institución, fundada en 1988, junto con la Asociación de Rorschach de Rosario (creada en 1967 como Escuela, luego del desmantelamiento de la facultad de Psicología en 1966), concentra en esta época la formación y la investigación en Psicodiagnóstico fuera del claustro universitario para dar respuesta a los problemas teóricos, técnicos y éticos de la práctica. Conocer la subjetividad implica no sólo la descripción e interpretación de los estilos de la personalidad, sino también la oportunidad de polemizar acerca de los sustentos teóricos y técnicos que orientan la práctica profesional. La construcción del conocimiento científico debe velar por mantener la validez y confiabilidad de los medios de producción del saber y de garantizar los resguardos metodológicos, de verificación y de socialización de ese saber (Kacero, 2009 y Lunazzi, 2017)

Es así como las técnicas deben ajustarse a los nuevos contextos y desafíos. El concepto de evaluación psicológica se instala como una categoría más amplia al plantearse como el estudio descriptivo y explicativo de los sujetos y grupos humanos en relación a sus contextos socioculturales donde desarrollan su cotidianeidad y a sus historias de vida (Vecchia, 1998).

El estudio de las técnicas de exploración de la subjetividad se retoma paulatinamente en el ámbito universitario. En principio, en espacios opcionales; luego, en el interior de algunas asignaturas. Desde 1987 y durante algunos años, María Inés Altavista toma a su cargo los Seminarios Electivos sobre Psicodiagnóstico. El aumento de la demanda por parte del estudiantado promueve entre los años 1991 y 1992 la creación de cátedras paralelas. En la Psicología Clínica I “B” (en la cátedra actualmente llamada Evaluación y Psicodiagnóstico), se da la incorporación del proceso psicodiagnóstico, con Jorge Hernández como profesor titular, acompañado por Vicente Ferris, Juan Carlos Bauman y Altavista (Altavista, 2011). En Psicología Clínica II “B” con Osvaldo Segalowics se dictaba Psicodiagnóstico de Rorschach. En 1991 se crea el Departamento de Psicodiagnóstico, bajo la dirección del Ps. Fernando Silberstein (Perrotta y Frigola, 1991). A finales de los ´90, trascendiendo al nivel de grado, Altavista junto a Elizabeth Sorribas incorporan cursos de posgrado, pedestal de la hoy afianzada Carrera de Posgrado de Especialización en Psicodiagnóstico, la primera del país a nivel público, acreditada como Categoría B por CONEAU, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria. La formación de especialistas se realiza desde el 2005, bajo la dirección de Sorribas hasta su deceso, sucedida por Altavista. Su plan de estudio responde a las realidades actuales del psicólogo, aspirando a formar un profesional capaz de desempeñarse en el área del Psicodiagnóstico con responsabilidad y eficacia, sostenido en un saber riguroso sobre las técnicas. Clínica, Forense, Laboral y Educacional se incluyen como áreas dentro de la especialización del Psicodiagnóstico. (Sorribas, 2008)

En estos momentos, el staff de la comisión académica se está renovando, sin embargo, los objetivos primordiales son los mismos de siempre:

-Especializar al alumno en el área de conocimiento del Proceso Psicodiagnóstico.

-Generar espacios para reflexionar acerca del complejo proceso de la integración de técnicas psicodiagnósticas.

-Favorecer la implementación del Proceso Psicodiagnóstico sustentado sobre el carácter científico de una epistemología apropiada.

-Afianzar el desarrollo del Proceso Psicodiagnóstico en distintos ámbitos de las incumbencias del psicólogo.

En suma, se propone realizar una tarea conjunta entre docentes y alumnos, donde se incluyan los saberes teóricos y el quehacer del psicólogo, que opta por desempeñar un rol profesional específico, el de psicodiagnosticador.

En este sentido, entre las transformaciones del Psicodiagnóstico en las últimas décadas, se encuentra la invitación a pensarlo “como un acontecimiento que emerge durante su transcurso” (Kacero, 2003). Se trata de un pensamiento complejo que le asigna a esta práctica un valor instituyente en el encuentro singular entre el psicodiagnosticador y el sujeto a conocer. Desde esta perspectiva, el psicodiagnóstico es concebido no como una tarea que realiza el psicólogo, en la que administra técnicas específicas y realiza formulaciones interpretativas hipotéticas para arribar a un diagnóstico, sino como una co-producción en un marco vincular construido con otro y acotada en el tiempo. El Psicodiagnóstico, en tanto acontecimiento inaugural, propicia la construcción de nuevos sentidos, cuyo entramado complejo implica la multidireccionalidad y multidimensionalidad del proceso de producción de enunciados, facilitando nuevos procesos de semantización y procurando el acceso a novedosas formas de realidad. Es un acontecimiento dialógico que puede generar nuevos vectores de significación y experiencia. Es una práctica con potenciales efectos transformadores desde el inicio, tanto en el psicólogo como en el sujeto que se desea conocer y comprender. En ese encuentro algo nuevo se crea y emerge (Kacero, 2000, 2003). En este sentido, se reivindica la idea de un psicólogo activo, promotor de nuevos significados, de cambios, eco de aquella fuerte marca identificatoria de los años ’60 y ’70, pero ahora junto con el sujeto con el que trabaja. Sostener esta labor apasionante de indagación en el otro y junto con el otro incluye el desafío para el psicólogo de conocerse a sí mismo en esta experiencia compartida.

Por todo lo expuesto hasta el momento se comprende que historizar acerca del estudio del Psicodiagnóstico en el ámbito de nuestra Universidad, atravesada por los vaivenes políticos e ideológicos, contribuye a consolidar su pertenencia, pertinencia y legitimación. Esta tarea merece considerar al Psicodiagnóstico como una práctica que se sustenta sobre parámetros epistemológicos, metodológicos y éticos. El conocimiento de la historia permite consolidar y reconocer la identidad profesional, comprender el sentido de sus cambios, sostener un trabajo basado en el encuentro humano, con el afán de desplegar la potencialidad humanizante que contiene su práctica. (Alvarez, 2005)

Referencias bibliográficas

Altavista, M.I.; Kacero, E.; Lunazzi, H. y Muñóz, A. (2011) Demandas actuales y psicodiagnóstico: retos y perspectivas. XV Congreso Nacional de Psicodiagnostico, XXII Jornadas Nacionales de ADEIP, San Miguel de Tucumán.

Álvarez, N. (2005). La transformación en Psicodiagnóstico como clave de su historia. En Boletín Informativo ADEIP,52 (17), 15-18.

Ascolani, A. (1988). Psicología en Rosario. Rosario: Fundación Ross.

Kacero, E. (2009). El Diagnóstico del psicodiagnóstico. Actas del IV Congreso Nacional de Psicodiganóstico, IX Jornadas Nacionales de ADEIP, Salta.

Kacero, E. (2003). El psicodiagnóstico como acontecimiento. En Actas del XII Congreso Latinoamericano de Rorschach y otras Técnicas Proyectivas (ALAR), Montevideo.

Ley Provincial Nro. 9.538 del Ejercicio profesional de los Psicólogos y creación del Colegio. Santa Fe, 30 de Noviembre de 1984

Lunazzi, H. (2017). Relectura del psicodiagnóstico. Juicio clínico, problemáticas epistemológicas, metodológicas y éticas. Buenos Aires: Ed. Lugar

Perrota, A. M. & Frigola, G. (1991). El psicodiagnóstico en la ciudad de Rosario. En Boletín Informativo ADEIP, 3(11), 12-13.

Sorribas, E. (2008). Tiempo de memoria y balance. Rosario-12. Recuperado de: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-9856-2007-08-16.html

Vecchia, T. A. (1998). El método psicodiagnóstico y el ejercicio profesional de