Dos entrevistas claves.

Rodolfo Eduardo Ayué

Psicólogo (UNR).
Ex docente Fac. Psic., cátedra “Problemática del sujeto”, cargo: J.T.P. (1984-1987).
Ex Coord. Académico del dictado Carrera de Psicología (UNR) en el C. U. R. Junín (1997-2003).
Miembro convocante y fundador de “Praxis Psicoanalítica: Lacan-Freud” -Junín, Pcia. de Buenos Aires (1989-1995).
Clínica psicoanalítica: Rosario (1983/1987); Junín, Pcia. de Bs. As. (1987 a la fecha).

Dos entrevistas claves

Hay un cierto consenso en que, a lo largo de este siglo convulsionado y complejo de presencia del psicoanálisis en la cultura, quien más marcó su historia, luego de Sigmund Freud, fue Jaques Lacan.

En 1926, Freud, que acababa de cumplir 70 años, recibía en su casa de descanso de Semmering, una montaña de los Alpes austriacos, a George Sylvester Viereck, periodista del "Journal of Psichology". [CLIC AQUÍ PARA EL LINK A LA ENTREVISTA]

En 1974, en un momento histórico muy particular, cuando comenzaba a cerrarse el ciclo del "renacimiento" intelectual de la pos-guerra, Lacan, de 73 años, era entrevistado por Emilia Granzotto, periodista y escritora italiana. [CLIC AQUÍ PARA EL LINK A LA ENTREVISTA]

Dos entrevistas memorables, importantes para el psicoanálisis, y ademas, se me ocurre, conmovedoras para el psicoanalista.

Había leído los artículos en forma alternada, en momentos muy distintos, y en estas vacaciones de invierno, ordenando las carpetas de textos electrónicos, los reencontré y me surgió un renovado interés por ellos, por releerlos, estas vez juntos. Nos separa de la última entrevista tanto tiempo como el que transcurrió entre ellas; reparar en esto relanzó aún más mi lectura, transformándola en una especie de "contrapunto". Iba y venía de una obra a la otra, y con cada vuelta me resultaba más curiosa la convergencia de temas, y más me sorprendía el “juego de semejanzas y diferencias” que parecían promover las respuestas de Freud y Lacan. Finalmente, una pregunta motivó las notas que siguen: ¿qué podríamos hoy decir, sobre la vigencia (o no) de los temas fundamentales que se agitan en el horizonte de ambas?...

Lo que siguió fue la continuación de ese juego, y el texto resultante terminó asemejándose a una especie de collage, del estilo de esas obras que incluyen algunas frases recortadas de diarios o revistas. I

. Ciencia, filosofía: ¿pesimismo?... ¿optimismo?

Sobrevuela en la entrevista a Freud el tema de la muerte, y al menos por la transcripción que llegó hasta nosotros, todo hace suponer que es en gran parte introducido por él mismo... En esos años Freud estaba muy preocupado por esta cuestión desde dos "frentes": por un lado estaban los avatares de su salud, en particular su lucha con el carcinoma en el paladar derecho, que derivó en el maxilar mecánico que tanto lo incomodaba; y por el otro, el fenómeno de la guerra, que no sólo lo perturbaba en términos generales (la “marea de la guerra”, como la denominó en uno de los prólogos a “Tres ensayos...”), sino también por su situación y la de su familia en Viena, que comenzaba a complicarse.

Es ante los comentarios de Freud acerca de sus problemas de salud, que en un momento G. S. Viereck, quizás un poco turbado por el hecho de que al “padre del psicoanálisis” no le preocupe la fama póstuma, que para él no signifique nada el hecho de que su nombre vaya a perdurar o no, le formula una cortante interrogación: "¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?"... Freud le responde: "No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida"... Más adelante Freud agrega una especie de “interpretación salvaje”, que confirma que advirtió la turbación de Viereck: "El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre."...

Unos segundos antes (nos comenta el entrevistador) habían estado paseando por el jardín de la casa, y Freud se detuvo a acariciar "tiernamente" un arbusto que florecía... Esa imagen, junto con la aseveración que hace más abajo: "Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana. (...) Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida...", muestran de manera elocuente la radicalidad de lo que empezaremos a llamar: el "complejo simplismo" de Freud...

En cuanto a la entrevista a Lacan, no podemos decir que el tema de la muerte no aparezca, pero Lacan lo introduce de un modo totalmente distinto, indirecto, y no es por ahí que deriva la cuestión del pesimismo... Éste aparece cuando, ya bastante avanzado el encuentro, Lacan trata de una manera absolutamente sarcástica a la ciencia (y al científico) de su época.II

Sin duda perturbada luego de que Lacan agregara a las tres posiciones imposibles de Freud (gobernar, educar, psicoanalizar) una cuarta (la ciencia), Granzotto le pregunta: "¿(la suya) es una visión de apariencia un tanto catastrófica de lo que comúnmente se define como el progreso?"... A lo cual Lacan responde: "En absoluto, yo no soy pesimista. No pasará nada. Por la simple razón que el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse"...

No puedo dejar de imaginar acá lo que Lacan le hubiera respondido a George Sylvester Viereck, cuando en la otra entrevista que nos ocupa, relacionó una respuesta de Freud con las teorías de Hartamm, y en particular con su propuesta del suicidio colectivo... De un modo tanguero, seguramente le hubiera dicho: "¡ni el tiro del final les va a salir!"…

En fin, contrastando todo esto con el clima de aquel paseo de Freud por su jardín, que describe Viereck, y puesto en el lugar de Granzotto yo hubiera comentado: "Espero hayan disfrutado de la visita guiada que nos brindó el Dr. Lacan al tren fantasma que la ciencia ha levantado en el jardín de la historia..."

Entonces, en la entrevista a Freud es él quien se defiende del “pesimismo” que le endilga el periodista; Lacan en cambio se anticipa a una acusación tal; pero, en ambos casos, responden con una tajante negativa. Freud, tomando distancia, de una manera "blanda" podríamos decir, de la filosofía; Lacan, haciéndolo de manera un tanto más "dura", de la ciencia -al menos de esa especie de clisé de toda una época, en que la ciencia aparece como "abanderada del progreso".

Esto no quiere decir que Lacan no se sintiera lejos, al menos en esos momentos, de la filosofía... Y tan es así, que en el mismo reportaje deja una frase absolutamente lacaniana, y por demás de clara al respecto: "(el psicoanálisis) no es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante."

Tampoco debemos pensar que Freud no tome a su vez distancia de "la ciencia"... Sólo que su modo es diverso: lo hace separándose de la "ciencia oficial". Al respecto, casi al

final de la entrevista nos regala una frase inequívocamente freudiana: "Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla"...

Teniendo en cuenta esto, volvamos a nuestra interrogación: ¿en qué fundaría hoy el psicoanalista su rechazo al pesimismo?...

Resuenan más actuales, sin duda, las respuestas de Lacan, sobre todo porque la historia, lejos de desmentir sus asertos, los ha patentizado claramente.

Veamos un ejemplo: "Es verdad, hay alrededor nuestro, cosas horripilantes y devoradoras como la televisión, por las cuales la mayoría de nosotros se encuentra regularmente fagocitada. Pero es solamente porque las personas se dejan fagocitar, ellos llegan a inventarse un interés por lo que ven. Después, hay otros artilugios monstruosos también devoradores, los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo del mar, etc.,… todas cosas que devoran, pero no hay por qué hacer un drama. (…)

Otro ejemplo: "Para mi la única ciencia verdadera (...) es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, quien tiene sus altares en los laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra. Parece que ha llegado también para los científicos el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, revestidos de sus batas almidonadas, esos viejos niños que juegan con cosas desconocidas, manipulando aparatos cada vez más complicados, e inventando fórmulas cada vez más recónditas, comienzan a preguntarse lo que podrá sobrevenir mañana y lo que terminarán por aportar sus investigaciones siempre nuevas. (...) Se los llama biólogos, físicos, químicos,... para mí son locos."...III

Y finaliza con la frase antes citada, de que... "el hombre es bueno para nada, incluso incapaz de destruirse". A lo que agrega, por si no queda clara su afirmación: "Una calamidad total promovida por el hombre, personalmente yo encontraría eso maravilloso"...

Es verdaderamente asombrosa esta "operación" de Lacan, de elevar al pesimismo a una segunda potencia, en la que lo sarcástico resalta su carácter aporético.

Ya volveremos sobre esto.

Freud, en cambio, responde más "seriamente": "Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?"... Y profundiza: "La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: 'Más allá del principio del placer'"

George Sylvester Viereck le retruca, con una ironía muy poco lograda: "Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio." A lo cual Freud replica: "La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia." Nos recuerda a su expresión, mucho más contundente, en “Más allá...”: “He aquí lo que resta: el organismo sólo quiere morir a su manera, también estos guardianes de la vida fueron originariamente alabarderos de la muerte”.

Freud, en la entrevista, mantiene su reflexión en el marco de ese texto fundamental, del que en el siguiente párrafo hace una especie de somera síntesis: "En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros."

Esta expresión de apariencia sencilla, acerca de que la muerte sería un "aliado dentro de nosotros", es fundamental, y es la que en realidad funda la posición de Freud en relación al pesimismo.

Además, está claro en ella que Freud habla de "la vida" en un sentido amplio, y no toma a la humanidad sino en el marco de una reflexión “mayor”, en el contesto de "lo que vive"; y

que a partir de ello se resiste a hacer del hombre una "excepción". Freud, a pesar de lo que se diga, no es un “humanista”… No es la tensión entre vida y muerte lo que especifica al hombre, sino los resortes singulares en que esta tensión se plasma en él, se “traba”, podríamos decir.

Como se ve, aún cuando ambos rechazan el pesimismo, divergen profundamente en sus motivos y sus modos... El rechazo de Freud forma parte de su "simplismo complejo", estratégico, que aparece en principio como una especie de optimismo, más que módico (como arrancado del "pesimismo"), y que se nutre del corazón del pesimismo mismo. Pero esta especie de "operación", de movimiento, se hace fuerte y se especifica cuando "enreda" en una especie de trabazón constitutiva a las dos fuerzas aparentemente opuestas: vida y muerte. Y lo hace en una "lucha" que por momentos se parece más a una tensa "discusión"...

En cambio, el rechazo de Lacan participa de su gesto habitual, que llamaría "sarcasmo táctico", y que en esta ocasión, primero vacía al pesimismo, para luego tomar la fuerza de su vacío, y completar la maniobra produciendo una especie de afirmación, afirmación que a su vez descansa en una doble impugnación. Se trata, finalmente, de "un pesimismo", acerca de "el pesimismo"; como decía más arriba: un pesimismo elevado a una segunda potencia.

Encuentro las dos posiciones coherentes con el fundamento analítico.

El psicoanálisis no puede abrevar en un pesimismo craso, no hay nada en su práctica que lo autorice; así como tampoco puede estar tironeado desde el optimismo, no hay razones para ello. Pero a su vez, el psicoanálisis se encausa en los modos de su rechazo al pesimismo; mientras, al mismo tiempo prospera en sus formas de interrogar al optimismo. Es de ese modo que va bosquejando su historia, todo de la mano de los analizantes, que en él y por él escriben la suya...

Ni pesimismo, ni optimismo. Su oferta misma los trasciende, desde que invoca a la libertad como regla de su búsqueda, a la palabra como experiencia de esa libertad, y al deseo a la vez como enigma y piedra angular de la cura. Pero "libertad", "palabra", "deseo", aquí no son ni la frecuente y rampante simplificación psicologista de los divulgadores y comentaristas, ni esa especie de "mantra" propiciatorio del trance psi en que el nombre de los conceptos devienen por su sola mención en algunas reuniones de las instituciones analíticas... Respecto de esto último, a veces da la sensación de que, como Freud también plantea acá: "creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot"...

"Libertad", "palabra", "deseo" son "ya" esta tensión profunda, problemática, y en ellas se aloja la división que sacude al hombre al mismo tiempo que lo constituye. El hombre sufre de una "personalidad dividida", repitiendo las palabras de Freud de esta misma entrevista. Pero esta "división" no se puede tomar como si se tratara meramente de una operación de lógica, toda vez que lo sacude, como un junco atormentado, entre el odio y el amor, la vida y la muerte, la angustia y la euforia, en fin, entre el optimismo y el pesimismo...

. ¿Qué del Psicoanálisis, entonces?.

Entonces, ¿el análisis es un más allá de todas estas tensiones?... Quizás; pero al modo freudiano, tal que, no obstante estar "más allá", no las suprime ni las supera, sino que advierte, encamina, modifica, y a veces deviene un cierto "saber hacer" con ellas, menos automático que el del síntoma...

En relación a lo que en las entrevistas Freud y Lacan, cada uno de ellos revelan acerca de cómo conciben la práctica del Psicoanálisis, por comodidad, tomaré tres "contrapuntos", que me parecen reveladores respecto de los tres tiempos en que podemos pensar a un análisis: apertura, medio juego y final.

Hago una muy pequeña digresión. La apreciación de Freud en "Sobre la iniciación del tratamiento", acerca de que en ajedrez sólo la apertura y el final se pueden sistematizar teóricamente, es sólo en parte ajustada. Lo es, en la medida en que, en posiciones determinadas, tanto de las aperturas como de los finales se pueden establecer secuencias de movidas que garantizan, en el primer caso, una posición superior, y en el segundo, el forzamiento del mate. Esto es lo que no admite el medio juego...

Pero lo que podríamos llamar "teoría del medio juego", es muy rica y por demás valiosa, puesto que trata de las fuerzas relativas, de las tensiones, del distinto valor de las piezas según el carácter y la situación de la partida, del manejo del espacio y de los "tiempos", de la íntima relación entre las decisiones tácticas y el plan estratégico, etc..

Volvamos a nuestro tema, aclarando que, desde ya, ni el el ajedrez ni en el análisis (pero mucho menos en éste último) apertura, medio juego y final son tiempos sucesivos, sino que se solapan de diversa manera, dependiendo de lo singular de cada partida, o cada cura. Y aunque es obvio, también aclaro que estos párrafos no pretenden abarcar estos "tiempos" en su extensión compleja, sino exponer un par de pequeños relámpagos que con respecto a ellos me produjo la lectura de estas entrevistas.

Antes de pasar a la "apertura", un último comentario. El contrapunto de las entrevistas me deparó también dos sorpresas. La primera (la otra la plantearé más adelante) fue refrendar lo que para mí es una especie de "clave de lectura", sobre todo en relación a la clínica psicoanalítica: siempre pensé que mientras Lacan "encamina" a Freud, es Freud quien "explica" a Lacan.

Veamos.

Apertura.

Lacan en un momento de la entrevista sostiene: "Para hacer un buen análisis, es necesario un acuerdo, una afinidad entre el analizando y el analista. (Es un...) intercambio. En el cual lo importante es que uno habla y el otro escucha. Mismo en silencio. El analista no hace preguntas, y no tiene idea. Da solamente las respuestas que quiere dar a las cuestiones que suscitan su oportuna voluntad. Pero, a fin de cuentas, el analizando va siempre donde el analista lo lleva. (...) Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice. En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre."...

Es claro Lacan: éste es para él un tiempo complejo, decisivo. Es difícil encontrar en tan pocas observaciones un despliegue tan claro de las cuestiones en juego en la "apertura" de un análisis. Se trata de la construcción de una relación que escapa a las cotidianas, donde es fundamental favorecer el ejercicio de la palabra por parte del analizante. Pero sin embargo, es un tiempo centrado en el analista, jugado en su intervención, y por qué no en su interpretación... Ahora bien, el analista más que "dar sentido" a lo que el paciente dice, se dedica a vaciarlo... Pero no se trata de cualquier vaciamiento, claro: se trata de disolver los espejismos acerca de las "causas" del sufrir, y con ello, de "hacer lugar"... Así es, para que advenga un análisis en la apertura se trata de "hacer lugar"... al analista. Pero en todo caso, lo que está en juego es una topología tal, que por ese "hacer lugar" al analista, y por el esfuerzo de éste de que permanezca tan vacío como se pueda, allí es donde el sujeto, es decir, aquello que está implicado en el síntoma, advendrá... Y advendrá él mismo, pero al mismo tiempo, otro (que el del síntoma que lo trajo): al estar ahí, no en él sino en ese otro lugar, podríamos decir, para él.IV

Me apresuro a decir que la vaga e imprecisa referencia a la dialéctica es deliberada, pero solo como una aproximación a la complejidad de estos movimientos.

Lacan encamina la cuestión, planteando que, en definitiva, tarde o temprano el analizante tiene que cambiar la perspectiva con la que arriba, acerca de qué es lo que está en juego en su sufrimiento...

Mientras, Freud, aclara este tema, introduciendo en la entrevista una cuestión fundamental para orientar la escucha en todos estos tiempos, y que incumbe al tacto con que el analista debe manejar tan delicadas cuestiones. Y lo hace de una manera que podríamos denominar "económica": "nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza"…

Medio juego.V

En un momento, Emilia Granzotto recupera en forma de pregunta uno de los prejuicios frecuentes sobre la práctica del psicoanálisis, que se refiere más precisamente al "medio juego": el de tomarlo "como un sucedáneo laico de la confesión". Lacan le responde con claridad y contundencia: "Pero qué confesión. Al psicoanalista uno no confiesa nada. Uno va a decirle simplemente todo lo que le pasa por la cabeza (...) Es el analista a quien le corresponde poner en serie las palabras que escucha y de darle un sentido, una significación."

Lacan elije no aprovechar el equívoco en el que descansa esta “falsedad”, "no releva" lo que la comparación con la confesión plantea, y de ese modo no se refiriere a aquello que está implicado en la pregunta, en tanto implica todo un complejo de culpa, búsqueda de absolución/autorización, necesidad de castigo, subordinación a un (Súper)orden moral, etc. Por otro lado, si bien la suya es una respuesta orientada, sin embargo hay en su horizonte una cierta imprecisión, que podría llevar a pensar que en este momento de la cura se trata de apostar a una cierta “toma de conciencia” por parte del sujeto, que sí se tratara de dar sentido, significación... Lo que a su vez abre a otro prejuicio común (que incluye incluso a algunos analistas): que el objetivo del análisis es llevar al analizante a la "comprensión" del sufrimiento implicado en el síntoma, de lo cual derivaría una especie de “auto-absolución” justificatoria, que a su vez sin más fuera una especie de resolución, de "superación"… Aspecto que recoge con ironía el acerbo popular con ese otro chiste frecuente, acerca de las consecuencias del análisis en el "analizado": "Sufro, pero ya no me importa"...

No se trata de dar sentido, significación, como paso previo a homologar "comprender" con "justificar"... Otra vez, Freud explica a Lacan (y a su vez plantea algo así como "las directrices de la "clínica freudiana"): "Por el contrario, comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento."

Tampoco se trata de dejar de lado toda "comprensión", y avanzar en una especie de esoterismo analítico, pensando que cuanto menos se "comprenda", mejor... Alojar la pregunta, la vacilación, y fomentarla, no quiere decir caer en juegos más propios del dadaismo que de un psicoanálisis.

El análisis no es un irracionalismo. En todo caso, de lo que se trata es de una "comprensión" de segundo grado, que incluya en cada síntesis un "ombligo" que, como en el sueño, linde con lo no comprendido (no comprensible, quizás sería el modo correcto).

La "obscuridad", aún cuando se ponga a cuenta de una supuesta necesidad de enigmatizar el análisis, no es un aliado del psicoanalista. Se corre el riesgo de dar al analista un aire de superioridad, y no ayuda a poner en su lugar, como facilitadora, a la inteligencia del paciente.

Freud, otra vez, de un modo indirecto, aclara la cuestión: "La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo." Lo pondría de otro modo: el analista debe hacer todo lo posible por que la inteligencia del paciente tome el lugar de facilitadora del trabajo, y no un impedimento. Los juegos de palabras y la banalización de la posición de "el muerto" hacen lo contrario: o anonada, o pone a la inteligencia del paciente al servicio de una especie de gimnasia pseudo intelectual, que pretendiendo al espacio del análisis habitado por un vacío prodigioso, en realidad transforma en forma progresiva a las sesiones en "la nada misma"...

Final.vi

En cuanto a su propósito u objetivo, Lacan encamina el tema: "A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real”. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple."

Freud otra vez explica a Lacan, en lo que quizás es una pintura del final de análisis: "(por supuesto que no es algo simple, pero, a su vez) el psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente."... Esta fue la segunda sorpresa, encontrarme con estas dos versiones de lo que Freud llama “metáfora”, sin duda inspiradas en el Mito del Minotauro y su laberinto...

Me explico: elijo, en los comienzos de un análisis, cuando me es requerido o cuando lo juzgo prudente, para ejemplificar el tipo de recorrido que el análisis comporta, una imagen simple, sacada de mi gusto ocasional por la pesca. Quien haya alguna vez intentado la experiencia del pescador, sabe que un avatar frecuente, por demás molesto, es el enredo de la tanza. A este enredo, en mi infancia, lo llamábamos "galleta".

Cualquier pescador sabe que lo único que no hay que hacer ante una "galleta", es tironear... De ella se sale, si el enredo no está demasiado apretado, empleando la herramienta quizás más difícil de manejar en todos los órdenes de la experiencia humana: la paciencia... Al contrario que el tironeo, hay que "aflojar" todo lo que se pueda los puntos de enredo, tratando de aplicar la menor tensión posible... Luego está en la habilidad de cada uno ir encontrando las vías para ir despejando, hasta liberar, los nudos; en este "segundo momento”, a veces sí se puede maniobrar con un poco más de brío.

En fin... No hay dos "galletas" iguales, y fuera de lo que hace a la lección de paciencia, pocas cosas generales una enseña acerca de la otra...

Me siento cómodo con esa especie de "imagen creativa" (en el sentido que le da al término R. Callois). A ella ahora la enriquecen las otras dos de la cita de más arriba, llamadas "metáforas" por Freud...

Debo mencionar que no había advertido, hasta releer le entrevista a Freud, que en mi “imagen creativa”, que a veces uso para la maniobra de "apertura", ya estaba implicado un "final"… Sólo me resta aclarar que, en mi opinión, así como no hay sucesividad, sino entramado, de los tiempos de un análisis, algo semejante ocurre con estas dos vías

freudianas: no son indistintas ni alternativas, sino que marcan dos tiempos entrelazados de la realización analítica, donde ambos son diversos y al mismo tiempo uno...

. Freud el psicoanalista, el hombre.

En cuanto al psicoanalista ya no frente a su paciente, sino frente a si mismo, dice Freud: "Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer? (...) Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad"...

No dice: "aceptar la muerte", sino "aceptar la vida"... Freud, el psicoanalista, nos habla como hombre, y nos dice que el verdadero trabajo es aceptar la vida; "la muerte" no es ningún misterio -o en todo caso, si lo es, es porque la vida lo es...

Más allá del lugar importante que tiene la muerte en el juego pulsional, al que un poco repasamos más arriba, toda operación que le de centralidad exagerada en realidad funciona como una "coartada" cuyo destino es oscurecer la verdadera fuente de angustia, que es la vida misma y sus exigencias. Es aleccionador cómo Freud en la entrevista sale contra cada una de estas "coartadas".

Primero, contra la coartada de la "trascendencia": "la fama llega cuando morimos y, francamente, lo que venga después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia."

Luego, saliendo al cruce de otra de las típicas "coartadas", la "quimera de inmortalidad", en sus dos formas: la "continua" y la "discontinua"... Mientras por un lado, manifiesta: "Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo"; por el otro: "(...) no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro."

En este sentido, sumémonos a la súplica del poeta, y con él a Freud, que es quien lo cita en la entrevista:

"Cualesquiera dioses que existan

Que la vida ninguna viva para siempre

Que los muertos jamás se levanten

Y también el río más cansado

Desagüe tranquilo en el mar"

Caviahue, julio de 2018

Si algo hay de inspirado en estos párrafos, fue propiciado por la compañía que tuve estos días, Ana, Eva, Leandro y Cielo, y en especial, por una pequeña presencia, Coral, que en su ir y venir alborotó aquellas horas, introduciendo el matiz fecundo de la “pura y verdadera alegría”… A ellos les dedico el texto con agradecimiento...

Notas

i La entrevista a Freud se puede encontrar en: https://www.clinicamente.com.ar/articulos/ev-freud.htm; y la realizada a Lacan en:http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/
practicas_profesionales/162_hospital_dia/material/docentes/freud_por_siempre.pdf]

II Reproduciré el párrafo más adelante 

IIIA esta expresión me refería en el párrafo de la nota anterior, relacionada a lo del "tren fantasma"

IV A los fines de la mejor lectura del trabajo quité la secuenciación que había hecho a este párrafo, que en el borrador era: “Se trata de (1) la construcción de una relación que escapa a las cotidianas, donde es fundamental favorecer (2) el ejercicio de la palabra por parte del analizante. Pero sin embargo, (3) es un tiempo centrado en el analista, jugado en su intervención, y por qué no en su interpretación... Ahora bien, el analista más que "dar sentido" a lo que el paciente dice, se dedica a (4) vaciarlo... Pero no se trata de cualquier vaciamiento, claro: se trata de (5) disolver los espejismos acerca de las "causas" del sufrir, y con ello, de "hacer lugar"... Así es, para que advenga un análisis en la apertura se trata de (6) "hacer lugar"... al analista. Pero en todo caso, lo que está en juego es una topología tal, que por ese "hacer lugar" al analista, y por (7) el esfuerzo de éste de que permanezca tan vacío como se pueda, allí es donde el sujeto, es decir, aquello que está implicado en el síntoma, advendrá... Y advendrá él mismo, pero al mismo tiempo, (8) otro (que el del síntoma) que lo trajo: al estar ahí, no en él sino en ese otro lugar, es decir, para él. “

V El medio juego está implicado lógicamente en dos de los puntos de párrafo de la cita anterior, y es referencia inicial de lo que sigue. Se trata de los puntos (4) y (7). vi Por último, el "final" de la partida también tiene que ver con dos de los puntos que mencionaba en el ítem “Apertura” (Nota iv., que es también referencia inicial de lo siguiente). Se trata de los puntos (2) y (8).