Mujeres de pelo largo

Mónica Medovoy

Psicoanalista, ex docente de la facultad de Psicología, miembro de la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud, miembro de La Convergencia Psicoanalítica.

Mujeres de pelo largo

Este trabajo tiene un hilo conductor, una pregunta que años atrás se plasmó en un encuentro con otros analistas; en aquel entonces hicimos una jornada de trabajo que titulamos “¿Los hombres son todos mortales?”.Entonces, la pregunta era por el no-todo en el hombre, aquel que se dice tal, y de qué manera el no-todo fálico se escribe en el encuentro con una mujer. En aquel momento no contaba con los modos lógicos que me permitieran leer las fórmulas de la sexuación, lectura que sigo haciendo. Lo titulé ahora “Mujeres de pelo largo” y me refiero a lo que Lacan nos dice en “Los no incautos yerran.” Tal vez se trate de una ironía, tal vez de un desafío cuando plantea: “la trenza tiene relación con el tres, quien quiera se haya ocupado del cabello de una mujer puede saberlo. Pero, naturalmente ustedes no lo saben, porque ahora las mujeres tienen cabello corto. Una trenza hace el tres (nudo borromeo), de lo que se trata de ver es dónde se hacen los cortes.”

La castración no tiene que ver con la amenaza ni la censura; la estructura es lógica, y es lo que se produce por la necesidad de discurso, es decir, de cómo se reparten los goces.La lógica que nos propone es de la imposibilidad de lograr que ésta capte íntegramente el discurso. El hiato irreductible es lo real. Por lo tanto, las formas lógicas admiten una estructura no estática y paradojal. Se trata de cómo cada cual hace su trenzado, o sea, su escritura. No hay otra manera de abordar lo real del sexo si no es a través de una escritura. El hiato entre la lógica y el discurso deja a su vez en suspenso los valores de verdadero o falso. El valor del llamado hombre o mujer es inabordable por el lenguaje, ya que éste funciona como suplencia del goce sexual. A su vez recordemos que es el falo el que le da su significación. Digamos por ahora, que un argumento hace tope , límite al otro; un hombre no puede gozar de todas las mujeres (esta existencia es mítica en Freud y lógica en Lacan). Es imposible que goce de todas las mujeres porque no hay un conjunto de todas las mujeres. A su vez, existe al menos

uno para el cual la denotación no se sostiene en la función fálica. Para una mujer es necesario al menos uno, en tanto la castración le es posible.

“De lo que implica la castración ella se encarga.”

Vamos ahora a “Mujeres de pelo largo”. Me he valido de un mito, de una leyenda del folklore judío, que no figura en la biblia. Según esta leyenda, Eva no habría sido la primera mujer de Adán.

El mitólogo Robert Graves, relata la historia de Lilith; según esta versión, Dios la habría creado como lo hizo con Adán, sólo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro.La presencia de Lilith en la biblia se limita en una versión en Isaías (34-14), pero es una referencia por la cual es imposible saber si se refiere a la célebre criatura de la leyenda judía o simplemente se trata de una bestia salvaje.Según la versión que nos provee el mito Lilith y Adán nunca encontraron la paz juntos, pues, cuando él quería acostarse con ella, Lilith consideraba que la postura que él exigía le era ofensiva. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti, también estoy hecha de polvo y por consiguiente soy tu igual?”Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el paraíso, antes de someterse y renunciar a sí misma. Invocó el nombre de Dios, innombrable para toda la tradición judía por considerar que el nombre de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, por lo tanto, es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre él. ¡Acto éste de mayor soberbia y osadía suprema! .Se aleja volando del paraíso y acepta a los demonios del mundo como amantes. No hace otra cosa que parir una y otra vez robándoles semen a los varones. Fue llamada madre de los demonios. En tanto Adán insatisfecho de aparearse sólo con bestias, Dios crea a Eva.

Mark Twain escribe “El diario de Adán y Eva” poco antes de morir. Estudioso bíblico, tema que lo obsesionó toda su vida, relata una historia de amor, no divino, entre un hombre y una mujer.En su relato, no sólo descubre criaturas y paisajes sino también sentimientos que no estaban en el parque (así llama Twain al paraíso).Tal vez, la artificie de este encuentro es la Eva que nos ofrece el autor.

Según cuenta la biblia, Adán, ayudado por Elohim nombra a las cosas con el nombre conveniente, nombre que, al desprenderse la voz del cuerpo de Adán hace agujeros, traza, que modifica dando a las cosas estatuto de tales. El efecto de nominación, conecta lo real con la ley del nombre del padre, produciendo un primer anudamiento. Así una primera marca ingresa.

Eva nombra las cosas con su lengua suelta y charlatana; ese goce de la palabra que a Adán intimida. “Es la primera en hablar a la serpiente, y al nombrar a este animal temible hace de él objeto del miedo” (frunce culos, nos dice Lacan en el Synthome), y prosigue de este modo la creación divina se redobla en el Parletre. Es necesario que no deje de escribirse la función que dice no al goce.

Puede o no suceder, es posible (contingente) que cese de escribirse la función que dice que no al goce.

Vayamos al relato de Mark Twain “nublado hoy, ventoso en el este, creo que se nos viene la lluvia… nos…nunca antes había escuchado la voz humana, y todo ese sonido nuevo y extraño que penetra en la solemne quietud ofende mi oído y me parece una nota falsa. Nos… esa es su palabra y la mía también.”

Ese sonido extraño de la voz de Eva en el mundo de Adán podrá tornarse objeto persecutorio y hostil si la cara sin ley del objeto (la cosa) no ha sido vaciada de goce. Si la identificación al padre, del lado masculino de la sexuación ha dejado un resto, este objeto inasimilable, habrá de ser la reserva para hacer de una mujer, causa de deseo.

En los “No incautos yerran” Lacan nos dirá: “el saber masculino, en el ser hablante, es un redondel de hilo, gira en redondo, en él hay un comienzo como rasgo que se repite, además sin contarse, y de girar en redondo, se clausura sin saber que de esos redondeles hay tres. ¿Cómo llega a conocer una punta de esta relación elemental? Felizmente, hay una mujer.”

Si para una mujer, del lado femenino de la sexuación, no existe la función que diga que no a la castración, sino hay significante que represente el agujero de su sexo, lo azaroso es que sea posible que cese de no escribirse la función de al menos uno que no. Esta contingencia se escribe como necesaria (parece una escritura, nos aclara Lacan).

El decir de un hombre, en la medida que la faliciliza, hace escritura. Sólo hay necesidad de un decir, y es lo que hace posible la existencia del hombre como valor sexual.

No sabemos qué carta de amor habrá escrito Adán.

Ella escribe su castración alrededor de ese uno que le faliciliza; en el lugar del padre.

Una mujer no puede ser tomada toda dado que ella se reserva un goce no fálico que la hace no toda.Si el cuerpo está hecho para que nos podamos levantar cada mañana, ¿qué hace que alrededor de ese órgano, el masculino, nazca un goce privilegiado?

El hombre, tal como lo imagina una mujer, es en realidad una imaginación que recubre un vacio; esto es lo que nuestra Lilith desconoce profundamente. Ella cree que el falo es el FALO, y que el nombre y las cosas copulan.

Si no hay relación sexual, si todas las identificaciones están del mismo lado, si una mujer puede ser tan fálica como el hombre, ¿por qué una mujer puede hacer la escritura?

El hombre esta torcido por su sexo, afligido por el falo. Una mujer puede hacer una identificación sexuada, es preciso que pase por el goce fálico que le falta. Ella se reserva un goce más ligado al decir, esa satisfacción del bla-bla-bla… (la lengua charlatana de Eva). El estar marcada no toda por el falo le da un poquito de más “ventilación” en sus goces. Un hombre, en relación a una mujer sacrifica su falo; queriendo abordar a la mujer, con lo que se encuentra es con a, causa de deseo, lo real.