ANOREXIA/BULIMIA, una dificultad en la proporción

Autora: Lidia Kieffer. Magister y Profesora Adjunta de la Cátedra Psicología de la Facultad de Psicología de la UNR.

Es bastante frecuente encontrarnos con que en la pubertad o o a más tardar en la adolescencia temprana, se desencadene el fenómeno anoréxico  o bulímico.

¿Por qué ahí? ¿Por qué en ese momento? Momento en el que todo se pone en vilo, donde el estado de las cosas se reactualiza, tiempo también del encuentro con la sexualidad.

Toda vez que  un  sujeto se ve requerido a dar una respuesta a la demanda del Otro; necesariamente se pone en juego la calidad del Otro y  la posición del sujeto en relación con él.

En “Tres ensayos para una teoría sexual”, Freud dice que en la pubertad el sujeto por fin se encuentra con el objeto sexual. Esto, podemos decir, nunca es sin conflicto, conflicto que puede o no resolverse en síntoma.

Es esperable que en el curso de la pubertad se produzca una particular desestructuración imaginaria que tiene que ver en gran parte con la transformación del cuerpo producto del crecimiento y la maduración. La aparición de los caracteres sexuales secundarios, por ejemplo, hacen vacilar la imagen del propio cuerpo en el espejo. Esta sensación de extrañeza es difícil de subjetivar.

¿Por qué aparece el pánico de ser gorda? ¿Cómo parar el hambre que la puede tragar? Ya no se sabe dónde está la boca y dónde está el alimento.

¿De qué modo particular la anoréxica dice que no? Bueno, hay una respuesta bastante repetida por los analistas, apoyándose en la puntuación de Lacan, que dice que la anoréxica no es que no come, sino que: “come nada”, ya que ofrece su propia desaparición al deseo del Otro, para que de este modo el Otro se angustie. Modo particular extremo de dibujar con su propio cuerpo cadavérico la pregunta al Otro: ¿puedes perderme?

Evidentemente, aquí en la Anorexia  no se trata de la regulación del deseo por el soporte fantasmático. El tránsito por la pubertad lo podemos considerar como ese tiempo donde el objeto -en el fantasma- se estabiliza como causa de deseo. Este es un recurso del lado del sujeto para responder al deseo del Otro, pero para que esto sea posible, se requiere de un tiempo anterior, que es la prueba del deseo del Otro. ¿Qué quiere decir esto? Que exista algún deseo en el otro jugado en relación al sujeto. En relación a esta cuestión nos sirve la pregunta que Ginette Raimbau[i][ii] claramente formula: “¿Dónde está la anoréxica en cuanto a la identificación primaria se refiere, a diferencia del neurótico que quiere asegurarse de su identificación al falo?”. Ella  -la anoréxica- quiere que la pregunta por la identificación primaria sea planteada.

Se atiene a esta pregunta con rigor. Le pide al Otro que desee. Porque para poder dejar de ser el falo, en algún momento habrá que haberlo sido. La Anoréxica quiere saber: ¿Qué fui, que soy para el Otro fuera de ser un ser de necesidad?

Si el deseo no se regula en su base fantasmática ,queda en una oscilación mortífera entre el yo y la labilidad de la imagen especular; vía abierta al tobogán metonímico donde falla la operación metafórica que implica corte entre una palabra y otra, un objeto y otro, desvaneciéndose el sujeto en ese intervalo.

¿Cómo aparece esto en el discurso de una paciente  a quien -al no disponer de una reserva operatoria- no le es posible contar, ya que no puede descontarse? La consecuencia es la imposibilidad de realizar equivalencias simbólicas. Entonces, los objetos se amontonan, están en parvas, en un continuo.

Dice P.: “los kilos de menos son reserva para todo lo que tengo a favor para engordarlos. Cuantos menos kilos tenga, más a mi favor”.

Del padre: “Todo es apariencia... tiene una familia bien constituida para afuera; para afuera es lo mejor del mundo; en casa, todo lo contrario”.

De la madre: “Ella no dice nada... nunca nos contó nada... nació mi hermana y a los veinte meses nací yo, siempre me cuenta que fue un parto re-difícil, que casi muere ella, me muero yo... sufrió mucho”. (Todo lo referido a la madre tiene que ver la connotación del sufrimiento).

“...De chica, todo lo que hicieron con mi hermana, lo repitieron conmigo: a ella no le gustaba la leche, mi mamá no compraba leche, ¿por qué?, si a mí me encantaba; la fiesta de los quince me la hicieron igual como la de tu hermana; siempre estudié con sus libros usados; no me llevaron al Jardín de Infantes porque mi hermana lloró cuando la llevaron, y yo lloraba porque quería ir, me decían: no porque vas a llorar”.

En otro momento dice: “... yo no puedo comer otra cosa porque no tengo garantías, yo la veo a mi hermana que como cosas diferentes, pero qué sé yo si no va y vomita. Yo, en cambio, sé que soy mi zanahoria y mi zapallo, porque puedo comer una parva y es lo mismo que nada: está probado que no engorda”. “... No sé qué es el hambre, creo que yo siempre tengo hambre, o nunca”.

“No sé si le gente sabe lo que es comer, esto es lo que me pone mal, porque me dicen: -‘P. estás linda’, ¿y yo qué hago con eso? Es como si hubiera ganado un concurso con la obra de otro. Yo no sé qué me están diciendo ¿linda?, ¿hasta cuándo? Porque yo sé que hay una relación entre estar más linda y más gorda, ¿pero cómo sé yo hasta cuándo puedo engordar? ¿Dónde para esto? Estoy más linda, más gorda, y no sé qué comí, me privé de todo, helados, de a cucharitas. Me preguntan: -‘¿Tomaste un helado?’. No, tomar un helado, no... no sé, a lo mejor un helado es lo mismo que verdura, pero un helado es ese solo y se terminó. En cambio yo sé que puedo comer verdura desde las diez hasta las doce de la noche”, “...quiero probar una medida: mi mamá me da un plato de sopa, no lo puedo terminar; después de ese plato de sopa, ¿qué puede pasar? Es ese solo plato... mi mamá me dice: -‘contame a mí, si no me contás a mí que soy tu madre’. No puedo, no sé”.

Intervención de la analista: No podes contarla, tu madre, vos, un helado, un plato de sopa.

*Cuando se pone a estudiar, se pone a estudiar, y esto no tiene límites; si se trata de temas, saca por tema varios libros, un parcial puede llegar a ser interminable, nunca puede agotarse. El tiempo, el corte, lo marca la fecha del examen. Tiene terror a los prácticos, porque ahí, sobre todo, la pregunta del profesor es: “-Usted, ¿qué haría?”.

No podríamos decir que en este discurso haya pobreza simbólica, más bien todo lo contrario. Sin embargo, hay algo desanudado en la estructura que hace que realizar una cuenta este seriamente dificultado y esto es suponemos consecuencia de un trastorno que se ha producido en el proceso identificatorio, lo que la hace decir: “soy mi zanahoria y mi zapallo”.

En la bulimia en cambio se pone en evidencia -aun cuando no deja de corresponderse con la anorexia- un circuito aditivo donde la incorporación y la expulsión se sostienen en una circularidad bifásica que corresponde a mandatos superyoicos que dejan sin respuesta al sujeto.

Esto -que podemos denominar ritual bifásico - muestra que se trata de un tiempo continuo donde el Otro comanda. La bulímica repite un rito, repite en la constancia incesante de la pulsión, ya que la vía fantasmática no le hace stop a la deriva pulsional.

Sabemos que la pulsión, como representante psíquico de la sexualidad, entra en juego como pulsión parcial y dando un rodeo va a bordear los diferentes orificios del cuerpo. El fantasma articulado a la demanda por vía de la castración, produce una interpretación singular de la realidad. O sea que a partir del cuerpo y sus orificios, articulando lo imaginario y lo simbólico, el fantasma disimula lo real.

En la medida en que hay una falla en la metáfora paterna, el significante del Nombre del Padre no articula suficientemente  cuerpo, pulsión y deseo, dificultando la posibilidad de la creación de un recoveco que permita sustraerse al sujeto del campo del Otro.

Así como en la anorexia se cierra la boca (fin pasivo de la pulsión), en la bulimia se abre la boca hasta lo imposible.

En la anorexia el sujeto se guarda de la voracidad del Otro, de que el Otro lo chupe, lo aspire, pero en la bulimia el Otro no sabe de su secreto. En el tiempo bulímico, la voracidad del Otro reina, pero si el sujeto arma un ritual, un secreto, puede vomitarlo o cagarlo, ponerle un límite, un coto al goce del Otro.

Escuchemos algunos fragmentos del discurso de una paciente que denomino B:

“...fui a la despedida de una amiga, aguanté de no comer hasta que ellas terminaron, después comí de todo. Al otro día me miré en el espejo y me veía las piernas gordas. Me compré una botella de leche de magnesia y una tableta de chicles laxantes y después no comí nada en todo el día. No me gusta que me miren cuando como, me da la impresión de que les da asco. Porque como mucho, mucho... total, voy y si me siento llena, devuelvo o tomo un laxante. Si como y al otro día no tomo laxante, me siento de ochenta kilos”.

En otro momento dice:

“...mi mamá siempre está pendiente de la comida, de si está gorda o flaca, pero come igual, pero está gorda igual. Cuando era chica me decía que iba a rodar”.

“... la chocolatada me la preparaba con edulcorante, compraba galletitas feas. Cuando comíamos facturas, nos decía que paráramos. Me da mucha bronca. Yo me sentía gorda en el momento que comía”.

Intervención de la analista:

* Pone en relación a la madre como pendiente por la que ella rueda.

En otra sesión cuenta que -después de pelear con su madre como siempre, por la comida- el domingo tomó todas las pastillas que encontró. La madre justo la vio cuando las estaba terminando de tomar y la llevaron al sanatorio para ver si le tenían que hacer un lavado de estómago.

Analista: ¿Qué pensó cuando las iba a tomar?

-“Pensé en morirme, porque no puedo comer; siempre me peleo por lo mismo con mi mamá y muy pocas veces la paso bien. Lo que más me molesta y lo que me entristece es que me obliguen a comer con aceite, me da asco. Ella me hace más o menos lo que yo como, no me va a hacer tallarines...”

Analista: ¿Por qué? ¿No te gustan?

-“Si, pero no puedo. Y si después me quedo con las ganas? ¿Qué hago? Si como un plato, como veinte”.

Analista: Comer uno sería quedarte con las ganas vos, quedarte con las ganas de esos tallarines que te gustan. Los veinte te hartan las ganas, te la aniquilan.

*Luego de esta entrevista, a la siguiente relata un sueño; soñó dos días el mismo sueño:

-“Era el cumpleaños de una amiga. Estaban todos los parientes: abuelos, amigas, todos, pero ella no estaba (mi amiga), yo iba por todas las mesas comiendo la torta de chocolate con grana verde y no le sentía el gusto. Comía, comía y no le sentía el gusto, sentía desesperación de que me la sacaran y no poder sentirle el gusto”.

Comentarios y asociaciones:

Más que un cumpleaños era como un casamiento o comunión por como estaba adornado de blanco: mesas largas, globos, el salón grande.

Dice que duerme mal, se despierta. Se levanta triste, sin ganas de nada.

-“A la mañana no me gusta que me hablen, porque si me hablan tengo que responder. De chiquita siempre me pasó que no quería que me hablaran, sobre todo mi mamá. Siento bronca contra todos, ganas de romper algo”.

Intervención de la analista:

*Casamiento, comunión, cumplir. La que cumplía no estaba, estaba la que se desesperaba por sentir el gusto. ¿Cómo se puede sentir el gusto, tener ganas, sin tener que responder, cumplir? Hay que soñarlo varias veces.

Para terminar, podemos decir que se trata de una detención en el tiempo de la alienación, que impide el acceso a la afánisis -desaparición del ser-, pero una desaparición entre significante y significante. Es por este congelamiento en el corazón del Otro, que no puede poner en juego la operación de separación, y es ahí donde debe apuntar la cura. Dicho en otras palabras: pasar del juego de las estatuas a poder jugar a las escondidas. El esconderse -a riesgo de ser descubierto- es una apuesta a la posibilidad de decir: piedra libra o pica (para los rosarinos), y al abrirse el juego, ir y venir en ese trabajo de descompletar al Otro. De lo contrario, la anoréxica queda atrapada en el juego de las estatuas, inmovilizada por una mirada que la paraliza o intenta fallidamente el juego de Fort-da, como el nieto de Freud. Con la gran diferencia de que no tiene un valor simbólico en tanto metáfora de desaparición para el Otro, lo que hará  que este juego peligroso durará hasta que se corte el hilo.-

Otoño 2014

BIBLIOGRAFIA:

Freud, S. Ensayos II y III de “Tres ensayos para una teoría sexual”. 1905. OC. Volumen 9.Amorrortu editores, Buenos Aires 1979.

“La organización genital infantil”. 1923. OC. Volumen 9.Amorrortu editores, Buenos Aires 1979.

Lacan, J.  Seminario IX: La Identificación (1961-1962). Establecimiento del texto, traducción y notas: Ricardo E. Rodríguez Ponte.

Seminario X: La Angustia (1962-1963) Editorial Paidós, Buenos Aires, 2007.

Raimbault, G “El Psicoanálisis y las fronteras de la medicina”. Editorial Ariel, Barcelona 1993.

Descargar PDF