Fundamento Interior, Reflexión y Auto-conciencia.

Conferencia Internacional sobre Cerebro, Mente y Sociedad de la Escuela de Graduados en Ciencias de la Información. Universidad de Tohoku, Japon. (Septiembre 2005) .
Autor: Marvin Minsky

Algunos programas de computadora son expertos en algunos juegos.  Otros programas pueden reconocer algunas palabras. Otros son muy competentes en resolver problemas técnicos. Sin embargo cada uno de esos programas son especializados y no existe hoy en día un programa que muestre sentido común o los recursos de un niño típico de dos años de edad, y desde luego no hay todavía un programa que pueda entender una frase típica de un libro de cuentos de un niño de primer grado. Tampoco, ningún programa puede miraralrededor de un cuarto y luego identificar las cosas que encuentran sus ojos. Esta conferencia sugerirá algunas ideas acerca de por qué los programas de computación están todavía muy limitados. Algunos pensadores podrían decir que esto es así porque las computadoras no tienen conciencia y que nada se puede hacer respecto a esto, ya que está en la naturaleza de las máquinas hacer solo aquello para lo que están programadas para hacer y , por lo tanto, ellas no pueden ser programadas para “pensar”

Ciudadano: “Yo estoy convencido de que las máquinas nunca tendrán pensamientos y sentimientos como los nuestros, porque no poseen los ingredientes vitales que solo existen en las cosas vivientes. Por eso, ellas después de todo, no pueden tener ningún sentimiento, ni esperanzas o alegrías, o miedo, o dolor, motivaciones, ambiciones o propósitos. Ellas no pueden tener una sensación de orgullo o vergüenza, o fracaso, objetivos o descontento, porque ellas no pueden preocuparse por lo que hacen o ni siquiera saber que existen.”

Esto me muestra que nosotros usamos tales declaraciones para excusarnos a nosotros mismos por nuestros fracasos para entendernos a nosotros mismos. Para hacer esto, nosotros agrupamos los fenómenos que no podemos explicar y los empaquetamos dentro de palabras tipo “cajón” como ser “sensibilidad”, “espíritu” o “conciencia” y entonces describen estos “ingredientes vitales” como entidades misteriosas que no pueden ser explicadas por medio de la vía de la física.

Sin embargo, acá voy a tomar una posición opuesta. Cada vez que algún aspecto “básico” de la mente se vea como difíciles de explicar, voy a tratar de describirlo como el producto de una red más compleja de procesos cuyas actividades pueden a veces cooperar, pero también pueden tener competencia y conflicto. Entonces, en cada uno de los ejemplos a continuación, un misterio que parece inexplicable, deberá ser reemplazado por un conjunto de problemas y preguntas diferentes, cada una de las cuales aún seguirán siendo difíciles, pero al final no se verán como inabordables.

Empezaremos por abrir y desempacar el conjunto de fenómenos para los que nos hemos acostumbrado a usar la palabra “conciencia”.

 ¿Qué es la Conciencia?

“Aaron Sloman: No vale la pena preguntarse cómo definir la conciencia, cómo explicarla, como evolucionó, cuáles es su funciones, etc., porque no es una cosa para la que todas las preguntas serían las mismas. Por ejemplo, tenemos muchas sub-capacidades para las que existen diferentes respuestas: por ejem., diferentes clases de percepción, aprendizaje, conocimiento…auto control, etc.” Extraído de una comunicación en: comp.ai.philosophy

Para ver como muchas de las mentes humanas actúan, consideremos este fragmento del pensamiento cotidiano.

Juana está yendo a cruzar la calle para entregar un informe final. Mientras piensa en qué decir en la reunión, ella escucha el sonido de una bocina y dando vuelta su cabeza, percibe un vehículo que se acerca rápidamente. Duda si sigue adelante o retrocede, pero como no puede llegar tarde, Juana decide acelerar su paso. Después recuerda su lesión en la rodilla y reflexiona sobre su decisión impulsiva. ‘Si mi rodilla hubiera fallado, yo podría haber sido muerta. Entonces, ¿Qué hubieran pensado mis amigos de mi’”

Puede ser natural preguntarse: “¿Cuan conciente fue Juana de lo que hizo? Pero, más allá de la palabra “conciencia” echemos un vistazo a las cosas que ella realmente “hizo” 

*Reacción: reaccionó rápidamente a ese sonido.

*Identificación: ella lo reconoció como un sonido.

*Caracterización: lo clasificó como proveniente de un auto. Una bocina.

*Atención: prestó más interés a una cosa que a otra.

*Indecisión: se preguntó si cruzar o retroceder.

*Imaginación: visualizó las posibles consecuencias.

*Selección: eligió entre varias opciones.

*Decisión: eligió una entre varias alternativas.

*Planificación: construyo un plan de acción de varios pasos.

*Reconsideración: más tarde ella reflexiona sobre sus elecciones.

Mientras ella realiza estas cosas, otras ‘partes` de su mente hicieron otras cosas.

*Recolección: recupera la descripción hechos anteriores.

*Representación: interconectó un conjunto de descripciones.

*Encarnadura: describió las condiciones de su cuerpo (en que estado se encontraba).

*Emoción: cambió la mayor parte de su estado mental.

*Expresión: construyó varias descripciones verbales.

*Narración: se escuchó dialogando consigo misma en su mente.

*Intención: cambio sus prioridades en relación a sus metas.

*Preocupación: estaba inquieta por llegar tarde.

*Razonamiento: realizó varias clases de inferencias.

Muchas de estas actividades involucran procesos mentales que utilizan descripciones de otros procesos mentales que Juana realiza.

*Reflexión: ella pensó sobre lo que había realizado recientemente.

*Auto-reflexión: se enfoca en sus pensamientos recientes.

*Empatía: imagina los pensamientos de otras personas.

*Reflexión moral: evalúa lo que ha hecho.

*Auto conocimiento: ella caracteriza su estado mental.

*Auto imagen: ella usa y construye modelos de si misma.

*Sentido de identidad: se considera a si misma como una entidad.

Esto es solo el comienzo de una lista más larga de los aspectos de cómo la gente siente y piensa, y si queremos entender como trabaja nuestra mente, necesitaremos poder encontrar una explicación para cada uno de ellos. Para realizar esto, debemos tomar a cada uno por separado para así dar cuenta de  los detalles de cómo funciona, y luego decidir sobre cual de ellos considerar como partes de lo que llamamos “conciencia”.

La Mente vista como una organización de procesos de varios niveles.

Esta sección presenta un modelo de la mente que muestra cómo un sistema podría reflejar (al menos hasta cierto punto) lo que podría recientemente haber estado pensando. No hay suficiente espacio para describir la totalidad de la idea expuesta acá, pero el lector puede encontrar más detalles en http://web.media.mit.edu/~minsky/E5/eb5.html.

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Mi socio Singh y yo estamos en la actualidad desarrollando un prototipo de un sistema como este. Nosotros describimos más detalles en http://web.media.mit.edu/~minsky/E4/eb4.html, y en http:web.media,mit.edu/~push/CognitiveDiversity.html.

Debo señalar que este modelo es consistente con algunos de los puntos de vista tempranos de Sigmund Freud, quien mostró a la mente como un sistema para resolver (o ignorar) conflictos entre nuestros instintos y nuestras ideas adquiridas.

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¿Como Reconocemos la Conciencia?

Una vez que tenemos un modelo en el cual la mente tiene varios procesos y leyes, podemos comenzar a construir hipótesis acerca de lo que puede suceder cuando una persona dice que está pensando “concientemente”. Por ejemplo, esto puede suceder cuando el cerebro de una persona, en ciertos procesos, detecta algunas combinaciones, como estas, de actividades del más alto nivel:

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De manera similar, nosotros también podríamos preguntarnos sobre que podría causar que una persona inicie un conjunto de actividades. Esto podría suceder, por ejemplo,  cuando una cierta clase de procesador “tipo-crítico” detecta que sus pensamientos se han metido dentro de un problema. El efecto de ese aspecto crítico puede, entonces, ayudar a esa clase de cosas que a veces se describe como un intento de “enfocar” o “concentrarse”. El diagrama de abajo sugiere una clase de procesos que un cerebro podría utilizar para tratar de cambiarse a si mismo en algún patrón de pensamiento, comprometiendo procesos de más alto nivel, por ejemplo, mediante el activar recursos como estos:

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Es importante destacar que cada uno de esos conjuntos de actividades pueden ser extremadamente complejas y que también pueden diferir significativamente entre diferentes individuos. Esto es una razón más de por qué nadie debería esperar ser capaz de encontrar una descripción simple de lo que llamamos conciencia.

¿Como nuestros niveles mentales se desarrollan y crecen?

En los últimos siglos, nuestros científicos han descubierto, de lejos, mucho más sobre átomos, océanos, planetas y estrellas, que sobre los mecanismos de los sentimientos y los pensamientos. Las ciencias progresaron porque los  científicos tuvieron éxito en el descubrimiento de pequeños series de leyes  “básicas” que explican muchos diferentes fenómenos en los ámbitos de la física y la química.

¿Por qué esa estrategia no funcionó tan bien para la ciencia psicológica? Como yo lo veo, una razón para esto es la creencia casi universal de que cada una de las funciones del tipo emociones y sentimientos, deben ser esencialmente no-mecánicas, y por lo tanto no pueden ser explicados por medio de procesos físicos. Sin embargo, sospecho que la principal causa de esta demora fue la idea que los psicólogos, al igual que los físicos, tuvieron de buscar “simples” leyes del pensamiento. En otras palabras, como yo lo veo, nuestros filósofos y psicólogos, no deberían haber trabajado tan duramente usando los métodos que funcionaron tan bien para las ciencias físicas. De hecho, hoy en día nosotros sabemos que cada cerebro humano contienen cientos de diferentes y especializadas clases de máquinas, cada una de las cuales deben involucrar diferentes procesos, los que ayudaron a nuestros ancestros a resolver los diversos problemas que les tocaron enfrentar en miles de diferentes antiguos ambientes. Así que, decenas de miles de diferentes genes deben estar involucrados en cómo la gente piensa.

 Esto sugiere que los psicólogos modernos deberían considerar la adopción de un punto de vista opuesto y por lo tanto rechazar la tentación de basar sus ideas en el descubrimiento de un pequeño conjunto de leyes simples. Cada vez que algún aspecto de la mente parece difícil de explicar (como el afecto, el miedo o el dolor) podemos intentar reemplazarlas por un conjunto más complejo de procesos interconectados. En otras palabras, podemos tomar cada uno de los fenómenos mentales y tratar de describirlos, no como “básicos” o “elementales”, que son inexplicables, pero si como resultado de una compleja actividad de grandes redes de diferentes procesos; los cuales muchas veces cooperan y otras compiten. Entonces cada uno de esos misterios comenzará a desaparecer, ya que será reemplazado por una variada nueva clase de problemas. Cada uno de ellos seguirán siendo difíciles, pero a causa de que son menos misteriosos, podremos empezar a tratar con ellos.

En otras palabras, nuestra técnica principal será demostrar que muchos de las “características” aparentemente separadas de nuestra mente, no son en realidad cosas simples, pero si son aspectos de lo que ocurre dentro de grandes redes de diferentes procesos. Para ello vamos a necesitar acumular ideas acerca de cómo algunos de esos procesos trabajan, y entonces vamos a necesitar proponer algunas maneras en que podrían combinarse para producir el sistema que nosotros llamamos nuestra mente.

Así que ahora vamos a tratar de aplicar esta idea a la cuestión de cómo funciona el aprendizaje humano. Es fácil imaginar máquinas con varios niveles de procesamiento, y de hecho, muchos programas de computadora  hoy en día están construidos por múltiples capas de sub-programas. Sin embargo, nosotros todavía no tenemos buenas hipótesis acerca de cómo los niveles más altos de nuestra máquina cerebral pueden hacer la clase de cosas maravillosas que hacen.

El Mito de “Basado en la Experiencia”

La mayoría de las teorías del desarrollo humano asumen que nosotros comenzamos por aprender reacciones de bajo-nivel y que debemos esperar consolidar cada etapa antes de poder aprender a pensar de manera más abstracta:

“Todo lo que podemos llegar a saber, desde los hechos simples hasta los más abstractos, están en última instancia ‘basados’ en nuestra experiencia con el mundo externo”

Más específicamente esta teoría estándar insistirá:

“Nosotros comenzamos por (de alguna manera) aprender a reconocer situaciones sensoriales particulares. Entonces nosotros relacionamos nuestras reacciones con lo que sea que nos conduce al éxito o al fracaso”. Entonces en las etapas posteriores del desarrollo, nosotros aprendemos formas cada vez más abstractas para representar los objetos y sus relaciones en las condiciones en las que los percibimos”.

Sin embargo esto plantea serios interrogantes como los siguientes:

¿Como reconocemos esas situaciones sensoriales?

¿Cómo nos las representamos?

¿Qué determina como reaccionamos a ellas? (operante)

¿Qué es lo que hace que algo sea un éxito o un fracaso?

¿Cómo hacemos esas correlaciones?

Para responder a estas preguntas, como yo lo veo, vamos a necesitar nuevas ideas sobre como diseñar estas maquinas. Dudo que sea suficiente asumir que el aprendizaje (por ejemplo) sea básicamente un asunto de correlaciones estadísticas, o que los conceptos de alto nivel se formarán espontáneamente a partir de grandes redes neuronales con arquitecturas simples, o que vamos a comprender mucho de la cognición humana haciendo una pequeña extensión del tradicional concepto sobre “asociación de ideas” o “reforzamiento operante”. Un gran filósofo reconoce claramente que esas ideas tienen serias deficiencias:

Inmanuel Kant: “que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia no hay ninguna duda. Para saber ¿cómo es posible que la facultad de conocer se despierte de un modo diferente que en el ejercicio de los objetos que afecten a nuestros sentidos, en parte ellos producen representaciones y en parte despiertan nuestros poderes de comprensión a las actividades, de comprensión, de conectarse o separarlos; y por lo tanto convertir la materia prima de nuestras sensaciones en un conocimiento de los objetos?

Pero, aunque todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, no se sigue que todo surge de la experiencia. Por el contrario, es muy posible que nuestro conocimiento empírico es una combinación de lo que recibimos por medio de las impresiones y (el conocimiento adicional) aquel totalmente independiente de la experiencia… (Emmanuel Kant, Introducción a la crítica de la razón pura, 2da. Edición, abril 1787)”.

Por lo tanto, como Kant destaca, las sensaciones nos dan la ocasión de aprender, no son lo que nos hace capaces de aprender: en otras palabras, no parece explicarnos como una persona puede primero aprender a aprender. En lugar de eso, Ud. necesita comenzar con algo de “conocimiento adicional” sobre como producir representaciones y luego saber como se conectan entre ellas. Esto es porque, como yo lo veo, nuestro cerebro humano tuvo primero que evolucionar la clase compleja de arquitectura que ven nuestros neurocientíficos.

Por ejemplo, el punto de vista tradicional no empieza por explicar por qué las “etapas” del desarrollo infantil se muestran, frecuentemente, exageradamente abruptas; un niño puede pasar un año entero expresando solo “frases” que contienen no más de una o dos palabras, y luego pueden rápidamente aparecer expresiones mas complejas. Esto llevó a la creencia que ha sido popular por muchos años: que estas capacidades deben simplemente ser “innatas” y no son “aprendidas”. Por lo tanto ese punto de vista sostiene que el niño solo necesita “sintonizar” (o poner a punto), en cierta manera adaptar esa maquinaria al lenguaje de su cultura, por lo que automáticamente podrá hablar apropiadamente cuando el desarrollo llega al momento justo. La sección sugiere, en lugar de ello, que diferentes niveles de aprendizaje podrían haber procedido simultáneamente a través del período, pero, por lo general no aparecen en la conducta manifiesta hasta que los procesos resultantes se han vuelto lo suficientemente competente.

Una Teoría del Basamento Interior.

La vieja “hipótesis del basamento físico” asume que “el nivel cognitivo elevado” no puede comenzar a aprender hasta que los niveles más bajos han aprendido lo suficiente. En este enfoque, el desarrollo mental debe comenzar con procesos en los cuales el nivel más bajo del sistema reactivo del niño adquiere algún conocimiento sobre el ambiente externo del niño.

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Solo entonces podría el próximo nivel comenzar a aprender, porque, (en el punto de vista tradicional) la construcción de cada estructura debe estar basada en los cimientos de lo que los niveles bajos han aprendido.

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Sin embargo, podemos imaginar una clase de procesos diferentes en los cuales los diferentes niveles del cerebro pueden, al mismo tiempo, aprender algunas formas de predecir y controlar algunas de las actividades de las partes del cerebro con las cuales se conectan directamente. En otras palabras, cada parte del cerebro existe dentro de su propio “mundo local”. Entonces podemos hacer una hipótesis nueva: la evolución puede haber provisto a cada uno de esos mundos locales, con lo que podemos llamar “mini-mundos”, y a cada uno de ellos los ha equipado genéticamente con conductas potencialmente útiles.

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Un típico mini-mundo externo podría consistir en el sistema de compresión de algún dedo y mano; entonces el sistema reactivo puede aprender a predecir como las varias combinaciones del movimiento-dedo, conduce a las diferentes sensaciones-palma. Cada sistema puede aprender a predecir que  el apretar de los dedos puede causar la sensación de presión sobre la palma de la mano. De manera similar, un nivel reactivo infantil puede aprender a predecir los efectos de los movimientos a gran-escala de las extremidades, o el movimiento de la lengua en la boca, o algún efecto visual por el movimiento de los ojos.

Hasta el momento, este es el punto de vista convencional, en el cual todo nuestro aprendizaje está basado finalmente sobre lo que aprendimos de nuestra experiencia con el mundo exterior. Sin embargo, también podríamos imaginar que algunos procesos similares podrían también trabajar en los procesos superiores dentro del mismo cerebro. Por ejemplo, algunos niveles más alto podrían comenzar como conexiones con sistemas pequeños que se comportan como máquinas de estados-finito simples. Un ejemplo de tal  sistema podría tener tres estados y dos acciones “mueva derecha” y “mueva izquierda”.

Si ese sistema se comporta como tres puntos en una recta, entonces el “cerebro-B” podría aprender a predecir (por ejemplo) la actuación de “mover a la izquierda” dos o más veces, siempre va ha poner el sistema en el lado izquierdo. Hay muchas cosas que se pueden aprender de esto: que algunas acciones son reversibles, mientras otras no lo son, y que esto puede depender, de varias maneras, por el estado en que se encuentra el sistema.

Hay muchas otras cosas que se pueden aprender por máquinas como estas: por ejemplo, sobre como diferentes secuencias de acciones pueden ser combinadas, o sobre los efectos de varias clases de semejantes modificaciones.

¿Cómo podría este sistema evolucionar? La hipótesis simple podría ser que cada una de las principales partes cognitivas de nuestro cerebro se basa sobre copias mutantes de estructuras que ya existían. Entonces cada nuevo nivel podría contener versiones mutantes de viejas máquinas de aprender, ya equipadas con primitivas e innatas metas para predecir los efectos de una cadena de acciones imaginadas. Entonces, varias partes de una mente infantil pueden cada una aprender simultáneamente varios caminos para predecir y controlar su “entorno local” (su medio ambiente)

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Con el tiempo, estos sistemas casi independientes podrían expandirse y cada uno de los niveles dentro del cerebro desarrollar caminos más potentes para aprovechas las habilidades que sus vecinos han aprendido

Representación del Conocimiento

Cualquier teoría del aprendizaje debe tratar de incluir algunas ideas sobre como la máquina de aprender podría representar la información del conocimiento que adquiere. La mayoría de las teorías tradicionales asumen que el aprendizaje se basa de alguna manera en hacer conexiones, pero raramente avanzan en sugerir el carácter de las cosas que están siendo conectadas. La situación es enteramente la opuesta en el contexto de la ciencia computacional, y sus practicantes frecuentemente discuten sobre cuál es la mejor manera para representar el conocimiento. Sus argumentos son a veces de este tipo:

“Siempre es mejor usar la lógica rigurosa”

“No, la lógica es muy inflexible. Use redes neuronales”

“No, las redes neuronales son aún muy rígidas. Ellas describen cosas con números, en lugar de abstracciones. ¿Por qué no usar simplemente el lenguaje natural?”

“No, use redes semánticas en su lugar, donde las diferentes ideas están conectadas por conceptos! Cada una de las redes son mejores que las oraciones y tienen menos ambigüedades.”

“No, las redes semánticas son muy flexibles y pueden conducir a inconsistencias. Solo la Lógica nos protege de la paradoja.”

El capítulo 8 de “La Máquina Emocional”discute esto en más detalle y concluye que en la medida en que se refiere al cerebro humano, tenemos que usar muchas maneras diferentes de representar las diversas clases de conocimiento. Esta discusión concluye imaginando que el conocimiento del sentido común humano debe usar una variedad de diferentes métodos y procesos que se traducen en acuerdos que podrían tener este aspecto:

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 El Problema de la Experiencia Subjetiva

Muchos filósofos han pretendido que el problema más difícil que tenemos que enfrentar, tanto en filosofía como en psicología, es entender la naturaleza de la Experiencia Subjetiva. Por ejemplo, esta es una de esas declaraciones:

David Chalmers: “El problema difícil, en cambio, es la cuestión de cómo los procesos físicos en el cerebro dan lugar a la experiencia subjetiva. Este rompe cabeza involucra los aspectos internos del pensamiento y la percepción: la forma en que el sujeto siente las cosas. Cuando vemos, por ejemplo, tenemos la sensación de la experiencia visual, como en el caso del azul intenso. O piense sobre el inexplicable sonido de un oboe lejano, la agonía de un dolor intenso, el burbujeo de la felicidad o la calidad meditada de un momento perdido en el pensamiento…Son estos fenómenos los que representan el verdadero misterio de nuestra mente”

Chalmers propuso una respuesta para esto, apelando a una forma de dualismo, en el cual esa sensación de experiencia es reconocida como un principio o propiedad fundamental del mundo

Chalmers: “Esto conduce a una hipótesis natural: esa información (o al menos alguna información) tiene dos aspectos básicos, el aspecto físico y el aspecto fenomenológico. Esto tiene el estatus de un principio básico que podría ser la base y explicar la aparición de la experiencia de lo físico. Experiencia proveniente por virtud de sus niveles de un aspecto de la información, cuando el otro aspecto se encuentra encarnado en el procesamiento físico. Por supuesto, este principio de doble aspecto es extremadamente especulativo y también indeterminado, dejando un número de preguntas claves sin respuestas.”

Del mismo modo, muchos pensadores han sostenidos que nuestras sensaciones tienen ciertas cualidades “básicas” o “irreductibles” que se destacan por si mismas y no pueden ser reducidas a ninguna otra cosa. Por ejemplo, en relación a la visión, cada color “verde” y cada sabor “dulce”, tienen su propio carácter indescriptible, el que es único y no puede ser explicado. Como si cada cualidad no tuviera ninguna pequeña parte o propiedad, entonces no es posible encontrar un modo para describirlas. Esos pensadores denominan este problema “Qualia” y argumentan que la cualidad de las sensaciones no pueden ser explicadas en términos físicos, porque ellas no tienen propiedades físicas. Seguramente es fácil medir la luz roja que proviene de una pintura, o cuanta azúcar hay en cada durazno, pero esas comparaciones (afirman esos filósofos) no nos dicen nada sobre la naturaleza de ver el rojo o saborear la dulzura.

Esta tema podría parecer importante porque, si nosotros no podemos explicar la “subjetividad” esto podría minar la totalidad de la idea de que podemos explicar la mente humana enteramente en términos de una maquinaria física dentro del cerebro. Por lo tanto, si la sensación “dulzura” nunca podrá se medida o pesada, o detectada por medio de cualquier medio físico, entonces ella debe existir en un mundo mental separado, donde no es posible interactuar con ningún instrumento físico.

Bien, primero vamos a observar que esa pretensión debe ser errónea, porque ella es contradictoria en si misma. Por lo tanto, si Ud. puede decirme que ha experimentado la dulzura, entonces, de algún modo esa sensación ha causado que su boca se mueva! Más claro, debe haber algún “instrumento físico” en su cerebro que reconoce la actividad mental que encarna su experiencia. En otras palabras, nosotros nuevamente estamos enfrentando la misma clase de problemas que hemos resuelto en la sección anterior: nosotros simplemente necesitamos otro diagrama más de esos “detectores de condiciones” internas, como aquellos que usamos anteriormente para dar cuenta de por qué y cómo una persona puede hablar de la conciencia.

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Del mismo modo, Juana podría notar primero un cambio en su modo de andar, o que ella está favoreciendo a la rodilla herida. De hecho, sus amigos podrían estar más concientes de lo que está ella, de cómo y cuanto puede afectarla el dolor. Así, la primera conciencia del dolor puede llegar después de detectar signos de sus efectos, por medio del uso de una clase de maquinaria:

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 Por supuesto, todavía nosotros no sabemos como conectar y construir estos detectores. Sin embargo, hasta donde yo lo puedo ver, esto no es más que otro ejemplo de cómo nuestra psicología popular asume que los fenómenos mentales son más simples de lo que realmente son. Quizás en unos pocos años más, estaremos capacitados para pedirle al bravo filósofo que entre a un aparato de escaneo para que podamos descubrir que células del cerebro distinguen las condiciones que deseamos detectar. En otras palabras, para entender como trabajan nuestros sentimientos más detalladamente, debemos parar de buscar respuestas simples y comenzar a explorar procesos más complejos. El sistema sensorial en el cerebro humano incluye decenas de procesadores diferentes. Por lo tanto, cuando uno trata de decirle a alguien sobre las “sensaciones” que experimenta, esa vía es muy compleja e indirecta y uno estará contando una historia basada sobre un informe de sexta mano, que tuvo que pasar a través de muchas clases de transformaciones. Por eso, a pesar de lo que los filósofos expresan, no hay bases para insistir en que lo que experimentamos es únicamente “directo”. Cuando un rayo de luz incide en la retina, la señal fluye desde la luz a su cerebro, en donde afecta a otros recursos, los que entonces transmiten otras clases de informes, los que a su vez influencian a otras partes del cerebro (nota: en los hechos, una sola mancha roja puede no ser percibida como siendo roja, en general, los colores que vemos dependen en gran parte de cuales otros colores estén en su vecindad. También algunos lectores pueden sorprenderse al escuchar que el sistema visual en el cerebro humano incluye docenas de diferentes centros de procesamientos)

También, al mismo tiempo, las señales provenientes de los sensores de los oídos, nariz y la piel, viajarán a lo largo de diferentes vías, y toda esta corriente de información puede afectar, de varias maneras, la descripción del resto de lo que su mente esté usando.

Así,  porque estas vías son demasiadas complejas e indirectas, cuando uno trata de decirle a alguien que es lo que está sintiendo, o que es lo que está experimentando, uno estará contando una historia basada en informes de sexta mano que usa información que ha pasado por muchas clases de transformaciones. Así, a pesar de lo que muchos filósofos afirman, no tenemos bases para afirmar que lo que llamamos “sensación de experiencia” es única y directa.

La vieja idea de que la sensación es “básica” pudo haber sido exitosa en esos días, en los que la antigüedad supuso la existencia de cuatro clases de átomos como elementales. Pero ahora necesitamos reconocer que nuestra percepción es afectada por lo que nuestros recursos pueden querer y esperar.

Ahora, algún filósofo todavía puede quejarse que ninguna teoría como esta puede verdaderamente describir o explicar la “experiencia” de estar viendo ese color o estar sintiendo ese toque.

Escuchemos nuevamente el mejor de esos filósofos:

David Chalmers: “Cuando nosotros percibimos visualmente el mundo, no nos limitamos a procesar la información; nosotros tenemos una experiencia subjetiva de color, forma o profundidad. Tenemos experiencias asociadas con otros sentidos (piense en la experiencia auditiva de la música o la inefable naturaleza de la experiencia de oler) con experiencias corporales (dolor, cosquillas, orgasmo), con imágenes mentales (las formas de colores que aparecen cuando uno se frota los ojos), con las emociones (el brillo de la felicidad, la intensidad de la ira, el peso de la desesperación) y con la corriente del pensamiento conciente. Que tenemos un sentido de la experiencia es el hecho central acerca de nuestra mente, pero también es el más misterioso. ¿Por qué un sistema físico, por muy complejo y muy organizado que esté, da lugar a esta experiencia? ¿Por qué todo este pensamiento no va ‘en la oscuridad’ sin ninguna cualidad subjetiva? En este momento nadie tiene una buena respuesta a estas preguntas. Este es el fenómeno que hace de la conciencia un ‘real’ misterio”

Es acá donde yo quiero tratar con ese misterio. Cuando uno ve a su amigo Jack reaccionar a cosas, uno no puede ver la maquinaria que lo hizo reaccionar de esa manera, y por eso uno tiene pocas alternativas a decir simplemente que “el reaccionó a lo que experimentó”. Pero entonces uno debe estar usando la palabra “experimentó” como una abreviatura para lo que uno sabe que ha estado sucediendo dentro de Jack: por ejemplo, “El debe haber detectado algunos estímulos y luego construyó algunas representaciones de esos, y entonces reaccionó a algunos de los mismos, cambiando los planes que había hecho”.

En otras palabras, si su cerebro puede empezar a hablar sobre alguna “experiencia”, debe ya tener acceso a algunas representaciones de ese evento; de otro modo, uno no podría recordarlo o decir que ha tenido una experiencia!

Por lo tanto, el verdadero acto de discutir lo que la “experiencia” muestra, es que “eso” no es una cosa simple o básica, y si debe haber procesos complejos que están involucrados con las redes de alto-nivel de las representaciones, que uno puede llamar su Yo (Self).

Cuando se lo ve de esta manera, el problema que Chalmers llama “difícil” no es realmente, después de todo, un único problema, porque condensa la complejidad de todos esos pasos apretándolos dentro de una sola palabra “experiencia”, y luego decir que es un misterio. Desde este punto de vista, ¿no debería haber nada sorpresivo sobre el hecho de que uno encuentre difícil hablar sobre sus sensaciones y sentimientos? uno mira un color y ve que es rojo. Algo le pica en su oreja y uno sabe donde rascar. Entonces, más allá de lo que uno puede llegar a decir, eso es todo lo que parece ser, uno reconoce esa experiencia y parece no intervenir nada como “pensamiento”. Quizás esto es lo que lleva a algunas personas a pensar que las cualidades de cada sensación son muy básicas e irreductibles y que siempre permanecerán inexplicadas. Sin embargo, yo prefiero tomar el punto de vista opuesto y es el que propone que lo que llamamos “sensaciones” son complejas actividades reflejas (de reflexión). A veces ellas involucran amplias cascadas, las cuales afectan algunas partes del cerebro con señales cuyos orígenes nosotros no podemos detectar, y por lo tanto las encontramos difíciles de explicar. Por esto, yo acá no veo un misterio excepcional: nosotros simplemente, todavía no sabemos suficiente sobre lo que está actualmente sucediendo en nuestro cerebro. Pero cuando se reflexiona lo suficiente sobre cualquiera de estas cosas, entonces uno puede ver que son un caso como cualquier otro.-     

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