La Perspectiva Cultural de la Representación Mental

Autora: Nadia Peralta. Dra. en Psicología. Investigadora del CONICET - IRICE- Docente de la cátedra Desarrollos Psicológicos Contemporáneos. Facultad de Psicología. UNR.
Introducción

A lo largo del curso pudimos conocer diferentes posturas en torno al concepto de “representación mental”, encontrando posiciones complementarias como así también algunas absolutamente excluyentes. Sin embargo, la mayoría coincidió en un punto que se hace evidente, la falta de consenso para establecer un criterio unificado a la hora de definir qué es una representación. Cada autor desde su encuadre teórico y siguiendo los criterios y condiciones que considera imprescindibles, establece su concepto de representación, en algunas circunstancias estas conceptualizaciones son reduccionistas, en otros casos son más abarcativas e intentan tener en cuenta diferentes aspectos a la hora de establecer una definición.

Lo dicho anteriormente evidencia la falta de criterios unánimes para establecer cuál de los conceptos postulados por los autores es el más acertado. Cada uno intenta aportar una perspectiva diferente a la discusión y algún aspecto nuevo para su conceptualización. En este sentido, este trabajo pretende realizar una pequeña contribución a la discusión, integrando un aspecto que, si bien no fue ignorado por algunos autores (aunque por otros sí), tampoco fue el eje de sus análisis. Se trata de la “perspectiva cultural” de la representación. Es con este objetivo que se toma a Bruner, como autor representativo de esta dimensión cultural de la representación, quien considera que la representación no tiene por qué quedar encerrada en la piel del sujeto (Bruner, 2001).

Para ello se realiza una breve sinopsis de las diferentes concepciones de representación trabajadas a lo largo del curso, luego se realiza una breve contextualización del pensamiento de Bruner para comprender su perspectiva cultural, para finalizar con el concepto de representación que el autor plantea y las condiciones necesarias que debe tener una teoría de lo mental.

Cabe aclarar que Bruner tiene una gran producción teórica que sería imposible abarcar en este trabajo e incluso sería pretencioso realizar un análisis exhaustivo de la representación mental desde su obra, simplemente es, como planteé anteriormente, un pequeño aporte a la discusión, recordando, tal como plantea Correira (2003), que enfatizar el papel de la cultura como un factor determinante de la constitución de las representaciones no es negar la constitución biológica ni otros aspectos fundamentales, sino que es reconocer que estos aspectos por sí solos nos brindan un conocimiento parcial sobre la representación.

 El concepto de representación

Como se puede observar en el glosario del curso, hay muchas definiciones de representación. Entre ellas encontramos algunas como:

  • una presentación a la mente en la forma de una idea o imagen,
  • una creación visual, el acto de representar en lugar de alguien o algún grupo y hablar con autoridad en su nombre,
  • como información codificada, ya sea como una abstracción simbólica de una cosa (visión clásica de la ciencia cognitiva),
  • la codificación de la información para el intercambio,
  • es un símbolo de que la estructura está por algo,
  • la replicación, construcción o reconstrucción de algún lugar, objeto, persona o proceso pertinente para el tema de estudio.

De esta forma queda evidenciado que el concepto de representación es ampliamente utilizado  por diversas disciplinas tales como la psicología, sociología, computación, etc. Las definiciones que se pueden encontrar sobre representación son numerosas siendo difícil lograr un consenso entre los autores. Esto se debe a que las definiciones son brindadas por las distintas áreas disciplinares, llevando a que cada uno conceptualice siguiendo sus marcos referenciales.

Siguiendo con las definiciones de representación, encontramos opuestos significativos, desde aquellos que la consideran como fundamental para comprender el funcionamiento de lo mental, hasta autores que afirman que es una unidad incorrecta de abstracción.

Según Pitkin (1967, en Knuutila, 2005) a pesar de la proliferación de definiciones, es posible determinar que la representación, siguiendo su origen etimológico (hacer presente nuevamente lo que está ausente), es estar presente en algún sentido de algo que no obstante no está presente literalmente o en los hechos. Igualmente, el autor considera que la definición de representación como “re-presentar” es demasiado simple, por lo tanto hay que buscar otro tipo de conceptualización que tenga en cuenta los diferentes campos disciplinares.

Knuuttila (2005) entiende que la representación es un tema de discusión postmoderno de auge en diferentes disciplinas. Por lo general, las críticas al concepto están dirigidas a la confianza que se les da a las representaciones en la medida que no se puede probar si representan realmente al objeto o la realidad. En este sentido, el autor se propone conceptualizar la representación, haciendo especial énfasis en los modelos, las representaciones y el representacionalismo.

Con respecto a los “modelos”, plantea que son artefactos hechos por el hombre, utilizados para interactuar con el mundo más que simplemente para representarlo. No son construcciones abstractas sino más bien entidades que son materializadas en algún medio. El valor epistémico de los modelos se acrecienta desde su dimensión material, explicando por qué los modelos tienen muchas otras funciones epistémicas además de representar el mundo.

Con relación al “Representacionalismo”,sostiene que la mente que siente y conoce, no puede tener acceso directo al objeto externo. Se puede aproximar a ellos a través de ideas, que se supone que representan a esos objetos externos. De este modo, el conocimiento es concebido como un arreglo de representaciones que reproduce precisamente lo que está fuera de la mente. Por lo tanto, la dificultad crucial de la teoría representacionalista es que la mente “supone” que sus ideas representan algo más pero que no tiene acceso a este algo excepto por vía de otras ideas. Es decir, su crítica al representacionalismo se focaliza en que el mismo entra en una paradoja al suponer que la mente que siente y piensa debe aproximarse a la realidad por medio de ideas, las cuales representan esa realidad.

Por su parte, Greco (1995) se refiere específicamente a la situación del concepto de representación psicológica y a la utilización de este concepto como una construcción. De manera general, distingue que la representación puede ser tanto el ejercicio de la representación como el producto de representar. Esta distinción remite a la división que existe entre proceso y contenido. Habitualmente, cuando se habla de contenido se utiliza la forma plural “representaciones", pero cuando se habla de proceso se utiliza "representación". Es decir, en el sentido funcional del proceso de representación, se utiliza el término "representación"; y, en el sentido estructural de los contenidos de la representación, se utiliza el término "representaciones".

Asimismo, el autor distingue las diferentes maneras de comprender la representación en el campo de la psicología para comprender su particularidad. En este sentido, plantea en primer lugar que las representaciones pueden ser concebidas como entidades internas, pero sostiene que es dudoso que esta función de sustitución sea la única o la más relevante.

Desde otra perspectiva, sostiene que las representaciones se introducen en la psicología científica básicamente como entidades mediadoras, ya que con el fin de explicar los comportamientos y estados mentales, la psicología necesita de las entidades o procesos que medien entre estímulos y respuestas (como en los postulados del conductismo), o entre entradas y salidas (postulados del cognitivismo) o, de forma más amplia, entre las situaciones y los comportamientos.

Por otro lado, en algunas áreas de la psicología (sobre todo en la psicología de la personalidad o en las teorías en psicología social) el concepto de "representación" se utiliza a menudo para expresar el supuesto de que los individuos no actúan sobre la base  "objetiva" de patrones del mundo, pero sí sobre la base de sus "representaciones internas" del mismo, que no se corresponden necesariamente con lo que realmente sucede en el mundo, pero pueden ser abstracciones, simplificaciones, tal vez tergiversaciones o incluso ilusiones.

Otra situación distinta ocurre con el Psicoanálisis. La peculiaridad del sistema teórico de Freud es que las representaciones no son accesibles, son símbolos en un sentido diferente que en la teoría cognitiva, es decir, son símbolos de contenido que sustituyen a otros contenidos, y esta sustitución se produce porque el contenido original no es aceptable, por lo tanto, no representable para la conciencia.

En síntesis, según Greco, en la definición más común, las representaciones se consideran sustitutos interiores del mundo exterior. En principio, si la representación es la sustitución, no necesitamos la representación de gestionar la actualidad o acontecimientos reales. Por el contrario, tenemos la representación para hacer frente al pasado y los acontecimientos futuros. Por un lado, tenemos que recurrir a la representación para guardar y recuperar información acerca de algo que ya ha ocurrido. Por otro lado, tenemos la representación cuando necesitamos información que se utilizará para algo que aún no ha sucedido, aunque que podemos hacer que suceda y que podemos construir.

De esta forma, Greco plantea que al hablar de “representar” se hace referencia a un proceso no de utilización de representaciones, sino de “construir representaciones”, ya que para el autor la representación no siempre se refiere a alguna cosa (o símbolo en lugar de…), sino que es una construcción que está de acuerdo con la neurofisiología. Su idea general es que la función simbólica de representar puede surgir no sólo en manejar representaciones sino en “construirlas”.

Una postura similar, aunque con sus divergencias, es la de Thagard (2005). Según Thagard, la representación cumple un rol fundamental en la construcción mental que los seres humanos hacemos del mundo, de hecho, plantea que el conocimiento mismo consiste en representaciones. En este sentido, la hipótesis central de las ciencias cognitivas es que la mejor forma de estudiar el pensamiento es entenderlo en términos de estructuras de representaciones mentales sobre las que operan procesos computacionales. También reconoce la existencia de diversas teorías de la representación mental, pero considera que no se excluyen entre sí sino que se complementan. Más adelante, abordaremos la propuesta del autor según la cual existen ciertas condiciones que debe satisfacer una teoría de la representación mental.

Una postura absolutamente diferente es la de Brooks (1991), para quien la representación es una unidad incorrecta de abstracción. Según el autor, la inteligencia debe estudiarse como procesos simples de adaptación al ambiente, de reacción al ambiente, a los cuales se van agregando diferentes niveles  para complejizar el fenómeno.

Dennett (1998, 2000), por el contrario, sostiene que es importante buscar pruebas de los estados intencionales de orden superior como por ejemplo las creencias sobre las creencias, que pueden ser consideradas como la búsqueda de pruebas sobre la metarrepresentación. Considera al funcionamiento mental basado en la idea de herramientas y/o habilidades, más que en el aspecto representacional interno, donde es fundamental el papel de los símbolos externos. En este caso el lenguaje es entendido como “la herramienta de las herramientas”, el cual se constituye como la vía de acceso a procesos metarrepresentacionales y metacognitivos.

Según el autor, es por vía indirecta que se llega a construir la mente, es decir, los seres humanos tenemos la prótesis de extensión de nuestro cerebro que nos permite concebir un pasado lejano y planificar el futuro. Esta prótesis es el lenguaje. Somos transformadores (justamente lo que la mente es), una máquina virtual para hacer más máquinas virtuales. Aquí la categoría de metarrepresentación y la de representación son una buena respuesta a la pregunta de dónde viene el poder de la mente de los seres humanos.

Según Rivière (1990), hay suficientes fundamentos teóricos y empíricos para sostener la idea de que la mente humana está especialmente preparada para pensar sobre la mente misma. Posiblemente la mente dispone de mecanismos especializados de cómputo para realizar sus inferencias mentalistas. En estas inferencias emplea representaciones sobre representaciones de otras mentes o de sí mismas. De esta forma, podemos decir que la mente humana posee una competencia meta-representacional, que proporciona el fundamento en el que se basa el componente pragmático del lenguaje y que está intrínsecamente relacionado con su capacidad simbólica.

En general, se puede considerar que para estudiar qué es la representación mental y científica en psicología es importante tener en cuenta todas estas posiciones con respecto a la representación. Tanto la postura de Brooks como la de Dennett, por nombrar los extremos, ayudan a tener una visión más general del tema y a comenzar a tomar una posición con respecto al mismo. Particularmente, si los postulados que se sostienen tienen que ver con las condiciones sociales inherentes al ser humano, resultan más interesantes las posiciones de Dennett. Es fundamental pensar en la concepción de metarrepresentación como herramienta o habilidad exclusiva del ser humano, que le permite verse como ejecutor de procesos de conocimiento; y, el postulado sobre el lenguaje como la prótesis de extensión de nuestro cerebro, que nos permite concebir un pasado lejano y ver el futuro.

La obra de Bruner en su contexto

Bruner es un autor muy particular, tiene una obra muy prolífera y es ampliamente reconocido en la psicología. Según Linaza (2002), una de las características fundamentales de su pensamiento consiste en abordarlo de forma recurrente, en una especie de doble espiral, profundizando progresivamente en su análisis, relacionándolo simultáneamente con aspectos más generales y comprendiendo permanentemente las metáforas a las que recurre para realizar sus explicaciones.

Entiende al desarrollo psicológico inspirándose desde una amplia variedad de disciplinas como la filosofía del lenguaje, la biología evolucionista, la antropología, la filosofía del derecho y las diversas áreas de la psicología. Es un psicólogo experimental pero no “experimentalista”. Su nombre está ligado al intento de recuperar para la psicología el sujeto. Este intento se puede observar claramente en el objetivo de la escritura de su libro “Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva” donde expresa claramente que su objetivo es subrayar la naturaleza cultural de la construcción del significado y el papel fundamental que desempeña en la acción humana, todos temas que según el autor fueron “perdidos” luego de la revolución cognitiva. Bruner (1991) sostiene que la nueva ciencia cognitiva, al adoptar la metáfora computacional y la computabilidad como el criterio fundamental con el que debe contar un buen modelo teórico, puso el acento en la información sustituyendo de esta manera al significado. Esto trajo aparejado varias consecuencias, entre ellas, la imposibilidad de explicar por medio del procesamiento de la información las características intrínsecas propias de la forma en que los seres humanos actuamos cotidianamente tales como el uso de metáforas, la vaguedad, polisemia, etc.

A su vez, la psicología cognitiva dejó de lado la posibilidad de comprender los procesos mentales desde la perspectiva de su constitución desde el plano de lo cultural; y, la conceptualización que realizan de la representación mental, tampoco escapa a esta limitación. Es por esto que se considera importante revisar cómo entiende Bruner a la representación y más específicamente, qué características debe tener una teoría que se ocupe de explicar el desarrollo de lo mental en general, y de la representación mental, en particular.

 La perspectiva de Bruner sobre la representación mental

Bruner (2002) plantea que un concepto útil para concebir el desarrollo intelectual es el de representación. La representación es un conjunto de reglas mediante las cuales se puede conservar lo experimentado en diferentes acontecimientos. Es como un “médium”, podemos representar algunos acontecimientos por sus acciones, mediante una imagen o por medio de palabras u otros símbolos.

La representación es siempre selectiva, ya que en la construcción del modelo de algo no se incluye todo aquello que tiene que ver con él. El principio de selectividad suele estar determinado por el propio objetivo de la representación, es decir, lo que nos proponemos hacer al representar algo. Las representaciones están reguladas debido a su naturaleza sintética, porque cada representación no es una muestra aleatoria o arbitraria de lo representado.

Es clásica la clasificación que realiza Bruner (2002) sobre la existencia de 3 tipos de representaciones que operan durante el desarrollo de la inteligencia humana y cuya interacción es crucial: la representación enactiva, icónica y simbólica. Esto implica: conocer algo por medio de la acción, a través de un dibujo o una imagen, y, mediante formas simbólicas como el lenguaje. Es en este sentido que el desarrollo no supone una secuencia de etapas, sino un dominio progresivo de estas tres formas de representación y de su traducción parcial de un sistema a otro.

Disponer de modos de representación alternativos abre la puerta a la utilización de estrategias que se basen, respectivamente, en uno u otro modo de representación. Y, al mismo tiempo, una cultura determinada puede favorecer o limitar el uso de un modo específico de representación.

Según Montealegre (2007), Bruner no es el primero que postula una teoría de las representaciones mentales basada en la relación del ser humano con su cultura. Una perspectiva anterior directamente ligada a la propuesta de Bruner, es la teoría histórico cultural de Vygotski, y sus seguidores como Luria, Wertsch y Cole. Estos autores enfatizan el origen social de los procesos psicológicos, específicamente, la constitución de la mente humana mediante la internalización de los procesos socioculturales. Siguiendo a Vygotski (1934/1993), la actividad psíquica es el producto del paso de las acciones materiales externas al plano de las representaciones y de los conceptos.

Teniendo en cuenta todas las diferencias que se han postulado hasta el momento en cuanto a las posturas teóricas que describen las representaciones mentales, cabe preguntarse si es posible hallar condiciones mínimas que satisfagan una teoría de la representación mental.

 Condiciones que debe satisfacer una teoría de la representación

Al inicio del trabajo se planteó que Thagard (2005), además de considerar que el conocimiento consiste en representaciones y que lo fundamental es estudiar el pensamiento en términos de estructuras de representaciones mentales, plantea que existen ciertas condiciones que debe cumplimentar una teoría de la representación mental.

Son cinco los criterios que el autor postula para la evaluación de una determinada explicación de las representaciones:

- capacidad representacional: refiere a la cantidad de información que es capaz de expresar un tipo particular de representación,

- capacidad computacional: explica las 3 clases de pensamiento superior; planificación, toma de decisiones y justificación,

- plausibilidad psicológica: es necesario dar cuenta no sólo de las capacidades cualitativas de los humanos sino también de los resultados cuantitativos de los experimentos psicológicos por medio de los cuales se estudian esas capacidades,

- plausibilidad neurológicas: el pensamiento se produce en el cerebro, una teoría de la representación mental debe corresponderse con los resultados de los experimentos de la neurociencia,

-  aplicabilidad práctica: aunque el objetivo principal de las ciencias cognitivas es llegar a comprender la mente, se espera que sus resultados sean aplicables para mejorar la educación, el diseño de las computadoras, y el desarrollo de sistemas inteligentes de computación que asistan a los expertos o realicen algunas de sus tareas

Por su parte, Bruner (2002) se pregunta cuál es la manera más fructífera de concebir el desarrollo de las capacidades cognitivas o del intelecto, teniendo en cuenta la necesidad de describir las representaciones en este proceso. Plantea una serie de criterios que permiten responder a esta pregunta.

  1. Cualquier teoría del desarrollo intelectual, debe definir las operaciones mentales mediante un sistema formal y detallado (por ejemplo, no se podría ignorar las categorías lógicas más básicas en relación a la epistemología, la propia lógica y a los fundamentos matemáticos). Si sólo se tiene en cuenta este criterio, se corre el riesgo de caer en un vacuo formalismo.
  2. Cualquier teoría del desarrollo intelectual, debe ocuparse de las maneras de pensar naturales, de aquellas que parezcan ordinarias o intuitivamente obvias y conferirles un lugar importante en la propia teoría.
  3. Cualquier explicación del desarrollo cognitivo debe considerar la naturaleza de la cultura en la que crece ese ser humano. Cada cultura tiene un sistema de técnicas para dar forma y potenciar las capacidades humanas. Son los valores, instrumentos y conocimientos con los que cada cultura equipa a sus miembros. El riesgo que se corre desde esta perspectiva es caer en el relativismo cultural que considera válido todo tipo de diferencias culturales y que pase por alto los numerosos universales de la naturaleza humana en todas las culturas.
  4. Por último, Bruner (2002) añade un elemento, proponiéndolo más como una esperanza que como un criterio: si con esta perspectiva del desarrollo intelectual no contribuimos a la comprensión de cómo educar al hombre para que utilice su patrimonio intelectual, esa teoría del desarrollo de la mente es probable que sea errónea.

Bruner se pregunta si el concepto de representación entendido en la psicología cognitiva concuerda con los cuatro criterios establecidos anteriormente. Las propiedades formales de un sistema de representativo son susceptibles de describirse con minuciosidad, sobre todo por medio de lenguajes que operan con representaciones icónicas y simbólicas. Queda por dilucidar la descripción de los patrones de acción, aunque los conceptos de retroacción, referencia y de unidad TOTE, nos permiten avanzar en nuestra comprensión de estos patrones de acción como modos de representación de sucesos. Hasta aquí la psicología cognitiva cumple con los postulados de Bruner (muchos de ellos relacionados con la descripción anterior de Thagard). Sin embargo, también es evidente que el concepto de representación no tiene por qué quedar encerrado en la piel del sujeto. Las tecnologías que ofrece la cultura amplifican y enriquecen las capacidades de representación humanas.

Desde la perspectiva bruneriana, la educación debe inculcar habilidades y fomentar la representación de la propia experiencia y del conocimiento, buscando el equilibrio entre la riqueza de lo particular y la economía de lo general.

 Consideraciones finales

Las representaciones son fundamentales para comprender casi cualquier proceso que se produzcan en los seres humanos, ya que influye en nuestra comunicación con los demás, en nuestra forma de pensar los objetos y la manera de accionar (intencionada) sobre el mundo.

A partir de las lecturas de los diferentes autores, es claro que no hay un criterio unificado para definir a la representación. Cada uno desde su perspectiva teórica pone el énfasis en la conceptualización que considera pertinente, y las definiciones que se derivan son válidas desde su propio marco teórico de autor. Se puede decir además que incluso en ciertas ocasiones las diferentes definiciones son complementarias.

En este sentido es que al presentar la perspectiva cultural de la representación, no se pretende anular ni desconocer la existencia de otros puntos de vista, sino aportar una perspectiva crítica muchas veces ignorada.

La propuesta de Bruner, coincide en varios aspectos con las definiciones ofrecidas por los autores de la psicología cognitiva, ya que considera que la representación es un médium, un conjunto de reglas mediante las cuales se puede conservar lo experimentado en diferentes acontecimientos. Pero más allá de las coincidencias, nos permite comprender que la representación, desde su postura, trasciende la psicología individual (encerrada en la piel del sujeto). Es por esta razón que considera fundamental tener en cuenta la cultura donde las representaciones se constituyen. La cultura nos brinda un sistema de técnicas para dar forma y potenciar las representaciones y nos permite comprender que la constitución de las mismas no se realiza aisladamente.

Es probable que, conociendo los extremos en los que se ha caído en las diversas teorías sobre las representaciones sea posible no reiterarlos en nuevas teorías. Es necesario, por un lado, evitar el reduccionismo que implica pensar al sujeto aislado de su ámbito de constitución como tal, la cultura. Por otro lado, es preciso entender que las personas tenemos aspectos comunes que nos caracterizan, evitando de esta manera llegar a un relativismo cultural.

Referencias

Brooks, R. A. (1991). Intelligence without representation. En Artificial Intelligence, 47, 139-159.

Bruner, J.  (1991). Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva. Madrid: Alianza Editorial.

Linaza (2002). Introducción. En José Luis Linaza (comp.). Acción, pensamiento y lenguaje, pp.9-29. Primer edición: 1984. Madrid: Alianza Psicología.

Bruner, J. (2002). El desarrollo de los procesos de representación. En José Luis Linaza (comp.). Acción, pensamiento y lenguaje, pp. 119-128. Primer edición: 1984. Madrid: Alianza Psicología.

Correira, M. (2003). A constituição social da mente: (re) descobrindo Jerome Bruner e construção de significados. En: Estudos de Psicologia, 8 (3), 505 – 513.

Dennett, D. C. (1998). Things about Things, Lisbon conference on Cognitive Science.

Dennett, D. C. (2000). Making Tools for Thinking. En D. Sperber (ed.) Metarepresentations. Oxford U. Press.

Greco A. (1995). El concepto de representación en psicología. En: A. Greco (Ed.) número especial sobre Representación. Sistemas Cognitivos, 4-2, 247-256.

Knuuttila (2005). Models as epistemic artefacts: Toward a non-representationalist account of scientific representation.University of Helsinki.

Montealegre, R. (2007). La solución de problemas cognitivos. Una reflexión cognitiva sociocultural. Avances en Psicología Latinoamericana, 25, 2, pp. 20- 39.

Rivière, A. (1990). Objetos con mente. Madrid: Alianza.

Thagard, P. (2005) La mente. Introducción a las ciencias cognitivas. Buenos Aires: Katz

Vygotski (1934/1993). Pensamiento y lenguaje. En Vygotski, L.S. Obras escogidas II. Madrid: Aprendizaje. Visor.

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