Psicoanálisis y falsación.

Popper Adler y Freud; análisis de sus referencias recíprocas[1]

Autor: Ps. Prof. Federico Vida[2]

En la conferencia La ciencia: conjeturas y refutaciones[3] podemos leer las críticas que Popper le realiza al psicoanálisis. Se trata nada menos que de la conferencia en la cual Popper expuso el camino que lo llevó a postular a la falsación como criterio para distinguir una ciencia de una pseudo ciencia, es decir, a “distinguir un método genuinamente empírico, y un método no empírico o hasta seudo empírico”[4], método éste último que es el que si bien apela a la observación y a la experimentación no logra adecuarse a las normas científicas.

Fueron el marxismo, la Psicología Individual de Adler, y “el psicoanálisis de Freud”, tal como lo llama Popper, los que se le presentaron como pseudo ciencias, debido a lo que llamó “su poder explicativo”, entendiendo por tal “el poder de hallar verificaciones”.

Popper dice recabar en aquellas teorías a partir de la admiración que causaban en sus amigos:

 (...) Hallé que aquellos de mis amigos que eran admiradores de Marx, Freud y Adler estaban impresionados por una serie de puntos comunes a las tres teorías, en especial su poder explicativo (…) su verdad parecía manifiesta y los incrédulos eran, sin duda, personas que no querían ver la verdad manifiesta, (…), ya porque estaba en contra de sus intereses de clase, ya a causa de sus represiones no analizadas y que exigían a gritos un tratamiento. (…)[5].

 Pero de las mencionadas disciplinas con la que tuvo una aproximación cercana fue con la psicología individual. Popper compartió prácticas con Adler en clínicas de guía social en distritos obreros de Viena. Desde ésta práctica extrajo ciertas conclusiones que hizo extensivas al psicoanálisis, sin revisar la pertinencia de esa extensión en los historiales de Freud ni en sus textos fundamentales, trabajo que sí haremos nosotros en esta Tesis.

 El ejemplo que trae Popper[6] de su experiencia con Adler ilustra los fundamentos de su juicio: se trata de una ocasión en la cual le expuso a Adler un caso que no sería “adleriano” (sic.), ante lo cual aquel no tuvo inconveniente en analizarlo según su teoría de los sentimientos de inferioridad, aún sin ver al paciente en cuestión. Popper le preguntó a Adler como podía hacer ése análisis, y éste le contestó que se basaba en su experiencia de mil casos, ante lo cual Popper le respondió que con éste caso su experiencia se basaría en mil y un casos.

La ironía de Popper es acertada para ilustrar el carácter explicativo de la “práctica” de Adler, pero en cambio no es acertado el hacerla extensiva luego al psicoanálisis, argumentando, tal como lo hace Popper, que lo único que cambiaría entre Freud y Adler es la teoría por la cual explicarían un acontecimiento —en Adler la teoría sería el sentimiento de inferioridad, y en Freud sería la represión sexual— y adjudicando así, como también lo hace, la explicación como el método de ambos.

 En el libro de Popper del cual tomamos las referencias, del capítulo trabajado, hay solo dos referencias a escritos de Freud.  De ellas sólo una es textual y pertenece a un escrito secundario en la obra de Freud: “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños”, del cual reprodujo un párrafo incompleto alterando su sentido —a seguir lo desarrollaré—, la otra es una referencia no textual a “la épica freudiana” (sic.) de “El yo y el ello” —al tratar de la transferencia en éste capítulo revisaré la primera de las referencias de Popper mencionadas—.

 A partir de notar que lo que escribió Popper sobre Freud fue mediado por los intercambios teóricos y prácticos que aquel tuvo con Adler, y que la extensión de sus conclusiones desde la psicología individual al psicoanálisis sigue siendo objeto de confusión hoy día, creo que es necesario rastrear y diferenciar las referencias de Popper a Adler, y a Freud y repasar y sistematizar las diferencias que el mismo Freud planteó entre el psicoanálisis y la psicología individual de Adler.

 El mismo Freud se encargó en repetidas oportunidades de manifestar las diferencias teóricas y sus consecuencias prácticas entre la psicología de Adler y el psicoanálisis, así como también las diferencias políticas, y hasta problemas “personales” de Adler para con su persona. Tal como puede leerse en el siguiente párrafo, de su pluma, que creo necesario reproducir completo por la contundencia teórica, política y “personal”, no sin antes señalar que fue publicado en 1916 (y escrito en 1914), tres años antes de la fecha en la cual Popper[7] dice haberse sentido insatisfecho con el Psicoanálisis, la Psicología Individual, y el Marxismo —además cabe señalar que la insatisfacción que Popper manifiesta en 1919 es producto de colaborar con Adler en su labor social entre los jóvenes y los niños de los distritos obreros de Viena, colaboración que es entonces anterior, así como también los conflictos entre Adler y Freud son anteriores a 1916. Es notable que Popper no hiciera mención a lo que en esa fecha publicaba Freud sobre Adler, que cito a continuación de modo extenso por la importancia del contenido, y porque lo he de retomar en repetidas oportunidades:

 (…) La tarea más inmediata que afrontó el psicoanálisis fue la explicación de las neurosis; tomó como puntos de partida los dos hechos de la resistencia y de la trasferencia, y mirando al tercero, el de la amnesia, dio razón de ellos con las teorías de la represión, de las fuerzas sexuales impulsoras de la neurosis, y de lo inconciente. Nunca pretendió proporcionar una teoría completa de la vida anímica del hombre; sólo pidió que sus averiguaciones se usaran para completar y enmendar nuestro conocimiento adquirido por otras vías. Ahora bien, la teoría de Alfred Adler rebasa con mucho esa meta; quiere hacer inteligibles de un tirón, al par que las neurosis y psicosis que contraen los hombres, su comportamiento y carácter; en realidad, es más adecuada para cualquier otro campo que el de las neurosis, y sólo sigue poniendo a este en primer plano por motivos de su propia historia genética. A lo largo de muchos años tuve ocasión de estudiar al doctor Adler, (...). Cuando hube reconocido sus escasas dotes para apreciar el material inconciente, puse mis esperanzas en que sabría descubrir las conexiones del psicoanálisis con la psicología y con las bases biológicas de los procesos pulsionales, para lo cual en cierto sentido lo habilitaban sus valiosos estudios acerca de la inferioridad de órgano. Y en efecto creó algo parecido, pero su obra resultó como si -para decirlo en su propia jerga- la demostración exigiera admitir por fuerza esto: que el psicoanálisis anduvo errado en todo y sólo defendió la importancia de las fuerzas impulsoras sexuales por su credulidad hacia lo que exponen los neuróticos mismos. (…)[8].

 El párrafo citado muestra una coincidencia de juicio entre Freud y Popper respeto de lo registrado por ambos respecto de la práctica de Adler: la falta de importancia dada por éste a los dichos del paciente. Pero además señala algo en lo cual Popper no reparó: que esa incredulidad se debe al apartamiento de Adler respecto de las fuerzas impulsoras sexuales, que es hacia donde esos dichos dirigieron a Freud. De éste modo lo que para Popper es un cambio de teoría que no implica un cambio de método (la explicación), para Freud, en cambio, es lo que separa al psicoanálisis de la psicología individual, y lo que lo llevó directamente de los dichos del paciente y a su interpretación.

 En la actualidad de la discusión entre el psicoanálisis y el falsacionismo se sigue omitiendo revisar las referencias de Popper a Freud con lo cual, aún trabajos minuciosos y reconocidos, como los que a seguir citaré, parten del supuesto de que aquellas referencias son exactas, y responden a objeciones de Popper desde el psicoanálisis sin considerar que son objeciones que corresponden a la psicología de Adler solamente, aunque el mismo Popper lo ignorara.

 Creo necesario repetir el antecedente citado de Clavel De Kruff[9] quién se ha comprometido en una defensa del psicoanálisis sosteniendo la tesis de que “el psicoanálisis, en sus múltiples vertientes, es una disciplina valiosa y racional, independientemente de que sea, o no, una ciencia empírica”[10] tesis basada en lo desarrollado por Popper acerca de la situación problema:

 (...) cualquier teoría racional, sin importar que sea científica o filosófica, es racional en tanto que intenta resolver ciertos problemas. Una teoría es comprensible y razonable sólo en relación con determinada situación de problema. Y sólo puede discutirse racionalmente estudiando esta relación. (...)[11]

 Kruff[12] sigue a Popper en su juicio respecto de que el psicoanálisis es una metafísica, y por ello propone como criterio de racionalidad para el psicoanálisis a la phrónesis (o “racionalidad práctica”) de Aristóteles. Vemos entonces que por no revisar las críticas de Popper al psicoanálisis la autora, es llevada al campo de éste autor, la epistemología. Pues, siguiendo los argumentos de Popper, su defensa del psicoanálisis concluye en una propuesta de demarcación.

 Cabe repetir también el antecedente de Jacques Alain Miller[13] quien si bien no cae en el desplazamiento hacia la epistemología sin embargo, al referirse a la falta de azar de las ocurrencias del paciente en la asociación libre, admite lo que Popper ha situado como “una debilidad lógica del psicoanálisis: que el no es por azar se verifica siempre”[14]. Miller señala que “fue el epistemólogo Karl Popper quién lo subrayó, que el psicoanálisis no tiene valor científico precisamente porque el no es por azar se verifica siempre”[15]. De este modo se estaría suponiendo que  lo que Popper dice de la verificabilidad del psicoanálisis se corresponde con la lógica del azar del psicoanálisis —no objeto en este momento lo que Miller desarrolla respecto de la lógica del azar en el psicoanálisis, sino que lo que diga Popper acerca de la verificabilidad del psicoanálisis se corresponda con dicha lógica, porque Popper se refiere a la práctica de Adler—. En el acto de suponer que lo dicho por Popper respecto de la verificación estaría fundado en un efectivo conocimiento de la asociación libre de Freud, se estaría admitiendo, por omisión de crítica, todo lo que Popper[16] deriva de la verificación: que el psicoanálisis realizaría sus verificaciones por medio de la explicación, que la lógica del psicoanálisis sería la inductiva, que las expectativas serían las del psicoanalista y que con ellas éste sugestiona al paciente.

 En el segundo antecedente citado no se trata tanto del riesgo de admitir para el psicoanálisis juicios exportados de la Psicología Individual, como del riesgo de perder la posibilidad de registrar las homonimias ente Popper y Freud, que quedan no sabidas por suponer en Popper un saber sobre el psicoanálisis.

 Los trabajos citados muestran la necesidad de revisar las referencias de Popper a Adler y a Freud. Y para ello nada mejor que las críticas que el mismo Freud le ha hecho a Adler, sobretodo porque se encuentran con las de Popper en algún punto.

 Popper conocía algunas de las diferencias teóricas entre Freud y Adler, pero su referencia a la práctica de Adler, escindió dichas referencias teóricas de la práctica que le es correlativa. La consecuencia fue extender desde la práctica de Adler a la Freud la metodología de la explicación.

 Para Popper la diferencia teórica entre la Psicología Individual y el Psicoanálisis no cambiaría la práctica, se trataría de dos teorías diferentes —una basada en el sentimiento de inferioridad y la otra en la represión, respectivamente—que servirían a un mismo fin: explicar el acontecimiento, hallar verificaciones de la teoría.

 Acierta Popper en situar las diferencias en la represión y en el sentimiento de inferioridad; respecto de la represión el mismo Freud ha dicho que se trata del pilar fundamental del psicoanálisis, y tampoco se equivoca al decir que el sentimiento de inferioridad es lo que Adler ha puesto en el lugar de la represión.

Sin embargo la diferencia que señala Popper es, para Freud, determinante de una práctica que no es la explicación, pues es la represión sexual llevó en cambio al psicoanálisis hacia la interpretación de los síntomas. En lo que no se equivoca Popper es en relacionar el sentimiento de inferioridad en la teoría de Adler con la práctica de la explicación.

 Para contrastar las diferencias en la práctica entre psicoanálisis y psicología individual es necesario primero situar la derivación de la teoría de Freud desde su práctica. Esta derivación es una muestra de que dicha teoría no busca verificaciones pues deriva de los obstáculos de su práctica.

 Si tomamos el registro de la práctica de Adler que ofrece Popper, y lo contrastamos con la práctica de Freud podremos ver leer las diferencias teóricas. Algo que ya se ve desde un primer momento pues el psicoanálisis surge justamente cuando Freud decide apartarse de la práctica de la hipnosis e introducir en su lugar la práctica de la asociación libre, la cual justamente se abstiene de guiar al paciente hacia una meta, tal como lo hacía mediante la hipnosis el método catárquico inventado por Breuer. Esta diferencia es nada menos que la que le permitió a Freud diferenciar el psicoanálisis del método catárquico, y tomar así la responsabilidad de su invención:

 (...)

Cuando en 1909, en la cátedra de una universidad norteamericana, tuve por primera vez oportunidad de dar una conferencia pública sobre el psicoanálisis, declaré, penetrado de la importancia que ese momento tenía para mis empeños, no haber sido yo quien trajo a la vida el psicoanálisis. Este mérito le fue deparado a Josef Breuer en tiempos en que yo era estudiante y me absorbía la preparación de mis exámenes (1880-82). Pero amigos bienintencionados me sugirieron luego una reflexión: ¿no había expresado de manera impropia ese reconocimiento? Igual que en ocasiones anteriores, habría debido apreciar el «procedimiento catártico» de Breuer como un estadio previo del psicoanálisis y fijar el comienzo de este sólo en el momento en que yo desestimé la técnica hipnótica e introduje la asociación libre. (...)[17].

 La finalidad de la hipnosis era la sugestión del enfermo. Cuando Freud abandonó la hipnosis también se abandonó la sugestión, pues la sugestión es un fenómeno parcial del estado hipnótico.

 Sin la sugestión hipnótica aparece un juego de fuerzas, la resistencia y la transferencia, a partir de las cuales define a la teoría psicoanalítica exclusivamente como aquella que parte de estas dos fuerzas, esta definición es realizada justamente en el marco textual de la discusión con Adler:

 (...) Es lícito decir, pues, que la teoría psicoanalítica es un intento por comprender dos experiencias que, de modo llamativo e inesperado, se obtienen en los ensayos por reconducir a sus fuentes biográficas los síntomas patológicos de un neurótico: el hecho de la trasferencia y el de la resistencia. Cualquier línea de investigación que admita estos dos hechos y los tome como punto de partida de su trabajo tiene derecho a llamarse psicoanálisis, aunque llegue a resultados diversos de los míos. Pero el que aborde otros aspectos del problema y se aparte de estas dos premisas difícilmente podrá sustraerse a la acusación de ser un usurpador que busca mimetizarse, si es que porfía en llamarse psicoanalista.

(...)[18].

 Esta contundente afirmación de Freud es realizada en un texto de carácter histórico en el cual plantea justamente las diferencias del psicoanálisis con la teoría de Adler. Corresponde entonces ahora contrastar lo que Freud ha llamado asociación libre con lo que Adler entiende de la práctica de la asociación libre, y revisar las consecuencias teóricas de esta última práctica.

 Si vemos los ejemplos dados por Adler podemos llegar a la conclusión de que lo que Adler llama asociación libre, no sólo no se corresponde con la técnica que Freud nominó de tal modo sino que, más aún, es todo lo contrario. Y esto porque lo que podemos leer en Adler es que el psicólogo individual asocia sobre las asociaciones del paciente, cuando en Freud a la asociación libre del paciente le corresponde la atención flotante del psicoanalista. El siguiente ejemplo es adecuado para ilustrar lo escrito:

 (...) Si conozco el objetivo de una persona sé, aunque sólo aproximadamente, qué sucederá.  (...)

El propio sujeto no sabría qué hacer de sí, si no tendiera hacia un objetivo. Mientras no conozcamos su línea de vida determinada por una meta, el conocimiento de todo su sistema de reflejos y de toda sus constelación causal, no sería suficiente para permitirnos saber a ciencia cierta qué hará esa persona de inmediato: cualquier resultante psíquico nos puede parecer posible. Esta deficiencia resulta sobremanera evidente en los experimentos de asociación. No porque una persona asocie cuerda con la palabra árbol habré de descubrir que ha sufrido una grave decepción. En cambio, si sé que su objetivo es el suicidio, atenderé con seguridad a ese nexo, y con tal seguridad que apartaré de su alcance cuchillos, veneno y armas de fuego.

Se descubre así una regla que acompaña al desarrollo de todo acontecimiento psíquico: no estamos en condiciones de pensar, de sentir, de querer, de obrar sin tener un objetivo en nuestra mente.

(...)[19]

 Correlativamente al acontecimiento técnico del abandono de la hipnosis y al uso de la atención flotante aparecen el juego de fuerzas que dan cuentan de la dinámica inconsciente —la resistencia—, y de su economía —la libido y sus investiduras—. La resistencia aparece como un límite a recordar.

 Cuando el paciente se topa con la resistencia a recordar, el psicoanalista lo invita a una asociación libre de representaciones-meta (pues es justamente de la meta de lo que la asociación debe estar libre):

 (...)

De estos dos enunciados (que con el abandono de las representaciones-meta concientes se entrega a unas representaciones-meta ocultas el gobierno sobre el decurso de las representaciones, y que las asociaciones superficiales son un sustituto, por desplazamiento, de otras sofocadas que calan más hondo) hace el psicoanálisis amplísimo uso en las neurosis; aún más: los eleva a ambos a la condición de pilares de su técnica. Cuando pido a un paciente que deponga toda reflexión y me cuente todo lo que se le pase por la cabeza, me atengo a la premisa de que no puede deponer las representaciones-meta relativas al tratamiento, y me considero con fundamento para inferir que eso que él me cuenta, en apariencia lo más inofensivo y arbitrario, tiene relación con su estado patológico. (...)[20]

 Si, como en el caso de Adler, la asociación libre del paciente es sustituida o por las asociaciones del analista es comprensible que no haya “resistencia”. Y si no hay resistencia no hay nada que indique el retorno de lo reprimido sexual, es decir, la prohibición paterna que implica que no todo es posible. En su lugar aparece, justamente, la voluntad de poder, y podemos decir que se trata de la voluntad del psicólogo individual sobre la del paciente —esto es lo que dice Popper de la anécdota con Adler, lo que dice Freud en el párrafo citado, y lo que a seguir veremos que dice una paciente de Adler, según registros de él mismo—.

 Freud ha señalado que Adler racionaliza el factor sexual planteándolo en el plano del poder: (...) Adler es tan consecuente en esto que llega a apreciar como el resorte impulsor más poderoso del acto sexual el propósito de estar encima, de enseñarle a la mujer quién es el amo (...)[21].

 Vemos entonces que el no cumplimiento de la suspensión de representaciones meta, del paciente, impide una asociación libre de meta alguna que la oriente. Adler en cambio plantea que el conocimiento de la meta final es necesario para comprender el sentido de la asociación libre, y de este modo invierte los términos pues se refiere a la comprensión del psicólogo, y no a una comprensión a la que pudiera llegar el paciente mismo como resultado de su asociación libre —además notemos que Adler no dice cómo es que obtiene el conocimiento de la meta del paciente, con lo cual vemos que se trata una vez más de lo que él está comprendiendo como una meta del paciente, es decir, de lo que él está introduciendo en la asociación—.

 Ello también implica un desconocimiento de psíquica entre conciente e inconciente, como podemos leerlo en el siguiente párrafo de Adler:

 (...) la meta final nace, consciente o inconcientemente, en cada individuo, pero nunca es comprendida en su verdadero significado.

(...)[22]

 Notemos que en la frase citada se encuentra soslayada la diferencia entre consciente e inconsciente, mentada como al pasar, lo cual, en el contexto de una teoría que desconoce la represión no es algo menor ya que, como ha desarrollado Freud[23], la represión primaria es lo que separa lo consciente de lo inconsciente, y la secundaria la que se esfuerza en dar caza a los retornos de lo reprimido y de ese modo crea los síntomas como satisfacciones sustitutivas.

Al no tomar en cuenta la represión, la teoría de Adler se sitúa en el yo. Es ahí donde justamente Freud la ha situado:

 (...)

La teoría de Adler fue desde su comienzo mismo un «sistema», cosa que el psicoanálisis evitó cuidadosamente. Es también un destacado ejemplo de «elaboración secundaria», como la que el pensamiento de vigilia emprende con el material onírico. (...)[24]

 Si bien Adler se sitúa en el yo esto no quiere decir que se sitúe sólo en la conciencia, pues recordemos que Freud señaló que mucho en el yo es inconsciente, pero se trata de lo inconsciente no reprimido, algo que llega desde el ello.

 Por eso podemos ver que lo que Adler denomina “resistencia”, en modo alguno se corresponde con la resistencia que Freud define a propósito del olvido de lo inconsciente reprimido, del sueño, o del nombre propio. Aquello a lo que Adler se refiere correspondería más a lo que Freud ha llamado metapsicológicamente resistencias del superyó (sentimiento de culpa) o a las resistencia del ello a la curación (lo que ha situado prácticamente en las reacciones terapéuticas negativas), y que tienen que ver con lo inconsciente no reprimido. Veamos como lo describe Adler:

 (...) es un complejo de fenómenos que se expresan como testadurez, espíritu de o contradicción, hostilidad, posición de lucha, y en otros casos, como necesidad de tener razón a todo precio, inaccesibilidad, superioridad. (...)[25]

 Entonces, al no haber referencia a lo reprimido en Adler, tampoco hay referencia al síntoma en el sentido freudiano del término (una satisfacción sustitutiva de otra reprimida) sino lo que Adler define  textualmente como “arreglitos” del paciente, los cuales son entendidos como actos intencionados del paciente que, si bien para Adler no son conscientes, tampoco son inconscientes reprimidos.

 Y esto porque no hay en Adler una teorización metapsicológica de la separación entre consciente e inconsciente sino más bien una teorización social:

 (...), tan pronto la cualidad consciente pudiese ser una amenaza para el objetivo neurótico (en particular si entra en colisión excesivamente violenta contra las exigencias del sentimiento de comunidad), el plan de vida se instala en lo inconsciente. (...)[26]

 Por esto, si bien Adler escribe que el paciente puede no comprender en todo su significado el plan de vida, desconoce la división de “la personalidad”, como la llama, entre consciente e inconsciente, pues sea consciente o inconsciente para él no hay nada reprimido. Por eso mismo llega a una psicología del individuo “a partir de la premisa de la individualidad”[27], derivada de “un plan de vida unitario”[28].

 No escuchando lo inconsciente reprimido Adler se ve enfrentado a lo inconsciente no reprimido y a las resistencias de superyó y del ello, siendo la última la resistencia a la misma curación. Por eso Adler no trabaja con la resistencia de lo reprimido que retorna en la palabra, esto es lo que ven Freud y Popper: Adler no otorga crédito a lo que dice el paciente, ni siquiera es necesario escucharlo para interpretarlo.

 Freud, se desliza desde la experiencia de la resistencia hacia la experiencia de la transferencia, la cual debe ser entendida desde el mismo horizonte que la resistencia, el horizonte del abandono de la sugestión. Y esto es algo fundamental de recalcar en el contexto de esta Tesis, pues uno de las críticas de Popper al psicoanálisis es que en éste la expectativa del psicoanalista estaría sugestionando al paciente. Abordaremos ésta crítica a continuación.

 Como mencioné párrafos antes Popper hace dos referencias a textos de Freud, una no textual al El yo y el ello, y otra en la cual reproduce un párrafo de un texto menor de Freud alterando su sentido. El texto es Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños[29] —texto que iba a ser originalmente una modificación o intercalación en La interpretación de los sueños—y lo que Popper extrae de él es una frase en la cual Freud hace referencia a la sugestión, a partir de la cual concluye que la expectativa del psicoanalista sugestiona al paciente, de modo tal de condicionar así las respuestas que este dé al tratamiento. La frase es la siguiente:

 (...) Por tanto, si alguien quisiese sostener que la mayoría de los sueños utilizables en el análisis son sueños de deferencia y deben su génesis a la sugestión, nada habría que objetarle desde el punto de vista de la teoría analítica. (...)[30]

 Pero Popper no reproduce el párrafo que sigue inmediatamente al punto citado:

(...) No me hace falta sino remitirme a las elucidaciones de mis Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17), donde trato el vínculo de la trasferencia con la sugestión y demuestro cuán poco menoscaba la confiabilidad de nuestros resultados el admitir el efecto de la sugestión, tal como nosotros la entendemos. (...)[31]

 En este párrafo Freud aclara que se trata de la sugestión como una de manifestación de la  transferencia. Transferencia de amor respecto de la cual Freud[32] indica que no debe ser correspondida —de hecho él abandona la hipnosis, que es un modo particular de la sugestión, cuando una de sus pacientes al despertar de su trance hipnótico le hecho sus brazos encima—. Y esta no correspondencia de la transferencia se da por medio de la técnica de asociación libre que el analista practica, pues cuando el analista se abstiene de asociar se abstiene de introducir su  representación-meta o “representación-expectativa” (como veremos que la ha llamado también), sobre el tratamiento (sus ocurrencias y así su deseo inconsciente), por lo cual la única expectativa en el análisis es la del paciente —expectativa, la del paciente, sobre la que volveré en el Capítulo III.1.—. Demás está decir que la expectativa del paciente para nada condiciona la respuesta del psicoanalista, pues, lo repito, Freud se rehusó a satisfacer esa transferencia de amor.

Debo agregar que Popper no vio para nada necesario remitirse a la Conferencia que cita Freud, ni a ninguno de los principales textos en los que Freud desarrolla el tema de la sugestión, la transferencia, o la angustia de expectativa. Es más, podríamos decir en términos de Popper que él halló la verificación que buscaba.

 Creo, en cambio, justo remitir a la Conferencia nº 28 de Introducción al psicoanálisis que Freud cita:

 (...) El que ha realizado psicoanálisis ha podido convencerse incontables veces de que es imposible sugerir al enfermo de esa manera. Desde luego, no hay ninguna dificultad en hacerlo partidario de una determinada teoría y hasta en hacerlo participar en un posible error del médico. En esto él se comporta como otro cualquiera, como un alumno, pero por ese medio sólo se ha influido sobre su inteligencia, no sobre su enfermedad. La solución de sus conflictos y la superación de sus resistencias sólo se logra si se le han dado las representaciones-expectativa que coinciden con su realidad interior. Las conjeturas desacertadas del médico desentonan de nuevo en el curso del análisis[33]; es preciso retirarlas y sustituirlas por algo más correcto. Mediante una técnica cuidadosa se procuran evitar los éxitos de sugestión provisionales; pero por más que sobrevengan, son inofensivos, pues uno no se contenta con el primer éxito. No se considera terminado el análisis si no se han esclarecido las oscuridades del caso, llenado las lagunas del recuerdo y descubierto las oportunidades en que se produjeron las represiones. En éxitos demasiado prematuros se disciernen más bien obstáculos que avances del trabajo analítico, y los destruimos resolviendo de continuo la trasferencia en que se fundaban. En el fondo, es este último rasgo el que separa el tratamiento analítico del basado puramente en la sugestión, y el que libra a los resultados analíticos de la sospecha de ser éxitos de sugestión. En cualquier otro tratamiento sugestivo, la trasferencia es respetada cuidadosamente: se la deja intacta; en el analítico, ella misma es objeto del tratamiento y es descompuesta en cada una de sus formas de manifestación. Para la finalización de una cura analítica, la trasferencia misma tiene que ser desmontada; y si entonces sobreviene o se mantiene el éxito, no se basa en la sugestión, sino en la superación de resistencias ejecutada con su ayuda y en la trasformación interior promovida en el enfermo.

(...)[34]

 De esto debemos remarcar, primero, que Freud abandona la sugestión, y que esto lo lleva a la sexualidad infantil, la cual es transferida, pero que Freud lejos de satisfacer esa transferencia con sus representaciones-expectativas, deja al paciente librado a su asociación libre, por la cual es el paciente el que introduce entre otras ocurrencias, sus sueños —pues fueron los pacientes, y no Freud, los que los introdujeron entre sus ocurrencias—.

 (...) Mis pacientes, a quienes yo había comprometido a comunicarme todas las ocurrencias y pensamientos que acudiesen a ellos sobre un tema determinado, me contaron sus sueños y así me enseñaron que un sueño puede insertarse en el encadenamiento psíquico que ha de perseguirse retrocediendo en el recuerdo a partir de una idea patológica. Ello me sugirió tratar al sueño mismo como un síntoma y aplicarle el método de interpretación elaborado para los síntomas.

(...)[35]

 Repasemos entonces con Freud el orden de sus descubrimientos, que hasta ahora hemos seguido:

 (...)

Entre los otros factores que por mi trabajo se fueron sumando al método catártico y lo trasformaron en el psicoanálisis, quiero destacar: la doctrina de la represión y de la resistencia, la introducción de la sexualidad infantil, y la interpretación y el uso de los sueños para el reconocimiento de lo inconciente.

(...)[36]

 Esta referencia sirve para resaltar el hecho de que, no sólo Freud abandona la sugestión, sino que ello implica —luego de la introducción de la sexualidad— la introducción de la interpretación como su método de análisis.

 Veamos como la teorización de Adler, esta vez respecto de la transferencia, lo lleva en cambio a la explicación:

 (...)

Freud ha insistido muchas veces en la necesidad de que el análisis ataque en especial a los fenómenos de resistencia y que, con frecuencia, éstos se encuentran en relación con el tranfert. En nuestra opinión las relaciones psíquicas para estas dos exigencias son distintas, y por lo común mal entendidas. Pasemos, pues, a estudiarlas en cada caso.

(...)[37]

 Acto seguido Adler analiza un caso:

 (...) De otra parte en nuestro caso, la “resistencia” sobrevino tras importantes explicaciones que pude darle sobre el carácter protestario de su neurosis. Respondió con una nueva protesta, “porque usted siempre tiene razón”. Ella era quien quería tener razón. (...)[38]

 La conclusión de Adler es la siguiente:

 (...)

El transfert amoroso sobre el médico es, pues, falso, y ha de ser entendido como una caricatura. No ha de ser valorado, pues, siquiera como “libido” y, en definitiva, no es transfert, sino, más bien, plan general, hábito, originado en la infancia y expresión de la búsqueda de poder.

(...)[39]

 Para concluir, y  en el marco de los objetivos que estamos trabajando —las referencias entre Popper, Adler, y Freud—, es pertinente que tomemos como fuente a estos tres autores. Viendo qué es lo que cada uno dice respecto de las repercusiones de éstas teorías para evaluar su “aceptación” y circulación.

 Por lo dicho por Popper debemos realizar una deducción para llegar a una respuesta, la cual es sin dudas que la psicología individual estaba más difundida que el psicoanálisis, e incluso que se ha mimetizado con él. Popper demuestra conocer la práctica de Adler y los conceptos fundamentales de su teoría, pero luego, al hacer extensiva esa práctica al psicoanálisis y homologar los conceptos fundamentales de éste a los de aquella, demuestra un desconocimiento respecto del psicoanálisis. De igual modo lo hace por lo incompleto e impreciso de sus citas a textos de Freud. En cuanto a la aceptación que Popper dice haber notado en sus amigos de la psicología individual y del psicoanálisis, junto con el marxismo, podemos concluir que en ese punto también el hecho de que Popper haya homologado la psicología individual al psicoanálisis le ha hecho extender la aceptación que la primera tenía hacia el segundo. Sin embargo el psicoanálisis ha sido siempre resistido, el mismo desconocimiento por parte de Popper de los principios fundamentales que he señalado manifiesta su rechazo hacia aquel.

 Esto coincide con lo que dice Freud respecto de las resistencias que el psicoanálisis siempre ha generado:

 (...) Y como desde hace tiempo he reconocido que el inevitable destino del psicoanálisis es mover a contradicción a los hombres e irritarlos, he sacado en conclusión que yo debo de ser el verdadero creador de todo lo que lo distingue. (...)[40]

 Pero la mimetización que hace Popper del psicoanálisis con la psicología individual no debe ser atribuida en todo al epistemólogo, pues si tomamos lo que párrafos atrás hemos citado de Freud, sabremos del intento de Adler de “mimetizar” su teoría con el psicoanálisis, a lo cual Freud se opuso hasta que lograr que Adler dejara de llamarla psicoanálisis.

 Por otro lado la aceptación (en términos de comprensión e incorporación) de la Psicología Individual, que nosotros deducimos por el modo en que Popper se ha ocupado de ella, coincide con lo descrito por Adler al respecto:

 (...)

Fácil ha sido explicar a los psicólogos, a pedagogos y neurólogos esta política de prestigio del individuo. Que la ciencia del prestigio intente sustraerse a la influencia de nuestra Psicología del individuo, y que mediante circunloquios y rodeos combata nuestros descubrimientos, pero se apropie de ellos, es cosa que no puede sorprendernos demasiado, ni a mí ni a mis discípulos.

(...)[41]

Creo que este señalamiento respecto del conocimiento, circulación o aceptación del psicoanálisis y la psicología individual merece una última reflexión, ya que toca a lo que hemos desarrollado de ambas teorías en éste capítulo.

 La aceptación de la Psicología Individual es entendible si situamos a dicha teoría en el plano de la sugestión, entendiendo por tal la imposición de una meta por el psicólogo al paciente —y un ejemplo de esta aceptación, por su propio testimonio, es el mismo Popper—. Vemos entonces que la Psicología Individual es aceptada (comprendida) sin dificultad tal como las órdenes sugestivas del médico, no presenta resistencias, pues se trata de un producto de la resistencia a lo inconsciente, o en palabras de Freud un ejemplo de elaboración secundaria: censura todo lo que tenga que ver con lo sexual.

 Ahora bien, otra característica que Freud señalaba de la sugestión es que los síntomas retornaban, es decir, que el paciente se de-sugestionaba. Y eso le ha ocurrido a la Psicología Individual; no sólo con “la ciencia del prestigio” de la que ha dicho Adler que comprende e incorpora los conceptos para después rechazarlos, sino el mismo Popper, quién luego de trabajar con Adler termina criticando fuertemente su práctica y su teoría.

 Incluso hoy día la psicología individual no tiene ya la presencia y la aceptación que le diera Popper al criticarla a la par del marxismo y del psicoanálisis. Éste último en cambio sigue siendo tan resistido como aún presente en los programas de estudio —tomemos como prueba de sus resistencia el hecho de que aún se sigue impartiendo “la crítica de Popper al psicoanálisis” en grado y postgrado de diferentes universidades sin señalar que dicha crítica es una extensión de los juicios de Popper sobre la Psicología Individual al psicoanálisis—. Creo que por ello que el trabajo de revisión de es de fundamental importancia para la comunidad académica en general. FIN

 Notas:

 1. El presente artículo es un avance de la Tesis Doctoral en curso del autor Psicoanálisis y falsación. Homologación de criterio y principios homónimos, radicada en la Universidad Nacional de San Luis.

2. Ps. Prof. Federico Vida. Psicoanalista, Docente en Psicología UNR, Director de la Revista (dixit) letras, psicoanálisis, arte.

3. POPPER, Karl. Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Bs As, Paidós 1994.

4. Ibid., p. 54.

5. Ibid., p. 59.

6. Ibid., p. 59.

7. Ibid., p. 58.

8. FREUD, Sigmund.  Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989, p. 49.

9. CLAVEL DE KRUFF, Fernanda. Las críticas de Karl Popper al Psicoanálisis, en Revista Signos Filosóficos nº 11, vol VI, 2004, p. 85-99.

10. Ibid., p.  85.

11. POPPER, Karl. Metafísica y criticabilidad, en David Miller (comp.), Popper. Escritos selectos. México: Fondo de Cultura Económica, 1995. p. 232.

12. CLAVEL DE KRUFF. Op. cit., p. 90.

13. MILLER, Jacques-Alain. Conferencias porteñas. Conferencia en el Teatro Coliseo. Tomo III. Buenos Aires, Paidós, 2010. P. 260.

14. Ibid., p.  260.

15. Ibid., p. 260.

16. Popper, Ibid., p. 59.

17. FREUD.  Op. cit.,  p. 7-8.

18. Ibid.,  p. 16.

19. ADLER, Alfred. La práctica y la teoría de la psicología individual. Buenos Aires: Paidós, 1958. p. 22.

20. FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. O.C. Vol V, Buenos Aires: Editorial Amorrortu, 1991. p. 525.

21. FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 51.

22. ADLER. Op. cit,  p. 24

23. FREUD, Sigmund. 22º conferencia. Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología, OC, VOL XVI Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1991. p. 318.

24. FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998. p. 50.

25. ADLER. Op. cit,  p. 153.

26. Ibid., p. 230.

27. Ibid., p. 22.

28. Ibid., p. 25.

29. FREUD, Sigmund.  Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños. O.C. Vol. T XIX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996.

30. Ibid., p.  119.

31. Ibid., p. 119.

32. FREUD, Sigmund. Presentación autobiográfica. O.C. Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996. p. 28.

33. Suprimo aquí la nota al pié del texto original.

34. FREUD, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis. 28 Conferencia. La terapia analítica. O. C. Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 412

35. FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. El método de la interpretación de los sueños. Análisis de un sueño paradigmático. O. C. Vol. IV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 122.

36. FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998. p. 14-15.

37. ADLER. Op. cit.,  p.154.

38. Ibid., p. 160.

[1] Ibid., p. 160.

[1] FREUD.  Op. cit.,  pág. 8

[1] ADLER. Op. cit.,  p. 18.

 Bibliografía:

 POPPER, Karl. Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Bs As, Paidós, 1994.

FREUD, Sigmund.  Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989.

CLAVEL DE KRUFF, Fernanda. Las críticas de Karl Popper al Psicoanálisis, en Revista Signos Filosóficos nº 11, vol VI, 2004.

POPPER, Karl. Metafísica y criticabilidad, en David Miller (comp.), Popper. Escritos selectos. México: Fondo de Cultura Económica, 1995.

MILLER, Jacques-Alain. Conferencias porteñas. Conferencia en el Teatro Coliseo. Tomo III. Buenos Aires, Paidós, 2010. P. 260.

ADLER, Alfred. La práctica y la teoría de la psicología individual. Buenos Aires: Paidós, 1958. p. 22.

FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. O.C. Vol V, Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989.

FREUD, Sigmund. 22º conferencia. Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología, OC, VOL XVI Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1991. p. 318.

FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998.

FREUD, Sigmund.  Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños. O.C. Vol. T XIX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996.

FREUD, Sigmund. Presentación autobiográfica. O.C. Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996.

FREUD, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis. 28 Conferencia. La terapia analítica. O. C. Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 412

FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. El método de la interpretación de los sueños. Análisis de un sueño paradigmático. O. C. Vol. IV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 122.

FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998.

 [1] El presente artículo es un avance de la Tesis Doctoral en curso del autor Psicoanálisis y falsación. Homologación de criterio y principios homónimos, radicada en la Universidad Nacional de San Luis.

[2] Ps. Prof. Federico Vida. Psicoanalista, Docente en Psicología UNR, Director de la Revista (dixit) letras, psicoanálisis, arte.

[3] POPPER, Karl. Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Bs As, Paidós 1994.

[4] Ibid., p. 54.

[5] Ibid., p. 59.

[6] Ibid., p. 59.

[7] Ibid., p. 58.

[8] FREUD, Sigmund.  Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989, p. 49.

[9] CLAVEL DE KRUFF, Fernanda. Las críticas de Karl Popper al Psicoanálisis, en Revista Signos Filosóficos nº 11, vol VI, 2004, p. 85-99.

[10] Ibid., p.  85.

[11] POPPER, Karl. Metafísica y criticabilidad, en David Miller (comp.), Popper. Escritos selectos. México: Fondo de Cultura Económica, 1995. p. 232.

[12] CLAVEL DE KRUFF. Op. cit., p. 90.

[13] MILLER, Jacques-Alain. Conferencias porteñas. Conferencia en el Teatro Coliseo. Tomo III. Buenos Aires, Paidós, 2010. P. 260.

[14] Ibid., p.  260.

[15] Ibid., p. 260.

[16] Popper, Ibid., p. 59.

[17] FREUD.  Op. cit.,  p. 7-8.

[18] Ibid.,  p. 16.

[19] ADLER, Alfred. La práctica y la teoría de la psicología individual. Buenos Aires: Paidós, 1958. p. 22.

[20] FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. O.C. Vol V, Buenos Aires: Editorial Amorrortu, 1991. p. 525.

[21] FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 51.

[22] ADLER. Op. cit,  p. 24

[23] FREUD, Sigmund. 22º conferencia. Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología, OC, VOL XVI Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1991. p. 318.

[24] FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998. p. 50.

[25] ADLER. Op. cit,  p. 153.

[26] Ibid., p. 230.

[27] Ibid., p. 22.

[28] Ibid., p. 25.

[29] FREUD, Sigmund.  Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños. O.C. Vol. T XIX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996.

[30] Ibid., p.  119.

[31] Ibid., p. 119.

[32] FREUD, Sigmund. Presentación autobiográfica. O.C. Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996. p. 28.

[33] Suprimo aquí la nota al pié del texto original.

[34] FREUD, Sigmund. Conferencias de introducción al psicoanálisis. 28 Conferencia. La terapia analítica. O. C. Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 412

[35] FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. El método de la interpretación de los sueños. Análisis de un sueño paradigmático. O. C. Vol. IV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1989. p. 122.

[36] FREUD, Sigmund. Contribución al movimiento psicoanalítico. O.C. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1998. p. 14-15.

[37] ADLER. Op. cit.,  p.154.

[38] Ibid., p. 160.

[39] Ibid., p. 160.

[40] FREUD.  Op. cit.,  pág. 8

[41] ADLER. Op. cit.,  p. 18.