El Giro Narrativo Frente al Paradigma Computacional

Psic. Martina Elizalde [1]

RESUMEN

El presente trabajo establece relaciones entre las elaboraciones de Jerome Bruner – sobre la importancia capital de la cultura en la Psicología- y los criterios dominantes dentro de la llamada “Ciencia Cognitiva” contemporánea (modelo computacional). Se pondrá de relieve la distancia entre la Psicología Cultural propuesta por Bruner y la Psicología Cognitiva en la que prevalece el modelo del ordenador como analogía fundamental con respecto a la mente humana. Se tratarán de evidenciar dos posiciones divergentes en cuanto a la concepción de la mente humana y su relación con la cultura y lo social, dos modos de concebir la subjetividad humana y su constitución.

ABSTRACT

The present work establishes relationships among Jerome Bruner's elaborations - about the capital importance of the culture in Psychology - and the dominant approaches in the  contemporary Cognitive Science (computational point of view ). This work will indicate the distance among the Cultural Psychology proposed by Bruner and the Cognitive Psychology in which prevails the pattern of the computer like fundamental analogy of the human mind. Two divergent positions will be evidenced as for the conception of the human mind and their relationship with the culture and the social thing, two ways of conceiving the human subjectivity and their constitution.

EL GIRO NARRATIVO FRENTE AL PARADIGMA COMPUTACIONAL

Las dos modalidades mencionadas en cuanto al abordaje y conceptualización de la mente humana se insertan dentro de una larga tradición en el campo de la Psicología, tradición de “oposición” entre posturas que privilegian al “individuo” como “unidad” de investigación psicológica, y aquellas otras que incluyen la subjetividad y la intersubjetividad dentro de una trama social y cultural.

En este sentido, acerca de la naturaleza y el funcionamiento de la mente, pueden señalarse las distintas formas conceptuales y metodológicas que adhirieron a una Psicología centrada en lo individual y una Psicología focalizada en lo social y cultural. Esta discrepancia de criterios se planteó en diferentes momentos y dentro de diversos discursos filosóficos y psicológicos. Durante los siglos XVIII –XIX, la oposición se estableció entre los criterios de la Ilustración y las ideas de los primeros románticos; en los años 1870-1900, entre la Psicofisiología y la Völkerpsychologie o Psicología de los pueblos; en 1930-1950, entre la Psicología Individual y la Psicología socio histórica; en 1960-1980, entre la Psicología Computacional y la Psicología Cultural.[2] El presente trabajo se centrará en el último período mencionado, vinculado a la llamada Revolución Cognitiva, movimiento que reformuló y formalizó a la mente como objeto de estudio válido dentro de la investigación científica, pero que derivó en un formalismo abstracto vacío de subjetividad y cultura; en contraste con el criterio computacionalista, la producción teórica de J. Bruner rescata para la Psicología la problemática de la relación mente-cultura, la intencionalidad, la narrativa y el significado.[3]

Este escrito se focalizará en el período de los años ‘90 de la elaboración de Bruner, donde reconsidera el modo en que la Psicología debe abordar la mente, realizando críticas a la Psicología Computacional; propone una Psicología Cultural.

La revolución cognitiva y sus derivaciones

 La Revolución Cognitiva fue un movimiento de mediados del siglo XX, principalmente en los EEUU, a partir de investigaciones que retomaron la mente humana como objeto de investigación. Surgió en clara contraposición al Conductismo imperante, en oposición a la idea de un mecanicismo comportamental que rechazaba los conceptos sobre lo mental y la subjetividad, se generó un interés por la mente, su funcionamiento y estrategias, las representaciones mentales, sus límites y capacidades. Se trata de una “Ciencia Cognitiva” en la que confluyeron campos de investigación: matemática y computación (Turing, Von Neumann, etc.); cibernética (Wiener); teoría de la información (Shannon); trabajos sobre el “modelo neuronal” y sobre síndromes neuropsicológicos (Mc. Culloch, Pitts; Luria). A partir de estos “cimientos”, fueron desarrollándose investigaciones desde la Psicología (K. Lashley, G. Miller, J. Bruner, Broadbent, etc.), la Filosofía, la Lingüística, la Antropología, la Inteligencia Artificial y la Neurociencia.

Pero este movimiento fue tomando una direccionalidad tal que parece haberse consolidado en el llamado “paradigma del procesamiento de la información” [4]. Es desde este paradigma que algunos autores escriben la historia del movimiento y que estipulan cuáles son los rasgos específicos del mismo, intentando legitimar un modelo.

Así, H. Gardner[5] señala como características específicas del movimiento: 1- Un nivel específico de estudio basado en las representaciones mentales, desligado de lo cultural y lo biológico. 2- La analogía mente-computadora  como criterio nuclear en cuanto al funcionamiento de la mente. 3- La exclusión de variables: afectos, contexto, cultura, historia. 4- La importancia de los estudios interdisciplinarios. 5- La importancia de la tradición filosófica clásica, en cuanto a los interrogantes y juicios sobre el conocimiento. Estas características dan cuenta de un criterio imperante en cuanto al modelo o metáfora fundamental para investigar y describir el funcionamiento de la mente. Un paradigma[6], en tanto que define los problemas y los métodos, legitima determinados criterios sobre el conocimiento, habilita las preguntas que serán consideradas válidas, así como aquellas áreas que no serán incluidas para su investigación. Paradigma que nombra y silencia y que sostiene supuestos acerca del sujeto y la mente.

En este discurso  prevalece la idea de un sujeto capaz de organizar y planificar, con capacidades cognitivas para el procesamiento de la información, su codificación y decodificación, almacenamiento y recuperación, evaluación y ajuste de su propio desempeño en función de metas u objetivos previos que determinan la direccionalidad de su conducta. Estas capacidades se suponen basadas en un sistema mental lógico – en el sentido de una lógica binaria- que permite registrar y computar la información.

Sobre la base de estos supuestos conceptuales, la Psicología Cognitiva propuesta por este paradigma investigará “cómo el hombre adquiere información, cómo la representa, transforma, almacena y recupera para utilizarla”[7], y sus áreas de investigación serán la atención, la percepción, las representaciones mentales, el lenguaje, la solución de problemas, la categorización, las imágenes mentales, la memoria, la motivación, etc. Sus dos pilares básicos serán las representaciones mentales, que sirven para almacenar la información, y los procesos psicológicos que intervienen en la manipulación y transformación de dichas representaciones. Esta Psicología se incluye dentro de una Ciencia Cognitiva, que posee como objetivos el “estudio de sistemas inteligentes y sus procesos computacionales, entendidos de modo abstracto” [8]. La mente es conceptualizada entonces como un sistema capaz de manipular entidades abstractas, símbolos o cómputos, mediante determinados procesos psicológicos.

            Esta Psicología se vincula fuertemente con el computacionalismo y con la Inteligencia Artificial, pues comparten la metáfora del ordenador según la cual la mente y el ordenador son sistemas funcionales equivalentes. El núcleo teórico de la Inteligencia Artificial plantea que ambos son sistemas capaces de desarrollar una conducta inteligente dado que interpretan símbolos, los manipulan, los almacenan en estructuras de memoria y producen un resultado inteligente.

En cuanto a los criterios filosóficos, esta Psicología se vincula con la llamada Filosofía de la mente, y más específicamente con el Funcionalismo. Si bien existen diferentes criterios o modos del Funcionalismo, en el paradigma imperante se sostiene que: “los estados mentales se definen por sus roles causales abstractos dentro del marco del sistema de procesamiento  de la información (...) Lo que realmente importa es la organización funcional”.[9]

Esta postura dentro de la Psicología Cognitiva llega, como en J. Fodor, a equiparar la mente con una máquina sintáctica, eliminando las propiedades semánticas o el nivel del contenido de las representaciones mentales y el contexto en el cual se encuentra.[10] Este criterio parece dar cuenta de un criterio del hombre como individuo, en el sentido de ente aislado, posible de ser pensado por fuera de lo cultural. Así la mente es presentada como un sistema que operaría dentro de una “caja negra” a la cual ingresa determinada información y de la cual egresa información u operaciones.[11]

Retomemos ahora de manera crítica las cinco características básicas de la Ciencia Cognitiva señaladas con anterioridad. Estas configuran una concepción que pretende a la mente siempre igual a sí misma, esto es, una mente por fuera de la cultura, de lo social, por fuera de la historia y de las historias que conforman singularidades. En esta creencia parece retornar el ideal del neopositivismo, basado en una lógica matemática, que intentó abordar lo humano sobre la base de un lenguaje matemático; “hablar de” o “hacer hablar” lo humano a través de un “lenguaje” desvinculado de lo más humano: la cultura.

La primer característica - un nivel específico de estudio basado en las representaciones mentales, desligado de lo cultural y lo biológico- explicita el supuesto de que la mente funciona por fuera de la cultura, siendo posible su estudio sin considerar lo cultural, entendido como agregado secundario a una supuesta consistencia de la mente en sí.

Las dos características siguientes - la analogía mente-computadora y la exclusión de los afectos, el contexto, la cultura, la historia- consolidan el criterio señalado, pues el ordenador, a pesar de sus posibilidades operativas, carece justamente de aquella que conforma a lo humano como tal. Estas “variables” consideradas secundarias, son precisamente aquellas que reintroduce Bruner, legitimando interrogantes sobre la cultura, modificando la idea de una mente individual originariamente aislada, al plantear que “la mente no termina en la piel”, y señalando que no existe la mente ni lo humano sin la cultura. La mente es enculturada y sus posibilidades de interpretación se dan en función del contexto y no por fuera de él. En cuanto a la magnitud dada a los estudios interdisciplinarios –cuarta característica- la Ciencia Cognitiva inclinó su interés hacia la Inteligencia Artificial, dejando “en la sombra” a las demás disciplinas. La quinta característica - la tradición filosófica clásica- parece diluirse y hallarse reducida a un solipsismo metodológico[12] al negar la importancia de lo semántico y su relación con el contexto. Estas cuestiones son importantes de resaltar, en la medida en que Bruner las cuestionará y reformulará a partir de su propuesta de una Psicología Cultural.

Las críticas de Bruner

            “El objetivo de esta revolución (Revolución Cognitiva) era recuperar la “mente” en las ciencias humanas después de un prolongado y frío invierno de objetivismo (...) De hecho, se ha tecnicalizado de tal manera que incluso ha socavado aquel impulso original (...) ha conseguido sus éxitos técnicos al precio de deshumanizar el concepto mismo de mente que había intentado reinstaurar en la psicología, y que de esta forma, ha alejado a buena parte de la psicología de las otras ciencias humanas y de las humanidades”.[13]

Con esta crítica comienza Bruner su propuesta de explorar lo que considera una nueva revolución cognitiva basada en un enfoque interpretativo del conocimiento, en la “construcción de significados”, desarrollada en los campos de la antropología, la lingüística, la filosofía, la teoría literaria y la psicología. Considera que este proyecto ya se encontraba en los orígenes de aquella revolución de los años ´50:

            “Su meta era descubrir y describir formalmente los significados que los seres humanos creaban a partir de sus encuentros con el mundo, para luego proponer hipótesis acerca de los procesos de construcción de significado en que se basaban. Se centraba en las actividades simbólicas empleadas por los seres humanos para construir y dar sentido no sólo al mundo, sino también a ellos mismos”.[14]

Pero esa perspectiva fue reemplazada paulatinamente por el modelo del procesamiento de la información, dándose un cambio de énfasis del significado a la información, de la construcción al procesamiento, cambio que obedece a la adopción de la computadora como metáfora dominante y de la computabilidad como criterio imprescindible de un “buen modelo teórico”. Desde este criterio computacional, la información es indiferente con respecto al significado; comprende un mensaje que ya ha sido anteriormente codificado en el sistema, que no es resultado del proceso de computación. En las operaciones que el sistema realiza permanece ciego respecto al contenido de dicha información. Un mensaje es informativo en la medida en que reduce el número posible de elecciones alternativas, según un código de elecciones establecidas (sintaxis del sistema).

                Según Bruner, el modelo del procesamiento de la información se ha transformado en un nuevo reduccionismo, que ha sustituido el par estímulo- respuesta del conductismo por el par input-output y la idea de refuerzo por la de retroalimentación. En cierta medida, estos conceptos del computacionalismo dominante mantienen la idea de “caja negra” propia del conductismo, según la cual no interesaría lo que ocurre “dentro” de la mente, sus procesos y operaciones, sino sólo lo que ingresa y sale del sistema. No hay, pues, cabida para nociones como los estados mentales, la intencionalidad (creer, desear, captar un significado, tomado como causa) ni la agentividad, que implica la conducta de la acción bajo el dominio de estados intencionales.[15] Es en función de estas críticas que Bruner propone construir una ciencia de lo mental en torno al concepto de significado y de los procesos mediante los cuales se crea y negocia en una comunidad. Esta idea da cuenta de una de las preguntas fundamentales en sus elaboraciones de las últimas décadas.

El modelo narrativo en la psicología

La pregunta por el significado y su negociación se enlaza en forma directa al concepto de cultura, concepto central en la teorización de Bruner. Este concepto produce un viraje con respecto a la tradición de pensar desde el punto de vista del individuo. La mente humana se encuentra social y culturalmente constituida, tal que la subjetividad se conforma dentro de la cultura y a través de ella. La misma da cuenta de un sujeto activo en cuanto a la utilización, modificación y recreación de la cultura. Para Bruner, las interpretaciones de significado reflejan las historias idiosincrásicas de los individuos así como formas canónicas de construir la realidad de una cultura: la vida en una cultura sería un juego mutuo entre las versiones del mundo que la gente forma bajo su oscilación institucional y las versiones que son producto de sus historias individuales. “Nada está “libre de cultura”, pero tampoco son los individuos simples espejos de la cultura”.[16]

En cuanto al estatuto de lo biológico y su articulación con lo cultural, esta postura se vincula con una concepción interactiva del hombre. A nivel filogenético, esto significa que la cultura más que agregarse a un animal terminado o virtualmente terminado fue un elemento constitutivo central en la producción del animal mismo. A nivel ontogenético, los hombres aprenden guiados por instrucciones codificadas en registros, saberes, sistemas morales y juicios estéticos, estructuras conceptuales que modelan talentos informes: “Entre lo que nuestro cuerpo nos dice y lo que tenemos que saber para funcionar hay un vacío que debemos llenar con información proporcionada por la cultura”.[17]

Para Bruner la cultura y la búsqueda del significado constituyen la mano moldeadora de lo humano, en tanto que la biología impone limitaciones, que a su vez pueden ser modificadas por la cultura misma. La cultura da forma a la vida y la mente humanas, otorga significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema interpretativo, imponiendo patrones propios de los sistemas simbólicos de la cultura – las modalidades de lenguaje y discurso, las formas de explicación lógica y narrativa y los patrones de vida comunitaria.

Esta reflexión sobre la cultura puede considerarse como unaconcepción semiótica de la mente y la cultura, en tanto los humanos somos creadores de significados y pertenecemos a un mundo simbólico compartido por los miembros de una comunidad cultural. Se trata de un simbolismo construido, conservado, reelaborado y transmitido a generaciones sucesivas, lo que posibilita la continuidad de la identidad y modos de la cultura. Bruner da cuenta de la necesidad de construir una psicología popular que se ocupe de “la naturaleza, causas y consecuencias de aquellos estados intencionales –creencias, deseos, intenciones, compromisos- despreciados por el grueso de la psicología científica en su esfuerzo por explicar la acción del hombre desde un punto de vista que esté fuera de la subjetividad humana (...) ‹‹el punto de vista de ninguna parte››”. [18] Se propone una psicología sensible a la cultura, basada en lo que la hace, dicen que hacen, dicen que los motivó a hacerlo; basada en cómo dice la gente que es su mundo. Tomando como referencia los trabajos de Austin sobre los actos de habla, Bruner plantea que decir y hacer constituyen una unidad funcionalmente inseparable en una psicología cultural: lo que se hace y lo que se dice resulta interpretable.

A pesar de las críticas recibidas desde la psicología positivista, Bruner argumenta y legitima la psicología popular y su eficacia causal de los estados mentales y la cultura misma. Esta psicología es conceptualizada como el sistema mediante el cual la gente organiza su experiencia, conocimiento y transacciones relativos al mundo social, y trata de agentes humanos que realizan ciertas acciones en base a sus creencias y deseos. Y el modo privilegiado de organizar dicha experiencia es, según Bruner, la narrativa: concepto pilar, da cuenta de un instrumento de comunicación, interacción, elaboración y organización de la significación y de la subjetividad propia de los sujetos humanos. La organización de la psicología popular es entonces de tipo narrativa y no conceptual ni lógica. Los seres humanos al interactuar crean un sentido de lo canónico y lo ordinario que se establece como base sobre el cual se interpreta y narra el significado de lo inusual, de aquello que se desvía de los estados “normales” aceptados. Las construcciones narrativas enmarcan lo idiosincrático en un molde cotidiano que favorece la negociación.

            “El lenguaje es nuestra herramienta más poderosa para organizar la experiencia y para construir realidades (...)”[19]

El llamado giro narrativo de la Psicología, implica entre otras cosas un cambio de perspectiva epistemológica, un cambio de paradigma con respecto al positivismo y a la “psicología objetiva”, dando cabida a lo subjetivo y lo intersubjetivo desde un criterio constructivista e interpretativo. Este cambio de paradigma implica un viraje en cuanto a los “ideales” científicos. Ya no se tratará de la búsqueda a través de un método legitimado – en general experimental- de leyes naturales que permitan determinar causas y predecir fenómenos. Este nuevo paradigma apunta a una interpretación o explicación sin predicción de la acción intencional, descubriendo los estados intencionales causales que constituyen al texto interpretado; interpretación de la acción humana entendida como un texto y del lenguaje entendido como acción. Esta afirmación es propia del pensamiento pragmático  sobre el lenguaje o pragmática del lenguaje.[20] Dicha pragmática se interesa por los usos del lenguaje y los actos de habla, en los que se incorpora una intención en un mensaje dentro de una situación de interacción social. Se trata de los lenguajes comunes u ordinarios, que adquieren significación en los contextos en los que se utilizan y en los que cumplen una función. La narrativa es conceptualizada como un acto de habla, como instrumento básico en el proceso de interacción y comunicación, y se indagan la intención del narrador inserto en el acto narrativo y los efectos producidos en la situación comunicativa.

Esta concepción sobre el lenguaje produce un quiebre radical con el neopositivismo. A comienzos del siglo XX, la filosofía angloamericana consideraba dudosa la relevancia del proceso de pensamiento, por ser subjetivo, privado, sensible al contexto e idiosincrático; veían con recelo el lenguaje ordinario y prefirieron desarrollar su tarea en el medio descontextualizado de la lógica formal. Se trataba de establecer la referencia y el sentido de las oraciones; la referencia, a través de las condiciones de verdad de las oraciones; el sentido, estableciendo con qué otras proposiciones podían relacionarse de modo lógico. Esta clase de lógica legitima reglas de procedimiento y de lenguaje, y no enunciados descriptivos, analogando el lenguaje a operaciones puramente sintácticas. Se trataría de un lenguaje sin sujeto, sin subjetividad, sin cultura ni contexto.

En las formulaciones de la Ciencia Cognitiva del modelo computacional, algunos aspectos del positivismo lógico retornan en la medida en que se equipara a los procesos de pensamiento con un puro cálculo o cómputo “traducible” en términos lógico-matemáticos.[21] Bruner, por su parte, reintroduce la cuestión de la subjetividad por medio de las nociones de agente e intencionalidad, dentro de su enfoque culturalista, rescatando los lenguajes ordinarios como determinantes en la conformación subjetiva.

A modo de conclusión

El presente trabajo ha intentado establecer una relación entre el paradigma de la Psicología Computacional y la Psicología Cultural de Bruner, para evidenciar que la “dicotomía inicial” entre psicología individual y psicología social aún se mantiene vigente dentro de este campo del saber. Hemos intentado, redimensionar la temática cultural y social que interpela también a otras perspectivas, como por ejemplo el psicoanálisis. En tal sentido, el interés en la dimensión de la cultura funciona como límite a cierto riesgo de “psicoindividualizar” lo social, lo cultural y lo comunitario. Consideramos importante dejarse interrogar y cuestionar en los propios supuestos teóricos por otras posiciones, más aún si poseen la riqueza y agudeza de los escritos de Bruner.

Este autor nos plantea [22], sobre la construcción narrativa de la realidad, que la narración se pone en juego cuando algo se aparta de lo canónico; sin embargo para que merezca la pena contarla, una narración tiene que ir en contra de las expectativas. En cuanto al lenguaje literario, su función sería “hacer que lo demasiado familiar resulte extraño”. Hacer que lo demasiado familiar resulte extraño; idea verdaderamente interesante que conduce a  repensar sobre las propias posiciones teóricas.

Bibliografía

  • Ballesteros Jiménez, S. (1995). Procesos psicológicos básicos. Madrid: Ed. Universitaria S.A.
  • Ballesteros Jiménez, S. (1994) Psicología General: un enfoque cognitivo. Madrid: Ed. Universitaria S.A.
  • Bruner, J. (1991) Acción, pensamiento y lenguaje. Barcelona: Alianza.
  • Bruner, J. (1991). Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva. Barcelona: Alianza.
  • Bruner, J. (1990). El yo transaccional”. En “La elaboración del sentido. La construcción del mundo por el niño. Buenos Aires: Paidós.
  • Bruner, J. (1997) La educación, puerta de la cultura. Madrid: Visor.
  • Bruner, J. (1989). Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia. Barcelona: Gedisa.
  • Carretero, M. (2001). Introducción a la psicología cognitiva. Buenos Aires: Aique.
  • Gardner, H. (1987). La nueva ciencia de la mente: Buenos Aires: Paidós.
  • Temporetti, F. (2001). La cultura como problemática crucial en la Psicología.   Documento de Trabajo. Doctorado en Psicología. UNR.
  • Temporetti, F. (2000). Jerome Bruner, su pensamiento acerca de la psicología y la educación. Desde la teoría del New Look y la revolución cognitiva a la Psicología Cultural”. Documento de Trabajo. Doctorado en Psicología. UNR.
  • Temporetti, F. (2000). La problemática de la narrativa en la Psicología. El cambio de paradigma: el giro narrativo en la psicología. Documento de Trabajo. Doctorado en Psicología. UNR.

[1] Psicóloga. Docente e Investigadora de la Facultad de Psicología. UNR. E-mail: martinaelizalde@yahoo.com.ar

[2] Temporetti, F. (2001) La cultura como problemática crucial en la Psicología, Documento de Trabajo, Doctorado en Psicología, UNR.

[3] Este escrito se focalizará en el período de los años ‘90 de la elaboración de Bruner, donde reconsidera el modo en que la Psicología debe abordar la mente, realizando críticas a la Psicología Computacional; propone una Psicología Cultural.

[4] Ballesteros Jiménez, S. (1994) Psicología General: un enfoque cognitivo. Madrid: Ed. Universitaria S.A.

[5] Gardner, H. (1987). La nueva ciencia de la mente. Buenos Aires: Ed. Paidós.

[6] Tomamos la noción de paradigma tal como lo desarrolla T. Kuhn.

[7] Ballesteros Jiménez, S. (1994) Psicología General: un enfoque cognitivo. Madrid: Ed. Universitaria S.A.

[8]  Idem.

[9] Idem. Pág. 106.

[10] John Searle, al igual que Bruner, ha criticado las teorías psicológicas computacionales. Introdujo el nivel semántico, la intencionalidad y la conciencia como cuestiones específicas de la mente humana.

[11] Si bien esta es la idea que prevalece, algunas investigaciones dan cabida a lo cultural como variable del procesamiento de la información: E. Rosch, R.E. MacLaury, Frawley, Willam, entre otros.

[12] Tal es la crítica de Putnam a los planteos “fuertes” de Fodor. Ver Ballesteros Jiménez, S. Op. Cit. Pág. 109.

[13] Bruner, J. (1991) Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva, Buenos Aires: Alianza Editorial. Pág.19. El señalamiento en el párrafo es propio.

[14] Op. Cit. Pág. 20. El señalamiento en el párrafo es propio.

[15] Filósofos como John Searle y Charles Taylor, el psicólogo Kenneth Gergen o el antropólogo Clifford Geertz reivindican el concepto de intencionalidad.

[16]  Bruner, J. (1997). La educación, puerta de la cultura. Barcelona: Visor. Pág. 32.

[17] Op. cit. pág. 8. Cabe interrogar, si la cultura llena el vacío dejado por lo biológico para la adaptación. O quizás podría pensarse si la cultura crea a su vez un nuevo vacío en cuanto a la adaptación.

[18] Op. Cit. Pág. 30.

[19] Bruner, J. (1989). Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia. Barcelona: Gedisa. Pág. 20.

[20] Por pragmática del lenguaje se entiende un modo de abordar el lenguaje centrado en los usos del lenguaje, aunque sin dejar de lado los aspectos sintáctico o semántico. Este criterio toma como referencia los trabajos de Ludwing Wittgenstein, John Austin y John Searle.

[21] En el texto “Realidad mental y mundos posibles” (1986), Bruner plantea dos modalidades de pensamiento; una de tipo paradigmática o lógico- científica y otra de tipo narrativo, con modos característicos de organizar la experiencia y de construir la realidad. En el primero se trata de la búsqueda de la verdad y su verificación; en el otro se trata de la organización narrativa y su verosimilitud. Este último, de interés para Bruner, se ocupa de las intenciones y acciones humanas y sus vicisitudes.

[22] Bruner, J. (1997). La educación, puerta de la cultura, Barcelona: Visor. Cita de un texto de Meyer Spaks, P. (1995). Boredom: the literary history of a state of mind. University of Chicago Press, Pág. 158.

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