¿Sobrevivirá el Psicoanálisis?

Juan Ritvo

Nació en Santa Fe en 1940. Es psicoanalista y escritor, ex Profesor de Teoría de la Lectura en la Facultad de Humanidades y Artes, y también fue docente de la Maestría de Psicoanálisis y del Doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Fue miembro del consejo editor de las revistas Sitio, Paradoxa y Diatribas y actualmente de las revistas Conjetural, Redes de la letra y Las ranas. Ha publicado los libros El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada (1990),La edad de la lectura (1992); Repetición: azar y nominación (1994), La causa del sujeto: acto y alienación (1994), Ensayo de las razones: acto y argumentación en psicoanálisis (1998), Formas de la sensibilidad, restos de la cultura (1999), Del Padre. Políticas de su genealogía (2005)Decadentismo y Melancolía (2006), Figuras del prójimo. El enemigo, el otro cuerpo, el huésped(2006), Figuras de la feminidad (2009) El laberinto de la feminidad y el acto analítico (2009),Sujeto masa comunidad. La razón conjetural y la economía del resto (2011). Además ha publicados numerosos ensayos y artículos en el ámbito de la literatura, la filosofía y el psicoanálisis.

¿Sobrevivirá el psicoanálisis?

Por Juan Ritvo.

Conferencia Primera

El título es provocativo y responde de algún modo a cuestiones que están muy en juego en el psicoanálisis. Deberíamos interpretarlo e incluso modificarlo. El tema no es si sobrevivirá el psicoanálisis, sino que, si sobrevive, en que condiciones lo hace. Porque muy bien podemos decir que sigue teniendo un campo de éxito notorio, en nuestro país y en las grandes ciudades; basta cruzar el charco y en Uruguay ya hay una diferencia notoria.

Quizás sobreviva. Pero qué quiere decir sobrevivir, y en qué condiciones…Yo lo que noto es que hay dos o tres cuestiones muy sintomáticas. Por ejemplo: el psicoanálisis ha abandonado la escena pública. Cuando ocurrían en la polis cuestiones complicadas de lo que fuere, siempre había analistas dispuestos ha intervenir. Mal o bien y a veces de un modo disparatado. Como una especie de seguridad naíf en los recursos del análisis para intervenir en la polis, pero intervenían.

Ahora han ocurrido cosas decisivas como el matrimonio igualitario, que en Francia despertó muchísimas polémicas. Acá, dos o tres personas intervenimos en el debate, no en defensa de los derechos humanos, sino como psicoanalistas, y no más. Incluso fue muy difícil conseguir gente que estuviera en el debate. Es un síntoma entre tantos otros. Yo siento que muchos de mis colegas, sobre todo los que están nucleados en instituciones, quieren evitar todo peligro. Uno confundirse con la reacción eclesiástica el otro quedar como hundidos, por la apología posmoderna a la diversidad: esos carteles donde ridículamente se pone una “X” para que no haya discriminación entre lo masculino y femenino. Entonces frente a estos dos peligros, sin saber muy bien que hacer, se sienten embestidos y defensivamente prefieren retroceder. Y bueno, ustedes saben, el psicoanalista está comprometido con el mercado. Un síntoma de los últimos tiempos es que cada vez hay más pacientes homosexuales. Lo cual me parece bien, pero por orto lado resulta hasta un compromiso comercial, muchos prefieren no decir nada, ni siquiera argumentan porque no dicen nada.

Para mí un síntoma de algo más básico, más profundo, es que el psicoanálisis ha entrado en una especie de meseta porque los textos de los grandes, Freud y Lacan, se han convertido en dogma. Dogma quiere decir que está prohibido leerlos. ¿Y si están prohibido que se hace con ellos? Se los parafrasea; la paráfrasis incesante los convierte en objetos fetichísticos. Terminan carentes de todo valor y función, son como consignas que se distribuyen y que efectivamente están sobrenadando la práctica que hay. Yo me pregunto: con el grado de sometimiento a la autoridad interna que hay en las instituciones: ¿qué hacen los analistas? Por definición, un analista debe tener una cierta libertad frente a los textos, justamente para hacerse cargo de la experiencia. Y esto como va a ocurrir si hay un temor exacerbado a poner los pies fuera del plato, a decir algo inconveniente.

Esto explica en gran medida la letanía incesante que hay en torno a los conceptos básicos, porque se los repite de un modo tal que se convierten en un rezo. Y un rezo tiene un valor inhibitorio.

La cuestión no es si va a sobrevivir, sino en qué condiciones. Pero: ¿Cuáles son las condiciones necesarias para el trabajo analítico?

Hay varias posibilidades de desarrollar este tema. Yo preferiría hacer una exposición relativamente breve, charlar y mañana volver sobre el tema. Porque me interesa saber que piensan y dicen ustedes. Por mi parte preferiría centrarme en mi experiencia de análisis, porque la clave del momento de inercia que tiene el psicoanálisis tiene que ver con algo de lo oscuro de la clínica que tiene que ser censurado. Esa oscuridad tiene un solo nombre, y es erotismo.

Empezando por lo más elemental: el eje del análisis es la transferencia. Y eso es lo menos que puede implicar, lo digo simplemente para ir señalándolo, es una demanda de amor. Pero la demanda de amor que implica la relación del paciente con el analista tradicionalmente se identificó a una resistencia del lado del analista que se llamó contratransferencia. Así como hay transferencia del lado del paciente, hay contratransferencia del lado del analista.

La teoría de la contratransferencia siempre fue una teoría muy pobre, porque estaba basada en una especie de psicología elemental que consistía en pensar que el analista y analizante eran dos interioridades que se comunicaban: una se dirigía a la otra, y esta otra le contestaba con un movimiento contrario, es decir simétrico, donde los dos lugares hasta podrían intercambiarse.

La concepción que tiene Lacan de la cura es muy distinta, porque se supone que hay un lazo que es previo a las dos funciones; dije funciones que es un término que repudio pero lo uso porque es un término que circula demasiado. Lo que quiero decir es simplemente esto: son lugares asimétricos, y esto es lo que la teoría de la contratransferencia no toma en cuenta.

En los últimos años, la degradación del análisis ha consistido en que se ha estudiado mucho a Freud y luego fue reemplazado por Lacan, que fue reemplazado por alguno de sus mediocres comentadores, entre ellos los de la Escuela de Desorientación Lacaniana. La familia. Pero Freud también había impuesto un dominio familiar. Ana Freud. Pareciera que en determinado momento, los fundadores prefieren que la preservación de la disciplina quede a cargo de la familia. Preservar la herencia. Pero preservar la herencia es un modo de liquidarla. Con la institución analítica lacaniana ha ocurrido siempre lo mismo. Ha quedado en manos de familiares. Y así se ha producido una degradación incesante, con lo cual hoy en día estudiar psicoanálisis quiere decir estudiar con alguno de los miembros de las escuelas que tienen su dominio y que además son repetidores de repetidores de repetidores. Y donde prácticamente Freud solo sirve para ilustrar alguna tesis de Lacan, y del mismo modo ha quedado desplazado todo el movimiento “pos- freudiano” bajo ese nombre, que es un nombre… yo lo uso porque nos entendemos, pero habría que eliminarlo porque es una banalidad muy grande.

Lo que quiero decir que el peso de la institución lacaniana actual es heredero de un peso anterior de todas las instituciones; hay un punto donde todas las instituciones caen, es una estructura que se ha convertido en una iglesia, una corporación eclesiástica, que por supuesto no puede dar razones ni aplicar su método consigo misma.

Hago una pequeña interpolación que me parece esencial para tener en cuenta lo que sigue. Foucault tiene una conferencia llamada “¿Qué es un autor?”, ahí él decía algo muy importante, que Lacan sin duda lo escuchó y le sirvió en gran medida para elaborar la teoría de los cuatro discursos. A diferencia de las llamadas ciencias naturales, donde el autor no figura como tal y no tiene ningún efecto simbólico; es decir, nosotros hablamos de newtonismo, por ejemplo, pero son términos que identifican un grupo distinto pero no una función de transferencia. En cambio el nombre del fundador instaura un lugar mítico por el cual a ese lugar, luego se vuelve. En las ciencias humanas siempre se está retornando. Se vuelve a Freud, a Lacan, a Lenin.

Esto es muy conocido, muy evidente y muy poco analizado. ¿Qué estructura mítica religiosa está funcionando ahí para que el nombre de autor sea un elemento que estructura un cuerpo de textos?

Hay gente que ha estudiado física y no conoce quien hizo tal ley. No importa, lo que importa es que conozca la ley. Incluso a veces no se sabe quien es al autor. El Teorema de Pitágoras es el teorema de nadie. En las Ciencias Humanas y en la Filosofía, la línea divisoria pasa por otro lado. Pasan por el nombre de autor. Lacan ha dicho infinidad de tonteras, todo el mundo ha dicho tonteras, la gente de mayor talento las ha dicho. Pero cuanto está capturado ese pensamiento bajo el nombre del autor, adquiere una dignidad especial.

En las Ciencias Humanas y la Filosofía, los grandes nombres de autores, ponen en escenas fuerzas centrífugas que amenazan los basamentos mismos de lo que ellos están elaborando. Entonces la manera de contenerlo es crear instituciones que están regidas por el nombre de autor que funcionan de algún modo en forma equivalente al nombre del padre. Pero este modo de funcionamiento ahoga todo desarrollo de la teoría.

Por ejemplo: ¿Qué cosas son objetables de Lacan? Pregúntenle a un lacaniano, no va a decir nada, si todo lo que dijo es maravilloso. ¿Y Freud? Bueno, con Freud no hay problema, porque a Freud le cortan las patas, usan los fragmentos suyos para ilustrar la tesis de Lacan.

Hoy en día, después de crisis enormes, hay gente a la que se le ocurre el retorno a Lacan. Lacan inauguró el retorno a Freud, un retorno muy curioso porque en un sentido no fue retorno, ya que Lacan lo destripó a Freud, lo que me parece bien hecho porque es un modo de hacer teoría. Pero el retorno a Freud le permitió cubrirse bajo su manto para avanzar en direcciones distintas. Yo estoy simplificando, evidentemente sin Freud no existía Lacan; pero Lacan no hubiera existido sin figuras que nada tiene que ver el psicoanálisis y si con las ciencias actuales y la filosofía. Además, esto que me parece muy importante, Lacan llegó a Freud después de larguísimos rodeos que nada tienen que ver con el psicoanálisis. Tomó contacto con él, se dedicó a la psiquiatría y escribió sobre psiquiatría, de psicoanálisis no escribió nada, prácticamente habló. Y después de un largo pasaje donde incluso por juegos de salón pasó, porque el “Acerto de la incertidumbre anticipada” es un juego de salón, brillante sin duda pero un juego de salón, volvió a Freud.

Esto para mi es importante. No entender nada y de golpe empezar a entender pero desde otro lugar, porque leer un autor consiste en sacarlo del lugar que la institución le ha atribuido y darle otro que permita una operación de lectura. ¿Y cuál es la operación de lectura esencial?

Leer no lo que el autor dijo sino lo que no dijo pero que le pertenece a su decir. Es un efecto de su decir. Eso es leer. Esto solo se hace mediocremente y en los márgenes, estamos viviendo un momento donde a la embestida cultural, en nombre de la diversidad, se suma a este arrastre que es cada vez más inerte.

El psicoanálisis está en una situación crítica. Pero cuando digo que está en una situación crítica no digo que lo está con respecto al mercado, quizás nunca ha habido más análisis que en este momento. ¿Pero qué queremos decir con eso? Queremos decir cosas que tienen que ver con lo institucional, con lo cualitativo. El psicoanálisis puede perdurar de este modo y perder toda su eficacia subversiva. La pierde cuando se transforma en un instrumento de adaptación.

Ni Freud ni Lacan lo consideraron así, pero la práctica efectiva tiende a eso. Como analista no estoy en condiciones de hacer balances cuantitativos, pero en una práctica de muchos años, he podido ver con una frecuencia enorme, como ciertos pacientes que vienen a mí han sido como expulsados por su anterior analista porque el anterior analista insistía demasiado en protegerlos. ¿Protegerlos cómo? Tratando de cuidar las relaciones que tenía. Usted tiene relaciones mediocres pero estas relaciones lo contienen. Mejor que se mantenga dentro del campo de relación. Muchísima gente hace eso, gente que es formalmente lacaniana. Entonces uno se pregunta qué está pasando.

¿No será que estamos practicando una psicología adaptativa bajo la cobertura de la carpa lacaniana con toda su terminología? Tengo la impresión que esto en algunos sectores ocurre. ¿Pero por qué? Más allá de que no tengo estadísticas ni nada ni se pueden tenerlas, mi impresión parte de esto: un analista cuando escucha a un analizante, lo que debe es olvidar lo que aprendió, para que eso reaparezca transformado en la experiencia de la escucha. No estoy planteando que se debe buscar en la experiencia algo que está en contra de las categorías psicopatológicas, digo que hay algo muy específico del análisis por el cual, y esta es la gran paradoja, uno aprende para olvidar, y el olvido permite que retorne en la escucha lo que está reprimido del analizante. Pero ese montaje supone un proceso de transformación inconciente, que es totalmente distinto de otras ciencias. Y supone además, y esto es lo más importante, que el analista se entregue a la escucha. Ese modo tan particular que es una atención desatenta, donde de golpe en esa navegación hay ciertos significantes que se nos imponen , pero se nos imponen no por una decisión en el sentido clásico del término, decisión donde alguien examina dos tesis opuestas y decide equilibrada y mesuradamente por la una o la otra, la decisión es totalmente espontánea. Es más, uno como analista sabe que las mejores intervenciones le han sobrevenido a uno, como si uno hubiera sido poseído por el discurso como dijo Lacan. Y es curioso, porque es muy difícil de justificar esto. Y es muy difícil de elaborar. Pero es algo propio del análisis que supone un grado de libertad con respecto a los dogmas del analista, que uno no lo ve en la actividad cotidiana por el grado de servidumbre institucional que hay a las jerarquías y a los nombres respetados, evidentemente tiene que pensar que alguien cuando está con su paciente a solas, en realidad tiene una oreja en el paciente y la otra en al de su maestro de turno. Y así no se puede escuchar.

Yo lo veo también en supervisión. Lo que pasa que la operación de escucha del analista es de una extrema complicación, porque además supone todo su erotismo, que

habitualmente está reprimido. Como analista tenemos las mismas tendencias fantasmáticas que tienen los pacientes. ¿Qué hacemos con eso? Acá aparece una cuestión muy complicada. Yo estoy sintetizando después lo podemos ir desplegando.

En Freud, la posición del analista él la llamó abstención. En su época sin duda estaba muy justificada la utilización del término. Pero el problema es que el modelo es médico. Un cirujano no puede operar sino reduce a cosa a su paciente. Y está bien. La precisión quirúrgica requiere que se olvide y se censure que hay una persona con su vida en juego. Pero esa actitud no tiene nada que ver con el analista, que escucha los temblores en el erotismo del paciente y además la demanda de amor, cada vez más incesante.

¿Entonces cuál es la posición?

Lacan no habló de abstensión, sino de deseo. Deseo del analista. Y ahí nos encontramos con este gran enigma: ¿Qué quiere decir esto? A mi me gustaría detenerme porque acá aparecen muchísimos problemas del psicoanálisis. Pero también señalarles como se ha ido generando y yo diría degenerando una tendencia que se ha valido de ciertos desarrollos de Lacan. Porque Lacan, desde sus primeros seminarios hasta el seminario de La Transferencia, que ustedes saben que está muy nutrido de un análisis pormenorizado del banquete de Platón, un análisis brillante; los analista deberíamos preguntarnos porque la teoría de la transferencia se hace sobre un diálogo donde todos los personajes son hombres y además la posición es claramente homosexual.

Cada vez más se fue inclinando, el mismo Lacan, a ciertas formas dogmáticas, con las cueles el analista es como un residuo soporte (semblant o apariencia dice) del objeto “a” del paciente. Se convierte en un elemento residual. Por lo tanto, el llamado clasicismo se convierte en una especie de función lógica.

Es la época en que Lacan empieza a proliferar en expresiones como función y lógica; si es una función lógica no opera como sujeto. Si no opera como sujeto estamos todos salvados. Fíjense, le voy a leer un párrafo, no voy a mencionar el autor porque es de la Escuela de Desorientación Lacaniana. Lo que dice acá es la trivialidad que todos rezan:

“En Freud el analista representa un sujeto. Más allá de que lo reconozca alienado al lugar en que la transferencia lo coloca. En Lacan, cada vez más —este cada vez más es muy intencionado—, su formulación irá —pésimamente redactado, escriben en lacaniol todos ellos —en el sentido de una función, vaciado de la persona del analista, hasta el punto de designarla con una X. Más aun, hasta llegar a concebirlo como un residuo del discurso de transferencia”.

Varias correcciones. Primero. “En Freud el analista representa un sujeto”… El término sujeto indica algo que no es del campo freudiano. Freud habla de aparato psíquico, no de sujeto. A veces habla de individuo, niño, paciente… “Vaciado de la persona del analista”. ¿A qué tiende esto? Tiende a confundir el deseo del analista con el objeto que lo causa, con lo cual a reducir todo, es el término deseo el que queda eliminado. La X designa al deseo, pero no se puede decir nada de esto. ¿Por qué? Porqué se piensa que es una función lógica, pero… Cada vez que me hablan de función lógica les pido que me expliquen de qué están hablando. Me parece una cosa soez ante la impunidad, porque nadie cuestiona estas cosas. ¿Por qué seguimos empleando el término función paterna? Yo lo sigo empleando por inercia, si función tiene dos sentidos. Uno el vulgar, es el papel de… pero no tiene elegancia eso. El término riguroso de función es designar

un vínculo constante entre dos variables. Una independiente y la otra dependiente. Dos variables que se evalúan solo exclusivamente en el sentido cuantitativo. ¿Qué significa función de análisis? Nada. Es una ilusión de estar en el rigor objetivo, fuera de la miseria subjetiva. Inventamos una especie de posteridad lógica estúpida.

¿Qué significa lógica en análisis? Nada.

Sobre todo a partir del Seminario XIV, Lacan ha empleado elementos de la lógica más elemental y más trivial fuera de contexto, y sin ningún rigor. Se dice: “Lacan a metaforizado con eso”. Pero si ha metaforizado no hace lógica, y si no hace lógica porqué acude a los términos de la lógica. Acá hay algo gravísimo. El término función… La función fálica. Lacan escribe el falo minúsculo con la f griega minúscula, es decir falo imaginario, y el falo simbólico con la F mayúscula. Pero a partir de determinado momento, no investiga más que significa el falo. Habla del rasgo fálico como si fuera un elemento matemático que calcula todo, y realmente está navegando en la impostura. Si ustedes examinan un artículo como “La significación del falo”, van a ver que el falo tiene por lo menos cinco o seis significados distintos. Funciona como objeto, como significante, como elemento mítico y como elemento matemático. Yo creo que finalmente se puede rescatar el uso equívoco, polifónico del término pero a condición de que nos hagamos cargo de esa problemática y no reducirlo a un fin. Porque ahí estamos engañándonos, además justamente ahí es donde fracasa la atribución del sexo masculino y el sexo femenino porque no se pueden hacer mathemas de esto. Hacerlo es ocultar las cosas.

Vuelvo atrás. Cuando no se cuestiona se recibe todo lo que venga del otro como formula mágica. Entonces lo que queda siempre es expulsar la subjetividad. Ustedes dirían de qué hablo cuando digo subjetividad. Bueno, de varias cosas. Porque la subjetividad en psicoanálisis tiene que ver con los afectos, y el corazón de los afectos es el síntoma, y el síntoma se vincula al fantasma. Y entre el síntoma y el fantasma está la angustia. Entonces cuando hablo de la subjetividad hablo de la angustia, la de Kierkegaard, porque fue esencial el momento en que Kierkegaard escribió el Concepto de angustia, es el único texto que se dedica por completo y sistemáticamente a la angustia antes de Freud y Lacan; es muy significativo que la angustia no ha tenido teóricos. No ha tenido teóricos porque explorar la angustia es modificar totalmente y en profundidad todos los elementos de la teoría del sujeto. Entonces: ¿De qué habla el sujeto que se angustia?

Hablar del deseo del analista reduciéndolo a una función lógica, es un modo de ocultar las cosas. Yo no digo que cuando Lacan sostiene que hay algo irreductible en al análisis y el analista es el sostén como objeto o semblante de lo que ha perdido el paciente: el famoso objeto “a”; no diga algo que no es verdad. No solo no es falso sino que es una conquista del análisis. Pero el tema es este: a ese objeto hay que llegar, no es un punto de partida sino de llegada.

Leo este párrafo que habla del punto de anclaje de la función deseo del analista: “Hay que concebirlo como puro residuo de un discurso en transferencia”. El puro residuo hay que producirlo, hay que producir una transformación de la subjetividad del sujeto para llegar a ese residuo, no es un dato. Y el residuo tampoco es un dato.

Ustedes mil veces habrán escuchado: el objeto “a” es un vacío. Un objeto vacío sin concepto. Es la definición. Y sin embargo no es así. No quiero hablar más de vacío porque es un término tan de moda que ya no dice nada. ¿Entonces uso el término hueco? Tampoco. ¿Por qué no hablamos de un proceso de vaciamiento en lugar de vacío? La idea no es mía, la sugirió desde otro punto de vista Heidegger. Heidegger tiene un texto sobre un escultor español, que como todo escultor trabaja mucho con el vacío. Entonces en un momento Heidegger dice no es el vacío, es el vaciamiento. Me pareció muy sutil más allá del contexto. Entonces el famoso objeto “a” no es un objeto, es un proceso de vaciamiento que tiene que hacerse incesantemente porque de lo contrario queda devorado por lo que el sexo tiene de devorante.

Es como si alguien hiciera un esfuerzo enorme para abrirse camino entre las aguas. No es un dato. Pero claro, del objeto “a” se ha hecho un culto fetichista. Dicen que es real y como es real está más allá del significante. No se como se puede producir un real más allá del significante. Pero bueno. Este galimatías se produce por todos lados. Se lo pone como real, se lo pone como clave, se lo pone más allá del significante, entonces es una especie de vacío que obtura todo pensamiento porque es un elemento atómico y último. Se lo concibe como punto de partida y no de llegada, y ahí justamente uno de los efectos que tiene es dejar de lado esa relación erótica que es la relación clínica. El resultado es que lo que ha sido reprimido como actuación o como parte del acto. Uno se entera por los chismes cuando debería ser franco y claro. Todos “fracasamos ahí”. Uno dice “no responder a la demanda”, pero respondemos a la demanda. Justamente para eso está el análisis y el análisis de control, para poder modificar este aspecto hasta donde sea modificable.

Este es un problema muy serio que voy a dejar para mañana. Ese es un punto de inflexión hacia el momento en que Lacan va a concebir al analista como semblante del analizante. Esta llegando a ese punto, pero mientras tanto está como nosotros, que nos tentamos por apurar al paciente para que diga las cosas directamente y deje de dar vueltas, o darle un abrazo o tirarlo por la ventana. Está designando está erótica que obviamente implica amor/odio.

O sino seamos modestos: ¿Cuántos pacientes nos aburren? Miramos el reloj y pensamos cuanto falta. Esa es una reacción vecina a la angustia. El aburrimiento tiene que ver con la angustia. Esto aparece en los análisis de control, pero se le ha cerrado la puerta de elaboración a todo eso. Esto está matando al análisis, no en términos de que va a desaparecer del mercado analítico, al contrario, si hacemos psicología adaptativa se puede incrementar, hasta podemos darnos una mano con las neurociencias.

Además no creo que tengamos que disputarle nada a la neurociencia. ¿Por qué? Bueno, este es un punto que me parece clave. El análisis, no es para mucha gente. Hay mucha gente recibida de psicóloga que trabaja en la función pública. A ver… está muy lejos de mí cuestionar el valor de la salud pública, y menos con toda la conspiración que hay en su contra. Pero eso no es psicoanálisis, aunque utilicen algunos de sus recursos. El psicoanálisis empieza cuando hay una demanda que demanda otra demanda que lo demande. Frente a esa demanda de amor, el analista no responde y al no responder, del lado del sujeto aparece un momento traumático, y hay que ver si después de ese momento alguien sigue en análisis. Pero eso no es para mucha gente. El psicoanálisis requiere de cierto nivel intelectual que mucha gente no tiene. Y además no tiene porqué tener. No se puede hacer del psicoanálisis una especie de panacea para que la gente se analice. La salud mental no es psicoanálisis.

Entonces digo: el psicoanálisis es una disciplina para minorías. Yo se que esto es profundamente antipático. Pero es verdadero.

Ritvo Especifica Lacan: Seminario 8 Capítulo 13. Crítica de la contratransferencia. Parágrafo 2.

Hay un texto al que tengo muchas críticas que hacerle pero en su momento tuvo sus rigores, y es el texto de Nasio, “Épica de un impass. El analista entre el saber y el sufrimiento”. Es un artículo viejo, publicado en las actas de la Escuela Freudiana de Paris. Digo viejo porque no sé si ustedes habrán advertido que la decadencia teórica es muy grande. Los primeros lacanianos eran fuertes. Scilicet era una revista excelente. Sobre todo los números 2 y 3 fueron tremendamente rigurosos. Ese rigor se fue perdiendo. Así como se perdió el rigor cuando desaparecieron los interlocutores de Lacan. Los psicoanalíticos y los extra psicoanalíticos. El mismo Pontalis que se abrió temprano de Lacan, es uno de los pocos analistas que ha conservado su autonomía y además es un excelente escritor… Los Manonní, sobre todo Octave. Gente que se acercó a Lacan, quedó muy marcada pero quiso mantener su estilo. Interesante porque mantenía un vínculo de tensión, Lacan los barrió a todos y metió a gente mediocre.

Nasio escribió este texto en un momento en que las actas de la escuela de París son interesantes. Lo que pasa es que está demasiado coquetamente elaborado para no dejar ninguna fisura en un tema como el deseo del analista, que deja todas las fisuras posibles. El día que arreglemos esto estamos fuera del psicoanálisis.

Intervención del público: ¿Cuál es el estado de la práctica del psicoanálisis fuera de este país?

En Estados Unidos, el psicoanálisis tradicional de al IPA es fuerte. Pero es muy reducido porque es carísimo. Accesible para muy pocos sectores, sobre todo a sectores universitarios, burguesía, clase media alta de la burocracia. El sector lacaniano ha entrado en problemas, y me parece que ha quedado a la cola de otros. Por lo que sé, Lacan es el objeto favorito de filósofos y literatos, pero fuera de eso su eficacia es muy reducida.

En Europa, en Francia Y España…Barcelona es una sucursal rosarino-porteña. Están muy vinculadas a la internacional milleriana en este momento, que creo que es la hegemónica. Creo que la situación es muy semejante a la de acá. No pasa nada. Madrid psicoanalista es pobrísimo. No pasa un carajo.

Intervención: ¿Qué pasó en Inglaterra?

Sigue vigente el Freudismo. Pero siempre fue muy reducido. Supongo que debe haber mucha gente que lo sigue a Winnicott.

Intervención: ¿Alemania y Austria? Con la guerra quedó sepultado.

Creo que la guerra sepultó muchas cosas. La preocupación universal pasa por otro lado. Creo que ahí deben ser fuertes diversas corrientes psicológicas vinculadas a la psiquiatría y la neurología. Es muy probable pero no lo se.

Intervención: En América Latina se expandió mucho.

En México y en Brasil. En Brasil hay movimientos interesantes. Pero ojo, son muy minoritarios y están sostenidos en la universidad. Es muy minoritario y por cuestiones de guita. No conozco otro país como este, con el grado de penetración que el psicoanálisis ha tenido en la sociedad.

Intervención: Con la guerra en Europa hubo una persecución muy a muchos psicoanalistas que se fueron yendo y se radicaron fuera del continente, en EEUU y otros lugares…

Bueno, la IPA se estableció muy tempranamente acá. Tuvieron mucho peso y mucha inserción y le disputaron el terreno a la psicología.

Intervención: Yo pensaba que el título podía tener que ver con cuestiones de mercado y con cierta notoriedad que van cobrando la psiquiatría y las neurociencias en general. En verdad me parece que lo suyo es muy claro. Independientemente de cómo sobreviva el psicoanálisis, que es una pregunta a sostener, el problema está dentro del psicoanálisis mismo, de los psicoanalistas y las instituciones...

Yo no soy anarquista. Creo que el psicoanálisis sobrevive gracias a la universidad y las escuelas. Pero creo que también son obstáculos.

Intervención: Cuando usted hablaba de los analistas y el mercado… Pensaba sinceramente en que cosa miserable se puede convertir un analista. Porque estar cuidándose de todo es casi lo contrario a haber pasado por un análisis.

No son solo cuestiones económicas, sino cuestiones de prestigio muy fuertes. No son como las peleas de los escritores, porque los escritores salvo unos pocos no ganan mucho. Para no hablar de los poetas que no ganan nada. Pero los psicoanalistas tenemos muchísimas ventajas sociales y nuestros textos son publicados.

Intervención:¿Qué cosas de Freud cree que tienen vigencia y que nos permiten una lectura o que nos permitan operar o intervenir en un análisis?

A ver… Yo diría que todo Freud. A condición de que empecemos a leerlo de otro modo. Que usemos Lacan para leerlo, pero no busquemos en Freud los momentos que ilustra Lacan. Porque hay cosas que no tienen nada que ver con lo que dice Lacan. Y podemos abrochar esa divergencia para introducir un punto de lectura. Hay algo mítico a superar en este retorno, pero el retorno se vuelve inevitable porque así se ha constituido la disciplina. ¿Qué es lo que no dijo Freud pero podemos traerlo de su lectura de lo que efectivamente dijo, aprovechando las preguntas sobre lo que hoy nos preocupa y de los elementos que hoy tenemos y Freud no tenía, entre ellos la obra de Lacan? Lo que hay que romper es la inhibición dogmática. Un dogma no es leer de una sola manera una cosa. No. Es que está prohibido leerla. Y lo más alarmante es que mucha gente está preocupada y no lo dice. Y creo que es necesario a esta altura.

Intervención: Vos hablaste del matrimonio igualitario. Freud escribió en un contexto muy diferente…

Creo que hay que distinguir cuestiones que tienen que ver con los derechos humanos con cuestiones del inconciente. A nivel del inconciente, las relaciones entre las personas son todas asimétricas. Pero a nivel de los derechos se puede reclamar la igualdad. Esas son las conquistas de la civilización democrática. No hay nada que discutir sobre el matrimonio igualitario, si es totalmente justo. Ahí si el reconocimiento pleno de la diversidad debe funcionar. Pero no puedo sacar consecuencias con respecto al inconsciente, ni pensar que han cambiado las relaciones del inconciente. La homosexualidad sigue siendo una patología, no una libre elección. Eso está idealizado. “El orgullo homosexual”. Yo entiendo por qué se proclama esto, pero está ocultando que es una patología como cualquiera, porque la neurosis obsesiva también lo es.

Recuperar cosas que dijo Freud y que me parecen claras y que curiosamente algunos gay lo han rescatado. Toda discusión sobre homosexualidad evita discutir algo que planteó Freud muy tempranamente, que es así. El dice: “El cemento de todas las instituciones sociales es la libido homosexual”. El ejemplo que da es la iglesia y el ejército. Hay algo que no está interrogado ni por los movimientos homosexuales ni por el psicoanálisis.

La oposición homosexual-heterosexual hay que eliminarla porque es tramposa. Los grandes delincuentes han salido de familias convenientemente heterosexuales. Y la homosexualidad la vamos a encontrar en todos lados, es un síntoma de todas las estructuras, no es para definir. Otra cosa es la diferencia de los sexos.

Intervención: Dijiste que la homosexualidad es una patología, después que es un síntoma.

No, digo que es una patología… A ver, digo que están incorporados en diversas patologías como todo el mundo.

Intervención: pregunto si no parece el discurso médico de una cierta época, ver a la homosexualidad como una patología. Hay una carta que una madre le escribe como consulta a Freud porque su hijo es homosexual. Y entre otras consideraciones que el hace sobre qué es la homosexualidad, lo que él dice que lo que es una enfermedad es la homofobia.

Está bien lo que dice, pero lo curioso del caso es que la homofobia no es sino el terror de la respuesta defensiva a la libido homosexual, no a la heterosexualidad. La líbido homosexual también es una lucha contra la diferencia de los sexos. Y desde la sexualidad hay una formalidad. No podemos entrar en esa definición. No. Está bien. Yo dije: los homosexuales tienen patologías en diversos grados. Por ejemplo, no hay cosa peor que la homosexualidad esté permitida e incluso favorecida. Porque el goce está en la transgresión. Ahora ya han dejado de transgredir, así que están cagados. Pero están los otros que yo creo que son un apéndice de la neurosis. Muchos de ellos tienen la estructura de la neurosis obsesiva. Es lo más frecuente eso. Y quizás en otra época hubieran sido solo obsesivos. Pero si. La homosexualidad es una conducta. Por si misma no indica una patología.

Intervención: Muchas corrientes feministas no adhieren al psicoanálisis porque lo consideran patriarcal…

Es una discusión muy grande. Creo que el feminismo, cuando hay gente lúcida ataca la concepción freudiana de la mujer, como mero reverso negativo de la posición positiva, es decir de lo fálico. Y ahí de Freud… hay que cambiar completamente la concepción. La concepción de la mujer es totalmente revisable. Es importante que haya puesto en primer lugar la problemática de los órganos. Porque hay que trabajar a la mujer y el hombre desde el nivel de la zona erógena. Pero la concepción de la mujer aparece forzada. Fíjense que en el Complejo de Edipo, en realidad espontáneamente se define por el hombre, cuando tiene que incorporar a la mujer tiene que hacerle modificaciones a ver si entra y como entra. Y finalmente viene la pregunta de cómo puede ser castrado un ser que nunca lo tuvo. Hay respuestas pero que van más allá de Freud. Además Freud encubrió cosas terribles. Por ejemplo cuando dice que la mujer carece de la capacidad de sublimación… y eso tenía que ver con esa educación terrible de la época que diferenciaba mujeres y hombres. Es absurdo.

Y me parece lamentable cuando dice que el Súper Yo femenino carece de crueldad. Es una locura. Es no haber entendido nunca lo que es una mujer en relación a su madre. El tema de Freud es el tema de la madre. Siempre la ha expulsado de los historiales clínicos. Siempre se ha identificado con los “pobres hombres caídos”, se ha identificado levantándolos.

Pero el feminismo en realidad sigue idealizando al hombre. Al considerarlo opresor ignora que el hombre está muy sometido a la mujer. A nivel social sigue gozando de muchos privilegios. Eso es evidente. Sostenido por sus mujeres, seguro. Pero en el hogar, la posición del hombre es de una debilidad extrema. La que manda es la madre. Esto es un clásico. Las mujeres idealizan, idealizan. Además, de qué hablan cuando hablan de patriarcado. Porque es un término que sirve para todo. ¿Designan a alguien que tiene el derecho de matar a su esposa e hijos? Hace décadas que no existe el patriarcado. Existe el privilegio masculino a nivel político, pero patriarcado no. Para que haya patriarcado lo menos que puedo conceder es que la patria potestad la ejerza el hombre, y que la mujer sea considerada técnicamente un menor de edad. Esa es una posición patriarcal.

Conferencia Segunda

Voy a empezar con el Seminario VIII de Lacan. Ya lo había anunciado. ¿Por qué? Hay un momento clave en él, donde trabaja el deseo del analista. Quisiera quedarme ahí, porque es suficientemente complejo para detenerse.

 

Antes que nada, sería bueno situarnos en el corazón mismo de la experiencia de análisis. Creo que nunca vamos a terminar de reiterar que el concepto clave en Lacan no es deseo sino demanda, porque a partir de la demanda se va a engendrar ese resto que es el deseo, en tanto deseo insatisfecho. Hay una tripartición inicial: necesidad, demanda, deseo. Si partimos directamente desde la noción de deseo, aunque le demos algunas vueltas inteligentes, no vamos a salir nunca del campo del deseo del otro en el sentido hegeliano del término. Y vamos a terminar en polémicas absolutamente innecesarias e inútiles con quienes sostienen que Lacan está, como todo el psicoanálisis, embarcado en la tradición occidental de deseo, lo cual de algún modo es cierto, porque el deseo remite a la carencia.

 

Lo que pasa es que el modo en que Lacan articula el deseo como resto de la demanda o como ese  punto donde la demanda lo reproduce por el mecanismo interno e inherente de imposibilidad, es lo que efectivamente caracteriza la obra de Lacan. Y a partir de ahí ustedes pueden observar como las innovaciones  lacanianas más notorias se vienen a insertar y le dan coherencia al campo de la experiencia analítica; diría que lo fundamentan de nuevo.

 

Pero si uno habla de demanda tiene que pensar que, en este seminario, los modelos de demanda son la oralidad y la analidad; y la analidad tiene una importancia decisiva para marcar el territorio de la demanda. Pero: ¿Por qué? Porqué ahí se muestra con toda claridad esta fórmula que hace de la demanda algo intransitivo. La demanda apela a otra demanda, y eso es lo que tiene de característico la noción de demanda en Lacan. Más allá de sus significaciones jurídicas y de  las implicaciones que tienen en el terreno social  y que ha sido desarrollado por ejemplo por Althusser, que lo hace por la interpelación. Lo que importa es que en el campo específicamente analítico la demanda siempre remite a otra demanda,  pero justamente como remite como demanda de amor, como demanda de ser demandado, Lacan agrega en algunos momentos “demanda de ser demandado para desear coherentemente”. Cómo alguien puede desear coherentemente, es imposible. Entonces, ahí hay un circuito que activa lo propio del amor que es la devoración. Esa es una noción freudiana. Ustedes saben que el amor tiene distintas instancias y distintos niveles, por lo que es evidente que no podemos hacer una teoría unitaria del amor. Pero hay un nivel que es el específicamente freudiano y es el del amor en su versión canivalística. “Porqué me siento atraído por ti, por algo inexplicable te mutilo”.  Es una expresión que usa Lacan en el Seminario.

 

Entonces la noción de demanda vinculada al amor y su aspecto de devoración; y la demanda de ser demandado, en el momento en que tendería a ser satisfecha, cuando hay respuesta en la demanda, produce un cortocircuito. Y en ese cortocircuito podemos leer el margen del deseo. En la experiencia corriente del análisis, que toda respuesta a la demanda provoca que aparezca esa re-definición que hace Lacan, creo que en el Seminario XVII, cuando dice “te demando que no accedas a lo que te pido, porque no se trata de eso sino de otra cosa”. Ahí ese “otra cosa”, remite efectivamente a lo que es el deseo, que siempre es deseo de otra cosa y deja de ser “deseo de”.

 

Es decir, el deseo tiene un objeto, pero el objeto es otra cosa; es otra cosa de aquella que libidinalmente está inscripto. Bueno, todo esto es muy apretado, pero quiero recordarlo porque permite claramente situar el campo de la transferencia más allá de lo que es la transferencia en general como estructura propia de la sociedad. Si hay transferencia con los líderes políticos y religiosos, con los maestros (un maestro no es un docente). Pero esa suposición de saber, con respecto al maestro o al líder religioso, en el campo psicoanalítico tiene otra acepción. Porque la trasferencia específicamente analítica supone que no hay respuesta a la demanda. Ese es el momento inaugural de la transferencia específicamente analítica. Cuando no hay respuesta a la demanda. Lo cual lo convierte al campo de la transferencia en un campo de libertad distinto al campo social de la transferencia. También, como distinguí interpelación de demanda, distingo  las distintas transferencias. Por supuesto que tienen la misma estructura y que el antecedente de la demanda analítica es lo que yo llamo acá la transferencia social. Pero, hay algo que crea el análisis, cuando alguien, en  el silencio, no responde a la demanda. Ahora, ahí empieza otro problema del Seminario VIII, porqué el no responder a la demanda supone un proceso subjetivo de parte del analista que Lacan va a llamar deseo del analista. Y habla de eso porque el analista no está en el  nivel de la abstención. De esto hablé rápidamente ayer pero hoy podemos adentrarnos en el tema. El analista no es aquel que se abstiene sino aquel que desea. Pero haber: todo el problema radica en esto. Qué significa el término “deseo del analista”. ¿Es distinto del deseo común? Yo también puse el acento en que hay una tendencia a actuar en casi todos los autores que he leído. Ayer hice una observación despectiva con lo que llamo “Escuela de Desorientación Lacaniana”. Pero me parece que son muchos los que están desorientados. Porque reducen la problemática del deseo del analista como semblante del objeto “a”. Por supuesto que el analista es semblante del objeto “a”, pero solo en un proceso de producción que supone una modificación de su subjetividad y al mismo tiempo la actividad de la interpretación. Pero como todo esto queda suprimido en nombre de una barbarie de ese objeto que no se sabe de dónde sale porque es real, “ahora me convierto en inconsciente real, un objeto real, todo real”… menos para la institución que vomita estas consignas, todos carentes por completo de fundamentos porque haber: si hay algo que llamamos el objeto “a” es porque escapa al significante  pero en la medida en que es inconcebible  sin el significante. Es decir, sin un punto de partida del significante es imposible pensar lo imaginario y lo real. Pero bueno, “lo real” se ha convertido en un cachivache metafísico de cuarta. Es totalmente insostenible.

 

No quiero detenerme en esto, simplemente lo traigo porque hay un proceso de desubjetivización de la posición del analista que, en realidad, está encubriendo lo que la tradición psicoanalítica llamó contratransferencia. Vale la pena volver a ella. Lacan dice: “La contratransferencia es el momento inaugural de la transferencia como deseo del analista”.

 

En general los teóricos de la contratransferencia han hecho gala de una pobreza conceptual notoria, y todo el lacanismo se ha largado en contra de ellos porque la contratransferencia es demasiado simétrica a la transferencia. Lacan dice: “No. Hay un movimiento transferencial que implica al analizante y al analista, y a partir de ese vínculo transferencial se puede diferenciar las posiciones respectivas”. Por lo tanto no cabe hacer lo que hace la tradición, que una interioridad expresa sus afectos sobre la persona del analista, y este siente cosas transferencialmente. Es un esquema falso, pero de todos modos es un síntoma riquísimo porque rompe con el esquema clásico de abstención, y esto es suficiente.

 

Por algo Lacan en varios de sus seminarios ha trabajado con analistas en la vía de la contra-transferencia, porque en estos síntomas aparecen cuestiones decisivas del análisis.  Uno a veces despectivamente dice “los pos-freudianos”. Pero entre ellos hay múltiples lecturas que si uno las prolongas puede encontrar algunas de las líneas fundamentales en las cuales se inspira Lacan. Cosa que no podemos decir del pos-lacanismo que ha reemplazado a Lacan por Deleuze, lo cual es imposible. Yo respeto a Deleuze en cierto nivel, en otros me parece un charlatán. A pesar del genio de Deleuze, yo creo que él no tiene nada que ver con el psicoanálisis.  Igual que Foucault, de quien podemos retener algunas cuestiones que son claves. Por ejemplo esa famosa charla “Qué es un autor”. A mí me ha servido muchísimo para pensar la realidad institucional del análisis. Pero, a ver, hay toda una órbita problemática de este hombre que además yo creo que fue uno de los grandes escritores franceses del siglo XX, la prosa de él es maravillosa. Y hay muchas etapas de él. Lo bueno es poder apreciarlo a distancia y no confundirse. Hay muchos analistas que desesperados, porque no pueden leer a Lacan,  se zambullen en Deleuze. La ventaja es muy pobre. Miren lo que le ha pasado a Guatarí. Resentidos por razones legítimas contra las instituciones analíticas salieron con una cosa espantos con Deleuze y produjo “Mil mesetas”  y otras cosas… aunque también algunas muy interesantes.

 

Cuando hablamos de la experiencia analítica hablamos de la estructura de la demanda en este campo experimental que inaugura el analista con su enunciación de la regla fundamental. Punto. Esto es muy importante, porque la presión social es muy grande y terminamos por confundir el Edipo con la familia. Y nos metemos en discusiones sobre la familia para la cual no estamos muy habilitados. Incluso somos muy ignorantes como ya es notorio.

 

Pero volvamos al tema clave. De qué hablamos cuando hablamos del deseo del analista. Porqué Lacan va a usar varios modelos que son compatibles entre sí; además hay que ver a qué remiten. El modelo de la apatía histórica, que se aproxima al modelo de la ataraxia epicúrea, aunque no sean exactamente superponibles, y después del modelo de la posesión que lo toma de los diálogos platónicos. Voy a leer algunos párrafos y después discutimos, porque me parece que esto es para discutir.

 

Dice Lacan, página 214 de la edición oficial. Es el capítulo XIII: “Critica de la contratransferencia”; acá aparece la expresión “el deseo del analista” pero apropósito de la crítica de la contratransferencia. Sería bueno volver a estos textos.

“Si pudiera decírselo enseguida, si el camino ya recorrido me permitiera hacérselos entender, sin duda se lo diría. Pero todavía tengo caminos que recorrer antes de poder darles la fórmula, y la formula estricta, precisa”.

Está hablando del deseo del analista. Este párrafo es en el que se basan mucho para decir que Lacan está muy cerca de la fenomenología. Más adelante, cuando termina de perfilar el objeto “a” y el analista como semblante, ya la cosa va a quedar formalizada. Lo formal es un término tomado en préstamo a las matemáticas. Porque la formalización matemática no tiene nada que ver con lo que llama formalización y luego de este término se hace una ritualización. Por otro lado además, el término “semblant”, que tradujimos precariamente como “apariencia”, tiene mucha miga y  poco desarrollo en el propio Lacan.

 

Yo diría que es rica la fórmula de Lacan, pero si nosotros desintrincamos la noción de sujeto, estamos entrando en lo que es la institución analítica, que con la materia oscura de la sexualidad lo que tiene que hacer es ritualizarlo todo, para que todo lo que tiene que ver con la sexualidad quede esterilizado. Ustedes dirán: “Bueno, los psicoanalistas no dejan de citar a Lacan”. Y citando a Lacan y Freud hay cosas que explotan. Sí, pero hay un modo ritualizado que esteriliza la materia. Esto es así. Y Lacan creo que además puso demasiado fervor y experiencia en eso que llamaba “función lógica”. No voy a volver a esto porque “función lógica” y “formalización” son términos que encubren una total falta de rigor. Pero lo digo con respecto a Lacan.

 

Continuo leyendo la cita: “Sin embargo, ya se puede decir algo que podría ser satisfactorio hasta cierto punto. Lo único que les pido es que no se queden demasiado satisfechos. Voy a decirles algo débil pero que va en una dirección adecuada”.  Estamos mal pero vamos bien…

 

“Excepto –continúa–, si el analista realiza algo así como la imagen popular o también la imagen deontológica de la apatía, es en la medida en que está poseído por algo más fuerte, que aquellos deseos de los que pudiera tratarse, a saber: el de ir al grano con su paciente, tomarlo en los brazos o tirarlo por la ventana”.  Debería incluirse el dormirse en la sesión por aburrimiento o por angustia. Esas cosas por suerte se hablan, en el análisis de control y en el análisis. Y creo que el análisis de control es un análisis.

 

Esto queda totalmente cerrado en el vínculo entre el analista y el paciente. No pasa a lo público, quizás con buenas razones, sino se volvería obsceno. Pero no deja de ser una traba. Y hay modos no obscenos de aludir a la situación como hace Lacan acá.

 

Intervención del público: “¿Cómo queda ubicado esto que planteabas como lo específico de la demanda en el análisis que es la no respuesta a la demanda? Porque todo esto va en el terreno de la respuesta a la demanda.

 

Bueno, voy a decir algo que es muy obvio y que todos sabemos. Respondemos a la demanda. Creo que hay momentos que no respondemos sino no habría análisis, pero hay que poder localizarlos a esos lugares de no respuesta. Pero para localizarlos hay que hacerse cargo de esto. Dice Lacan: “A veces ocurre, incluso tendría malos augurios para alguien que nunca lo hubiera sentido”.

Cuando era joven escuchaba que un analista no debería sentir absolutamente nada. Ese era el ideal. Lo cual es absurdo. Es un tipo muerto, no puede escuchar. No digo que está discusión está agotada. El tema es que ni siquiera está planteada. Dice Lacan: “Pero en fin, aunque se esté cerca de la posibilidad de la cosa, es algo que no debe tomarse como corriente”.

 

Este modelo  de la apatía en realidad bastante cuestionable, porque la apatía es llegar a un punto de indiferencia. Esa es la propuesta histórica. Y si uno llega a ese punto, ya no podría escuchar en el sentido analítico del término. ¿Apunta a otra cosa la indiferencia? Creo que sí, pero habría que poder ceñirlo al terreno. Creo que Lacan está tanteando el terreno. Porque la apatía la podemos entender no en  el sentido estoico, no hay proximidad ante las dos concepciones. Podemos entenderla en un sentido desviado del original, en el sentido de que tiene que haber un punto donde el analista pueda desviarse de lo que es el objeto para su fantasma. Tiene que poder desviarse de su fantasma, eso seguro. ¿Cómo? Es todo un problema, y no van a apelar a la ética para ello. Si designamos como apatía el punto de separación con el fantasma, puede ser válido con la condición de que lo condicionemos. Hay otro término que es muy cercano y lo usan los epicúreos y que es la ataraxia. Pero ese término es más cuestionable.  Es lo que Freud llama el principio de placer. Bueno, Lacan lo advierte. El epicúreo consiste en suprimir las emociones violentas y mantener el placer en términos moderados. Epicuro es placer como evitación del displacer. La vida es puro sufrimiento, si evitamos  el displacer estamos bien, estamos en una posición de ataraxia.

 

Este modelo no me parece adecuado. El de la apatía algo sugiere, aunque es bastante complicado. En cualquier caso, no basta referirse a los estoicos, hay que trabajarlo a este término. Pero el acento que yo puse es que la impresión lacaniana es muy fuerte cuando dice “está poseído por un deseo más fuerte que aquellos deseos de los que pudiera tratarse”.

Como el analista es sujeto como cualquiera, el paciente reaviva sus fantasmas, es obvio. Y ahí aparece: ir al grano, tomarlo en sus brazos… no dice sexo porque sería más complicado porque sería un vínculo homosexual, pero lo hay, obvio, o tirarlo por la ventana, que es el caso más popular.  Y que a veces en las reacciones de la llamada contratransferencia ha pasado. “Mire, me tiene hinchado las pelotas”.

 

Los millerianos, que tienen como estrategia maltratar a los pacientes porque entienden que eso es análisis, podrían aplicar esta fórmula. Lacan no niega que existan estos deseos, ni siquiera dice que hay que reprimirlos. Además el reprimirlos forma parte de la obsesivización del análisis. Lacan no dice que hay que reprimir o censurar en cualquiera de los sentidos porque esos deseos están. Dice que el analista está poseído por un deseo más fuerte. Fíjense. Hay conflicto entre deseos. Y además hay un deseo más fuerte por el cual está poseído. Ustedes dirán de donde sale el término poseído.  De Platón. Pero explícitamente. ¿Porque no debe ocurrir? ¿Es acaso por la razón negativa de que es preciso evitar una especie de descarga imaginaria total del análisis?  Hipótesis que no vamos a desarrollar aunque sería interesante. Y no, nunca la ha desarrollado.

¿Qué podría ser una descarga imaginaria total del análisis? No sé, pero habría que pensar a que podría estar vinculada a esta frase. Lo que viene ahora es lo que me interesa.

 

“No, es debido a lo siguiente- acá es donde quiere dar una vuelta, es el momento de introducción al deseo del analista- que es la cuestión que planteo aquí, este año; es decir, estuve  trabajando en el seminario El Banquete, como todos sabemos, para esto. El analista dice – a Lacan le gustaban los apólogos, entonces les hace decir-: ‘estoy poseído por un deseo más fuerte’. Está autorizado a decirlo en cuanto  analista, y en él se ha producido una mutación en la economía de su deseo. Y aquí es donde pueden ser evocados los textos de Paltón”.

 

Ahora, ustedes sabes que es complicada esa referencia a la posesión. Es muy complicada. En principio es difícil de situar. Que el analista es poseído por un deseo más fuerte alude a la posesión que llaman manía, locura o furor divino en los textos de Platón. Enumero:

Manía: el término psiquiátrico deriva del original griego pero adquirió otro estatuto. En griego es locura. Platón distingue en cuatro acepciones el término Manía. Es importante tenerlo en cuenta. Furor es una traducción latina que es interesante, el furor. Siempre designa este término el golpe de algo, que uno no controla, no domina y que viene de afuera. Y que siempre es una incógnita. Es algo imperioso sobre lo cual no hay saber. Creo que esta es una de las vías que ha tomado Lacan.

 

Volvamos: Manía profética. Manía mística. Manía poética (báquica) y Manía amorosa, que vienen a funcionar como síntesis de las otras. Cualquiera de esas cuatro tiene una estructura común, que es apuntar a una exterioridad radical con respecto al alma que experimenta un deseo más fuerte que los ordinarios.

 

¿Cómo podemos trasladar esto al campo del análisis si Platón, en definitiva, está poseído por un Dios? Significación que no le hubiera resultado desagradable para nada a Lacan, porque la recurrencia a los dioses y sobre todo a los dioses griegos es bastante constante en él. Pero lo que ocurre es que este Dios en definitiva es el bien, y además es puro logos, pura racionalidad. La Manía es irracionalidad, pero hay un lugar racional absoluto desde el cual se opera la posesión. El supremo bien.

 

Obviamente no hay supremo bien. Si hay supremo bien no hay inconsciente. ¿A qué alude entonces este “estar poseído por un deseo más fuerte”? Yo diría que este es un término límite. No es que los otros deseos quedan suprimidos. Hay un combate. Hay un conflicto y una dinámica. Hay algo que debe mutar en el analista para que quede poseído por este deseo más fuerte. Pero cuál es este deseo. Hay varios modelos, y digo modelo a adrede. Porque todo modelo es necesariamente insuficiente. El modelo al que recurro es el silencio. Al silencio pulsional. Que es un deseo que todo sujeto debe experimentar como analizante antes de ser analista. Y por eso el analista está producido por la posición del analizante. Habría mucho que hablar del silencio. Lacan en muchos lugares ha trabajado la noción de silencio pero para distinguir el silencio como algo tácito, es decir el silencio de lo tácito es simplemente lo que está callado. Como cuando tengo bronca y no la expreso, pero de algún modo no dejo de entredecirlo. Este, el pulsional, es un silencio más fundamental, es el silencio de los orígenes. En el sentido que no hay origen, y que hay una pérdida radical del sentido. Tiene que haber una experiencia del analista donde el sin sentido, finalmente, del silencio, pueda confrontarlo con eso y le permita efectivamente separar sus fantasmas  de los fantasmas del analizante.

Pero este es un proceso del cual yo no tengo muchos recursos para pensarlo y no se quien los tiene.

 

Cuando uno llega a este punto tiene que sacar varias conclusiones. Primero que es insuficiente pero puede ser un punto de partida para abrir la discusión. Y segundo, creo que este es  el puto más combatido por las instituciones analíticas. Yo no soy anarquista, y creo que sin institución analítica no hay análisis posible. El analista no es un héroe, incluso si no existiera esta universidad tampoco habría análisis. Yo nivelo, el discurso universitario impera en la universidad y en las instituciones analíticas, yo los pongo en el mismo nivel. Pero ayudan a suprimir el análisis y al mismo tiempo lo conservan. Hay una tensión ahí. Pero uno puede efectivamente desviarse de la institución, pero sin institución es imposible que el análisis sobreviva. Pero si es cierto que hay algo letal para el análisis porque la institución lo que tiende a suprimir es la subjetividad del analista; y esa subjetividad suprimida a nivel oficial retorna como pasaje al acto, a veces escandalosamente produciendo explosiones, incluso en las propias instituciones.

 

Todos hemos militado en instituciones… la militancia es contradictoria al análisis pero sin una cierta militancia el análisis no perdura. No hay respuestas limpias para esto. Pero el problema de la subjetividad del analista es un problema serio, muy serio.

Me detengo acá así charlamos un poco. El seminario se abre a varias perspectivas pero esto me parece la más clave.

 

Intervención del público: está claro que esta mutación de la economía del deseo va a contrapelo absoluto de cualquier posición que implica un dominio del deseo. Es una separación que no puede apoyarse en ninguna posición de dominio…restituirle sus poderes al silencio pulsional no puede de ninguna manera ser un acto por el cual, bueno, me aparto de la posesión de mi fantasma porque me hago dueño de un deseo más fuerte. Al revés, ese campo abierto al deseo más fuerte implica una especie de redoblamiento de la posesión.

 

Exactamente. Fíjate que esto es además una crítica a las maniobras contra-transferenciales. Yo me he analizado con alguien que practicaba la contra-transferencia, y siempre era: yo siento que, me parece que, escucho acá… Siempre haciendo intervenir la subjetividad, pero como regla técnica en el fondo.

 

Intervención del público: de dos maneras. Me parece que en la historia del pos-freudismo, en la historia de la contratransferencia, hubo dos posiciones opuestas pero que se apoyan en lo mismo. Uno: el uso de la contra-transferencia, porque ahí está la verdad en estado puro por la transmisión de incociente-inconciente…. Y la otra es: como  la contra-transferencia me deja más enganchando la reprimo. Pero son dos intentos de hacerse amo. Sea por la abstinencia de  seguir los pasos que me indica la contratransferencia o por encontrar allí en esencia pura el núcleo del inconsciente sin el muro del lenguaje.

 

Yo creo que hay muchos lacanianos que -repasando mi historia  y algunas cosas que he hecho-, practican la contra-transferencia en el segundo sentido. En el sentido de reprimirla. Y una forma de reprimirla es cuando el supervisor se levanta y hace dibujo en el pizarrón. Con mathemas… estamos todos en funciones digamos.

Es decir: la mutación implica renuncia al dominio. Pero es complicado renunciar al dominio. Ahí si el modelo platónico sirve de algún modo. Porque obviamente no somos platónicos, no somos griegos, estamos en otro universo, no hay supremo bien que nos guíe… es más dramático todavía.

 

Me gusta que Lacan diga “un deseo más fuerte”. Yo lo traduzco como silencio pulsional, me parece más adecuado. Pero el silencio pulsional no suprime lo otro. Está allí, en conflicto. Y el conflicto no hay manera de superarlo, no hay dialéctica que lo supere. Por eso es tan frágil la posición del analista. Pero esa fragilidad tiene momentos de irrupción de lo verdadero.

 

Uno ya está acostumbrado, entre comillas. Pero está mal que nos acostumbremos porque lo que hacemos es absurdo. Supongo que debe haber analistas que cuando escuchan están calculando que van a decir. Pero esos no son analistas. Yo sé que la presencia de las instituciones hace algo desgraciado. Con una oreja escucho al paciente y con la otra al supervisor. Pero bueno. Eso no es escucha analítica. La escucha analítica implica incluso el abandono, porque uno incluso se sorprende de lo que está diciendo. Aquí si Platón tiene algo que ver. Ustedes saben que con respecto a los poetas tenía malas opiniones. Pero como era un ironista esas malas opiniones podían ser un halago en definitiva. Pero como los buenos poetas, él pensaba, estaban inspirados y no tenían técnica alguna, la inspiración les dictaba. Y lo que le dictaba la inspiración era a veces tan monstruoso que había que expulsarlo de la ciudad. El plantea que con la inspiración a veces se hacen cosas obscenas. Platón se escandalizaba con algunos mitos. Por ejemplo: Júpiter lo castra Cronos. Y de la sangre y del esperma del pito cortado nace Venus. “Esto es demasiado obsceno. No debería decirse en estos términos.” Está muy claro que hay algo escandaloso en la pulsión poética que habría que expulsarlo de la ciudad. Bueno. Ese escándalo tiene que ver con  lo que le pasa a un analista. Porque nuestras mejores intervenciones vienen de un modo espontáneo, pero por supuesto que sin formación, análisis y supervisión lo que va a surgir es cualquier cosa.

 

Pero esa conexión, de la cual tópicamente es tan difícil dar cuenta no tiene nada que ver con el modelo clásico de decisión. Porque es evidente que hay una decisión analítica. Pero no tiene nada que ver el libre albedrío, donde uno decide entre  tres opciones cual es la más conveniente. No es una decisión calculada en el sentido consiente. Y sin embargo ha habido un cálculo. Es decir una conjetura inconsciente. Es una actividad extraña. Yo creo que a esto apunta cuando dice un deseo más fuerte. Pero insisto. Los deseos del analista en su fantasma no hay que censurarlos. Y si no hay un dominio y una lucha donde pueda volver al silencio pulsional, a lo cual lo ha habilitado el propio análisis, es imposible. Pero ese silencio pulsional es el punto de emergencia de la interpretación. Cosa que hoy en día se tiende a olvidar, a pesar que se insiste con el objeto “a”, convirtiéndolo en un cachivache que no se sabe que es.

 

A ver.., el objeto “a” si uno lo saca de la zona erógena está macaneando de un modo terrible. Hay una generalización, una abstracción, en el mal sentido del término, no se sabe de qué se está hablando. El texto que leí ayer, que es ejemplar en el sentido que resume lo que dicen todos: dice que según Lacan el deseo del analista no tiene que ver con ningún sujeto… y encima lo ponen entre comillas. Esa es una de las dificultades con la cual tenemos que pelear todo el tiempo.

 

Intervención del público: Esta acepción me parece que es la misma que vos sitúas en la contratransferencia del analista….

 

Exactamente. Una de estas posiciones cayó en desgracia. Nadie dice “yo siento qué”, “experimento qué”, pero está reprimida, sigue funcionando. Porque más allá de las teorizaciones, es un síntoma, y hay que reconocerle el rigor que tiene el síntoma. Los analistas han dejado de hablar por boca propia a nivel institucional, por suerte a nivel de análisis creo que pasan otras cosas. Hay gente que me ha objetado esto: “¿Vos consideras que el analista debe ser un intelectual?”. Considero que sí. “¿El análisis es para minorías?”. Sí. Hemos terminado de confundir análisis con salud mental. Cosa que les convienen a las instituciones y al estado. Yo no desprecio lo que los psicoanalistas hacen en el estado. Me parece bárbaro. Pero hacen psicología, no psicoanálisis…Perdón, me estoy volviendo muy tajante. A veces hay efectos analíticos en instituciones públicas y muchas veces el llamado consultorio privado es el campo de la psicología más burda. Pero no existe en las instituciones públicas condiciones para un análisis. Hay efectos analíticos. No hay condiciones políticas ni veo como podría haberlas. La educación del estado, la salud del estado, no tiene nada que ver con el psicoanálisis, el tiempo nuestro es un tiempo de desperdicio, de gratuidad, el estado está compulsado a economizar cronología porque es un problema de inversión y economía. Y me parece que el problema grave es para nosotros, en Europa no es así. Eso está claro allá. Los analistas están en un lugar y los psicólogos en otro. El análisis no es para mayorías, no es muy exitoso decirlo así. No es que uno tenga un espíritu aristocrático, pero el análisis requiere condiciones muy precisas. El psicoanálisis es un campito. Una cosa es que el psicoanálisis sirva para muchísimas cosas, y que tenga una eficacia social a nivel heurístico, de interpretación de fenómenos. Pero es muy limitado el campo de experiencia.

 

Desde el punto de vista psicoanalítico puedo entender cuestiones que ocurren en el mundo árabe, en África del Norte. Pero ahí no hay la menor posibilidad de ejercer el análisis. Lo que digo es restringir el campo para pensarlo mejor.

 

Y además, esto que llamamos deseo del analista… yo no creo que lo que he dicho sea ninguna otra cosa que  más que una prolongación de lo de Lacan, pero habría que subrayarlo para evitar que cuando Lacan trabaja el analista como resto del analizante, evitar que lo desubjetivizemos a este proceso. Creo que el tema clave es el término resto, porque hay que llegar al resto, la clave es el proceso para llegar al resto,  no el resto desde el principio.  No hay vacío, hay vaciamiento que no es lo mismo. El vacío es el resultado final de un proceso de vaciamiento. Y hay que renovar continuamente. El privilegio que se le concede al objeto “a”, al fetichizarlo y reducirlo a un punto tiene como consecuencia dejar fuera de acción al término deseo. En los últimos tiempos, los trabajos lacanianos, cuando hablan del deseo en realidad hablan del objeto. Pero el objeto causa del deseo es “a”.  Está bien, el objeto causa el deseo, pero el deseo no es similar al objeto. Sin embargo no tienen nociones para pensarlo porque han dejado de pensar la angustia.

 

La mejor introducción a la problemática del sujeto es la angustia freudiana. Releída por supuesta a través de todos los trabajos importantes. Freud no elaboró ninguna noción de sujeto, pero para nosotros el sujeto es el sujeto de la angustia, que es lo que le da soporte. Porque a partir de colocar la angustia derivamos al restos de los afectos, que clausura la angustia pero al mismo tiempo lo sostiene y permite su retorno. El lugar de la angustia es el lugar del deseo para el analista. Con lo cual no estoy haciendo una apología de vivir angustiado. Pero el horizonte de la angustia es el horizonte de nuestro trabajo. Por eso es un trabajo insalubre, aunque aparentemente solo decimos pavadas.

 

Intervención del público: ese lugar que le dabas al vacío no como algo dado sino como resultado de un trabajo de vaciamiento… eso me parece que es a condición de entender ese vacío como producto y no como el resultado de un trayecto lineal que se da solo al final. Lacan respecto al acto analítico lo pone si  va a poder estar allí al final es porque de algún modo tiene que haber estado en el comienzo. Si ese vacío no opera en el comienzo de la transferencia, no va a ser posible que la transferencia caiga y deja lugar a ese resto.

 

Pero el mismo vacío que está en el comienzo también ha sido producido. Ese es el tema. Ahí soy hegeliano. No puedo descontar el proceso del resultado ni el resultado del proceso.

Quizás esto pueda darle otro lugar a algo que dice Lacan que ha sido tomado como un gesto retórico del cual nos desentendemos. El habla del horror al acto. Y el contexto de este horror tiene que ver con este agón del sujeto analista.

 

Intervención del público: esta diferencia que vos nombras entre un análisis y un efecto analítico. No me parece poco un efecto analítico para alguien.

 

Si, que alguien se escuche hablar ya es bastante. Me parece que es una buena distinción. Incluso estas cosas ocurren en relaciones que no tienen nada que ver ni con el análisis ni con la psicología. En la vida cotidiana ocurren, porque si no ocurrieran allí no habría forma de que esto se estructura experimentalmente en un análisis…Ahora, todos sabemos las resistencias que engendran las instituciones públicas respecto a esto. Siempre un malestar produce. Porque las condiciones políticas operan en un sentido contrario. Lo cual no quiere decir que el consultorio privado garantice el análisis. La consulta privada es la última producción liberal, a veces ni siquiera hay efecto analítico. Y yo no quiero despreciar a los psicólogos, ya que cumplen una función necesaria del estado.

 

Intervención del público: el psicoanálisis en su relación con las ciencias contemporáneas. Por ejemplo una pregunta, en relación a lo que planteabas de la ataraxia y el deseo del analista… la experimentación científica tiene como horizonte un alejamiento de toda subjetividad que permita un experimento válido. Y no importa “quién” lo hizo. Con la transferencia es imposible decir que no importa ese “quien”. Ese “quien” está en ese punto de la subjetividad del analista… esta reducción en la que ocasionalmente resulta posible que algo de esta subjetividad se destituya pero porque está presente, y esa presencia forma parte inherente a la destitución misma.

 

Exactamente, es la presencia de una ausencia. Esta es la diferencia radical entre la experimentación científica y la analítica. En lugar de experimentación tendría que emplear otro vocablo: Artificio. Hay un artificio psicoanalítico. Digo artificio porque está arreglado, y está separado de la vida cotidiana. Esto es lo decisivo. Hay una regla que permite la separación de la vida cotidiana. Lo transporta a otro nivel. Hay una reducción, si queremos usar un término de la fenomenología. Pero claro, no es un experimento. Lo cual muestra además los límites de lo comunicable. Porque justamente la definición del experimento es que es comunicable, lo puede hacer cualquiera que responda a los requisitos establecidos protocolarmente.